NARRATIVA LUNA DE OTOÑO

 

LUNA DEL CAZADOR, LUNA DE LA COSECHA
Carlos Benítez Villodres
Málaga (España)

Los amantes de la astronomía tienen durante la noche del 12 al 13 de octubre la oportunidad de ver la primera luna llena de otoño; la “Luna del Cazador”.

            Se trata de la luna llena más próxima al equinoccio de otoño, que en el año 2019 se celebró el 23 de septiembre, es decir, cuando el día dura exactamente lo mismo que la noche, después llega la “Luna de la Cosecha” (la luna llena de septiembre).

            Si, según cuenta la historia, la “Luna de la Cosecha” permitía a los agricultores trabajar durante más tiempo gracias a la luz natural nocturna, finalizando así el período de recolección. Dichos campesinos dependían únicamente

de la luz de la Luna para realizar sus cosechas, así que la luz de la luna se convirtió en una importante parte de su trabajo.

            La luna de la noche del pasado año suponía una oportunidad maravillosa para ir en busca de buenas piezas. La iluminación que desprendía favorecía las capturas durante toda la noche. Con todo ello y el hecho de que los campos ya estuvieran segados, los cazadores lo tuvieron mucho más sencillo para poder ver a sus presas.

            Si algo caracteriza a este tipo de luna es que permanece en el cielo toda la noche sin dejar de brillar.

            Después de la “Luna del Cazador”, la siguiente luna llena, que se pudo contemplar el 2 de noviembre de 2019, recibe el nombre de “Luna del Castor”.

            Tal y como explica la propia NASA, cada día la luna aparece unos 50 minutos más tarde cada día. La importancia de esta luna reside en que cerca del equinoccio de otoño esta diferencia se reduce a los 30 minutos, porque el inicio del otoño coincide con una trayectoria orbital de la luna en la que forma un ángulo estrecho con el horizonte nocturno. Así, durante varias noches, la luna sale al atardecer y cuando la luna se coloca en la parte baja del horizonte, se disfraza de calabaza.

¿Esto que quiere decir? Que debido a las nubes y al polvo, la luna se torna de color rojizo y parece estar de un tamaño mayor al habitual, debido a un fenómeno conocido como ilusión lunar. Gracias a este fenómeno, la luna se ve enorme, pero ubicada directamente sobre la cabeza se ve más pequeña.

Según explican desde la NASA, en ambos casos se trata de la misma luna, pero dependiendo del entorno se percibe su tamaño de formas diferentes. Si bien esta experiencia alcanzó su momento álgido el 5 de octubre de 2019, se pudo disfrutar de él durante varias noches consecutivas, añadiendo una nueva cita a un año cargado de diferentes fenómenos astronómicos.

Como el tiempo acompañó y el cielo estuvo despejado, fue un fenómeno que no necesitó de herramientas específicas para su visualización, ya que se pudo disfrutar desde cualquier punto de los países europeos, únicamente levantando la vista hacia el cielo.

            Los planetas Marte y Venus, que llevaban meses sin verse, regresaron a los cielos del otoño pasado. Marte fue visible al alba, y Mercurio también hizo una aparición durante los amaneceres de finales de noviembre y principios de diciembre. Venus, junto con Júpiter y Saturno fueron los luceros vespertinos otoñales.

            El gran acontecimiento astronómico del otoño tuvo lugar el 11 de noviembre de 2019, cuando Mercurio pasó por delante del Sol. Este fenómeno fue visible desde numerosas naciones de Europa.

            Las lluvias de meteoros más interesantes del otoño del pasado año fueron las Leónidas y las Gemínidas. Las Leónidas alcanzaron su máxima actividad en torno al 17 de noviembre, cinco días después de la luna llena. Las Gemínidas tuvieron su máximo el 13 de diciembre, es decir, al día siguiente del plenilunio. Así pues, ambas lluvias de estrellas tuvieron lugar en condiciones que fueron favorables para la observación de los meteoros

            El otoño de 2019, que duró 89 días y 20 horas, finalizó el 22 de diciembre con el comienzo del invierno (2019-2020). Se dice de esta etapa del año que es la estación romántica y poética y triste (los días se acortan y las noches se alargan).

            De todo lo expuesto anteriormente se deduce que el inicio astronómico de las estaciones se sucede, por convenio, en el instante en que la Tierra pasa por una determinada posición de su órbita alrededor del Sol. En el caso del otoño, esta posición es desde la que el centro del astro, visto desde la Tierra, cruza el ecuador celeste en su movimiento aparente hacia el sur. Cuando esto sucede, la duración del día y la noche prácticamente coinciden. En este instante, en el hemisferio sur se inicia la primavera y en el hemisferio norte, el otoño.

            Las cuatro estaciones están determinadas por cuatro posiciones principales en la órbita terrestre, opuestas dos a dos, que reciben el nombre de solsticios y equinoccios. Solsticio de invierno, equinoccio de primavera, solsticio de verano y equinoccio de otoño.

            La palabra equinoccio proviene del latín “aequinoctĭum” y significa “noche igual”. Es el fenómeno en el que el sol se coloca exactamente por encima del ecuador, provocando que la duración del día y la noche sean exactamente iguales, como ya referí. Esto ocurre dos veces al año, en primavera el 21 de marzo y en otoño el 23 de septiembre. Los días del equinoccio eran los más importantes para los mayas, pues para ellos en primavera comenzaba el ciclo de preparación de la tierra para la siembra y, en septiembre, el período en que el fruto del maíz ya maduro estaría próximo a recolectarse.

            Finalizaré con la letra de la canción “Luna de Otoño”, interpretada por el cantautor Miguel Gallardo (Granada, 1949 – Madrid, 2005), que fue uno de los cantantes españoles de más éxito en las décadas de 1970 / 1980: “Luna de otoño, dulce mirada / dime que escondes, / tras esa sonrisa / vacía y callada. / Quizá una pena, que hirió tu alma. / Por eso, vuelas, perdida en la noche, / queriendo olvidarla. / A través de ti, descubro mi vida / también llevo escrita una pena en el corazón, / a través de ti, me acuerdo de ella / por eso, regreso, en las noches, buscando su amor. / A través de ti / por qué andas triste, luna de plata, / si las estrellas perfuman la noche, / como rosas blancas. / Quiero decirte, adiós para siempre / porque cansado, me marcho a otra parte / detrás…”.

ESTAR EN LA LUNA
María Alejandra Civalero
Argentina

Cuántos estados representa “estar en la luna” pero todos transmiten la sensación de presencia física y alma viajera, crononauta, multidimensional. “Estar en la luna” hace crecer la marea de pensamientos que inunda las playas a lo largo de la costa de la vida infantil, adolescente, adulta o anciana.

Así el infante, sentado frente a la maestra que explica, comienza a viajar hacia ese mundo creado a partir de una palabra que escuchó y se convierte, como por arte de magia, en héroe de guerra, explorador arriesgado, dama pionera, robocop o encarna su propio cuento de hadas.

También leudan el alma y la pasión bajo la energía del “estar en la luna” y lo están literalmente los amantes al dejarse transportar por ese brillo cómplice que oculta detalles en la noche y resalta el contacto de los cuerpos revestidos de plata. Luz que guía sus pupilas dilatadas para recorrer la silueta deseada y fundirse en otros ojos expectantes de amoroso placer. Y seguirán en la luna aunque corran las horas, salga el sol y muten sus actividades.

Levita además el presente del anciano con su memoria en la luna cuando no logra anclar sus vivencias en el aquí y ahora. Vuela y regresa al pasado o el pasado vuelve a él para confundirlo de recuerdos.

Tanto en un cielo pueblerino como en el de Valencia, los que en alguna etapa de sus vidas quedaron bajo el embrujo lunar, añorarán la sonrisa que se dibujó en sus rostros en esos momentos de transportación y agradecerán con picardía, felicidad o nostalgia haberse despegado del suelo y volar.

EL ÁRBOL Y LA LUNA
Teresa Fonseca Oropeza

Cuba
Árbol parecía fatigado, la noche se mofaba como quien se adentra en un inusual suceso. Bajó Luna que desprendía una luz incomparable y se reía entre sus ramas, las hojas iban cayendo de manera incontenible.
Al momento llegó una luciérnaga y se sorprendió de lo que veía.
— ¿Por qué lo desgajas ?
Luna no respondió y continuaba riendo.
Árbol dijo:
— Yo que he elogiado tu esbeltez y tu manera de iluminar el universo estoy defraudado… Por favor… Termina ya…
Luna se sintió conmovida. Desde entonces consolidaron una amistad.

LA INFLUENCIA DE LA LUNA
Dra. Eunate Goikoetxea
España

Todos nos hemos preguntado mas de una vez, la influencia que tiene la luna sobre nosotros, porque además de ser nuestro único satélite natural, también ha sido y continúa siendo hoy en día la protagonista de muchas leyendas y mitos populares. De hecho, son muchas las personas que actualmente creen que, más allá de las mareas, las fases lunares tienen efectos sobre el ser humano y algunos de sus comportamientos.

Efectivamente, la Luna influye de muchas formas en la superficie de la Tierra. Esto se debe al efecto de la gravedad que ejerce desde su “cercana” posición a nuestro planeta. Sin embargo, hay que tener en cuenta que, a día de hoy, solo se conocen dos elementos lunares que puedan influir en la actividad terrestre, que serían la propia gravedad y la luz lunar, surgida del reflejo de la luz solar que le llega al satélite natural.

De este modo, el efecto de la gravedad lunar es el responsable de que tengan lugar las mareas en los océanos de la Tierra, y la luz procedente de las fases de la luna llena está relacionada también con ciertos ciclos biológicos en algunos animales y plantas. Estos ciclos biológicos se dan especialmente en el caso de los ciclos reproductivos de algunos peces y anfibios, así como en la floración de algunas plantas tropicales.

A pesar de que la Luna influye de forma considerable en algunas especies biológicas y en las mareas, la realidad es que su influencia en el ser humano es menor de lo que se ha hecho creer a través de la tradición popular. Hay que tener en cuenta que existe mucha superstición en todo lo que gira en torno a la influencia lunar en la vida humana, desde tradiciones relacionadas con la adivinación como puede ser el horóscopo, a leyendas relacionadas con el folclore popular y la mitología. Sin embargo, actualmente no hay estudios científicos que corroboren estos hechos, por lo que aquellas personas que afirman estos efectos lunares, más cercanos a la mística que a la biología, lo hacen desde la fe o la experiencia personal. Lo cual, siendo respetable, no nos permite poder afirmar de forma genérica que la Luna tenga un efecto concreto en las personas, ya que no puede ser cuantificado o medido.

Sin embargo, sí que existen diversos estudios que nos pueden ayudar a comprender en mayor profundidad el efecto lunar en las personas de una forma cuantificable y tangible. De hecho, estos estudios afirman que la Luna podría estar relacionada con algunos episodios entre ellos, el insomnio y más nacimientos.

Como se puede comprobar, es cierto que la Luna parece tener una influencia directa sobre algunos de los aspectos de la vida humana. No obstante, a pesar de que existen estudios que pueden afirmar este hecho, todavía a día de hoy no se sabe a ciencia cierta qué es lo que influye directamente o cuál es el proceso que hace que se lleven a cabo estos episodios concretos. La mayoría de las teorías al respecto se refieren tanto a la posible influencia de la gravedad como a un mayor nivel de luz en las noches de luna llena. Situaciones que, de un modo que todavía no comprendemos correctamente, serían los causantes de estos efectos en la actividad humana.

“Cuando sale la luna se pierden las campanas y aparecen las sendas impenetrables Cuando sale la luna, el mar cubre la tierra  y el corazón se siente isla en el infinito.” Federico García Lorca

LUNA DE OTOÑO
Jaime Hoyos Forero
Colombia

(Versión libre de Selene y Endimión en la mitología griega)

Varios milenios antes de la dimisión  -por amor-   del rey Eduardo VIII al trono de Inglaterra, ocurrida en 1936, hubo otro rey que renunció a la Corona por amor.

Endimión  -era su nombre-  fue elevado al trono de Caria, importante reino de la antigüedad, cuya capital era Halicarnaso.

Endimión, a más de ser físicamente admirado por todas las mujeres del reino, fue un gran gobernante: mandó construir el primer acueducto de Halicarnaso; firmó, en beneficio de su pueblo, acuerdos de paz con los países vecinos, mandó hacer muchos caminos, y fue magnánimo con los esclavos.

 Algo no común en un gobernante era su afición al pastoreo. Cada año en el otoño se tomaba dos tiempos lunares de descanso: dejaba el palacio y se iba al campo, justo a un pintoresco sitio donde el valle se une a la montaña.

Pastoreaba todo el día, sin reposo, y al llegar la noche se tendía desnudo, transido de cansancio,  al pie del cercado.

Selene, diosa de la luna, esplendorosa y bella, recorría los campos del mundo todas las noches desde el comienzo de los siglos y, de pronto, su mirada se detuvo ante aquel hombre  -Endimión-  que dormía profundamente. Intrigada, bajó a la Tierra y como sucede en los cuentos de hadas, quedó prendada del pastor.

Una vez, algunas noches antes del regreso  a su palacio, el pastor despertó y sus ojos tropezaron con la divinidad de Selene, que desnuda también, lo contemplaba.

¡Oh grande y mutuo amor! Por tres noches fueron totalmente inseparables. Endimión, al cuarto día tuvo que regresar a su reino mientras su corazón ardía en amor y pasión por Selene, la diosa, la luna de  tan inolvidable otoño.

Sin pensarlo dos veces y habiendo recibido de Selene la promesa de un amor eterno, el rey abdicó.
-¿Por qué renuncias, Monarca?-. Le preguntó el Senado.
-Porque amo a una diosa-.
-¿Diosa de qué reino?-. Le preguntó el Senado.
-De los caminos del cielo- fue su respuesta.

Endimión, feliz, volvió al pastoreo de ovejas y en las noches, todas las noches, recibía en sus brazos a Selene.

Él le decía:

-Ángel de alas de pétalo de rosa
que transportas los besos desde el cielo
para que sepan a manjar de diosa.

Serán tus brazos el mejor madero
para tallar la cruz de mis amores
y para ser tu eterno prisionero.

Y ella le contestaba:
                                    -“Ven, amado mío,
eleva mis colinas,
entre mi boca piérdete,
hazme fuego, ovillo,
sujétame en tus brazos” (1)

Como con los años, notaron los amantes que el tiempo haría mella sobre el cuerpo de Endimión, Selene pidió al dios de dioses, Zeus,

que le concediera a su amado la eterna juventud. Y Zeus  concedió su deseo, de tal modo que han tenido muchos hijos, tantos como días tiene el calendario. Decimos “han tenido” porque viven eternamente y son el símbolo del amor imperecedero.

Dicen que cuando un hombre y una mujer se aman hasta la muerte, son descendientes de Endimión y Selene

LA LUNA ENAMORADA
Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón
Argentina

“La luna enamorada”. En  estos tiempos modernos de un mundo de grandes mutaciones, en pie de guerra por desatinos del hombre, invadidos por el ruido, el caos y la luz eléctrica que esfuma los suaves atardeceres y oculta la dulce entrada de la noche, suele ignorarse al techo esplendoroso que nos cobija y contiene desde la eternidad. Sí. Lo olvidamos. Como también descuidamos a nuestra Luna que sabemos que anda por ahí, dando vueltas, pero no tenemos presente ni de qué tamaño se nos presentará  cada noche. Eso a pesar de que por siglos el hombre ha estado muy atento a sus movimientos, y fijándose en ella aprendió a conocer el tiempo y su medida. Ya los pueblos antiguos la imaginaron una diosa. Deidad de la noche, de la obscuridad, del frío, de los sueños que turban al hombre. Ligada desde siempre a la poesía con su eterna lección de alegre y optimista renacimiento con cada luna nueva. Los griegos, inventores de la lógica, ya la estudiaron como un todo.  Algunos imaginaron que sus valles y montañas se parecían mucho a los de la tierra; otros que era esférica calculando su diámetro y distancia. Y muchos, la concibieron habitada por inteligentes selenitas, con sus platos voladores de parpadeantes colores. Sin embargo muchísimo después, en tiempos actuales, este pájaro volador,unido en una bilocación continúa y un desdoblamiento sin fin, a escuchado versiones que en la Luna se ha cimentado un observatorio, como un mirador de extraños reflejos.  Como una obra en los bordes de un cráter. La noticia puede llamar la atención del mundo entero. La información o rumor   de la existencia de seres extraterrestres capaces de grandes construcciones sería como un enorme globo de ensayo para esconder  contextos casi calamitosos.  Pero nunca falta alguien que pinche el globo. Este pájaro que se desdobla y desliza en cuerpo y alma, como un misterio dispensado por el supremo, desde su nido austral ha verificado y observado que tal plataforma no pasaba de ser una ilusión óptica para el mejor de los observadores. Los reflejos de la roca que rodean al cráter emiten brillos multicolores que opacan hasta el hilo de plata que me mantiene ligado al mundo real. Una lástima para mis lectores ya que la Luna se quedó nuevamente tan sola como antes, con su redonda cara serena que contempla a la Tierra mirando con envidia esta vida que bulle en su superficie. Pero al enamorado de  su luna, nadie le puede negar esa asombrosa relación de amor y amistad con nuestro mundo. Ninguno puede cuestionar a la luna como la constante y fiel amiga de la tierra. Como su aliada consecuente, y claro ejemplo de amor perpetuo. Es que la Luna como una amante en celo muestra embriagada  a la humanidad terrestre su cara seductora manteniéndose siempre en su entorno y mostrándole invariablemente la misma expresión, como si estuviera embobada en su contemplación y  deleitándose de su perpetua compañía. Al contemplarla desde cualquier sitio de inmediato nos sumergimos en el recuerdo insondable de un ser querido, de un amor perdido, o de un amigo olvidado. Todos estamos unidos de alguna manera bajo esa esfera luminosa como piedra esculpida, con rasgos de impenetrable interpretación en donde alguna vez llego el hombre y observo desde el más allá, el maravilloso puente de oro que la rodea y nos une. Como no recordar al mirarla un amor y una amistad eterna. 

OTOÑO CON LUNA LLENA
Diana Mirta Muñoz
Argentina

El verano se alejaba. El calor avasallador pasaba a ser un recuerdo. El campo adquiría una nueva fisonomía y con ella, los amarillos, ocres y marrones cubrían el entorno.
Los días, a cuenta gotas eran más cortos y la noche de a poco se adueñaba de las cosas.
Los grillos cantaban a coro como queriendo despedirse de aquel ambiente.
Los sapos reunidos en su rincón favorito de la galería, miraban de reojo a los parroquianos.
El cielo se mostraba traslúcido y la reina de la noche mostraba con gallardía el color rubí que en forma de aureola la vestía con figuras difusas que permitían a quien la miraba, imaginar un mundo diferente.
A medida que transcurrían los minutos crecía hasta opacar las estrellas, que perdían su brillo propio. Eso permitía que los enamorados, se bañaran en su  luz que intensificaba las energías y les hacía soñar con los rojos naranjas que
vestía la dueña del cielo, personaje que siempre sería recordada por ellos como “La Luna de Otoño”.

LUNA DE OTOÑO
Tita Otazú
Argentina

En el silencio de la noche retumban mis pasos en el empedrado de la calle. Dentro de unas horas estaré regresando a mi lugar de origen y me duele el corazón de sólo pensar que estaré separado de mi amor por tres meses. Voy pensando en eso y no puedo evitar emocionarme y aunque sea poco varonil, que mis ojos se llenen de lágrimas. La vida me sorprendió con este amor. Estoy solo en un país extraño y la tristeza de una mujer que me dijo adiós y se quedó mirándome como me perdía en las sombras de aquella larga calle.
De pronto me detuve y repasé mi vida. Qué quería hacer con ella. Qué ilusiones me alimentaban día a día. Cuál era mi plan. Cuáles mis sueños. Y me pregunté si estaba haciendo bien mis cosas. Me cuestioné si no estaba dejando pasar de largo el mágico momento de ser feliz. Plenamente feliz.
Miré hacia ambos lados como si alguien espiara mis pensamientos y de pronto, una suave brisa empujó una nube y apareció el testigo que me daría la señal de que mi planteo existencial estaba hecho en tiempo y lugar justo. Allí estaba luminosa, redonda, perfecta bañándome con su luz mientras yo interpretaba su aparición como un mensaje. Giré sobre mi sombra y corrí las diez cuadras que me separaban de aquella mujer que me cambió la vida. Y allí estaba, como esperándome. Nos casamos el 26 de abril de 2018. Noche de otoño. Noche de luna llena.

 

LA LUNA
Esc.Jaime Suárez
México

“E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas. Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana el día cuarto”. (Libro de Génesis)

Desde tiempos inmemoriales la Luna ha sido un enigma y una fuente de admiración y observación. Apenas durante el siglo pasado, el 21 de julio de 1 969, el ser humano se atrevió y pudo poner su pie en nuestro hermoso satélite. Fue Neil Armstrong el astronauta que tuvo ese raro privilegio y es bien recordada su frase: Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad”.

Después de la misión en la que participó este hombre hubo varias más, y otros astronautas visitaron el satélite. Los viajes fueron exploratorios, de investigación; sin duda alguna hubo quienes soñaron con apropiarse de la hermosa esfera celeste. ¿Cuál ha sido la ganancia? Traer muestras de rocas, conocer su leve atmósfera, en fin, características que poco han aportado al progreso o el bienestar de la humanidad. Por el contrario, comenzó la contaminación de la Luna y del espacio exterior, ¿cuántos satélites inservibles orbitan nuestro planeta? Los alunizajes no nos han servido para saber cuándo y cómo se formó el Universo, es más fácil y certero leer el Génesis.

Entonces, los científicos deberían abandonar la idea de regresar a la Luna, es más, debería estar prohibido mirarla artificialmente, ni siquiera con telescopios. La Luna debe pertenecer permanentemente a los poetas, los músicos, los enamorados, los niños que sueñan con ella.

¿Quién no se ha deleitado con la Sonata “Cuasi una fantasía”, Claro de Luna? Para quien la interpreta están las indicaciones: “Si debe suonare tutto questo pezzo delicatissimamente e senza sordini.” Qué deleite escucharla.          Un alumno de Beethoven, Carl Czerny lo llamó “Una escena nocturna, en la que una lastimera voz fantasmal suena en la distancia”.
          “Cyrano escribe en primera persona cómo fue el viaje que realizó a la Luna y el Sol, y describe a las personas que vio, cuya forma de vivir es diametralmente diferente al de nosotros”.
Yo quiero luz de Luna
para mi noche triste para cantar, divina,
la ilusión que me trajiste”.
         Así cantaba Javier Solís (mexicano) la hermosa canción “Luz de Luna”, cuya letra inspirada nos puso a soñar.

Jaime Sabines escribió:
“Un pedazo de luna en el bolsillo
es el mejor amuleto que la pata de conejo
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que lo sepa nadie”.
¿Cómo olvidar al Toro enamorado de la Luna …que abandona por las noches la maná?
Y así hay canciones, poemas, lienzos, creaciones artísticas inspiradas en nuestra hermosa Luna.
         La Luna pertenece a los poetas. Dejémosla como está y acompañemos a los niños inocentes que a veces sueñan que viajan a ella en alas de la imaginación, y allí conviven con hadas, selenitas, duendes juguetones, paisajes exuberantes, mariposas enormes…
          Yo necesito la Luna, preferentemente la del Otoño, para sentarme en una banca del jardín en compañía de mi esposa, para mirar esa enorme circunferencia plateada, la misma que presenció nuestro primer beso y escuchó nuestros propósitos de unir nuestros destinos y ser felices por siempre.

 

 

 

 

 

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