NARRATIVA, CRÓNICAS,ENSAYOS SOBRE LA PAZ

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Septiembre 2.019 nº 23
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AL SERVICIO DE LA PAZ Y LA CULTURA HISPANO LUSA
COLABORAN:Carlos Benitez Villodres (Málaga-España)… Lola Benítez Molina (Málaga-España)…Adrián N. Escudero (Argentina)… Jorge Bernabé Lobo Aragón ( Argentina)… Eunate Goikoetxea (España)… José Lissidini Sánchez (Uruguay)…Ángel Medina ( Málaga-España) Gustavo Páez Escobar (Colombia)… Jaime Suárez (México)
IDEALES DE PAZ    
Carlos Benítez Villodres
Málaga (España)
Vivimos en una época, en la que se habla mucho de armonía y paz interior. Sin embargo, pocos mencionan que una de las mejores formas de alcanzar estos ideales es mediante el espíritu de servicio hacia los demás. La paz es el fruto de escuchar, de entender y atender las necesidades ajenas antes que las propias.
            Vivir la fraternidad y la armonía, entre los seres humanos. son los ideales de paz que más se predican, en contraposición al desastre, a la guerra y a todo género de conflictos. Pero la paz no comienza desde fuera, sino desde dentro. No depende de las decisiones de los gobiernos, sino de lo que llevamos en el interior. “Estar en paz consigo mismo, refiere Fray Luis de León, es el medio más seguro de comenzar a estarlo con los demás”.
            La paz es un valor que suele perderse fácilmente de vista. Cuando una nación entra en conflicto con otra y tenemos que vivir sus consecuencias o cuando en la familia los problemas o pleitos comienzan a surgir, comenzamos a apreciar el valor que tiene la paz.
            La paz, que podamos vivir con los demás, radica en nuestra forma de expresarnos. En algunos momentos, tenemos el impulso de hacer notar los errores de nuestros interlocutores, sin saber todo lo que tienen que decir, provocando discusiones y resentimientos. Expresar nuestro punto de vista en el momento oportuno, facilita la comunicación y aumenta las posibilidades de superar las dificultades, pues ambas partes se sienten escuchadas.
            Del mismo modo ocurre cuando se hace necesaria la corrección de una actitud: el disgusto nos mueve a reprender en el momento sin medir las palabras que utilizamos. ¿Cuántas veces nos hemos arrepentido por la excesiva dureza que tuvimos con nuestros subalternos, hijos o compañeros? La pérdida de la paz interior se debe a la intolerancia e incomprensión que mostramos, generando una imagen negativa y tal vez altanera de nuestra persona. Por eso, es importante pensar, con serenidad, antes de tomar cartas en el asunto.
            Como en todos los valores, se requiere la iniciativa personal para lograr vivirlos. La paz interior surge, como producto del conocimiento propio y profundo, “allí donde el agua alcanza su mayor profundidad, dice Shakespeare, se mantiene más en calma”. Gracias a este bien de hondas raíces y frutos sanos y sabrosos, somos capaces de aprender a dominar nuestro egoísmo y el deseo de tener siempre la razón. En definitiva, a escuchar y a comprender las debilidades propias y ajenas. Pero, sobre todo, pensar en los demás siempre. Cuando esto ocurre conciliamos la paz con nosotros mismos y con nuestros semejantes.
            En esta ocasión, como en tantas otras, volveré a usar la palabra para condenar públicamente las guerras, la mayor perversidad del hombre contra el hombre, y para ensalzar a los cuatro vientos la bondad, la grandeza y la generosidad, entre otras muchas cualidades todas constructivas, que llevan en sus entrañas la Paz. “En la paz, dice Herodoto, los hijos entierran a los padres; la guerra altera el orden de la naturaleza y hace que los padres entierren a sus hijos”. Al evocar estas palabras del historiador griego, también han aflorado en mi mente aquellos versos del poema “Guerra” de Miguel Hernández: “El odio sin remedio. / ¿Y la juventud? / En el ataúd”.           
            Paz (del latín pax-pacis), definida en sentido positivo, es un estado a nivel social o personal, en el cual se encuentran en equilibrio y estabilidad las personas. También se refiere a la tranquilidad mental de una persona o sociedad. Definida en sentido negativo, es la ausencia de inquietud, violencia o guerra.
            En el plano colectivo, “paz” es lo contrario de la guerra estado interior exento de sentimientos negativos (ira, odio, envidia…). Ese estado interior positivo es deseado tanto para uno mismo como para los demás, hasta el punto de convertirse en un propósito o meta de vida.
            Aquellos que desencadenan un conflicto bélico son seres tan malvados que, en sus mentes psicópatas, creen poder devastar y dominar aquello que, según ellos, no sigue la línea marcada por su propia voluntad perversa, masacrando y exterminando a seres humanos que, como ellos, van de camino con sus luces y tinieblas en cada latido de sus corazones.
            En los últimos años de la segunda década de este siglo, continúan las escaladas militares cimentadas, como todas, en la maldad manifiesta, en la ambición de poder y en la irracionalidad exaltada de los dirigentes de las naciones involucradas en estas luchas de consecuencias funestas para los países en litigio y para el resto de los humanos.
            Es evidente que una declaración de guerra siempre es una agresión a todos los pueblos del mundo. Dejemos, pues, que se oxiden las armas y se esfumen esos silencios que no llevan a parte alguna, y, si hay que luchar, es decir, acercar convicciones e ideas y entendimientos, limen asperezas, filos cortantes, vértices como dagas…  los dos bandos y después háganlo con la Justicia y la Palabra. “Se acierta más por la dulzura, confiesa Erasmo de Rótterdam, que por la acrimonia”. Además, y sigo con Erasmo, “las dos partes creen que tienen la Justicia de su lado”.
            Aportemos todos los hombres y mujeres de buena voluntad nuestro “granito de arena” para que la Paz reine en nosotros y en cada uno de los países enclavados en los diversos continentes del mundo. Gracias a ella, la humanidad evolucionará, desde lo fraterno y lo creativo, lo positivo y lo igualitario…, para bien de todos los que formamos parte de ella y para los que mañana serán miembros de la misma. Por ello grito a toda la humanidad que “la guerra es la salida cobarde, expresa Thomas Mann, a los problemas de la paz”.
            No olvidemos, y tampoco aquellos que nos gobiernan, que el pueblo posee la primera y la última palabra. Cualquier pueblo del mundo debe saber que es más auténtico y más venturoso y más próspero vivir con la sonrisa en los labios que con la espada en la mano. Pero, por desgracia, cuántas y cuántas personas viven de espalda a las múltiples tragedias bélicas que suceden en nuestro planeta. “Entre los vivos, manifiesta Manuel Mantero, los hay más muertos que los muertos. Son aquellos que desayunando se informan de las matanzas previstas o ejecutadas, y no se inmutan. Seguramente están ya instalados en el reino de los cielos o, por lo menos, en el de la televisión. Muy lejos”. Por ello, el individuo indiferente a los calvarios o desgracias que sufren sus coetáneos es una roca en las profundidades del abismo, un cobarde cruel que ni siquiera sabe que la indiferencia es una enfermedad incurable que lo tiene, en vida, ciego y anclado en su propio egoísmo, producto de una irracionalidad total.
               Cada año, el 21 de septiembre, se celebra el Día Internacional de la Paz en todo el mundo. La Asamblea General de ala Naciones Unidas (ONU) declaró esta fecha como el día dedicado al fortalecimiento de los ideales de paz, tanto entre todas las naciones y todos los pueblos como entre los miembros de cada uno de ellos.

ALGUIEN IMPRESCINDIBLE
Lola Benítez Molina
Málaga (España)  
Fuiste un idealista sin prejuicios, pacifista, científico, pensador, creador de la filosofía analítica. Tu inconformismo y dolor ante las injusticias te hizo ser indispensable para la historia. Lo trivial no estaba hecho para ti. Tus teorías sobre la felicidad te llevaron a atravesar los umbrales del tiempo. Tu gran inteligencia y humanidad guiaron tus pasos y tu corazón. De ahí surgen tus célebres frases: “Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente fuertes, han gobernado mi vida: el anhelo de amor, la búsqueda del  conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad”.
Tuviste tu tiempo de ir a la deriva, de experimentar lo que es la soledad y el
dolor, en tu etapa infantil, al quedar huérfano de padre y madre, y ser educado por unos abuelos estrictos y autoritarios. Ahí comenzaron tus apasionadas lecturas sobre historia y literatura. Te salvó el deseo de discernimiento, de aprender matemáticas, de mantener vivo el interés. Sin duda, te abrió las puertas al conocimiento y te hizo volar alto. Solo el que sufre es capaz de percibir el dolor ajeno.
Quizás eso fue lo que, posteriormente, te hizo llegar a ser conocido por grandes méritos. Sí tú, Bertrand Russell, luz que brilla con luz propia.
Tus ideas sobre la felicidad y filosóficas te subieron a la cima de los que vuelan alto sin proponérselo. Junto con Albert Einstein firmaste un manifiesto contra el uso de las armas nucleares y a favor de la solución dialogada de los conflictos internacionales.
Y junto con Jean Paul Sartre creaste el “Tribunal Russell” contra los crímenes de guerra. Hombres, con corazón grande y latir enérgico, hacían falta vuestras manos limpias de sinrazón para frenar la barbarie que convierte al ser humano en el peor de los animales.
Entre tus obras cabe destacar:
“Los caminos de la libertad”
“La conquista de la felicidad”
“El valor del libre pensamiento”
“Los principios matemáticos”
En 1950 recibiste el Premio Nobel de Literatura en reconocimiento a tus
variados y significativos escritos, en los que defiendes ideales humanitarios y la libertad de pensamiento.
En 1962, a los 90 años, mediaste en la crisis de los misiles de Cuba para evitar que se desatara un ataque militar.
La “Fundación por la Paz Bertrand Russell” comenzó a funcionar en 1963, en defensa de la paz, los derechos humanos y la justicia.
Dicen que nadie es imprescindible. Tú sí lo fuiste para la posteridad, en tu
intento de frenar las armas nucleares, por tener el coraje y la valentía de luchar con el pensamiento y la palabra frente a los que recurren a las armas y a la destrucción.
Ciertamente, porque, además, te tocó vivir ambas guerras mundiales, la peor atrocidad a la que el ser humano llegó.
Para concluir, quiero recordar esta frase que te define: “Una buena vida es aquella inspirada por el amor y guiada por la inteligencia”.
La Paz sea con todos…
Lidia Dellacasa de Bosco (Argentina)
   En el principio fue el Verbo y un mundo que la Mano del Hacedor había colmado de prístinas bellezas. Montañas, valles, llanuras de verdes cambiantes, cursos de aguas que refulgían bajo un sol de oro recién estrenado…
  Después, el hombre tomó posesión de ese mundo que el Creador le concedía para que lo poblara de bienes perdurables… Pero el corazón humano desoyó los designios supremos y atesoró el orgullo, la soberbia, el desprecio del otro, la codicia, la dolorosa ignominia de sentirse el dueño de la Tierra.
  Entonces fueron las veladas amenazas que crecían hasta convertirse en gritos turbulentos, en la borrasca de conspiraciones tenebrosas. La indiferencia frente al dolor del hermano, los arteros afanes para dominar un mundo que debía ser de todos.
  Entre gritos fragorosos de guerra, los misiles cruzaron un cielo que dejó de ser límpido y se tiñó de rojos sangrantes, del dolor de vidas perdidas bajo la omnipotencia de los que se sentían dueños sin límites de la Creación. Olvidaron los dones que Dios otorgó al hombre para que floreciera en la Tierra el valor de la belleza, la humildad, la misericordia, la mano tendida al hermano sufriente, el gozo de vivir un mundo sin fronteras de odio.   
  Hoy unimos las manos y oramos por la Paz. Soñamos un regreso al Origen, un temblor en el corazón del hombre que lo vuelva a la vida compartida sin egoísmos ni rencores.
   Y echamos a los cuatro vientos, al horizonte y al Cielo que aún espera, la voz que nos lleve al abrazo fraterno para decirnos los unos a los otros: La Paz sea con todos.


MENSAJEROS DE LA PAZ UNIVERSAL
(21 de Septiembre-Día Internacional de la Paz)
Por: Adrián N. Escudero (Santa Fe-Argentina)
«En el ánfora de mi alma, / existe la sed de amar cada día /el almíbar de la bella palabra» (María A. Londoño de Copete – Colombia)
    Los tiempos turbulentos que viven nuestros países, acuciados por la violencia y la corrupción, necesitan de auténticos mensajeros de la Paz Universal. Mensajeros a los que Cristo llamó, en su Sermón de la Montaña Sagrada, «hijos de Dios». Mensajeros (u Hortelanos del Verbo) que comprendan a la Paz no sólo como la ausencia de guerras o la tranquilidad en el orden, sino como la plena habitación del Emmanuel en nuestras almas. Y como la Paz verdadera, a la vez de una finalidad que permite congregar y unir a los hombres bajo el supremo status de ser humanos o Ser Humanidad, y, consecuentemente, en hijos de Dios Abbá (Padre), es algo también que se construye antes de volverse gratuidad de lo Alto, pues sólo el sendero de cruz abrazada con amor desinteresado, puede conseguir el estado de plenitud gloriosa que implica la paz. Por ende, resulta pertinente e imperioso edificarla aún reconociendo la fragilidad de la carne, la dureza del intelecto y la anorexia de nuestras ánimas golpeadas, una y otra vez, por el sin sentido del caos y la mentira que parecen envolver, como una gigantesca tela de araña, al mundo entero.
    A veces el cansancio golpea la puerta de nuestras mentes y corazones, y la fe y la esperanza se doblan y la caridad escasea. Pero estamos doblados, como Cristo mismo lo estuvo llevando la Cruz. Pero no quebrados.
    Basta el soplo del Espíritu Paráclito como en este caso, para que esas mentes y esos corazones, casi transidos por la fragilidad ante la fuerza del Mal que no escatima de cualquier medio para conseguir sus fines abyectos, recobren el hálito de verdadera vida. Es que la fuerza de la Gracia Celestial será siempre superior a la fuerza del Príncipe de la Seducción Impura y la Mentira, vencido por el humilde y obediente sendero de la Verdad verdadera, recorrido ya por el Nazareno para alcanzar en la vida, la Vida Eterna.
    Así, hace un tiempo solía escuchar la voz de una poeta senegalesa, Sarah Carrere (Isla de Goree), empeñada desde un continente testigo de la falta de Paz Universal como el africano, expresar que su obra urgía a «Desempeñar un papel más activo en los objetivos de paz y armonía de nuestra Planeta y contribuir a promocionar la cultura de América Latina en el mundo». Esto es, ella, a partir de una propia, cercana y ominosa realidad, lejos de encuadrarse únicamente en ella, abría su encomiable sensibilidad a nuestra Patria Grande Latinoamericana y a sus conflictos y pérdida de la Paz. 
    Así entonces, en la voz y en los gestos concretos de los prosistas y poetas comprometidos con esa Paz, es posible sentir Su Presencia («No tengan miedo; nos los dejaré solos. Yo estaré con ustedes hasta el fin de los tiempos» – Mt 28, 20, in fine y cc.).
    Bienvenidos pues todos aquellos que con pureza de corazón y recta intención, aportan sus talentos en este servicio (no digo “lucha”, pues al Mal se lo enfrenta haciendo bien el Bien, sin violencias legalizadas –“patrióticas”- o de las otras, mal llamadas “revolucionarias”) por un mundo mejor. Un mundo que corre peligro apocalíptico no sólo en la inconducta de sus pueblos, sino en la forma nefasta con que aplica el indiferente distrato o rotura del contrato de convivencia responsable con el Orden Natural, haciendo zozobrar las bases del mismísimo Planeta Azul que nos cobija y alimenta.
   En tal sentido, y como un visto divino, en este lado del Planeta Azul da comienzo (al menos en el calendario) el equinoccio de PRIMAVERA. Y el 21 de Setiembre se festeja con efusiva alegría, sobre todo por nuestra juventud y siendo dicha estación el tiempo de renuevo, de esperanza contra toda esperanza, de lapachos en flor y colibríes en celo… De cielos azul celeste y cálido brillar de febo sobre la tierra preñada de promesas… Tiempo de alentar en los corazones inquietos el hermoso deseo de alcanzar la santidad de vida para la Vida y de ser instrumentos de la sacralización del mundo, ordenando en valores un mundo alterado y narciso que marcha, de los brazos guerreros y adinerados del Príncipe del Caos y la Mentira, hacia su propia autodestrucción…
   … Porque no se puede servir a Dios y al dinero (Lc 16,13). Así recomendará San Pablo en la reciente liturgia dominical (22-09-2019 – 1 Tim 2, 1-8): “… hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, por los soberanos y por todas las autoridades, para que podamos disfrutar de la paz y de tranquilidad, llevando una vida piadosa y digna (…) . (…) que los hombres oren constantemente, levantando las manos al cielo con recta intención, sin arrebatos ni discusiones”.
    Que el género humano encuentre la Paz verdadera, la Paz Universal, reconciliándose con Dios (Amor Ofrenda) y con su prójimo, hermano en Humanidad, amando al Todo y a todos, mas no como cada cual se ama sino como Dios ama al Mundo y al hombre.-
La Paz Reflejada
Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón
Tucuman/Argentina
Mis facultades de bilocación se están desarrollando, cada vez más a través de voces o mensajes. Hace un tiempo que me detengo delante del artefacto rectangular con negras teclas y accedo a un júbilo especial. El letargo o ensueño me transporta a lugares sorprendentes. Inexplicables a veces por extravagantes. Lo he podido compartir a través de mis  últimos escritos. Esta vez estoy despierto. Recuerdo mi sueño con asombrosa naturalidad. Se habían apagado las luces del enorme  jardín. Una  aurora plenísima campeaba en medio del cielo. Un  claro de luna acrecentada por su reflejo en un Cristo me permitía escribir. No exagero. La noche era esplendorosa. Majestuosa. Tomando un papel de los que siempre llevo a mano, pongo  con mi nítida birome…Esta Noche de silencio inaudito, me invita a escribir una poesía/esta tenue y callada claridad /Las musas desde el aire me persiguen, /me invitan a celebrar / ¿Será acaso que el genio de poeta / vibra en el alma inmortal, / o nace en un cielo reluciente / que irradia luminosidad? / Un Cristo gigantesco y silencioso / mira hacia la ciudad. / Y sabe de las almas que hacia El vienen, / y sabe de las almas que se van. / Los árboles del parque lo circundan. / El río sigue su cauce natural. / Y es Cristo, en dimensión de coloso, / quien vela sobre la ciudad”. Mi mano se movía y seguía serpenteando la frágil lapicera. Recuerdo un árbol maravilloso levantarse en lo alto. Sus colores resplandecían como alas de mariposas con  indescriptible pureza. Escuche decir “La luz es todo y sin luz es nada”. “La Paz es todo y sin Paz es nada”. Mire hacia arriba. Era “El”, adornado con vestiduras y cubierto de oro. Era el Árbol de la victoria y de la Paz convertido en crucifijo que giraba gozosamente. Era el Árbol de la Cruz y de la Paz  que mudaba de colores. Su corteza humedecida con sangre y a su vez ornada de tesoros. La oscuridad con sus nubes cubrieron todo el parque. El divino resplandor como una sombra paso sobre mi cabeza. No era la cruz del malvado. Era la cruz de la paz  y del amor, reflejado en  la reliquia beatifica volvía a iluminar y a encender a  la ciudad. 

¿ SERÁ POSIBLE LA PAZ?
Eunate Goikoetxea
España
No tenemos mas que mirar a nuestro entorno más cercano, a nuestros pueblos y ciudades, para ver que nadan  en el desorden y en el desconcierto, en las tropelías y en la violencia callejera, en los baños de alcohol y drogas, en la fumarola del consumo. Y todo ello, genera un mar de inmensos sufrimientos humanos y un oleaje de injusticias, que nos atormentan. Haya paz en las alturas y en las bajuras -decía mi abuela-. Habrá que dar, pues, las condiciones esenciales, para que la rosa de la calma nos bañe de encantos pacifistas. Tal ambiente es posible cuando existe la autenticidad en la mirada, cuando la justicia y el amor van de la mano, y cuando la libertad llena los caminos de poesía. Empecemos por la autenticidad, fundamento del verso y como tal de la paz, ante tanto diluvio de mentiras que nos ahogan y de mercaderías sin denominación de verdad. Estamos en el derecho de pedir derechos , pero también en el deber de ayudar a los demás. ¿Cómo se explica tantas bolsas de pobreza en un mundo de ricos?. A pesar de tanta justicia, pido justicia para edificar la paz en cualquier  esquina.
¿Todas las personas cuentan con la misma tutela judicial? ¿Sólo los pobres son injustos?.  En el mismo paralelo, también el amor será fermento de paz, cuando la gente sienta las necesidades de los otros como propias y comparta con ellos lo que posee, empezando por los valores del espíritu. El egoísmo actual nos puede. Finalmente, la libertad, alimentará la paz y la hará fructificar cuando, en la elección de los medios para alcanzarla, los individuos se guíen por la razón y asuman con valentía la responsabilidad de las propias acciones. ¿Qué responsabilidad se le pide a esos que ejercen algún tipo de poder, ya sea legislativo, ejecutivo o judicial, que en vez de servir, se sirven de la libertad que propugna la Carta Magna, y meten la mano en el dinero de todos los contribuyentes para su uso particular?.
Desde luego, la senda hacia la paz sólo tiene un sentido, la defensa y promoción de los derechos humanos fundamentales de todos y para todos. Sin embargo, no hay que ser ciego, para ver que cada día la vida humana vale menos en todo el mundo. Y esto es gravísimo, cuando se pierde u olvida la ley moral universal, el sentido común, los principios. Por ello, se necesitan personas con ejemplaridad para ejercer la autoridad pública, de la que tanto carecemos. Esa es la cuestión. Para desgracia y lamento de todos, la frecuente indecisión de los que ejercen el poder, sobre el deber de respetar y aplicar los derechos humanos, acarrea decepciones por esa falta de garantías.  La pregunta que se impone es la siguiente: ¿Qué tipo de igualdad puede reemplazar esta desigualdad ? ¿o qué tipo de orden jurídico puede frenar tanto desorden, para dar a todos los ciudadanos la posibilidad de vivir en una auténtica libertad, en una verdadera justicia y con garantías de seguridad?. Estas preguntas, que no son meras retóricas literarias, tienen solución, están en los principios morales. Con otras palabras, la cuestión de la paz, no puede separarse de la cuestión de la dignidad y de los derechos humanos.
Necesitamos leyes que fomenten una nueva organización de toda la familia humana, en un mundo globalizado como el actual, para asegurar la paz y la armonía entre los pueblos por dispares que sea su identidad cultural. Ninguna actividad humana ha de estar fuera del ámbito de los valores éticos, o si quiere, de la estética/ética. Debe haber una relación inseparable entre el compromiso por la paz y el respeto de la verdad por el otro, cualquiera que sea su forma de vida.
La imparcialidad de los sistemas jurídicos y la transparencia de los procedimientos democráticos, sin duda, deben dar a los ciudadanos el sentido de seguridad, la disponibilidad para resolver las controversias con medios pacíficos y la voluntad de acuerdo leal y constructivo que constituyen las verdaderas premisas de una paz duradera. Si se examinan los problemas profundamente, se debe reconocer que la paz no es tanto cuestión de estructuras, como de individuos humanos, que han de entenderse desde el diálogo y el respeto mutuo, puesto que esta vida tiene una dimensión comunitaria.
Ojalá un dia no muy lejano sea posible la paz. Pero desgraciadamente el hombre actualmente está lejos de ella . Eso no quita para que propaguemos el amor y la paz ; quizá a fuerza de proclamarlo, se nos pegue algo.No olvidemos que la paz comienza por nosotros mismos, en nuestro entorno y educando a nuestros niños en ella ; nosotros hemos de ser el reflejo de esa paz que proclamamos. Sigamos luchando cada uno de la forma que pueda para que algún día el mundo se despierte en Paz…
 Que la Paz sea con todos nosotros 

MANIFIESTO DE LA PAZ
José Lissidini Sánchez
Uruguay
(I parte del Manifiesto sobre la Paz, publicado en Zeitschrift für den Frieden de Alemania )
No puede haber paz, donde no hay noción de ella, ni del ser racional, donde todo es “licito” y no hay deber, donde todo mandato se transgrede y toda regla se rompe, donde el UNIR, no es una opción viable a considerar, más bien jamás ha existido como opción, porque el DIVISIONISMO es lo que prima, donde lo condenable, censurable, reprochable, es libertad, donde sobre la verdad, prima el oro, la trampa de las drogas, el crimen y la desconsideración al honor del cuerpo. A los promiscuos y perversos, a aquellos sin virtud ni ética de este mundo, no les interesa la paz, sino un mundo sin tino, trastabillando como un boxeador a punto de tocar la lona, donde la insensatez y locura fluyan con pasmosa unidad, porque es donde su anormalidad cotiza.
La paz requiere como elementos constitutivos esenciales, de la tolerancia, una infinita bondad y el descubrir las penas de nuestros congéneres, a los efectos de asistirlos con el fin de mitigarlas, no provocarlas o acrecentarlas, por medio de reclamos sociales que casi transgreden la “ delgada linea roja”, adquiriendo el color de la Xenofobia.
La paz se instalara concreta e inconmovible, cuando el ébano y el marfil, confluyan en perfecta armonía, desde todo punto de vista, cuando cada uno, esté en comunión con su Dios y no busque, imponérselo a otros, sino que sea el libre albedrío de la elección, el que lleve a cada individuo a elegir sus creencias. Tarea realmente titánica y quizá, visto desde la óptica de la realidad mundial en la que estamos insertados, a años luz de la tierra y del hombre actual. La paz será una realidad al fin, cuando los seres humanos puedan coexistir viéndose y valorándose, solo como lo que son, seres humanos, sin relevancia de raza, credo, lengua o ideología, cuando todos se sientan respetados, cuando todo el mundo, sea del PRIMER MUNDO.
Una verdad absoluta e incuestionable, que debemos comenzar a tener en cuenta, es que cualquier futuro de nuestro planeta, será inexorablemente también el nuestro, y no creo que tengamos un futuro sin PAZ porque esta no sucederá, mientras las abominaciones sean permitidas, aceptadas y hasta justificadas.
Para un futuro de paz, el punto ineludible de inicio parte por la Educación.
Educación desde el mismo comienzo de la vida. Educación y dialogo para la tolerancia, para que la humanidad crezca en lugar de consumirse, para el despertar de las conciencias, de manera de contrarrestar definitivamente, al racismo, antisemitismo, exclusión, suplantados por la misericordia, la piedad, la compasión, participando todo el mundo profundamente involucrados, para que el hombre del futuro camine contagiando esperanza y optimismo, este debe de constituirse en el más poderoso partido político fuerte y vigoroso, con la totalidad de los ciudadanos militantes, esta es la cultura cívica que debe de arraigarse hasta lo más profundo, esta …la democracia por excelencia.ç
Pero, mientras “ un Diario chorree sangre”, la paz seguirá siendo la gran utopía del hombre.

LA PAZ
Ángel Medina.
España
“Haz el amor y no la guerra”. La frase fue acuñada por primera vez por los que se oponían a la guerra de Vietnam, y más tarde adoptada durante la Revolución estudiantil del mayo francés. Y hasta algunos la utilizan en términos eróticos.
Pero, ¿no íbamos a hablar de la Paz?, podrá alguno preguntarse. No; no se trata de ningún dislate. Y como más adelante podremos ver entroncará con lo que aquí queremos decir.
La palabra “pax” proviene del latín. Se trata de un estado social-personal en el que se equilibra y estabilizan las relaciones entre los hombres. Tiene una connotación positiva y otra negativa. La primera habla de tranquilidad. La segunda de inquietud y violencia. La paz es un anhelo universal. Un trabajo siempre por hacer. De ahí los saludos “Shalom” y “La paz os doy”, deseos de fraternidad.
La sociedad trata de explicarlo todo y buscar la solución a los problemas del hombre desde el humanismo. El humanismo es un movimiento intelectual que vio la luz en la Europa de los siglos XIV y XV, viniendo a romper la tradición escolástica medieval. Con mayor precisión, vino a sustituir el teocentrismo por el antropocentrismo, aislándose el hombre en él mismo. Para satisfacer las necesidades del mundo sensible y de la inteligencia se basta el hombre. Sartre, en su obra existencialista “Las moscas” lo trae a colación describiendo la conversación entre la criatura (Orestes) y el dios (Júpiter), cuando el hombre se encara con la divinidad y le espeta: “Apenas me has creado he dejado de pertenecerte”.
La pregunta es: ¿pueden los humanismos dar respuesta al hombre en todas sus necesidades, incluyendo la de la relación pacífica con sus semejantes?
A fuer de no ser extenso, resumamos la respuesta contemplando el panorama nada halagüeño que hace el Premio Nobel Konrad Lorenz en “Los ocho pecados mortales de la humanidad civilizada” (sociedad masificada, destrucción del espacio vital, competición del hombre consigo mismo, muerte por incineración de los sentimientos, decadencia genética, ruptura de las tradiciones, endoctrinación y armamento atómico).
Las dos grandes corrientes de los últimos tiempos se han mostrado insuficientes, cuando no inhumanas, provocando el enfrentamiento entre los sistemas que dicen defender al hombre.
La profecía de Marx no tuvo cumplimiento, pero sí produjo un inmenso Gulag. Pensó que la revolución daría paso al socialismo con rostro humano y éste al comunismo del proletariado, pero lo cierto es que allí donde fue implantado hubo de sostenerse con fusiles, muros y alambradas. Fue el dominio total y absoluto de unos pocos “yo” sobre una infinidad de “vosotros”, al amparo de un humanismo carente de rostro y de humanidad. En suma: una dictadura capitalista de Estado, totalitaria, burocrática y alienante.
Pero tampoco es halagüeña la otra cara de la moneda representada por el capitalismo, al cobijo de los sistemas democráticos, para la cual su máximo exponente es Mammón, el dios del dinero, resguardándose bajo su paraguas los partidos políticos que convierten la democracia en partitocracias. Un sistema que, por otra parte, está condenado a mantener la diferencia entre los que más tienen y menos poseen. Y seguirá siendo así, porque si se aplicase la normativa de distribuir a todos por igual redundaría en detrimento del esfuerzo personal, y al no querer el hombre esforzarse se perdería la creatividad y el mundo dejaría de progresar. El premio al esfuerzo es la razón por la que desde el invento de la rueda se ha podido llegar a la desintegración del átomo.
En suma: “humanismos-humanos” que llevan pareja buena dosis de deshumanización, de la cual surge la violencia o ausencia de paz.
De igual manera que el cuerpo está compuesto por células, la sociedad y sus mecanismos descansan en el hombre. Para cambiar la sociedad es necesario antes cambiar el hombre. Pero para hacerlo, el hombre necesita salir de él mismo. No hay soluciones mágicas, sino generosidad suficientemente estructurada. No hay recetas. Tal vez las palabras de aquel mago del absurdo que fue Eugene Ionesco puedan, al menos, orientar hacia dónde hay que buscarla. Decía, más o menos así: el hombre camina aquí abajo en círculo, dando vueltas siempre a lo mismo, apoyando las manos en los hombros del que tiene delante, en una rueda que no acaba. Y así, a fuerza de girar acaba por olvidarse de levantar la vista al cielo. Se conforma con lo poco, pudiendo aspirar a lo mucho.
Es necesario aprender a amar de una forma nueva. Quien no ama, no es. Pero, para amar al otro hay primero que encontrarse. Esta es la medida de la paz.

 

LA PAZ EN COLOMBIA
Por: Gustavo Páez Escobar
Colombia
El libro La batalla por la paz, del expresidente de Colombia  Juan Manuel Santos, está llamado a ser el mayor testimonio del proceso adelantado con las Farc. El prólogo, del expresidente del gobierno español Felipe González, se convierte en elocuente expresión de apoyo al líder colombiano que ha librado ingentes esfuerzos por la consolidación de la paz luego de más de medio siglo de turbulencia pública.
La subversión deja 220.000 muertos, más de 8 millones de víctimas y daños incalculables. Ante semejante panorama, cabe preguntar: ¿por qué ningún gobierno había logrado ponerle fin a la guerra? Varios presidentes lo intentaron y ninguno lo consiguió. Solo Santos tuvo éxito gracias a  su labor titánica y el firme convencimiento de que mediante el diálogo podían lograrse el acercamiento y el consenso de ambas partes.
Si bien Santos había participado como ministro de Defensa de Uribe, su antecesor, en los hechos bélicos que permitieron la eliminación de varios cabecillas imbatibles de las Farc, abrigaba la esperanza de hallar solución al conflicto en una mesa de negociación. La clave estaba en saber jugar las cartas, y él conocía muy bien el camino.
Sus dotes de prudencia, astucia, paciencia y firmeza le hicieron ganar el calificativo de jugador con que manejó momentos cruciales de su desempeño en la vida pública. Por supuesto, no ignoraba las artes del Buen Gobierno, rótulo asignado a la fundación en que debatía sus ideas. Y había escrito con Tony Blair, ex primer ministro británico, el libro La tercera vía, que contiene tesis estratégicas para la acción gubernamental que buscaba.
Al llegar a la presidencia de la nación, su primera medida fue desmarcar su administración de la acometida guerrera adelantada por el gobierno anterior. Bien clara estaba su intención negociadora al anunciar en el acto de posesión: “La puerta del diálogo no está cerrada”.
Santos le dijo al país que iniciaba un mandato independiente y con total libertad ejecutiva. Tal circunstancia le valió el inri de traidor con que Uribe y sus adeptos lo han perseguido en forma implacable. De no hacerlo, hubiera fallado frente a sus planes de buscar otra alternativa de poder. Siempre había sido hombre de convicciones. Sacarlas adelante, contra los grandes riesgos y tropiezos que tuvo que afrontar, significó su tabla de salvación. Y lo hizo merecedor del Premio Nóbel de la Paz.
Quería sacar al país de la barbarie. Ese estado de salvajismo lo muestra el estremecedor documental El testigo: Caín y Abel, dirigido por la productora británica Kate Horne, en el que se recogen siete historias macabras que el fotógrafo e investigador Jesús Abad Colorado captó durante 20 años de incursión por la geografía colombiana. Esas imágenes de la guerra presentan a las víctimas del conflicto como evidencias desgarradoras de la crueldad humana. Y claman por la vida y el cese de las hostilidades. El país está cerca de conseguir la paz, posibilidad que respaldan la comunidad internacional y buena parte de los colombianos.

LA TREGUA
Jaime Suárez
México
“¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No son de vuestras concupiscencias, las cuales combaten en vuestros miembros?
 Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y guerreáis, y no tenéis lo que deseáis, porque no pedís”. Santiago 4: 1-2.
El archiduque Francisco Fernando de Austria era un hombre extraordinariamente vanidoso. Acostumbraba llevar su atuendo planchado minuciosamente y totalmente abotonado; para los desfiles exigía que le cosieran la ropa cuando ya la tenía puesta para evitar que el viento lo hiciera deslucir.
El día de su asesinato no fue posible socorro oportuno porque llevaba cosida la casaca y no pudieron abrirla a tiempo para tapar el orificio de la bala y detener la hemorragia. Fatalmente murió poco después. Su deceso fue el pretexto perfecto para que comenzara la guerra entre Austria (apoyada por Alemania) y Serbia (por Rusia), y se desencadenara la Primera Guerra Mundial.
La vanidad de un hombre propició la muerte de millones de personas, aunque, seguramente, los intereses mezquinos de los gobernantes hubieran encontrado de cualquier modo una razón para guerrear. El apóstol Santiago tenía razón; la codicia y la envidia son las causantes de las guerras.
          He leído en diferentes documentos acerca de un suceso extraordinario, no muy conocido, supongo, por la mayoría de la gente. El hecho ocurrió en las trincheras de la primera línea del frente, en Ypres, Bélgica, el año de 1914; durante la primera guerra mundial. Los contrincantes se ocultaban en las heladas trincheras anegadas, que se extendían desde el canal de la Mancha hasta la frontera suiza.
Un soldado llamado Graham Williams, de 21 años, que miraba hacia las trincheras enemigas vio una luz por arriba de las defensas alemanas, a muy baja altura como para ser una estrella. Después apareció otra luz, y otras más. Muy pronto se dio cuenta de que dichas luces eran árboles de navidad que los alemanes habían improvisado.
De las trincheras alemanas surgieron las voces emocionadas de los soldados entonando el bello himno mundialmente conocido “Noche de Paz”.
Cuando terminó el canto, el regimiento de Williams aplaudió y gritó para felicitar a los alemanes y en seguida cantaron el villancico “La Primera Navidad”. Comenzó un concierto que duró una hora; los soldados de ambos bandos se invitaron a cruzar la tierra de nadie, pero nadie se atrevía. Unos seis alemanes se animaron y avanzaron hacia la trinchera enemiga, con las manos en los bolsillos, parecía que se estaban rindiendo, pero los ingleses también abandonaron su refugio y comenzó un festejo singular.
El campo neutral se llenó con cientos de soldados de ambos bandos que jugaron futbol y se tomaron fotografías, también intercambiaron sencillos regalos.
           Cuando las altas autoridades inglesas enviaron a un comandante a investigar y poner orden, todos corrieron hasta sus trincheras; en varias ocasiones, ante el mandato de disparar a un soldado distraído, los ingleses disparaban errando el tiro a propósito.
           Qué fáil es declarar la paz, cuando comprendemos que las personas que son distintas a nosotros, no son necesariamente nuestros enemigos.
            En días pasados se festejó el Día Internacional de la Paz, es una excelente idea que nos mueve a reflexionar en la necesidad urgente de pugnar porque se acaben las guerras en nuestro lastimado planeta. No esperemos a que los gobernantes hagan algo para que esto ocurra, hagamos todo lo posible por exigir que “se declare la paz”, y comencemos por hacer la con las personas que viven cerca de nosotros.

 

1 comentario en “NARRATIVA, CRÓNICAS,ENSAYOS SOBRE LA PAZ”

  1. Mensajeros de la paz universal. de Adrián Escudero, es un texto alentador, reflexivo. El enfoque bíblico lo hace muy valioso, digno de ser leído por mucha gente. Felicitaciones. Saludos.

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