POESÍA Y RELATOS RELIGIOSOS

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Septiembre  2.020  nº 35

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AL SERVICIO DE LA PAZ Y LA CULTURA HISPANO LUSA

 

LOS DE LAS FILAS
Adrián N- Escudero
-Argentina-

A los que creen, o, al menos, lo intentaron…
Y a los Padres Misioneros, Mercedarios, Guanelianos, Agustinos, Jesuitas y Arquidiocesanos, que forjaron mi espíritu contemplador a la amable sombra del Altísimo y su Emmanuel: con felice  admmirazione…

    Ahora, en íntima parusía, lo descubro…

   Al principio yo también estaba parado sobre el muro. Como alineado junto a las palmeras del boulevar marítimo que lo circunvalaban.
  Sí, yo estaba de pie observando a los que, allá abajo, miraban a su vez hacia la distancia pero acodados unos contra otros, como en fila…
  Delante de mí, la otra gente pasaba como sin verme, parloteando y riendo; algunas discutiendo, pero todas bajo el tenue resplandor de aquel atardecer de  enero de 2003, pocos días después de haber cumplido yo mis atrevidos 52 años.
   Los que pasaban frente a mí eran como un flujo humano paralelo al horizonte, hacia donde los hombres y mujeres que integraban las filas de abajo, miraban… Había sido un día cálido pero muy agradable, con las gaviotas sobrevolando ya los restos de las delicias con que, los de abajo, habían compartido la jornada antes de ponerse en esas desalineadas pero constantes filas…

   A mis espaldas, había como un cerro o pequeña colina llamada El Toro, y, cada vez que me daba vuelta para repasar su hipérbole angulosa, venían a mi mente pesadas frustraciones, cruces intelectuales y anímicas, donde la contradicción entre los proyectos (sueños) humanos y los designios de mi Dios, se fruncían en cerrados interrogantes que, sólo el tiempo y, de tanto en tanto, sabía disipar o develarme (hablo, por ejemplo, de lo que significara para mí la pérdida de la salud por haber encendido los motores cuando debí haberlos apagado, y, como consecuencia de ello y de las reglas e intolerancia del negocio privado, la “discontinuación” sobreviniente, sin licencia médica previa, en un trabajo importante, y el efecto “dominó” que dicha circunstancia me acarreara tanto en lo espiritual como en lo material; aunque después hubiere entendido que, siempre que se pierde se gana algo si es que uno sabe o se persuade en mirar la vida como misión y no como capricho, como vaso medio lleno y no como medio vacío; aunque a los fines de seguir peleando la santidad, esta última mirada por menos condescendiente con nuestras flaquezas, fuera más propicia a encarar utopías o mutables horizontes de ignotas alboradas…).

   Así que hubo un momento en que dejé de mirar hacia atrás… Me pegunté qué es lo estaba haciendo, y me culpé de irracional fustigando toda desesperanzada forma de tentar a la vida… Y ello me llevó a descubrirlo. O mejor, a descubrir que ese Monte era como una gran estampa o piedra mitológica que acababa de atravesar con mis pensamiento por entre las holguras electromagnéticas del espacio-tiempo, y que no tenía sentido regodearme en negativo con un pasado reciente, sino mirar, como aquellas gentes de las filas, siempre hacia delante…

   Entonces, bajé las escaleras que abrían al muro de lacas y macetas, para depositarme en las arenas de aquel mar espléndidamente pacífico, como poseído por los duendes de un hechizado atardecer de verano. Hacia la izquierda, otro mar, aprisionado al Puerto con su ojo de faro, pero de rocas enredadas por el verdor de las algas que lo acariciaban, se unía al verdadero océano que palpitaba serenamente hasta fundirse con los trazos rojizos y acelestados como estelas esmaltadas y combinadas por la flameante exposición de nubes dibujadas por el Gran Pintor, a la hora del ocaso… 

  Y lo ví.

   No sé si las demás gentes que formaban parte de las filas que yo había pasado a integrar, también lo vieron. Mi gesto de estupor fue acompañado por el girar de un millar de cabezas ordenadas por las filas de sus butacas playeras. Por lo tanto, debo suponer que sólo yo lo había visto aparecer; surgir de pronto, ahogando el brillo del sol en el horizonte tras los aplausos emocionados de las gentes que ocupaban las filas de la arena, como tantos devotos a ese increíble ícono luminoso y estelar de la vida misma…

   Pensé, claro está, que podía tratarse de un pescador cualquiera, porque aquello desde donde había descendido semejaba una barca. Luego supuse que podía tratarse de uno de aquellos intrépidos surfistas que asolaban aquel recodo del mar, atenazado a ambos lados por las terminales montañosas de la cadena de La Ballena, sobre esa esquirla de costa uruguaya capturado por la apacible ciudad de Piria.

   Pero los windsurf cuentan con tabla, vela, mástil y botavara a manera de simple aparejo, y no era aquello la verdadera forma de lo que había venido transportando al extraño hombre, cuya silueta, a medida que se aproximaba a la altura de mi fila, me resultara tan conocida.

   Sí, recuerdo que cuando pasó a mi lado quedé consternado (enmudecido)… Había terminado de separar mis manos del último aplauso que celebrara a febo en su milagro de agonizar bajo las aguas para reaparecer como el Ave Fénix al otro día -pero redondo y glorioso desde sus entrañas de misterio escarlata y nuclear-, cuando aquel hombre joven, de mirada tierna y figura tan cetrina como esbelta, pasó a mi lado…       

   Sonriendo, me miró (sólo a mí, no sé por qué, puedo jurarlo), y con dulzura sobrenatural pronunció mi nombre sin abrir los labios: sus palabras fueron claras resonando en mi mente (no eran mis pensamientos, insisto, puedo jurarlo) y tan suaves como enigmática su, aquella mirada tierna… Luego dijo, como en un susurro de paloma en celo: “Me siento feliz, querido amigo. Porque he podido constatar que ustedes, al menos, los de las filas, han intentado asomarse desde la carne frágil y la conciencia recta, con los ojos del alma hacia los albores de la eternidad… Pues cuando el ocaso cierra una ventana, otra se abre en el umbral secular…”.

   Arriba, un tropel humano desentendido del milagro natural que los de las filas habían aplaudido, seguían atrapados en sus destinos de negocios, celulares, tablets y preocupaciones, como bastándose a sí mismos… En tanto que, los de las filas, ni bien el sol se derrumbó manso y paciente en ese punto donde el mar se une con el cielo, se saludaron tan amables por haber compartido aquel rito diario y consecuente, que yo también me hermané con ellos, y me distraje.  Quizá por esto el hombre se perdió entre la multitud de los que caminaban insomnes desandando las baldosas geométricas alquiladas al muro costanero, tras un racimo de gaviotas vagabundas, más allá,  subrayando el lánguido horizonte

   Lo cierto es que, y en consecuencia, aquel Cerro a mis espaldas que tanto había turbado mi ánimo, opuesto como era en su soberbia comba, al moroso y plano deslizarse de la arena junto al océano de Piria en vespertina calma, ya no me pareció una montaña de problemas irresueltos, sino sólo eso: un sublime ejemplar de la naturaleza donde quizás el hombre, callado y barbijo, dulce y sereno, como un primogénito de las Alturas, como un príncipe de las Asturias, salado antes sus pies por el Cantábrico en busca de su Madre Covadonga, como un peregrino más atravesando el Pórtico de la Gloria de la medioeva Catedral de Compostela, abismado en suspiros junto a los bruscos acantilados del Cabo Finisterre, surcara en bote los atlánticos mares de estas tierras evangelizadas en intrépidas auroras, para elevarse aquí también y hasta su Padre, y desde aquella mansa piedra monolítica y ancestral, orar, rezar como en otros tiempos, en otras Peñas santas, allá, en Galilea, en el Monte Sinaí, fatigado o transfigurado, pero siempre a la caída del sol…

   A lo lejos y hace tiempo, puedo verlos… A ellos también, como a nosotros, los de las filas de hoy… Mirando al verdadero sol ausentarse en la montaña… Y ser parte de aquella muchedumbre alimentada por el increíble milagro de la multiplicación de unos pocos panes y peces, pues en filas, vigilia firme y espera fiel del nuevo amanecer, como los que nada pueden sin el aliento hospitalario del Quien da sin esperar nada a cambio… Pero hay que estar en fila, pues nos salvamos en racimo…

 

Virgen Niña”
Estancia “EL MOLINO”
Jorge B. Lobo Aragón
Tucumán-Argentina-

Era el 9 de setiembre de 1884. La descolorida pero siempre atrayente imagen de la Virgencita estaba expuesta en la enfermería del Noviciado para consuelo y esperanza de las enfermas. La MadreGeneral Sor Teodolinda Nazari, antes de guardarla, como era costumbre, quiso darla a besar a las enfermas. Entre éstas se encontraba la novicia Julia Macario, en estado de gravedad, en una inmovilidad absoluta, por graves contusiones a la cabeza; el médico temía una lesión cerebral. LaNovicia al tener cerca la Venerada Imagen siente aumentar su fe y confianza en la Virgen, y le pide la curación. Con mucho esfuerzo consigue movilizar un brazo y al tocar la venerada imagen. Desaparecen los espasmos. En ese mismo instante los miembros adquieren sus movimientos, se libera de todas las ataduras y grita: «Estoy curada» «Estoy sana» y recorriendo la enfermería, y los corredores sin restos de dolor ni debilidad permanece en pie todo el día.Fue este el Primer Milagro el «9 de setiembre de 1884″. Pero la Virgencita quiso llenarnos de mayor estupor. La Efigie modelada por Sor Isabel C. Fornari contaba ya más de un siglo y medio; el tiempo había dejado sus huellas en ella, y se la veía descolorida y deslucida.  De pronto, fue adquiriendo una belleza inusitada, a la vista de todos apareció la imagen hermosísima de una belleza casi sobrehumana, sin que nadie pusiera manos sobre ella.Desde ese día una fecha luminosa queda grabada en la historia del Instituto. Debido a tantos hechos extraordinarios, el pueblo llamó a las Hermanas de la Caridad: «Hermanas de la Virgen Niña» y será este su gran título de honor. Con otros nuevos milagros, quiso probar la Celestial Taumaturga su poder de intercesión. La Virgencita de la Capilla del Colegiode Villa del Parque (Capital Federal, Argentina),tiene también su pequeña historia. Una noche del mes de diciembre de 1923, cuando la Capilla daba sobre Cuenca, unos extraños entraron en la Capilla, bajaron la Imagen de la Virgen Niña del nicho que estaba sobre el Altar, para sacarle los exvotos que la piedad agradecida de los fieles había ofrecido a la Virgen. Al querer forzar el Sagrario para llevarse los copones, prendieron fuego. ¿Y la Virgencita? Toda quemada menos la carita – y esta era de cera – milagrosamente intacta. Llevada a Milán, en la Casa Madre, recompusieron la imagen, que es la misma que hoy desde su Cuna, nos sonríe y nos invita a confiar en su milagrosa intercesión. Después de esta síntesis de la Devoción milagrosa es mi deseo como Tucumano la de compartir esta historia que también se propaga intensamente en mi provincia en la Antigua Estancia Zárate, un lugar con tanta historia que sería más fácil visitar el lugar. Refundada en 1776 y hoy conocida como Estancia El Molino después del terremoto de 1826 que tiró abajo la Iglesia de la Vieja Villa de Trancas entre otros edificios. El General Alejandro Heredia – el gobernador más culto y progresista de cuantos hubo en Tucumán entre 1810 y 1853, y el que le otorgó durante su gobierno el rango más alto entre todas sus vecinas – hace reconstruir la Iglesia del Molino desde sus cimientos al igual que toda la Estancia. Leocadio Paz, celebre hombre público, la describió como “la parte más importante y la mejor para la agricultura y la ganadería por sus vertientes propias libre de toda servidumbre”. Estancia encomendada a Pedro de Ávila y Záratepara la reacomodación de los indios de Amaicha, Colalao y Tafí. Asolada y abandonada en una época por las invasiones Mocovíes. En esta Heredad “El Molino” sus propietarios mis queridos primos y mejores amigos Raúl Antonio Chebaia y María Aragón con la enorme generosidad que siempre los caracterizó y que jamás olvidare supieron hospedar con gran cariño a mi mujer y a mis hijos en épocas muy difíciles. Lugar de sentimientos eternos en donde mis hijos pasaron los tiempos más felices de su infancia y en donde fueron consagradas junto a mis nietas a la Virgen Bambina. El Molino sitio apacibley cuya capilla quedara grabada para siempre en la historia de mi familia nos convoca a reunirnos de manera permanente todos los años el 9 de septiembre. La gracia de la Divina Infantitahermanada con la historia de la propiedad comienza mucho antes de la creación del Virreinato. EstaEstancia con tanta tradición y tan personal a mis sentimientos está ubicada a poca distancia del Pozo de San francisco – pozo del pescado – en donde brota un manantial que el Fraile Franciscano San Francisco Solano hizo surgir de la tierra con sólo hundir su bastón. Esto ocurrió hace 400 años y, sin embargo, la fuente de grandes curaciones nunca se ha secado. Único lugar de Tucumán con la impronta de un santo que había venido de España para evangelizar a los indígenas de América en 1590. Como dudar de la intersección y bendición de la Virgen Niña.

Oración: Oh, Santísima Virgen Niña, María Bambina, en virtud de los privilegios que sólo a Ti fueron concedidos y por los méritos que adquiriste, muéstrate también hoy propicia conmigo. Muestra que la fuente de los tesoros espirituales y de los bienes continuos que dispensas es inagotable porque ilimitado es tu poder sobre el corazón paternal de Dios. Por la inmensa profusión de gracias con las cuales te enriqueció el Altísimo desde el primer instante de tu Inmaculada Concepción escucha si súplica, oh divina Niña y alabaré eternamente la bondad de tu Corazón…Protege al Mundo, al país y a nuestra Provincia del flagelo de esta pandemia. 

DIOS ESTÁ LLORANDO
Elsa Lorences de Llaneza
-Argentina-

   ¿Dónde está Dios?             

   Esta es la pregunta habitual que nos hacemos cuando miramos el mundo en derredor y vemos el dolor de los hermanos.

   Yo contesto la pregunta de la siguiente manera: Dios sin duda está llorando, como yo, como cientos o miles de seres que no podemos superar las imágenes que nos regalan la vida y la televisión.

    Porque Dios creó al hombre, pero no el hambre, porque en la naturaleza que nos regaló tenemos todo lo necesario para alimentarnos.

   Dios creó al niño, pero no la desnutrición, los vejámenes o el aborto.

   Dios nos creó con libre albedrío, con conciencia, no creó el racismo, la marginalidad, la injusticia.

   Dios nos desea la Paz, no las guerras, el vandalismo, la prepotencia ni la soberbia.

   Dios nos envió a su hijo bien amado para que aprendamos a querernos y ayudarnos unos con otros. No vino a enseñarnos a odiar, a criticar o a envidiar.

   Después de leer esto ¿No crees tú también que Dios está llorando?

   ¿ Y por qué todos los seres del mundo no podemos cambiar estas conductas por otras indispensables cómo son el Amor, la Humildad y la Caridad y con ellas llegar a la PAZ tan ansiada por todos?  Tal vez así Dios y nosotros dejemos de llorar. ¿No te parece?                                                  

CAMINO EN SILENCIO
Raquel Olay
Argentina

Camino en silencio en este mundo incierto,
que me pone inquieta y me desconcierta,
pisando con fuerza, hundo mis pies en la tierra,
en mi andar peregrino, ruego por los pobres,
por todo el que sufre alguna dolencia,
por los afligidos y las almas buenas,
la justicia y la paz, que ahuyenten las guerras.

Camino en silencio, mirando en mi entorno,
veo gente que piensa, haciendo preguntas
que nadie contesta, buscando con ansias
en Dios las respuestas.
Unos que tropiezan andando en tinieblas,
otros que iluminan, trabajan y rezan.

Camino en silencio mirando hacia el cielo
buscando ese sitio cercano a la Estrella,
esa que ilumina la faz de la tierra,
es María Virgen, la que nos conduce a la vida plena.

Camino en silencio escuchando voces
que hablan de ternura, que hablan de inocencia,
que viven soñando y juegan risueñas,
son voces de niños, que triste sería la vida sin ellas.

EL BUEN VIÑADOR
Raquel Olay
Argentina

Vamos por la vida siempre presionados,
unos preocupados por ganar el pan,
otros programando unas vacaciones
después del trabajo para descansar.
Casi no nos vemos con el que está al lado,
ni nos saludamos, todo nos da igual,
al amor fraterno hemos sepultado
y la indiferencia ocupó el lugar.

Es hora que hagamos un cambio de rumbo,
vivir sosegados es lo ideal, estamos a
tiempo de dar alegría y un poco de paz,
sanando heridas donde hay dolor,
haciendo este mundo un poco mejor.
Si somos cristianos fuimos convocados
a dar testimonio del Amor de Dios,
es nuestra tarea preparar el suelo,
labrando la tierra, plantando la vid
de cara al sol, la poda y cosecha
están reservadas para realizarlas el
Buen Viñador.

MOMENTOS SUBLIMES
Susana Mirta Piñeiro de Valli

Silencio que se puebla con Tu Presencia cierta
deteniéndose el Tiempo en pura eternidad
percibiendo detrás de todo lo que veo
esa Trama bendita rebozante de paz.

Esa calma profunda donde el dolor no llega
donde todo es perfecto, porque viene de Tí
donde la lucha cesa y Tu Amor nos envuelve
y hallamos el sentido de este breve existir.

¡Inúndeme Tu Cielo Señor y házme morada
de esa Vida que brota de Tí cual manantial
y sacia para siempre mi hambre de infinito
con Tu abrazo de Gracia y Tu Amor sin igual!

ROSTRO FEMENINO

Señor me hiciste mujer, fecunda como la Tierra
tan profunda como el mar, apasionada en la entrega
capaz de acoger la vida,  cuidándola con paciencia
y de cargar el dolor de todo nuestro planeta.

Mágica como la luna, brillante cual las estrellas
transparente como el agua, sensible como la hierba
laboriosa como el sol, generosa y compañera
capaz de alumbrar la noche en su oscuridad más densa.

Destello soy de Tu Rostro, Tu ternura hecha «mujer»
sembradora de esperanza en un nuevo amanecer.
¡Tómame Señor y sopla Tu melodía más bella
que en mí se vuelva canción que anuncie Tu Buena Nueva !

Y que al fin el mundo entienda que no hay camino mejor
que vivir en el respeto de toda la Creación,
buscando en las diferencias el punto de comunión
devolviendo a cada vida su dignidad y valor.

 

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