NARRATIVA Y POESÍA RELIGIOSA

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Mayo  2.020  nº 31

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AL SERVICIO DE LA PAZ Y LA CULTURA HISPANO LUSA

LA VOZ
Adrián N. Escudero+
-Argentina-

Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro… No se puede servir a Dios y al Dinero (Ah, Poderoso y mundano Caballero)… (Porque) Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón” (Mat 6, 21;24).

a.

“La Verdad es como el agua”, dijo. Correrá, se ocultará, se ensanchará, se angostará y se moldeará hasta volverse como una paradógica sombra luminosa recostada e impúdica, sobre las faldas necias de la más apetecible y cruel de la mentiras; para luego filtrarse, de súbito y como un relámpago, por el rescoldo del descuido o el resquicio de la valentía, de cualquiera de las fuentes corruptas del (de los) Señor (Señores) de Relaciones Públicas y su pandémico, codicioso y virósico Nuevo Orden Antinatural…”

“Porque Aquel que los creó sin ustedes, no los salvará sin ustedes, hombres libres pero de poca fe… Más todo el que sea de la Verdad…”, continuó diciendo, “… escuchará mi Voz, Yo seré su Señor y tesoro en las alforjas de sus labios, emergiendo desde lo oculto y ahora develado en sus corazones… Que ya no lo serán de piedra sino de carne y huesos redimidos… Escucharán mi Voz, pero no de antiguo como un trueno, sino como los arpegios de una flauta y se librarán así -en un jordánico diluvio bautismal donde no será el Mar Rojo sino el Río Jordán el que se abrirá a sus pasos- del insensato poder del Ateo Impío, del Dragón dormido y de la Bestia encriptada, y su Gran Ídolo plastificado y coronado mortalmente de sangre justa e inocente… Y cuando el Ídolo caiga, proferirá un gran grito de espanto al ver, demolido, su narciso poder financiero de barro, hambre y fuego; y quebrado para siempre el tétrico Círculo Vicioso de los Tres Demonios que lo edificaran, disueltos todos (de una vez y para siempre) en los morbosos confines de la Supra Nada”… 

b.

Luego, la Voz hizo silencio y pareció que el mundo se evaporaba… Que el mundo entero dejaba de latir, mientras ellos, los Errantes elegidos, los convocados para escuchar e interpretar por medio de la Voz, el crucigrama del Verbo vuelto palabra llana, se postraban ante el lampo de su fantasmal figura de arcángel, alzando los ojos al cielo como hipnotizados por el esplendor de la Verdad Humanizada, que parecía estar suspendida en vilo por aquella Columna de Nubes donde restallaba un enigmático, radiante Sol de Justicia… Y desde aquellas alturas imaginarias, abierto los oídos al susurro delicioso de su boca  aramea, le escucharon ordenar, con el portento de su divina majestad y haciendo conmover los cimientos del Monte sepulcral que los rodeaba, el grito potente de liberación que tanto esperaban escuchar: “¡Lázaro, amigo! ¡Ponte en pie y sal fuera!”

… Y Lázaro, abandonando los lienzos, perfumes, ataduras y flaquezas de una joven e inesperada dormición, resucitó… Revivió. A la carne y al espíritu, como alter ego de su Adán Redentor, revivió. Y María dio gracias… Y Marta lloró… Y todo el humilde pobrerío del pueblo de Betania, festejó… El Nuevo Orden (otra vez Natural, estaba en marcha, y la historia humana volvería para muchos a comenzar…  (Aunque, sin dudas, y como estaba escrito en el Libro de las Pruebas de la Vida, el Gran Hermano personificado por la Tenebrosa Trinidad del Señor (Señores) de Relaciones Públicas, lo volviera –volvería- setenta veces siete, a intentar…).

c.

De todos modos, y nuevamente ahora, entre lágrimas y sonrisas como quien siembra y cosecha, algunos buenos escribas dijeron, no sin saber la suerte mártir que les esperaba, que en mismo instante (inaudito para su humana credulidad y sin saberlo obrando bajo el signo del apóstol Mateo, el Dudoso), otras tumbas de justos esperanzados en La Venida, cavadas en la misma piel de aquel Tabor sagrado (que luego llamarían “de la Transfiguración”), se conmovieron también; pero no se abrieron todavía…

… Lo harían cuando un manso aunque terco israelita, fuera por otros sacrificado y ungido –como rey de los judíos- en un trono de Cruz de enclavado madero –predicho por la Reina de Saba y oculto en las vísceras de la tierra por el Rey Salomón, y surgidos a su debido tiempo de misión a cumplir, al excavarse el sitio elegido para zanjar la piscina de Bethesda- y donde moriría a la carne de ferviente Galileo, para renacer (de una vez y para siempre), como un viviente y hasta eucarístico Nazareno providencial… En tanto el agua surgente de su costado abierto y mortificado en sangre de su costado abierto por una pérfida lanza romana, daría curso y caudal al jordánico diluvio bautismal vaticinado, que vencería a la Impiedad, al Pecado y a la Muerte, esto es, al Ateo Impío, al Dragón dormido y a la Bestia encriptada, y su Gran Ídolo plastificado y coronado mortalmente de sangre justa e inocente…

QUIERO SER JUAN
Nestor.F Barbarito Cervantes

-Argentina-
(Oración de un Viernes Santo a la Mater Dolorosa)

Te llamaron Madre del amor hermoso;
Madre del cielo y de toda bondad;
Madre de la Iglesia y de la santa alegrìa;
Madre de misericordia, del perdón y la esperanza;
Madre llena de gracia y de la santa alegría.
Estrella del mar te llamaron. Y Reina del mundo.
Madre de Dios es tu título mayor,
absolutamente incomparable.
Mi corazón sin embargo te invoca y proclama
con un solo nombre: ¡mamá!
Así, con la m minúscula de ‘mía' y de ‘misericordia',
porque así te siento y te invoco, mamita,
porque me confortás en los días de agobio y de tristeza,
de angustia y de temor.
Sos vos mi consuelo, mi calma y sosiego;
vos mi fuente de esperanza
y mi camino a Cristo entre flores y espinas abierto.
Pero hoy quiero ser yo quien te conforte a vos, mamita.
Hoy que tu Hijo y tu Dios murió en la cruz;
hoy que se extinguió en sus ojos nuestra luz,
y una espada brutal e impiadosa se clavó en tu corazón
y te anegó en congoja y llanto.
El Hijo de Dios, su Palabra, moría por nosotros.
¡Tu hijo, tu niño!
Y tu corazón, abierto en capullos de dolor
sangró a la par cuando, ávida, la tierra
bebió la sangre generosa
que Cristo derramaba por nosotros.
En este día cruel

en que los clavos y la lanza abrieron
hondos surcos que en rojas amapolas
florecieron en la carne amada,
quiero ser yo tu fortaleza, tu aliento y tu valor,
aunque el intento sea temerario.
¡Sólo por hoy, mamita!
porque mi amor me impulsa,
y me alienta la esperanza de que encuentres en mi pecho
un corazón cálido y sincero que acoja tu alma atribulada,
y alivie la tremenda pena de este día.
¡Vaya paradoja!
El débil quiere ser la fuerza de la Madre Roca.
El flojo, el frágil, el cobarde,
pretende ser sostén
de la sólida y bellísima Torre de David;
el peregrino de los pies cansados, vacilantes e inseguros,
quiere ser apoyo y firmeza
de la maciza Puerta de Marfil del cielo;
anhela ser la calma de la muy serena y sosegada,
dulcísima Reina de los mártires,
Consuelo de los afligidos y Señora de la esperanza.

Perdoname, mamita, por este desatino!
Por el enorme abismo que separa
la carga de miseria que me agobia,
y este ardiente anhelo que me anima
a poner a tus pies mi corazón
preñado de ternura, de afecto y compasión.
En este día, mamita, no pretendo ser pilar ni roca.
No cabe en mi mente tamaño desvarío.
Sólo quiero ser Juan:
traerte conmigo a casa y refugiarte contra mi pecho.
Enjugar tus lágrimas con mi pañuelo.

Con mi amor calmar tu angustia,
y confortarte en tu desvelo.
¡Sólo por hoy, mamita. Sólo por hoy!

UN DÍA EN QUE NO TE ESPERABA.
Nestor F. Barbarito Cervantes
-Argentina-
 

Fue un día en que no te esperaba.
Sin que yo te lo pidiera entraste en mi corazón,
como un desconocido cualquiera, Rey mío,
y pusiste tu sello de eternidad en los instantes fugaces de mi vida.

Y hoy los encuentro por azar, dispersos en el polvo, con tu sello,
entre el recuerdo de las alegrías y los pesares
de mis anónimos, olvidados días.

Tú no desdeñaste mis juegos de niño por el suelo,
y los pasos que escuché en mi cuarto de juguetes,
son los mismos que resuenan ahora de estrella en estrella.
Rabindranath Tagore

Desde que comencé a leer la poesía de Tagore, intuí que él era un místico y quizás hasta un profeta. No cristiano, es verdad, pero… el Espíritu de Dios es como el viento: sopla donde quiere. Y me parece que, en su caso, fue un vendaval.

Un día, llegado ya a la madurez, reparé en la proximidad de estos versos del vate indio con mi propia realidad: la irrupción del Espíritu en mi alma como una catarata de luz destellante y cegadora que cambiaría mi norte, y con tanto me gozo en revivir.

Por eso hoy, como tantas otras veces, quiero manifestar mi gratitud al inmenso poeta, porque además de haberme impulsado, como casi ningún otro, a valerme de la pluma para expresar mi amor a Dios, me interna en los meandros del espíritu con su profunda vida interior y su exquisito lirismo. Y en esta ocasión en particular, me ayuda a recordar las ocasiones en que Él se iba insinuando en mi camino, como anticipos de la trascendencia que tendría después, durante el resto de mi vida.

También yo había escuchado más de una vez, en medio de mis juegos infantiles, pasos en mi corazón Sin embargo, no sabía de quién eran aquellos pasos; Él no se daba a conocer. Creo que entonces  sólo estaba preparando mi espíritu para la revelación que vendría, y yo pensaba que sólo era ficción; parte del juego. En aquellos días no hubo para mí un cuarto de juguetes. Los fondos de mi vieja casa paterna, mi barrio, y luego las costas del mar y el Quequén1 añorados, fueron los escenarios en medio de los cuales supe oír sus pasos misteriosos que me intrigaron fugazmente. La algarabía de la bulliciosa adolescencia los volvió inaudibles hasta mis diez y siete años, en que Él, al fin, levantó su voz y se dejó oír distinta e inconfundiblemente en mi corazón.

Hoy, desandando lo recorrido entonces, encuentro, por azar, impresas sus huellas en el camino recorrido. Camino que, sin dudas, era el mismo Espíritu quien me lo proponía. Más aún, creo que lo iba extendiendo bajo mis pies para que yo lo recorriera confiado, sin siquiera sospechar que era el mismo autor de los “libretos” el que no desdeñaba mis juegos infantiles y corría a mi lado. No imaginaba yo en qué sucesos iba a desembocar aquel camino, y menos aún que ellos cambiarían radicalmente el rumbo de mi vida.

Días atrás El papa Francisco me recordaba (nos recordaba): “El Señor siempre nos hace volver al primer encuentro, al primer momento en que nos miró, nos habló e hizo nacer en nosotros el deseo de seguirlo”2.

Esto me hizo regresar al tiempo en que Él quiso dárseme a conocer: luego de aquel día en que yo no lo esperaba. Fueron los años en que di  mis primeros pasos en su compañía,  en los que todo era luz en mi corazón. Todo era bello entonces. Yo era joven y había descubierto  una “perla de gran valor”: era rico; ¡muy rico! Me sentía con fuerzas para la tarea que Jesús me proponía: darlo a conocer; llevar a mis hermanos su Palabra y darles testimonio de su amor consolando y perdonando. No recuerdo haber sentido luego momentos de mayor plenitud que en esos benditos días. Creía que mi corazón estallaría si no me prodigaba. ¡El mundo era mi casa, todos los hombres mis hermanos, mi corazón lo abarcaba todo, y yo… yo volaba con las alas que me había regalado Cristo! 

Aquella fue una enorme gracia, hoy lo veo con absoluta claridad. Era una luz que iba a iluminar mis días, a pesar de mis reticencias posteriores y de las debilidades y miserias que fui descubriendo luego en mi interior, y el destello que me había encandilado como un relámpago no me había permitido ver entonces; y aun a pesar de las dificultades y obstáculos que, por torpeza y desatino, muchas veces fui incapaz de sortear con éxito.

Y hoy me alerta el papa: “no olvides tu historia, cuando Jesús te miró con amor y te dijo: «Este es tu camino»”2. Y porque él propio Francisco conoció aquellos, mis primeros pasos, lo siento como un llamado personal a mi memoria y mi esperanza, aunque creo que cada uno puede y debería entenderlo así.

Es obvio que mi camino no sería, en definitiva, como en su caso, el que había comenzado a andar impulsado por aquel descubrimiento. Sin embargo, con el talego de mi pobreza humana a cuestas, el Espíritu me fue guiando para que, si bien con poco resto, pudiera llegar hasta aquí, llevando también en él una provisión aceptable de la fe que Aquél que me había escogido, me había regalado por pura compasión; misericordia, pese a que Él bien sabía de todas las “agachadas” que le iba a hacer a lo largo del sendero que me proponía. También sabía de mis futuras frustraciones y fracasos, y por eso se empeñó, y aún se empeña,  en darme cada día nuevas oportunidades de rectificarme y volver al Camino.

Ahora, después de muchas décadas desde aquella revelación, puedo confesar que está claro para mí, que aquellos pasos que escuché en mi infancia eran los mismos que oigo resonar ahora de estrella en estrella, y me hacen levantar al cielo la mirada. En verdad me es imposible saber si son sus pasos o mis latidos, porque creo que ambos se han fundido y llegan a mis oídos desde lo más recóndito de mi corazón entregado una vez para siempre

NUESTRO VUELO Y GARABANDAL
(Séptima parte)
Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón

Como si fuera la eterna masa resplandeciente de infinitas partículas y colores indefinidos que nos une desde siempre con mi compañera de vuelo en los incomparables viajes comentados hacia Garabandal, percibimos desde el límpido azul de las alturas una cinta refulgente como un cometa al final de su cuerda. Un enorme  cordón umbilical como la que une al hijo con su madre serpenteaba como si fuera un sol que giraba sobre sí mismo. En ella se  reflejaban nítidamente las apariciones de Fátima, de Akita, y concluía con las manifestaciones en Medjugorje. Lugares sagrados es donde MARÍA nos señala de manera invariable con bendecida anticipación que pronto será cumplida la anunciada intervención divina. Desde ese cielo que nos envuelve y acaricia, divisamos la diminuta aldea escondida en la montaña, con sus bucólicas costumbres y su vida austera y campestre. El Poblado algo trasformado en su diaria rutina había cedido a una autentica invasión de  peregrinos buscando en sus almas una luz que las ilumine y las convierta. La aparición de la MADRE DEL CIELO. Su pequeño tamaño se encontraba desbordado. La muchedumbre lo cubría todo, no hay descanso en el diario trajín de sus calles y sus pobladores buscan reparo en el interior de sus casas que muchas veces ofrecieron albergue al desamparado que buscaba y perseguía afanosos  el MILAGRO. Desde aquel domingo en que todo era festejo íntimo de unos aldeanos y unas niñas  juguetonas que se toparon con el ÁNGEL EMISARIO, se fueron desmembrando los acontecimientos en aquellas humildes niñas que fueron elegidas.  A partir de una comunión que dejaría de ser invisible por su portento milagroso   hasta escuchar  las voces de incrédulos, curiosos y  ávidos de noticias sobre cuál sería la voluntad de MARÍA. Hechos que marcarían sus AVISOS para hacernos comprender que rumbo tan delirante habíamos emprendido. Quizás, desde nuestra dimensión etérea, podíamos  observar una suerte de luz particular que rodeaba al valle. No era la influencia del sol. En nuestro desplazamiento cotidiano los días de lluvias y tormentas eran sostenidos. Ese día el Sol aparecía sobre el poniente como una enorme masa de fuego radiante y refulgente. Sus movimientos circulares y centellantes como una masa viva en la mano del altísimo presagiaban que algo maravilloso estaba por ocurrir. Nos señalaba un  camino, al que muchas veces los buscamos, inquietos, con ansias suponiendo asombros y no nos dimos cuenta que muchas veces ellos nos llaman, se expanden, iluminan, nos hacen parte y comparten su grandeza. Todo camino tiene un significado y un mensaje solo es cuestión de detenerse, descubrirlo y honrarlo como se merece. Esos caminos nos llamaron, se mostraron,  nos permitieron los disfrutes, con la suave brisa que nos orientó y el silencio que nos fue abriendo camino. Agua, cielo, verdes, sonrisas, palabras y milagros enaltecieron nuestras almas. Es que el amor siempre guarda sorpresas y a cada uno le prodiga una distinta y las va entregando con cautela.  Nuestro vuelo  fue como construir una obra de arte a la que cada día se le agregaban más elementos para hacerla casi prodigiosa. El encuentro, evidente signado por Dios nos permitió el compartir sueños, aventuras, presagios, dónde el espacio era y es nuestro recinto mágico. Ahora el tiempo le ha dado un color misterioso  a nuestros escritos y una paleta sutil pero inolvidable al momento de plasmarlo. Hemos crecido,  sosteniendo y desvelando esta maravilla del milagro por la gracia del Espíritu que decidió un día que recorriendo el universo nos pudiéramos tomar de la mano. Descubrir que nos guían los mismos principios. Que sabemos de luchas pero también de alegrías. Qué cuando nuestras Palabras se cruzan y arriban a destino es un deleite leernos, acompañarnos, emprender el mismo itinerario sin nunca habernos visto. No hace falta, son las almas que todo lo entienden, que todo lo abarcan. Me inspiras, te inspiro, creamos, buscamos lo bueno y tratamos de contagiarlo, desconociendo el egoísmo. Solo sabemos que el espacio es nuestro aliado y desde él con generosidad nos arrojamos. Quizás hasta día en que Tata Dios corte según su voluntad nuestro hilo o cordón de plata. Pero mientras tanto, seguimos en vuelo…continuamos alabando…proseguimos agradeciendo lo que la vida nos da a cada paso, porque aún en esta pandemia interminable que nos alcanza a todos, somos dos seres afortunados esperando que sea cumplido el GRAN MILAGRO que sobrevenda y  del  que seguiremos pregonando hasta el último día.  Sabemos y lo decimos que será el mayor Portento de la historia, después de la Resurrección de Jesucristo.  El propósito es el de   conceder una última gran ayuda a los hombres para su conversión. Si el mundo no cambia con esto, Dios permitirá una gran tribulación y un Castigo de purificación universal.

LA COPA ESTA  LLENA
Garabandal
(Octava parte)
Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón

En este  fantástico fenómeno de vuelo espiritual que nos ha sido concedido, como un cordel luminoso y extraordinariamente elástico, podemos dimensionar con mi compañera de vuelo al universo y al espacio como una obra esplendida, maravillosa, perfecta, hecha por la mano de Dios. Disfrutamos de movimientos casi imperceptibles de círculos luminosos que se acercaban misteriosamente al lugar sagrado de Garabandal que nos daba la idea de lo acabado, de lo absoluto de este milagro olvidado. Redondeles celestiales fascinantes de colores indescriptibles que ningún artista podría describirlo ni siquiera el pincel sublime de mi acompañante. Y  ¿Cómo  describirlo?, sino de  una manera excelsa, teniendo en cuenta que el circulo en esa dimensión es la más perfecta de las figuras. Muchos interpretarán, que son visiones, entre sueños que se presentan en nuestra imaginación. Pero  lo observado en esa humilde y predestinada Aldea Cantábrica que tratamos de reseñar en los  distintos escritos es corolario de algo superior y seráfico. Es que San Sebastián de Garabandal, la pequeña población de las manifestaciones marianas de los años sesenta, fue testigo de miles de apariciones de la Santísima Virgen, estelas únicas de orden sobrenatural que indican otra realidad. El primer mensaje fue la presencia amorosa de la Madre de Dios. Madre universal, de todos los hombres, y de cada uno en particular. Así la conocieron y transmitieron las niñas destinadas y luego    desairadas de Garabandal. La Virgen vino a las más sumisas de sus criaturas  a hablarnos en ese tiempo, de nuestro tiempo actual. Nos habló con su presencia, con sus palabras y también con signos. Con  el transcurso del tiempo, advertimos en nuestros días de encierro, arbitrariedades, confusiones, pandemias que los mensajes de otrora nos muestran una luz y camino de  Salvación. El primer mensaje del 18 de octubre de 1961 nuestra Madre nos decía con ternura “Tenemos que hacer muchos sacrificios, mucha penitencia, visitar al Santísimo, pero antes tenemos que ser muy buenos y si no lo hacemos nos vendrá un castigo. Ya se está llenando la copa y si no cambiamos nos vendrá un castigo.  Nos daba la idea de la urgencia y premura con que debía ser escuchada y comprendida. Ahora, a casi 60 años de Garabandal, vemos cómo las grietas que separaban al mundo de Tata Dios se han vuelto abismos. Cómo la apostasía se ha convertido en un diluvio que envuelve la tierra. Que la tribulación más grande de la Iglesia no viene de afuera sino de dentro  por la gravedad de los pecados cometidos, donde escándalos y apostasía de la fe, tienen un efecto devastador que socaban sus cimientos. La Santísima Virgen, que apareció en Garabandal como Nuestra Señora del Monte Carmelo o del Carmen, vino a  acercarnos a su Hijo resaltando la presencia eucarística del Señor en medio de su Iglesia no sólo por medio de estos mensajes sino también por los gestos de adoración y reverencia que les hacía hacer a las niñas, por las comuniones místicas que recibían del Ángel y por el milagro del 18 de julio de 1962 en el que la sagrada Hostia, dada por el Arcángel San Miguel a Conchita, se hizo visible en su boca. Ante la sistemática negación de la Iglesia local en admitir ni siquiera la mera posibilidad de la sobrenaturalidad de los hechos, tuvo la Madre de Dios que dar, no Ella sino el Arcángel San Miguel, el siguiente mensaje del 18 de junio de 1965“Como no se ha cumplido mi mensaje del 18 de octubre y no se lo ha dado a conocer al mundo os diré que éste es el último. Antes la copa se estaba llenando, ahora está rebosando. Muchos cardenales, obispos y sacerdotes van por el camino de la perdición y con ellos van muchas más almas. A la Eucaristía cada vez se le da menos importancia. Debéis evitar la ira de Dios sobre vosotros con vuestros esfuerzos. Si le pedís perdón con vuestras almas sinceras Él os perdonará. Yo, vuestra Madre, por intercesión del ángel san Miguel, os quiero decir que os enmendéis. Ya estáis en los últimos avisos. Os quiero mucho y no quiero vuestra condenación. Pedidnos sinceramente y Nosotros os lo daremos. Debéis sacrificaros más. Pensad en la pasión de Jesús. “Antes la copa se estaba llenando, ahora está rebosando. Esta parte de la  advertencia fue aún más difícil de aceptar por algunos miembros de la Iglesia que eran los que debían dar un juicio sobre la autenticidad de los mismos. No se quería ver el fondo de la verdad de lo que estaba ocurriendo. En rigor de verdad, vemos revoloteando por los aires tratando de purificar nuestras almas que estos acontecimientos ya han comenzado y es sobre el que seguiremos escribiendo si la tempestad que nos encierra nos deja seguir en vuelo.


TE BUSO
Elsa Lorences de Llaneza
Argentina

Te buscaba tanto
mi Padre querido,

de día y de noche
sin poderte ver,
hasta que un buen día
crucé tu camino,
me quedé asombrada,
no lo podía creer.

-¡Me buscas?.
Dijiste con voz cariñosa.
Temblando te dije que…,
-¡Sí, mi Señor!

¡He tardado tanto,
tanto en encontrarte!

¡Quédate conmigo
no te vayas nunca,
tenme compasión!

-Si has tardado tanto,
tanto en encontrarme,
es que no buscabas
con mucha atención.

Yo estoy en el pobre,
el que nada tiene,
en el niño solo
y falto de amor.
En el pobre enfermo
y entre los que sufren
discriminación.

Aunque yo me vaya
me seguirás viendo,
si sabes buscarme
adonde yo estoy.

Y así trato, Padre,
te busco y te encuentro
en todas las partes
por donde yo voy

SANTA MADRE TERESA
Raquel Olay de Leanza
Argentina

En tu cuerpito pequeño, en tu espaldita encorvada,
la belleza no existía en tu carita arrugada.
A pesar de todo eso el Señor se enamoró,
porque miró en tu interior, en lo profundo del alma,

allí encontró la belleza con que a todos cautivabas.
Te distinguen como Madre, siendo que hijos no has gestado,
siguiendo los pasos de María, te hiciste Madre de todos,
los sufrientes, desvalidos, moribundos y excluidos……

Allí donde hubo heridas, supiste calmar el dolor,
aquel que padeció hambre, de tus manos el comió,
allí donde hubo lágrimas, fue tu amor quien las secó.
Si yo pudiera pintar tu retrato en un papel,

haría un corazón inmenso que traspasara la piel.
Hoy quiero nombrarte Reina, de la paz, de la hermandad,
de la entrega sin medida, del servicio a los demás.
Sos un ejemplo de vida, abnegada y consumida,
de cristiana caridad.

Dime Madre por favor,
¿De donde sacas tanto amor?
¿Tanta fe? ¿Tanta esperanza?
¡Ya se, no digas nada!
El Señor te lo entregó
al ver tu alma dispuesta
totalmente consagrada.

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