CUENTOS Y RELATOS

 

CUENTOS Y RELATOS

 

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EL ANCIANO

Salí de mi oficina, «hastiada» de receptar y transmitir mensaje «con malas ondas» Trabajo como corresponsal en una revista de los medios; si bien me encanta escribir y redactar, me agobia estar diariamente «llenando mi espacio de malas noticias»….
¿Es que hay buenas? Me preguntarán….
¡Por supuesto que las hay! Solo que estamos como acostumbrados a transmitir lo sensacionalista, los crímenes, los accidentes, los robos, la política corrupta y demás… ¡Vivir! es una buena noticia, amar es una mejor noticia, tener con que vestirnos y alimentarnos es una buena noticia, mientras miles de personas sufren frío, desnudez y hambre… Saber que nuestros hijos apuestan al porvenir y se esfuerzan por alcanzar sus objetivos es otra buena noticia.
Salir y sentir la brisa que por momentos nos acaricia el rostro y nos besa la frente cuando estamos cansados, una preciosa noticia.
Que la muerte no es muerte para un cristiano si no una mudanza a una mansión celestial asegurada de antemano cuando somos salvos y que allá nos reencontraremos con aquellos que un día nos antecedieron, es lo más!!!
Que hay médicos investigadores que no descansan por encontrar una panacea para el cáncer ¿No es otra buena noticia? Que ya hay drogas eficaces para el tratamiento del SIDA ¿No es otra? Que una persona salió de un coma, por que solamente el amor de los que le rodeaban y las cadenas de oraciones elevadas por el, hicieron que despertara de su letargo ¡Excelente noticia! Pero yo tenía siempre que dar «La otra cara de la vida» Esa que despertaba el morbo y como ya la gente está acostumbrada a eso, parece que hasta se sintiera placer en fomentarlo, se venden muchas tiradas y la editorial que me contrató estaba muy «complaciente conmigo»… hasta me incentivan con premios a fin de mes, al hacer las encuestas de las redacciones más leídas….
Cosa que me viene muy bien en estos tiempos que el dinero se esfuma como neblina de verano. Me compré un yogurt con cereal, tomé mi Notebook y me crucé al parque bello que había frente al alto edificio, siempre me asomaba por los grandes cristales y permanecía minutos enteros mirándolo, flores, palomas, pájaros, niños, gente que va y viene, vendedores de espumitas rosas que me hacen recordar cuando era niña y se me pegaba en el pelo ¡ja já!.
Ahora estaba sentada en este lugar mágico y verde respirando este aire que me renovaba… Mis compañeros me invitaron que vaya con ellos a almorzar, pero estas dos horas ya estaba pensadas de ante mano regalármelas.
Por suerte encontré un asiento desocupado, solo tenía que cuidar que no se me engancharan las medias y se me fueran los puntos, pues no había traído repuesto…
Todos estaban en las mismas condiciones, debido al maltrato de los inadaptados de siempre, que los ensucian y hasta rompen sus tirantes. Así que me senté. Al terminar » mi improvisado almuerzo» abro mi compumóvil, miro mi correo, aparentemente todo normal, saludos, PPS a granel… Mensajes de agradecimiento a mis envíos y ofertas y más ofertas, promociones y más promociones…
Saco de mi cartera el MP3 que llevo siempre conmigo por las dudas surja una inspiración, ya que la mayoría sabe que no escribo nada de nada sin música de fondo… ¡Que emoción! EN UN PARQUE ESCRIBIR UN POEMA, era como tocar el cielo con las manos!!!

Estaba ya inspirándome cuando veo pasar un anciano con; no quiero decir andrajoso pero algo parecido, aspecto de dormir debajo de los puentes, barbudo, boina con visera amplia que casi le cubría los ojos… la verdad que verlo me conmovió y eso me dio pie para «inspirarme » sobre la vejez desamparada… ¡TAMBIÉN PODRÍA SER UNA BUENA NOTA PARA LA EDITORIAL! Saqué la cartera que tenía a mi lado izquierdo y le dio pie para sentarse a mi lado, le sonreí pero no hizo ni un gesto, eso me restó deseos de compartirle unas galletas que tenía en mi bolso… el miraba el vacío y yo tecleaba mi Notebook… acompañada por el fondo musical de Enya… de vez en cuando repasaba lo que escribía y yo misma me quedaba asombrada de mis inspiración, esta vez seguro me iban a elegir como la mejor columnista del mes…
Les confieso que me atraen mucho mirar las manos de las personas en especial las masculinas, ya que las femeninas tratamos de «adornarlas con anillos, esmaltes y uñas esculpidas… si bien estas estaban muy sucias, la palma no era la de un anciano, hasta podría asegurar que eran suaves… ¡Pobre hombre! ¡Quien sabe que drama estaría viviendo! Pero me había hecho el firme propósito de no preguntar nada, una por no amargarme, otra porque en ningún momento el me dio pie a que lo hiciera, tenía cara de pocos amigos… hasta llegué a pensar que por eso había llegado a estar así en ese estado.
Lo que no tenía era mal olor, y yo no padezco «Anosmia» .Un guardia que pasaba lo miró también con cara de lástima y me saludó.
Y así fui terminando mi escrito, gratamente satisfecha de haber redactado un artículo que sería leído el jueves, (era martes)…. Todavía me quedaban 15′ para regresar a la editorial, lo aprovecharía para dar la vuelta por el parque oliendo a magnolias en flor; incluso si veía al placero le pediría me corte una, para poner en mi escritorio. Hora de siesta, los niños en sus colegios, los empleados en sus oficinas, el parque había quedado casi desierto.
Me pongo de pie y le digo buenas tardes al anciano pero no me contesta… allí deduzco que es sordo y por eso no habla, por lo menos así me decía mi papá que les pasa a las personas que no oyen , se van aislando y terminaban ni respondiendo los gestos…
¡Bueno! La vida tiene este otro costado, Me cuelgo la cartera que había traído… y cuando me quiero colgar la Notebook, siento que me pegan un tirón , claro no soy flaca, pero gorda tampoco, tengo tiempo largo de gimnasia corporal y medicina «ortomolecular» que me dejó de diez ! Me resisto al tirón y me doy vuelta; en ese instante pasó como una película delante de mis ojos todo lo que vivimos a diario, pero que me pase a mi ¡No lo podía creer! ¡Menos puedo creer que el que me quiso arrebatar mi compumovil era el anciano que estuvo sentado al lado mío y no se mosqueó un segundo…
¡Que tonta que sos piba! ¡Caíste como una tarada…Me lo decía mientras se iba quitando su bigote y su barba ¡Y también sus cejas! ¡Que horror! ¡No podía ser cierto yo estaba teniendo una mal sueño! Se quitó el saco, el pantalón, la boina… y tiró todo en el cesto mismo que yo había tirado el vaso del yogurt…
Agradecé que te dejé terminar de escribir «tu articulo» te tengo marcada, hace tres días que te vengo siguiendo… hasta que hoy decidí despistarte, dame la Notebook o sos boleta!!! De pronto suena el celular y me dice: ¡Después atiendes! No des más vuelta ¡VAMOS!
A mí quitarme mi tesoro era la peor de las afrentas…
Veo en un recodo del parque que se viene acercando el policía que pasó antes, y estiro la correa que ya casi estaba en su poder con la intención de que el vea el forcejeo y en dos segundos que se hicieron eternos ya estaba deteniéndolo…
¡Otra vez vos! ¿En que momento te dejan salir? Esta vez no vas a poder salir más pensé entre mi, robarle a una ladrona de sueños???
¡No tiene en mil años perdón!
El lo tomó del brazo a «mi compañero» de asiento, lo esposó y me pregunta ¿Y el viejito que esta sentado junto a usted? LA VERDAD QUE REGRESÉ PUES NO SE PERMITE EN LA PLAZA VAGABUNDOS Y MENOS QUE HAGAN COMPAÑÍA A NADIE…
No es por discriminación, es porque apestan, Ahí quedó en el cesto le respondo; puede ir a verlo para cerciorarse ¡No lo podía creer! ¡El mismo que viste y calza! Tomó el Handy y llamó a la comisaría por un móvil que estuvo al segundo a nuestro lado, perdone que la haga demorar pero le tomarán declaración para llevarlo a «este»… Y en la declaración si dije «TUVO, TIENE Y SEGUIRÁ TENIENDO UN OLOR QUE APESTAAAAAAAAAAAAAA!!!»
Olor a mala persona… que es el peor de los olores que puede despedir un ser humano, si se le puede llamar así a una mala entraña…

Hoy pueden leer mi relato porque regresé con mi Notebook, y además con una «magnolia» que me cortó el jardinero del parque…
El jueves saldrá editado en la revista «CASOS REALES» que será exhibido en todos los quioscos del mundo; PORQUE ESTAS COSAS Y MUCHAS MÁS NOS SIGUEN SORPRENDIENDO A DIARIO… En un cesto descansan los restos del disfraz de la mentira con olor que hiede ya… Pero no por eso vamos a decir que la vida no tiene su encanto.
¡Estamos vivos! Dios me libró de ser acuchillada… en los bolsillos del “anciano” la policita le encontró sobrecitos “blancos”.

Pero ¡ESTOY VIVA! Y en mi oficina hay una magnolia, recordándome que existen cosas que perfuman la vida….
Libia Beatriz Carciofetti // Argentina

 

 

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Historia del árbol que quiso ser pájaro

Vino al mundo en los comienzos de la primavera, cuando el ambiente es voluble y caprichoso y deja su huella soñadora en las criaturas y en las almas que empiezan a formarse.

      Nació pequeño y débil al mismo borde de un gran precipicio.

      Su madre, una hermosa y vieja raíz que por esos lugares andaba, quizás buscando libertades que siempre le fueron vedadas, le alumbró allí, ofreciéndole el más maravilloso de los regalos: la grandeza de un claro y verde valle.

      Creció muy lentamente, y, desde los primeros esbozos del gran árbol que más adelante sería, fue alegre y comunicativo. Sus primeras amigas fueron las hormigas, ¡estaba tan cerquita de ellas! Era tan pequeño que casi rozaba el suelo.

      Miraba curioso  a un gran hormiguero  que desplegaba toda su actividad cerca de su mismo pie. Las veía ir y venir, sin detenerse jamás, a no ser que cambiaran algunas impresiones entre ellas. Les acuciaba la prisa, y siempre iban cargadas con enormes pesos que soportaban  yendo en pequeños grupos y a veces en solitario.

      En una ocasión pudo observar a una de estas hormigas que trataba de arrastrar con grandes esfuerzos el cuerpo de un enorme escarabajo que acababa de pasar a mejor vida. Recorría un corto trecho y se detenía a descansar. Jadeando, y con un gran suspiro decía así:

      −Esta carga es demasiado para mí sola, ¡pero tengo que conseguirlo!

      El arbolillo la miraba curioso y un poco angustiado por la suerte y la salud de su amiga, y le dijo:

      −¿ Por qué no pides ayuda a tus hermanas?

      Y la hormiga, con palabras entrecortadas por el cansancio, le respondió:

      −He de hacerlo yo sola; mis hermanas están demasiado ocupadas construyendo nuevas galerías y ampliando nuestras despensa. La comunidad  va en aumento y hay que agrandar el hormiguero.

      Ya que hubo descansado y tomado nuevos alientos, fue llevando poquito a poco, sin prisas, pero con tesón y coraje, su rico botín hacia el boquete de entrada hasta conseguir introducirlo en el interior.

      ¡Como las envidiaba! Activas, incansables de acá para allá, y él siempre tan estático. Nunca se movía, a no ser cuando a veces jugaba con el aire.

      Creció con el tiempo, y poco a poco aquel hormiguero se fue haciendo ante su vista tan pequeño que ya apenas podía divisarlo. Añoraba a sus activas amigas; sus idas y venidas y esos brevísimos diálogos que con ellas entablaba.

      Alguna que otra vez lo visitaban subiendo a sus altas ramas y le contaban, mientras iban recolectando alguna que otra cosilla, las noticias de allá abajo.

      Al crecer en tamaño y corpulencia, también crecieron sus inquietudes. Miraba el gran abismo que se abría bajo su tronco y se maravillaba de aquella gran belleza.. Los colores rivalizaban entre si, y a veces se mezclaban como en una enorme paleta que estuviera dispuesta para que los pinceles del mejor de los artistas creara la más hermosa obra de arte.

      Toda la gama de verdes estaba allí, exultante; desde el verde-plata del olivo, al oscuro, casi bronce, de la acacia; el verde tierno del trigo recién nacido y el verde amarillento de los sauces, que acompañaban llorando, no se sabe si de gozo o de melancolía, todo el curso del gran río. Los tonos violáceos se sucedían desde las brumas lejanas de la serranía, hasta las pequeñas violetas y lirios silvestres que crecían por doquier. Grandes manchas rojizas y amarillas salpicaban el paisaje. Eran macizos de amapolas y jaramagos.

      Nuestro árbol lloraba estremecido. ¡Así era de sensible! Y de tanto y tanto mirar se fue inclinando hacia el abismo, como queriendo tomar parte con su presencia física de aquella visión extraordinaria.

      Sus ramas se hicieron grandes y poderosas, formando una copa compacta y cónica.

      En ella se refugiaban numerosas criaturas, porque a todas acogía con amor. La cigarra, en las pesadas noches de verano, cantaba sobre sus ramas las canciones más interminables y monótonas. Numerosas aves formaron en ella sus nidos, y tuvo el inmenso placer de ser testigo del nacimiento de muchas vidas.

      Fue cobijo y alimento del gusano que genera la seda, viendo complacido como engalanaba su ramaje con preciosos capullos verdes, blancos y amarillos que más tarde se abrirían dejando escapar el vuelo de una mariposa.

      Fue amigo de todos, y de todos recibió sus confidencias.

      Un claro día, vio como un hermoso pájaro sobrevolaba la inmensidad de aquel valle. Lo llamó con un susurro de hojas que el aire movía, y aquel ave vino a posarse en una de sus ramas.

      −¿Me llamas −preguntó−

       −Sí, te llamo porque quiero ser tu amigo. Eres hermosa como ninguna otra ave. ¿Quién eres y cual es tu nombre?

      −Dicen que soy un ave rapaz. Mi nombre es Águila Real.

      −¡Águila Real! ¡Qué hermoso nombre! Ningún otro te hubiera encajado mejor. Tienes la majestad de una reina cuando planeas por el espacio. ¡Cómo te envidio, mi bella amiga!

      −¡Me envidias tú a mí!, pero ¿por qué?. Yo tengo que luchar y defender mi nido, mientras que a ti nada te falta; lo tienes todo.

      −Todo lo tengo menos libertad y unas hermosas alas para volar.

      −Cada cual tiene su destino. A mí me fue designado el espacio, las grandes alturas, mientras que tú está predestinado a estar clavado en la tierra. Los dos destinos, el tuyo y el mío, son hermosos e importantes.

      Y el águila, remontando el vuelo, se alejó confundiéndose en el cielo.

      A nuestro árbol le invadió la melancolía, y cada día le acuciaba más y más su gran deseo de ser un pájaro, y de tanto mirar al vacío se fue inclinando de forma tan alarmante que hasta sus raíces se resintieron.

      Llegó el invierno. Sus hojas amarillearon y cayeron muertas al suelo formando una mullida alfombra.

      Los pájaros huyeron buscando la bonanza de otras latitudes y entonces quedó mudo y triste en su soledad. Únicamente subían a visitarlo de vez en cuando las hormigas, sus viejas amigas.

      Un día el cielo amenazaba tormenta. Las nubes, grises y oscuras, se agolpaban, y el viento rugía amenazador.

      Nuestro amigo pudo advertir que se movía más que otras veces, y una luz de esperanza se encendió dentro, muy dentro de él.

      De pronto, inesperadamente, un golpe de viento le empujó de tal forma que, sin saber como, se vio libre de cadenas y sus raíces se desprendieron de la tierra.

      Voló y voló por aquel ansiado espacio. Se sintió ligero y feliz y pudo ver más de cerca todo aquello que siempre había admirado durante su larga vida.

      El viento lo empujaba, y como un gran proyectil cayó sobre las aguas, grises y turbulentas de su amado río.

      Él todavía estaba vivo y, henchido de felicidad, se dejó llevar por la corriente hacia un destino que nunca jamás hubiera sospechado fuera el suyo.

María Sánchez Fernández ( España )

 

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