NARRATIVA Y POESÍA RELIGIOSA

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enero  2.020  nº 27
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EL SILENCIO DE DIOS
Néstor Barbarito
Argentina

Mis ojos de niño besaron el cielo,
el árbol, el mar y la puesta del sol.
Amé la luz que me llenó las manos
y se derramó en cascadas en la negra tierra.
Amé el rumor del arroyo chispeante,
el sordo rugir de la ola encrespada
y el hondo silencio de la estrella amiga.
Gocé la sinfonía del universo
sin saber de su Creador;
sin conocer su misterio.

Y cuando mi corazón de niño se abrió al dolor,
clamé a los vientos, al sol y a la estrella;
al árbol refugio y a aquel mar amigo.
Y callaron, callaron…

Un día te diste a conocer en el silencio,
y en aquel silencio te confié mi vida.
Supe de tu poder y tu predilección
y te ame; te ame…
Te amé en la espuma de la orilla
y en los cantos rodados de cien colores.
En el sol, en la nube y el viento,
y en las ágiles lisas de aquel río amado.
Te amé en el monte murmurador,
refugio del hornero y la calandria
y de mis travesuras de niño más queridas.
Te amé en el trino vibrante del zorzal,
en el gorjeo armonioso del jilguero,
y en el plumaje azabache del tordo.

Te amé en la rosada aurora
y en el ocaso ensangrentado.
En la brillante primavera hacedora de vidas,
y. en el invierno oscuro de sueño y silencio.
Te amé en la alegría del encuentro
y en el dolor de la partida;
en la sonrisa de la muchacha enamorada
que me ofrecía su vida,
y en el llanto de mi niña que nacía.
Y cuando mi corazón de hombre
se quebró en dolor y Vos callabas,
te amé también en tu silencio.
Quebranté mi rebeldía y te esperé.
Fijos mis ojos en tu puerta,
te espere…

 

EL FLAMENCO Y LA NAVIDAD
Por ANTONIO CAMACHO GÓMEZ
Argentina

   De un canto  popular de asunto mariano, como es el de los campanilleros, nace un cante flamenco de relevancia artística, comparable con los más duros de la baraja estilística de lo jondo, siendo su creador un cantor excepcional de Jerez de la Frontera llamado Manuel Torre. A esa creación n dejó de referirse el famoso guitarrista, un verdadero innovador, Niño Ricardo.

   Manuel Torre, del que Federico García Lorca decía que tenía la cultura en la sangre, le imprimió a ese cante una intensidad flamenca específica, acompasando su ritmo para que el quejío, en el decir gitano, y el desgarro connaturales al cante jondo tuvieran presencia en la música original.

    El artista citado grabó en 1929 el tema de los campanilleros, acompañado en la guitarra por Miguel Borrul y, a partir de entonces, otros cantaores han ido interpretando el nuevo estilo, siendo la famosa Niña de la Puebla la cantaora que más lo populariza, imprimiéndole una entonación muy dulce: pero, sin la fuerza expresiva y honda de su genial creador. Cabe agregar que lo han interpretado artistas como Juan Varea, Pericón de Cádiz, el “Agujeta” y, más recientemente José Mercé, con letras de Antonio Gallardo, y José Menese, siempre siguiendo el estilo jondo de Torre.

    En cuanto a los villancicos, es difícil concretar su aflamencamiento, aunque es cierto que uno de los centros por antonomasia en el siglo diecinueve era el barrio de Santiago de Jerez de la Frontera. Se cantaba al compás de bulerías y tangos –éstos no tienen relación con el argentino- propios de los gitanos de lugar. Uno de sus mejores exponentes es “El Gloria”, apodo que le puso su familia, pues se llamaba Ramón Gómez Antúnez. En los años ´20 actuó en los cafés cantantes sevillanos junto a sus hermanas “La Pompi” y “La Sorda”. Fue, además, el promotor del romance por bulerías.        

    La acogida del villancico de El Gloria fue tal que muchos cantaores lo siguieron, casos de Pepe Pinto, El Sevillano, La Niña de los Peines y, principalmente, Canalejas de Puerto Real y Manuel Vallejo.

    En 1935, debemos destacar el espectáculo “Las Calles de Cádiz”, de la Argentinita, en el que figuraba El Gloria; el de Concha Piguer, protagonizado por Manolo Caracol, interpretando el villancico también La Pequera de Jerez y Fosforito, entre otros, hasta que en los años cincuenta aparecen nuevos estilos de villancicos. Surge así el disco “Cantes andaluces de Navidad”, donde a la letra de aquéllos se acoplan farrucas, tientos, alegrías, nanas, polos y otros palos. Así se denomina a la diversidad de cantes.

    Terminaremos diciendo que ha sido los tablaos –escenarios especiales en salas reducidas, donde se practica el arte gitano-andaluz- donde el villancico flamenco ha tenido gran divulgación, como, por ejemplo, en el desaparecido Zambra, de Madrid.

    En diciembre y en los primeros días de enero, cantaores de la raza calé y payos, como les llaman sus miembros a quienes no pertenecen a ella, difunden los villancicos más conocidos y permanentes en el tiempo, poniendo la nota alegre que exige el advenimiento del hijo de Dios.-

 

ACERCA DEL MISTERIO DE LA ASUNCIÓN
DE MARÍA SANTÍSIMA A LOS CIELOS
Adrián N. Escudero
Argentina

   Expresa Leonardo Boff en su libro «El Rostro materno de Dios» (Ediciones Paulinas): «El fin de María no se circunscribe a los límites de la muerte. Por eso la fe, después de varios siglos de reflexión, proclamó la asunción de María en cuerpo y alma a los cielos. El 1º de noviembre de 1950, el Papa Pío XII definió y declaró este dogma. Si la vida es llamada para la vida y no para la muerte, entonces la madre del Autor de la vida, el templo en el cual entró el principio de toda generación, tenía que participar más que cualquier otro ser del misterio de la vida».

   Y al respecto, un par de cosas que nos enseña la mariología católica:

   ¿María murió? “Sí, María murió “(sostiene el P. Ricardo C. Colombo – OASF, Homilía del 15-08-2019, y estudioso de la mariología; y, entendemos, conforme al razonamiento de Santo Tomás de Aquino; y del “Tratado sobre la Asunción de Santa María Virgen” de otro Doctor de la Iglesia, y Obispo, San Agustín de Hipona: https://www.augustinus.it/spagnolo/attribuiti_10/index2.htm, caps. 2, in fine 3; pero cuyos pensamientos fueran debilitados por la Bula Ineffabilis Deus, 1854 – Inmaculada Concepción – San Pío IX); María virgen tuvo su “Dormitio o Dormición – Siglo VI” y Pascua (aunque fuera preservada de la corrupción corporal) y “resucitó” (Santos y cercano P. Colombo, ops. cit.) a fin de ascender sublime y transfigurada (como Luna que alumbra las tinieblas de la noche de los tiempos) a los Cielos, y de la mano de su Hijo [2] (Sol que ilumina el Camino, la Verdad y la vida para la Vida).

   María, quien llevara al Hijo de Dios Vivo en su seno, al visitar a Isabel, realizó la primera Peregrinación Eucarística de la Historia, pues su cuerpo llamado a la  glorificación, fue la Nueva Arca de la Alianza que llevó a la Palabra en sus entrañas virginales. María es la Luna apocalíptica sobre la cual asienta sus pies la Mujer coronada de estrellas: Mujer -algunos piensan que, en principio, es Ella misma- que representa en el Libro de «La Revelación (Apocalipsis)», y en realidad, a la Santa Iglesia embarazada y pronta a dar a luz… Pero amenazada por el dragón, el Autor del Pecado y de la Muerte…

   … Al abrirse los Cielos aparece, en las imágenes proféticas de la consumación de los tiempos, el Templo de Dios con el Arca de la Nueva Alianza; Arca depositaria no ya de las tablas de la Ley, del bastón de Moisés y del maná que sostuvo al pueblo hebreo camino de la Tierra Prometida, sino del Verbo, del Sol de Justicia, Cristo Jesús. ¿Y cuándo la Iglesia está embarazada? Pues en cada bautismo: en cada pila bautismal octogonal (El Octavo Día es el Día Eternidad, y sobre el cual escribiéramos un relato que integra el libro édito “Breve Sinfonía y Otros Cuentos”) la Iglesia da Vida a los hijos de Dios, y en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

   María no tiene luz propia, por eso es la Luna, más, como ésta, refleja en su humanidad a la Luz de las Naciones: Luz que proviene del Sol de Justicia que emana y estalla en fuego de amor ardiente: su Hijo, sí, el verdadero Sol de Justicia. La Iglesia corre entonces al  -y en el- desierto de la prueba y de la cruz cotidiana (valle de lágrimas purificadoras), sostenida por la oración, la contemplación, la fe, la esperanza y la caridad que emanan  como esencias virtuosas del Misterio Eucarístico del Dios Con Nosotros.  Misterio Eucarístico que memora el gesto único, irrepetible y redentor del Hijo  hipostado para con los hombres. Misterio Eucarístico que sustituye como alimento del Nuevo Pueblo de Dios, al antiguo maná de la Antigua Alianza…

   … Y cada hombre, con Él en su corazón, se levanta y edifica -a su vez- como Templo Viviente del Espíritu Divino que engendra todas las cosas; y encuentra en sí mismo y en sus hermanos creyentes, la conciencia eclesial de ser Cuerpo Místico de Cristo, y como refugio seguro para cuando ataca el dragón (Satanás, Lucifer) en su arrebato final  y deseo de destruir a la Humanidad y al universo creado en torno a ella… El  Hijo, en dicha Revelación apocalíptica, ya reina a la derecha del Padre, y está presto al Juicio Final… (La Asunción de María – 1a Lectura: Apoc 11, 19a; 12, 1-6a. 10ab. – La liturgia cotidiana – Agosto 2019 – Ciclo C – Nº 240 – Año XXI – San Pablo Ediciones – CABA, Argentina).-

Nota: Visión de María Valvorta (Caserta, Italia, 1897/ Viareggio, Italia, 1961. Mística que no conocía la Tierra Santa ni tuvo estudios teológicos) – Jesús, ascendido ya a los Cielos y estando a la derecha del Padre, viene luego al oportuno encuentro de su Madre, obrando en ella la primera resurrección premonitoria de la Parusía del Fin de los Tiempos, pues descendiendo hacia ella, concluye su dormición, la toma de la mano y, juntos, acceden al Paraíso.-

 

DIOS EXISTE
Dr Jorge Bernabe Lobo Aragón
Argentina

Este hombre privilegiado por la mano de Tata Dios a través de sus innumerables viajes astrales y su consistente bilocación puede asegurar  que la creación es una obra esplendida, maravillosa, perfecta. Los Griegoslo llamaron Kosmos, palabra que los latinos transformaron en mundus y que da la idea de lo acabado, de lo absoluto, de lo “Mondo y lirondo”. Se percibe en el universo un magnifico rosario de soles, luminarias  y constelaciones de una grandeza inigualable que las ciudades y sus luces impiden al hombre apreciar suesplendor como una obra fastuosa del Altísimo. Obraúnica y perfecta en la que la influencia del hombre por ahora ni siquiera puede estropearla. Es así que Platón y otros sabios a los que durante siglos consideramos y admiramos con respeto sostenían que las orbitas eran circulares. ¿Cómo no iban a serlo si el circulo es la más perfecta de las figuras? En ese sentido me he manifestado un elegido. Es que en este raro fenómeno del desprendimiento espiritual que me ha sido concedido puedo recordar, vivir y detallar los lugares y personas donde me desplazo. Mi vuelo astral es como un cordel luminoso y extraordinariamente elástico. Puedo estar entre las estrellas, las galaxias y los astros con absolutaserenidad e insondable armonía…Si…trasladarme en el cosmos y a través de los astros a las que todas las noches la vemos en su lugar con la sola variación debida al transcurso del año. En esa dualidad profunda percibo que puede haber cambios en las cosas que se  procura mejorar. Pero ¿Cómo habría de cambiar lo que está supremamente consumado? Y sin embargo puedo avistar  nítidamente una estrella de la constelación de cetus (la ballena) de altísimas variaciones en su brillo. Esta estrella a la que contemplo y acaricio en épocas anteriores era percibida  únicamente por quienes podían fabricar sus propios instrumentos de observación. La miro…la contemplo anonadado. Maravillosa, admirable “Mirabilis”… Es la cetus… la ballena. De mi nido sideral llego a la conclusión que esta esfera luminosa es por demás variable y de una energía inigualable que la emite en forma de rayos infrarrojos. Es enormemente grande y se halla a unos 250 años luz de la tierra. Si…La ballena mi estrella, como mi amiga la luna, la miro a mi manera y la concibo como el imponente cetáceo que surca impasible las profundidades de los mares. Observo que  se encuentra al oeste del “Toro y de Erídano” sus pares…al sur de los “Peces y del carnero” cada vez más visibles. Me entusiasmo al imaginar, que fuera de mi doble etéreo, desde mi nido en “Tafí del Valle “podré e verlo palpitar majestuosos en el cielo refulgente de los valles. ¿Aparecerán? Ya lo creo…en la azotea del mundo del mundo como en una contemplación beatifica. Así…de este modo real en mi dualidad espiritual puedo atestiguar que el Kosmos es espléndido, maravilloso, perfecto. En su excelsitud se aprecia el ajuste perfecto de las normas con que Dios rige su funcionamiento. Mi ser espiritual como un foco de energía luminosa, puede afirmar  y sostener   que este universo en el que vivimos, es creación colosal del Supremo.  En mi bilocación profunda puedo asegurar sin ninguna duda que Dios Existe.

UN INSTANTE
Dr Jorge Bernabé Lobo Aragón

Imposible es solamente una figura retórica. Existen dificultades con las que uno tropieza en la vida, pero a los sesenta años, ante las contrariedades uno va naturalmente en búsqueda de las cosas altas, elevadas, espirituales. Así Que, sentado en la computadora  y sin ganas de escribir sobre temas de mi profesión, me  vienen a mi mente recuerdos imborrables. No estaba soñando, sino recordando una mañana en el Campito. En el milagroso Templo de San Nicolás de los Arroyos a orillas del Río Paraná. Después de viajar más de mil kilómetros desde el Jardín de la República hacia la ciudad de María y de escuchar silenciosamente a la vidente Gladys Quiroga Motta me sumergí en la Catedral. Imponente y resplandeciente. Ella, estaba hacia un costado del atrio envuelta en una caja de cristal. María del Rosario, la Virgen vestida de azul, tenía el Niño en brazos y un rosario en la mano. Nunca había visto una imagen tan cálida y natural. Sus ojos negros me miraban y a su vez contemplaban al mundo y abrazaban a la humanidad. Solamente pude tocarla detrás del vidrio que la cubría. Su mirada eterna ya evocaba los recuerdos de cuando mi madre me alzo y me  consagro a la Señora de los Cielos. Azorado y cansado por el viaje con mis muletas a cuestas, me senté en un madero que atravesaba la basílica. Mire silencioso hacia el circulo superior del templo y un imponente diseño de arquitectura y deslumbrantes figuras en vidrio serpenteaban elegantemente. Junte mis manos agradeciendo el privilegio y la oportunidad de ser uno de los primeros peregrinos en llegar al santuario. Después de una mañana soleada y refulgente, un ruido de viento y tormenta abrieron cada uno de los ventanales superiores de la basílica. Esa vidriera de colores se movía y sacudían al unísono proyectando una luz que parecía venir de otro mundo. Un apabullante espectáculo de luz y furor entraban por cada una de las escotillas, sumiéndome  en un estado de gracia que me impulsó  a exclamar “Madre mía, Señora mía”. La sinergia de los paños de cristales parecía ceder ante la fuerza de la naturaleza. El ruido de la tormenta no cesaba y los ventanales multicolores parecían salirse de su  círculo pronto a desprenderse. Los vitrales en su conjunto esparcían un rayo  de luz palpitante y vivo. Era una tormenta de verano que solamente duro unos minutos. El interior del templo estaba animado con una atmosfera rutilante de piedras preciosas de distintos e intensos colores que daban al lugar sagrado un tinte mágico. El increíble suceso casi sobrenatural de este maravilloso despliegue de luz, agua, viento,  color y geometría parecían celebrar  la vida del Eterno y su Madre en el Sagrario. Me sentí arrollado de la Ecuación “Dios es luz” como imagen de lo etéreo e  inaccesible. Con dificultad me pare con mis muletas buscando la salida. Salté al Campito de la Virgen que rodea el templo.Mire otra vez a lo alto y nubes bajas y grises cubrían la mañana recordando al  aguacero del minuto. Era un día de semana, sin muchos peregrinos. Había leído sobre las manifestaciones extraordinarias de la presencia de Dios y de la Virgen, como la danza del sol, que nos recuerda el milagro de Fátima. El perfume a rosas, el ver brillar el rosario sobre las paredes en varios hogares, las bombitas de luz que al quemarse dejan impresa la letra “M” de María del lado de adentro, eran los relatos de muchos que buscaban seguramente alguna salida a su fe adormecida. Me senté sobre una piedra a descansar. De pronto una tenue neblina me arropó, me cubrió de naturalmente, como si fuera el “alpapuyo” de mi Tafí del Valle que con sus espesas capas de nubes bajas parece recorrer el valle sin rumbo fijo. Me sentí trasportado y lanzado a otra dimensión. El mundo real se había alejado. Solamente sentí la presencia de mi ser trasportado a un plano distinto. Como si no tuviera movimiento, atine a tocarme la cara y lágrimas brotaban de mis ojos sin que pudiera controlarlas. El tenue sol que apenas apareciera en la mañana gris, empezó a acercarse con movimientos circulares y armoniosos como tratando de atraparme. Nunca había pensado que estuviera de cara frente al  fenómeno reconocido por muchos. Tampoco fue una ilusión ya que podía ver al astro sol sin que me encegueciera. Como un rayo, se rasgó la tupida neblina  y sobre el cielo azul y diáfano se formó nítido y abierto un triángulo. Un marco perfecto con los colores blanco, celeste y rosa del manto de la Virgen. Era sin duda la forma triangular plasmada en el reverso de la medalla que la Santísima Virgen le pidió a la vidente. Un triángulo con estrellas en sus vértices y con tres más rodeando cada lado. Fueron unos minutos. Un instante. Un tiempo. No lo sé. Es y será uno de los recuerdos imborrables de mi vida.

 

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