TEXTOS DE UNA NAVIDAD DIFERENTE

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Diciembre 2020 nº 38

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AL SERVICIO DE LA PAZ Y LA CULTURA HISPANO LUSA

 

COLABORAN: Inés Arribas de Araujo (Argentina),.Leonor Ase de D´Aloisio(Argentina).-Carlos Benítez Villodres
Málaga (España).-Lola Benitez (Málaga).-Antonio Camacho Gómez (Argentina).-Hugo L. Bonomo (Argentina).-María Elena Camba (Argentina).-Libia Beatriz Carciofetti (Argentina).-José Félix Cruz (México).-Lidia Dellacasa (Argentina).-Adrián N .Escudero(Argentina).- Carlos González Saavedra (Argentina)..Jaime Hoyos Forero ((Colombia).- Diana Silvia Ismael. (Argentina).-Elsa Lorences de Llaneza (Argentina).-Manuel Llaneza Blanco  (Argentina).-Jorge Bernabé Lobo (Tucumán-Argentina).-Ángel Medina (Málaga España ).-Teresita Morán Valcheff (Argentina).-Amanda Patarca (Argentina).-Carlos Pérez de Villarreal  (Argentina).-Xochitl Robles Bello (México).-María Sánchez Fernández (Ubeda-Jaen-España).-Gladys Semillán Villanueva (Argentina).-Hilda Augusta Schiavoni (Argentina) Jaime Suárez Ávalos (México).-Beatriz Villacañas Palomo (Madrid-España).-Dorothy Villalobos (New Jersey USA)

 

NAVIDAD DE LA ESPERANZA
Inés Arribas de Araujo

Argentina

El nacimiento de Jesús, es recordado en el mundo cristiano con recogimiento, amor, regocijo, fervor religioso, agradecimientos, peticiones…
Festejamos en familia, saboreamos platos tradicionales, brindamos por estar reunidos y derramamos lágrimas por los ausentes.
Es instante propicio para encomendarnos a Dios y elevar gracias por el lapso vivido; además, implorar su protección, solicitando que el período que se avecina sea pródigo.
Éste ha sido un año de cuantiosos desastres naturales: sequías, inundaciones, incendios tornados, aumento acelerado del calentamiento global…
Mientras científicos y cerebros superdotados avanzan en tecnología, viajes e investigaciones espaciales y ciencia en general, el común de la gente en diversos países, retrocede en educación, alimentación, vivienda digna y aumentan carencias de servicios públicos (agua, luz, cloacas…)
En general, a causa de guerras, gobiernos corruptos, desalmados traficantes, grandes capitalistas, el hombre fue volviendo pobre, degradando y cayendo en adicciones; cada vez es mayor la brecha entre acaudalados e indigentes. Como si el panorama no pudiera ser peor, el  Corona Virus, ha diezmado la población mundial…
A raíz del cierre de comercios y empresas para evitar contagios, los múltiples desocupados se ven imposibilitados de llevar el sustento diario al hogar, y han perdido su dignidad. ¡Qué tremendo sentirse sano, con las manos prontas a la labor y no lograr desempeñarla. ¡
Por suerte existen muchísimos hermanos solidarios, que cocinan para los carenciados en ollas populares. También iglesias de diferentes credos, recolectan víveres, ropa y calzado que distribuyen entre ellos. Hay instituciones como Caritas, Cruz Roja y otras, que se esfuerzan por solucionar problemas de la masa necesitada del planeta.
Quienes estemos en condiciones de hacerlo, donemos productos navideños, para las mesas de quienes no accederán a ellos. Será como sentir que aun a la distancia, los acompañamos.
En el instante del brindis, elevemos un pensamiento y oración por los fallecidos de “covid 19”, como por sus deudos.
Roguemos se apliquen pronto las vacunas y resulten efectivas.
El Señor nos bendiga y ayude a recuperar confianza y fe, para no bajar los brazos y continuar avanzando por la senda terrena. Propongámonos ser cada día mejores personas.
Aunque no podamos reunirnos con todos los seres queridos, que esta celebración para unos triste, difícil, y para todos “diferente”, convierta en Navidad de la Esperanza.
Inés Arribas de Araujo –  Argentina.-  diciembre 2.020

 

UNA NAVIDAD DISTINTA 
    Leonor Ase de D´Aloisio
–  Argentina  –

Como todos los  años el comienzo del tiempo de preparación a la fiesta de la Navidad, es el tiempo de Adviento que como lo dice la palabra es prepararnos para algo que viene que  se acerca.   El  Adviento es el tiempo para hacer memoria de la cercanía de Dios, que ha descendido hasta nosotros. Es tiempo de espera, de estar atentos expectantes.  Este año también se dio que con el primer domingo de Adviento estrenamos el año nuevo litúrgico que pertenece al ciclo B. en las distintas homilías palabras más palabras menos,  la iglesia exhortó  a los fieles a reconocer que Dios está cerca y en esa cercanía, pedirle que se acerque más.

Él,  quiere acercarse a nosotros se ofrece, no se impone, el hombre goza de libertad para elegir su camino.

Este año tan especial el clima de la Navidad tiene que llenarnos de esperanza, es evidente que cuando esta pandemia se aleje del mundo todo será distinto, los hombre pensaremos de otra manera, nada de lo de antes volverá a ser como era, entraremos a en un cambio de época como ha sucedido en otros momentos de la historia de la humanidad.

Debemos estar preparados para este cambio de la visión del mundo apuntar a lo esencial de la vida misma.  

Si reconocemos a Jesús que nos llama  a la esperanza, nosotros debemos actuar entre los hombre dando  testimonio de esa esperanza;  Jesús nos llama a todos a vivir de ese modo, nos necesita para ser sus testigos en este momento de pandemia de fenómenos meteorológicos del mundo, los hombres, necesitan  que esa ternura de Dios la que vino a traernos en la Navidad hace ya dos mil veinte años, esa ternura  tiene que latir nuestros corazones, para llevar a todos la esperanza en la espera, preparando la espera de una época nueva.

Frente a tantas realidades desalentadoras, de esta pandemia.  Esta  pandemia que arrasa con la vida, que no nos  permite ni siquiera despedir a nuestros seres queridos, esta pandemia que deja familias devastadas, sumidas en la  pena frente a la pérdida de sus seres queridos, familias que a causa de esta calamidad han perdido su trabajo. Sumando a todo eso aparecen las escenas de los fenómenos meteorológicos  huracanes, inundaciones en varias regiones del planeta especialmente,  en centro América, producto del cambio climático. Son todas situaciones que van produciendo un cambio, por eso dije al comienzo que después que esto termine, porque debemos tener la esperanza que esto va a terminar entonces vendrá el cambio como ocurrió en otras épocas. Ahora bien.   

¿Cómo actuamos nosotros, frente a estos acontecimientos somos solidarios con los que nos necesitan?  ¿Cómo nos mostramos? Llevamos a los demás la esperanza, que decimos que Jesús nos trae en esta Navidad.  Revivimos el triunfo de la ternura de Dios.
Desde esa ternura tenemos que generar la esperanza. Ante este cambio de  época perseverar en la fe  poner nuestra confianza en Dios sin angustiarnos todo se va a modificar en su presencia.
Finalizo con la exhortación de la Palabra de Dios del primer domingo de Adviento donde el Profeta Isaías dijo:”Dios está cerca de nosotros”  y Jesús en el Evangelio pide: “Estar atentos vigilantes,   esperando en Él.”
Esperemos esta Navidad con perseverancia en la fe y una gran esperanza.
Feliz y Bendecida Navidad.

LA OTRA NAVIDAD
Carlos Benítez Villodres
Málaga (España)

Muchas personas comienzan a sentir, en estas fechas, cierta angustia ante la llegada de la Navidad. Consideran que, como todos los años, ya están aquí unas fiestas, donde la celebración en familia y con amigos, así como las comidas de trabajo y los regalos son un conflicto.

            Son distintos los motivos por los que se rechaza este periodo festivo, pero, sin duda alguna, la carga emocional que estas fiestas representa para algunas personas, termina por generar un deseo de que pasen con rapidez.

            A esto podemos añadir otras causas de rechazo tales como la idea de que es un periodo donde los gastos se exceden, la oposición hacia un consumismo excesivo, compromisos propios de regalos a determinadas personas, cenas de empresas no deseadas, reuniones con antiguos compañeros de colegio o universidad. Todo junto hace que este sea un periodo atípico e irreal.

            Escoger el lugar de la celebración, la comida, los invitados, los regalos y la presión que conlleva reunir a un número considerable de personas en sus hogares, implica una fuente añadida de angustia, pues la toma de decisión en algunas familias termina por suponer un conflicto entre sus miembros.

            La ausencia de la familia, bien porque no se tiene o porque viven lejos, y de algunos seres queridos, y no poder compartir con ellos estas fechas especiales, hace que su ausencia se haga más patente y los sentimientos de dolor, pena o rabia se activen, incrementando el malestar que durante el resto del año intentan gestionar con mayor o menor éxito.

            A las personas que durante el resto del año han tenido un estado anímico cargado de tristeza o problemas, la Navidad les supone un conflicto mayor al tener que enfrentarse a un ambiente cargado de diversión e ilusión, que incrementa su conciencia sobre el malestar que le acoge.

            “Como hermanos” que somos de Jesús y de cada uno de los miembros que forma la gran familia humana, sabemos y creemos firmemente que José y María llegaron a Belén, allá donde el establo se hizo hogar de muchos. Con ellos iba Jesús en el seno de su madre. Allí se sentía caliente, protegido, seguro. María lo alimentaba con su sangre. Le acariciaba con sus deseos y sueños. José y ella sabían que había de ser lo mejor de sus vidas. Padres de Dios ¿Puede haber algo más grande? Allí estaban los dos, donde debían estar, cumpliendo con exquisita fidelidad lo que Dios quería de ellos.

            Pasaron los años, los siglos, y el mundo cristiano sigue rememorando y celebrando, con alegría y felicidad, esta efeméride de amor, de amor de Dios a los hombres. Sí, alegría y felicidad para el mundo cristiano. No olvidemos que, si cualquier nacimiento de un ser humano debe traer consigo, para aquellos que lo aguardan y para toda la humanidad, ingentes caudales de júbilo y eternas primaveras de dicha, cuánto más si ese bebé es al mismo tiempo Dios, hecho hombre por amor a los hombres.

            La Navidad es, pues, tiempo de alborozo, de besos cálidos, de corazones dadivosos, de jolgorio, de regalos y regalos…, en definitiva, de alegría. Pero la Navidad, aunque es época de alegría y felicidad, también sus días están llenos, para muchos hombres y mujeres, de nevadas y heladas copiosas, arraigadas en el alma. Días de establos abandonados, de frío, de hambre, de soledad, de dolor… José y María sufrieron en sus almas y en sus cuerpos la desolación y la amargura de verse rechazados por insolventes de los lugares donde palpitaba el fuego, alrededor del cual comían, bebían y reían los considerados pudientes, los teóricamente dichosos.

            En Navidad afloran con más ímpetu y se hacen sentir con más energía, recuerdos de vivencias pretéritas y sin retorno: imágenes de personas, hechos y situaciones que en su día latieron, como un sol sin ocaso, en la bondad del amor, pero que ya de ellas solo nos queda una rosa oculta en nuestro corazón, tesoro incalculable por íntimo y valioso para nosotros, impregnado de lágrimas silentes, de tristezas de alma…

            La Navidad es también tiempo de zozobra y aflicción para quienes viven en soledad no deseada; para quienes en fecha  aún no lejana perdieron para siempre a un ser querido; para quienes ven crecer en su jardín, abandonado por falta de ilusiones, la planta amarga del desamor, de la desesperanza…; para quienes tienen su nave envarada bajo las blancas sábanas de una cama hospitalaria o de un centro geriátrico; para quienes eligieron con valentía la soledad silenciosa, al desterrar de su alma, de su sangre y de sus días a un corazón indiferente; para quienes no tienen nada que comer ni que beber o no tienen ganas ni gusto en ello; “para quienes, como dice Antonio Gala,  desearían que los dejasen comer un huevo duro y un yogur, de pie, mirando a ningún sitio, con los ojos demasiados secos para ver, o demasiados arrasados en lágrimas”. ¡Cuántos y cuántos hombres y mujeres desearían, al llegar la Navidad, que sus días fuesen días ignorados, corrientes, de trabajo monótono y rutinario, suponiendo que lo tengan, como cualquier otra jornada del calendario! Pero, precisamente, para ellos, esta efeméride religiosa debe de ser y tiene que ser una fiesta de gozo y de gloria, precisamente, para ellos, los no dichosos, porque la Navidad y el pequeño Dios vienen a despertarlos de tantas y tantas realidades y sueños de tristezas, soledades, amarguras y miserias, y a enseñarles a mirar la vida y a vivirla con la sonrisa abierta y la mirada inmaculada de un niño.

            La soledad o el duelo suelen ser las razones más frecuentes. Y el duelo no está asociado siempre a la muerte de alguien cercano. El duelo se vive en otras situaciones como la pérdida de un trabajo o por una separación de pareja.

            Puede ser también una consecuencia de la época estacional, con pocas horas de sol y frío.

            La falta de sueño también afecta al estado de ánimo. A veces el mismo estrés por la organización de los actos nos quita horas de cama y se acumula el cansancio. Nuestro cuerpo lo somatiza con tristeza o con bajada de defensas y enfermedades.

            La Navidad es, pues, tiempo de amar, de ser solidario y de compartir lo que somos y tenemos con los demás, en especial con los necesitados.

            Al alba del invierno se despierta el pueblo, como un sólo cuerpo en la intimidad de su espíritu. Hay alborozo en los corazones y en el viento que juega a ser viento, mientras la luz se recrea desde el amanecer, como un niño dichosamente ilusionado. El frío resbala, imponiendo su limpidez absoluta, sobre la piel de una tierra bien amada, que desde siglos arropa a nuestro mundo con su belleza universal y con la sedería perfecta de su fascinante grandeza, duende y fortuna. Diciembre se alumbra, en esta tierra de sangre ardiente y vuelo arrebatador, con sones de guitarras, fragancias de villancicos y repiques continuos de complacencia. Hermanos nuestros colmados de amor y de paz y de gloria, de mirada chispeante, corazón generoso y sangre eternamente joven, emprendedora y activa, que derrocha prodigios para derretir la nieve acumulada sobre los caminos y en las almas.

NAVIDAD
Lola Benítez Molina
Málaga (España

La Navidad es esa copa del árbol sobre la que tejíamos los primeros sueños invencibles y tan nuestros de la infancia, en la que todo era posible, mientras la vida abría nuestros grandes ojos hacia el respeto y la generosidad, hacia la libertad solidaria y el amor universal…

            La Navidad es momento de entrega, de disfrutar de momentos mágicos junto a los seres queridos donde los niños tienen un protagonismo especial, que engrandece al ser humano porque son portadores de inocencia y de un mundo de fantasía al que siempre quisiéramos pertenecer. En ella, y por siempre, debiera perdurar lo bueno que hay en cada persona.

            Con el Nacimiento de Cristo, los cristianos celebramos la principal intervención de Dios en nuestra historia. Celebramos que Dios haya querido encarnarse, en “un niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre”, para quedarse por siempre en/con nosotros. Por ello, jamás debería dejarnos indiferentes esta época de reflexión y enmienda y esperanza, la cual debería ser permanente en el tiempo.

            Ciertamente, el ser humano que cree en un Ser superior, que conversa con él, desde su propio silencio, llenando sus espacios y sus horas con sus mensajes, y dejándole un sabor a tranquilidad, en cada célula y encada latido de vida, con su Amor y su Paz…, es dichoso e impregna de gozo la vida de sus semejantes.

            Esa persona que cree en un niño pequeño que la hace grande; en un niño frágil que la hace fuerte; en un niño pobre que la hace rica…; en ese pequeño niño que vuelve a nacer dentro de su corazón cada año en Navidad, el mismo que se hace presente, diariamente, en su interior…, vive entregada, por Amor a los demás caminantes que junto a ella marchan hacia el horizonte desconocido en el cual saben que verán la luz que se anuncia a todos, y nos llevará a la senda que todo aquel que crea anhela.

UNA NAVIDAD DIFERENTE
Antonio Camacho Gómez
Argentina

El mundo, con la excepción de Mongolia y Nueva Zelanda, dada la casi nula contaminación, está padeciendo, lo que no es novedad si apelamos a registros históricos, una pandemia que, por sus características y los hechos acaecidos desde su aparición en Wuhan ( China), lo ha tenido en vilo. No es para menos con más de un millón y medio de muertos y los varios de infectados, especialmente en los Estados Unidos, Brasil e India, sin ignorar lo acontecido en la Unión Europea, en donde las idas y vueltas de las autoridades sanitarias y cierta dejadez de grupos de población ofrecieron una visión lamentable frente al fenómeno. El cuál ha producido no pocas manifestaciones públicas, múltiples separaciones matrimoniales, psicosis infantil y adulta y contravenciones de toda laya a las disposiciones oficiales. En este sentido, se han repetido las aglomeraciones festivas en algunos lugares, de manera oculta, aunque las denuncias de personas molestas movilizaron a la policía labrándose actas y, en algún caso, con la detención de asistentes belicosos.
Las vacunas, dicen los expertos, son la solución. Pero, ¿ por cuánto tiempo inmunizan? He aquí la cuestión diría el Hamlet de Shakespeare. Entre otras preguntas pertinentes. Los países ricos acaparan en demasía escandalosa y a los pobres que los parta un rayo. Adquirirán, endeudándose más de lo que ya están, para un sector bien determinado. Los laboratorios de parabienes. Ahora bien: ¿cómo se condice el uso de aquéllas con lo expresado por una científica argentina en el sentido de que los anticuerpos se reproducen tras dos años de la inoculación? ¡ Vaya dilema! Mientras tanto, cada nación adopta sus medidas. Algunas curiosas, más allá del comienzo vacunatorio en Inglaterra y otros países, como la decisión del gobierno mexicano de pedir a los habitantes de la ciudad azteca que no salgan de sus casas por diez días en las fechas de las fiestas tradicionales. Y aquí entro en el meollo del tema: ¿será una Navidad diferente? Indudablemente. Si es que se ajusta la gente a los parámetros establecidos, de lo cual desconfío. Aunque, mirándolo bien, lo realmente importante no es la forma, sino elfondo. Siempre, en alta medida, descuidado. Porque lo esencial, en esta circunstancia visible, en contraposición a lo dicho en El principito, de Saint-Exupery, sin duda cierto es el festejo por el nacimiento de Jesús. Para esta sociedad desacralizada pareciera que todo se reduce a felicitaciones, regalos, comidas y bebidas en demasía, la presencia del absurdo Papá Noel, y una jarana sin límites o, en lo mejor de los hechos, con pocos. Claro, hay que tener en cuenta las distintas capas sociales, los adinerados y los que por estos días, merced al voluntarismo de miembros de las distintas Iglesias y ONGs, y algún reparto de cajas con alimentos gubernamental pueden celebrar materialmente los días navideños. Y lo hacen como en Año Nuevo, sin tomar en consideración, y omito a los que no adhieren a religión alguna, que no es lo mismo y que los ceses laborales tienen un sentido; aunque no lo entiendan así grandes sectores del llamado hace décadas orbe “occidental y cristiano”.¿ Cristiano? En las encuestas y en el número, más de mil trescientos millones. Pero, ¿ y los poderes públicos, las grandes compañías, los traficantes de armas, de drogas, de personas, el oprobio edulcorado y satánico?
En su humilde belén está el Niño. Nació para salvar a una humanidad extraviada, provocando una revolución histórica, sin precedente, de hermandad; unión y paz, con alegría, y eso es lo trascendente en estas festividades que tantos confunden o ignoran y a los que me creo, con mi modesto y limitado aporte, pero ético y moral, en señalarles el camino.

NAVIDADES TERRENALES
Hugo L. Bonomo
Santa Fe-Argentina

Así como sentimos, creemos, pensamos y vivimos la Navidad, desde que somos muy pequeños hasta muy grandes, vamos a intentar saber como nació, pervivió y terminó en este momento de nuestras vidas. Después de la nuestra; que lo investigue otro.

La Navidad, también, conocida como Christmas (misa de Cristo), en Alemania Weihnachten, que significa ‘noche de bendición’, propone, como su nombre lo indica, celebrar la Natividad (es decir, el nacimiento) de Jesús de Nazaret. Y aquí comienza el ajetreado tránsito terrenal de la Navidad.

La fecha exacta del nacimiento de Jesús de Nazaret no se encuentra registrada ni en el Antiguo Testamento ni el Nuevo Testamento(Biblia).  Los romanos celebraban el 25 de diciembre como la fiesta del Nacimiento del Sol invicto, asociada al nacimiento de Apolo. Los germanos y escandinavos celebraban, el 26 de diciembre, el nacimiento de Freydios nórdico del sol naciente, la lluvia y la fertilidad. Los aztecas celebraban la llegada de Huitzilopochtli, dios del sol y de la guerra, entre el 7 y el  26 de Diciembre. Los evangelizadores aprovecharon, y los religiosos agustinos, promovieron la celebración de la Navidad, en esas fechas. Según la Enciclopedia Católica,​ la Navidad no está incluida en la lista de festividades cristianas de Ireneo ni en la lista de Tertuliano; las listas más antiguas que se conocen.

En la época colonial de los Estados Unidos, los puritanos de Nueva Inglaterra rechazaron la Navidad, y su celebración fue declarada ilegal. Las Iglesias orientales no aceptan el calendario gregoriano y usan el calendario juliano, y la Navidad es el 25 de diciembre, pero, según el calendario gregoriano, es 7 de enero. La Iglesia apostólica armenia la celebra el 6 de enero. En Belén, ciudad de nacimiento de Jesucristo, según los Evangelios canónicos, la Navidad se celebra dos veces en fechas distintas, en fin; como verán, en los tiempos más cercanos a nuestro señor, cuando la espiritualidad jugaba un papel importante para la humanidad; en el plano concreto y real reinó la confusión, y no se vislumbra armonía y concordancia, pero, de cualquier manera siempre había destellos de humildad, imágenes celestiales, pastores, reyes magos, estrellas milagrosas, santa pobreza, heno, aliento de animales que daban calor a un niño; hijo de una madre virgen, concebido por obra y gracia de un ser metafísico, intangible e invisible que procreaba virtualmente, alejando los pensamientos infundados, oscuros y sospechosos, que sobrevolarían cualquier situación semejante, en los oscuros y prosaicos tiempos actuales. Es decir que el espíritu, el misticismo y la religiosidad eran los valores que identificaban a los seres de esa época.   

Pero apareció el siglo XIX , y la Navidad empieza a afianzarse con el carácter que tiene hoy día. Se popularizó la costumbre del intercambio de regalos; se creó a Santa Claus y regalar tarjetas de Navidad; costumbres que la mercadotecnia  norteamericana aprovecharía para expandir la Navidad por el mundo dándole un carácter que poco o nada tienen que ver con la tradicional celebración navideña.,Y la Navidad pasó s ser el principal motivo para los regalos entre familiares. Y, en esto, parece ser que San Nicolás de Bari tuvo mucho que ver. Se dice que todo comenzó con las muchachas en edad de casarse, que no tenían dote, y estaban condenadas a ser solteronas.

Nicolás, como buen santo, se apiadaba de ellas y, al llegar a la edad de casarse, les entregaba una bolsa llena de monedas de oro a cada una. Lo hacía en secreto, entraba por una ventana y ponía la bolsa de oro dentro de las medias, que colgaban sobre la chimenea para secarlas. Desde ya que sin ninguna otra intención,,pero aquí se va empezando a ver, un poco nuestra Navidad terrenal.

En los países europeos, este personaje recibe el nombre de Papá Navidad, traducido a su lengua (Father Christmas, Père Noël, Babbo Natale), excepto en España y otros países de habla hispana, en los cuales se ha castellanizado la palabra francesa  Noël como Noel.

En algunas zonas de Aragón se lo llamó Tió de Nadal o a veces Cagatió y, mientras se entonaba una canción, se golpeaba al Tió con una vara para hacerlo «defecar» y expulsar los dulces y regalos con que se había alimentando días previos.

Ya aparecen acciones un poco alejadas de la religiosidad, lo místico y lo etéreo.

De «San Nicolás» pasó a Santa Claus y, finalmente, a Papá Noel. Se cree que esto sucedió alrededor del año 1624. Cuando los inmigrantes holandeses fundaron la ciudad de Nueva Ámsterdam, más tarde llamada Nueva York.

Y aquí comienza la historia moderna de las navidades terrenales, viendo que San Nicolás y Santa Claus, a pesar de las transformaciones, no cubrían las expectativas y necesidades del mundo moderno, y sus acciones se esfumaban en principios inconsistentes e invisibles, que no eran valorados ni favorecían los intereses de nadie.

El tema es que a partir de la fundación, y el asentamiento del santo en Nueva York, en poco tiempo, Nicolás, ya no era tan santo, ni respetado, y aparecieron algunos dibujantes y manipuladores que empezaron a manejar y modificar su imagen, adaptándolo a su nueva residencia, y a los intereses que, según ellos, necesitaba para abastecer las reales tareas que le tocaría vivir, teniendo que cumplir una función enriquecedora y funcional, acorde al nuevo territorio en que había caído.

Así comenzó una manipulación, realmente indigna para un ser con una tradición espiritual y excelsa; hecho que, en los seres sensibles y generosos causaba indignación, pero no tenían posibilidades de revertir ese manejo que consideraban infame.   

Afortunadamente apareció Cocó, con una trayectoria reciente pero adaptada a la realidad, con una gran comprensión de las carencias, sumada a una increíble pasión por los niños y adoptó a Santa Claus, como una madre buena, sensible y generosa. Era necesario, porque para los niños, Santa Claus, era el Niño Dios, y, por su condición de pequeño, necesitaba ser protegido, educado y preparado para su designio celestial.

Y Cocó empeñó toda su convicción, benevolencia y esfuerzo, para borrar la imagen perversa y complicada que alejaba a los niños del deseo de disfrutar de la generosidad y la dulce sensación de frescura, que la magnífica y generosa Cocó, pretendía recobrar.  

Fue necesario un gran empeño, y la colaboración de mucha gente solidaria, para concretar el deseo de Cocó, pero se logró. Se rescató a Papá Noel y se lo transformó en un viejito pícaro, rechoncho y bonachón que invita a todos los crédulos humanos a que inviertan su dinero en opíparas comidas, y dulces postres, bebidas y regalos, para olvidar lo humilde y precario que puede ser un pesebre con animales y un niño, con un papá postizo, que apenas tiene unos trapos para cubrirse. Realmente, algo deprimente.

Demos Gracias a Cocó, que supo interpretar nuestra real manera de pensar y sentir, y juntémonos a comer y chupar, mientras esperamos que Papá Noel les de un montón de regalos a los niños, que ya ni se acuerdan del Niño Dios.      

 

SECRETO DE NAVIDAD
María Elena Camba
Argentina

Volvía a su casa pensando en que estas fiestas serían muy diferentes. Parte de la familia lejos, sus tíos y  primos no podrían reunirse con ellos como otros años, los abuelos cenarían solos en sus casas. Por suerte habían abierto los negocios y podían comprar los regalos de Navidad para sus padres y sus hermanos. Y también conseguir algo nuevo para el arbolito. Su mamá siempre le dijo que todos los años había que adornar el árbol con algo nuevo. Caminaba por la calle manteniendo distancia, con ese barbijo puesto que por momentos lo ahogaba. ¡Cuándo volvería la vida normal. Quería jugar tranquilo al fútbol con sus amigos, ir a la playa de vacaciones. Todo el año se habían pasado encerrados en la casa, por suerte desde el jardín miraba la calle, veía pasar gente. Hasta hacía algunos picaditos con la pelota y su papá. Cambiaría todos los regalos que podía recibir por estar con toda su familia, reírse y abrazarse, jugar con sus amigos… Cuando llegó a la esquina de su casa vio de vuelta a esos dos chicos, hacía unas semanas que andaban por el barrio. A veces se sentaban en el cordón de la vereda a comer un pan o un sándwich. Evitaba mirarlos, sentía una especie de rechazo, de pena y de vergüenza. Tenían la ropa sucia, las zapatillas rotas. ¿Dónde pasarían la Navidad? ¿En la calle, en un hogar?
Por suerte hacía calor, estábamos en el hemisferio sur y las temperaturas en diciembre aumentaban porque ya era el comienzo del verano, Pensar que en Europa se morían de frio y nevaba. Por eso, comían turrón, chocolates y todas cosas tan calóricas, porque imitaban la Navidad del Hemisferio Norte.
-Ya regresé mamá, traje todo lo que me pediste. ¿Puedo jugar a la play?
– Sí Matías. Y no te olvides de adornar el pesebre con las guirnaldas que trajiste.
Prefirió adornar el pesebre antes y después quedarse tranquilo jugando a la play. Acomodó las estatuillas de cerámica. El niño Jesús estaba escondido en un cajón del bargueño a la espera de su nacimiento, Al día siguiente, cuando brindaran a las doce, su madre pondría en su lugar la estatuilla del niño y brindarían por Navidad y su nacimiento.
¿Qué hubiera pasado si Jesús nacía en esta época? Se hubiera precisado un milagro de Dios para acabar con toda esta enfermedad.

Fue a su cuarto a jugar a la play pero todo el tiempo se le cruzaba la mirada del chico de la calle, el más grande, que debía tener la edad de él. Tenía los ojos tan sin color, la tristeza se le sentía en la mirada. Lo había visto abrazar a su hermanito y también un día revolver el container de la basura que estaba en la esquina de la verdulería. Comían fruta y verdura que desechaban en el negocio. Pensar que él nunca quería comer verdura y su mamá le insistía tanto. Dejó de jugar a la play, buscó unos turrones y un pan dulce que esperaban en un estante de la cocina para ser abiertos en Nochebuena y salió a la calle. Buscó a los chicos y los encontró en la esquina que daba a la plaza. El padre limpiaba los vidrios de los coches que estacionaban cerca de la Basílica de Guadalupe que estaba en la esquina. Hasta los” trapitos”(así los llamaban a la gente de la calle que limpiaba los autos por unas monedas) se habían quedado sin ese poco dinero que ganaban limpiando parabrisas o lavando algún auto. Si casi no circulaban autos y las iglesias también habían estado cerradas mucho tiempo.
Su mamá no se daría cuenta de la falta de los turrones y el pan dulce hasta que llegara la hora de brindar.  Se acercó a los chicos, que estaban sentados en un banco de la plaza y les dijo, medio muerto de miedo:
Me llamo Matías ¿Y vos?
El chico lo miró extrañado y le contestó, yo soy Pablo.
Esto es para Uds por Navidad . Y le dio la bolsa con los turrones y el pan dulce.
Pablo lo miró con sus ojos casi sonrientes y llegó a decirle gracias mientras Matías se alejaba casi corriendo.
Cuando llegó a su casa su papá lo estaba esperando enojado porque no había avisado que salía. Le latía el corazón entre el miedo y la alegría. Era una extraña sensación.
Llegó la mañana del 24, todo en su casa estaba preparado. Hasta este año habían comprado una guirnalda de luces para el cerco del jardín. Y Matías no podía parar de pensar en esos chicos y su papá, que pasarían la Navidad en la calle. Tenía ahorros porque hacía poco había sido su cumpleaños y decidió ir al supermercado y comprar un arbolito con luces led, platos y cubiertos descartables y un pionono y pavita en la rotisería. ¡Ah! Y se olvidaba de los vasos y unas gaseosas para brindar.
Hola Pablo, este es un regalo de Navidad. Pablo  se iluminó con una sonrisa gigante y vio cómo Matías cruzaba la calle y entraba a su casa.
Cuando llegaron las doce y brindaron, Matías pensó en Pablo y sonrió pensando en lo que había hecho. Su mamá protestó diciendo que no encontraba el pan dulce y los turrones, que dónde los habían guardado. El niño Jesús fue puesto en su lugar, junto a María y José. Era una celebración diferente y no le importaron tanto los regalos. Ahora tenía un secreto de Navidad.
Al día siguiente, en el cerco del jardín encontró un cartel pintado con un arbolito de Navidad que decía “Gracias”, firmado Pablo.

 

*HISTORIA DE VIDA DE UNA NAVIDAD DIFERENTE*
Libia Beatriz Carciofetti
Argentina

Generalmente siempre yo viví una Navidad diferente por varios motivos.  Toda mi familia…abuelos tíos y primos vivían a más de 800 kmts de distancia, pues por razones de trabajo de mi papá que era empleado de ferrocarril que no tuvo ni la oportunidad de estar en el nacimiento de sus dos hijas hasta 3 o cuatro días después, no había celulares ni para un whatsaap, ni para mandar una foto. Y a mi edad no entendía porque cuando llegaba nos abrazaba y besaba llorando. Cuando crecí recién supe el significado de la palabra “emoción” casi ausente en estos días que transitamos cuando se ha perdido la noción hasta de lo que significa «familia». Hasta que un día decidieron con mamá trasladarnos a Bs As a vivir en casa de unos amigos que nos recibieron amablemente dándonos un lugar confortable para que permanezcamos hasta que nuestra casa propia esté terminada, ellos vivían solitos y doña Carmen había venido en el mismo barco de España con mi abuelo Juan Antonio y desde allí habían estrechado una gran amistad, que sostuvieron de por vida. Mi papi llegado de Italia a los 9 años con sus padres siempre soñó con tener su casa propia y con todo el esfuerzo del mundo lo logró, trabajando día y noche ayudando en la construcción y remendando calzado. A todo esto veíamos a nuestra familia una vez al año. Nunca pudo tomar vacaciones y si se las daban él las trabajaba para ganar más y adelantar la construcción. Siempre mis padres y mi hermana solos en nochebuena con una hermosa mesa llena de productos navideños, pero sin esperar la hora del brindis, a las 22hs ya terminaba nuestra fiesta, que comenzaba tipo 20hs, disfrutábamos de la rica comida casera, el pan de Navidad amasado por mi mami, la tradicional sidra, los turrones, las castañas del Pará, las nueces y demás golosinas… Nos dábamos el acostumbrado abrazo y beso mojado en lágrimas de mi mami extrañando a los suyos… Luego entendimos que la sirena de las doce, los cohetes, los villancicos, les hacían recordar la otra mesa tendida en la distancia con toda la familia reunida en la mesa larga sobre el patio de ladrillos debajo de la galería y a mis abuelos y demás familiares les pasaba lo mismo, siempre la familia estaba incompleta. Una Navidad cuando yo había pasado el umbral de la niñez, tuve una amiga que se llamaba Lea, «doña Lea» Alemana, pues había cumplido 87 años…. Había venido de la guerra con su esposo y un bebé que en el barco contrajo un virus y murió, al bebé lo recibió el mar para que no se transmita el virus. Era una viejita que no todo le caía bien siempre rezongaba y mis padres me hacían entender que el sufrimiento de la guerra y la muerte del hijo eran la causa de su mal carácter que se lo había trasladado a su perrito que siempre quería atacarme.. Ella vivía en una casita de madera que había hecho su esposo a la par de la casa de unas amigas muy queridas, era paso obligado pasar por allí…   Su esposo murió al poco tiempo asique ella hacía una vida de ermitaña…
Pero como yo tengo alma de bohemia, a mí me fascinaba entrar en su mundo y visitarla de vez en cuando,. Era como entrar en un reducto encantado, una aventura que se abría a mis ojos cada vez que entraba por ese sendero de dalias, malvones, ciruelos, durazneros en flor…y me ponía contenta que ella me dijera que yo era como una nieta para ella, la que nunca tuvo y yo también la sentía mi abuelita aunque fuera rezongona a veces. Esa Noche buena a la hora de la siesta mientras mi mamá y mi hermanita a su lado dormían, sigilosamente me escapé, y corté camino por otro bosque encantado que había a la esquina de casa para ir a la casa de ella pensando que al otro día sería Navidad y ella estaría sola con sus gallinas, sus pájaros y su perrito que apenas me vio comenzó a ladrarme y ella le gritaba en alemán y el perrito le hacía caso y se apartaba. Siempre que iba me hacía probar un te distinto de yuyitos que ella cultivaba y para mi eran deliciosos, me preguntaba de la escuela, de mis clases de piano y me repetía nuevamente la misma historia de su vida, que la tenía fresca en su memoria siempre… Mis padres me decían que nunca le diga que ya me lo había contado porque para ella era como un desahogo…tenía escones recién hechos y comimos ella y yo  con el té. De pronto se levanta y me dice tengo un regalito de Navidad para vos, y me trae una tarta de manzanas con canela que a mí me gustaba mucho, para que la coman con tus padres esta noche y tu hermana, esa que me roba los huevos que ponen las gallinas entre las plantas, es una atrevida, y se cree que yo no la veo…. ¡Con razón! mi herma le llevaba los huevos a mi mami y le decía que le mandaba doña Lea, y mi mami me decía vos que sos más grande cuando vayas agradécele…¡Qué vergüenza me dio! Ya era hora que se despertaría mi mami y emprendí la retirada porque en el próximo tren llegaría mi papi, con mi tarta de manzanas que escondí en el cuarto de costura porque no sabría cómo justificar mi escapada… Mientras iba de camino por el bosque lleno de pinos y de flores de la esquina de casa se me ocurrió una idea ¿y si le propongo a mis padres que cuando ellos se vayan a acostar para no escuchar los cohetes y las sirenas me acompañaban hasta la casa de doña Lea para darle una sorpresa? Ella esperaba las 12 me dijo y salía a la ventana para ver las luces de colores de los fuegos artificiales de la capilla, y cuando esperaba un no rotundo me dicen ¿porque no le dices que venga ella a estar con nosotros y luego la acompañamos. No terminan de decirlo y yo estaba en la casa de ella; No hijita no puedo dejar la casa sola porque esta noche aprovechan para venir y robarme lo poco que tengo, para colmo ya ves, no tengo puerta solo esta cortina de paja y de cerrojo mi perro que está entrenado para atacar, por eso te ladra a vos, pero yo le hablo y entiende…volví muy triste a mi casa esta vez aproveche a sacar la tarta de mi escondite para justificar que venía de allí; mi plan había fracasado. Como será que mis padres me vieron tan triste que me dijeron, bueno te dejamos ir pero al rato que toquen las sirenas y las campanas de la Iglesia te voy a buscar con tu hermana, así la saluda ella también, nooooo! yo ya la saludé mintió mi hermana, tenía miedo que doña Lea la rete…. Mamá me dio de todo lo que comimos nosotros, hasta le llevamos clericó…
Cuando llegue me sorprendió pues tenía la mesita chica extendida, con un mantel bordado por ella con tres platos, tres copas, cubiertos, un centro de mesa don tres estrellas federales y ella estaba bañadita y con un vestido que no le había visto nunca puesto. Ahhh le dice mi papi mi hija preocupada porque iba a pasar la Navidad solita, y ella con los ojos llenos de lágrimas le dice, es un rito nada más pero hago de cuenta que aquí están conmigo mi esposo y mi hijo, y yo les converso, le sirvo comida, que después come mi perrito, pero así no me siento tan sola… Mi papi tenía un brillo raro en los ojos y yo no podía hablar…ya entendí a esa edad lo que significa la soledad.
Y dona Lea mi amiguita de 87años compartió su última Navidad y sus historias nuevamente con mi papi y conmigo, pues murió un 17 de julio un día de pleno invierno en Bs As, que su perrito no sé cómo supo donde vivíamos nosotros porque saltó la verja y nos ladraba sin atacarnos como pidiendo socorro…Intuición o no, mi papi salió corriendo y no quiso que yo fuera con él, argumentando el frío… Mi amiguita lea había sufrido un paro cardíaco  y ya estaba casi dura cuando él  llegó…con los vecinos llamaron a la policía y nunca más se habitó esa casita de madera. Hoy en pandemia pienso en tantos que pasarán una Navidad distinta, en tantos abuelos que no podrán ver a sus nietos y los que si los verán no podrán besarlos por la barrera infranqueable del barbijo,,, Por eso no dejemos de expresar nuestros sentimientos cuando podamos…Hoy DIOS HA HABLADO AL MUNDO  haciéndonos ver que no hay nada mejor que la familia…dejando de lado las diferencias…Porque un insignificante bicho puede destruirnos la vida como lo está haciendo…cerrando rutas, ciudades, pueblos, países enteros para que no nos podamos juntar con los seres que amamos… Díganme si esta no es una Navidad distinta!!!
Bendiciones para todos y que el 2021 nos encuentre más unidos que nunca, ya que no queremos más revivir esto que nos está pasando.

MI NAVIDAD DE MADERA.
De J. Félix Cruz
México

Ya te disté cuenta mujer que el pelón está quedando loco?
-Hay, no me digas eso viejo, aparte de pobres, un loco en la casa, ¡ni Dios lo quiera!, porque en mi familia te consta que todos estamos bien, a no ser que sea por lo de tu tío, aquel del que me contaste que estaba endiablado.
-Cállate vieja, ni Dios lo quiera.
-Y cómo fue que notaste ¿Qué habla solo, echa espuma se revuelca, o como te diste cuanta púes?
-No; es que en la mañana que venía con la leche, llego con un trozo de madera y me dijo que era el regalo que le había traído Santa, y que venía adentro del trozo de madera, que era su envoltura, y míralo, allá afuera: está queriendo sacar su regalo.
-! ¡Hay viejo! veras: que creo que, si se nos va a poner loco ese cabrón, púes fíjate que yo le tiré ese tronco al corral porque le dije: “esa leña solo hace humo”, pero púes ni modo, ya vez que no seremos los únicos que tengan un loco en su casa, porque aquí el que no tiene un loquito esta todo chueco y creo que es peor.
Mis padres haciendo sus comentarios sobre mí; yo los vi y los escuché en toda su conversación haciéndome el desentendido, pero en realidad estaba sacando de mi mente mi juguete que estaba envuelto, en ese trozo de madera que me traje esa mañana del campo, cuando fui por leña al monte.
Es que en esa noche de navidad todos pusimos nuestros recaditos en los guaraches atorados en la correa, para que Santa Clos, nos trajera el regalo que le pedíamos. Recuerdo que mí carta la hice y la puse entre medio de la suela de mis guaraches ya que estaban abiertos de la punta por tanto jugar a la pelota y de tantos tropiezos. Siempre nos los compraban un número más grande quesque porque estábamos creciendo y cuando llegaban a la medida y toda vía estaba buenos le corríamos la hebilla y nos servían un rato más.
Yo creo que santa no encontró mi carta y pensó que me había portado mal, o que se me olvido pedirle un juguete. Recuerdo que en esa noche estábamos dormidos mi hermano Chente y Lacho. Lacho en medio, ya que se orinaba en la cama y como esta era un catre de costal, en medio se acunaba y los orines de Lacho no corrían para nosotros, así que él en medio y por un lado Chente y yo.
En la madrugada yo tenía ganas de orinar y me levante y salí al patio a orinar, pero cuando regrese al catre ya Lacho estaba en mi lugar y Chente en el suyo, entonces agarre mi almohada y me acosté en el suelo extendiendo un petate que estaba recargado en un rincón de la casa. Temprano por la mañana se levantaron mis hermanos y gritaban que le habían traído juguetes Santa, entonces yo acurrucado en el suelo estaba oyendo su algarabía y poco a poco metí mi mano por debajo de la almohada para buscar mi juguete, estaba seguro que me iban a traer, ya que me había portado bien todo ese año a no ser que solo porque le corté la cola a una vaca de Alejandro Guzmán que se metió a comer la mazorca antes de que pizcáramos, pero nadie se dio cuenta de eso, solo yo y Diosito.
Al menos que él le haya dicho a Santa de mi travesura y si, así fue púes ni modo, pero poco a poco iba metiendo mi mano bajo la almohada embargándome una gran emoción y la agite de un lado otro y nada, la levanté, y nada de regalo, levante mi cobija raleada y nada, la sacudí a ver si se había atorado y no había juguete alguno, mientras afuera en el patio estaban mis hermanos jugando con sus regalos e incluso unos primos que teníamos de vecinos llegaron al patio para jugar con ellos y presumir sus juguetes, fue cuando escuche que Chente dijo; !mira a mí me trajeron dos juguetes! claro debe ser porque yo soy el más portadito en la casa.
Viendo que mis hermanos estaban felices con sus regalos. Yo me salí por la puerta trasera de la casa, arranque de un poste mi machete ya que así lo dejaba, y de otro poste con horqueta agarre un lazo y como un bandido me salí de la casa, me iba rumbo al monte a traer leña para que mi madre cosiera las tortillas para el almuerzo, aunque teníamos leña almacenada nunca era por demás traer otra poca, pero eso lo hice como una mera reacción para preguntar algo a alguien no se reclamar a no sé quién por la Navidad.
Cuando iba caminando por las calles escuchaba la alegría de todos los vecinos jugando con sus regalos. Yo caminaba como no dejándome ver por ellos para que no me preguntara por lo que me habían traído de regalo, ya que, en las últimas casas para salir de mi pueblo, me llego el impulso de correr, así lo hice hasta llegar al monte. El frío de la mañana quemaba mis mejillas y mis píes tenían un color amoratado y entumido por el frío matinal.
Cuando llegué al monte me senté debajo de matorral de grangel y ahí fue que me di cuenta que la punta de mi dedo gordo del pie sangraba y le hacía falta la uña. En mi carrera y por lo entumido del frío no sentí ese golpe, pero cuando estaba ya debajo del matorral sentía una enorme punzada en mi dedo del pie. Con el filo de mi machete corte una bolsa de mi pantalón haciendo unas tiras de trapo y las amarre en mi dedo lastimado, pero la punzada seguía, no obstante que la llene de tierra y saliva, si, de esa tierra finita que no tuviera piedras para que no me lastimaran más.
Ya una vez curado, miré al cielo y quería encontrar a alguien para que viera lo que me había pasado por no tener mi juguete como los demás niños, que de estar en mi casa jugando nada me hubiera pasado, pero justo cuando me iba a poner con mucho cuidado mi guarache para que no me lastimara mi dedo gordo del pie derecho, me di cuenta que entre las suelas de mi guarache ahí estaba metida mi carta todavía, la saque y la volvía a leer.
Después una ráfaga de viento frío me la arranco de las manos y se la llevo sin rumbo, entonces sentí perdida la prueba para reclamar a alguien mi juguete, pero bueno al fin que importaba si por más que busque no encontré ningún juguete para mi esa mañana en mí petate y luego menos me iban a traer un regalo, si ni a mi carta encontraron para leerla.
_Eso me pasa por esconderla tan bien, pero santa debió saber dónde estaba o Diosito le hubiera dicho dónde encontrarla. También le pudo haber dicho cuando le corte la cola a la vaca de Alejandro cuando se metió a comer la mazorca de nosotros, ha verdad!, si vamos a ser derechos que sea para todo digo yo.
Poco a poco me fui resignando a la idea de no tener mi juguete de navidad, porque después de todo era el más canijo de los guaches de ese rumbo. Llego a mi cabeza que también me pelee con varios en la escuela y pues esos eran puntos en mi contra para la navidad.
Ya un poco repuesto de todo me puse a cortar mi leña y cuando casi ya había completado mi carga, mi machete se incrusto en un tronco y al sacarlo me pude dar cuenta que había ensartado a mi carta con mi machete en ese tronco. Si mi carta que me arranco esa ráfaga de viento cuando la estaba leyendo. Fue que al despegar mi machete pude ver que la madera era blandita y suave. Había quedado atorada en la rivera del rió, cuando este crecía por las lluvias y arrastrando troncos este se quedó ahí atorado.
Me invadió una fuerte emoción volver a recuperar mi carta y me dije – esto quiere decir algo, la voy a guardar, Seguro no busque bien mi regalo de navidad, porque me falto buscar en la cama donde están Chente y Lacho, a lo mejor ahí estaba mi regalo y posiblemente todo orinado por Lacho. Cargue mi leña y me apresure a llegar a mi casa. Mi dedo me seguía punzando, pero ahora con dolor, pero que importaba si a lo mejor encontraba mi regalo de navidad.
Ya los niños habían cambiado por completo los patios de sus casas, unos ya habían trazado carreteras, otros habían hechos casitas, estaban transformados por completo. Cuando iba entrando a la casa me dijeron mis hermanos y primos. ! ¡Ten cuidado con la carretera! ¡No la vallas a destruir! y mi casita, ¡cuidado con ese hilo! ¡Ten cuidado Pelón!
Con mucho cuidado cruce aquel laberinto de juegos y vías. Descargué mi leña y me metí al cuarto donde estaba mi catre, bueno nuestro catre que compartía con Chente y Lacho. Este ya estaba recogido y recargado en la esquina donde estaba el petate en el que pase el resto de la noche. No había nadie, mi padre se fue a ordeñar una vaquita y mi madre en la cocina haciendo el almuerzo para todos, cuando me vio me dijo:
-Bueno de donde bienes Pepe.
-Ha fui a traer leña, es que ayer la había dejado cortada y a lo mejor me la robaban y quise ir temprano por ella-
-Pero que te paso en el pie, te pico algo o te cortaste, ¿te machucaste?
-No, Ma, lo que paso es que me tropecé al ir correteando unas mariposas en el río que se está secando.
-Púes ten más cuidado, algún día vas a llegar mocho cabrón, y para que voy a querer a un guache que aparte de loc… si púes de loco… mocho, bonito te vas a ver pinché.
-No Ma, tendré más cuidado.
-Tomate este café que ya se está enfriando, esos guaches canijos ni caso me hacen que vengan a tomar algo por estar distraídos con sus juguetes.
-Es que están contentos Ma…
A ti que trajeron pues, no veo que juegues con algo.
-Es que los regalos son pa, los niños buenos y pos yo como que ya no soy niño que digamos no Ma.
-A lo mejor a de ser por eso, pero anda agarra un pan y come eso.
Después que salí de la cocina. Mi leña seguía amarrada, la desate y la acomode donde estaba la trinchera de leña, cuando vi aquel tronco en donde encontré mi carta, lo saque del montón de leña y lo puse a parte. Cuando mi madre salió a traer leña para los fogones, agarro aquel tronco y lo tiro por los aires diciendo, -Bueno como serás pendejo, esa leña de ceiba no arde cabrón esa nomas echa humo.
-No ma, es un tronco nomas, y tiene algo especial para mí.
-Qué especial ni que la jodida, no cargues cosas nomas a lo pendejo.
-No ma.
-Recogí el tronco y lo llevaba para la casa nuevamente cuando venía mi padre con la leche me dijo.
-Y ahora que traes en las manos ese tronco que ni arde, nomás echa humo.
-No pa. Es que aquí dentro esta mi regalo de navidad.
-Que regalo ni que la chingada, déjate de loqueras cabrón.
-Si, pa.
-Dele de tragar a los cuhes y a las gallinas déjate de cosas, a y te apuras por qué vas a ir a un mandado al pueblo vecino, para ver si me van a vender los animales o no.
-Si, pa.
-Si, pa, si, ma, es todo lo que sabes decir cabrón, ¡ándale muévete!
Dejé recargado en una esquina mi tronco de madera, y le di de comer a los animales, después almorzamos todos, no en orden como otros días, ya que mis hermanos no paraban de jugar con sus juguetes de Navidad.
Cuando estábamos almorzando mi Padre se dio cuenta que mi dedo estaba amarrado, con cintas de tela.
-¡Que te paso en el pie?
-Me tropecé en la mañana al ir corriendo por el río seco.
-Púes ten más cuidado cabrón algún día te vas a quedar güilo.
-Si, pa.
-Te ensillas el burro y te vas a ver a Telesforo a ver si me va a vender los cuches que me ofreció la otra vez.
-Si, pa.
Ensillé el burro porque de irme a pie seguro que no llegaba, con el dolor cojeaba un poco. En un morral mi Madre me hecho unas gordas para el camino y en ese morral sin que mis padres me vieran eche aquel trozo de madera.
Una vez que fui a la plaza vi que un señor llego al pueblo vendiendo cosas, entre ellas a mí me gusto una navajita de una sola hoja, que por cierto traía de figura un caballito parado de manos; como que estaba relinchando y se veía fuerte el caballo. Al ver a esa navaja le pregunte; ¿Cuánto costaba? Me dijo: -Tres pesos. La sentí cara, pero me cambio mi forma de ser, me sentía valiente con mi navajita. Todos los chamacos me tenían miedo, me decían el valiente y me gustaba. Me acuerdo que cuando había feria y se jugaba a las rifas siempre me gustaba la carta del valiente, ya que con esa siempre ganaba yo, al grado de juntar con un peso cinco, porque si le atinabas a tu carta, te pagaban cinco a uno y era mi cara favorita, pero cuando llegaba el diablo o la huesuda adiós pesos. Uno debe ser listo, para jugar, cuando ya haces roncha retírate y vuelve otro día, porque te pelan eso ya lo comprobé.
Yo a mi escuela no llevaba mi navajita siempre la dejaba escondida metida entre las rendijas de la cerca de piedra, siempre la cambiaba de lugar, por si alguien me veía, y cuando sentía que alguien me veía metía una basura o envoltura de algún dulce, eran mis trampas. El solo hecho de decirles que tenía una navaja era motivo de miedo o precaución de los demás guaches, y siempre me reportaban en la dirección buscando mi navajita y nunca me la encontraban, hasta unos pensaban que yo era un chismoso. Lo creyeron cuando con mi navajita pele una víbora en el monte y me traje su cuero al pueblo vieron que no me lleve machete ni cuchillo solo mi resortera metida en mi pescuezo y piedras boluditas.
Cuando me preguntaron y como la pelaste les dije que con mi navajita y me dijeron a ver enséñanosla, yo nomas les contesté,
-Ya les dije que yo no tengo porque enseñarles nada, esa nomas se saca cuando se ocupa, porque si no se vuelve payaso el que lo dice.
Pase por mi navajita en donde la tenía escondida, ya que me agarraba de paso para el pueblo a donde iba, pero sentí un fuerte dolor al brincar del burro para bajarme se me olvido que mi dedo estaba herido, pero me volví a subir y en el camino me acorde de mi carta de Navidad, la busque en mis ropas, pero no la encontré, seguro que la metí en la bolsa rota para sacar las cintas para curar mi dedo del pie, ni modo se perdió mi carta.
Desenvaine mi navajita que siempre estaba bien filosa, y comencé acortar poco apoco mi trozo de madera, mi burrito parecía que sabía lo que iba haciendo sobre sus lomos, que su paso era como una mera manera mecánica para trabajar la madera, poco a poco le fui dando forma a lo que pedí a santa. A mi mente llego la forma de un carrito, llevaba la mitad del tronco. Cuando llegue a casa de don Telesforo, me di cuenta que llegue por los ladridos de sus perros, el señor los cayó y me dijo:
-¡Pásale hijo a que vienes?
-Vengo porque dice mi Padre que si le va a vender los cuchues que le ofreció la otra vez.
-Pero pásale hijo, vieja dale un vaso de agua al guache.
-Gracias don Telesforo.
-Hora. Que venías haciendo que lleno de viruta.
Es que vengo desenvolviendo mi regalo de Navidad.
-Tu regalo de Navidad.
-Si mire, ya voy sacando la mitad de el a poco no trae buena envoltura.
-Nombre guache, eso que estás haciendo es un súper regalo, que cuantos te lo van a envidiar.
-No Don Telesforo, ese regalo no soy yo quien lo hace, sino que es Santa quien me dijo que ahí dentro estaba mi carrito de navidad.
-Bueno que sea como tú dices, pero que bonito te está quedando tu carrito.
-Gracias señor, entonces que razón le digo a mí padre.
-Que venga por ellos cuando quiera, ya sabe que si se los voy a vender.
-Mire don Telesforo, yo creo que quien quiere vender, debe llevarlos, porque si venimos por los cuches al llevarlos arreando van a bajar de peso y mi padre pierde pesos, así que es mejor que usted los lleve y de cómo los quiera llevar va a encontrar su dinero que quiera ganar.
-! Ha! guache tan cabrón, deberás que eres listo, canijo, nombre si yo tuviera un guache como tu cuidado, pero ya ves tengo puras guachas.
-Pues algún día tendrá, guaches por sus guachas, y mi padre por una guacha perderá su guache, pero todo a su tiempo.
-Deberás que me sorprendes guache, y pues no se diga más, dile a tu padre que tenga lista la romana porque no más llegando pesamos a los cuches.
-La romana va a estar lista pero no en la casa don Telesforo, va a estar lista del otro lado del río, antes de que los cuches lleguen y se atraganten de agua, porque mi padre entonces comprara agua de cerdo en vez de manteca no cree.
-! ha jijo de la jijurruia, guache! deberás eres cabrón, dile que estoy mañana temprano.
-Pues así quedamos don Telesforo adiós.
-Adiós hijo.
Después de salir de la casa de don Telesforo, en file rumbo a mí pueblo, saque nuevamente mi trozo de madera y seguí sacando mi regalo de navidad de esa envoltura de imaginación. Comencé a darme cuenta que, a mis escasos once años, que todo estaba en la mente, Dios, santa, los reyes magos, todo está en la mente y uno es el que puede solo darle forma todo, cada tajo de madera que sacaba, era como si tuviera una dirección en mi mente para hacerlo, estaba a por llegar a mí pueblo cuando mi carro estaba terminado.
Ya era tarde cuando me vieron llegar mis amiguitos y vecinos, ¡mira ahí viene Pepe, y trae un carrito bien bonito! Ya cuando los vi sus carreteras ya no estaban, sus carritos ya ni jalaban, se les había acabado la batería, otros ya se habían descompuesto, las casitas ahora estaban chuecas, otras caídas, la alegría de los niños se fue transformando en el transcurso del día, con miradas de frustración solo de pensar que por un momento fueron felices y el problema era para los padres ahora. Cuando les decía sus hijos, padre como le podemos reclamar a Santa por la mala calidad de juguetes que nos regala.
Yo venía llegando con ese enorme carro, que las carreteritas no le quedarían, aunque quisieran invitarme a jugar con ellos, tendría que hacer mis propias vías, pero mi carro no necesitaba de carreteras especial, el podía caminar por cualquier terreno.
Cuando llegue a mi casa, baje de mi burrito, lo desensille le di de comer y agua, aunque tomo un poco cuando pasamos por el río, de todos modos, le di agua, entre a la casa y llegué a mí padre para darle la razón, estaba con mi madre sentados atrás del patio dándole de comer a los animales.
-Ya llegué pa., ya llegué ma.
-Que bien hijo, y dime ¡que te dijo Telesforo?
-Que mañana viene con los cuches, que lo esperes del otro lado del río, para que no digas que es un ventajoso, y que en vez de manteca le compres agua al cruzar los cuches el río y se llenen de agua.
-A que Telesforo y ahora que, se estará volviendo loco o que le pasará al cabrón.
-Púes quien sabe pa.
-Y que traes en ese morral.
-! Lo que te dije pa, mi regalo de Navidad, mire es un carro que le pedí a santa. Como metí mi carta en medio de las suelas de mi guarache, yo creo que no la encontró y hoy en la mañana que fui a la leña la encontré dentro de mi guarache, y pensé que no me trajeron nada por eso y el viento de la mañana me arrebato la carta y se la llevo, pero cuando comencé a juntar mi leña la encontré cuando la ensarté con la punta de mi machete en el tronco que traje y que me dijeron que solo hace humo, pero yo me dí cuenta que dentro traía mi regalo, mírenlo como lo ven.
-Hijo, pero si parecen que lo hicieron los propios Ángeles, no me digas que tú lo hiciste hijo.
-Bueno yo solo, lo saque de su envoltura, y ahora este es mi regalo de navidad, tarde pero seguro como lo ven, ahorita nos vemos voy con mis hermanos para jugar un poco antes de que se meta el sol.
-Si hijo ve con ellos a jugar.
-Mis Padres se quedaron sentados con cara de asombro, solo viéndose uno al otro.
-Te digo viejo que no sabemos lo que tenemos por hijos, mira que tirarlo aloco, al pobre de pepe, pobre de mí peloncito, pero no sé cómo llego la carta que el escribí a Santa a la casa, si dice que la perdió cuando fue a la leña, pero yo la halle en el cuarto donde duerme con Chente y Lacho, y esta estaba atravesada como con la punta de un machete, tal como él lo dijo, la tengo guardad en la alacena, y pienso llevarla a la virgen de la Iglesia el próximo domingo, y fíjate que en la mañana le tire al corral ese tronco porque le dije que solo hacía humo.
-Pues yo le dije lo mismo cuando fue a recogerlo del corral, yo venía con la leche y solo se limitaba a decirme sí pa, no, pa, me siento el peor de los padres, y toda vía con el dedo lastimado tiene aliento para jugar, después que lo mande montado el burro a ver a Telesforo y nunca me dijo que no.
-De que somos los padres que no nos damos cuenta, de lo que tenemos por hijos, tiene que ser hasta que ellos nos demuestren cuanto nos quieren para que nosotros demostremos su amor, somos egoístas y nos encerramos en ese mundo de tradición sin conciencia, que solo nos importa quedar bien con quien debemos quedar bien, Señor perdóname por maltratar a mí hijo con las ofensas que le hice, al decirle que se estaba quedando loco, cuando los locos somos los padres por no comprenderlos, perdóname Señor.
-A mí también perdóname Señor, por dejarme llevar por ese sentimiento de aflicción y egoísmo y entregar el amor como debe ser, a los hijos ya que estos deben de quererse igual, ni más uno ni más otro, iguales, a veces somos injustos con unos de nuestros hijos, por eso es que nos inclinamos a alguien y nos segamos por otro cuando a los hijos no se les debe de ver con los ojos si no con el corazón.
Se metió, la mamá de pepe a la cocina y puso a hervir agua para lavarle aquel dedo herido por la mañana, su padre corrió a la única botica que había a que le preparan un polvo para cubrir su herida, cada uno llorando su obligación. Pepe jugando, con sus hermanos, a los chiquitos los cargaba en su carro, anestesiando su dolor con el éxtasis del juego, cojeando, pero sin dolor, como queriendo fintar la herida.
La noche poco a poco iba cayendo como no queriendo oscurecer para que aquel niño siguiera jugando con sus hermanos y disfrutando su enorme y precioso juguete de navidad, cuando de pronto se escuchó un llamado de su madre para que ya entraran adormir, como cuando la gallina llama a sus pollitos y acuden a ella bajo el regazo de sus alas, todos acudieron al llamado, dejando los juguetes en el patio, solo hasta atrás venia rengueando Pepe.
Pasaron a la cocina para lavarle el pie, pero no sería su madre quien lo haría, fue una enfermera que recién había llegado al pueblo y le habían asignado la casa de los padres de Pepe para que viviera por una semana, allí le darían de comer y donde dormir. Tantas bendiciones para Pepe en ese día que tal parecía un milagro.
Una vez curado se fue a dormir al petate porque en la cama seguramente lo lastimarían Chente y Lacho, por la mañana se levantó temprano preparo la romana y los lazos y se fue a esperar a Telesforo al otro lado del río con los cuches. Los pesaron y los llevaron a su casa. Cuando su padre se levantó, él se puso a jugar con sus hermanitos otra vez en el patio, solo vio que su padre hacía trato con televisor.
Dijo, ¿cómo, no que los íbamos a pesar del otro lado del río?
-!Arajo amigo! ya están pesados y todo, solo vengo por la paga, ahora si quieres pésalos para que veas cuanto te ahorraste y gracias a ese guache cabrón que tienes, es una avispa el cabrón.
-Nombre de veras que ya se está haciendo hombrecito ese cabrón de mi hijo.
-Tienes un tesoro, fíjate que ayer me enseño que iba desenvolviendo su regalo de navidad, de un tronco de ceiba, y aparte me dijo que los cuches se pesaran del otro lado del río, y aparte me dijo que si tu ibas por ellos al llegar a tu casa ya habrías perdido pesos, y no sé qué otra cosa me dijo el cabrón, ha ya me acorde, le dije que yo me sentiría orgulloso de tener un hijo así y me contestó que con el tiempo de acuerdo a las hijas que tengo serían los guaches que tendría, pero que todo a su tiempo, de veras que me sorprendió, ese canijo he.
-Este día nos sorprendió a todos Pepe, y nos dio una gran lección de amor de fe y de enseñanza, a todos.
Cuando llegaron los reyes magos, ya no había juguetes de navidad en las casas de los demás niños, de no ser por el carro de Pepe sus hermanos ya no tendrían con que jugar, y el carro firme como si nada, y pepe siempre listo y presto para ayudar a sus padres, y sus padres siempre dispuestos para las atenciones de sus hijos.
La mamá de pepe, le dijo una vez a su marido, que como a los tres días de la navidad se puso a lavar la ropa de Pepe, y se dio cuenta que le faltaba a su pantalón la bolsa derecha, la misma que usos para sacar cintas y amarrar su dedo sin uña, y fue que ellos intuyeron que pepe guardo su carta en esa bolsa, y al llegar a su casa y entrar a buscar su juguete ahí se le pudo caer, sin darse cuenta, pero fue más grande la sorpresa de pepe, cuando pudo ver que su carta esta doblada sobre el lomo de un burrito que estaba en el pesebre del niño dios, el cual lo pusieron dentro de la iglesia del pueblo, fue cuando él se decidió a hacer todos los años juguetes para los niños del pueblo, y que después de años se conservan como uno de los grandes recuerdos de navidad, y después hizo otros tipos de cosas que se convirtieron en un verdadero arte.
Después se dedicó cuando hombre a ser el mejor de los artesanos de ese rumbo, y todo gracias al saber entender que todo está en uno mismo y cuando se hacen las cosas con un verdadero amor no pueden existir fallas ni errores. Las navidades están en todas partes y en todos los hogares, pero más en los corazones de los niños llenos de inocencia, bondad, pureza y devoción, sin importar el lugar que se nazca y crezca ni la cuna que los vio nacer, la Navidad es un acto de Amor Universal que debemos practicar siempre.

POSTALES DE NAVIDAD
Lidia Dellacasa de Bosco
(Argentina)

I- Navidad en el corazón

   Era consciente de que conducía a excesiva velocidad, pero se le había hecho tarde en los negocios del centro. Descendió velozmente por un camino lateral para evitar la congestión del tránsito en la autopista. Atardecía entre los fuegos del crepúsculo que ya preanunciaban los festejos de Nochebuena.
  Molesto por los barquinazos del camino de tierra, se dispuso subir por un terraplén para retomar la ruta.  Cuando vio la silueta medio encorvada, apretó los frenos justo a tiempo para no atropellarla. Bajó disgustado, dispuesto a gritar su enojo al imprudente y entonces la vio sentada frente al auto. La niña le sonrió entre lágrimas y al verla tan desvalida, él sintió una repentina tristeza que aplacó su ira. Sin embargo, no pudo evitar el reproche.
  _¿Qué hiciste, piba? Casi terminás bajo las ruedas del auto.
  La chica se levantó despacio y todavía asustada explicó que iba a vender una bolsa con cartones.
  _¿A esta hora y en vísperas de Navidad?
  _En mi casa no festejamos, señor. Mi papá perdió el trabajo… y yo quería comprarle algo a mi hermanito_. Otra vez los ojos negros se nublaron de pena
  En ese instante, él comprendió. Abrió el baúl del auto y sacó un paquete envuelto en papel dorado, con un gran moño rojo. Se lo tendió a la niña y dijo con una voz que no ocultaba la emoción ni la ternura:
  _ Tomá. Lleváselo a tu hermanito. Es una pelota. Seguro que a él le gusta el fútbol.
  La chiquilla lo miró primero incrédula y mientras el hombre le ponía el regalo entre las manos, repentinamente, en puntas de pie, le dejó un beso de gratitud en la mejilla.
   La vio alejarse cantando mientras arrastraba la bolsa de cartones y apretaba fuerte el regalo inesperado. Él se quedó un instante pensando en la Navidad. Siempre la había considerado sólo un festejo más, propicio para las comidas y los regalos. Cuando volvió a mirar el cielo ya oscurecido, le pareció que la única estrella de la noche le señalaba el Portal de Belén. Por primera vez, sintió en su pecho la presencia del Salvador y comprendió que el significado del Nacimiento había penetrado para siempre en su corazón.

II- Somos Navidad

   Ella ya había decidido festejar Nochebuena con sus parientes. Desde la frialdad del gesto que desconocía el amor y la compasión, se lo dijo esa misma mañana. La mirada de él se empañó con una profunda tristeza. Pensó en los hijos pequeños a los que no podría abrazar cuando fuera medianoche. Tampoco cantarles aquellos villancicos que lo deleitaban en su propia niñez. Desde que la enfermedad lo había postrado para siempre, se sabía una carga insoportable para la mujer con la que había tejido sueños felices en otro tiempo que ya era un pasado irremediablemente perdido.
   Como pudo, balbuceó una pregunta y ella le dijo que algún amigo podría venir a hacerle compañía. Nadie, pensó él.
  Cuando la noche se deslizó por la ventana abierta del cuarto pudo ver las primeras cometas y los fuegos de artificio en un cielo que le traía el recuerdo de los festejos en el pueblo de la infancia.
   Ella estaba a punto de marcharse cuando sonó el timbre. Escuchó desde la cama la conversación, primero en voz baja, y después el ruido de la puerta al cerrarse. Cerró también los ojos porque el llanto se hacía nudo en su garganta. Al abrirlos, lo vio: Alfonso, su amigo de toda la vida. No hubo preguntas. Tampoco explicaciones. Alfonso le tomó la mano y puso en ella una estampita del Divino Niño. Me quedo con vos esta noche.     
  Sentado a su lado, llenó el silencio del desamor familiar con relatos de Navidades en  parajes distantes. Al acercarse la medianoche fue en busca del viejo cassette y la música que hablaba de pastores y estrellas llenó la habitación de ángeles invisibles.
  Las campanadas de la iglesia cercana los encontraron abrazados y Alfonso dijo quedamente, apretando la mano del amigo que temblaba sintiendo que ya nunca volvería a estrechar a sus hijos ni gozar el abrazo de sus seres queridos:
   _Ya es la hora. Siempre habrá una Navidad que trae la esperanza…El Nacimiento de Jesús, el Salvador, perdura en nuestras almas. Vos y yo también somos Navidad.

 

 

EL NIÑO DE BELÉN
Adrián N. Escudero
Argentina

Al Fundamento.
Y a Antoine de Saint-Exupéry,  « petit prince dans Terre des hommes ». In memoriam

¡Jesucristo, Señor de la Historia, te necesitamos!  Amén.
Uno…  El Reino de Los Cielos pertenece a los que son como niños” – (Mt. 19,14).

   Mi amigo, el Bioingeniero Domingo Calisse, un germano radicado en Argentina y experto en nanotecnología, era no sólo nuestro jefe de equipo, sino también un abuelo alborozado y alborotado que nos recordó, entre perplejo y orgulloso a la vez, mientras esperábamos la partida del vuelo contratado desde Ezeiza con destino a Roma (la Ciudad de los Césares), aquella singular anécdota vivida el año pasado junto a él y con relación a su pequeño nieto Joan Bautista Calissse…

Ello, en tanto ansiaba –ya- concluir rápido nuestra  visita de trabajo a la región del Lazio, para poder dirigirnos otra vez y juntos -como el año anterior y puesto que nuestro grupo era inseparable como tal- hacia la capital alemana de Berlín… Domingo soñaba con el deyavú de volver abrazar a su nuera, Mary Theresa y a su esposo e hijo mayor, Jorge Gabriel, mas en particular, a su primogénito nieto Joan Bautista, y festejarle –como el año anterior- su cumpleaños en feliz coincidencia con el Día de Navidad. Que no cualquiera da parto un 25 de Diciembre. ¿Vale?

Pero para ello, necesitaba llegar asimismo –y para ordenar el asunto de los obsequios y todo eso- en el trascurso de la semana que concluiría con el Cuarto Domingo de Adviento del año; por lo que, y, ferviente católico practicante como era, no veía las horas de alzar y mimar a su menudo e inquieto vástago de ahora casi de tres años, como si fuera este el propio y familiar Niño de Belén…

Y la anécdota que memorara -a poco de ser llamados todos a embarque- comenzaba, como era de suponer, señalando el preciso (y precioso) momento en que el infante Joan Bautista Calisse fuera llevado, por sus padres (Papá Jorge, Ingeniero también pero, a la inversa de su progenitor, argentino radicado en Alemania; y mamá Theresa, dúctil escritora y filóloga alemana perfeccionada en los idiomas español e inglés) a visitar, antes de cumplir sus tres añitos, y por ende en tiempos cercanos al Cuarto Domingo de Adviento, la nevada, reluciente capilla Bet léjem del Santo Pesebre, sita en el Barrio Lichtflendwest de Berlín…

Y según habría relatado papá Jorge a su padre, el Ing. Calisse (no sin el citado orgullo transferido luego al jovial abuelo Domingo), el pequeño Joan, resguardado del intenso frío matutino con mucho abrigo, después de cautivarse con el ornado, florido Pesebre de la Natividad ya montado con todos los personajes que había aprendido a conocer en su Guardería Infantil (esto es, María Santísima, San José, los pastores, los ángeles, la Estrella y hasta los Reyes Magos), y sabedor también de que no podría encontrar allí todavía al Niñito de Belén (pues faltaba una semana para celebrar la Natividad, y la imagen del Sacro Infante se reservaba, hasta esa fecha, para veneración de los fieles), se apartó de aquella representación escénica –de súbito y como suelen hacerlo muchos chiquillos de visita en cualquier espacio público- para ponerse a observar, a su derecha y a unos dos metros de altura, la enhiesta estatua de un corpulento señor que llevaba –oh sorpresa- su mismo nombre…: (san) Juan Bautista (nombre que su madre le soplara al oído y al darse cuenta de lo sorprendido que había quedado el crío ante semejante escultura)… Imagen marmolada del Santo Profeta que se había autodefinido como una voz que clamaba en el desierto, para la conversión de los pecados y ante la inminente venida de un Alguien a quien, él, no era digno de desatar las correas de sus sandalias…

… Y aunque el pequeño Joan (Juan) pareció como detenido en el tiempo impactado por aquel majestuoso monumento, colocó –en gesto ágil- su bracito derecho en alto y el dedo índice erecto, señalando con firmeza hacia otro lugar de la Capilla…

Dos… – “¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor y permanecer en su recinto sagrado? (Sal 24 -23-, 3)

Estaba intrigado, por cierto, muy intrigado, sí, sí, y era un niño curioso, muy curioso (¿Cómo todos los niños, no?)… Pero que hasta ahí solo había podido fruncir el entrecejo, y a instancia, si se quiere, de un signo de procaz y filial inteligencia genética. Inteligencia que lo había llevado a seguir, sin dudas, la dirección indicada por el macizo miembro y uña diligente del protomártir cristiano y primo del Redentor del Mundo… Forma (brazo derecho y dedo índice extendidos hacia…) que Joan copiaba y reiteraba con la gracilidad propia de un niño, hasta verla indicando, con gran precisión y para su inocente asombro, a otra bellísima figura religiosa que, como a diez metros de distancia, se situaba –aunque de soslayo- por detrás del bizantino Altar donde el cura párroco oficiaba, a diario, la Santa Misa…

… Exultante figura religiosa, sí, a la que veía como enarbolada en una misteriosa esquina y en lo alto, como dispuesta, serena, secreta y enigmáticamente, sobre cierta pared contigua a la mencionada Mesa Sacerdotal…
Y allí fue cuando le sucedió.

Con gran excitación, fue en esa instancia de la recordada anécdota, que el Ing. Domingo Calisse reiteró, como poseído por la intensa extrañez de los recuerdos…: “Sí, allí fue cuando le sucedió. Allí fue…”. Para continuar narrando y señalando que, en efecto, allí fue cuando a su nietito se le abrieron grandes pero muuuyyy grandes sus ojitos azules y brillantes, y se tapó luego la boca con las dos manitas, y siseó aquel fortísimo ¡Ooohhh! de purísimo estupor y encanto que, de improviso, no pudo sino llamar la atención de sus mayores –ayudado por el estrépito eco burbujeante de la nave central- puestos al parecer y sin apuro alguno, en continuar observando, impávidos y con supremo deleite, los arabescos y renacentistas pormenores del hermoso Pesebre de la Capilla visitada… Un resonante ¡Ooohhh!, como aguda y llamativa expresión de asombro que, haciendo vibrar hasta el extremo las cuerdas vocales del chiquillo, lograría prestar una súbita atención a lo que, ahora (en ese entonces), el pequeño había descubierto… Y que no sería para menos.

… Puesto que lo que el niño develara y estaba contemplando en ese celestial instante, era una de las más sublimes y consoladoras imágenes de Cristo delineada en forma de espléndida pintura al óleo, y emplazada en aquel sitio reservado a solemne y recatada veneración de los creyentes… Y cuyo tamaño triplicaba la altura del inocente inquisidor… Curioso y tenaz crío que, recomponiéndose de aquel impredecible asombro, daba rienda suelta –exaltado y feliz- a una justificada alegría, mientras uno de sus pícaros y minúsculos dedos del brazo derecho (como lo hiciera hacia allí la majestuosa efigie del benemérito Bautista), apuntaba también ahora a la cercana cuan augusta pintura del Sagrado Corazón de Jesús, en tanto gritaba, a viva voz y sin cesar: “¡Yo también tengo dos! ¡Yo también tengo dos!… ¡Yo también tengo dos!”…

   … Ello, refiriéndose, por supuesto, a su actual edad (de y por ese entonces, claro) mientras la egregia e imponente imagen del Sagrado Corazón de Jesús, daba al mundo y en reconocido gesto de dos de sus dedos diestros (como si dibujara la invisible tríada de una cruz) la bendición “Urbi et Orbi”…

Es que Jesús, en la mencionada advocación (emparentada a la Divina Misericordia y fruto de dos de sus más proverbiales apariciones), cuando brinda su favor bendito al Universo, lo hace, y como bien constatara el pequeño Joan Bautista, dejando erguidos a  “dos” dedos de su mano derecha alzada: el índice y el mayor, significando con esto su Presencia en el Hombre niño y en el Hombre adulto, y reposando sobre la palma de dicha mano a los otros “tres”, denotando así a la Fe, a la Esperanza y a la Caridad, como virtudes de recogimiento teologal; y en una postura delicada que parece invitarnos –por tres veces- a acercarnos a Él, diciendo: “¡Venid a Mí…! ¡Venid a Mí! ¡Venid a Mí!”.   (O una interpretación metafísica particular que, por supuesto, no pudo ser captada prima facie por “nosotros”, los “ellos” que y sin embargo, escuchábamos la historia del “Jefe”, pero sin adherir aún a su creencia religiosa cristiana. Éramos, un año antes y al cabo de nuestra obligada visita turística a Alemania, uno de “aquellos intelectuales positivistas del Mundo”, para quienes la impetrada sabiduría de un Dios inexistente, ya de óleo, de mármol, de cera o de cartón piedra era, con científica certeza, una ingenua  locura -1 Cor 1, 18-23-, una espiritual necedad o una animosa necesidad…).

Lo cierto es que aquella bendición Urbe et Orbi se extendía mansamente “A la ciudad y al mundo” (y aludiendo desde el latín, al tradicional y beatífico saludo del Vicario de Cristo en la tierra); mas teniendo en cuenta que, en tal sentido, y cuando el Sumo Pontífice otorga dicho favor, no lo hace al estilo icónico del Sagrado Corazón de Jesús, sino con la palma de su mano derecha abierta y dibujando en el espacio-tiempo (como el Alfa y la Omega), a los dos (¿dos?) maderos de la Santa Cruz que la formaron, y en la que el hipostático Cordero de Dios ofreciera su vida, cual Mesías y redentor del mundo …

¡Y Tres! – “… El que tiene las manos limpias y puro el corazón; el que no rinde culto
 a los ídolos ni jura falsamente”  (Sal 24 -23-, 4).

… Y todos reímos… “O casi todos, ¿recuerdan?”,  comenta finalmente don Domingo Calisse, el Ingeniero y abuelo “chocho” o más que satisfecho que nos testimoniara de nuevo aquella anécdota vivida el año pasado y tan especial para él (y ahora también para “nosotros” –los “ellos”- como verán), festejando con su familia y cercanos feligreses, la aguda perspicacia de ese niño especial y creyente en un Señor de Todo y de todos…

 (… Si, es cierto, todos rieron, excepto aquellos otros, los “nosotros”, los “ellos”, los integrantes del equipo ingenieril turístico del bueno de Calisse, ensimismados o distraídos -en aquel entonces- por los acordes siempre imperfectos de los sonajeros progresistas de la Ciencia Humana, y por los que no habíamos querido o podido conocer todavía a Quien Sería, Es y Hace Ser, el auténtico Camino, Verdad y Vida para la Humanidad de todos tiempos… Y que, por recato, entretanto, esperábamos fuera del Templo  guareciéndonos, bajo el atrio, de aquella imprevista nevada que había comenzado, de improviso, a caer

  … Y, con el Misterio aún velado a nuestros ojos incrédulos rendidos a la sola Razón de la existencia y justificada por un dudoso Big Bang, recuerda también Domingo como hubo gozado de su Fe -aunque sin decir palabra alguna-, permaneciendo frente a nosotros de pie como un ser intangible, y respetando así nuestra consciente voluntad atea, así como hasta ahora, “nosotros” (los ellos o aquellos), lo hiciéramos con su voluntad creyente… Sí, “nosotros” (los ellos o aquellos) los que desconociéramos “setenta veces siete” y sin saberlo (como parte de la fragilidad y falibilidad del Hombre Viejo de dura cerviz caído en las tinieblas del pecado, el error y la humana ignorancia cosmogónica), la profunda e indubitable certeza advertida no solo por un lejano profeta y Protomártir de su gesta salvífica, sino por un “igual” a “nosotros” (los ellos o aquellos); y quien, desde su vasija de barro y sus sueños alados de avezado piloto aeronáutico, proclamara con pureza de corazón y recta intención, aquella inolvidable y literaria sentencia: “Lo esencial… es invisible a los ojos”).

Y dejamos de reír (vuelve a recordar Domingo)…

Entonces ellos (aquellos), “ustedes” – asevera sonriendo- ya frente a la Verdad, descentrados primero y a la postre conversos, comenzaron a mirarse los unos a los otros y a mirarnos a los… tres (Domingo Fe, Jorge Esperanza y Juan Caridad) con unos ojos abiertos, abiertos…, muy abiertos (como los del alma de Joan al descubrir el gesto ecuménico de Cristo Jesús), preguntándose y preguntándonos –afirma Domingo, turbado por su propio comentario- la causa última de aquella, nuestra risa alegre, de pronto suspendida…

(“Y les comentamos, ¿recuerdan? Apena salidos del Templo… Aturdidos de una inaudita felicidad, ¿recuerdan?… Y les comentamos… -insistió finalmente Domingo, mientras, en la pista de Ezeiza, nuestro avión ya había desplegado escaleras-. Sí les comentamos absortos lo vivido en aquella mágica capilla del Santo Pesebre… Y entendieron entonces el porqué de la abrupta y respetuosa suspensión de aquella, “nuestra risa alegre”; tan alegre como la de los niños pequeños cuando suben a un tiovivo… Es que bajo la gloriosa e inocente mirada encendida de Joan Bautista, y bajo la impronta de lo impredecible e inesperado –afirmó, acomodando en sus hombros el bolso de viaje-, se nos había revelado, con el soplo de la merced divina y su perfecta Trilogía Mystagógica, la asimismo perfecta, circular y misteriosa Ley del Universo creado por obra y gracia de la dicha y suprema Trilogía de Amor, recordada en boca del genial Antoine de Saint Exupéry, cuando su Principito enseñara que, eso es, lo esencial era invisible a los ojos (a los ojos de la carne humana…).

De hecho, no hubo razón científica o teoría explicativa que lo fundamentara

Porque también nosotros, los ellos, estupefactos técnicos agnósticos y ateos, expertos en biotecnología, advertimos de pronto como aquel niño llamado Joan Bautista –y que de seguro nos había abierto “ahora” los ojos, pero del alma-, se transfiguraba todo a partir de su aquella, prístina mirada, y en el… ¡Niño de Belén! Sí, en el Niño de Belén, tan puro, reluciente y bello delante nuestro (los aquellos), mientras la Voz del Mensajero del Verbo, que mora y resuena solo en los espíritus encarnados nutridos en las esencias del Misterio de la vida para la Vida, nos explicaba, como por el sonoro estruendo de un jordánico trueno galileo: “Así es, hermanos… A Dios no se lo comprende. Tan solo se lo ama y sirve con amor; con el mismo amor con que Él nos amó primero cuando todavía éramos pecadores”…

Fue entonces y sólo entonces, cuando esta vez todos juntos nos pusimos -todos en Todo, felices y al unísono-, a reír, a reír y a reír, mientras chapoteábamos -más vivos que nunca- en aquel brillo de niño transfigurado en Dios y contagiado también a nuestras personas como vueltas a nacer (de lo Alto), y reflejadas sin más en el agrisado sendero de retorno; en tanto que, bajo aquel cielo invernal, comenzaba a asomarse, inexplicablemente, un rayo de sol que caldeaba –aunque tibiamente- nuestro germano camino de vuelta al hogar…

   (Atrás, por unos días al menos y hasta el ansiado 25 de Diciembre cumpleañero y navideño de Joan, la nevada, reluciente capilla Bet Léjem del Santo Pesebre, sita en el Barrio Lichtflendwest de Berlín, y en tiempos del Cuarto Domingo de Adviento Navideño).

 Bet léjem o Belén: nombre propio derivado de Betania, femenino de origen hebreo, que significa Casa del pan.-

UN RELATO DE NAVIDAD
Carlos Gonzalez Saavedra
Argentina
                          
Ese domingo estaba ansioso, más que otras veces. Si bien conocía Río, en mi cuatro viaje me faltaba conocer el Río profundo donde se respira Brasil en las paredes. El Samba y  pobreza de las favelas. Contrastes y desigualdad de un país maravilloso.
El brasilero común, de la sonrisa permanente, de la onda que te invade. En cada rincón, en cada vuelta de la esquina hay una sorpresa rayana en la bohemia, melancolía y esa fuerza increíble para salir adelante, cantando a pesar de todo.
Todo eso, ni más ni menos, de la mano de mi hijo Federico, residente en Río hace nueve años.
-Viejo, ¿que queres conocer bien?.                                                                         
-Un barcito de esos donde se hace música con una tapita de coca o una latita de cerveza.
-Bien, esta noche vamos a lo de Alfredo.                                                         
-¡Dale! Ya me gustó la idea con solo conocer el nombre de pila.
Allí fuimos, domingo a las nueve de la noche, imaginé un bar grande, no un sucucho que no tenía más de ocho metros de frente por doce de fondo.
Fede me presenta a Alfredo. que permanecía sentado en la puerta del local en una mesa, con una planilla que anotaba las consumiciones.
-Viejo, el tema acá es así: En el fondo tenes dos heladeras cargadas de cervezas, una con alguna botella de vino y agua. Una barra para lavar alguna copa y un bañito. Te servis y le avisas a Alfredo lo que tomas, el anota y al irnos pagamos.
En un costado del angosto salón, habia una madera donde uno ajustado apoyaba el codo, tomando una cerveza, en el medio sentados en sillas o bancos comunes músicos y mas gente en la calle que  del local.
-Asombrado ¿Por qué se llama Bip B
-Alfredo le puso ese nombre por el corre caminos, no se le ocurrió otro. Cerveza mediante Fede acota, ojo acá no se aplaude, está prohibido. Solo se casquilla los dedos, por respeto a los vecinos, a la música. Si hay mucho bullicio Alfredo ¡No sabes como se pone!
El samba recorría las paredes y nuestros oídos. Era un momento y un lugar pleno de magia, cuando cantaban, lo mismo. Venían unos, otros se iban. Siempre ocupaban los banquitos. Tocaban con instrumentos pero también marcando el ritmo con cucharitas.
-Viejo, este es un bar socialista. Los martes se viene a hablar de política. Los músicos son profesores del conservatorio,  como algunos de canto.
-¿Como los músicos también pagan lo que consumen?
– Acá, todos pagamos papá, ellos también.
La bohemia me arrancaba el corazón. Fui dos veces al baño, para quedarme en la barra de atrás, observándolo todo. El bullicio iba subiendo en intensidad y el número de gente en la vereda crecía y hablaba.
Furioso se levantó de su silla, los músicos dejaron de tocar y un silencio sepulcral se adueñó del lugar. Alfredo se había enojado.
Alfredo tenia problemas respiratorios por el cigarrillo, cercano a los sesenta y cinco años, se ponía colorado y hablaba salteado para poder tomar aire:
-Acá venimos a escuchar música y disfrutar. Si hablamos gritando, no escuchamos la música y es una falta de respeto a los vecinos. Todo en un portugués cerrado propio de Copacabana. Si no les gusta, se van y listo.
Lentamente después de su alocución, complicada por su falta de aire, una suave y dulce melodía de una flauta volvió a la normalidad. Alfredo se habia vuelto a sentar.
La noche se nos iba de las mano, eran como la una de la mañana y seguía llegando gente.
-¿A que hora cierran Fede?
-Hasta que salga el sol. Nosotros, si queres en una hora más, nos vamos, viejo. ¡Mañana tengo que laburar!
-Si, hijo cuando me digas.
-Quedémonos  una hora más.
-Dale
La paredes  impregnadas de nostalgia, decoradas con recuerdos, fotos y en una de esos cuadritos medio perdidos en un rincón, encuentro un diploma con una Distinción del Ministerio de cultura. Nombrando a Bip Bip tal cual su nombre, lugar cutural de Río de Janeiro. Cobró otra dimensión donde me habia traído mi hijo, cuna del Samba y autóctono sentir de Brasil.
Solo tomaba cervezas iba por la quinta y veía  como Fede se divertía con ellos, aprendí los secretos de la pandereta, tan famosa por su ruido, Tan característicos toca con el movimiento de la muñeca. El profesor nos señalaba.- Ven esa niña está tocando mal.
Para mí, tocaba bárbaro. Hasta que la sentí,  por el. Su sonido, me transformaba. Eso sí que era maravilloso, como todo lo que estaba ahí.
Mientras la música acariciaba los oídos y todos meneábamos el cuerpo al compás. Una muchacha con una lata de helado de cinco litros, con una ranura en la tapa invitaba a todos una propina. Será para los músicos, pensé.
-Fede muy bueno el lugar, quedé encantado. ¡Como tocan, que maravilla! ¿Ahora cada uno se paga su cerveza? ¡Increíble!, menos mal que después con la propina se arreglan. Hermoso regalo me hiciste hijo.
-¡No, viejo! Ése dinero que se junta cada noche, durante todo el año, es para el día de Navidad!

-¿Cómo?

-Alfredo el día de Navidad pone las mesas en la calle y le da de comer a todos los indigentes y vagabundos que no tienen donde ir. Hace una gran mesa y brinda con todos ellos, por la Navidad.
Ese comentario, terminó por darme una dimensión mucho mas profunda de Alfredo y sus músicos, de su altruismo, de su humanidad. Rescatando al hombre concreto de una sociedad injusta y salvaje.
Me impactó mucho emocionalmente.
Antes de irme volvimos y tuve la oportunidad de confundirme en un abrazo con Alfredo, cosa inusual según mi hijo .Le había escrito un poema al lugar. Fede se encargó de dárselo a su amigo para que se lo traduzca. Seguramente  fue por eso que me abrazó. Sentí su emoción.
Lo abracé por tantas cosas, que no me alcanzaban los brazos para decirle gracias.
No sé, me sentía en deuda, con él.

Alfredo falleció de un enfisema pulmonar, hace un año y medio. El amigo de mi hijo, no recuerdo su nombre, quedó a cargo del lugar. Después nos invadió la pandemia y no pude volver.                                               

Me gustaría volver al Bip Bip y ayudar a servir la mesa ,rescatando miradas de agradecimiento y  felicidad por Alfredo, por su inmensa humanidad.
Brindando, con ojos escarchados, por una ¡Feliz Navidad!

SOBRE JESÚS.
Jaime Hoyos Forero
-Colombia-

En casi todo el mundo occidental estamos en el año 2020 d. C., es decir, que Jesús nació hace  dos mil veinte años, según las cuentas hechas por el monje benedictino Dionisio el Exiguo, célebre matemático y astrónomo, quien recibió del papa san Hormisdas , en el siglo VI, el encargo de establecer el año del nacimiento de Jesús, para comenzar a contar el tiempo desde ese momento. Y Dionisio fijó el nacimiento del Salvador en el año 753 a. u. c. (Ab urbe condita, esto es, 753 años después de la fundación de Roma, según el calendario de esa época). Así, ya  no se volvería a decir «año 753» sino año 1 de la era cristiana (1 d. C.).

Pero he aquí un grave «pero»…Dionisio el Exiguo se equivocó. Tomó el año 753 como el año en el que Herodes el Grande, rey de Judea, ordenó matar a todos los recién nacidos en Belén, porque los exégetas le dijeron que según las escrituras, estaría naciendo en Belén el rey de los judíos (Jesús). Herodes asumió que Jesús lo destronaría y acabaría con la dinastía herodiana. 

El error de Dionisio: Herodes el Grande no mandó matar niños en el año 753 a. u. c. porque según todos los registros inequívocos históricos , Herodes ya estaba muerto…Murió en el 750. Y mandó hacer la matanza de niños, dos o tres años antes de su muerte, es decir, en el 747.

Como entre el año de la equivocación de Dionisio (753) y el año en el que Herodes ordenó la matanza  -y en el que Jesús ya había nacido- (747) hay seis años de diferencia, jesús no murió a los 33 años de edad sino (33+6) a los 39. Y no hay   2020 años transcurridos desde su nacimiento, sino 2026.

CELEBRAR LA NAVIDAD
Diana Silvia Ismael
Argentina

Cómo recibir esta Navidad, después de días aciagos y en un clima enrarecido por la pandemia.?
Pinceladas de sombras se abaten sobre nosotros… y el miedo se cuela por las cerraduras, sentimiento de baja vibración, que nos paraliza y empobrece espiritualmente.
Tiempos para reconocer nuestra fragilidad y vulnerabilidad ante un futuro incierto…nuestra humanidad herida.
Tiempos donde las sombras personales y colectivas, se manifiestan en su totalidad.
Luz y oscuridad…
Tiempos de RESILIENCIA .
Tiempos para aprender a descubrirnos a nosotros mismos, de proteger la salud mental de nuestros seres queridos y amigos, ante el dolor por las pérdidas; que generan un gran vacío en el alma…
Manos siniestras abrieron la caja de Pandora y solo quedó en el fondo Elpis…
Solo la Esperanza… enraizada en nuestra mente, bálsamo para curar nuestras heridas y volver a empezar.
Una NAVIDAD diferente estrictamente espiritual, promoviendo el amor a la vida y a la comunidad. Recuperando la humanidad.

Deseo volver a ver en los niños, su frescura, su inocencia, sus eternas piruetas…
Que la familia pueda volver a nutrir esas almitas puras, ese universo impregnado de emociones, sensaciones. Ese mundo mágico…
Buscando y encontrando a JESUS en una oración…
" De hecho el que está orando, el que está vivo dentro de ti, el que respira en ti, es
DIOS ".
Que nada nos arrebate la magia de ésta NAVIDAD!

 

LA OTRA NAVIDAD
Elsa Lorences de Llaneza
Argentina

Jamás pensé, en mis largos años de vida, que iba a tener que pasar una Navidad distinta. Una Navidad con el dolor de tener toda la familia separada, sin la cena navideña, sin el Jo. Jo. Jo. de Papá Noel, que alertaba a todos que venían los regalos.

   Una Navidad penosa. Sin brindis, sin abrazos. En muchas casas con la tristeza de la muerte rondando  sus casas debido a un Covid maldito que asoló a un mundo desprotegido.

   Pienso en aquellas otras Navidades en que corríamos en búsqueda de la comida más rica, de los regalos, de disponer la casa para que todo brillara, de elegir la ropa para ser la más linda de la reunión.

   De improviso mi pensamiento me llevó a la primera Navidad. Aquella de hace más de 2000 años atrás, en que un hombre y una mujer se cobijaron en un pesebre para recibir a un niño que llegaba adelantado.

   Un pequeño niño que era hijo de Dios y que llegaba al mundo sin música, sin regalos, fuera de su casa donde tenía todo preparado. Ese niño que llegaba en silencio, muy humildemente , acompañado solamente por su Madre, su Padre putativo, una vaca y un burrito e iluminado solamente por una estrella que traería la Luz del mundo.

   Me senté en el sillón y me puse a pensar. ¿No estaremos equivocados en festejar la llegada del niño como la festejamos?

 ¿Con esta Pandemia, larga, larguísima, lamentable, Dios no nos ha querido hacer ver que no estábamos haciendo las cosas bien?

¿Qué la cena opulenta, los brillos, los trajes de fiesta, los brindis y los regalos eran para lucirnos nosotros, no para festejar el cumpleaños de un niño, al que tenemos guardado en un rincón de la casa, de adorno y al que ni miramos siquiera, salvo honrosas excepciones? Ese niño recién nacido, que quiso salir al mundo, en pobreza, para valorizar el amor de todos y para todos.

   Ahí me di cuenta que la anterior Navidad estaba equivocada. Que en esta iba a vivir la verdadera. Más triste sí, más penosa tal vez, pero pensándolo bien no tan lamentable si vamos a acompañar en su soledad a Jesús, José y María y a las doce de la noche, en vez del brindis  por nosotros, elevamos una oración por todos aquellos que estarán solos en los hospitales, tal vez agonizando sin su familia a su lado. Una oración por  los pobres y por los niños que no tendrán juguetes ni comida.

   Y mi pensamiento fue más allá. ¿Qué tal si prendemos una velita y le cantamos el Feliz Cumpleaños al niño Jesús para que esta nueva Navidad sea más completa?

   Tal vez aprendamos de esta y el año próximos, si Dios quiere todos reunidos nuevamente, festejemos con otros sentimientos, con otros valores que tanta falta nos hacen y la Paz tan deseada nos anidará en el corazón para siempre.

 

UNA NAVIDAD DIFERENTE
Manuel Llaneza Blanco
Argentina

Era 24 de diciembre de 1962, fecha grabada por siempre en mi memoria.
Ciudad de Barcelona, España. Había amanecido cubierta con un manto de nieve como hacía muchos años no se recordaba.
Completamente paralizada, aún mostraba a mis ojos un encanto único. Con mis 20 años era una novedad, también para muchos barceloneses, que nunca habían visto su Ciudad Condal absolutamente cubierta y paralizada por el fenómeno climático.
No todo eran rosas para mí. Esas bellas imágenes, acompañarían especialmente la tristeza de mi partida hacia otras tierras en busca de un nuevo y mejor horizonte.
En compañía de mi padre, pasaría mi última Navidad en mi patria. Una mezcla de sentimientos me embargaba.
Tristeza por la inminente partida, debía embarcar el día 26 de diciembre, hacia mi destino en Argentina, donde esperaba construir un futuro y una familia.
Angustia que oprimía con fuerza mi pecho, pensando en mi padre, y la posibilidad cierta de no volverlo a ver. Era mi única familia cercana, ya que había perdido a mi madre unos pocos años antes, y soy hijo único.
Me ayudaba saber que mi padre estaba de acuerdo con mi partida, y me había animado a hacerlo. Creía firmemente que con mis tíos podría construirme un mejor futuro.
Sin duda era una Navidad diferente a todas las que hasta ese momento había pasado.
En tiempo presente se acercan las Fiestas Navideñas 2020. De nuevo el destino me las hará vivir diferentes. Llegada esa hora mágica, 12 de la noche del 24, no podré abrazar a mis hijos, nietos y resto de mi familia. Solamente tendré a mi lado a mi querida esposa.
Sera una Navidad Virtual.
Ahora más que nunca deberemos hacer valer el espíritu navideño.
El nos ayudará a añorar un poco menos, el calor cercano de nuestros mas entrañables afectos, el abrazo apretado y a la familia reunida.
El símbolo y la magia de la Navidad debemos preservarlos, llenándonos con su espíritu. Nos ayudará a transitar los momentos de zozobra, obra de la pandemia que nos invade, cambiando nuestras vidas en muchos sentidos.
Cincuenta y ocho años después, el destino vuelve a ponerme ante una Navidad Diferente, aunque esta vez con una ventaja, estoy anclado a mi familia, y espero, aunque sea virtualmente poder celebrarla.
Seguramente vendrán tiempos mejores, esta esperanza ayuda a mirar con renovada fe hacia adelante.

FELIZ NAVIDAD.

 

SOLAMENTE TE PIDO UN BESO
Dr Jorge Bernabé Lobo Aragón
Tucumán-Argentina

Esta noche solo te pido un beso que  este mes será Navidad. Es que través del milagro del nacimiento eterno, deseo revalidar una vez más, que estoy con vida. Alzo la mirada desde un caballo zaino y desde mi nido ancestral, los valles del Aconquija, rodeado de montañas que se extienden entre  laderas, vertientes y quebradas, advierto la espesa briza bajar. Percibo impetuoso el verdor de las montañas, el color de las flores, el aroma de la tierra mojada, el baile de los árboles,  y el aire entre la roca que se hace sentir vivamente. Sentado en mi montura criolla, desde la loma alta, logro captar la música del viento y contemplar la danza de los halcones revoloteando en búsqueda de su presa. Así, como los pastores en aquella noche eterna, puedo en la sombra profunda de la naturaleza, escuchar en mi interior, la sublime melodía de un Gloria a Dios en las alturas. Siento al entorno que me envuelve, interactuar, activo, enérgico, en una armonía infinita  con todos los hombres de buena voluntad, entonada en lo más secreto de mi corazón.  Frente  a la Navidad mayúscula que se adviene, única verdadera, olvidamos que el pino, el nacimiento y los adornos tienen un sentido cristiano profundo, de gran recuerdo y enseñanza. Con el “muérdago” de la paz entre mis manos, de baya blanquecina con troncos y ramas de árboles, deseo trasmitir a todos mis lectores y quienes editaron mis opiniones un saludo renovado de navidad en este año tan especial. En esa noche de paz mi querido lector, cierra los ojos y pide un deseo. Sentirás entre luces de colores un repique navideño.  Esa nochebuena se quedara conmigo para siempre, porque tú lector, eres el mejor regalo que me puede llegar. Esa noche  única solo hazme un favor, dame un tierno beso debajo del muérdago y del cielo universal. Con tu color amarillo, rama de amor, ayúdame descubrir  con mi pluma los tesoros enterrados del universo. Arbusto predestinado te invito a volar para ofrecer, junto con el pino o el abeto, de robles, encinas y álamos un toque de color a las fiestas de Navidad. 

NAVIDAD 2020
Ángel Medina
Malaga-España

 “Et Lux in tenebris Lucet”

Una luz brilla en las tinieblas. Aflora la sensibilidad. Son días de reuniones familiares y comidas copiosas donde no falta el recuerdo de los que se han ido. (aunque este año muchos tendrán que celebrarla telemáticamente debido al Covid) Festejamos una fiesta especial. Pero, ¿nos hemos planteado qué es lo que realmente celebramos?
Dejadme comenzar con un cuentecillo, mitad reflexión, mitad poesía.
Érase una vez un hombre que vivía en el interior de una cueva. Allí había nacido y aquel era su mundo. Un día se coló por el techo de la sima un pequeñuelo.
– ¿De dónde vienes? – quiso saber.
– Vengo de donde buscas con la mirada por tu huequecillo. El mundo como infinito.
– ¿Acaso existe otro lugar más habitable que mi gruta?
– Incomparablemente mejor. Solamente saliendo donde está la luz comprenderás tu propia oscuridad.
– ¿Por qué habría de hacerlo?
– ¿Por qué no? Si no lo intentas, nunca lo sabrás.
– ¿Cómo puedes tú decirme a mí esto? – enfatizó con enojo, haciendo valer su madurez.
– Hay hombres cuya esencia está confusa en su mente. Esos hombres deben hacerse como niños, sin dejar de ser hombres, para reencontrarse consigo mismo.
Pero, el hombre de la caverna se había conformado con lo que tenía a su alcance, porque a lo largo del tiempo vivido su espíritu se había estrechado. Prefería permanecer acomodado en la incomodidad de su madriguera que arriesgarse a dejarla por lo desconocido. A fin de cuentas, lo que tenía era para él todo el mundo habitable. A los que corren en un laberinto, su propia velocidad los confunde.
Nos acercamos a la Navidad. ¿Nos ayudará para rehacer algo?

El Niño dulce que nos presentan con áureos tirabuzones suscita ternura, aunque aquel mísero pesebre recuerda la pobreza de tantos otros niños que nacen urbe et orbi. Nació, no con un pan bajo el brazo, sino abrazando la penuria.  Pero, el hombre que lleva dentro para desarrollarse nos plantea todo un reto. Un niño es siempre una criaturita que provoca sentimientos bondadosos, incluso en aquellos que son la hosquedad de la vida. Sin embargo, cuando crezca será una señal para el mundo, al que se puede aceptar o rechazar, pero que nunca nos deja indiferentes si lo tomamos en serio. Y la vida es algo serio. Vino al mundo para enseñar qué es un Hombre. Un hombre que pronto entrará en conflicto con la sociedad de su tiempo.
El hombre se parece a la araña. Teje una tela para atrapar a los demás, pero corre el riesgo de quedar apresado en ella. La abundancia del mal ahoga el bien.
El Niño trae la esperanza. A pesar de la opresión real, la tela destructiva del hombre no acabará asfixiándolo. La vida es más que la muerte. Es la parte primera del primero de los Mandamiento. Y, como resulta difícil amar a lo que no se conoce, lo que en el fondo se nos pide es depositar en él la confianza, a pesar de la dureza de la existencia.
La segunda, la otra cara de la misma moneda es la de que el hombre entregue también su amor a los demás. Hoy, como hace dos mil años el hombre necesita liberarse de las ataduras propias y extrañas. Aquel niño-hombre asumió el papel de un hombre cualquiera, y lo que encontró a su alrededor fue que la imagen de Dios había sido sustituida por el pensamiento de los hombres; no era el hombre imagen de Dios, sino Dios imagen del hombre para poder manipularlo en beneficio propio y de las instituciones. Y, falsificado Dios, se falsifica al hombre. Por eso, jerarcas y fariseos desfiguraron su rostro, colocándolo fuera del mundo, cuando Él vino precisamente para ser señal en el mundo. El poder impuesto por Roma había sometido a Israel y exigía el culto al emperador. Diosecillos que rigen el mundo. También hoy los partidos políticos y las ideologías materialistas seculares que los sostienen, al amparo de las democracias, que dicen ser en razón de humanizar al hombre, se sirven de él en lugar de servirle. No es el sábado para el hombre, sino el hombre para el sábado. E incluso los ricos epulones que arrojaban sus migajas a los pobres lázaros, se reproducen en cada época, acaparando unos pocos lo que necesitan los muchos. No han cambiado mucho  las cosas desde entonces.
Está claro que, quien se enfrenta a todo esto sabe que se expone a ser crucificado. Quizá, hoy, no en sentido literal, pero, ciertamente será expulsado a las tinieblas externas por enfrentarse a ellos. ¿No es esto lo que debemos intentar hacer los hombres para crear una sociedad más justa e igualitaria?
En resumen: la trascendencia hace que en su inmanencia el hombre pueda humanizarse. El peaje es la entrega de sí mismo.
Este podría ser el mensaje de la Navidad, más allá de comer mantecados y borrachuelos (que también): dar un giro a la mentalidad y a los valores por los que nos regimos. Iniciar la andadura del camino que lleva de ser hombre masa a hombre singular.
¡FELIZ NAVIDAD!

 

 

OTRA VEZ,  NAVIDAD
Teresita Morán Valcheff
Argentina

Otra vez las campanas de Navidad resuenan en la alegría de esperar al Niño…otra vez me regresan a la misma escena, a la misma obsesión…
     Era el tiempo de nuestra infancia en Merlo, la  casona paterna, la plaza al frente, y más allá, contra el añil de las sierras, la capilla de Nuestra Señora del Rosario con su torre y su campanario, blanco solar de Modesta y  Bienvenida, que en su límpido cristal, al llamar a misa, parecían decir:

                                                         ¡Panchito Alaniz
                                                         pupito e´perdiz
                                                         sacate la bota
                                                         ponete el botín!

Tal vez, hermanita, Estrella de mar, como te llamaba el abuelo, estén tañendo para vos en otro cielo.
     Hoy te perdí por segunda vez y no puedo perdonarme semejante descuido; cómo pude soltarte de mi mano si eras el preciado tesoro que siempre llevaba conmigo y me acompañaba desde la niñez. Ahora, para no olvidarte sólo puedo pensarte, una y otra vez, para fijar en los recodos calientes de la sangre tu imagen, congelada en aquel manto virginal que hacía más  inocente la mirada de tus ojos celestes y envolvía tu cuerpo, con amoroso candor.

    Era la Navidad de 1950 y frente al pesebre viviente se había congregado el pueblo para ver a los Reyes Magos y a los pastores que llegaban con sus ofrendas y las colocaban al pie del Divino Niño que María, José y los ángeles custodiaban. Cada uno se presentaba con una pequeña poesía, acompañada por villancicos y cantos celestiales. Mi timidez me había impedido participar pero vos, hermanita tenías el papel de la Virgen María, nada menos, y con qué celo y elocuencia lo cumpliste.

     Había que detener el tiempo y guardarlo en  un cofre de fragancias eternales y así se hizo; cuando se acallaron los cánticos y se apagaron las luces, tomadas de la mano de nuestra madre, caminamos bajo las estrellas hasta la puerta de una casa de paredes descascaradas y amarillas, al frente de la plaza. Todavía recuerdo  como si fuera ayer,  aquel cuarto pequeño, con una sola silla de paja, contra el oscuro telón de fondo y a vos hermanita, envuelta en tu manto celeste, sentada muy erguida, con la mirada fija en aquella manga negra de donde partió el disparo luminoso que grabó en sepias y colores prestados, aquel instante unánime. Afuera, en un rincón de la noche, un grillo tañía desvelado los minúsculos cristales de su lira.

   Muchas navidades pasaron desde entonces, con su árbol, las luces, los regalos, la Misa de Gallo,  en Villa Mercedes donde yo fundé mi familia o en Buenos Aires, donde vivías con los tuyos ¡tan lejos de nuestras sierras y de aquella infancia feliz!

    Mi alma se desgarró cuando el celeste de tus ojos me abandonó, hace ya tantas y tantas soledades. Y ahora… la pérdida es definitiva y el desconsuelo abrumador. Te dejé, con tu manto celeste, en aquella fotografía, desgastada pero nítida todavía, entre las hojas de una libretita, regalo de Navidad, que me acompañaba siempre, en el asiento de aquel tren amargo, que cabalgando hierros, se perdió en la noche.

 

NAVIDAD DIFERENTE
Por Gustavo Páez Escobar
Colombia

En medio de la pandemia que azota al planeta y ha infectado a más de 70 millones de personas y dejado más de 1,6 millones de muertos en el mundo, aparecen las luces de Navidad. Son luces titilantes que muchos pretenden que sean las de todos los años, pero esto es imposible. Las ciudades comenzaron a encenderse poco a poco, y los árboles y los sitios tradicionales se iluminan a medidas, en pretendida búsqueda de la fiesta universal que esta vez está postrada por el infortunio. En Colombia, el país que respiro todos los días, ocurren alrededor de 8.000 infectados y 180 muertes cada día, y los muertos pasarán de 40.000 al finalizar el año.    

El mundo sufre de miedo. Miedo a la enfermedad y a la muerte. Las estadísticas no cesan de arrojar números en constante ascenso que señalan la fragilidad de la vida ante la crueldad del virus. Las primeras noticias que dan la radio y los periódicos son las relacionadas con los contagios y los muertos del día anterior. Y en la noche se incrementa el dato con la calamidad del nuevo día. Así, se ha llegado a la tétrica realidad de 10.000 personas fallecidas todos los días en el planeta.

Cada país y cada ciudad o pueblo se estremecen con sus propias cifras. Los controles sanitarios, que en algunos sitios se ejecutan con disciplina, en otros han perdido rigor. Las naciones en general tienen que declararse derrotadas por ese enemigo común que se llama coronavirus. Un enemigo minúsculo e invisible que se ha agigantado hasta convertirse en la mayor amenaza, hoy por hoy, para el género humano. Cumplimos 10 meses de lucha contra la enfermedad, y la batalla apenas comienza a dar voces de esperanza con la aparición de la vacuna.

Ese es el presagio que anuncia esta Navidad. Es la Navidad de la esperanza. Un amigo pesimista me preguntaba si podía confiarse en el descubrimiento de la vacuna cuando la historia indicaba que se gastarían 2 o 3 años hasta obtenerse su aprobación. Como soy optimista, le respondí que la vacuna estaría lista en el primer semestre de 2021. Dicho y hecho. Sin ser profeta, acerté. Eso era lo que intuía sobre lo que estaba sucediendo en las grandes farmacéuticas con el impulso de la ciencia y del capital, y movido además por la carrera de la competencia entre los países poderosos. La época actual es muy distinta a la de los viejos tiempos.

El propósito de esta nota es el de sostener que estamos a punto de ganar la batalla. Pero no cantemos victoria antes de tiempo. Ojalá las poblaciones y las familias no se desmidan en la celebración de las reuniones y las fiestas navideñas y sepan proteger sus vidas y el bienestar de sus hogares contra el riesgo de los alborozos sin control. Hay que ser responsables. La responsabilidad es de cada cual.

Esta es una Navidad diferente a todas. El tapabocas se convirtió en una imagen infame de la época. Todo el mundo anda embozado en él, como huyéndole al propio demonio, y sabrá con el paso del tiempo que esa fue la enseña de un momento desventurado del mundo que deja al mismo tiempo penas y reflexiones.

La esperanza nos salvará. Recapacitemos en esta frase de Gabriel Marcel, gran dramaturgo y filósofo francés: “La esperanza es para el alma lo que la respiración para el ser vivo. Cuando falta la esperanza, el alma se anquilosa y extenúa”.

NAVIDAD
Amanda Patarca
Argentina

Acápite: “Todo está en la gestación y luego en alumbrar”, como dice Reiner María Rilke, en su libro Cartas a un joven poeta (Editorial Colomino, La Plata Bs. As 1944).

Lo que la Naturaleza a propiciado siempre (así parece) es dejar que se vaya cumpliendo, de instante a instante y en sucesión ininterrumpida, lo que en el interior del ser humano fluye constantemente, imponiendo su impronta, desde que llegó a la Tierra, aunque éste no se percate, a veces. Haciéndolo de la misma manera -silenciosa y sosegada- como la sangre pulsa, al forzar su recorrido por el circuito ubicado en el interior de nuestras venas y arterias, en movimiento ininterrumpido desde su inicio, ocurrido dentro de la primera mujer: Eva,  esa gigantesca, delicada y rústica gestante y paridora de humanos, dotados, desde siempre, con un cuerpo, y con un alma, además. Alma, cuyo ilimitado movimiento de apertura sostenida, constatada por los místicos que aseguran saber de almas, al cobijar sensaciones indescifrables y carentes, en consecuencia de signos distintivos, como para poder otorgársele, a ésta, la categórica y definitiva envergadura de ente generador de progreso, aún desconocido -en buena proporción-, dio, siempre, como consecuencia -efecto o resultado-, que sólo el dueño de esa alma, o sea: el ser único que la porta dentro de sí, pueda, reconociendo o no, ese fenómeno, llevar ese progreso hacia adelante, hacia el mañana. Para sacarlo a la luz cuando la oportunidad de ese anhelo ignorado aún, haga su entrada llenándola plenamente, consiguiendo, así, eficacia. Y todo esto sucede de manera inmanente, sin trascender, así pareciera, por resultar, ese alma, invisible e imperceptible a todos los sentidos, propios y ajenos. Y por iniciar, esta alma, su acción de desplegar amplitud, a partir de un mísero dejo de estímulo, sin sentido ni significación alguna. Y es allí, donde se encontraría el todo, para el cambio: En el cruce del alma estimulada con ese leve toque y el cuerpo puesto en acción, dirigiéndose al progreso, sin presentirlo siquiera. Alma y cuerpo, en conjunción instintiva, uniendo el instante -transformado en  ahora- con el hoy, con el mañana y con la eternidad. Cópula -o conjunción- dentro del alma que siempre tiende a expandirse, cuando decide lograr sus objetivos, cuyas causas misteriosas, por gestarse y quedar intrínsecamente resguardadas, sólo se conmueve, permitiendo la explosión del fenómeno progreso, cuando, convencidas comprenden que se hallan transitando, deslizándose sobre el tiempo o dentro del tiempo de la oportunidad. Estamos adentrándonos en especial en el Ser Humano con cuerpo y alma: esperanzada. Dual fórmula, ésta, que la naturaleza elevó a ley para gestar al hombre (varón – mujer) entero y con toda su bivalente memoria, en su A.D.N. Y con un espíritu (el numen movilizador) cobijado dentro de esa alma invisible y, a la vez, sostén poderoso de todo lo iniciado entre sus límites, para el logro del nacer, primordial y perpetuante, del nuevo ser concebido, terminado ya y pronto a salir del vientre de su madre. Para acomodarse al goce y a la tristeza, según como registre, cada hecho consumado en el futuro, su propia sensibilidad. O para el goce y la tristeza -muchas veces, necesaria, esta última, según Rilke, para producir un cambio en algún ser abatido por las circunstancias negativas, por las cuales le toca transitar-, que registre el ser vital y consciente, crecido o adulto -no recién nacido-. Ya que el cambio que dentro de él se produzca le permitirá el acceso al renacer esperanzador, cumpliéndolo, con alegría. Y es también allí, justo allí en la intersección de ese punto en donde se cruza el aquí y el ahora, que, en lo concerniente al fenómeno humano-reflexivo del “darse cuenta”, hoy podemos asegurar, que con él, el cambio deviene; aparece siempre abarcando, también, todo. Ya que el cambio de actitud, individual, como la ley dominó establece, colabora con el arrastre de todo cuanto se manifieste pasible de  cambiarse, ubicado dentro de lo ya creado. Eso, atento a que ese cambio, producido luego de efectuado el traspaso de ese punto, el del darse cuenta, por el simple hecho de devenir, se cumple, con o sin uso de razón y/o de la utilización reflexiva de la lógica.

Con esta última expresión se toma en cuenta aquí el TODO: flora, fauna y reino mineral.

Conclusión: Sumados Cópula o conjunción de variada forma; embrión; parto y alumbramiento, llegamos, así, entonces, casi sin cruzamiento de demasiados obstáculos, a lo que, por constituir un hallazgo, podríamos denominar: la esencia de la NAVIDAD, la que cada año, con especial ansiedad, los seres humanos de la Tierra, esperamos, gozosos.

                                                                           

 

UN SUEÑO DE NAVIDAD 
Carlos Pérez de Villarreal           
Argentina

    Corría el año 1947 en el país vasco
En el pequeño pueblito de Zalduendo de Álava, a los pies del camino que atraviesa el Paso de San Adrián, separando la agrícola Llanada Alavesa y los boscosos y selváticos valles de Guipúzcoa, se encontraba la pequeña casa de piedra.
El humo de la chimenea flotaba tenue en esa mañana de primavera.

    Dentro de ella, una figura grácil se afanaba trabajosamente en la cocina. Se llamaba María.
Sus veinte años se reflejaban en la cara rubicunda, casi con pecas, su nariz fina y aquilina, sus pequeñas orejas aplastando el cabello castaño, abundante y peinado hacia atrás en un gran rodete.
Las manos trabajaban laboriosamente y aunque el vestido revelaba sus formas, ella trataba de sentirse cómoda, usándolo holgado.
Los cacharros iban quedando lavados y ordenados uno a uno en esa pequeña morada, donde con la imaginación y los materiales que tenía a su alcance, había ido dejando su impronta.
El dormitorio olía a azares y lavanda, plantas de su pequeño jardín.
Las ventanas, diminutas, acompañadas de cortinas de tela rústica que ella misma había confeccionado, dejaban pasar la tenue luz del sol para mantenerlo fresco y aireado.
Un armario empotrado dejaba entrever ropa de dos personas cuidadosamente plegada.
La cocina contaba con una mesa de madera y cuatro sillas hechas por su esposo; el hogar, donde ya bullía una olla con verduras recolectadas de la quinta; y un mueble donde colgaban los utensilios utilizados diariamente.
El patio, fresco, de piso de tierra bien apisonado, dejaba ver una gran parra que cubría de verdor todo su espacio aéreo.

    Se sentía cansada, acarició su vientre de casi siete meses de gestación y una dulzura conmovedora le arreboló la cara.
¡Iba a ser madre de su primer hijo!
Lo sintió moverse en su vientre y se sintió plena e inmensamente felíz
En ese momento, unos brazos fuertes pero cariñosos rodearon su talle.
Un beso tierno en la nuca la hizo darse vuelta para encontrarse con José, el carpintero del pueblo, su compañero.
Sudoroso por la larga subida hasta su casa, José dejaba ver un rostro de tez mate, con su ensortijado pelo negro.
Su cuerpo era robusto y enérgico, con fuertes manos, rudas, callosas: que realizaban el trabajo intenso de transformar la madera.
—María, mi hermosa María, ¡Tengo algo muy importante que decirte! – exclamó.
Ella lo miró extrañada.
—¿Qué es? —preguntó.
—¡Nos vamos! —dijo él
—¿Nos vamos…? ¿A dónde? —respondió sorprendida.
—A América. Una nueva tierra. Después de la guerra, las cosas han cambiado mucho. ¡Por nosotros, por nuestro hijo y por los que vendrán, debemos buscar nuevos horizontes!
—Pero José… ¿Cómo vamos a dejar todo? Nuestras familias, amigos, nuestro terruño.
¿A dónde vamos a ir? ¿Qué país nos acogerá? ¡Estoy embarazada!  
—¡María, mi María!, ¡Está todo casi arreglado! Nos iremos en una semana. Vamos hasta Vitoria y luego a Pamplona en camión. Nos lleva Manuel, mi primo. Allí nos quedamos en casa de su madre, la tía Mercedes. ¿Te acuerdas de ella? La que te regaló el centro de mesa que era de su familia, cuando nos casamos. Después en colectivo nos llevan a Lérida y por fin a Barcelona. Son unos 530 kilómetros en total, más o menos. Nos esperan unos parientes de mi madre que nos alojarán unos días, hasta que parta el barco hacia la Argentina. En este país vamos con Zuviría y su familia, amigos de mi padre, que nos llevarán hasta una ciudad que da al mar. Se llama Mar del Plata, y dicen que necesitan mano de obra. !Está todo listo !Es nuestra mejor oportunidad, y creo que hasta la única que hemos tenido! Si todo sale bien, tendremos nuestro hijo en esta nueva tierra y quien sabe… tal vez algún día nos agradezca.
    María, pensativa, escuchó el aluvión de palabras de José y tomando una resolución, acariciando su vientre con la mano extendida debajo, le dijo:
—Por un lado tengo miedo. Será empezar de nuevo José, nosotros dos solos, sin nadie de nuestra familia que nos apoye o ayude. ¿Qué nos pasará? Pero por otro lado, se que podemos salir adelante, ¡hombre!, tu, el niño y yo juntos, ¡Nadie podrá detenernos; aquí o en ese país adónde vamos! Te seguiré, pero con una condición. Está en juego el nombre de nuestro vástago.
En la familia circulan muchos. ¡Yo quiero ponerle Jesús, y así será!  !Es nuestro Salvador y en quien más creo!
Decidida, exclamó:
—¡Jesús, María y José, esa será la familia cacanarra que emigre a la Argentina! ¡Y no se hable más del asunto…! ¡Cuando partimos!

     Argentina. Corre el año 2013.

El pais, luego de varias viscisitudes se está recuperando.
La tarde de verano se hace fresca por el viento del este que sopla sostenido desde el mar. La ciudad se esta vistiendo de fiesta para celebrar el fin de año. Mucha gente ha llegado.
La mujer mayor con el pelo totalmente blanco, rematado en un rodete, se encuentra en su cocina, preparando los ricos manjares que sus hijos y nietos, comerán esa navidad. Mira el cuadro colgado en la pared del comedor y sonríe pensando en el regalo de su nieta.

Ese vientre envuelto en tules con esa mano debajo acariciándolo. Su rostro se ilumina recordando el embarazo de Jesús, su primer hijo, su viaje en barco, su llegada a Mar del Plata, sus alegrías y sinsabores, su familia, su vida.
¡Bendita tierra que nos albergó y bendita ciudad que nos dio trabajo! Si hasta pudo volver a Zalduendo a ver a su propia familia
Sus ojos vuelven a mirar el cuadro y sonríe nuevamente. José ya no está, duerme su inveterada siesta con el Creador.
Su hijo Jesús, ha formado su propia descendencia bendecida con tres nietos

    Un pequeño mareo la hace sentarse en el sofá. Apoya los brazos lentamente. Se recuesta y dulcemente cierra los ojos, sueña… Su mente vuela y se encuentra en su pueblo natal.
Ve su casa de piedra, la parra, el jardín, la huerta, su cocina… admira su “panza”
    Alguien viene por el camino hacia la casa ¿Quién es ese hombre tan resplandeciente?
Su mirada es tan beata y tranquilizadora que cuando la toma de la mano y la lleva con Él, se deja estar.
¡Oh Señor, que paz…!

UN REGALO EN NAVIDAD.
Por Xochitl Robles Bello
Para José Eduardo
El pequeño que con sus deseos y  preguntas  me obligó a ser creativa.

Ese día José Eduardo estaba especialmente triste…había tenido una discusión con sus compañeritos en la escuela.  Fue durante el recreo cuando buscaban entre los árboles avioncitos de papel, aquellos que los muchachos mayores tiraban desde el salón de la “prepa” para entretenerse cuando el maestro explicaba la clase. A  esa hora, en que los grandes tenían clase con el maestro alto, de lentes redondos era cuando más encontraban los avioncitos de los otros, así es que junto con Agustín era el momento en que exploraban.  Desde luego no se llevaban todos, solo los bien hechos porque los otros, no volaban bien. José Eduardo pensaba que al llegar a la  “prepa” y estuviera aburrido  en  clase, solo haría los avioncitos con ese papel de cuadritos pequeños, que se veía tan bonito. Ahora al recordarlo, mientras ayudaba a su mamá a desempacar las figuritas de barro para el nacimiento, volvió a sentir esa pequeña mano apretar su corazón. Así era siempre que estaba triste y ahora tenía serios  motivos para estarlo.  Por más que le daba vueltas en su cabeza, no entendía  porqué cuando desdobló cuidadosamente uno de los avioncitos, hecho con una hoja de papel muy bonita, y comentó que la guardaría para escribirles a los Reyes Magos, esos niños latosos se rieron mucho.  Es ridículo creer a los siete años en esas tonterías  dijo uno de ellos. Ahora que lo piensa bien le parece que a pesar de que se enojó y les dijo que a él  los Reyes Magos  siempre le habían traído regalitos por portarse bien, ya no estaba tan seguro.  Era cierto, ¡nunca los había visto.! Mamá ¿ de verdad existen los Reyes Magos? Preguntó. Su mamá pareció sorprendida, dejó de sacudir el borreguito que sostenía entre sus manos y con esa sonrisa franca que da tanta seguridad y que solo las mamás pueden tener le dijo. ¿Porque lo preguntas? Es qué;  nunca los he visto contestó José Eduardo con un poco de vergüenza. Hay muchas cosas que no has visto y sin embargo no dudas que existan. A ver Para ti, ¿ existe Dios?   Claro que si. Respondió José  rápidamente. ¿Lo has visto? Nunca, pero tú me has dicho que cuando vemos el sol, los árboles, los pájaros y las flores, sabemos que Dios existe y yo así lo creo. Contestó José Eduardo al mismo tiempo que contemplaba  las bugambilias y el jazmín que a pesar de ser invierno estaban llenas de flores . Entonces, Dios existe porque crees en Él. explicó la mamá Pues de igual forma los Reyes Magos existen, porque están en el corazón de los niños buenos como tú que creen en ellos. La respuesta tranquilizó a José Eduardo, su corazón dejó de sentir eso que no le gustaba y con gran alegría, como en años anteriores, colocó cuidadosamente el patito de barro sobre el pedazo de espejo que en el nacimiento hacía las veces de lago. Esa noche, hacía mucho calor y el ventilador no era suficiente para refrescar el comedor donde José acostumbraba hacer la tarea. Desde donde estaba, podía ver la cocina y observar el ir y venir de mamá preparando la merienda, el olor a los platanitos fritos le despertaba el apetito. Aún faltaba un buen rato para que papá y sus hermanos mayores llegaran a la casa así es que decidió aprovechar ese momento para escribir lo que desde hacía días tenía en mente.  Sacó del bolsillo de su pantalón su preciada hoja de papel y con un poco de trabajo,¾después de todo a los siete años es difícil escribir¾  y empezó así su carta;  Queridos Reyes Magos ¿ como han estado? Muchas gracias por los juguetes del año pasado, me gustaron mucho, ahora quiero pedirles una cosa muy especial, al llegar a ese punto se detuvo indeciso, lo había pensado muy bien pero ahora  no sabía si era demasiado…

En otras navidades, en la televisión había visto que todos los niños vestían con abrigos, sombreros, guantes y hasta botas porque en esa fecha hacía mucho frío.
Se veían tan divertidos haciendo muñecos de nieve con nariz de zanahoria,  frente  a sus casas cubiertas de blanco,  y hasta patinaban en el agua congelada. Siempre en la época de navidad. El, no conocía la nieve, nunca había visto nevar, bueno ni siquiera había tenido un pedacito entre sus manos, porque en Tabasco, donde vive, llueve mucho, mucho, pero nunca había nevado, bueno, ni granizo había caído.
Lo más parecido a la nieve que José había visto eran unas bolitas pequeñitas que venden en la tiendas esas que les dicen nieve artificial, en otras venden también una pintura blanca que algunas personas usan para poner letreros grandotes que  dicen FELIZ NAVIDAD.
Como todos quieren tener nieve en estas fechas, seguro  la nieve es muy importante para navidad.
Animado por éstos pensamientos continuó su carta.
Una cosa muy especial, éste año no quiero juguetes, deseo que me adelanten mi regalo y que caiga nieve en navidad aquí donde yo vivo, en Tabasco, para poder conocerla y jugar con ella. Ustedes son muy buenos  siempre me han traído lo que les pido y sé que cumplirán mi deseo, gracias y hasta el año que entra. Los quiere José Eduardo.
Dobló en cuatro partes la cartita y la colocó en el nacimiento que estaba ahí en el corredor en el lugar de siempre. Se quedó un rato contemplándolo, de verdad  les había quedado muy bonito, ahí estaba el portalito, dentro una mulita y un buey, a los lados San José con sus barbas largas y el bastón en la mano, del otro lado la Virgen con sus manos extendidas y los ojos bajos contemplando un lugar vacío esperando la llegada del Niño Dios, había también, borreguitos, un pozo,  una molendera y un Ángel, ese Ángel de grandes alas plateadas y vestido azul, más abajo los  Reyes, como queriendo subir al portal.
José Eduardo sabía que conforme fueran transcurriendo los días, se irían acercando , hasta que una mañana, los encontraría junto al Niño Jesús , ofreciéndole sus regalos.
Después de dejar su carta y merendar, se acostó  con el recuerdo de las luces del nacimiento y el fresco olor a heno. Se quedó profundamente dormido.

No había pasado mucho tiempo, cuando una luz intensa le obligó abrir los ojos , pensó que ya era de día y se dispuso a levantarse pero… quedó sorprendido cuando vio, que ahí parado junto a la ventana estaba alguien que le pareció conocido.
Ese color de ropa, esa mirada. Sí, ¡ era el Ángel del nacimiento! Ahora que se fijaba bien se podían ver hasta sus grandes alas plateadas. No era posible , con seguridad estaba soñando. Pero el Ángel estaba ahí y poco a poco se acercó hasta  José que extrañamente no tenía miedo, por el contrario se sintió muy emocionado de verlo.
¾Estoy aquí¾ dijo el Ángel porque eres un niño muy bueno, porque tienes fe y crees en Dios.
José Eduardo extendió su mano para poder tocarlo, el Ángel la tomó delicadamente entre las suyas y explicó:
¾Los Reyes Magos han leído tu cartita y me han enviado porque desean que antes de la navidad veas algo. Ven, te llevaré a conocer un lugar muy importante. Daremos un paseo.
José Eduardo se alegró, le encantaba pasear y conocer muchos lugares.
¾¿Tardaremos mucho? Porque entonces tendré que pedirles permiso a mis papás.
¾No es necesario, estoy seguro que ellos no se opondrán.
José saltó de la cama, se puso sus pantuflas y con una rápida mirada buscó a Godofreda, su gatita, que dormía en un canasto, pensó ir por ella, pero el Ángel apretó su mano y dijo.
¾No te preocupes por Godofreda, será mejor que se quede dormida, cierra los ojos y piensa con mucha fuerza que deseas ir conmigo.
El pequeño hizo lo que el Ángel le indicaba y de pronto sintió un airecillo fresco en su cara y pensó que estaba volando.
Abrió los ojos y vio que estaba entre las nubes. Unas grandes, otras chiquitas que pasaban frente a él, como si alguien las empujara, parecía un enorme colchón de algodón, nunca se imaginó que las nubes fueran tan bonitas y tan suaves.
¾¿ A dónde vamos?¾ Se atrevió a preguntar
¾Conocerás el lugar donde el Niño Dios nació. Mira, ahí está.¾ contestó el Ángel al mismo tiempo que señalaba unas pequeñas casas a lo lejos.
Bajaron lentamente en un campo donde había diversas plantas muy parecidas a las que José Eduardo conocía muy bien, palmeras, flores, pequeñas enredaderas de donde colgaban racimos de uvas y muchos árboles muy bonitos que tenían pequeños frutos verdes iguales a los que su mamá ponía en algunos guisos. La temperatura era agradable, con ese calorcito al que José estaba acostumbrado. Vio una pequeña colina con una gruta y preguntó sorprendido
¾¿ Aquí nació el Niño Dios? Pero entonces, no nació donde hay nieve?
¾No, en Belén igual que donde tu vives, nunca hay nieve.

Caminaron hacia la gruta y vio que en un humilde pesebre estaban, el verdadero San José , la Virgen María y por supuesto el niño Jesús, todo como en el nacimiento de su casa, ahí estaban los pastores que arrodillados ofrecían al niño regalos de todas clases; borreguitos, quesos, gallinas, leche, miel. También se arrodillo y deseo  tener algo para regalarle,  lástima, no había llevado ni siquiera uno de sus carritos preferidos.
José Eduardo se sentía muy contento con aquel olor a hierba, a incienso, contemplaba sin moverse el nacimiento y sentía en su corazón de niño algo que nunca antes había sentido, algo que le subía hasta los ojos y  por primera vez en su vida lloró de felicidad. Ya que no tenía nada para regalarle al Niño Dios, le ofreció ser  un niño bueno, ayudar a quien lo necesitara , amar a todos, ser siempre así aunque con el tiempo dejara de ser niño.
En ese instante el Ángel se acercó y le dijo al oído.
¾Ya  le has dado el mas hermoso de los regalos al Niño Dios, es hora de partir, pues pronto amanecerá.
José Eduardo quería quedarse mas tiempo, pero entonces recordó que mamá y papá estaban en casa.
¾Está bien, vámonos¾tomó  la mano del Ángel y en un momento volvieron a estar entre las nubes.
Mientras volvían José dijo,
¾¿Puedo hacerte una pregunta?
¾Claro que sí las que quieras.
¾¿ La navidad es para festejar que el Niño Dios nació?.
¾Así es, todos los años en navidad hay fiesta en los hogares en recuerdo de que hace mas de dos mil años, en esa misma fecha nació el hijo de Dios hecho Hombre, eso es lo importante, en éste tiempo todos se desean cosas buenas y se habla de paz entre la humanidad, para tener una navidad feliz no es necesario tener frío, ni nieve, solo se necesita tener fe y amor y eso , José Eduardo, lo tienen las personas buenas como tú.
En ese momento amanecía, los rayos del sol se filtraban entre las nubes dándoles un tono color de rosa, que hacía contraste con el color azul  del Ángel.
José Eduardo pudo ver a lo lejos una gran franja de agua que la luz volvía dorada, enmarcada en verdes de distintos tonos, verde tierno, verde fuerte, verde esperanza. Distinguió  un” bosque  de palmeras” y supo que estaba llegando a su cálida tierra.
Sobre la línea final del horizonte alcanzó a distinguir  el tejado de su casa, en un instante estuvo frente a la ventana y pudo ver por los cristales a Godofreda que aún dormía en su canasto, la ventana se abrió y el Ángel lo llevó hasta su cama, le soltó la mano y después de arroparlo con cuidado  le dijo
¾Recuerda José Eduardo aún cuando no me veas, yo siempre estaré a tu lado, solo háblame cuando me necesites¾ y así se despidió con esa sonrisa que José ya conocía.
Cú cú cú… el reloj el reloj sonó siete veces, desde la cocina llegaba el rico olor del pastel de navidad y del relleno del pav
José Eduardo saltó de la cama y corrió a contarle a su Mamá lo que había sucedido. Después de escucharlo volvió a aparecer en el rostro de su Mamá la “sonrisa tranquilizadora” y dándole un beso, dijo
¾¿Quieres un pedazo de pastel de navidad?
En ese momento a José Eduardo no le interesaba el pastel de navidad y volvió a sentir la pequeña mano que apretaba su corazón, instintivamente se tocó el pecho y ahí en la bolsa de su pijama encontró, unos pequeños frutos verdes,  frescos, redonditos como canicas ,se sintió feliz porque su aventura no era un sueño.
¾ ¡ Aceitunas
¾¿Que dices? ¾ preguntó Mamá
¾Nada mamita¾ contestó José Eduardo.
Y tomando entre sus brazos a Godofreda salió a jugar al corredor mientras pensaba que ya no  deseaba que nevara en Navidad pues ahora sabía que el niño Dios había escogido para nacer un lugar cálido y tropical igual  a Tabasco. Donde él vivía.

UNA NUEVA NAVIDAD
María Sánchez Fernández
Úbeda-Jaén (España)

Suenan campanas blancas allí donde se enciende la luz de la memoria, y en un albor  dorado florecen los latidos de rosas despertadas.
Sí, estamos en el tercer domingo de adviento ¡¡GAUDETE!!  Alegraos, regocijaos , que va a nacer Jesús nuevamente, como cada año, para traernos mensajes de paz, de amor, de solidaridad.
¡¡Tintanes de campanas!!, ¡¡Claros de amanecidas!!. Fragancias estrenadas!!

Todo esto ¡es tan hermoso! ¡Pero ay!, este año 2020 no será igual para ninguno de nosotros. Muchas familias están huérfanas de algún ser querido. Mechos hogares se sienten vacios por la ausencia del padre, de la madre, del abuelo… Este maldito virus se los llevó para siempre, quizás para celebrar la Navidad allá donde el tiempo no cuenta. Las calles, aunque iluminadas por el ansia de vivir de todo ser humano, están vacías sin la sonrisa infantil de la esperanza. No habrá cabalgatas de Reyes donde los niños vivan su noche especial. No habrá zambombas, ni cantos, ni Misa del Gallo. Sí habrá turrones para paliar la amargura de la soledad. Habrá belenes montados con una vaga ilusión de supervivencia, donde las figuritas interpretarán su cometido, pero con sonrisa triste.
Y ahora en mí suenan campanas blancas allí donde se enciende la luz de la memoria, y en un albor dorado florecen los latidos de rosas despertadas.
¡Rosas despertadas!  ¡Campanas blancas que repiqueteaban con alborozo allá en los albores de mi vida!
Recuerdo aquellas navidades de mi infancia. Con cuánto amor montábamos el Belén mi hermano y yo en la mesa de despacho de mi padre. Él, mi padre, se ocupaba de formar montañas con papel rugoso dejando un hueco en forma de cueva para instalar el Misterio. Este era coronado por una estrella flotante hecha de cartón y papel plateado que antes envolvió el chocolate de la merienda. Había nieve requisada de la despensa de mi madre que se disponía a hacer aquellos ricos polvorones. ¿Y el río? También había un minúsculo río que antes fue un espejo, jalonado por un verde césped que antes fue el musgo que vestía los troncos de los árboles del jardín. Lo enmarcaban  lavanderas risueñas y estáticas.

Ovejitas, pastores, algunos descabezados y vueltos a componer, pues eran de barro y el paso de los años logró decapitarlos. Los Reyes Magos venían cansinos sobre sus camellos que a más de uno le faltaba una pata.
La cena de Nochebuena era sencilla, solamente los cuatro, ya que mi gran familia estaba lejos. Después la Misa del Gallo. Todo fervor, austeridad y alegría ¿Y la noche de Reyes? Qué mágica era. Despertaba con el alba y sobre los pies de mi cama tintineaban los cascabeles de un saltador, había un diábolo de goma roja, alguna muñeca que cerraba los ojos, multitud de cuentos de llamativos colores, golosinas…. En fin, bendita inocencia que nos hacía tan felices y que nos llevaba a horizontes muy lejanos que ya en la madurez no existen.  Por fortuna los niños de hoy siguen siendo los niños del ayer. La inocencia siempre brillará  en ellos y cantarán la Navidad como algo mágico que se renueva cada año.
El tiempo se ha escapado de un profundo letargo de  luces y de sombras.

Esta Navidad será atípica para todos, pero todos sabemos que Jesús viene de nuevo para paliar dolores y ausencias. Invoquemos a la alegría y cerremos la puerta al desaliento, por mucho que nos cueste. Las sillas vacías estarán siempre presentes,  pero el recuerdo de aquellos que se fueron permanecerá perpetuamente entre nosotros.
Así que levantemos el ánimo. Alegrémonos, seamos felices. ¡¡GAUDETE!!
¡¡Tintanes de campanas!!, ¡¡Claros de amanecidas!!. Fragancias estrenadas!!
Feliz Navidad.

LA NOCHE DE NAVIDAD.
Gladys Semillán Villanueva

Argentina

Me di cuenta que necesitamos mucha luz ya sea que estemos con alguna compañía o solos.
Esa noche debe ser de derroche de luz.
Nuestras almas deben tener el calor de las candelas, el espiritu debe estallar de fuerza y desafío a un tiempo en que se nos negó casi todo.
En que muchos perdieron todo hasta la vida de seres amados y sin poder estar a su lado.
Que los balcones así como lucieron banderas un día esa noche tenga flores y luces.
Adornar la casa aunque estes solo/a, poner música esa que hace mucho no escuchas porue no hay tiempo vestirse elegante…buscar esa prenda que  espera hace tiempo, perfúmarse…poner  en la mesa lo que se tenga pero en un plato diferente al de todos los día lo mismo la copa.
Por favor cortar la rutina…que sea una noche bien diferente.

No significa tirar por la borda los recaudos pero si podemos armar un encuentro en que el ánimo ante la presencia de los que amamos supere los
dos metros y la mesa deba ser un poco mas larga pero la sonrisa aunque detras del barbjo se convierta en risa y ese tapabocas suba y baje comiendo.
Hagamos del grotesco la gran diverión pero festejemos.

No dejemos que la pesadunbre invada y si alguno no puede llegar como me pasará a mi con mis sobrinos nietos pondré en la mesa muy adornada la compu y con el sistema de skype nos veremos todos y conversaremos y abriremos regalos.ellos en Bogotá y yo acá en el lejano oeste de Castelar.
Que el ingenio se muestre preponderante y casi se construya una competencia de quien ilumina mas y mas divertido por que estamos aniquilando a las tinieblas..y aquellos que las representan sepan que nos es por ellos la luz es que no queremos vivir mas en la oscuridad de sus ideas..
Que esas luces deben representar a los presentes y ausentes…debe ser un grito de rebeldía para desahogar el dolor y poder recibir a lA ESPERANZA QUE VA  A NACER SIN PERMITIR QUE NOS ROBEN NADA MAS
PODEMOS GESTAR LA VIDA Y LA PAZ DESDE LA SIMPLE LUZ DE UNA CANDELA…ENCENDIDA EN EL ALMA.

MILAGRO DE NAVIDAD
Hilda Augusta Schiavoni
Argentina

Era un 24 de diciembre. Doña Elena estiraba con habilidad la masa para hacer fideos. Sus dos pequeños nietos, José y Elena estaban ubicados al frente, contra la mesa, arrodillados sobre las sillas para ver mejor.
-Abu, ¿por qué hacés los fideos? Mi mamá los compra. Vienen en bolsas que parecen de plástico.
-Los preparo porque a tu mamá le gustan estos caseros.
-Entonces… ¿Por qué será que no los hace ella?
-Callate Elena. ¿No ves que mami no tiene tiempo?
-Abu, yo no entendí, ¿por qué vos decís que en la Navidad siempre sucede un milagro?
– Josesito,  mañana cuando lleguen tus primos, te voy a contar.
– Uf….Elena no comas la masa cruda.
– Es rica, probá.
-Bueno será mejor que me ayuden a amasar.
La abuela entregó sendas porciones de masa y dos trozos de palos de escoba para que los pequeños estuviesen ocupados.
Pasaron así un largo rato. Cuando dieron por concluida la tarea los niños se aproximaron más a Doña Elena.
José, en tono casi confidencial le murmuró al oído:
-Abu, ¿por qué tenés la clueca bajo el alero? Mi mamá no quiere que la tengas ahí porque  ensucia todo.
-Es cierto, pero hace tanto calor que allí está más fresquita.
Los niños se aproximaron a la gallina que estaba incubando y ésta comenzó a cloquear.
María Elena giró en redondo y tomó de la falda a Doña Elena a la vez que la comenzó a tironear.
-Vení, vení, de los huevos están saliendo pollitos recién bañados.
La mujer acompañó a su nieta, levantó un poco al ave y efectivamente comprobó que varios polluelos habían roto  el cascarón.
Los dos hermanitos permanecieron allí un momento a pesar de la alarma de la clueca.
Luego fueron al jardín y  persiguieron algunas mariposas.
¿Viste María Elena que la abu siembra flores para que nosotros tengamos mariposas?
María Elena se sentó en un silloncito hecho exclusivamente para ella.
-José, ¿qué creés que nos va a traer el Niño Dios?
-No sé. Además está el milagro. Vaya a saber cuál será.
Llegó la Noche Buena y los chiquillos alborotados abrieron sus obsequios. Jugaron con los mismos hasta que se durmieron profundamente.
Al día siguiente, llegó la tía Amalia, su esposo Jorge y los primitos Marianito y Facundo.
Para ellos también había regalos y los pequeños no tuvieron inconveniente en pelear por los juguetes. José fastidiado por tanto alboroto fue a ver la clueca. Verla y correr hacia el living donde todos estaban reunidos fue una sola cosa. Con alborozo gritó:
-Abuela vení, se hizo el milagro. Ahora los pollitos son de felpa. Vení, mirá.
La mujer fue a ver lo que para ella era archiconocido y se unió a la algarabía de los niños.
Luego se sentaron ante la mesa familiar. El mantel tenía arbolitos de Navidad, campanas y  Papás Noel.
Los chicos volvieron a pelear porque todos querían ser el que se sentaba más cerca del árbol de Navidad. Fue cuando Jorge los reprimió y cada uno se ubicó cerca de sus respectivos padres e hicieron silencio.
.Fntonces Doña Elena tomó la palabra:
-En esta Navidad ocurrieron dos milagros. Uno es que los pollitos parecen pompones amarillos y el otro es que el nacimiento de Jesús me trae siempre esta alegría de estar juntos.
José y María Elena dejaron sus asientos y abrazaron fuertemente a su abuela. El varón, que tenía 5 años le comentó:
-Sabés abu, la próxima Navidad le pediré al Niño Dios un avión de verdad para que puedas ir a ver al abuelo que está en el cielo.
Doña Elena asió fuertemente a su nieto y la  emoción casi no la dejó  comer.

                                                                                                    

 

UNA NAVIDAD DIFERENTE
Jaime Suárez Ávalos
México

         ¿Una Navidad diferente? En parte sí.

         En esta época siempre recuerdo el poema “Nochebuena” del excelente poeta español Ramón de Campoamor. Habla de dos mujeres (madre e hija) pobres, muy pobres, que un 24 de diciembre piden limosna; necesitan por lo menos, pan para sobrevivir.

Son hija y madre, y las dos
con frío, con hambre y pena
piden en la Nochebuena:
«una limosna por Dios»

La mamá, en su desesperación, promete a la hija que recibirán ayuda de los mismos ángeles. Hace mucho frío y la madre abraza la niña para cubrirla, pero la gente pasa gritando de alegría, y nadie les da ni una moneda. Solamente una pobre mujer, al recordar que perdió a una niña como ella, les da la última moneda que posee. La mamá grita emocionada que ya llegó su pan, pero la niña ya murió, la levanta angustiada, mientras pasa un hombre emocionado cantando “Esta noche es Nochebuena”.
Así es que, en ese sentido, esta Navidad será igual que las demás: gente disfrutando del bienestar que representa la posesión del dinero, y que le permite comprar regalos y comida para festejar. Pero, como siempre, hay personas necesitadas, muy necesitadas; de manera que habrá un gran cambio, siempre ha habido privilegiados (muchos de ellos, indiferentes) y menesterosos, con la pequeña gran diferencia de que ahora la brecha se ensancha, pues por causa de la pandemia, se han perdido millones de empleos, agudizando la carencia de lo más indispensable.
Por otro lado, habrá una gran diferencia en el modo de festejar. Las pérdidas humanas han sido numerosas, nos han tocado de cerca y la nostalgia será inevitable. El punto álgido se vivirá durante las reuniones; los más sensatos cenaremos acompañados tan sólo por las personas que viven en nuestra misma casa, saludaremos por medio de las redes a nuestros seres queridos. Otros, temerariamente cenarán y celebrarán rodeados de mucha gente, sin precauciones, desdeñando el peligro y arriesgando su propia vida y las de los demás; pero es inevitable, hay quienes no soportan la soledad, tal vez porque no saben estar consigo mismos.

En el aspecto espiritual también habrá cambios. Quienes puedan acudirán a los templos para celebrar esta fecha tan importante, seguramente piensan que, si no asisten a los cultos, la celebración carece de importancia o no se le da el lugar que le corresponde. Olvidan que una vez Jesucristo dijo: «Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren» (Juan 4:23). Es decir, que no importan el lugar ni las circunstancias, lo importante es que el corazón esté dispuesto con humildad.
La celebración de la Navidad no será diferente para quienes tenemos presente su verdadero significado.

Está escrito en la Biblia (Isaías 7:14):
 Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.  (Emmanuel significa: Dios con nosotros)
         Y en Lucas 1:26-33 está el cumplimiento de esta profecía:

Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María.
Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres.  Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta. Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.
Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

Al paso del tiempo nació el niño Jesús, y éste es el motivo de nuestra celebración, el cual no cambia, y por lo tanto este aspecto de la Navidad es permanente y debe inspirarnos para celebrar prioritariamente lo significativo, sin preocuparnos tanto por lo superfluo; aunque es preciso decir que las tradiciones navideñas son hermosas y emocionantes.
Finalmente es necesario considerar que la historia de la Navidad estaría incompleta, si olvidáramos el verso que resume tres momentos importantísimos: el nacimiento, la vida, la muerte y la resurrección de Nuestro Salvador.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquél que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. (Juan 3:16).

Amigos: deseo que tengan una muy feliz Navidad, de acuerdo con las circunstancias generales y personales, pero que recordemos que el nacimiento del niño Jesús, es la más grande muestra de amor; Dios nos ama y quiere que seamos felices.

 

VOLVIENDO A LA NAVIDAD DE AQUELLOS DIECINUEVE AÑOS.
Beatriz Villacañas
Madrid-España

A veces sucede que, cuando buscamos algo, encontramos otra cosa. Esta vez, y, precisamente ahora que llega la Navidad, ha aparecido ante mis ojos un poema que escribí a la Navidad y al Belén cuando tenía diecinueve años. ¡Cuántas Navidades han pasado desde entonces! Ha sido tan grande y tan feliz la sorpresa, en la que veo, más que casualidad, causalidad, que comparto aquí algunos versos
del poema que vuelve a mis manos y a mi memoria cuando hace tanto tiempo que lo tenía olvidado:
CANTO DE NAVIDAD PARA EL BELÉN
Compañera de años,
mi mirada ya alcanza
desdibujado tiempo tras un cristal de frío.
Navidad-vida-tiempo: tu Belén es hoy mío,
figuras detenidas en un tiempo que avanza.
Humana Navidad: me has impulsado
a poner nombre a todas las figuras
del Belén en mi casa colocado.
Cantos de amor la pastora Constanza
lleva con entusiasmo entre el gentío.
Juan, labrador y pobre, hermano mío,
muñeco en el Belén, hombre que canta.
El Belén está allí, como una brasa,
reflejada en los ojos de María,
ardiente resplandor al mediodía
de la hoguera encendida de mi casa.
Navidad-corazón, hermosa tregua,
calle abajo transitan las canciones,

en el alma tiritan ilusiones,
pandereta y amor, turrón y niebla.
Junto al Belén, aquí, en silencio espero
que la paz venga a mí, que no me deje,
que, cuando vuelva Enero, no se aleje,
que se detenga el tiempo, el mundo entero.
Tregua de amor: Navidad, fuerza, bríos,
no nos dejéis un día a la deriva,
que en Pedro y en José mi tierra viva,
que mis días se irán haciendo fríos.
De nuevo estás aquí, Belén, parado,
año tras año tu silencio anima
la ilusión de los hombres, y la mima
mientras espera el frío en el tejado.
Belén: hoy de barro y madera estás presente,
el tiempo está parado en tus figuras,
todo, Niño, eres Tú, las singladuras
que han de dejar tus huellas en mi frente.

Quien escribió esto a los diecinueve años, ahora envía sus mejores deseos para una muy feliz Navidad.

 

NAVIDAD 2020
Dorothy Villalobos
New Jersey (USA)

Para mi diciembre es un mes festivo desde que comienza. Salidas, luces, compras, reuniones, decoraciones, preparación de paquetes para enviar a ninos necesitados de otras latitudes, pero estas navidades serán muy diferentes a otras, no tendremos el bullicio familiar en nuestros hogares, esta es una navidad silenciosa y llena de recogimiento, pero con esperanza de que mañana todo será mejor, que esto será una lección para volvernos más sensibles. Este ha sido un año muy difícil, en el cual la tristeza a todos llegó, en el cual hemos aprendido desde ciencia, anticuerpos, medicinas caceras, las altas y bajas del virus en fin nos ha tocado aprender y abrir nuestras mentes a cosas jamás pensada y en tiempo rápido y aunque lo neguemos en todos una herida hizo, silenciosa pero profunda. Parece como una película que de pronto todo se queda en suspenso.

2020 ha sido un año que marcará nuestras vidas con un antes, un durante y un después, por que todo habrán dado un cambio que se podría llamar de trescientos grados. Creo que pasará a la historia como el año en que todos los planes se paralizaron, el tiempo se paró y todo lo que nos movía se cambió.

 Desde ahora apreciamos el valor que tiene poder salir en cualquier momento a la calle, abrazar a nuestros familiares, vecinos y amigos sin ningún tipo de miedo. Por el momento tan siquiera de lejos nos vemos, tan sencillo, no salimos y si lo hacemos es por algún caso específico, y regresamos como si nos estuvieran persiguiendo, algo invisible quiere cabalgar en nuestras espalda y corremos a casa 

Todos nos cuidamos y tratamos que con nuestra actitud no le hagamos daño a los seres queridos trayendo el virus a nuestros hogares. Hemos aprendido a sonreír con los ojos,abrazarnos con la mirada, a tocarnos desde adentro aun estando lejos. lo cual creo nos ha ayudado a mejorar mucho nuestro entendimiento.

Estamos aislado pero a la vez más cerca que nunca, nos preocupamos sin estar con ellos de los vecinos, de las familias, de los muchos que están ausentes.He tenido mucho miedo, nunca había sentido tanta angustia pensando en que los que amo no se enferme, en mis oraciones protegiendolos, como si eso fuera una barrera impenetrable. Un año muy largo para mi manera de verlo, algo terrible, pero creo que al final me ha hecho mucho más fuerte emocional y espiritualmente.

Nuestras familias lejanas a la que siempre visitabamos en estas fecha solo nos verán por el teléfono y los videos, aprendimos a manejar el Zoom, el internet y los mensajes, ya casi somos expertos por estar cerca de ellos por ver cómo crecen los pequeños y envejecemos los adultos.  Los regalos esperan otro año y los brindis lo haremos a distancia pero nuestros corazones estarán más unidos que nunca.

Nuestras casas llena de sonrisas y alegría ahora está muy callada y solitaria, eso es sin decir cuantos seres queridos que seran inrresplansantes se nos han ido, personas muy importantes en nuestras vidas, Monica, Alfredo, Nelida, entre otros perteneciente a nuestro círculo familiar que nunca se podrán olvidar y qué decir de los amigos y conocidos que tan siquiera pudimos  despedirnos, sus entierros fueron muy silenciosos y solitarios, cuando merecían ser despedido por muchos y tampoco pudimos  abrazar a los familiares que los perdieron, dejando nuestros corazones llenos de inmenso dolor que nos frustra y vuelve vulnerable ante la impotencia de las pérdidas y de no poder recibir un abrazo que nos consuele.

Y a quién podemos culpar de nuestro sufrimiento nos preguntamos, ¿de quién es la culpa?, ¿de la madre naturaleza?, ¿de los científicos?, ¿de los gobiernos?, es muy difícil culpar a nadie de una situación como esta que ha lastimado a todos los habitantes del planeta de una forma u otra, y que nos está dejando una estela de tristeza y desolación. Las pérdidas de los seres queridos, los negocios, trabajos, a muchos sus hogares y la unión familiar, la alegría de las escuela, una tarde en un café, una visita imprevista, en fin nuestras vidas han cambiado completamente pero una gran  lección nos dejará, sobre todo el valor que tienen todos las personas que hacen nuestro día, desde el de estanquillo del periodico, el carnicero, el panadero, el que nos despacha el café, las amigas y companeros de trabajo que nos daban los buenos días, en fin a todos ellos los extraño, no me habia dado cuenta hasta ahora que ellos también eran parte muy importante de mi vivir.y que siempre me llenaban de alegría.

Al acercarse el fin de año, llega a nuestros corazones el embrujo de la navidad, y aunque estemos muy solos, al niño del pesebre vamos adorar. Tendremos navidad, seguro que habrán luces y guirnaldas, pesebres y Reyes que la llegada del Nino Jesus, se anunciara, sin ruidos, ni orquestas, sin muchas personas, en silencio pero con gran alegría interior al saber que su iluminación de nuevo nos llega y que nuestras vida llenarán de ilusión y con esa ilusión deslumbramos un nuevo año lleno de esperanza y sin la terrible enfermedad que ha segado tantas vidas en unos pocos meses. La Navidad a pesar de todas las tristezas que nos toque, nunca morirá.

Pensemos que este año que muy pronto ya nos deja no ha sido otra cosa que una gran escuela para todos, nos ha hecho más sensibles, humanos y mejores hermanos. Hemos aprendido a compartir desde lejos abrazo y besos y buenos pensamientos, aparte de hacernos ver cuánto amamos a todos los que nos rodean. 

Hemos descubierto desde nuestras ventanas cosas que siempre estuvieron allí y nunca habíamos notado antes, el rápido andar de las nubes o el lento salir del sol, los cambios de la luna durante el mes y el cantar de las diferentes aves, como van cambiando los árboles en estas diferentes estaciones que los hemos visto llegar, la ropa de los que pasan y el apurado o suave andar de la gente y esperando que podamos sobrevivir esta tempeste que no sabemos por donde llegara y nos hace sentir vulnerables. Pero de ella saldremos.

Esperaremos el año que ya llega con humildad, fe y esperanza que en ese mañana solo el sol brillará y lo vivido hoy como una pesadilla quedará en nuestros recuerdos y corazones.

1 comentario en “TEXTOS DE UNA NAVIDAD DIFERENTE”

  1. Preciosos relatos de Navidad que a pesar de todo lo que el mundo sufre, nos unen en el recuerdo de esa ceremonia entrañable de celebrar la Navidad.
    Gracias querida Eunate y Felices Fiestas para todos.

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