TEXTOS SOBRE LA HIPOCRESIA

 

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«LAS APARIENCIAS ENGAÑAN”
Inés Arribas de Araujo
Argentina

La cualidad primordial para que una persona resulte agradable, apreciada, valorada, creíble…es su don de gente.
Aplaudo a los seres honestos en lo material, como en lo espiritual. No se puede confiar en alguien que dice una cosa y hace otra; es fundamental ser consecuente entre el pensamiento y la acción.
Reconozco que no somos dueños de la verdad y lo que para unos es certeza, para otros no resulta así.
Aun a costa de equivocarnos, al emitir opinión, hagámonos cargo de lo expresado. Si tras el paso del tiempo comprobamos haber incurrido en un error, seamos sinceros y aclaremos el porqué de la equivocación y del cambio de parecer.
Sabemos que: “la vida es la mejor maestra”; nos conducirá por senderos rectos, como serpenteados. Por ejemplo, lo que en la juventud criticamos de nuestros padres, al llegar a mayores, comprobamos que obramos igual que ellos, ante algunas circunstancias del existir.
En carne propia también experimenté lo referente al cambio de concepción en lo referente a la relación de las parejas. Cuando contraje matrimonio, era prácticamente inadmisible que alguien conviviera con su “amor” sin ser esposos. Casarse al menos por civil, era de rigor. En general, el formulismo estaba vigente y se acostumbraba noviazgo, compromiso y boda.
Si bien no significaba garantía de éxito y felicidad, sí era mayor el grado de paciencia, constancia y buena voluntad de parte de los esposos, para no llegar a separación o divorcio, que perjudique a los hijos.
(debo admitir, que siempre hubo situaciones hipócritas en algunas parejas que aparentaban llevarse bien, sólo para la vidriera o por conveniencia.)
En ciertas profesiones, se acentúa la hipocresía; un abogado es considerado recomendable por bueno y hábil, cuando a sabiendas defiende un culpable y lo declaran inocente, y viceversa, logra que el juez condene a un inocente.
Este ejemplo, es una de las tantas paradojas de la vida.
Asiduamente la practican algunos gobernantes, políticos, economistas, gremialistas, empresarios, capos de la droga… quienes se aprovechan de las masas del pueblo trabajador, explotando a la gente, dañando naturaleza y medio ambiente, a fin de enriquecer ilícitamente. No vacilan en engañar desde el poder, para aumentar sus patrimonios personales.
Las acciones hipócritas de las cuales los habitantes resultan víctimas, los vuelven desconfiados y descreídos.
En el mundo moderno, aumentan cada día el desconcierto y la falta de ética. Muchos jóvenes, emigran de sus países en procura de mejores condiciones laborales y de seguridad. El populismo, ha logrado que se pierda “la cultura del trabajo” en diversos regímenes; la consecuencia es la decadencia, pues los trabajadores se conforman con planes sociales que debieran ser sólo un paliativo para ciertos períodos de crisis. Se pierde así, el deseo de superación y progreso.
Concluyendo, la hipocresía es un mal que condena a quien la ejerce y trae aparejadas durísimas consecuencias para él y   personas que no la merecen.

EL VIAJE INTERIOR
Myriam Astudillo
Argentina

…El autoconocimiento es la base de la autorrealización.-

Anoche, con las postrimerías del día, justo en el límite en que el reloj indica que el calendario ha avanzado veinticuatro horas, me dispuse por vez primera en mis cuarenta y seis años, a realizar el balance de lo vivido; respondiendo quizá a una necesidad propia de la edad y al deseo de asegurarme de no dejar asignaturas pendientes. En cuatro preguntas destinadas a orientarme, encontré un universo de dudas que me condujeron a través de un itinerario familiar.

-¿Dije aquello que debería haber callado?
-¿Callé lo que hubiera sido necesario decir?
-¿Hice lo indebido?
-¿Omití lo que estaba obligado a hacer?
Descubrí que la respuesta a todas ellas era afirmativa, y decidida a indagar sobre las motivaciones, comencé por mirar en retrospectiva.
El recorrido, penoso por tramos, desencadenó un torrente de culpas al tomar conciencia de que las verdaderas causas se ocultaban tras la interminable retahíla de excusas y justificaciones a las que me empujó el autoengaño.
¡Veinte años desperdiciados, escapando al momento de reconocerme tal cual era!… sollozos entrecortados, incontenibles me ahogaron, con el desconsuelo ante el tiempo que ya no podía recuperar.
El instante postergado y ¡tan temido!…estaba frente a mí.
Lo mío tenía nombre: HIPOCRESÎA.- (qué durísimo admitirlo)

Cuando  la calma fue ganando mi  espíritu, una revelación providencial, me ayudó a reconciliarme conmigo misma: estaba a mi alcance cambiar la historia.

Fue la diferencia entre el remordimiento y la esperanza; la congoja  y el consuelo, lo que soy y lo que quiero ser desde hoy,  no a partir de mañana. Tengo la convicción de que a veces el éxito acompañará mi esfuerzo y  otras…no; de que este propósito será el que me acompañe de ahora en adelante…durante el tiempo que me reste por vivir….-¿Seré capaz?.

Pude evitarme esta pena, de haber admitido la naturaleza exacta de mis defectos, pero…¿cómo podía haberme equivocado tanto?….¡¡YO!!…era imperdonable, si ni siquiera encontraba fuerzas para mirar mi propia imagen reflejada en el espejo. Finalmente supe que llega para todos   el momento  inevitable, el que eludimos por temor a la magnitud del precio que demanda en que, despojados de omnipotencia nos reconocemos humanos, con humanas flaquezas y aún así…dignos de valoración y amor, porque…no hay  errores que estén más allá del perdón.

Con las primeras luces de la aurora, la certeza de que el balance había valido la pena…me permitió secar mis lágrimas y sonreír al disfrutar los trinos tempraneros de un Benteveo. Las tinieblas de la noche se esfumaban y…sin haber conciliado el sueño, me puse de pie, dispuesta  a encaminarme hacia mi meta. ME LO DEBO A MI MISMA…ES MI COMPROMISO.

                                     

HIPOCRESÍA
Guillermo Alfonso Bazán Becerra
 Cajamarca, Perú

Hay personas genuina y sinceramente felices y honestas; otras ocupan la vereda opuesta y aparentan para no sentirse diferentes o sentirse admitidas, si bien al inicio lo hacen de modo inconsciente pero terminan actuando así conscientemente, cayendo en un pozo sin fondo.

La tendencia de vivir una sucesión interminable de escenas «felices» y «admiradas» (por culpa de la presión comercial y consumista o de estatus social) hace que solamente pocos hagan ese derroche porque tienen recursos para «escenificar» vidas envidiables, mientras muchos de sus adláteres fuerzan las apariencias para ocupar fugazmente ese escenario, pero sin dejar de sentir amargura, tristeza, decepción, depresión y hasta odio porque saben que es mentira su actuación, terminando convertidos en seres infelices y probablemente nunca o casi nunca podrán ser bondadosos y sinceros. Quienes alcanzan la madurez equilibrada no enfrentan tales dilemas de hipocresía obligada, pues teniendo suficiente formación espiritual no precisan de ello porque no tienen vacíos que arrastren desde su nacimiento o antes de eso; los que no la alcanzaron considerarán injusta su realidad y en tales casos terminan odiando no solamente a quienes poseen (o aparentan) poseer más, sino odian también a su familia actual y a sus ancestros, cuando no a «la suerte», al mismo Dios y a sí mismos. Dolorosa situación que los expone a convertirse en centro de burlas, ofensas y desprecio.

La viciosa publicidad impone «modelos» de gente superficial, viciosa, deportistas o artistas «vacíos» de valores, incluso de criminales «célebres», al mismo tiempo que ignora, margina o desprecia a los verdaderos ejemplos de vida de líderes religiosos, intelectuales, de arte elevado, etc., que han marcado la pauta real para considerar lo material y superfluo de esta vida terrena como inútil para la plenitud interior.

Con el encuadre dicho entrego un poema en que me cuido todo lo posible para no juzgar a los hipócritas sino para enfocar el tema desde la perspectiva menos hiriente, obviamente porque siendo humano debo tener aquí y allá esas cargas que solemos criticar en los demás, y creo que es mejor «no escupir hacia el cielo».

NO SEAMOS HIPÓCRITAS
Juan Gustavo Benítez Molina
Málaga (España)

¿Hay algo peor que ser una persona hipócrita, una persona falsa? ¿Existe alguien que sea totalmente sincero y consecuente con sus actos y sentimientos? ¿Qué ocurriría si dijéramos todo aquello que nos pasa por la mente? ¿Ardería Troya, como se suele decir? Seguro que sí.

Vivimos sumidos en la más completa hipocresía. El mundo en el que nos ha tocado vivir no nos reporta ninguna otra opción. Empezando por las injusticias sociales, la desigualdad de clases, la maldad del ser humano y terminando por la clase política. ¿Existe algún político que no sea hipócrita? Sinceramente, creo que no. Todo vale con tal de llegar al poder y lograr sus objetivos. Las mentiras y la omisión de la verdad son lo mismo. ¿Dónde quedaron las personas buenas y sinceras que solo buscan el bien común? ¿Yacen sumidas en el limbo del silencio y de la indiferencia, de la conformidad más triste?

Pero, ¿qué entendemos por hipocresía? En el caso de ceñirnos al diccionario, diremos que se trata del fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan. ¿No decimos lo que sentimos por miedo a herir a la persona que tenemos enfrente, para conseguir nuestros propósitos, tal vez, o para no sentirnos desplazados dentro de un grupo? Estos pueden ser los principales motivos, aunque hay más.

En mi opinión, el ser humano tiene la tendencia a desarrollar una serie de hábitos como es el de la hipocresía, pues se ha demostrado que resultan útiles o convenientes para alcanzar los objetivos que uno se propone. Yo diría que, por necesidad, acaba desarrollando estos hábitos. Pero, ¿estos se pueden considerar buenos o malos? Pues, sin duda, dependiendo de cuál sea el fin último, el propósito sincero.

La hipocresía termina siendo un talento adquirido. La vida nos lo enseña con el paso del tiempo y con las experiencias en lo que a las relaciones interpersonales se refiere. ¿Nos convertimos en seres hipócritas por diplomacia? ¿O por egoísmo y afán de superación?

El buen hipócrita es un comediante tan exquisito, que uno puede llegar a creerse todo aquello que dice y expresa. Del mismo modo, está el hipócrita que se llega a creer su propia hipocresía. Digamos que se autoconvence de lo que defiende, de lo que exterioriza, dejando en un margen muy lejano lo que en realidad siente.

Sin embargo, ¿sería sensato decir todo lo que uno piensa? La respuesta, sin duda, es complicada… Mas, a mí me gusta pensar que, de ser así, probablemente viviríamos en un mundo mejor. Al menos, más real y sincero.

En ocasiones, la hipocresía puede aflorar en nosotros de forma inconsciente, sin darnos verdadera cuenta de ello. Esto puede ser debido a una manera de resistir a los envites que nos alcanzan del mundo exterior. Dicho de otro modo: la simple y necesaria adaptación al medio.

La hipocresía nunca debe ser considerada como una virtud, sino todo lo contrario: como una debilidad, como un vicio. No obstante, todo ser hipócrita requiere de un cierto grado de inteligencia, pues tiene que saber engañar a la otra persona. Para ello, se ha de valer tanto de su vocabulario como de su expresión corporal.

De igual manera, es importante resaltar que la hipocresía está íntimamente relacionada con los niveles de confianza. Así, si hay confianza, esta debe desaparecer por completo. Entre familia y amigos verdaderos no hay cabida para la hipocresía.

No seamos hipócritas, sino íntegros y auténticos. Superemos de una vez los complejos y el miedo al rechazo. Ha llegado el momento de mostrar nuestra cara más sincera. Y es que, como dijo Sonia Iris Menéndez: “prefiero mil veces distancias honestas que cercanías hipócritas”. Yo antepongo que me odien con sinceridad a que me amen con falsedad.

EL AMOR Y LA HIPOCRESIA
María del Pilar Conde
México

Hoy platicaron cerca el mar , dialogaron tiempo juntos ; como dos grandes amigos a la orilla del camino.
El amor dulce  , romántico cautivaba con sus ojos , lleno de dicha y placer.
Le amaba con su mirada y deseaba poseerla …la hipocresía recelosa no confiaba ciegamente.
Guardaba para su peculio , pensamientos y deseos.
Poco a poco entrelazaban frases de plenilunio y acariciando se amaban mientras el horizonte se acerca.
Se pintaba el agua de colores cristalina , el sol parecía radiante descubriría su gran pasión.
El amor se ruborizaba , la hipocresía solo soñaba no atinaba a comprender, y le amaba en el silencio cada instante sin cesar , a través de la ventana que dibujaba su silueta , en la gran puerta del sol.
La deseaba por la noche , la deseaba al amanecer , y la hipocresía sentía que aceptaría su filtreo se dejaría convencer …por primera vez amaba y se sintió muy feliz , despojó sus vestiduras , ante los atónitos ojos del amor en la penumbra , y se presentó cuál era sólo una gran mujer.
El amor quedó extasiado la besó con gran pasión ,la llenó de besos dulces , y le pródigo su amor .
Ahora no existe en el mundo nada que los separe , ella es luna y él es sol , desapareció toda la mentira , pues hay que ser congruente y veraz , para que la dicha llegué sin afectar a nadie más .
Regalar sonrisas bellas cuando camines , y acariciar las heridas para que sabes y triunfos
Besar a través del tiempo , logrando siempre brillar junto a las estrellas , y agradeciendo su luz regalando alas nuevas  y tiempo para volar …extendiendo el vuelo etéreo y volar cerca del mar.

MÁSCARAS
Lidia Dellacasa de Bosco
(Argentina)

  La etimología de las palabras siempre es un punto de partida imprescindible si queremos reconocer las derivaciones que han tenido en el transcurso del tiempo y que llegan hasta nuestros días. Nos orienta no sólo para conocer su origen, sino para comprender el uso que de ellas realizamos en el presente.

   En el caso del vocablo hipocresía,  proviene del latín “hypocrisis”. En griego:  “hipokrisis” es una palabra compuesta por “hypo” y “crytes” que significan, respectivamente, máscara y respuesta. Notablemente, ya desde la antigua Grecia, su significado nos lleva a los vocablos “actuar” o “fingir” que hoy podemos descubrir en los contextos de uso donde subyace o se evidencia claramente la hipocresía.

   A partir de la práctica de la interpretación actoral, en la cual los griegos eran verdaderos artífices -tanto de la comedia como de la tragedia-, la utilización de esta palabra en la vida cotidiana alude al comportamiento del individuo que finge y pretende ser alguien distinto de quien es en realidad.

   Ya en el Nuevo Testamento, el término se utiliza tal y como lo empleaban los griegos: como técnica para el engaño o el disfraz a partir de una actuación que supera las fronteras teatrales. En su tiempo, Jesucristo acusó a los fariseos de hipocresía y por este motivo, se emplea el término “fariseo” para referirse a una persona que finge o que actúa con doblez.

   Por su parte, Sócrates y Platón consideraban a los sofistas como falsos sabios que se dedicaban a la enseñanza y cobraran por ello, conducta que se oponía a las tradiciones culturales de Atenas. Además, enseñaban técnicas retóricas con el único fin de proporcionar a sus clientes y alumnos herramientas para convencer al pueblo en las asambleas.

   Los filósofos más tradicionales consideraban falso y engañoso el planteamiento de los sofistas. Por esta razón, suele usarse la palabra “sofista” en un sentido despectivo y crítico: es alguien que afirma algo y no necesariamente cree en la verdad de sus propias palabras.

   El análisis de los términos “hipocresía” e “hipócrita” nos permite descubrir a aquellos individuos que aparentan ser bondadosos, humildes, justos, sinceros…, cuando en realidad esconden una forma de ser completamente opuesta. Lo que expresan con su conducta externa no coincide con lo que sienten en su interior. Se trata de comportamientos falsos.

   Nuestro idioma nos proporciona actualmente diferentes sinónimos: falsedad, cinismo, disimulo… El análisis semántico de estas palabras nos remonta a aquellas imágenes de los actores griegos, cuyas máscaras ocultaban su verdadero rostro.

   El mundo que habitamos expone una muestra variada de comportamientos hipócritas que pueden descubrirse en todas las clases sociales, en contextos políticos, económicos, laborales y aun religiosos. Representantes de la política, dirigentes sindicales, conductores de los medios de comunicación, usuarios de las redes sociales…, sin descartar las acciones cotidianas y aun las aparentemente amistosas, ocultan actitudes hipócritas que no siempre salen a la luz.

   La defensa de la ideología de género y del mal llamado “lenguaje inclusivo” constituye un ejemplo donde se advierten solapadas conductas hipócritas. El uso de deformaciones del idioma con el argumento falaz de favorecer la inclusión social suele convertirse en una máscara para convencer y alcanzar notoriedad a través de una postura supuestamente “integradora”.

   Podemos pensar entonces a la hipocresía como una variedad de rostros deformados por actitudes que enmascaran sentimientos y modos de pensar, con las cuales transitan por la vida, pervertidos por el engaño, el disimulo y la traición que muchas veces perjudican a otros.

   Cada vez más, el mundo que habitamos necesita seres humanos que se quiten esos disfraces y favorezcan gestos de honestidad, franqueza y respeto por quienes son, en definitiva, nuestros semejantes… sin máscaras.   

 

ARTÍCULO REPENTISMO ESPIRITUAL XIV – DE LA FELIZ FELICIDAD, LA SABIA SABIDURÍA, LA VENERABLE VENERACIÓN Y LA HIPÓCRITA ADULACIÓN
Adrián Néstor Escudero
Santa Fe de la Vera Cruz (Argentina), 26-10-2021. Texto ajustado: 23-11-2021.

Dice un proverbio árabe que “debemos tomar riesgos, porque si ganamos (si nos sale bien una decisión tomada), estaremos más felices, y si perdemos (o nos sale mal el curso de acción adoptado) seremos más sabios”. 

Interesante adagio si nos atenemos a la primera impresión de lo leído. Sin embargo, debemos pasarlo –quizás y antes de acordar o no con la sentencia prealudida y su rostro de sabiduría existencial- por las exigencias razonables de la tolva del Pensamiento Crítico o tipo de raciocinio que bien nos lleva a cavar el pozo antes de tener sed.

UNO

En primer lugar, entendemos que, lo fácil o lo difícil, será definido y de tal forma, según el tipo de problemas que se aborden en el acto electivo, y de la preparación al respecto que posea quien deba hacer uso racional de su intelecto en un comportamiento decisorio determinado. 

Comportamiento que estará determinado o sujeto consciente o inconscientemente por circunstancias que habrá que analizar más con la metodología adecuada al caso, y que se corresponda con la capacidad de apreciar los sistemas, elementos y propiedades intrínsicas y extrínsecas de lo que se evalúa como objeto o sujeto decisional. 

Además, entender, prima facie, que nada es fácil o difícil por sí mismo; pues será fácil lo que ya se entienda por conocido, o sepa, y según las condiciones mencionadas ut supra. Esto es fácil o esto es difícil, se corresponderá con el grado de complejidad del objeto o sujeto decisorio y el grado de conocimiento o preparación que el decididor posea sobre la materia en cuestión.

Resuelto este primer interrogante, pasemos ahora al segundo aspecto que contempla, liminarmente, la sentencia que estamos analizando: el tema de la felicidad. Y habrá que profundizar entonces sobre su correcto significado. 

DOS

Si acudimos a la RAE veremos que “ser feliz es sentirse satisfechos por gozar de todo lo que se desea o por disfrutar de algo bueno”. Feliz es un adjetivo. Es una palabra que adjetiva o cualifica un pensamiento, un sentimiento o una acción u omisión: en el caso de la RAE, solo tiene en cuenta que será feliz quien goce de todo lo que desea; una definición que aparece o aparenta razonable, y sobre la que puede advertirse en que la palabra “todo” no implica todo de todo, sino lo que una persona apetece como tal, como «todo».

Un «todo» motivado en unos (incluso bajo el estético nombrar como a un «sueño» de lo que se anhela) por la codicia, o la avaricia, o la vanidad y/o «todo» el conjunto de ‘sinrazones capitales acumuladas en el árido concepto de la «concupiscencia humana». Y, en otros hombres, ligado ese «todo» y en situación apremiante, a las necesidades primarias de techo y comida, y de algo de educación.

Ergo, hay un grado de subjetividad apreciativa del todo a poseer que no puede ni debe dejarse de lado, al evaluar costo-beneficio de un riesgo a tomar (revisar más arriba el concepto del aforismo popular árabe). 

En tal sentido, para alguien con un respetable grado de espiritualidad, como el de Santa Teresa de Ávila, “quien a Dios tiene (en verdad, el Todo de todo y de todos) solo Dios basta”. Por eso no sería impropio en este caso verificar que, oh divina causalidad, la expresión «feliz» o felicidad está compuesta por la palabra «fe»; esto es, se es feliz no solo por lo que se goza sino por lo cuanto se crea y ponga confianza en lo que se goza. 

Así y para la Santa Madre Teresa de Calcuta, el adjetivo «feliz» no aplica tanto a los verbos posesivos ganar o tener, como al verbo (Alter ego del Verbo) ofrendarse y servir; un estar y hacer el Bien (bien) a los demás, como derivado consecuente y congruente al amor fraterno y hospitalario. 

La felicidad, en esta mirada, se presenta como no egoica y/o acumulativa en sí misma, sino esencialmente dativa. Dirá San Francisco de Asis y en la famosa oración que se le acredita (Instrumentos de Paz): “Pues es dando como se recibe (…)». Baste preguntarnos en este punto, en qué medida alguien observado por su comunidad como egoísta o soberbio o hipócrita, puede aprehenderselo (va acento) como una persona feliz; pues en función de su ego cerrado y poderoso nunca sabremos si realmente goza de todo lo que desea o, al menos, disfruta felizmente de lo que posee. 

Y «todo» ello teniendo en cuenta que, el concepto de feliz, no puede estar desarraigado de los conceptos de gregaria solidaridad y humilde gratuidad. Esto es: «Nadie se realiza en una comunidad que no se realiza» (NA) y «Todo es gratuidad; así como «la tierra no pertenece al hombre; sino que es el hombre quien pertenece a la tierra», y resulta su buen o mal administrador (Parábola NT).

TRES

Y en tercer lugar, analizar el concepto de «sabio» que, obviamente, implica o entiende de aquel que posee sabiduría.

Dice la RAE que un hombre es sabio cuando “posee conocimientos amplios y profundos mediante el estudio” o que “muestra buen juicio, prudencia y madurez en sus actos y decisiones”. Definición que también y, asimismo -prima facie-, parece contener todos los elementos indispensables para juzgar a una persona de sabia o, por el contrario, de necia. 

Por lo demás, el método matemático denominado «por deducción al absurdo», nos llevaría a trabajar sobre lo que es una persona necia, y resuelto el caso, lo contrario a todo lo que distinga a un necio será propiedad de un sabio.

Y esto es posible porque solo habría (y más allá de escatologías y cosmogonías esotéricas y astrales) dos dimensiones para la captación y apreciación de lo real: la luz o la oscuridad; concibiendo dentro de la luz a aquello que el ser humano puede apreciar o juzgar (siempre con su racionalidad limitada, frágil y falible, y, en consecuencia, evolutiva y perfectible) como lo bueno, lo bello, lo verdadero, lo perfecto: siendo entonces para un creyente, Dios, el ejemplo más perfecto de sabiduría absoluta y luminosa pureza.

Lo contrario a tales esencias correspondería al mundo de la oscuridad. Y como queremos religar este concepto, el de sabiduría con el de ‘felicidad» y su compuesto «fe», deberemos tener en cuenta que esta, en algo o en alguien, no es medible o cuantificable, sino una singular proyección de brillos y sombras sobre algún aspecto de la realidad visible o invisible a los cinco sentido carnales. Y que, para alcanzar cierto grado de perfección necesita de la virtud de la esperanza, de la confianza en aquello en lo cual se cree o se tiene «fe»… 

Esto es, la fe sin la esperanza es un salto al vacío absoluto. Es decir, el acto de fe debe estar acompañado, además, por la confianza en recibir lo que se cree, y, asimismo, por gestos de amor (u ofrenda servicial consciente y voluntaria; esto es lo contrario a la obsecuencia, servicialidad o esclavitud) hacia aquello que se cree y espera. 

En suma, se está dispuesto a servir, a un brindarse vitalmente para que, lo que importa (algo o alguien), se sienta con nuestro pensar, sentir y obrar, a su vez, objeto o sujeto del deseo de ser feliz, haciendo que la sinergia de pensamientos, sentimientos y acciones, se transforme automáticamente en un “círculo virtuoso” de expectativas y hechos positivos del uno hacia el otro. Del que ama al que es amado. Y del amado a quien se ama. Por eso la verdadera fe, esperanza y amor ofrenda se consuman en todos los casos en la unicidad del Ser: “Que el hombre no separe lo que Dios a unido”, sentencia el nuevo mandato del amor conyugal brindado por el pensamiento cristiano. Ser el uno para el otro y el otro para el uno, en cuerpo, mente y espíritu, en análoga trilogía vivencial como lo es el inefable Creador del hombre: Dios Padre e Hijo y Espíritu Santo.

CUATRO

Entonces, si somos sabios, no tomaremos riesgos inconvenientes o innecesarios. Pues hemos visto que, ser sabio, es gozar de determinados atributos intelectuales y espirituales, dominantes de los deseos propiamente carnales y en su justa medida (en la que, por ejemplo, no esté en juego el no alimentarse adecuadamente, pues sin cuerpo no hay envase o vasija para el alma y/o la mente). 

Ergo, la promesa de tomar riesgos (la sentencia analizada no indica en qué condiciones), sin merituar determinadas consecuencias (que pueden ser irreparables en algunos casos, porque “muerto el perro se acabó la rabia”, según proclama un conocido adagio popular), es decir, sin prever o planificar una decisión o conjunto de decisiones antes de su puesta en marcha, no responden en modo indubitable a proceder conductualmente con “buen juicio” (sin estar alienado corporal, mental o espiritualmente), con sana «prudencia” (“Sean humildes como palomas y precavidos como serpientes, porque los envío a un mundo de lobos disfrazados de corderos”, afirma una verdad evangélica) y adecuada “madurez” (porque no es necesario decir que tenemos «mucha experiencia» en algo o sobre alguien; ya que hay experiencias útiles pero también inútiles, propias pero asimismo impropias al acto inquerido.

Que por algo un proverbio chino afirma que quien actúa con verdadera sabiduría, entiende que “distintas cerraduras deben abrirse con diferentes llaves”. Ello, teniendo en cuenta además que, la negatividad del error incurrido, puede resultar de una manifiesta gravedad contraproducente en una personalidad inestable y lacerante como madera seca, presta a alimentar el fuego intransigente del odio o del pánico, y la dimensión trascendente de oscuridad en un Ser. 

Además, es obvio que solo al aprender cómo funcionan las cosas evitaremos el pánico ante lo desconocido e incluso hasta podremos pergeñar un plan de acción a encarar sobre el particular; y todo ello, porque cada problema que enfrentamos en la vida requiere de una amalgama o conjunto (sistema, metodología, procedimiento) de habilidades (actitudes y aptitudes) para superarlo.

A MODO DE EPÍLOGO

Por lo expuesto, y atendiendo a que toda definición que arriesgue la condición sapiencial, de adagio o de sentencia indiscutible, debe ser convocada a sincero debate público, voy a intentar expresar ahora y guiado por la recta intención de mi corazón siempre en vilo, un «pensamiento» atinente y congruente con aquellos presupuestos y vinculados con los de sabiduría y felicidad.

En este caso, amables amigos, colegas y lectores, apuntando a diferenciar la actitud de veneracion frente a la de adulación. Y apelando para ello a vuestro interés por la práctica idónea del Pensamiento Crítico sobre un tema. Ayudándonos así, mutuamente, a construir y solidificar Valores y Sustancias Liminares que abonen a la dimensión de la Luz, y no a la de las sombras o a las de la oscuridad frente a la realidad conocida, e hipotéticamente, también, sobre la realidad a conocer.

Aunque partiendo para ello, desde el ámbito de lo real y/o virtualidad visible e invisible conocido; y dado que, lo «real a conocer”, ofrece inexorablemente y desde su origen -excepto la concebida por la fe, la esperanza y la espiritualidad del amor, accesible a las fronteras y esferas de lo Trascendente-, una infinitud de hilos texturando el tejido de la trama cósmica que no alcanzará jamás, espacio-tiempo alguno para dimensionarla… 

… Ni tan siquiera aplicando una remota probabilidad de tipo matemática, calculada sobre la composición –de hecho, solo material y expansiva- del Universo que la contiene y por cuanto en cualquier caso y frente a ella, surgirán nuevas hipótesis y tesis que la definirán y redefiniran (acentuado) como «realidad», al fin y al cabo, «a conocer”…

En tal sentido, pienso, siento y digo, O DE LA VENERABLE VENERACIÓN Y LA HIPÓCRITA ADULACIÓN:

“Solo el Hombre que ha alcanzado el colmo o la Cúspide de la sabia veneración o admiración (dulía o amor y respeto entrañables: o hiperdulía o amor y respeto sumo (2)) hacia algo o alguien (célebre por sus virtudes, dignidad, méritos o humana santidad), y desde las nobles alturas del panegirico (acentuado) y sincero agradecimiento (ajeno a toda blasfemia o impertinente adoración, propia de lo sacro, lo santísimo o divino propiamente dicho)(3), puede estar en condiciones de otear, escudriñar y dimensionar los confines de la ominosa profundidad y bajeza del Abismo vanidoso y manipulador, donde habita y se deleita, necia y rastrera, la hipócrita, pérfida adulación (4) y/o idolatría (5) de los mezquinos y débiles de espíritu; enderezada inconfesablemente por un ‘río de desprecio’ (6), o fluido que mana de un sentimiento de incompetencia e inseguridad hacia ese mismo algo o alguien que se idolatra, y por más ilustre que lo sea o lo parezca”. 

De hecho, entendemos que no hay mayor hipócrita que aquel que, hipócritamente, critica al que lo es. La hipocresía, propia de los aduladores, se solaza en mostrarse recto ante lo demás, pues la mentira y el engaño son los disvalores que más la caracterizan….

Y bien mis amigos, un pensamiento puesto a consideración, que bien puede complementarse con aquellas sentencias que alertan, con innegable sabiduría, y por ejemplo: “Tenga cuidado el de a pie de no caer” (1 Cor. 10,12)… en ese Abismo, ya que “La adulación en un amigo verdadero es una cosa monstruosa” (Henry Ford). 

Adagios indiscutibles por donde se los mire, puesto que no en vano “somos todos pecadores” (de pensamiento, palabra, obra u omisión, y por error, ignorancia, ingenuidad, indiferencia, exageración, perversión o concupiscencia), dirá el creyente (científico o no, y en virtud de una encarnación no espiritualizada o imperfectamente espiritualizada); o «todos somos frágiles y falibles» (limitados aunque perfectibles) dirá el no creyente (casi siempre científico, y atraído por el concepto de la “duda razonable”: un término esquivo empleado por algunos y en ciertas ocasiones, para intentar explicar -como una verdad a medias- el devenir de la compleja existencia humana; ello, en exacta correlatividad con sus métodos igualmente frágiles y falibles). 

Así, en definitiva y en los hechos concretos de la interacción del hombre con el hombre, podremos acordar junto al gran estadista norteamericano Abraham Lincoln, que: “Se puede engañar a todos poco tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”.-

LA MENTIRA… ¿MÁSCARA O MIEDO?
Claudia Figueroa
Perú

Todo error sincero merece respetuosa consideración. Es, en cambio, despreciable la hipocresía del que oculta sus ideas por venales motivos; y es criminal la mentira del que la enseña a sabiendas por torpes conveniencias”. Las fuerzas morales José Ingenieros.

Hace ya unos años atrás escribí algo parecido con este tema. Pero, como bien se dice, la experiencia hace al maestro. Pero, si vamos a hablar de un tema como este empecemos por saber que es la mentira como tal.

Existe en psicología y psiquiatría un término que se utiliza para quienes tienen la costumbre de mentir todo el tiempo: mitomanía. La mitomanía se manifiesta en la necesidad compulsiva de mentir.

La mentira, primero es una máscara que encierra una negación. ¿Cuándo negamos algo? Cuando no queremos ver una realidad. Y, al negar lo evidente, se manifiesta el miedo. Si contestáramos la interrogante de nuestro tema sobre la mentira, podemos decir que son ambas cosas: máscara que oculta una realidad y temor a ser descubierta.

El mentiroso, como característica de personalidad, – que todos tenemos esa característica – ya sea de aquellos que son adictos, ya que todos tenemos un tipo de estos, tiene que mentir, necesita mentir para ocultar su realidad. Y, como bien sabemos, la mentira no es más que miedo a la verdad.

Por lo general, el mitómano nace de una familia disfuncional, tiene baja autoestima, tienen pocas o nulas habilidades sociales. Su situación es tan caótica que tienen que mentir para salir de sus problemas, pero como no pueden mentirse a sí mismos, es más fácil hacerlo a los demás.

¿Cómo sabemos que alguien miente? Porque su lenguaje corporal habla lo que la boca no dice. También, porque se habla si no se está seguro, cambiar de opinión con frecuencia, disimular algo. Hablan de hechos grandilocuentes, donde el mentiroso aparece como heroico o victorioso, o cuentan historias donde son las víctimas buscando simpatía, llenan de detalles y son muy elaboradas sus historias, tienden a variar la historia dando versiones completamente diferentes de ellas.

Nadie está exento a mentir. Todos mentimos en alguna manera. Cuando un político miente se llama demagogia, el mentiroso compulsivo es mitómano, el que esconde algo es hipócrita, el adicto miente en la negación y sus amigos también niegan que hay problemas. En todo grupo humano, la mentira siempre va a prevalecer.

No podemos alejarnos de la mentira. De vez en cuando, el hombre la usa para su conveniencia, ya que hay cosas que es mejor no mencionarlas y que se mantengan en secreto.

Tal vez, como máscara sea conveniente, pero debemos tener cuidado en conocer el límite de esa conveniencia, porque, al usarla en exceso, puede convertirse en una cadena cuyos eslabones no se podrán romper, negando la realidad que nos rodea. Muchas veces es tan dolorosa, que es mejor disfrazarla para hacerla llevadera. Pero solo aquel capaz de mentir sin tapujos, sabe el dolor que lleva dentro y es como es por sus circunstancias.

Cuando el hombre se conoce a si mismo, se ama a si mismo, se respeta, las mentiras salen sobrando. No necesita mentir, disimular, esconder o cambiar nada porque está seguro de si, su cuerpo habla lo que su boca indica. Actúa, y habla como piensa y siente, y esa es la realidad que le rodea.

El hombre pide que siempre le hablen con la verdad. Pero la realidad es que a la humanidad le gusta la mentira y que le mientan, porque al momento de decir la verdad como la conocen, se perturban, o se molestan, p.or ende, al hombre le gusta que le mientan para no herir susceptibilidades

Una vez me dijeron a mi que yo me enojaba porque me decían la verdad. Al principio así era, pero a la larga vi que todos tenemos una parte de verdad, y que no conocemos todo el amplio mundo que le contiene, por eso, cada quien habla, y actúa conforme a lo que tiene en su mente y corazón, cada uno tiene razones de sobra para ser como es por esta misma razón.

“La verdad es la más temida de las fuerzas revolucionarias; los pequeños motines de fraguan con armas de soldados, las grandes revoluciones las hacen con doctrinas de pensadores. Todos los que han pretendido eternizar una injusticia, en cualquier tiempo y lugar, han temido menos a los conspiradores políticos que a los heraldos de la verdad, porque esta, pensada, hablada, escrita, contagiada, produce en los pueblos cambios más profundos que la violencia. Ella – siempre perseguida, siempre invencible – es el más eficaz de rendición moral que se ha conocido en la historia de la humanidad”. José Ingenieros.

HIPOCRESÍA
por Andrea Kiperman
Argentina

Un tema verdaderamente interesante nos toca este mes indagar, pensar, poner luz.
Que palabra tan fuerte, y tan tajante. Estamos en un momento muy hipócrita, muy individualista, que también es expresado en los medios de comunicación, y redes sociales. Cuánta mentira, cuan grandes son las máscaras que están hoy en día presentes en muchas personas.
Cuantas sonrisas que esconden lágrimas? cuántas bocas calladas sonrientes que luego clavan espadas por la espalda?. Ese es este tiempo. Y creo que también tiempos anteriores. De engaños, de hipocresía y de hipócritas. Cuanto duele estar o tener que pasar situaciones con gente hipócrita. A veces no se puede prevenir, a veces no se puede evitar. Y entonces trato de imaginar palabras que pudieran ayudarnos como antítesis…. como para esclarecer. Transparencia. Que linda palabra. De eso se trata. De ser transparentes primero con nosotros mismos, con lo que somos, con lo que sentimos. Desde allí en más y para con los demás. Siempre digo que todo empieza por uno, por el interior de uno. Hacerse cargo, y automáticamente empezamos a elegir mejor las amistades, los afectos. A conectarnos con los demás en relaciones más profundas y reales. Más humanas y amorosas. Te invito a que vivas con transparencia, a ser leal a vos. A vibrar desde ahí.
Desde ese punto uno es más verdadero, creo que nos lo debemos, como parte de nuestro proceso personal de desarrollo. Y para los hipócritas, los que viven en y con hipocresía, sólo sé que el tiempo pone a todos en su lugar. El Universo es así de maravilloso. Tarde o temprano, todo se paga.

 

VIVIMOS EN UNA SOCIEDAD FALSA E HIPÓCRITA
José Luis Insausti Urigoitia.
País Vasco- Euskadi.

Hago esta reflexión, porque suelo observar bastante en esta sociedad en la que vivimos .
Una persona traicionada, es más que una persona dolida, quedándose sin brújula, sintiendo una angustiosa confusión.
La hipocresía se puede concebir como el deseo de esconder los demás motivos reales o sentimientos. Es decir el 
hipócrita es alguien que esconde sus intenciones y su verdadera personalidad. Estoy convencido que la hipocresía 
es una de las acciones que más detestan los seres humanos, vivimos en una sociedad en la que estamos rodeados
 de hipócritas y de falsos, mentirosos, nos guste o no reconocerlo. Al hipócrita, le encanta unirse y reunirse con otros falsos.
La mentira y la hipocresía, nos hacen sentirnos pequeños y vulnerables, con pequeñas mentiras perdiendo grandes personas, los hipócritas, los engaños afectan especialmente a las personas que viven con honestidad su propia vida y la de los demás.
Vivimos en una sociedad cada vez más individualista y consumista que conduce al egoísmo, al egocentrismo a preocuparse únicamente de la felicidad personal. Creo que a los falsos, mentirosos e hipocritas, su propio ego personal les impide decir la  verdad, para que los demás no rompan con ellos, si se produjera esa ruptura, que muchas veces no quieren sería para ellos 
una gran derrota, se desahogan criticando y traicionándote ante otras personas.
Son muy desleales, en el fondo se trata de personas con una mentalidad muy pobre, necesitan diariamente grandes montañas de falsedad y de hipocresía para darle algún sentido a sus pobres vidas.
La hipocresía se puede definir como un comportamiento hipócrita en la persona, que demuestra una incongruencia entre sus acciones y sus palabras. Se considera una de las formas que toma la mentira, ya que esta incongruencia se relaciona con mostrar una imagen de esa persona que no es la real. Es normal por lo tanto, que no nos gusten las   personas hipócritas ya que no sabemos qué parte de  lo que nos cuenta es verdad y la comunicación se nos hace muy complicada.
Los hipócritas han aprendido hacer ver que alguien que conocen dicen ser su amigo, cuando lo que sienten por esa persona es mentira y falsedad, los hipócritas no se atreven a decirle a los demás quienes son en realidad, porque además de hipócritas son muy cobardes, el que es cobarde nunca dirá la verdad, porque la verdad pesa muchísimo. La hipocresía es un mal que mata lentamente, porque va  quemando por dentro a aquellos mentirosos, cobardes y traidores que mienten abiertamente, haciendo ver cosas que no sienten ni  están en condiciones de cumplirlas.

 

HIPOCRESIA
Dr Jorge B Lobo Aragón
Tucumán Argentina

Mentimos a cada rato. -Señorita: me muero de amor por usted- y no me muero nada; sigo vivo. Este calor es insoportable – y sin embargo lo soporto. Aquel es un cobarde que no tiene sangre en las venas -, aunque sepamos que a todas y cada una de sus venas las tenga completamente llenas de sangre. Mentiras que no molestan porque se dicen sin el fin de ser creído. Hasta podría decirse que no son mentiras ya que no tienen el propósito de engañar. Y las mentiras galantes y caritativas. No sólo que no molestan sino que también agradan. -Qué bien se la ve, señora, a usted no le pasan los años- -Siga con el tratamiento y en quince días va a estar hecho un toro- le dice el médico a un moribundo. No son mentiras. Antes y ahora no debería mentirse debido a un MANDAMIENTO: “No dar falso testimonio ni mentir”. Pero ese es un mandato de Dios, por lo tanto una cuestión religiosa que en la democracia de esta época,  de tiempos aciagos y de relativismo crónico, nadie está obligado a acatar. Terminada la cristiandad no se ve porqué el ciudadano (Doña Rosa)  – supuestamente el soberano – a una autoridad elegida, constituida democráticamente  le haya de poner pautas de conducta. Es más. A la mentira se la ve bien, ya que es útil para favorecer el consumo, y por lo tanto la producción y los votos. Que un hombre se vendiera era antes una horrible acusación, más horrible si el vendido era un político. En el lenguaje actual el político parecería que está obligado a venderse, que equivale a mostrarse de un modo tan atrayente como para conseguir que afluyan los votos. Las Técnicas gráficas han acompañado este progreso y hoy se pueden pasar fotografías y videos perfectamente truchados.  Qué señalan estos indicios para el futuro concepto de verdad.  A mi modo de ver presagian una peligrosa división en la sociedad. Por un lado, habrá mucha gente que caerá en un cinismo total. Por el otro, aumentará la cantidad de grupos que, desesperados por la necesidad de aferrarse a algo seguro en medio de un mundo cada vez más complejo, relativo y en constante cambio, prefieran creer en una sola verdad con fanatismo absoluto. Ambas actitudes son malas noticias para la democracia y para cualquier sistema político. Pero vamos a lo nuestro. La primera obligación del que miente es hacer que le crean. Si va a mentir para que no le creamos entonces simplemente desvaría. Si un político dijera “voy a terminar con la inseguridad o la pobreza”, no se le creería, porque es una mentira ya gastada. Entonces deberá buscar otra antes que en las próximas elecciones la pueda  censurar todos los días. Pero el político tiene que hacerse creer, ya que se lo vota esperando lo que él va  a hacer. La gran mayoría sacaron muchos votos a pesar de que no le creen y públicamente han confesado que han tenido que mentir para que se lo vote. Un político siendo gobernador de Tucumán, defendiéndose ante los militares, “dijo a viva voz, yo miento como político pero no he mentido como militar”. Sabemos que los políticos mienten, pero no puede alegarse que su condición de político lo habilite para mentir. Sí, puede hacerlo; la prueba de que pueden es que lo han hecho. Pero es una barbaridad, no porque se reconozca mentiroso sino porque reconoce que la mentira está aceptada por él y por muchos como arma política. Entonces cualquier cosa que diga, que prometa, que jure, merecerá ser analizada: “Lo asegura como político; entonces debo pensar que miente”. Y los políticos, ¿estarán obligados a sujetarse a cierta cuota o tendrán piedra libre? La mentira y la hipocresía son una traición y una inmoralidad cuyos resultados han sido la causa de la mayoría de los males de nuestra patria. Es por lo tanto un delito (Engaño) cuyos efectos y consecuencias claman al cielo.

LA HIPOCRESÍA.
Elsa Lorences de Llaneza
Argentina

Cuando veo el título del Tema a desarrollar me pregunto: ¿Cuántas veces he tropezado con hipócritas y me he dado cuenta muchísimo tiempo después?

Porque la hipocresía significa: Mentiroso, simulador y…. ¿Cuántas veces me han mentido, me han engañado, han simulado que me querían y no era verdad?  Si alguno se encuentra con algo así  ¿no será mejor seguirle la corriente?, porque es muy doloroso darse cuenta. Pero también me he preguntado si por carácter transitivo, no me convertiría yo en una hipócrita pues estaría haciendo lo mismo que el otro. Callar y por no destruir una amistad que amo. Estaría cambiando una amistad auténtica por una hipócrita, por no sentir la separación de una persona  que me miente y el consiguiente dolor que ello conlleva.

A mí me gustaría que cuando una persona que es mi amiga, dejase de quererme o ya no le fuera útil, me dijeran la verdad y así sabría que la persona que tantas veces me aduló y me dijo que me quería me lo dijera, y  eso estaría bueno porque, el amor, por lo general, no es para siempre y la persona que tiene la honestidad de aclarar sus pensamientos, para mí sería un gran ejemplo a seguir, una gran persona que dejaría de ser hipócrita.

¿Se entenderá lo que quiero desarrollar aquí?

No, si cuando yo digo que estoy para el sillón de un buen psicoanalista no soy hipócrita, lo que digo es cierto.

LA HIPOCRESÍA
Manuel Llaneza
Argentina

Definición de hipocresía / hipócrita.
Ser hipócrita según la RAE es el: Fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen
Hipócrita es el adjetivo que se le da a quien actúa con hipocresía
Ampliando esta definición diríamos: Hipócrita es quien finge ser lo que no es, ya sea a través de la religión, la política, las relaciones sociales y laborales, las virtudes, características, ideas, sentimientos, etc.
En la Biblia Jesús nos decía respecto de los hipócritas: «Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse (Lucas, XII: 1-2).
Es la peor de las actitudes por lo solapada y dañina. Quienes la practican sin miramientos, y a sabiendas del daño que causan, ejercen sobre los demás la peor de las hipocresías: LA HIPOCRESIA MORAL. A estos nada les importa y tratan de lograr sus objetivos sin miramientos de ninguna naturaleza.
Cuando va acompañada de poder, la capacidad de generar daño se multiplica exponencialmente. El hipócrita no es justo, ni es una persona de confianza, es mentiroso y manipulador. La hipocresía es la madre de la mentira, están íntimamente ligadas y van siempre unidas.
Lamentablemente observando lo que sucede en el mundo, pareciera que los hipócritas suelen llegar lejos en todos los ámbitos. Decir una cosa y pensar otra suele ser moneda corriente. Pareciera que todos llevamos un hipócrita dentro.
Para reflexionar me pregunto: ¿Acaso no hemos tenido todos alguna vez actitudes hipócritas?
A modo de ejemplo, las pequeñas hipocresías cuando pensamos que muchas veces es mejor callar o fingir, que hacer honor a la verdad. Cada uno deberá responderse este interrogante con sinceridad.
Cuando los destinos de las sociedades son manejados por hipócritas, nunca son buenos los resultados finales. En estos tiempos y por estos lares es un mal que abunda lamentablemente.
Termino estas breves consideraciones, con una frase que me pareció muy ilustrativa respecto del tema que nos ocupa, y que suscribo totalmente:
El único vicio que no debe ser perdonado es el de la hipocresía. El arrepentimiento del hipócrita, es hipocresía en sí misma. (William Hazlitt).

LA SIMULACIÓN:
Dra Amanda Patarca
Arrecife-Argentina

Incursionando en el libro de José Ingenieros (médico y prolífico escritor argentino):”La simulación en la lucha por la vida” pude hacer relación de ideas uniendo lo que él nos dice en su libro y lo que dicen algunos de los estudiosos (que son muchos) los cuales, ocupándose del tema,  aportaron su impronta. Y, lo primero que se me ocurre, es decir: ¡Qué tema tan abarcador de situaciones diarias! Tantas, como para pensar que por abundantes, de manera instintiva o intuitiva, omitamos referirnos  a ella. Es que detrás de cada interpretación sobre lo que le sucede a algún organismo con vida, existe la simulación actuando, para conseguir continuar con la perpetuidad de su especie.   

El hombre ha perfeccionando sus medios de lucha por la persistencia de su propia vida, mediante recursos variados, algunos no del todo virtuosos: la mentira, el fraude, la trampa. Y otros, como la astucia y la simulación,  las cuales, sin comprometer el buen nombre y honor de quienes las pongan en práctica, se hacen presente siempre para transformar en ganadores a quienes sepan manejarlas con idoneidad. Y como todas las especies se encuentran involucradas, por hacer uso de la simulación, de manera natural y, a veces, instintiva, es hoy, justamente, que a este último recurso citado (la simulación), le daremos singular importancia, analizándolo desde varios de los innumerables puntos de vista. Diré, como afirman los científicos estudiosos, que donde hay vida, hay lucha por la vida y los recursos a usar por los seres humanos, dotados de mente, inteligencia y voluntad, provienen de su buen uso de esos tres factores logrando, a través de ellos, superar, con creces, recursos, que la mayoría de los seres vivos pertenecientes a otros reinos, utilizan también a la perfección. Diré, además, como lo afirma José Ingenieros: Que hasta las piedras (reino mineral) simulan, luego de permitir ser invadidas por el musgo o por cualquier substancia, alga u hongo. Y aquí daré un ejemplo para que se interprete, en sentido figurado, como pide Darwin, cuando explica lo concerniente a la lucha descarnada de las especies, por sobrevivir: Él nos entrega esta idea, digna de recordar: Camuflada  deja de ser tenida en cuenta y evita ser levantada de la superficie donde se encuentra, por el troglodita que, en este caso (hombre histórico de las cavernas), busca, tanteando sobre la superficie, donde ésta se encuentra, el elemento ansiado, que posea la consistencia adecuada, como para fabricarse un hacha. Entre los vegetales descubrimos mayor cantidad, como para explicar con un ejemplo: plantas atractivas, por demás coloridas, o repulsivas, con potentes olores y hasta carnívoras, las que se sirven de sus atributos para repeler peligros.  Pero es entre los animales donde la simulación en la lucha por la vida se hace más evidente. Darwin y muchos otros, sabemos todos, analizaron el comportamiento de las especies vivas y, en relación al  texto de su obra máxima, pide que se tome todo cuanto él dice, en sentido figurado. Lo dice porque cree que esa es la forma más directa para llegar a comprender su divulgada y aceptada Teoría de la Evolución de las Especies, que, según su criterio, no es otra cosa que la lucha de los seres vivos cuando su especie quiere cundir y, dentro del tiempo de su generación, se encuentra con la posibilidad de sucumbir por no lograr asegurar, con nuevos vástagos, la futura trascendencia.

Aquí la asociación de ideas vale más que mil frases explicativas, en textos perfectamente redactados:

Ubicadas ciertas palabras (pocas), unidas a otras bien elegidas, se potencializan para que la mente humana, conjugándolas  con inteligencia, nos permita entrar en este tema apasionante. Ejemplo: Semillas (en cantidad suficiente o deficiente); olores (repelentes;  perfumes (atractivos) polen, (escondidos en las corolas de las flores, con fulgurantes y bellos tonos, demostrativos); colores oscuros, apagados rechazadores de animales depredadores; pajaritos (de pico libador; insectos (de todo tipo); cuevas; musgos, algas; líquenes. Así como algunos términos que establecen acciones, como, por ejemplo: aparentar, disimular, mentir; omitir, con los cuales nos acercamos a ciertos hechos, como: Cambios de actitud producidos por ejemplares de cualquier especie (para lograr un fin buscado). Y, por último, entre los seres humanos: La conversión de persona digna de confianza, a farsante.

Malthus fue el científico investigador y estadista que adelantó la posibilidad de un futuro de hambre y migraciones, como consecuencia del aumento, en la Tierra, del número de seres humanos. Sus datos proféticos, luego de ser analizados  por investigadores, post tecnología, se tornaron, luego, de relativa certeza. Hoy, ya  no existen  dudas de algo que estamos constatando todos, de manera constante: Que el adelanto superlativo de la ciencia y de la tecnología, influyó notoriamente. Tanto, como para lograr hacernos comprender, lo que de manera normal se instaló entre nosotros para que sintamos, como propio  eso que está sucediendo y que denominamos, alegremente: La zona de confort. Lugar en donde, al parecer, sólo se ubican los más aptos. Por esa razón nos es posible constatar y hasta entender que la grieta existente, entre ricos y carenciados, seguirá dividiendo  a buena parte de la humanidad. Pero de tal manera, como para poder llegar a hacer creer a muchos (me involucro, portando la esperanza), de  que con buenas políticas se podría mitigar el hambre profetizada, la angustia producida por su padecimiento y las migraciones, consecuencia inevitable, de todo ello.

Y para que las políticas sean buenas hay que arribar con ellas, a un buen estado de prevención de lo dañino.  Haciéndose todo lo necesario, pero de manera democrática. Contando esa democracia con virtuosa vitalidad. Prevención, en primer lugar: De las enfermedades, de todo tipo, con búsqueda tentativa del goce general de salud física y mental. En segundo lugar, manteniendo el mismo rango de importancia, la Prevención del delito, consigna que se lograría, en mayor grado, aminorando el índice de pobreza y afianzando la seguridad pública en base a la erradicación del hambre y la ignorancia, responsables, ambas, de la proliferación categórica de necesidades de todo tipo, generadas por la falta de trabajo digno y educación adecuada, a las circunstancias. Y, entonces, en este estado, ya inmersos en el análisis de las circunstancias que el futuro, de aquí en más, pueda depararnos, estamos en condiciones  de afirmar, aventurándonos, que va a ser difícil encarar, con miras a la prevención, el estudio con análisis minucioso de las innumerables causas y efectos, derivados de la simulación humana en el mundo, pues los caminos a seguir se han tornado, también, ilimitados. Es que con el transcurso del tiempo, el avance de la ciencia y de la tecnología al grado de superación alcanzado, tampoco ellas tienen límite. Y así llegamos a saber, lo que afirmamos: Que todo ser vivo, de la especie que sea, para lograr sobrevivir, simula. Y, muchos de ellos, al parecer, lo hacen de manera automática, como cuando respiran o se ponen en marcha.   

Al hablar del ser humano, un poco más arriba citamos ya a la astucia, como actitud no del todo maliciosa, para llegar a la concreción de la simulación, como excelente medio para alcanzar ciertos fines. Debemos ahora poner el foco en la trampa, la traición, el abuso de confianza, perpetrado por un terrorista  antes de inmolarse, mostrándose amigable ante su víctima cercana. Y toda clase de omisión o acción maliciosa ejercida por los delincuentes que desean librarse de las sanciones que la ley impone a quienes infringen sus normas,  queriéndose hacer pasar por locos.  La medicina psiquiátrica y psicoanalítica y jurídica se encarga de esas cuestiones. Y en política no son pocos los casos en los que funcionarios poderosos, desprolijos y demasiado astutos echan mano a la simulación,  para conseguir beneficio propio. Casi siempre difícil de descubrir y aún menos, de penalizar.

José Ingenieros explica en su extenso libro, referenciado al inicio, la diferencia entre simular y disimular, diciendo: “El individuo simula, lo que no es, no tiene y no hace. Y disimula lo que es, tiene y hace”.

Constituye, entonces, un verdadero mundo de ficción, en donde la mentira es la protagonista, para que el argumento se constituya en algo verídico, sólo para bien del que la interpreta jugando el papel. Cuando en nuestro idioma hablamos de tacto, también se pone en juego la simulación: Decimos que tiene tacto, aquella persona que se encuentra, conscientemente, a la espera del momento oportuno. Amanda Patarca.    

        

NUESTRAS RELACIONES SOSCIALES Y LA HIPOCRESIA
La hipocresía empaña al sol – Luis Alberto Costales Cazar
Carlos F Pérez de Villarreal
Mar del Plata/Argentina

Según su definición, la palabra “hipocresía” significa simular cualidades o emociones contrarias a las que verdaderamente experimentamos.
“No se aplica lo que se predica”, decía un viejo sacerdote amigo.
Pero, nos preguntamos… ¿Cuáles son las razones?
Pueden ser muy diversas.
Por naturaleza, el ser humano no es hipócrita, pero la convivencia con los demás congéneres puede desarrollar este hábito, ya que permite lograr muchos objetivos en la vida misma que desarrollamos. Incluso, en algunos casos, es una necesidad imperiosa de subsistir en la sociedad. El miedo puede ser un factor, ya que en las relaciones donde existe un verdadero desequilibrio de poder, se puede llegar a decir lo que uno no piensa verdaderamente.
Somos muy complejos, esa es la realidad.
Tal vez actuemos hipócritamente para no hacer daño a alguien y otras veces lo haremos por puro beneficio, o solo por nuestro propio bienestar.
Pero aclaremos que ser hipócrita es un defecto. Está mal. No podemos ni debemos hablar y sostener una debida práctica sobre aspectos morales, que luego no cumpliremos.
Desde muy pequeños se nos ha enseñado que debemos decir siempre la verdad. Correcto. La mentira es negativa. Pero en diversas ocasiones, por haber sido sinceros obtuvimos reprimendas. Entonces se produce una gran contradicción. Así vamos “ajustando” una manera de ser, nos mostramos en público diferente a lo que somos en privado. Esto en definitiva es hipocresía.
Desde que vivíamos en las cavernas, el grupo fue la solución a la supervivencia.
Debíamos pertenecer a alguno para enfrentar los peligros, ya que unidos teníamos más posibilidades de subsistir. Este método trajo aparejado que debíamos hacer sentir a los demás nuestro propio valor, entonces escondíamos nuestras miserias y exponíamos nuestras bondades. Sencillamente nos volvíamos hipócritas por sobrevivir.
De acuerdo al paso del tiempo, hemos avanzado, abandonando los peligros de esa época (aunque hoy en la sociedad actual tenemos otros, casi similares). Logramos “humanizarnos” más y moralmente la hipocresía es algo que nos molesta y la consideramos innoble. Suele ser manipuladora., inclusive tóxica, dañina.
En la actualidad tendemos a considerar la sinceridad como una cualidad muy positiva, y aunque tal vez escuchar verdades nos pueda llegar a molestar, sabremos siempre que la honestidad va delante.
Se hace difícil forjar nuestra propia personalidad, estar a gusto con nosotros mismos, querernos y demostrar ante los demás el aprendizaje de la vida. Lamentablemente vivimos en un mundo donde vale más la imagen que esa personalidad. Tenemos que parecernos a ciertos patrones, ciertos estereotipos de la sociedad, porque justamente vivimos inmersos en ella; pero de lo que se trata aquí es que seamos nosotros mismos.
Si queremos ser aceptados, no seamos hipócritas, comencemos por aceptarnos. Considerémonos. Seamos honestos. Pongamos nuestro afecto en quienes conviven con nosotros y el entusiasmo en lo que hacemos.
Debemos velar por nuestras aspiraciones, ¡sí!, pero también pensar en los otros.
Y tengamos en cuenta que la hipocresía termina por aniquilar nuestro ser.

HIPOCRESÍA
Jaime Suárez Ávalos

México

           Dice un diccionario que la hipocresía consiste en fingir sentimientos o cualidades que son contrarios a los que se sienten en realidad. El hipócrita es un mentiroso que te muestra lo que quieres ver, pero lo hace por interés, para su propia conveniencia.
           Es fácil reconocer que este defecto existe desde que el ser humano apareció en la Tierra. Lo tienen millones de individuos, algunos cercanos y otros no tanto, pero que hacen mucho daño porque su ámbito de influencia es muy amplio; hablo de personas públicas, como gobernantes, deportistas, actores, etc. La base es el engaño. Ah, cómo me indigna que un futbolista recibe un golpe ligero, y se deja caer, se retuerce como si estuviera bajo un ataque epiléptico (si su equipo va ganando, se queda tirado más tiempo del requerido) y cuando se levanta, camina y corre como si nada.
           Recuerdo un chiste muy conocido en mi país: Un candidato a gobernador estaba en un pueblo haciendo campaña para ser electo, entre sus frases se le escapa:
-Y yo les mandaré construir un puente para que ya no tengan que sufrir al atravesar el río.
-Pero si no tenemos río -reprochó uno de los habitantes del poblado.
-Pues les mando hacer uno -concluyó el demagogo con su habitual hipocresía.
           Gran parte del problema es que la gente prefiere no hacer mucho caso de las consecuencias de las mentiras, pero a veces son nefastas y para colmo, ni cuenta nos damos del daño causado.
           El hipócrita adula, finge afecto, interés, admiración.
           Hay una anécdota también conocida en mi país; cuando un presidente preguntó a su ayudante:
-¿Qué horas son?
-Las que usted ordene, señor presidente -contestó el subordinado.

EL HOMBRE DEL CARRITO

    Es un carro singular: tiene seis ruedas de bicicleta, sólo las delanteras pueden ser accionadas por el volante, que es trasero, mide tres metros de largo y tres de ancho, tiene seis compartimentos encimados, una tina de baño, una cama, un depósito de libros, uno de ropa, uno de comida, y uno de herramientas. La tina, que es de metal, posee una manguera que baja hasta el piso y puede ser introducida en cualquier coladera; en la parte de arriba hay un pequeño techo sostenido por cuatro barras de madera de las que penden cortinas corrientes que pueden ser levantadas y dejar al descubierto dos viejas sillas plegadizas.
    Atrás lleva dos barriles macizos, en uno transporta agua y en el otro guarda comida; también adelante lleva dos barriles, en uno, el dueño, echa los objetos que le regalan o cambia y en el último deposita la basura que genera o la que recoge.
    El hombre es una de esas personas a quienes es difícil calcular la edad, usa barba corta, aunque no cerrada, lleva un sombrero viejo de hongo, overol y camisa de manga larga; todo ello ya muy viejo, pero limpio.
    Cuando llegó a la colonia causó gran impacto, después la gente se acostumbró a su presencia y a sus actividades.  Casi siempre duerme en las calles de la colonia; cierra por dentro y, sin temor a ser molestado, descansa de su constante deambular. Como nadie conoce su nombre, pero la gente se ha dado cuenta de que es un hombre que sabe mucho, lo llaman “El Profesor”.
    Son las seis de la mañana, el Profesor abre la llave del barril de agua y deja que la tina se llene hasta la mitad; con calma asea su cuerpo y luego se viste; baja la tabla que divide a la cama de la tina y se dirige al exterior de su carro, abre una puertita y saca la manguera, la introduce en una coladera y así vacía el agua de la tina. Se lava las manos y después de agradecer al Creador por los alimentos, desayuna algunas frutas que le regalaron el día anterior y que están en el barril destinado para ello. La gente pasa y lo ve, pero él sigue desayunando, aunque a veces sonríe a quienes lo saludan y contesta con cortesía.
    -Buenos días, Profesor, ¿Cómo amaneció?
    -Bien, gracias a Dios, ¿y usted? 
    -También, gracias.
    Termina el desayuno, se asea la boca y empieza a trabajar. La calle está llena de basura que los vecinos y transeúntes depositaron durante la noche y el día anteriores, no tarda mucho en llenar su depósito y se dirige al contenedor que está no lejos de allí. Hay dos niños andrajosos hurgando entre la basura.
    -Hola hijos, ¿Qué hacen?
    -Ya lo ve, Profe, buscando nuestro desayuno.
    -Casualmente guardo algunas frutas que quiero regalarles, no me van a despreciar, ¿o sí?
    -Cómo cree, Profe, usté no’más diga.
    El profesor les dice que se tienen que lavar las manos, los invita a subir al carro, les ofrece las sillas para que se sienten y sin tardar más les regala unas manzanas en muy buen estado; mientras comen platica con ellos.
    -¿Dónde viven?
    -No se burle Profe, las calles son nuestra casa.
    -¿Y sus papás?
    -Pus quién sabe. Mire: somos hermanos, mi padrastro nos pegaba mucho y por eso nos escapamos; como mi mamá ni nos defendía, pus mejor volamos.
    -¿Cómo te llamas?
    -Ya ni me acuerdo, me dicen el “Táchira”.
    -¿Y eso porqué?
    -Sabe.
    ¿Y tú?
     -Yo soy el “Caritas”.

     Siguen platicando y mientras tanto comen más fruta que el Profesor, generoso, les ofrece sin dudarlo. Al fin, ya saciada su hambre, dan las gracias al hombre y se despiden alegremente, el Profe saca la basura del barril haciéndolo girar sobre su eje y reemprende el camino, va directo a una casa muy vieja que el día anterior le llamó la atención, deja su carro estacionado cuidadosamente para que no estorbe, toca la puerta y espera.

    -¿Hay alguien?
    Escucha una voz muy débil.
    -¿Qué quiere?
    -Entrar, si me lo permite.
    -¿Quién es usted?
    -El Profesor.
    -¡Ah!, pase.
    El hombre camina hacia donde se escucha la voz, es un cuarto en la semioscuridad, la puerta está entreabierta y él asoma la cabeza y nuevamente pide permiso para entrar.
    -¿Se puede?
    -Pase, pase.
    -Disculpe, es que ayer cuando caminaba por aquí, la vi parada en el quicio de la puerta y me entró la curiosidad.
    -¿Y qué es eso de “quicio”?
    -Bueno… es la entrada de su casa.
    -¡Ah! Siéntese, por favor.
    La mujer, que es una anciana le señala una silla vieja y él, sin hacerse rogar, se sienta y empieza a indagar.
    -¿Cómo ha estado?
    -Bien, dentro de lo que cabe.
    -¿Ya desayunó?
    -No.
    -Es que, ¿puedo invitarle algo?
    -Verá, no es que me falte la comida, a Dios gracias siempre hay alguien que me socorra.
    -¿Entonces?
    -No me gusta comer sola.
    -Entonces… la acompaño.
    -¿En verdad? ¿No tiene mucho quehacer?
    -Éste es mi quehacer.
    La anciana no comprende, pero aprovecha la oportunidad de comer en compañía de alguien.
    -¿Vive sola?
    -Desde hace varios años.
    -¿Murieron sus familiares?
    -No, cómo cree.
    -¿Dónde están?
    -Ay hijo, cómo se ve que no sabes nada de la vida; tengo cuatro hijos y muchos nietos, pero vivo sola porque ya ninguno se acuerda de que existo.
    -¿Lo dice en serio?
    -De veras, yo ya era una carga para ellos, así es que buscaron la manera de deshacerse de mí. Ésta es una de las casas que yo tenía, las otras pasaron a ser propiedad de mis hijos, prometieron visitarme con frecuencia, pero… con seguridad tienen muchas ocupaciones.
    Mientras hablan la mujer come despacio, muy despacio, tal vez para prolongar la presencia de su amable visitante. Finalmente comprende que ha abusado de la buena disposición del Profesor y le da las gracias; él por su parte también agradece a la mujer la oportunidad que le dio de descansar un poco y añade que debe volver a sus obligaciones. Se despiden con gusto, pero en la mujer queda la duda acerca de si el Profe volverá a visitarla alguna vez; de cualquier modo, se siente agradecida y reza porque el hombre vuelva pronto.
    El Profe reanuda su caminar por las calles; ve a un pequeño que está llorando mientras su mamá tiende a secar la ropa sin hacerle gran caso, detiene su andar, se acerca al pequeño, le habla con ternura, le seca las lágrimas y finalmente le ofrece una paleta de dulce que el niño acepta sin dudar. El profe se aleja mientras el niño chupa la golosina y la mamá sigue en su actividad sin haberse dado cuenta de lo ocurrido.    
    En la esquina se topa con el “Loco”, un joven andrajoso que actúa siempre irrazonablemente; usa cabello largo y desaseado, tiene los ojos irritados producto de alguna droga o del constante desvelo, ya que el muchacho parece que no duerme, pues se le encuentra a cualquier hora vagando por la colonia.
    -Claro, tú solamente come y ya.
    -Pero aquí no, ¿qué tal si regresan los “cuicos”?
    -Anda, ve a donde quieras.
    Pánfilo se aleja feliz porque no lo atraparon y además no va a tener hambre por lo menos durante un día.
    El Profe está cansado y duerme de inmediato.
    Lo despiertan unos golpes dados sin misericordia, de pronto no sabe de qué se trata, pero enseguida se entera; uno de los policías, entre palabras altisonantes, le reprocha su “crimen”
    -¿Por qué la mataste? ¿Por qué abusaste de ella?
    Le señala el cadáver de una niña de aproximadamente doce años.
    -Yo no fui, yo estaba dormido.
    -¿Tienes testigos?
    -Duermo en la calle, en mi carrito, pero todos en la colonia me conocen y saben que soy incapaz…
    -Vamos al Ministerio Público, allí explicarás todo.
    Se alejan mientras el Profe ve con tristeza su carrito que va a quedar abandonado; trata de pensar que los vecinos le harán el favor de cuidarlo, y sobre todo de atestiguar a su favor.
    En el Ministerio Público, después de esperar largas horas comienza el interrogatorio a él y a los testigos. Doña Meche dice que lo conoce, pero no lo suficiente para garantizar su inocencia, sin levantar la cara evade las miradas del sorprendido Profe y se aleja. El Táchira y el Caritas no aportan datos valiosos, además de que, por ser menores de edad, no son tomados en cuenta como testigos legales; Doña Chole, la anciana solitaria, dice que el hombre parece ser de confiar… pero “caras vemos, corazones no sabemos”; nuevamente el Profe siente una gran decepción.
    Pánfilo acaba de hundirlo; comenta que él vio a la niña cuando pasaba junto al carrito del Profe, pero como estaba acostumbrado a que los niños y adultos se le acercaran confiadamente, él optó por retirarse, al tiempo que la niña subía al vehículo.
    El Profe protesta diciendo que eso es una infamia, un policía lo hace callar. Cuando Pánfilo levanta la mirada desafiante, el Profe le reprocha en silencio y del mismo modo le pregunta por qué miente tan descaradamente; el agente del ministerio ordena que lo encierren pues ya hay pruebas suficientes para enjuiciarlo, lo conducen al interior cuando aparece el Loco.
    -¿Qué onda locos? No van a encerrar al único hombre decente en esta sala.
    -El agente del Ministerio ordena que lo sujeten, éste no hace intento alguno por evadir la orden.
    -Él no mató a la niña, ni mucho menos abusó de ella; el culpable es el Pánfilo.
    -¡Está loco! Todos sabemos que está loco. Es más, ni siquiera sabemos cómo se llama y le decimos el Loco.
     -Estoy loco, pero no soy tonto. Señor Juez, si tiene a bien disponer que lo esculquen verá que tengo razón.

    Pánfilo hace un ademán de resistencia que evidencia su nerviosismo, de manera que el agente del Ministerio ordena que se proceda; en el interior de sus bolsillos encuentran una pañoleta que, evidentemente, perteneció a la pobre chiquilla, el acusado arrebata la prenda al policía y grita que nadie lo va a obligar a desprenderse de ella; que es suya, solamente suya.
    Ante la evidencia dejan libre al Profe y apresan al Pánfilo.
    -Gracias Loco, te debo mi libertad.
    -Sólo correspondo, como corresponde la correspondencia responsable, ¿o no?, responda.
    El Profe sonríe ante la hilada de incoherencias del hombre que haciendo un gran esfuerzo ha recobrado un poco de lucidez para salvarlo de la cárcel.
    Sale de la Agencia del Ministerio Público y se dirige hacia la colonia para recuperar sus pertenencias; Sólo encuentra su carrito; ya los vecinos se han encargado de saquearlo. Sube y, sin decir palabras se retira lentamente mientras los ladrones lo ven avergonzados desde lejos, ocultando sus rostros culpables,
     No deja de caminar hasta encontrarse en una colonia distante, donde reinicia sus actividades altruistas, procurando olvidar la ingratitud de “sus amigos” de la otra colonia.

HIPOCRESÍA, ENVIDIA Y CELOS
Graciela Elda Vespa de Schweizer
Argentina

                        Se ha caído de la silla de ruedas. Otra vez el hueso de la cadera roto me deja sin otra alternativa, que internarlo en un geriátrico. No tengo veinte años. Mis piernas están muy cansadas. Mi corazón también. Lo miro con el espíritu de cincuenta y tres años de estar a su lado. ¡Cincuenta y tres años!, y, aunque muchas veces lo odié y deseé que estuviera muerto, hoy estoy junto al hombre más interesante que pude conocer.

                        Alto, de figura escultural, siempre dorado por el sol, era el Apolo del club, del colegio y de los lugares donde en la década de los cincuenta podía reunirse la juventud de clase alta. Tenía un color de cabello más cobrizo que rubio. Ojos de color miel y un hoyuelo en el mentón que enloquecía a las chicas tontas como yo. Aun conserva el hoyuelo y sus ojos han perdido esa mirada acariciadora de antaño. Pero es hermoso. Estudioso, deportista e inteligente, parecía que la vida nunca lo iba a distraer con penas o problemas.

                        Yo era muy joven, inexperta y tenía a toda una familia a mi diestra para mimarme. Cuando terminé el secundario, viajé por Europa, Asia y África como uno de los premios. También me regalaron una motoneta, alhajas y ropa como para no tener nunca más que entrar a una tienda. Mamá decía que yo era la joya de la familia. Me lo creía. Mi única hermana, Raquel, era un verdadero estorbo. Era diez años menor, y muy simpática. Era la regalona de papá. Yo cantaba como María Callas y ella bailaba como Isadora Duncan. Yo nadaba como Esther Williams y ella recitaba como Ana Gelman; siempre compitiendo conmigo. Yo la adoraba igual.

                        La hipocresía merodeaba en las familias de todas las relaciones de mi casa, todos se miraban para ver quién tenía más o era más célebre en los negocios, la política o el deporte. Parecían personas buenas, pero eran envidiosos y chismosos. Algunos corruptos aparentaban ser de moral impoluta. Era falsedad total.

                        Para mi ingreso a la universidad se deliberó un mes o más. Yo deseaba fervientemente estudiar arte, pero mis padres no aceptaron. No era bueno que una muchacha de nuestro ambiente se metiera con esa “gente rara”. Logré autorización para ingresar a ciencias sociales. Duré muy poco. El grupo de jóvenes y los profesores no me hicieron sentir bien. Abandoné. Luego ingresé en  filosofía y allí logré graduarme unos meses antes de casarme con él. José Luis, estaba más hermoso que nunca. Cuando se fijó en mí, yo creí tocar el cielo con las manos. Muy tarde supe por qué lo había hecho. El título en filosofía sirvió en muchas oportunidades para darnos de comer, ya que jamás trabajó y despilfarró la buena herencia que me dejaron mis abuelos y mis padres. Yo lo amaba igual. Me pregunta: – ¿Cómo lo puedo seguir amando ahora?- Es una respuesta que sólo se puede entender si supieran cómo era conmigo. Jamás olvidó una fecha importante. Siempre me trajo flores aunque las pagara con mi dinero. Era cariñoso y tierno hasta el exceso. Me daba todos los gustos. Me llevaba al mar, al lago de Como, me hacía subir a los sitios más hermosos del mundo y contemplar desde allí la tierra. Era un loco por la belleza. El amor era su meta y quería compartirlo conmigo. Así pagué tener al hombre más seductor: con mucho sufrimiento, humillaciones, ¡una locura!               

                        Le ruego que lo cuide con toda su devoción. A él, le gusta que le lean en la tarde luego de tomar su siesta. Le encanta comer tostadas con miel de flores silvestres y quesillo de campo. Nunca lo bañen con agua demasiado tibia, no, por favor, su baño debe ser algo caliente. Las sales de baño serán de lilas o de jacintos, nunca de rosas o lavanda. Es muy alérgico al chocolate y manteca, por lo cual ni oler nada que lo tenga incluido. En lo posible duerme con música de Bach o Vivaldi. Yo le dejo en su maletín los C.D. y si necesita algo…no tenga ningún reparo en llamarme. Yo estoy abonada a un servicio de mensajería. Los jóvenes me sacan de cualquier apuro a cualquier hora. Son mis amigos. La medicación para sus dolencia de…edad avanzada están en este neceser de cuero azul. ¡Ah sí, sufrió mucho cuando perdí mi última estancia en Bragado! No tenía cómo sostener su ritmo de vida y tampoco como llevarme a esos viajes locos que vivía planeando. Luego vinieron unos abogados del gobierno y nos remataron la casa de Acasuso, la de Pilar, el chalet de Mar del Plata, el de Punta del Este y el de Miami. Nos quedaba el de Taormina. También lo remataron. Quedamos sin casa, sin dinero y llenos de deudas. No fue nada. Yo estaba preparada. Salí a trabajar, para eso tenía un título. Lloró cuando no lo aceptaron en el Club de Golf ni en el Círculo. Yo alquilé en Belgrano un ambiente y luché por mí y por él. Tuvo depresión. Luego pasaron algunas cosas… ¡Ah, me olvidaba…a las once debe darle una yemita con Oporto importado y a las cinco en punto de la tarde, un té de Ceilán. No toma otro. Acá tiene, le dejo la última caja que me queda. En la valija están las sábanas de seda natural, eso es para que no tenga escaras. La ropa interior también es de seda, nunca usó otra. Le ruego, también que le den un paseo diario por el parque del geriátrico envuelto en su bata de lana de angora. ¡Es muy delicado para el frío ¡ 

                        La anciana con su impecable traje inglés desgastado por el uso, se acercó al hombre que la miraba en su camilla. ¡Mi querido, debo ir a casa, los alumnos me esperan. Tú, debe comportarte con esta gente amable y aceptar sus cuidados. Yo vendré en cuanto logre sobreponerme a este nuevo problema!

Salió con su porte distinguido buscando apoyarse en algo o alguien. Delgadísima con una belleza luminosa, sus largas manos azuladas, sosteniendo un bastón de ébano. Se fue.

                        El joven médico del geriátrico estatal sonrió. Tomó a su enfermito que parecía un pajarillo asustado. Le miró a los ojos y comenzaron a rodar unas lágrimas pequeñitas por las pálidas mejillas del viejo. El médico tornó a sentarse junto al geronte y tomó sus signos vitales. Era su forma de tocarlo, confortarlo y darle seguridad. Así comenzó otra etapa dolorosa de la vida de José Luis.

                        Tienes a tu merced, la chica más rica de Bs. As. y prefieres a esa chirusita de barrio…estás loco. El bramido de mi padre atravesó toda la casa. Mamá casi escondida se parapetó detrás del piano. Te vas a casar con Valentina Saguier Olmos. Yo buscaré la forma que su padre me reciba en su casa. Ella será tu mujer desde la iglesia al civil. Lo que hagas después me importa un saco de porotos. Ya verás, estúpido, lo que es ser un pobre diablo. Nada queda de la fortuna de tu madre. Los negocios andan cada vez peor y me vienen con la famosa palabrita: Enamorados…un carajo, enamorados ni ocho cuartos. La semana que viene tendremos una cena en el club. Allí invitaré a los Saguier y vos te sentarás junto a esa chica. Ella será tu mujer y la madre de tus hijos. Ya verás como tu vida va a ser digna de ser vivida.

 Mi padre era de ese tipo de hombres que lograban lo que se proponían siempre que no fueran negocios rentables. Mi madre aportó una herencia magnífica y quedaba poco. Yo debía resolver el problema. Tengo que reconocer que Valentina era una muchacha agradable y lúcida. Tenía sentido del humor y  de la estética;  pero yo me moría de amor por una chica que conocí en la cantina del club. Era la hija del concesionario de la cantina. Era una morocha despampanante,  con ojos negros y unas curvas que me dejaban sin habla. Sin mucha cultura pero con dos tetas que – ¡Dios mío! -, me hacían soñar. La tal Olguita, estaba siempre alegre. Reía con ganas cuando los otros muchachos le decían piropos. Nada de melindres ni problemas. Yo la tenía clavada entre las dos piernas, entre la bragueta y las hormonas. En esa época, doctor, no era de hombres no asumir la responsabilidad de casarse. Si uno quería a una mujer tenía que llevarla al altar. Yo estaba dispuesto, se lo juro. Me terminé casando con Valentina. Además la mayoría de las muchachas de mi círculo me seguía. Era lo que se dice pintón, pero se necesitaba tener una mujer con dinero y Valentina Saguier Olmos tenía mucho. Le confieso que fue agradable. Ella era el tipo de mujer que lo hace sentir en casa. Tengo que confesarle, mi amigo, que disfrutamos de viajes, fiestas y cosas importantes, con mi mujer. Gasté mucho, pero no creo que ella no sintiera que me preocupaba por hacerla feliz. ¿Si le fui infiel? Y… sí, muchas veces. Con mujeres jóvenes, con la famosa Olguita que fue mi amante varios años, con amigas de mi mujer hasta que un día me pasó algo inesperado…Déjeme que le relate…El hombre se queda hablando con el médico hasta que el crepúsculo entra en la habitación.

            La enfermera ingresó en el cuarto por la mañana y encontró al anciano muy débil. Llamó al médico de turno y a la vieja esposa. Allí frente a ellos estaba un hombre moribundo que tenía una pacífica sonrisa de felicidad. Aceptaba el destino. En su nocturna charla había descargado su conciencia. La enfermera les contó después lo que escuchara. “Él, había sufrido mucho al casarse con una mujer por el dinero que aportaba. Pero ella había sabido comprenderlo. Muchas veces le había leído, le hacía masajes para distenderle los músculos cuando cabalgaba, hasta le lavaba los lentes cuando no podía ver bien. Una noche cuando fue a guardarlos en el primoroso estuche antiguo, chocaron sus dedos con un papel. Ella, le dijo luego con dolor, que hizo mal, pero a pesar de todo leyó una carta que creía había escondido muy bien. La letra le era familiar aunque no tenía firma. Se la repitió durante veintiocho años cada mañana, cada almuerzo y cada noche. Decía así: – Amor cuando me dejaste en casa, después del viaje desde el aeropuerto, de muy ansiosa, compré el test de embarazo. Dio positivo. Yo estoy feliz. Quédate tranquilo, mi hermana comprenderá que ella no puede dártelo y hasta sería bueno darle el lugar de madrina. Esto merece un abrazo de esos que nos regalamos. Será en el mismo lugar y a la misma hora de siempre. Te amo.-  Mi esposa supo que era de Raquel. Siempre la envidió y celó. Había estudiado arte y su vida era muy libertina. La reacción de Valentina fue empujarlo por la escalera. Al caer se le quebró la cadera, la columna vertebral y estuvo muy grave. Un tiempo largo después mejoró, pero como no tenía quien lo cuidara y despilfarró fortunas, no le quedó otra alternativa que vivir con ella. ¿De la hermana? No sé, creo que ese muchacho tan hermoso, que viene a verlo todos los días es el hijo. La anciana lo quiere muchísimo y él joven le dice “madrina”. Tal vez, tal vez sea el sobrino, el hijo del viejo con la hermana. ¿Quién sabe? Y salieron a buscar los papeles para hacerle el certificado de defunción.

 Ella, la anciana, quedó tomada de la mano, acariciando el rostro del hombre que amó tanto y que la había hecho sufrir tantísimo

HYPO Y CRITIS
Gladys Semillán Villanueva
Argentina

Si hipócritas para los griegos.
Del latín “hypocrisis” que nos lleva a los vocablos “actuar o fingir”.
También hipócritas para los romanos.

Cuando me enfrente a este lema y al ver el afiche con el tema solicitado con esas máscaras “ocultando” el rostro o espiando levemente corrida en actitud de engaño vino a mi mente las máscaras del Carnaval de Venecia.
Siempre me asombro esa dedicación por preparar todo para OCULTAR personas detrás de vestidos lujosos ricamente adornados. En los que todo se cubre no solo el rostro los brazos las manos raramente en las mujeres el escote apenas visible.
Hasta la voz se emite distinta solo las pupilas que deambulas observando tratando de encontrar de adivinar quién puede estar detrás de tal o cual disfraz. Tuve esa sensación triste de lo que se finge se simula se miente.
En esas mascaradas había mucho más que una fiesta carnavalesca. Presentí la intriga el deseo esos sentimientos perturbadores más allá de la necesidad de diversión o en todo caso fuera esa la excusa del festejo.
La trampa urdida para manifestar libremente y sin piedad la gran hipocresía de una conquista o devaneo sin fronteras para lograr sus propósitos.
¿Fiesta?
Desde el arribo a la reunión una manifestación de poderío y lujo entrando solo o en pareja. Un ingreso pomposo estando atento que tanto el traje elegido causaba asombro y en virtud de ello desarrollar una estrategia de conquista.
El manejo del antifaz sobre la máscara haciendo más difícil el reconocer a quien quizás se buscaba o en todo caso lo imprevisto.
Y comienza el juego de la mentira, el poder el engaño en su máxima expresión…en fin el lujo de la hipocresía. Y no se confía pues quizás la verdad que dicen manifestar solo sea una gran mentira.
Allí están todos en el divertimento cada uno con su realidad a cuestas con sus intenciones muchas veces inconfesables, arrojados a una burda tarea de fingir, encantar con palabras apenas audibles pues la máscara encubre también la voz.
Por sobre la noche la música las risas los susurros las promesas reina lo oculto que la hipocresía muy bien maneja.
Es su festín pero allí no queda pues despojada de las vestiduras ELLA seguirá su juego de maldad e intriga.
Dañando porque sí pues el hipócrita no mide las consecuencias solo actúa siguiendo sus míseros propósitos.
Al quitarse esa máscara le queda la propia y esa en sus rasgos lo denuncia. Dejé el recuerdo de ese carnaval observado desde la plaza de San Marcos.

Aterricé, había dejado el viejo mundo con sus costumbres, ingresaba a otra realidad donde el juego de los intereses eran los mismos o quizás más.
América Latina. Estaba informada de muchas cosas y mis sentimientos eran un manojo de sinsabores.
No existía un rinconcito dónde no estuviera presente no solo la hipocresía sino ese juego de poder dominante destructivo, avasallante que arrasa con todo.
Ninguna consideración para los mayores quienes se ven embaucados e intentando hacerles creer que los benefician como si ellos no tuvieran capacidad de comprender las infamias urdidas en su contra.
Jamás subestimes a una persona mayor ni tampoco a un niño al mayor porque de su trabajo y conocimientos, esfuerzo y dignidad hoy vive el vagoy el político, su dignidad le llega hasta el fin de sus días no hace piquetes, no roba no miente  no mata y sobre todas las cosas no lo engañan saben muy bien que lacras los rodean.
En cuanto a un niño tiene la inocencia y la verdad en la mirada no lo   desafíes y si te rechaza es porque se dio cuenta de lo que eres…nada
Cuantas intrigas, cuanto desprecio rondando las vidas, se creen castas y solo son carne y huesos caminando altaneros desprovistos de almas.
He mirado el entorno, la vastedad del territorio las posibilidades de crecimiento, de albergar gentes con decoro y futuro, de iniciar a los niños no solo en la escolaridad sino en el ejemplo de una vida sana de trabajo de mérito.
Pero no, los necesitan sometidos a sus desvaríos, a excluirlos de todo beneficio solo apropiados para ser arreados como ganado sin saber muchos porque se los moviliza.
Son un número nada más, son lo que la hipocresía organiza prometiendo con incesantes mentiras un bienestar y futuro que jamás tendrán.
Ronda infame que destruye, se juntan tantos instintos salvajes, tanta mediocridad precipitando el orgullo de patria convirtiéndolo en rendir pleitesía a intereses dominantes por el solo hecho de cumplir con componendas turbias y degradantes.
La hipocresía no está sola va adornada de otros sentimientos tan perversos como ella misma. La víctima el hombre.
Su ejecutor otro hombre.

EL HIPÓCRITA ELEGANTE
Dorothy Villalobos
New Jersey (USA)

     Fue un hermoso domingo de otoño, los árboles vestían sus galas con los colores que hacen de esta temporada algo muy especial, en los cuales el amarillo, el naranja y los colores café producían un cuadro espectacular.
     Mientras manejaba mi auto para llegar a mi destino paré varias veces para admirar los  diferentes tonos de las hojas de aquellos viejos ejemplares que bordeaban el camino.
   No se como explicarlo pero aquella variedad de colores me daban ánimo y alegría y sobre todo como una gran fuerza interior.
  Así fue como llegué aquel día a casa de mi amiga, que más que amiga éramos familia. Tendríamos un almuerzo familiar donde conoceríamos al flamante novio de su nieta menor los cuales tenían planeado comprometerse muy pronto.
  Al bajar del carro reconocí de inmediato a una persona conocida y me dije que bueno que estaremos rodeados de amigos fuera del círculo de siempre. Al llegar a la puerta note que aquel conocido me hizo seña de silencio con disimulo pero yo no entendí lo que significaba aquel mensaje. Y vi que su gran estatura se achicó y su color moreno se convirtió en verde. La verdad que me asombró aquel cambio, de pronto lo comparé con un camaleón o algo así. Me dije que extraño, mi imaginación me está jugando una mala pasada .Estoy viendo visiones.
Y fue entonces  cuando llegaron los saludos y las presentaciones y me quedé de una pieza cuando me dijeron que aquel elefante y educado señor que yo conocía tan bien era nada menos que el novio de Estefanía.
 Por poco me caigo de espalda; aquel bien conocido mío, era un hombre casado y padre de tres niñas y nada más que estaba usando aquella preciosa muchacha en planes de diversión. Entonces con disimulo me pidió que por favor no dijera nada. Ya me explicará después.
 Y fue en esos momentos que me dije “ pero este si es un descarado marca mayor” y con el cinismo que corresponde en unos momentos como aquellos  y le pregunte de forma segura y bastante alto para que lo oyeran los cercanos a mi, Como estaba su esposa y las tres niñas? Creía que aquel hombre se moría en aquellos momentos y comenzó a balbucear como niño pequeño, no sabia que contestar y fue cuando Juan el padre de la muchacha se me acercó y me preguntó si conocía al doctor y le dije que sí, que tenía el honor de conocerlo por muchos años, no solamente a él sino a su familia. Hemos sido compañeros por muchos años y su esposa es mi amiga.
 Creía que se moriría allí mismo, pero no lo hizo, lentamente  sacó las llaves del carro de su bolsillo, como para que todos viéramos que tenía cierto poder, cosa que como se dice “ le salió el tiro por la culata” en aquellos momentos de frustración. Se le había terminado el jueguito
 Entonces me fui junto a Estefanía que en aquellos momentos estaba temblando y muy pálida y me dijo que ella no lo sabía, él nunca le había dicho nada de eso, solamente que era soltero y quería pedir su mano. Y la abracé fuertemente. No te preocupes esto pasa muchas veces, solo da gracias por haberte liberado de este canalla, no es el único con el cual te podrás topar en la vida.
 La pobre muchacha nunca había sentido tanta vergüenza, le dije que lo sentía, pero que yo no podía ser hipócrita y tapar lo que un sinvergüenza estaba tratando de hacerle a ella y a todos nosotros, algo especial me había llevado a estar allí en aquellos momentos. De otra manera se estaría riendo de lo bien que le habría salido su falta de hombría y dignidad.
 Yo sabía que ni por la mente le había pasado un divorcio y mucho menos una boda. Él era quien era gracias a su mujer, la cual era una persona encantador y trabajo mucho para que el estudiara. Le dije que me sentía mal por echarle a perder su día pero tenía que desenmascarar, algo que yo nunca creí que me fuera a pasar al llegar al almuerzo.
 El elegante caballero salió por la puerta sin mirar hacia atrás y ni lo siento dijo. Lo triste es que esta historia no es un caso que se ve muy pocas veces, todo lo contrario. Están por millares estos tipos hombres llenos de hipocresía que se quieren burlar de los demás sin mirarlos a su costo.
    Yo no creo que realmente se enamorara de esta muchacha cuando siempre estaba junto a su esposa, más bien trataba de sacar ventaja de ella y de su familia.

 Los que son burlados sienten rabia y una gran frustración y una gran parte de resentimiento y de culpa de haber sido burladas y de haber puesto a su familia en aquel triste momento. 
  Este episodio llegó a oídos de su esposa y tuvo fuertes consecuencias  y de lo cual yo no tuve nada que ver con que llegara a ella la historia. Me reclamó por no contarle lo sucedido pero entendió cuando le dije que él había tenido una gran lección y a ella yo no le había causado dolor. 
  Hoy en día Estefania está feliz con una persona que si la sabe apreciar y muy pronto darán el paso hacia el matrimonio. La lección si que la aprendió, no se puede confiar de nadie por solo ser importante. La hipocresía se encuentra en todas las esferas sociales, sin importar ni razas ni color.

1 comentario en “TEXTOS SOBRE LA HIPOCRESIA”

  1. Señora Directora ARISTOS INTERNACIONAL. Debo agradecer la publicación en este Magazin de mi artículo acerca del asunto de marras. Ayer, asistiendo a un acto de entrega de premios a la Labor Literaria ASDE 2021, coincidíamos con algunos amigos y colegas de letras en que, la Literatura, une; mas las ideologías separan. La Literatura une pues es la expresión testimonial de un tiempo existencial o de un conjunto sinérgico de ellos. La Literatura no juzga por sí misma, sino que alumbra la oscuridad de la compleja trama comportamental humana. Las ideologías, sin embargo, imponen (y la mayoría de las veces por el imperio de la fuerza bruta) el fundamentalismo de sus creencias y afanes, en desmedro del Pensamiento Crítico y el divino don de la Libertad humana ejercida con responsabilidad, bajo el eje del oro de la Unidad en la Diversidad. Del respeto supremo a la dignidad del hombre en toda situación y circunstancia. La hipocresía es un mal hábito (y abominable pecado capital) en este mundo de intereses inconfesables que intenta, por todos los medios a su alcance (pues el fin les justifica cualquiera), disimularla bajo el maquillaje de la mentira diplomática o de la adulación al prójimo. Dios nos guarde de semejante arbitrio de la corrupción de las cuerpos, las mentes y los corazones. Tiempo de ADVIENTO: de turismo interior y de colocar a la Esperanza por delante de nuestros sueños y anhelos más probos y sensatos.

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