RELATOS ¿ POR QUÉ ESCRIBIMOS?

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Noviembre 2020 nº 37  

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AL SERVICIO DE LA PAZ Y LA CULTURA HISPANO LUSA

 

COLABORAN: Inés Arribas de Araujo.- (Argentina).-  Leonor Ase de D´Aloisio(Argentina).- Carlos Benitez Villodres  (Málaga-España).- María Beatriz Bolsi (Argentina).-Hugo L. Bonomo (Argentina).-Beto Brom (Galilea- Israel).-Antonio Camacho (Argentina).-Lidia Dellacasa de Bosco (Argentina).-Adrián N. Escudero (Argentina).,Eunate Goikoetxea (Alicante-España).- Elsa Lorences de Llaneza (Argentina ).-Manuel Llaneza (Argentina.).-Raquel Olay (Argentina).-Gustavo Páez Escobar (Colombia).-Carlos Pérez de Villarreal (Argentina).-Dra Amanda Patarca (Argentina).-María Sánchez Fernández (Ubeda-España).-Juana Soria (Argentina .- Jaime Suárez Avalos( México).-Dorothy Villalobos (New Jersey).Alba Lidia Yobe (Santa Fe/Argentina)

¿POR QUÉ ESCRIBO?
Inés Arribas de Araujo
Argentina 

(En reiteradas oportunidades me lo cuestioné. La prestigiosa escritora argentina Poldy Bird (ya fallecida), a quien tuve el privilegio de conocer, dijo: “para mí, escribir es como respirar.”Coincido plenamente con su concepto.)

Soy feliz al expresar por escrito lo que siento y paso interminables horas en procura de otorgar bella forma al pensamiento.

Cuando me invade la inspiración, plasmo en el papel lo reflexivo o poético, con la pretensión de lograr una creación que agrade, resulte rítmica, melodiosa y de profundo contenido.

Entonces, la mente vaga por praderas de verdor y divisa arroyuelos cristalinos; ya soy amor dichoso, ya llanto desgarrado, o música deleitando el alma…

Cuando la paz reclama ser proclamada y defendida, vuelve inflamado vocablo en mi entraña y  grito en mi garganta para difundirlo por la tierra toda.

Para honrar a Dios, mi palabra es cántico de gratitud y súplica.

Que el decir me siga acompañando por los mares de la vida. Nunca cese de soñar y dejar tras de mí, estela de cariño, dulzura y aliento para quienes me acompañen y sucedan…

Porqué Escribimos  
  Leonor Ase de D´Aloisio   
Argentina.

Escribimos por muchos motivos,   lo hacemos en función de acompañar al lector cuando nos lee, animarlo a vivir la vida con entusiasmo porque ella nos sorprende con su impronta, cada día a veces es el clima, la salud,   la política, la familia, el trabajo y tantos otros.

También escribimos desnudando sentimientos, escribimos para agradecer en este caso se me ocurre,  el estar vivos y si lo estamos preguntarnos para que Dios nos permite seguir viviendo, preguntarnos qué misión debemos cumplir antes de irnos.  En estos tiempos de pandemia es muy necesario pensarlo, meternos en nuestro interior y escuchar en el silencio, lo que Dios nos pide a cada uno.  Si  quedamos vivos es de seguro que  Dios tiene algo preparado para nosotros y como siempre,  Él espera que le abramos el corazón y el alma para cargarnos las pilas del servicio, para estar en nuestro corazón,   acompañándonos en la tarea  que nos  asigne  y para la que  ya fueron dados los talentos.  Qué importante sería que a través de esta  lectura el lector descubra  su llamado.

Escribimos también,  aferrados a los valores  y  los ideales que dan sentido a la vida.  Escribimos para hablar del amor, de ese amor que a muchos nos cuesta practicar. Ese amor que exige entregarlo todo por el otro, por el que nos necesita.

Escribimos sí,  a ese amor difícil desinteresado, ese amor que no pide nada a cambio. Ese amor que Dios demanda porque Él lo vivió primero.

Lejos de querer ser Dios; tenemos que mirarlo a Él,  para aprender,  para poder imitar sus gestos, sus actos. Tenemos que pedirle esa gracia de la entrega esa entrega que no es, ni cómoda ni fácil y  no espera  recompensa. Como dice el canto:

“Amar es entregarse olvidándose dé si, buscando lo que al otro puede hacerlo feliz…”Si amas como a ti mismo, te entregas a los demás, veras que no hay imposible que no se pueda alcanzar… Qué lindo es vivir para  amar,  que grande es tener para dar, dar alegría y felicidad, darse uno mismo eso es amar, dar alegría felicidad darse uno mismo eso es amar”.

Y sí es muy difícil practicar ese amor tan puro, tan sublime pero como el canto lo dice veras que lo imposible se puede hacer realidad.  Los cambios no se producen de hoy para mañana, sino  miremos el trabajo de nuestra madre natura.

Para que los hombres escuchemos sus dolores,  mengüemos nuestras agresiones,  debió  desacelerar al mundo hasta casi detenerlo, tuvo que silenciarnos para mostrarnos su  alivio cuando el hombre se detuvo. 

En poco tiempo nos presentó  un cielo límpido y un mar que fue transparentándose, muy lentamente, un aire renovado de gases contaminantes, una tierra que aún sigue siendo  azotada por los mil y uno  contaminantes que la envenenan, principalmente  la minería, la agricultura y residuos varios  que  son depositados en el suelo que nos sostiene, ese suelo que nos transmite su contaminación en la medida justa en que lo contaminamos  y si reflexionamos con más profundidad,  tal vez encontremos una respuesta del porque de esta pandemia tan indómita que hasta el momento es incierta su expulsión.

Para que escribimos,  son muchos más los motivos que inquietan nuestra pluma por enumerar mociones,   a veces es para protestar por las injusticias, a veces desde el papel queremos ser la voz que se pronuncia en defensa de los derechos humanos; el derecho a la vida digna, a nacer como nacimos nosotros, el derecho al techo, al trabajo, a la salud en una palabra a la dignidad. Quedan  aún  ítems para citar por no excederme   en el espacio les dejo una frase personal.

“Escribimos  para alabar, para bendecir, para acompañar, para agradecer, para protestar  y para lo que Dios nos mande a hablar”.

GOZAMOS, MIENTRAS ESCRIBIMOS
Carlos Benítez Villodres
Málaga (España)

Una pregunta que alguna vez todo autor se plantea, o le plantean, es: “¿Por qué escribimos?” porque me gusta, porque gozo escribiendo, tanto en prosa como en verso.

            Al rebuscar en lo más profundo de la cuestión, nuestro sentido más primario nos dice que escribimos porque disfrutamos. Disfrutamos creando y destruyendo lo que el escritor erije. Disfrutamos manejando el destino de nuestros universos. Disfrutamos también de muchas de las cosas que rodean este oficio: reconocimiento, respeto y admiración. “Es fantástico, asevera Mario Vargas Llosa, dedicarse a algo que uno sabe hacer bien”.

            Por supuesto, también escribimos porque queremos que nos lean. Todo el mundo tiene ese lado vanidoso y gusta de ser leído, y es este el mayor elogio para un escritor.

            También escribimos porque sabemos que nuestras palabras desaparecerán probablemente mucho después que yo. En cierta medida, es la única manera que tenemos de conseguir la inmortalidad.

            Hay escritores que lo hacen por vocación, otros porque en su día quisieron emular a sus ídolos. Hay escritores que lo hacen por dinero. Hay escritores que lo hacen por prestigio. Hay escritores que lo hacen porque no saben hacer otra cosa. Hay escritores, incluso, que lo hacen por todo lo anterior. Para algunos grandes escritores, escribir “es el centro de lo que hago, refiere Jorge Semprún”, no concibo la vida sin la escritura”.

            Escribir es maravilloso. Crear mundos e historias a partir de una hoja en blanco es una sensación extraordinaria. Pero escribir también es duro, también es frustrante. Y vivir de escribir o llegar a publicar alguno de tus escritos, también lo es. Lo es por muchos motivos, pero quizá el principal sea que la mayoría de libros que vemos en librerías son traducidos y no nacionales (salvo que seas famoso y te dé por escribir un libro, en cuyo caso no solo se publica, sino que además se convierte en best seller). Quizá porque no es un sector al que le ven mucho futuro, porque encontrar a alguien que te publique, te pague y no quiera convertir tu historia en algo comercial es como buscar una aguja en un pajar.

            Escribir es duro, pero pregunta a cualquier escritor, medianamente conocido, cómo fueron sus comienzos y ninguno te dirá que fue coser y cantar. La disciplina y la constancia es lo que diferencia la afición del sueño. Es lo que convierte a un escritor en lo que es. No todos los amantes de la escritura ansían convertirlo en su sueño…, y esa es otra de las partes maravillosas de escribir, que se puede combinar con otros hobbies u otras metas. Si te gusta escribir, escribe. Porque invertir tu tiempo en algo que te gusta no es perderlo, es ganarlo mientras disfrutas. Si todas las personas a las que les gusta escribir lo hicieran de forma más o menos continua, el mundo estaría lleno de historias maravillosas. Habría muchas más oportunidades para los escritores, más plataformas y más actividades para los amantes de la escritura. Así que, si te gusta escribir, escribe.          

            Aquí tienes razones para ello: Te hace creativo, te hace responsable, te hace crecer, como persona y como escritor, te ayuda a ser empático, hace que entiendas mejor cómo funcionan las cosas, te invita a superarte, hace que te conozcas a ti mismo, te ayuda a amoldarte a las situaciones. Porque invertir tu tiempo en algo que te gusta no es perderlo, es ganarlo mientras disfrutas. “Escribo porque leo, manifiesta Umberto Eco, y gracias a la lectura nacen arroyos y afluentes del torrente de libros leídos”.

            A veces se escribe con un objetivo definido, para diseñar el trabajo, organizar los quehaceres del día, proyectar una idea. Se escribe dirigido a una meta, y el enfoque se centra en ese objetivo. Este puede transmitir un mensaje a otros, es decir, cuando tengo algo que decir, lo comparto. Asimismo, cuando pasa algo duro o triste en la sociedad o familia, procuramos escribir para dar fuerzas, o para felicitar a las personas que forman nuestro mundo, o para ayudar a otros a alivianar su carga, o a tomar conciencia, o a creer y a crecer, o para agradecer.

            Muchas veces resulta más fácil expresarse por escrito, con tiempo y midiendo las palabras que, hablando, donde uno se ve más condicionado por la mirada directa del interlocutor.

            También se escribe para sí mismo, para expresar algo interno, liberar o contar emociones, ya sea para para desahogarse, o para escribir historias, o poemas alegres, expresando lo más auténtico de nuestros pensamientos Escribir establece una conexión interna, es decir, para conectarnos con algo esencial de nosotros, para encontrarnos con nosotros mismos. Del mismo modo, se escribe por placer, por gusto, por amor a las artes. “Yo no elegí, dice Julia Navarro, escribir. Es igual que enamorarse”.

            Se escribe para recrear lo más sencillo, como en los haikus, que remiten a lo más pequeño y cotidiano de la vida. Se escribe para contribuir al mundo (aunque sea muy reducido) con la belleza y sutileza del espíritu humano, con la idea del arte como propósito más elevado y espiritual.

            Cervantes escribió un libro divertido, rebosante de comicidad y humor, con el ideal clásico de instruir deleitando. Cervantes afirmó varias veces que su primera intención era mostrar a los lectores de la época los disparates de las novelas de caballerías. En efecto, el “Quijote” ofrece una parodia de las disparatadas invenciones de tales obras. Pero significa mucho más que una invectiva contra los libros de caballerías.

            A Shakespeare le encantó escribir obras de teatro, además, fue actor y empresario puesto que dirigía su propio teatro, un teatro que se veía obligado a cerrar y postergar sus representaciones siempre que se daban más de 30 muertos por peste en una semana, esa era la norma entonces. Las obras que Shakespeare escribió cuando, a causa de la visita que la maldita peste bubónica rindió a Londres, le cerraron el teatro y tuvo que confinarse, ¡y qué tres!: Macbeth, El Rey Lear y Antonio y Cleopatra.

            Ernest Hemingway siempre quiso ser escritor. Decía que cuando mejor se escribe es cuando uno está enamorado. Una vez que la escritura se ha convertido en tu mayor vicio y tu mayor placer, solo la muerte puede pararlo. La seguridad financiera es la mejor ayuda porque evita que estés preocupado. Y eso es importante porque la intranquilidad destruye la habilidad de escribir.

            Escribimos porque queremos vivir más y queremos poder y siempre luchamos contra el dolor y la escritura nos ayuda. Es escudo y bálsamo contra ese enemigo. Nos produce también dolor en el instante, pero luego nos compensa y mucho. El suyo es un dolor que cura otros dolores.

            Me encantaron, por cierto, esas palabras que Ernest escribió: “Permanecer en los sitios y marcharse… Confiar, desconfiar… No creer ya y creer de nuevo… Ver los cambios en las estaciones… Salir en los botes… Ver a la nieve venir, verla marcharse… Escuchar la lluvia… Y saber dónde encontrar aquello que quiero”. Todo ello, para escribirlo después en la tranquilidad de nuestro despacho, de nuestra casa.

            Escribimos nuestras vivencias y nuestras experiencias, nuestros sueños y nuestras ideas, nuestros pensamientos y nuestros recuerdos ya lejanos en el tiempo, nuestras victorias y nuestros fracasos… Escribimos temas reales e imaginativos.  Escribimos sin distanciarme de nosotros ni del posible lector. Escribimos, como ya dejé enraizado en un parágrafo anterior, porque nos encanta, porque gozamos, porque nacimos para ser escritores.

¿POR QUÉ ESCRIBO?
María Beatriz Bolsi
Argentina

A través de esta poesía intento explicar por qué escribo: ante todo, escribo porque es un impulso perentorio, incontenible, y al mismo tiempo, inexplicable. Escribo porque hay algo en el mundo “de afuera” que me mueve y me con-mueve. Ese “algo” puede ser un
lugar (una casa, una calle, una plaza, un sitio), un aroma, una persona, un suceso, un objeto….La lista puede ser infinita. Y hay un “adentro”, un universo interior, compuesto por vivencias, recuerdos, emociones que necesitan transformarse en palabras. Lo que vivimos con intensidad, poniendo la emoción y el asombro, está allí.
Es- y será- siempre presente porque impregna nuestra vida cotidiana, nuestros gestos, nuestra manera de ver el mundo. Una manera de “ser” y de “estar” en la vida. Y “florecen” (al decir de Ungaretti) por la palabra. Escribo también porque hago mías las vivencias de otros, sus desamparos, sus tristezas o sus alegrías. Ponerme en la piel de “otro” y volcarlo en palabras. Como digo en la poesía, exponer nuestro interior puede volvernos vulnerables. Pero es el precio que se “paga” por ser escritor y cruzar elumbral de lo seguro y lo conocido.

Noviembre/2020

DIVAGACIONES EN TORNO A: ¿Por qué escribimos?
Hugo L Bonomo
-Argentina-

Hay dos instancias, en la vida de una persona, en las que esta pregunta no depende de su voluntad, y son dos momentos, que merecen destacarse, porque marcan momentos cruciales en su vida.

La primera tiene que ver, directamente, con la posibilidad futura de poder hacerlo;  depende de la voluntad de los padres, y de la obligación de cumplir con las tareas que la maestra le indica, en las primeros momentos de su educación preescolar, que, aunque sean garabatos, son los primeros símbolos que le van a permitir, luego de un tiempo, desarrollar un mecanismo, que le permita aprender un sistema que le posibilite expresarse y comunicarse; la escritura.

Y así como hay una primera instancia, impuesta y, prácticamente, obligatoria cuando comienzan los albores de la vida; hay una segunda, que se manifiesta en los tramos finales, o cuando el individuo comienza a sentir que lo que tiene dentro de su cabeza, no le alcanza para recordar lo que tiene que hacer, y no le queda otro recurso que escribirlo. Considerar que, exceptuando los desmemoriados naturales, los veteranos actuales tienen internalizado el papel como base de su escritura, pero, aunque hubiese jovatos modernos, con acceso y manejo de los medios digitales, de igual manera tienen que recurrir a la escritura para mitigar los efectos negativos de su perdida memoria. 

Dando por ilustrada la función utilitaria de la escritura en las edades que la necesitan, hay una primera etapa inicial que, lo utilitario, agrega una función subjetiva y emocional, y es cuando lo escrito se convierte en comunicación amorosa, por medio de esquelas y mensajitos, que utiliza la adolescencia, y la escritura se convierte en un puente secreto, misterioso y amoroso, irreemplazable.

A partir de allí, la escritura pierde su trascendencia y, hoy, en la vida cotidiana, es desplazada por la palabra oral; ya que es más cómoda y no exige, prácticamente, esfuerzo. Lo escrito, pasa a ser parte del formalismo y los trámites, que a nadie seducen.

Pero hay gente que gusta escribir, como medio de expresión, comunicación, trascendencia, alimento espiritual, solidaridad, aporte al bien común, profesión o negocio.

Dentro de los que se denominan escritores, es tan vasta la variedad de motivaciones que, emitir una visión, sería tan difícil como ahondar y determinar el interior profundo y secreto del ser humano.

De cualquier manera, se denominan escritores a quienes escriben libros; sin dejar de honrar a todos los seres ocultos, apasionados y motivados por la escritura, que no tienen dinero para editar un libro.

Y aquí comienza lo imposible de discernir, en nuestros días: que es la literatura, qué es escribir bien, qué valor tiene lo escrito y que función cumple; lo cual es tan particular, que la escritura se ha convertido en un rasgo que distingue al firmante de un libro; aunque el mercado ha generado una especie de traductores, de bien escribir, que plasman en un volumen impreso cualquier dislate, acontecimiento llamativo, morboso u ocurrencia de algún personaje famoso, que atrae la atención de la gente y, en este caso, el objetivo es ganar dinero con la escritura.

Escribir bien es la condición primera y elemental de la escritura, y el no hacerlo bien, la mayor falta de respeto y consideración hacia el prójimo, por lo tanto, antes de ponerse a escribir algo, uno debe saber escribir bien, o correctamente, aunque hoy, tampoco es un impedimento, porque hay correctores ortográficos, de redacción y estilo que pueden solucionarle el problema, con el pagar bien de por medio.

La pregunta, en este punto, sería ¿Por qué escribimos? o ¿Por qué publicamos, o divulgamos lo que escribimos?

Escribimos porque sentimos la necesidad de comunicar algo; de otra manera, nos alcanzaría con sentirlo y guardarlo en nuestra memoria. Y aquí se impone plantearse,  además de escribir bien, para el logro de una buena comunicación, el valor de lo que escribimos; que está en función del tiempo en que vivimos.

La antigua literatura, en sus inicios, reconocía, según Aristóteles, tres géneros literarios: Narrativo, Lírico y Dramático, pero estamos lejos de poder comprender las necesidades de esos tiempos, porque tendríamos que haberlos vivido, para poder saberlo, según el mismo Aristóteles.

Seguramente hay géneros que perduran en el tiempo, y las novelas, los cuentos y la poesía pueden producir, actualmente, interés o placer estético en muchos lectores, todavía no invadidos por los modernos medios de comunicación.

Cuando nos preguntamos ¿Por qué escribimos? Nos estamos refiriendo a quienes escriben, generalmente, por el placer de escribir, y vuelcan, en los escritos todas sus posibilidades de aparecer como literatos destacados, que muestran su espíritu y sensibilidad, con un lenguaje selecto, a veces rebuscado, que evidencie su elevación, ante la pretendida gente culta y sus colegas escritores.

En el caso de poder concretar la edición de un libro, y que su elección sea comprendida, compartida y adquirida; el escribir puede generar ingresos, y, el hacerlo es gratificante y hasta rentable. Caso contrario, la edición será objeto de contemplación u obsequios valorados.

Hay otra bibliografía particular que necesita escritores especializados e idóneos en distintas materias y temas, que tienen que ver con la educación, la historia, la ciencia y también el cholulismo y la cursilería, que tienen sus consumidores, pero esto ya es un oficio o profesión.

Y aquí llegamos a una diferenciación personal, en base a los tiempos que corren, y en un acto de rebeldía libertaria, voy a cambiar la pregunta ¿Por qué escribimos? por la razón: Porqué escribimos y, en este caso particular; porqué escribo.

Escribo, luego de hacer mil cosas en la vida, porque si el hombre evoluciona, y se concientiza, siente la necesidad de que todos los actos que lo gratifican, deben cumplir una función social, y aportar algo útil para sus semejantes. No importa si es una narración, algo utilitario o estrambótico; en alguna parte debe dejar, aunque sea pequeña, una experiencia, ayuda o conocimiento para el prójimo, que pueda resultar útil para el bien común.

A pesar de lo cambiante del universo, en las artes, hay valores que permanecen inalterables, desde la antigüedad y, a partir de la escritura, se empezó a conformar un valor literario que documentaba, religión, historia y hechos del nacimiento de la literatura. Pero el mundo se modifica, y la literatura también debe hacerlo.

Es elemental considerar al hombre como actor y protagonista de cada época, por lo que la literatura contemporánea debe cumplir otras funciones, porque son distintas las necesidades del hombre moderno y aportar a la cultura, el desarrollo y al bien común, en nuestra sociedad subdesarrollada; es una obligación moral del escritor, para con su prójimo.

Y aquí es donde se plantea el porqué escribimos y la falta de adecuación de los géneros literarios, que siguen siendo los aristotélicos; manteniendo sus estilos y características estéticas.

Hoy, y aquí, sería pertinente, por un acto de justicia, actualizar los géneros literarios, para que, quienes escriben, en lenguaje simple y directo dirigido al hombre común, con el fin de aportar a la sociedad, no sean considerados solo articulistas, cronistas, periodistas, o elementales escribidores.

El mundo es cambiante, y el pueblo, de muchos países, no puede acceder a la sabiduría anterior a Cristo; por eso, la cultura actual debería plantearse porqué escribir. Escribir no solo por un placer personal y estético, sino para intentar un género literario humano, y escritores sociales, que enriquezcan su interior, intentando una literatura social y sensible, dirigida al prójimo y al bien común, aportando ejemplos y valores que enriquezcan sus vidas y el mundo que habitan. 

¿POR QUÉ ESCRIBIMOS?
Beto Brom
Galilea- Israel

Simple pregunta, no fácil responderla. Ya desde niños jugamos con los lápices, nos encanta dibujar garabatos.
Empezamos a pensar desde temprana edad, y algunos pretenden transformar en letras sus pensamientos.
Nuestra mente llena de ideas…deseos y anhelos…los privilegiados logran plasmar en la virgen hoja todo ese revuelo de inquietudes.
Compartir vivencias, alegrías y despedidas…esa es la consigna.
Convertir nuestra palabra en un emisario…una paloma mensajera…una novedad que atrae. Todos saben escribir, algunos muy bien, al punto tal, que disfrutamos leyéndolos.

ESE ILUMINADO HACEDOR DE FICCIONES
Por Antonio Camacho Gómez
Santa Fe-Argentina

   Samuel Smiles, escritor escocés que exaltó en su obra el sentido del deber y la fuerza del carácter y que tuvo un largo período de justificado prestigio, mucho más prolongado que el de otros autores, tan olvidados actualmente como él, pero que relumbraron durante cierto tiempo en  el campo literario mundial (o Curzio Malaparte, autor de “La piel” o G. Virgil Giorgiu, conocido principalmente por “La hora veinticinco”, pueden servir de paradigmas): refiriéndose a un conocido colega que lo había abandonado todo para dedicarse a la literatura, expresó que era “el más débil báculo en que podía apoyarse”. Dicho esto con un criterio crematístico y en una época, el último tercio del siglo diecinueve, en que desde el punto de vista económico resultaba sumamente riesgoso buscar en el dilatado horizonte de las letras fortuna y prosperidad.

  Con frecuencia fama y deudas se daban la mano y el peregrinar del talento por redacciones y editoras para obtener algún adelanto por trabajos presentados o en vías de concepción fue la senda dificultosa y a veces humillante por donde transitaron autores de fuste. Como le aconteció a Knut Pedersen Hamsun, ganador del premio Nobel en 1920, que soportó una dura vida de privaciones y penurias y fue desde cantero, empleado de comercio y periodista hasta conductor de tranvías muy lejos de su tierra noruega, en Estados Unidos. País en donde el ejercicio de múltiples oficios por  novelistas, dramaturgos y cuentistas, ha sido tan corriente como los desempeñados por artistas de diverso origen. Arthur Miller y Jack Kerouac, éste hondamente compenetrado con la generación “beat”, son dos nombres ilustrativos.

  Pero el escritor de raza, el que siente la necesidad imperiosa de dar carnadura a las criaturas que pululan en su cerebro y exigen ir “al mundo a cuyo contacto fuisteis engendrados, y quedad en él como el eco que encontraron en un alma que pasó por la tierra sus alegrías y sus dolores, sus esperanzas y sus luchas”, como dice Bécquer, no se doblega ante la adversidad que representa una difícil coyuntura que afecta su singladura vital, sea el contratiempo material, la incomprensión de muchos, la posición ideológica que lo coloca en el extremo peligroso de un salto en el vacío de la inanidad.

  Infatigable tejedor de quimeras, buceador de hontanares, pergeñador tantas veces afiebrado de imágenes rotundas; atrapado por un orbe de criaturas que buscan, como en la obra pirandelliana, quien los dote del ropaje y del espíritu que les permita lanzarse al duelo de lo sensible, no pocas veces persigue, a través de los fantasmas de que habla Sábato, abrir caminos ideales a la condición humana. Señalar rumbos y establecer metas de superación que los autores místicos comprendieron cabalmente y que los académicos suecos, salvo excepciones con implicancias políticas, tienen particularmente en cuenta al conceder el galardón ecuménico de mayor jerarquía literaria.

  Ese afán, en ocasiones desmitificador, por despertar conciencias y reivindicar derechos, cuando no bajando a los infiernos de la inequidad ejercida por el despotismo; iluminando pasajes aciagos en el devenir de los pueblos, ha sido la causa de más de una desventura, de un exilio interior, de un destierro forzado, de una desaparición prematura. Porque en el duro y por momentos angustiado entretejer de las ficciones, ajenas a las borgeanas, no se ha marginado el compromiso con la libertad y la esperanza, con los supremos valores del hombre.

  “La obra maestra es una variedad del milagro”. Afirma el Hugo de “Los miserables”; máxime, cabe agregar, cuando fijando caracteres y recreando situaciones y ambientes abre caminos de dignificación y de armonía estética y social.-

Escribir acerca del escribir
Lidia Dellacasa de Bosco
(Argentina)

   ¿Por qué escribimos? La pregunta parece tan sencilla y sin embargo genera en cada uno de nosotros múltiples y diversas respuestas…

   El primer recuerdo es el de mi padre, inclinado sobre la mesa familiar, trazando con esmero caligráfico las letras que había aprendido en su escuela primaria. Escribía por necesidad, pero también para proyectar sus sueños. Un día lo sorprendí anotando en una libreta prolijamente dispuesta, sus planes para los próximos años. Y allí estaban la ilusión de la casa propia, el anhelo de brindarme un estudio que, según él, sería “su única herencia”; el deseo de conocer un día a los nietos que sólo yo, única hija, podría darle…

   En otro tiempo, el de los inmigrantes que venían de la lejana Italia, el abuelo Miguel había partido de la tierra amada en un barco que lo alejó de sus seres queridos. Ellos quedaron allá, en el Piamonte, y él no podía escribirles más que con el corazón. Sólo sabía trazar su nombre y apellido, pero ansiaba aprender para contarles sus vivencias en “la América” a la esposa y a los hijos con los que soñaba un reencuentro feliz.

   La escritora argentina Ángela Pradelli rescata en uno de sus libros una experiencia muy especial sobre el acto de escribir. Cuando le preguntaron en una entrevista al escritor italiano Ferdinando Camon por qué escribía, el periodista se sorprendió al escuchar la respuesta: “Escribo por venganza”. Explicó que sus padres no sabían escribir y cuando recibían una carta del municipio, del ejército o de la policía (nadie más les escribía) se asustaban y acudían al cura para que se las leyera. “Desde entonces sentí a la escritura como un instrumento de poder. Y soñé siempre con pasar del otro lado, poseerme de la escritura, pero para usarla en favor de aquellos que no la conocían: para cumplirles sus venganzas”. Y aclaró que aún dentro de sí sentía esta venganza como justa, santa, gloriosa.     

   Gianni Rodari, de profesión “inventor de historias para niños”, relaciona la  escritura con la lectura y la imaginación. En el Prefacio de su libro “Gramática de la fantasía” expresa: “Yo espero que estas páginas puedan ser igualmente útiles a quien cree en la necesidad de que la imaginación ocupe un lugar en la educación; a quien tiene confianza en la creatividad infantil; a quien conoce el valor de liberación que puede tener la palabra. “El uso total de la palabra para todos” me parece un buen lema, de bello sentido democrático. No para que todos sean artistas, sino para que nadie sea esclavo.”

   En todos los casos (aún en los diarios personales), la escritura se convierte en un puente tendido hacia el lector. El lenguaje, la palabra, son instrumentos de un amplio espectro de razones para escribir: el íntimo deseo de sentir cerca a los seres queridos; la necesidad de expresar sueños, proyectos, ilusiones; el anhelo de llegar al ser amado a través de una carta; la voluntad de argumentar en defensa de ideales que el mundo va perdiendo lenta, pero inexorablemente; la producción de textos académicos que los estudiantes deben presentar en su itinerario hacia el logro de la profesión… Y la razón quizás más bella que surge del alma enamorada de la literatura: escribir por el puro gozo de enhebrar en palabras todo aquello que la imaginación atesora.

   El plural de la pregunta que inicia este texto me lleva a mi propia experiencia, personal e íntima: ¿Por qué escribo? La respuesta es simple en su profundidad: escribo por pasión, porque la lectura -esa otra cara de la escritura- me enseñó desde niña a admirar aquellos libros que la bibliotecaria me prestaba bajo la condición de cuidarlos como si fueran un pequeño tesoro. Años de lectura, de sentir la fruición del texto…

   Después, años de docencia en los que la prioridad era la escritura de textos académicos… Hasta el día en que me atreví a trazar la primera línea de un cuento. Sin advertirlo todavía, en ese momento acababa de ingresar en el mundo mágico e inigualable de la ficción. Desde ese instante, ya no pude -no quise- evadirme de ese universo apasionante. Y me atreví a los poemas, los haikus, los microrrelatos, los artículos de opinión, las cartas surgidas de la imaginación y dirigidas a personas reales o imaginarias…

   Desde entonces, el placer de la escritura no me abandona jamás. Ahora, en este tiempo de sufrimiento que atraviesa mi familia, escribir se ha convertido también en una forma de enfrentar la adversidad, de no rendirme frente al dolor y las pruebas que la vida nos presenta.  Siento que la palabra, ese don que Dios nos ha concedido, me traslada a mundos imaginarios o reales, me permite ingresar a dimensiones desconocidas de la existencia humana, me acerca la amistad de personajes con quienes comparto historias y peripecias…

   Así, el lenguaje con el cual se teje la trama incomparable de la escritura, construye un puente tendido hacia el otro: el lector presente o soñado, o el propio interior que recupera una y otra vez el goce entrañable de escribir con el alma entregada a las palabras.      

ESCRIBIR NO ES REDACTAR
Adrián N Escudero
-Argentina-

A los colegas en el Maná de la Palabra del Magazin virtual “ARISTOS INTERNACIONAL” (Alicante, España), con afecto y admiración…
Y muy en especial, a mi querida madre Zulema Angélica (qepd) y a mi esposa Maria Teresa Susana, quienes alentaron como nadie mi vocación de escritor o trabajador de la Palabra. Con eterno agradecimiento.

Uno

Decía san Juan Pablo II (LC – Junio 2014, pág. 22): “Vivimos en una época en que sobreabunda la palabra, repetida hasta la saciedad por los medios de comunicación social, que ejercen tanto influjo sobre la opinión pública, para bien y para mal. Pero lo que necesitamos es la palabra rica en sabiduría y santidad”.

En el mes de abril 2015, y vía una correspondencia epistolar sostenida con un apreciado colega latinoamericano en torno al oficio de escribir, en torno al quehacer (motivos, sensaciones y productos literarios) del “luminoso hacedor de ficciones” (como acierta en llamar al escritor el periodista y poeta almeriense Antonio Camacho Gómez, al describirlo intelectual y pragmáticamente,), me encontré –decía- con un texto de Autor Anónimo que ligaría, necesariamente, a dos acciones concurrentes y congruentes per se: a leer con escribir.

Y a preguntarme, entonces y antes del “¿Por qué escribimos?”, a interrogarnos más bien acerca de… ¿Por qué leemos?, o deberíamos hacerlo. Tal vez en esa sinergia ordenada por la mixtura comunicativa denominada lecto-escritura, podamos encontrar el secreto y el encuentro final con aquella “palabra rica en sabiduría y santidad”, que requería como una súplica aquel inolvidable Papa.

Interesante, ¿verdad?

Es que “Leer es un proceso natural de acumulación subconsciente y retroalimentación posterior. Todo aquel que desea convertirse en escritor ha de leer primeramente, leer mucho y todo tipo de literatura. Sin darse cuenta, la perfecta máquina del cerebro humano irá almacenando impresiones y experiencias del material leído. Cuando la persona comienza a escribir por primera vez, ese flujo acumulado por el subconsciente le ayudará a dar los primeros pasos en literatura.

“Siempre me gustó leer (y aquí me hago sosías del anónimo autor). Y en mi caso ocurre algo misterioso y peculiar. Me parece que mientras leo escucho las “voces” de los textos, las voces de los autores que los escribieron. Esas voces me parecen llegar desde muy lejos en el tiempo, hablándome desde las profundidades del tiempo como el zumbido distante de voces cultivadas según mis ojos se deslizan por las líneas y las palabras. Son las conversaciones fantasmales de los autores que vibran con un susurro tenue, a mi alrededor, cuando todo está en calma. Es como si yo fuese, en esos momentos, el alumno de un plantel durante una clase, y los escritores –vivos o ya muertos- mis tutores.

“Escribir y leer constituyeron inventos excepcionales que unen personas que nunca se conocieron, ciudadanos de distintas épocas. Los libros rompen los grilletes del tiempo” (Autor Anónimo).

Entonces viene Fabio Morábito (escritor mexicano – n. 1955), y nos recuerda con su impronta tan especial y gráfica, que: “… escritor es aquel que se enfrenta al fracaso de escribir y hace de ese fracaso, por decirlo así, su misión, mientras los demás sencillamente redactan. Podemos (…) imaginar a alguien que, soga en mano, a punto de colgarse de una viga del techo, se dispone a redactar unas líneas de despedida, toma un lápiz y escribe la consabida frase de que no se culpe a nadie de su muerte. Hasta ahí va bien la cosa, pero decide añadir unas líneas para pedir disculpa a sus seres queridos y, como es un escritor, deja de redactar y se pone a escribir. Dos horas después lo encontramos sentado a la mesa, la soga olvidada sobre una silla, tachando adjetivos y corrigiendo una y otra vez la misma frase para dar con el tono justo. Cuando termina está agotado, tiene hambre y lo que menos desea es suicidarse. El estilo le ha salvado la vida, pero quizá fue por el estilo que quiso acabar con ella; tal vez (…) fue la convicción de ser un escritor fallido y tal vez lo sea, como lo son todos aquellos que pretenden escribir el justificante perfecto, que son los únicos a quienes vale la pena leer. Escriben para justificar que escriben, la pluma en una mano y una soga en la otra”.

Y luego vengo yo, mis amigos Aristolianos, para considerar frente a ustedes, y a la luz de la suplicante advertencia del Santo Padre Juan Pablo II, la congruencia sensata del Autor Anónimo felizmente descubierto en su acertada consideración acerca de la inescindible ligazón entre lectura y escritura; así como, y a continuación, la incisiva reflexión del citado colega Fabio Morábito; todo ello como a un conjunto de pensamientos luminosos que no pueden olvidarse fácilmente al intentar discernir cuál es, en verdad, el primigenio sostén que produce -entre los hombres- la retroalimentaria magia real y ficcional de la comunicación

Dos

Pensamientos que no pueden olvidarse porque, aventurados hasta el fondo de esa loca y cuerda y necia y sabia manía y responsabilidad de ser lo mejor de nosotros mismos, y en la administración del Don Gratuito y Vital del Maná de la Palabra, no podemos dejar de concluir que, tales escritos, son como elocuentes arrebatos idearios de lúcida contundencia.

Breves y claros ensayos que nos llevan a descubrir una verdad astutamente soslayada por la mediocridad de los necios. Nos referimos, claro está, a la necesidad de tomar conciencia sobre lo que significa redactar, a diferencia de escribir; y viceversa. Así como a atisbar –sin excusas- la visible diferencia entre un auténtico Lector (lectura concentrada y minuciosa) y un espasmódico Leedor (mero pasa páginas)… Materias en que, de plano, coincidimos con Morabito, en cuanto a que, escribir es, ni más ni menos, que trabajar la Palabra mientras se trabaja con la Palabra.

Por eso, recuerdo haber suplido en mis comentarios literarios muchas veces al sustantivo “escritor”, por el de “trabajador de la Palabra”. Acuñando de tal forma y para la posteridad (ya que no he visto ni conocido ni escuchado ni leído a otros llamarse a sí mismos de tan ajustado y literato modo: “trabajadores de la Palabra”, servidores del Maná de la Palabra, ya en su rol u oficio de “escribas” y/o “escritores”)  una expresión más modesta pero intensamente vivida, si se quiere, a fin de denotar y connotar la vocación auténtica de los sensibles y esforzados “hacedores de naderías” (dixit Jorge L. Borges).

De naderías sí; pero sólo para aquellos que reducen al Universo a una directa exposición orgánica o material, e ignoran (por error o soberbia), o descuidan (por negligencia o vanidad) el Arte de la Contemplación de lo que el Gran Espíritu realiza en el Cosmos, en tanto da la vida al Ser Universal en un perenne renuevo de infinitas transformaciones. Un Gran Espíritu que da vida para la Vida, y sentido verdadero y trascendente a todas las cosas tocadas por la Gracia de su esencial tributo creador.

O breves reflexiones indicadas para intentar lograr una toma de conciencia sobre la diferencial y sustancial antípoda connotativa y denotativa, que equidista en 180 grados al mero redactar del esforzado escribir.

Abogo, pues, porque esta última tarea (la escritural o literata) se tome realmente como lo que es: un trabajo que dignifica a quien lo ejerce con pureza de corazón y rectitud de intención (como cualquier otro trabajo; sólo que éste contempla, descubre, analiza y expresa a las esencias espirituales que alimentan al fuego de la vida en la Creación toda).

Tres

En tiempos de materialismo y utilitarismo productivista, es bueno afirmar la idea de que quienes practicamos el oficio de trabajadores de la Palabra (escritores) y desde el esfuerzo, la inspiración y la imaginación creadora, somos también creadores de productos. De productos culturales que trascienden los límites de la materia, para adentrarse en los secretos de la vida misma

Pronto los católicos celebraremos a Cristo Jesús como Rey del Universo, Verbo por el cual fueron hechas todas las cosas y regalado al hombre el don del habla y la comunicación inteligente; por lo anhelo para ustedes, sapientes colegas y amigos miembros de este Foro Aristoliano, abundantes bendiciones y una feliz semana en la que se principiará el Tiempo de Adviento, preparándonos en cuerpo, mente y alma, para festejar la Natividad del Señor de la Historia.

En ese orden, entiendo que la palabra es como la alquimia de un hechizo convocante, conferido por la Gracia del Hacedor para hacer del hombre, persona que trabaja y labra su propio destino. Y como sostengo en un fragmento del prefacio que hube elaborado en marzo 2012 para el libro «PALABRAS QUE BIEN ENCAMINAN» (del joven poeta brasileño Ivanildo Sales Chales, pág. 21), «(…) hombre sembrado y enarbolado, cual sagrado relicario -en la fragilidad de la vajilla de barro que lo sostiene y contiene-, (donde) vibra, con espíritu de trascendencia, la PRIMERA PALABRA HUMANA, al descubrirse ser viviente durante el agridulce destierro conferido a la impronta de la existencia humana: PAPÁ o MAMÁ». Palabras que reflejan, en la intimidad más profunda del corazón humano, el preclaro amor de padre y ternura de madre con que Dios, de quien proceden todas las cosas, nos ama. Nos ama y nos adiestra con gratuidad, misericordia y providencia, en la administración de su Propio Maná, el de la Palabra Viva…

Y nos vuelve artesanos, trabajadores de su Verbo Creador y Creativo, copartícipes de una infinita capacidad para hacer surgir de lo viejo, lo nuevo. Reiniciando el milagro de la vida para la Vida hasta el fin de la historia humana.

Palabras para crear y crecer. Crear y madurar. Crear, crecer, madurar y bien encaminar. Crear, crecer, madurar y bien pensar, sentir y servir.

Entonces… la Palabra vista no tanto como al solo y llano Conocimiento que puede devenir y/o devenir en vano orgullo, sino en cuanto y además, en complemento espiritual, en sacramento del Amor Ofrenda (discipular y testimonial) que edifica Sabiduría, tal y cual lo ansiaba SS San Juan Pablo II, al expresar: “(…) lo que necesitamos es la palabra rica en sabiduría y santidad”. Pues sucede que, a veces, la palabra que puede ser significante, interpelativa o manifestadora del propio ser y hacer, no puede expresarlo todo.

”Entonces… el gesto viene en su ayuda; hace que la palabra -digo: como acción dialógica por el que una persona se dirige y expresa a otra, en tanto sujetos concurrentes  de una comunicación- gane en profundidad. Cuando el don de la persona, por medio de la palabra, no basta para expresar todo, el ser profundo de la palabra culmina en la entrega de esta mediante el compromiso de su vida. Una serie de palabras y de acciones puede culminar en un gesto que sintetice plásticamente la intención fundamental de la persona» (dixit, Pbro. Carlos María Domínguez (OAR), prólogo a la obra citada ut-supra, pág. 16/17). Y así, a las Palabras, no se las llevará cualquier viento…

¡Paz y Bien! ¡Da lo mejor de ti, y lo mejor vendrá a ti!

¿ POR QUÉ ESCRIBO ?
Eunate Goikoetxea
Alicante-España

Los motivos de escribir  son tan personales como los propios escritos. Escribir es en sí una forma de reflexión. Sirve para digerir ciertos hechos. Dialogar con nosotros y al mismo tiempo con el mundo. Ayuda a desenfocar la realidad y, de esta manera, encontrarle aquellos otros significados que solamente, en ocasiones, se guardan en el subconsciente. Poemas, artículos, cuentos, cartas,  todo lo que ocupa mi mente , lo escribo, y  simplemente es más fácil  de decir, más fácil de sobrellevar, más fácil de entender, más fácil de memorizar. Me ayuda a mantener la cordura y a perderla, escribo mejor de lo que hablo, mejor de lo que me expreso. Es mi forma de comunicarme con el mundo.

Si todas las personas a las que les gusta escribir lo harían de forma más o menos continua, el mundo estaría lleno de historias maravillosas. Habría muchas más oportunidades para los escritores, más plataformas y más actividades para los amantes de la escritura. Estos son algunos de los motivos por los que escribo.

  • Me hace creativa. Hace que conecte con el lado artístico del cerebro, me permite desarrollar mi imaginación a límites insospechados. Me hace capaz de crear, a partir de un papel en blanco, nuevos mundos e infinitas situaciones.

  • Me hace crecer, como persona y como escritora. Mientras más escribo mejor lo hago, y tengo pruebas físicas del progreso (y si no, leo uno de mis primeros relatos y ojeo uno de los últimos. La diferencia es enorme.

  • Me ayuda a ser empática. Tengo a cargo a decenas de personajes, todos diferentes. y eso hace que abra mi mente y  que entienda mejor cómo funcionan las cosas. 

  • Aprendo. Y no solo nuevo vocabulario, sino a crear nuevas formas gramaticales, a crear resúmenes de esos párrafos y párrafos en los que realmente no dices nada.

  • Escribir me ayuda a superarme.Leo a un autor en concreto que tiene una forma de escribir particular y decido probar su estilo, o escribir de pronto un relato en segunda persona, o arriesgarte con un género que nunca habías probado. Escribir me invita a salir de mi zona de confort, y anima ese lado aventurero que todos llevamos dentro.

Así que si te gusta escribir, escribe…Porque invertir tu tiempo en algo que te gusta no es perderlo, es ganarlo mientras disfrutas.

POR QUÉ ESCRIBIMOS
Elsa Lorences de Llaneza
Argentina
VIVENCIAS

   ¿Por qué escribo? Es una pregunta que me hago desde hace más de 20 años. ¿Qué luz entró por mi cerebro y prendió la lámpara del Don que me regaló Dios y estaba dormido en él? ¿Qué extraño e ignoto destino traemos que a veces buscamos desesperadamente y luego, un día, se presenta de golpe y nos sorprende?

   Ese día, mi día, operaban a mi hija de su brazo en el Sanatorio de la Trinidad. La dejamos en el pre-quirófano e hicimos lo que nos dijo el médico: Nos fuimos a la confitería a esperar.

   A pocos metros de ella estaba la Capilla y fui a rezar para pedir por su salud. No más entré me arrodille y me puse a llorar. Era mucha la angustia y la descargué a los pies del Señor.

Un poco más tranquila levanté la mirada y sobre un dintel de yeso que cruzaba de lado a lado el altar habían escrito: “Si buscas a Cristo, búscalo en el pobre,  en los enfermos, en el que nada tiene”. Lo leí varias veces, sin interrupción y me retiré de la Capilla.

En la confitería me senté y pedí un café. Mi esposo me preguntó al verme tan callada: -¿Estás muy nerviosa? Meneé la cabeza diciendo que no, pero no hablé. Algo me ponía inquieta: “Las palabras de la capilla”. Busqué en mi cartera una lapicera, tomé servilletas de arriba de la mesa y allí escribí mi primer poema   “TE BUSCO”  que a lo largo del tiempo recibió cinco premios.

   ¿Qué yo lo escribí? Mentira, jamás pude discernir, comparar o escribir algo que, a la larga, iba a gustar tanto. Yo no escribo, lo hacen por mí, por medio de esa luz que, ese día, entró en mi cabeza y que, cada tanto, se prende y se apaga que baja por mis manos y escribe.

    Unos meses después, una amiga muy querida que ya no está, me invitó a conocer al P. Hernán Pérez Etchepare Director de la Liturgia Cotidiana de San Pablo de CABA. En esa oficina chiquita, desordenada, llena de libros y recuerdos me preguntó: ¿Vos escribís? – Algo, contesté yo, haciéndome chiquita.

– Mirá este es mi e-mail mandame algo, si me gusta te lo publico. A los tres meses estaba colaborando para él y todos los meses me publicó un poema durante casi 10 años.

   Yo ya, para ese entonces, no me dejaba guiar solamente por mi lamparita, fui a estudiar Literatura y era la encargada de leer todos los poemas que entraban en la Redacción del Padre y elegir los que iban a la Liturgia. De poemas sabía. Durante 10 años, de los 8 a los 18, estudié Declamación para recibirme de recitadora. Sabía de poemas de los otros. Sabía discernir la musicalidad de un poema en los otros, pero algo me guiaba en los míos.

   Al lado de Hernán aprendí muchísimo. Juntos abrimos un Café Literario. El primer Café Religioso del País, del que luego se fueron abriendo sucursales: Rosario, Neuquén, Ciudad Evita, San Nicolás. Cafés inolvidables. Llenos de poetas que nos escribíamos, nos acompañábamos en nuestras dificultades y el P. Hernán, Bendito P. Hernán, nos dirigía con amor, simpatía y el ejemplo de ser uno de los más grandes poetas.

   A nuestro primer café fueron veinte poetas. Terminamos siendo cien.

   Que feo suena leer terminamos, pero así fue. Con sus cuarenta y siete años, el P. Hernán Pérez Etchepare partió a comenzar otro café allí donde todos seremos iguales, ninguno más que otro y sin egos, porque eso son cosas de la vida terrenal.

   Allí también se fueron muchos amigos poetas que me estarán esperando. A mí me quedó el título de Madrina de poetas, que me regaló la Editorial L. V. de Chascomús y que yo no uso porque ¿Cómo puedo ser yo madrina de alguien que escribe mucho mejor que yo? Pero todavía hay algún poeta de aquella época que me llama así y yo se lo agradezco.

 Mi vida continuó y tiene una segunda etapa de crecimiento que algún otro día contaré.
  Gracias a un montón de personas que, con su cariño, me fueron levantando del dolor de las pérdidas.
   Después de contar todo esto, si tengo que contestar ¿Por qué escribo? Creo que lo más conveniente sería preguntárselo a Dios.

¿POR QUE ESCRIBIMOS?
Manuel Llaneza Blanco
Argentina

Escribir es permitir al lector dar un paseo por nuestra mente. Es revelar nuestros pensamientos, volcándolos al papel en palabras que transmitan sensaciones, emociones y vivencias, facilitando al lector ese viaje que enriquece a ambos.

Recuerdo nítidamente como activaban mi imaginación los primeros libros de aventuras. Me introducían en el mundo que estaban describiendo, permitiéndome vivirlo intensamente. Lograr esa conexión es la que me anima a realizarlo.

Es una maravillosa forma de poder contar una historia. La vida nos llena a todos de momentos y experiencias buenas y malas, negativas y positivas, y escribir nos ayuda a limpiar nuestra cabeza haciendo una especie catarsis.

Sin duda todos tenemos algo para contar, y necesitamos trasladárselo a los demás en nuestros pensamientos y emociones. Poder ponerlo en palabras escritas, creo firmemente que es la mejor forma de hacerlo.

Es a la vez un trabajo arduo. Contar una experiencia, obliga a reproducirla mentalmente y volver a vivirla con la carga completa de negatividad o positividad que tuvo en su momento. Verdad es, que el tiempo permite analizarla a través del filtro de la experiencia, ayudando a enriquecerla.

Los humanos somos indudablemente seres emocionales, y poder transmitir nuestras emociones a través de la escritura, colabora sin duda logrando enriquecer el contacto con nuestros lectores.

Escribir requiere una mente activa, y permite abstraerse del entorno, en el momento de llevar a cabo este maravilloso acto.

Escribir obliga a la introspección, que permita la mejor y más sincera respuesta a la pregunta ¿Por qué escribimos? Estas son algunas de mis razones absolutamente personales, más allá de lo que cada cual tenga como motivación

QUE SIGNIFICA SER POETA
Raquel Olay
Argentina

El poeta es un ser por Dios privilegiado, que ve el paisaje de la vida como todos, más al pasar su mirada por la lente del alma le permite descubrir detalles, formas y vivencias increíbles que para otros permanecen ocultos, inciertos o invisibles.
Es por eso que puede crear un mundo de maravillas plasmado en prosa, en oración, en cada verso, y poesía…..
Penetra el corazón humano, llega a lo profundo del sentimiento que lo habita y lo convierte en historia, cuento, relato o fantasía…..

Es conveniente leerlo despacio, saboreando aquello que quiso trasmitirnos, descubriendo en la metáfora el mensaje que es la esencia de su escrito.

Vuelca en el papel esos tesoros de su alma que quiere compartirlos, porque solo el amor que se da se multiplica, si egoístamente lo guarda, se pierde, se atrofia o se marchita.
Agradezco a Dios el don recibido y espero haber sido fiel a su consigna, llevar su Palabra de Amor, Fe, Consuelo,
Esperanza y Alegría a quien lo necesita, apostando a la Paz, la Justicia, la Verdad y la Vida.

Vigencia del escritor
Por: Gustavo Páez Escobar
Colombia

Muchas veces me he preguntado para qué sirve la literatura en un mundo como el actual tan materializado y tan frívolo. El hombre moderno vive esclavo de los caprichos de la moda y disipado entre las fantasías de esta época que pretende ser fastuosa y hasta tecnificada, pero que se ha olvidado de alimentar el espíritu. Parece que el afán de nuestros días consiste en desnaturalizar al hombre, en robarle su esencia de ser pensante y creador, para convertirlo en robot.

Hoy es más importante la posesión de bienes materiales, el enriquecimiento voraz, la locura de la droga, el desenfreno de la conducta, que las reglas del decoro y el ejercicio de la moral.

Nos movemos en un mundo ligero y frenético donde los valores se derrumban y los principios se desprecian. El hombre ya no piensa, y menos investiga ni crea. Vive dominado por el televisor y seducido por los placeres fáciles. Poco a poco vamos llegando al peor materialismo, y en realidad ya estamos en él.

Ante tanta disolución es que me pregunto para qué sirve la literatura. ¿Sí valdrá la pena escribir libros? Seamos sinceros. El escritor se está quedando sin lectores. En esa misma forma la mente se atrofia. Las nuevas generaciones no nacieron para pensar. Se aburren entre los clásicos. Lo quieren todo prefabricado y no hacen ningún esfuerzo por descubrir las maravillas del espíritu.

Quiero decir, sin embargo, que el li­bro no ha muerto, ni morirá jamás. To­davía hay lectores silenciosos que luchan por la supervivencia del hombre. Toda­vía hay quijotes de la literatura que no quieren dejar acabar este planeta. Y es preciso entender que el mundo sólo se salvará con humanismo. Aquí es donde la respuesta al interrogante que he planteado me indica que la literatura es el arma contra la mediocridad. Con ella derrotaremos la decadencia de los nuevos tiempos.

Entonces vale la pena ser escritor. No importa que el escritor sea un ser solitario entre el bullicio del mundo, si él está ayudando a redimir al hombre, a dignificar la vida.

Quiero hacer un acto de fe en la vigencia de las letras; sostener, además, que sin espíritu no podremos salvarnos del desastre. Y habrá que seguir proclamando a todos los vientos que es necesario acogernos, para no naufragar, al último vestigio que encontremos de humanismo.

PRÓLOGO A UNA PREGUNTA
Carlos Pérez de Villarreal
Argentina

Más de una vez me he preguntado: ¿por qué escribir?
Y dentro de este interrogante, ¿por qué escribir ficción?
Aún no he hallado la respuesta definitiva, porque no hay una sola respuesta.
Si sé que mi intención al redactar, es narrar, contar, relatar, en definitiva, transmitir lo que costó esfuerzo, energía y tal vez atrevimiento, y por sobre todas las cosas, la necesidad imperiosa de decir con palabras escritas aquello que hemos sentido, soñado, o imaginado.

Escribir nos permite abrir las alas de la imaginación y llevarnos lejos.
Volar por lugares y situaciones que jamás pensábamos encontrar.
Expresamos inquietudes, deseos, aspiraciones, fantasías, obsesiones y hasta parte de nuestros recuerdos.

Todo se amalgama, todo se ensambla, para dar a luz un conjunto de emociones, que nos hace sentir que realmente vale la pena. Vale la pena porque es un modo de vivir, es una relación que nos permite percibir y experimentar lo que nos rodea.
Abre la puerta a un mundo impensado, desconocido, donde somos el nexo de unión, en este sorprendente viaje hacia la ficción.
Escribir encierra conmociones, sutilezas, ironía y por sobre todas las cosas… pasión.
Muchas veces tratamos de explicar lo inexplicable.

Nunca tenemos certezas.
El tiempo no es nada, no es medible.
No nos desvivimos por el ayer.
No pretendemos ser el mañana.
Nos hacemos a nosotros mismos, sin límites, porque un segundo es la vida entera.
En un segundo se nace y en un segundo se muere.
Debemos crear, crear y crear para que la magia no se detenga nunca, porque además, disfrutamos la necesidad que nos brinda la escritura: comunicación.

    Adentrarse en narraciones abre un universo ilimitado de posibilidades.
Aparecen variados caminos, selvas lujuriosas y desiertos quemantes, librados a la imaginación.
Cada lector deberá leerlas y re-leerlas, para darles su propia interpretación.
Esa es la magia de la escritura, mutarse, transformarse de acuerdo a quien la lee.

La narrativa vocifera, revela, manifiesta, acusa, hace reír, pensar y recapacitar.
Esta tarea requiere esfuerzo, dedicación e intelecto y una habilidad especial: una destreza fantástica donde entran en juego la técnica, la perseverancia y el talento.
En las escasas páginas de un cuento breve, buscamos un arduo equilibrio entre armonía y proporción, entre rapidez para narrar y capacidad para mostrar ese mundo.
No es poca cosa.

No se es escritor por haber elegido narrar ciertos eventos, ni por la forma de escribir, sino por los sentimientos que producimos en el lector cuando nos lee: un recuerdo, una interpretación, una visión.
Escribir es atrapar al lector, despertar en él sus recuerdos, sus alegrías, sus añoranzas, sus éxitos, sus fracasos.
Hacerlo reír, llorar, gozar…
Que se identifique con la escritura, facilitarle el camino de la comprensión de algo que él ni siquiera pensaba.
Tal vez, hasta se haga partícipe necesario de nuestra narrativa, porque cuando cerramos un libro jamás somos los mismos.

    Escribir es una experiencia muy personal, es la necesidad de decir lo que uno piensa, lo que uno siente, para que otro comprenda y entienda ese mensaje, escrito con palabras. Es una aventura realmente apasionante, porque no es solo inspiración sino trabajo y organización.
Es escribir y reescribir y volver a escribir.
Y cuando lo hacemos, notamos que nuestra mente no solo piensa en la idea maestra sino que vaga por otras vías, busca otros senderos y nos resulta casi imposible sustraernos a perdernos en esas cavilaciones.
Por eso, escribir es recorrer un camino que raras veces llega a su final, porque puede ser transitado incontables veces con historias interminables.                                                             
Es expresar en un papel lo que llevamos dentro, es abrir nuestro corazón y nuestra alma y crear un mundo nuevo.
Es liberarse.                                                                                   
La escritura abre conciencias, cambia actitudes, conductas y nos transporta.
Imaginamos futuros, evocamos sensaciones y vivencias y recordamos situaciones.

Me gusta creer que somos:
Creadores de mundos imaginarios
Hacedores de cuentos
Maceradores de palabras

La magia de la escritura es abrir la puerta a un mundo impensado, que tal vez nos haga sentir mejor y tal vez, ser mejores
Creo en lo más profundo de mí mismo que la escritura… ¡es libertad!

 

¿ POR QUÉ ESCRIBIMOS ?
Dra Amanda Patarca
Argentina

1.-) Ejemplo ficcional.
-Distancia es lo que necesito.

Este sentimiento que me corroe el alma será la causa de mi perdición: me encuentro embargada por una  sensación atroz de incertidumbre.

Me refugié en la lectura de obras de autores clásicos; literatura garantizada, de la buena dicen. Pero fue en vano, ella solamente puede acompañar y, tal vez, distraerme; jamás podrá solucionarme este problema vital que me invalida. Sin embargo, mientras pienso esto tratando de escribirlo de algún modo, siento que me voy reconstruyendo. Y si tuviera que conceptualizar, en este instante,  esta sensación, que fluye desbordada desde mi profundidad,  llamada angustia, lo haría, ya, en tiempo pasado. Porque, al fin, pude transferir, ¡para mi bien y por un rato!, mi problema  existencial, a las palabras de este texto. De golpe me ha invadido el imperativo categórico de traducir describiendo con palabras escritas, provenientes de mi adentro, generadas en mi entraña, el vacío que carcome invalidando al que está solo y se siente como un perro de la calle, invadido de parásitos y sin comida. Las garras que apretaban mi garganta haciéndome temblar; el vértigo con náucias contenidas seguidas de estertores inquietantes y la idea de agonía como preludio de muerte, ya han cesado. Recobré la libertad. Me han crecido alas para volar con la imaginación a donde quiera. Y asida a esa libertad que nació coincidentemente con el uso del lenguaje, que otorga la literatura purificadora,  necesario para el logro del nacer de nuevo, puedo afirmar que dominé mi angustia conjugándola, en este, mi caso, escrita en tiempo pasado. Eso, aun siendo consciente, como lo soy, de que las perspectivas de otros ojos avizores, pertenecientes a espíritus sensibles, seguirán coloreando, sin duda, otros textos producidos, concretando multifacéticas seducciones. ¡Viva la palabra escrita con ansias de salvación! ¡Bienaventuradas sean! Porque ellas, por ahora, consiguen, mediante su resguardo en cajas o libros, trasladar, deslizando un poco más allá del horizonte temporal -vislumbrado por el hombre- la línea terrenal concerniente a la perdurabilidad de la  memoria de los hechos y de las cosas producidas por los hechos. Fenómeno estable, aún incomprensible. Amplificador consciente del espacio límite existente en la vanguardia del destino de toda cosa inerte y en especial de la palabra escrita en base sólida, atesorable. Entonces… ¿Habrá de ser posible, algún día, comprobar la certeza de que dentro de ese espacio amplificado, la palabra escrita cobra vida, en el mismo instante en que el lector futuro la ubica entre sus ojos, para iniciar, del texto, su lectura?    

2.-) Algo como esbozo de Teoría.
Un pragmático deseo: “Que la realidad se afirme”, nos domina al evocar. Sin embargo, el recuerdo desde su sitial en la memoria, nos influencia sugestionándonos con su resabio acosador: “la duda”.
Es que la bruma acumulada entre el hoy y el pasado nos insta a fabular de manera involuntaria.
A veces, sin el beneficio de la duda, aquello que se presenta como recuerdo no es más que alguna forma de sustitución. Y allí, en esa instancia, cuando el autor busca afanosamente dejar algún testimonio escrito, es, justamente, donde comienza la literatura.

Por todo eso y a fin de ordenarnos en la prosecución de este análisis, enumeraremos, entonces, los recursos, que son variados pero afines. Veamos: recuerdo, memoria (como campo de abordaje), realidad, nostalgia, ficcionalidad conmemorativa relativa y parcial como efecto necesario ineludible, consecuencia del aporte creativo en el tratamiento del relato evocador. Relato que deberá contar, para progresar como página literaria, con una intención, generada por el autor de la obra; detalles inobviables, sintetizados en dos ítems: perfección conceptual y belleza estilística. Ambos, desde sus cimientos soportadores de estructuras. Intención que puede aparecer, a partir de esa primera instancia, imprecisa: 1º) Como conscientemente proyectada, desde el instante inicial de la puesta en marcha del texto, y/o 2º) Fluyendo de manera instintiva, a medida que el escritor va progresando en su elaboración.                                                                

 3.-) Complemento como final no acabado, para adquirir oficio. Diferenciada de la consigna formulada por Aristos para establecer motivaciones. De entre las cuales podrían citarse algunas: a) Reparación de una injusticia. b) Venganza. c) Anhelo de reconocimiento, notoriedad dentro del ámbito artístico. Sabemos que podrían ser muchas, contarse por miles.  

La palabra consigna la tomamos todos, aquí, como sugerencia para tener en cuenta al encarar la elaboración de futuros textos. Por ejemplo: En nuestra asamblea, muchas veces dimos como posibilidad de uso tres palabras que debían estar contenidas en el texto (corto, mediano o largo), a concretar. Las palabras pudieron haber sido: Puente, zanja y autopista. Para trabajar como ejercicio didáctico se respetaba la consigna dada, si era única, o las variadas consignas si eran muchas. Cada uno de los futuros escritores elegía una, integrada por las tres palabras propuestas y trabajaba componiendo un texto cualquiera para tratar de cumplirla. En este caso, lo que en nuestra Asamblea se  envió como consigna fue una propuesta en la cual, a mi entender, cuando se trabaja literariamente, en relación o en función de una evocación, con todos los recursos disponibles provenientes de la memoria -como campo de acción y abordaje-, siempre existirá una distorsión respecto de lo recordado y allí, digo -según mi criterio-, comienza la literatura de ficción porque la creatividad va forjando, contaminado, el resto del texto. Algo conocido y recordado por muchos puede ser una obra que genere el asombro de los innumerables testigos que ese hecho tuvo. Muchos de los integrantes de nuestras Asambleas, por ejemplo, con sus evocaciones, conocidas muchas de ellas por todos nosotros, al leérnoslas, sin embargo, nos llevan, sin generar reparos, al asentimiento, a la crítica -si no vemos el hecho desde su mismo punto de vista- o al sombro por el encuentro de palabras que embellecen las circunstancias o situaciones traídas, por esa evocación, al hoy. Y siguiendo un poco más  con esta sugerencia, que ninguno quiso denominarla “deber”,  debemos decir que escribir ficción pura es otra cosa, muy difícil de hacer, porque siempre el espíritu humano, con su carga vital, acecha arrinconado para introducirse en cualquier descripción, sin nosotros darnos cuenta. Carga vital sería la que llevamos escondida en nuestra mochila en cada punto del ahora, (soportadora del propio peso del presente). Carga vital personal, propia, intransferible. Esa, la que llegó a ese punto nutrida por los hechos de los cuales tomamos parte o no -referenciales, por ejemplo-. Pero que de alguna manera posibilitan la concreción de los recuerdos. Los cuales desde el principio de los tiempos históricos, a partir de la huella dejada en la memoria, cimientan nuestro empuje para proyectarnos, enérgicamente, hacia el porvenir.  

En la consigna formulada por Aristos, y dirigida a los integrantes de su equipo,  traía aparejada la búsqueda de una intención motivadora. He aquí, arriba, la mía.

 

EL ARTE DE LA EXPRESIÓN
María Sánchez Fernández
Úbeda-España

 Toda persona que tiene  inquietudes sociales necesita expresarlas de muchas formas,  bien en la manera corporal como la danza, el canto, la declamación, y con forma material como  la pintura, la escultura, la arquitectura, el diseño… etc. O bien con la palabra, en esas íntimas  tertulias donde se debaten temas de política, filosofía, finanzas, deportes… etc. También están los diálogos, fructíferos  diálogos, donde cada exponente expresa su punto de vista sobre la cuestión que les interesa. Mencionaré las conferencias, donde el conferenciante se desborda en su oratoria, siempre constructiva, convencido de haber llegado con su forma de expresión a todos sus oyentes. Está el profesor, que desde su cátedra, despliega toda su elocuencia en sus alumnos, sembrando la buena semilla del saber.

 Esta es la expresión de la palabra, de la oratoria. Ahora iremos a la expresión de la palabra escrita. ¿Por qué escribimos?

Como he dicho anteriormente, toda persona necesita expresarse de alguna manera. Coger la pluma ante un folio en blanco o sentarse ante la pantalla del ordenador con el teclado rozando las manos es muy tentador. A veces la mente queda en blanco, pero por arte de magia surge una luz y estas, las ideas,  vienen  solas, se arremolinan y salen de algún rincón de nuestro interior  donde estaban muy guardadas.

De ahí sale el artículo, el ensayo, el relato, el cuento, la novela, la poesía… También la música. Todo esto es un gran tesoro almacenado que hay que dejarlo salir a la luz. Es  motivo para escribir, para expresar los sentimientos más íntimos de la persona que escribe.

Cuando el escritor se “vuelca” en su obra, sea pequeña o extensa, se inhibe por completo de su propio yo para forjarse mundos imaginados o, a veces, mundos ajenos a su íntimo interior y que han ido reflejándose en su mente hasta formar un poso o caldo de cultivo que hace germinar su creatividad.

Cuando se escribe un libro, bien sea novela, cuento o relato, éste en sí lleva un alma entera hecha palabra escrita en el papel. Este libro es un cuadro pintado con los colores mágicos de la imaginación. Es la sinfonía de frases enlazadas en la más armoniosa y bella sintaxis. Es la elevación total del alma en la forma hecha metáfora e imagen que ha sido modelada en la conciencia del hombre. Es la estructura de la composición.

Escribir poesía es totalmente opuesto a escribir narrativa. Aquí el poeta no se inhibe, se expone al completo mostrando su propio interior. No hay pudor en el poeta. Se desnuda. Todos sus íntimos sentimientos los expone en sus versos porque la poesía no tiene cuerpo, solamente tiene alma. Nunca daña, siempre eleva.

Querer definir la poesía yo diría que es algo así como querer definir el aire, definir un aroma, un color, un latido, una alegría, un dolor… La poesía es algo que no tiene cuerpo, pero, como la música, la palpamos en las fibras más profundas de nuestra sensibilidad. Leemos un poema, escuchamos una melodía, e inconscientemente, sin esperarlo, nos estremecemos hasta la exaltación porque su mensaje, con palabras o sin ellas, lo hacemos íntimamente muy nuestro. Una  palabra, una cadencia, calan, ahondan, en el interior que todos llevamos dentro hasta formar un conjunto de emotividad con ese espíritu que atesoramos y que siempre, por fortuna, es receptivo.

La poesía, como la música, todos sabemos que cantan un mismo lenguaje. Son universales y siempre van de la mano. La música tiene vibraciones, ritmo y sonidos; la poesía tiene vibraciones, ritmo y palabras. Las dos tienen alma. Un solo lenguaje.

De ahí que en la poesía, como en la música, no importan las traducciones en otros idiomas, en otras etnias, pues lo que importa es su pura esencia; su enorme mensaje que transmite vibraciones al alma receptiva.

Como colofón terminaré haciendo homenaje al “escritor” o compositor de algo tan elevado como es la música. El compositor también escribe, no con palabras reflejadas en un papel en blanco, escribe con palabras dictadas por su enorme sensibilidad hecha signos en un papel pautado. En estas palabras transmite, como en la poesía, los más bellos sentimientos que pueda reflejar el alma humana.

Ese algo inmenso que alimenta el espíritu. Ese algo maravilloso que nació como un milagro en el mismo principio de la creación. Ese algo que tanto dice de matices y de colores; de movimiento y medida; de exaltación suprema desde la cadencia rítmica a la melodía; de la vibración al éxtasis.

Todos estos sentimientos quedan escritos, quedan plasmados, por siempre y para siempre por la mano y el alma del escritor-compositor.

¡Qué sensación más hermosa he sentido al escribir este artículo. Yo, que fui hija de un compositor, profesor y director de banda! ¡Yo, que revoloteé con alas de niña en su estudio entre partituras, grabados y bustos que representaban a genios inmortales. Yo, que revoloteé, como una alumna más, entre instrumentos de cuerda, de percusión y viento sumida en la multitud de alumnos que iban a recibir sus clases!

Por eso, en esta ocasión, quiero brindar con todo el cariño y admiración  mi más sentido homenaje a esos grandes creadores que saben transmitir el arte de la expresión. A esos escritores que plasman con su pluma los más bellos paisajes pintados con las alas de su imaginación y a ese gran hombre, amadísimo escritor, amadísimo compositor, que gozaba con escribir y modelar con su batuta los  más elevados e íntimos sentimientos. Mi padre.

LA LITERATURA COMO TERAPIA
Juana Soria
Córdoba-Argentina

En la vida, uno busca canales por donde hacer viajar los dolores o encontrar las causas de los mismos.
Cuando era niña  empecé a escribir todo lo que sentía y como lo sentía.
Luego me di cuenta que debía pulir y aprender algunas cosas como metáforas, comparaciones, tipos de  imágenes sensoriales.
Me hablaron de métrica, sonetos, cantidad de palabras, sinestesias, anáforas, cuentos cortos, clasificación y tipos de cuentos, diferencia entre cuento y relato…. Tantas normativa… yo seguí escribiendo como me salía y lo volcaba al papel.
Al finalizar  y sentirme relajada, sabía que era mi alma la que despertaba. Intensifique ese trabajo cuando armamos el taller literario Espina y Flor de la Esc. 9.
Lo implemente en el taller literario del IMA 97. Ejercité el trabajo de hacer que cada niña ahonde en su ser interno. Aprovechábamos el paisaje, nos íbamos a orillas del mar a respirar la sal de sus aguas, las gaviotas, el murmullo de las olas y a disfrutar el calor de la nieve.
Cuando se vuelve de jugar o patinar y en casa nos espera el abrigo de los calefactores encendidos más una taza de leche caliente hecha por mamá. Es un placer que valoramos más en el recuerdo que en el momento. Por eso que lo cotidiano se hace costumbre y en el recuerdo que daríamos por tener a nuestra madre dándonos su amor.
La literatura como terapia ayuda a sanar el alma,  curar heridas, a  proyectar sueños. A revisar distintos tiempos conscientes o inconscientes.  Mejora la autoestima y el conocimiento de sí mismo, sacando afuera esos dolores ocultos aún para nosotros mismos.
En mi caso, con mi primer libro: DESDE EL SUR fue un sueño hecho realidad… volqué el amor  a mi  tierra sureña que tanto amo.

QUEOQUEN EN MOQUEHUE fue un grito de libertad. Volver a mis galerías interiores.
TIEMPO DE PALOMAS: fue un trabajo arduo, un sueño postergado porque las finanzas no van  con lo poético ni lo literario., fue también una despedida de mi tierra tan amada en pos de la reconstrucción de la familia.
CON EL ALMA DESNUDA fue pura terapia, trabajé mi alma y la deje sin harapos ni tules que la cubran, incursioné en medicinas alternativas como reiki, regresiones que me ayudaron a conocerme, a sanar el espíritu.
EN LAS AGUAS DE LOS SIGLOS: es el grito del corazón desde el fondo de los siglos. Descubrí mis otras vidas y encontré la otra parte de ellas. Ese amor platónico de siempre, fue una experiencia muy fuerte.  Me sentí feliz de haber amado con pasión y casi con locura. 
SALDOS DE VIDA; es la vibración del Universo hecho poesía. El amor que todo lo supera. Abanico de alegrías, recuerdos, nostalgias y dolores.
Todos esos sentimiento se lo entregué al mar, a las sierras, al sol de la tarde y sigo el camino buscando un nuevo amanecer.
Por eso, mi propuesta es que no se necesita ser profesional en literatura, ser poeta o escritor para usarla como terapia. Es simplemente el coraje de mira-se en su propio espejo y decir-se  que te has descubierto, te aceptas tal cual sos, y eres capaz de salir adelante liviano de equipaje.
Por eso ¡Señor, déjame nacer de nuevo!

 

¿POR QUÉ ESCRIBIMOS? ¿POR QUÉ ESCRIBO?
Jaime Suárez Avalos
México

            Evidentemente, cada escritor tiene sus motivos. Estoy seguro de que la mayoría de los seres humanos quieren hacerlo, pero como es una labor difícil, se quedan en el intento. Algunos pretenden trascender en el tiempo y el espacio, eso está al alcance de unos pocos; el resto (yo) nos conformamos con tener unos cuantos lectores.

            Mi afición por la escritura surgió desde pequeño, cuando escuchaba las ideas de los adultos para lograr un cambio; algunos tenían, según mi criterio, bastante razón, otros simplemente opinaban al azar, según las circunstancias o los oyentes.

            Uno de los comentarios que más me impresionaron fue el de un tío mío, maestro admirado. Él me dijo en cierta ocasión: Hijo, ya sé cómo se puede acabar con la pobreza en nuestro país. Mira, cuando un rico muera, que la mitad de su herencia sea para su familia o quien él decida, la otra mitad debería repartirse entre los pobres. En esa época me pareció una idea muy buena, ahora sé que no es tan sencillo.

            Muchos años más adelante, cuando estaba con un grupo de estudio en la Alianza Francesa, en la Ciudad de México, platicábamos acerca de la necesidad de un cambio profundo, (era en los años ochenta). Para finalizar la plática, uno de nuestros compañeros aseguró con firmeza: lo que hace falta es mano dura, sólo un dictador bien intencionado puede poner orden y acabar con la delincuencia, la pobreza, la corrupción, etc. Nos quedamos pensando unos segundos y después alguien le preguntó dónde se encontraría un personaje con esas características, sin vacilar contestó: pues yo.

            Pero poco a poco me fui haciendo a la idea de que no es suficiente comunicar verbalmente algunas ideas a un grupo reducido de personas, las cuales las olvidarán en un tiempo breve, “vale la pena escribirlas y así tener la oportunidad de que dichas ideas sean conocidas por más personas y recordadas por mucho tiempo”.

            Entonces comencé a escribir pequeños cuentos, versos con valor estrictamente personal; al paso de los años, releyendo lo anteriormente escrito fui descubriendo los muchos errores de forma y contenido, al mismo tiempo que aumentaba mi gusto por escribir.

            Actualmente pienso que puedo sugerir caminos, imaginar soluciones, divertir a quien pueda dedicar un tiempo para leer. Soy un escritor en formación, he avanzado un poco, pero sé que no debo detenerme.

            En 1 980 mandé imprimir una novela llamada “Querido Juan, ni muerta”, la vuelvo a leer y saltan a la vista las deficiencias. Últimamente escribí una serie de cuentos y el año pasado los llevé a una casa editora, a principios de este año salió a la luz el libro llamado “Transitar de sueños”. Lamentablemente la situación anormal provocada por la pandemia no me ha permitido una distribución más amplia, pero tarde o temprano podré compartirlo con muchas personas, eso espero.

            A continuación, va lo que escribí para despertar el interés en el libro, en su lugar apareció otro texto no menos importante, por eso ahora comparto lo que planeé originalmente y que está relacionado con la pregunta: ¿Por qué escribo?

      Soñar no cuesta nada, por lo tanto, los seres humanos, siempre descontentos con nuestra realidad, pasamos mucho tiempo soñando que algo o alguien transforme aquello que nos disgusta. Queremos que haya justicia, que desaparezca la maldad, deseamos encontrar el amor verdadero… un mundo ideal.

     Los cuentos que leerás en adelante forman parte de algo que ya has soñado, pero que guardas en lo íntimo de tus pensamientos o platicas desordenadamente a tus amigos y gente de confianza que a veces coincide contigo o sugiere otras soluciones.

     Aquí encontrarás lo que buscas: cómo tener mejores gobernantes o castigar a los que no nos han cumplido, qué hacer para encontrar el amor ideal; más sueños e ideas locas que, por lo menos en la imaginación, te permitirán seguir soñando con un mundo mejor, reír un poco, o tal vez, escapar a la cruda realidad durante un buen rato…

¿ POR QUÉ ESCRIBO ?
Dra. Dorothy R. Villalobos.
New Jersey

¿Por qué escribo? Muchas veces yo misma me pregunto, y la respuesta me pone a pensar; Escribo por varias razones, por que quiero plasmar en forma permanente la imagen y las emociones estéticas de momentos que se van fugazmente, porque muchas veces la realidad que vivo supera todo lo que puede ser ficción, aunque a muchos les puede parecer que sí lo es. Para mi escribir es retratar de cierta forma lo que veo, estas imágenes pueden revivir y provocar diversa sensaciones en la mente de aquellos que me pudieran leer.

Los recursos de los cuales dispongo son simplemente mis sentimientos, mis pensamientos, el amor por mi familia, por todo lo que me rodea, la música que llevo dentro de mi ser, las manifestaciones de mi mundo interno, que es lo más importante que tengo para alimentar lo que puedo crear. 

Sigo mis propias reglas en mi obra, es una expresión de conjunto, con un significado visto por mi como una forma nueva, original y personal. Escribo lo que siento o aquello que quiero decir con simples palabras, sin buscar verbos complicados o palabras en las cuales muchos necesitan un diccionario para entender mejor. Escribo para todos. Escribo mi  realidad o algo que en algún momento mi mente ayudó a crear para entretener, informar o contar.

Para mi escribir me lleva por un mundo en el cual me siento libre de expresar mis verdaderos sentimientos. Muchas veces escribo mi alegría y otras mi dolor que  casi siempre van de la mano.

En mis años que dedique a la enseñanza de adolescentes  me di cuenta que Si queremos que los niños adopten la lectura como parte esencial de su educación, la escritura debe ser sencilla con historias relacionadas a su tiempo y espacio, en otras palabras lo que ocurre a su alrededor siempre haciéndolos sentir como que ellos pueden alcanzar todo lo que se propongan.

ESCRIBIMOS…
Alba Lidia Yobe
Santa Fe (Argentina)

En unos días saldrá a la luz mi ultimo libro de Poemas: “Los decires de Alba, al Alba” (Ediciones del Autor –Santa Fe, Argentina): antología personal asemejada a una suerte de “Obras Completas” de mi producción poética, reunida selectivamente tras varias décadas de compromiso con la vida y con la representación de los hechos de la existencia, en clave social y comunitaria, por medio de ese maravilloso instrumento llamado “palabra”: signo vocal y gráfico que permite al hombre comunicarse consigo mismo y sus semejantes, y hablar de sí mismo y de sus semejantes. Reflexiones estas que devienen de mi estrecha vinculación literaria con un querido colega santafesino, y con quién frecuentemente tratamos de intelectualizar  nuestro oficio de escritores.

Así, y desde mi punto de vista, deseo resaltar que solo la significativa palabra AMOR puede justificar la auténtica entidad de una Obra de Arte, en este caso, literaria.  Porque Ella da a luz por el AMOR y puede concretarse por el AMOR, esa virtud que tal vez San Pablo pudo describir en la infinitud de su esencia creacional. Amor que  vibraba, no solo en Ella, sino también entre quienes generosamente se  acercaron  e hicieron eco de su vibración, llegando hacia la luz que expandían, los unos y los otros, cantando a las alegrías o las tristezas de la existencia.

Un significativo proceso medio de carácter previo a la elaboración de cada  uno de los poemas, mientras las palabras y las  letras jugueteaban entre los dedos, tratando de ensamblar los sentimientos que bailaban en su interior y motivados por los acontecimientos que ocasionaban.

En suspenso quedaban en el corazón aminorando su marcha, mientras el aire penetraba en sus pulmones, expandiéndose con rapidez  y  abandonando su cuerpo que soñaba con el acontecimiento a develar.

Nada pasó desapercibido a los sentimientos y a su pléyade de aristas motivadoras; pero siempre presididas, siempre presente en cada creación: EL AMOR.  

 

 

 

 

2 comentarios en “RELATOS ¿ POR QUÉ ESCRIBIMOS?”

  1. Muy interesantes los distintos conceptos vertidos y este es mi aforismo: «La magia de escribir no es solo para elegidos, sino para quienes se lo proponen». Doy fe de ello por los más de 400 premios literarios recibidos por mis alumnos del Conservatorio Luz y Lorca, hoy juglares universales.

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