SECCIÒN RELIGIOSA

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AL SERVICIO DE LA PAZ Y LA CULTURA HISPANO LUSA

COLABORAN. Néstor Barbarito Cervantes.- Jorge B Lobo Aragón.- Leonor Ase.-Liliana Escanes.- Elsa Lorences. Sarah Petrone.- Susana Piñeiro

 

 

AUTÓS
Ser uno mismo   
Néstor Barbarito Cervantes
Argentina                                                

Yo existo porque Dios me amó desde toda la eternidad; vivo hoy, porque nunca dejó de sostener entre sus dedos los hilos de la trama de mi vida. Soy quien soy, porque Él me soñó tal, y en tanto me acerque a su Rostro y me deje entibiar por el hálito de su boca, más me iré conformando con la persona que Dios quiso que yo fuera cuando me soñó, me pensó y me creó, tan sólo por amor; un amor gratuito y generoso.

Pero es preciso que yo me empeñe en llegar a ser como Él me soñó. Esto es: según la imagen de su Hijo, el Verbo eterno, que en el tiempo iba a encarnarse en Jesucristo, el hijo de María. Y cuanto más me integre a la Persona de Cristo; cuanto más me identifique con Él, tanto más me aproximaré a la imagen del hombre que el Padre quiso que yo plasmara, y tanto más seré yo mismo.

Este “ser yo”, significa que el Creador no nos pensó como una copia; un “clon” de su Hijo. Nos formó a imagen y semejanza suya en espíritu. Con un alma grande, con capacidad para entender y poner en práctica las enseñanzas que nos hizo llegar en el mensaje y la vida de Jesús. Esa alma que nosotros luego, bajo los engaños del Padre de la mentira, fuimos dañando y envileciendo hasta hacer necesario el holocausto de Cristo para nuestra redención.

Sé muy bien que la autenticidad puede desarrollarse en el espíritu de cualquier hombre o mujer, aunque no conozca y adhiera a Cristo, porque la semilla de los valores morales está sembrada por Dios en la estirpe humana desde sus comienzos, pero creo que para los cristianos la responsabilidad de vivirlo, y aun testimoniarlo, es todavía mayor, porque tenemos ‘a la mano’ el prototipo al cual aferrarnos: Jesucristo.

En este intento es preciso, ante todo, la humildad de reconocernos frágiles y pecadores y no creernos mejores de lo que en este momento somos. En esto vale la pena recordar una vez más el viejo apotegma griego: “Conocete a ti mismo”, e intentar hacerlo vida en nosotros.

Tratando este tema, el Cardenal Carlo M. Martini ha escrito: «… nosotros somos a menudo sinceros, es decir, expresamos lo que está en la superficie, en la inmediatez, pero no somos verdaderos. No expresamos lo que está en lo profundo. Ser auténtico significa ser “autós”, ser uno mismo; en cambio, somos nosotros mismos a medias, y lo que decimos no es la verdad de nuestro yo». Esto lo he podido comprobar frecuentemente en mí mismo, en mis actitudes y en las palabras vertidas. Decimos lo que hemos aprendido o lo que queremos creer y ser, pero no lo que en verdad somos, pensamos y sentimos. Lo confieso y doy fe.

De muy diversos modos soñó Dios a sus hijos. Claro, sería absurdo e insensato pensar que Él, que derrocha inventiva, creatividad e imaginación en el resto de la creación, hubiera querido hacer a los hombres con un único molde, aunque éste fuera el de su Hijo. Pero todos llevamos impreso en nuestros genes el secreto impulso; la tendencia que un día llevará por fin a la humanidad –cada uno por su propia senda-, hacia la identificación con la Persona de su Hijo, supremo modelo de hombre. Aunque la imagen que hoy ofrece esa humanidad parezca bien lejos de ese camino.

Dice Romano Guardini: «El hombre es él mismo, en tanto es en Cristo» […] Mi yo se termina en Cristo y he de aprender a amarle como a Aquel que me da mi verdadera consistencia. He de buscarme en Él si quiero de veras encontrarme a mí mismo».

Por eso, cuanto más me asemeje a Él, más cerca me hallaré de la plenitud de mi yo; de ser aquel que Dios soñó.

Así, puedo afirmar que sin Cristo soy nada, sólo pobreza y miseria, debilidad y flaqueza. Si de algo puedo preciarme es de su gracia que me sostiene por pura generosidad. Y me pregunto: ¿dónde sino en Cristo encontraré al Néstor verdadero -aquel que yo intuyo que Dios soñó cuando me pensó-? Él es el abismo en el que debo sumergir mi vida sin dudar. El único abismo del que es posible surgir con nueva vida; hombre nuevo.

Esto me afirma en mi convicción de que, sin Cristo, yo no hubiera sido nada (y hablo ahora exclusivamente de mi persona). Una vez conocido Cristo y aceptado como modelo y Salvador, sin la referencia a Él y su asistencia, me hubiese sido imposible sostener mi propia persona, mis valores, mis convicciones. Porque la sociedad en que estamos inmersos, particularmente en la parte del mundo que alguna vez alguien tuvo la ocurrencia de bautizar como “occidental y cristiana”, no es en absoluto propicia a defender estos valores evangélicos que Jesús nos legara. La sociedad en que vivimos, ha logrado hacer arraigar en muchos corazones valores que derivan de otros dioses. Es preciso ser el primero; el más fuerte, el más importante y rico, un “ganador”, el mejor: (the best).

Estos son valores que se venden al mejor postor o se cambian a conveniencia. Son dioses con los pies de barro, que se derrumban cuando soplan las corrientes del fracaso material, de la enfermedad y el dolor, o la pérdida de la estima. ¡O peor aún, de la autoestima! Y arraigan en corazones que se dejan corromper por la propaganda hipócrita y engañosa de los agentes encubiertos del Padre de la mentira. Agentes usados por él, que probablemente ignoran que lo son.

Además, es imprescindible reconocer  que los valores morales del individuo no siempre están a la altura de los lauros recogidos por capacidades intelectuales que le son naturales; ¡recibidas! El humano es proclive a desplegar sus talentos o aptitudes, gloriándose de ellos como si fueran exclusivo mérito propio, y a veces no están ni siquiera cultivados con esfuerzo. ¡Soberbia y vanidad! La humildad no suele ser la más frecuente de las virtudes. Aunque los cristianos deberíamos tener en cuenta que “Nadie puede arrogarse nada que no le haya sido dado del cielo” (Jn 3, 27), en palabras de Juan el Bautista, el Precursor.        

 Para finalizar  mi reflexión, a modo de síntesis, no puedo dejar de recordar una regla de oro que aprendí de mi padre San  Francisco, el Poverello. La decía con muy pocas palabras: “Lo que un hombre es delante de Dios, eso es, nada más”. Por eso es tan importante despojarse de todo disfraz, y con la mayor honestidad de que seamos capaces, intentar vernos con los ojos con que Dios nos ve. Para eso, es imprescindible mirarnos desnudos al espejo.                        

                                                                                     

“VIVENCIAS”
Jorge B. Lobo Aragón
Tucumán Argentina

Imposible es solamente una figura retórica. Existen dificultades con las que uno tropieza en la vida, pero a los sesenta años, ante las contrariedades, dificultades, conflictos y pandemias uno va naturalmente en búsqueda de las cosas altas, elevadas, espirituales. Así, sentado en la computadora y muchas veces sin ganas de escribir sobre temas de mi profesión, me vienen a mi mente recuerdos y vivencias imborrables. No estaba soñando, sino recordando una mañana en el Campito. En el milagroso Templo de San Nicolás de los Arroyos a orillas del Río Paraná. Después de viajar más de mil kilómetros desde el Jardín de la República hacia la ciudad de María y de escuchar silenciosamente a la vidente Gladys Quiroga Motta me sumergí en la Catedral. Imponente, resplandeciente, deslumbrante. Estaba hacia un costado del atrio envuelta en una caja de cristal “María del Rosario”. La Virgen vestida de azul, tenía el Niño en brazos y un rosario en la mano. Nunca había visto una imagen tan cálida y natural. Sus ojos negros me miraban y a su vez contemplaban al mundo y abrazaban a la humanidad. Solamente pude tocarla detrás del vidrio que la cubría. Su mirada eterna ya evocaba los recuerdos de cuando mi madre me alzó y me consagró a la Señora de los Cielos. Azorado y cansado por el viaje con mis muletas a cuestas, me senté en un madero que atravesaba la Basílica. Mire silencioso hacia el círculo superior del templo y un imponente diseño de arquitectura y deslumbrantes figuras en vidrio serpenteaban elegantemente. Anude mis manos agradeciendo el privilegio y la oportunidad de ser uno de los primeros peregrinos en llegar al santuario. Después de una mañana soleada y refulgente, un ruido de viento y tormenta abrieron cada uno de los ventanales superiores de la Basílica. La larga vidriera de colores se movía y sacudían al unísono proyectando una luz que parecía venir de otro mundo. Un apabullante espectáculo de luz y furor entraban por cada una de las escotillas, sumiéndome en un estado de gracia que me impulsó a exclamar Madre mía, Señora mía. La sinergia de los paños de cristales parecía ceder ante la fuerza de la naturaleza. El ruido de la tormenta no cesaba y los ventanales multicolores parecían salirse de su círculo pronto a desprenderse. Los vitrales en su conjunto esparcían un rayo de luz palpitante y espontáneo. Era una tormenta de verano que solamente duro unos minutos. El interior del templo estaba animado con una atmósfera rutilante de piedras preciosas de distintos e intensos colores que daban al lugar sagrado un tinte portentoso. El increíble suceso casi sobrenatural de este maravilloso despliegue de luz, agua, viento, color y geometría parecían celebrar la vida del Eterno y su Madre en el Sagrario. Me sentí arrollado de la Ecuación Dios es luz  como imagen de lo etéreo e inaccesible. Con dificultad me pare con mis muletas buscando la salida, hacia el Campito de la Virgen que rodea el templo. Mire otra vez a lo alto y nubes bajas y grises cubrían la mañana recordando al aguacero del minuto. Era un día de semana, sin muchos peregrinos. Había leído sobre manifestaciones extraordinarias de la presencia de Dios y de la Virgen, como la danza del sol, que nos recuerda el Milagro de Fátima, el perfume a rosas, el brillar del rosario sobre las paredes en varios hogares o las bombitas de luz que al quemarse dejan impresa la letra “M” de María. Me senté sobre una piedra para descansar. Una tenue neblina me arropó. Me cubrió y envolvió, como si fuera el aspapuyo de mi Tafí del Valle que con sus espesas capas de nubes bajas parece recorrer el valle sin rumbo fijo. Me sentí transportado y lanzado a otra dimensión. El mundo real se había alejado. Solamente sentía la sensación de estar sobre un plano distinto. Sin moverme, como suspendido, solo, atine a tocarme la cara y sentir las lágrimas que brotaban de mis ojos sin que pudiera controlarlas. El tenue sol que apenas asomara en la mañana gris empezó a acercarse con movimientos circulares y armoniosos como tratando de atraparme. Jamás había pensado que estuviera frente al fenómeno conocido. Tampoco fue una ilusión ya que podía ver al astro sol sin que me encegueciera. Al instante, se rasgó la tupida neblina y sobre el cielo se moldeó nítido y abierto un triángulo. El triángulo de la Santísima Trinidad. Un marco perfecto con los colores blanco, celeste y rosa del manto de la Virgen. Era sin duda la forma triangular plasmada en el reverso de la medalla que la Santísima Virgen le pidió a la vidente. Un triángulo con estrellas en sus vértices y con tres más rodeando cada lado. Fueron unos minutos. Un soplo. Un tiempo. Una vivencia inolvidable. Lo experimenté y lo recordaré mientras viva. Es Ella. Fue MARÍA a quien suplico que preserve al Mundo del escepticismo, la incredulidad y falta de Fe.  Ç

CUANDO AMANECE
Leonor Ase de D´Aloisio,
Argentina

Cada mañana al amanecer mi vida agradece a Dios
su compañía, el regalo de un nuevo día
al abrigo de los rayos del sol de la aurora
dame Señor, fortaleza para avanzar en este día,
sin temor hacia mis metas.
Señor mi vida y mi esperanza están en tus manos
confío plenamente en tú Misericordia, no temo
tú dices que sostendrás firmemente mi mano
para protegerme de cualquier caída,
yo creo plenamente en TI,
porque sé que nunca me abandonas.

EL AMOR Y EL PERDON ERIGEN PAZ
Leonor Ase de D´Aloisio
Argentina

Paz dónde estás, dónde te has ido
acaso dime; ¿alguna vez, has existido?
La naturaleza humana débil de todo sentido,
hoy no puede llegar a descubrirte,
tu nombre es palabra en boca de la gente
usada algunas veces, como salida urgente.
La sociedad te menciona .
te prometen los políticos, el mundo no se da cuenta
que en tu nombre los engañan.
La paz que pedimos con el corazón en las manos
es la paz de Belén, de aquella lejana noche
donde una luminosa estrella lo anunciaba
donde el Salvador, en un pesebre reposaba
irradiando desde allí, esa paz tan deseada.
Él es, Misericordia, es Perdón, poco duró el encanto,
orgullo y soberbia se unieron
los hombres lo apedrearon, para quitarlo del mundo
violentaron su verdad, su justicia y su paz.
Pasaron más de dos mil años…hoy se rasgan las vestiduras
no alcanzan a encontrar, una solución segura
lo ignoran a pesar de su presencia…
el Papa Francisco, llama a tener cordura
más la avaricia del humano continúa.
El agua desde el cielo, lava las heridas,
se desprenden rayos del sol, dando a la tierra vida,
los corazones permanecen duros, como de piedra.
En el diálogo con Dios, la humanidad
se encuentra, con Él y consigo misma
Dios es la paz. la estrella, la de aquellos días
ya no resplandece…aún puede volver a brillar,
si aprendemos a perdonar.

UN DIA APENADO ENTRISTECIDO 
Leonor Ase de D´Aloisio
Argentina

Hoy es un día en que me invade la tristeza
esta triztesa que amenaza, con llanto
este lanto, que se atreve asomarse a mis pupilas
estas pupilas que alcanzaron tan sólo a humdecerse
porque así de atrevida es la tristeza más yo
le hago frente, sólo lloro ante la muerte
y aquí, no hay ningún muerto. Es angustia
es impotencia frente a un mal momento
te pido Señor, no me abandones fortalece mi fe
sé mi guía en este tiempo de incertidumbre
se mi apoyo, mi refugio para consolar mi pena
mi esperanza está puesta en ti Señor,
sé que tus tiempos no son los nuestros
orienta mis pasos para aceptar este reto.
Permite Dios a esta, tú hija herida
que no se borre la sonrisa de su rostro
dale calidez a la luminosidad de su mirada
procura serenidad en sus palabras
que sus latidos sean dulces como la miel
para los corazones desolados
y al fin Señor, acepta de esta hija tuya
que su dolor sea redentor para alcanzar
tú perdón y misericordia.

AGUARDO ESPERO
Liliana Escanes

Argentina

El dorado de la fronda se refugió en mis manos…
Espero… Aguardo… Nuevos momentos, nuevos encuentros…
Con inquietud, con asombro, con curiosidad… Con oración…
Con infinita fe y esperanza… Con ternura, con calidez y dulzura…
Ojalá los momentos y las situaciones mejoren…
Renazcan en luz… Brillen en luz… Se renueven y fortalezcan en luz…
Ojalá los nuevos encuentros brillen en luz… Radiantes, espléndidos…
Ojalá los caminos se encuentren… Se reúnan las paralelas
aunque parezca imposible que así sea…
Pero para el Señor no hay nada imposible. Y si Él lo dispone, así será.
Las paralelas pueden encontrarse y unirse…
Reencontrarse… Amarse… Cuidarse… Mimarse… Acompañarse…
Quizás, por siempre… Ojalá, por siempre…
Habrá que esperar… Yo no entiendo nada…
Sólo la Infinita Voluntad del Señor es la que obrará.
Habrá que esperar…  Habrá que esperar…
Habrá que esperar…
Las aves hoy, trinaron toda la tarde al sol…

ORACIÓN A DIOS

Elsa Lorences de Llaneza
Argentina

Yo te pido Dios
que me ayudes
en lo que me
queda de vida
apartando de mí la falsedad,
la mentira.
Permíteme ser fiel
a mis amigos,
para que ellos vean en mí
alguien en quien confiar y
en quien aliviar sus penas,
pero sobre todo Señor,
que te sea fiel a ti
cada momento de mi vida.
Te pido que no me des
pobreza ni riqueza,
solo la ración necesaria
para poder vivir.
Presérvame por favor
de la vanidad y
alcánzame la sabiduría
para discernir
lo que está bien
de lo que está mal.
Y por favor
no me vacíes de amor
porque con esto
ganaré el cielo Señor.

TIEMPO DE ADVIENTO»
Sarah Petrone
Argentina

Tiempo de Adviento, de espera y esperanzas,
oportunidad de cambio en nuestras vidas
comprendiendo la llegada que germina
en el vientre de la Vírgen Soberana.

En éstas transiciones revividas
tras el anuncio de un Jesús, cada alabanza
celebra en la elocuencia, la palabra
del Ángel que marcó la Anunciación.

Alerta en la misión de ser testigo,
Gabriel la reverencia  y en sus manos
le pone la premisa sobrehumana:
María, a éste mundo dale amor.

 

 BIEN COMÚN
Susana Piñeiro
Patagonia Argentina

Tú buen Jesús, detestas la arrogancia
de quien de otros se cree superior
y te complace la humildad de aquel que siempre
con sencillez, de sí entrega lo mejor…

del que no busca brillar por vano orgullo
y a los demás los anima a superarse;
del que realza la virtud en el hermano
y el bien común es su motivo de alegrarse.

Cuando entendamos que estamos hermanados,
que el mal nos daña como sociedad
tal vez cuidemos aquello que es de todos
y al fin logremos una nueva humanidad.

 

1 comentario en “SECCIÒN RELIGIOSA”

  1. Mi árbol navideño.

    •*•
    Abro
    mis brazos
    descalabro
    en tus regazos,
    `*•.¸♥¸.•* ´
    coloridos lazos
    que con mi letra labro
    alegría en nuestros pazos
    de una vela en el candelabro.
    `*•.¸♥¸.•* ´
    El abeto es mi árbol navideño
    lleno de chirimbolos alhelí
    y que feliz me acompañes es mi sueño
    `*•.¸♥¸.•* ´
    Lo adorno con frutas que encuentro por allí
    muchas luces minúsculas. Pues te quiero risueño
    el niñito y María, todito es para ti.
    .
    .
    Pazos: Lugar de vivienda
    Chirimbolos: Esperas de todos colores.
    Este nuevo estilo, “Soneto Merítrico” – -meridiano polimétrico, escalonado– sub-género del soneto, guardando el misterioso atavismo a través de los siglos, Con la disciplina de que su estructura polimétrica {diferente medida} se inicia con dos silabas y va en aumento, una sílaba más en cada uno de sus versos poli-rítmicos {diferencia acentual}, siendo, en la estrofa finida, los versos 13 y 14 alejandrinos.-

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