MIS VIVENCIAS

 

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AL SERVICIO DE LA PAZ Y LA CULTURA HISPANO LUSA

 

COLABORAN EN TEXTOS: Lidia Dellacasa de Bosco. (Argentina).-Carlos H González Saavedra.- (Argentina).-Andrea Kiperman (Argentina).-Jorge B Lobo Aragón. (Argentina).-COLABORACIÓN EN `POESÍA. Inés Arribas de Araujo (Argentina).- Sarah Petrone (Argentina).- Susana Piñeiro.-(Argentina).-Ady Yagur (Israel)

 

DESDE LAS ESTRELLAS
Lidia Dellacasa de Bosco
(Argentina)

Cómo no recordarlo…Entramos juntos. Su mano apretaba la mía, pequeña y temblorosa. Me deslumbró esa habitación poblada de libros,  los pisos de madera lustrada, los cristales de la lámpara que pendía del techo…
   Ésta es mi hija, Ofelia. Le gusta mucho leer aunque sólo tiene siete años. Desde ahora va a retirar libros a mi nombre. La bibliotecaria me miró por encima de los lentes y yo apreté más fuerte la mano de mi padre. Me intimidaba esa mujer de gesto severo y mirada inquisidora.
   Con el paso del tiempo, Ofelia suavizó su actitud. Una tarde me animé a preguntarle por los libros de los estantes superiores, protegidos por puertas de vidrio. Para mi sorpresa, la bibliotecaria me autorizó a subir por la escalerilla y recorrer el angosto pasillo para verlos. Pero no abras las puertas. Allí están las colecciones más antiguas y valiosas. Sólo para adultos.
   Desde entonces, me acostumbré a contemplar los volúmenes de tapas de cuero, ordenados a la manera minuciosa  de Ofelia. Iba en puntas de pie  para alcanzar a leer los títulos. También para evitar el  ruido a madera crujiente que producían los pisos del pasillo.

   Un día me atreví a rozar los vidrios biselados de una vitrina. Acerqué mi rostro y por primera vez tuve la sensación de que mi imagen se repetía mágicamente. Muchos años después leería a Borges y comprendería aquella inquietante impresión frente a los espejos.  

   Habían transcurrido varios años cuando sucedió. Quizás fue mi ansiedad de lectora apasionada, o el afán de internarme en las peripecias de algún relato para adultos. Lo cierto es que aquel día le pedí una novela que había descubierto en los estantes superiores. “Las estrellas miran hacia abajo”, de A. J. Cronin. Pero ese libro no es para vos, fue la respuesta tajante. Sin vacilar dije que era para mi madre.

   Leí la historia con fruición, sin sentir pudor por la mentira. Cuando semanas más tarde fui a devolverla, me atendió otra mujer. Pregunté por Ofelia. Ya no está… Se nos fue para siempre. Atónita, miré el título del libro. Seguro que Ofelia  perdonaba mi engaño y me miraba desde alguna estrella. Siempre por encima de los anteojos.

PRIMERO DE MAYO
Carlos H. González Saavedra

Argentina

El primero de mayo amaneció muy lindo.
Estaba todo dispuesto para ir al cumpleaños, no sabia exactamente donde era. Solo había un punto de encuentro y formaríamos una caravana de autos.
Solo la que cumplía años y su esposo conocía el lugar. Los demás a la buena de Dios.- ¡Será una hora de viaje! Nos dijeron.
Allí fuimos.
Por mi parte tenia una pareja con cierta dificultad para entender la situación. Es decir la entendía perfectamente, lo que no podía aceptar, que era un cumpleaños singular y mi hermana cumplía los años, con lo cual, había elegido el lugar.
Desde que salimos comenzó la protesta.- ¿Por qué tan lejos? ¡Me hubiese quedado en casa!
Le ofrecí volver pero me decía: ¡No sigamos! Mientras la atención iba en aumento. La situación se puso peor cuando entramos en un cono sin señal a setenta y cinco kilómetros de nuestra casa. Faltaban veinticinco pero no llegábamos más.
Llevábamos hora y media y siempre faltaba algo. Si bien mi compañera estaba nerviosa por su hermano internado, antes de salir
Me dijo: ¡Vamos igual! Están mi hermana, sobrina y cuñada cuidándolo. Así las cosas.
Finalmente después de recorrer cinco kilómetros de tierra, llegamos a una tranquera donde un señor nos abrió.
Llegue extenuado, de tantos reproches y reclamos. Mi cabeza no daba más y lo peor que debía actuar como si nada pasara. Con una sonrisa.
El camino de entrada con añosos árboles de ambos lados. Caseríos, galerías y corrales y en el fondo un casco muy viejo majestuoso, bastante descuidado, por los años.
Respiraba aire, en un páramo me tire en el suelo, con mi mujer lo mas lejos posible y mirando al cielo, disfruté.
El río de la plata a escasos cincuenta metros, el canto de los pájaros, el olor humeante de un asado y los ligeros pasos del personal, que cuidadosamente caminaba.
Me levante, encontré a mi paso un pequeño predio, con tres tumbas. Una me llamo la atención. Era de un niño, la lapida rezaba George Cameron 1853-1859.
Una tristeza enorme despertó en mí. Entre tanta belleza, la muerte también había pasado por ahí y se cargó un pequeño de tan solo seis añitos.
Pensaba como seria vivir allí en esa época. 
Tomé dimensión de donde estaba., un lugar donde tanto nos costó llegar.
Era tan placentero ese páramo que
El silencio me envolvía y me llevaba a soñar. Era una sensación extraña y a la vez maravillosa de la que solo el sonido de la campanilla anunciando el almuerzo me hizo despertar
Tal vez porque no estaba acostumbrado o simplemente no conocía el silencio.
Sabia que en el desierto los beduinos escuchan su propio latido y como su sangre corre por sus venas. Siempre me llamó la atención lo que había leído, y esto, que experimentaba era lo más parecido.
Después de almorzar, liviano y beber abundante agua, tuvimos un momento de relax y meditación a orillas del río.
Mi compañera insoportable con cara de pocos amigos, no había logrado calmarse.
A mi hermana le regale un libro. Ella, sin quererlo, me regalo el silencio. Momento que nunca olvidare.
La estancia, «El Silencio” se encuentra en Punta Indio mas allá de la ciudad de La Plata, a orillas del Río de la plata.
 Tenia unas ocho mil hectáreas, se la habían regalado a Juan Manuel de Rozas los ingleses…Pasado el tiempo ese.. silencio aun perdura en mi

VIVENCIAS
por Andrea Kiperman

 En el escrito de hoy, la máquina del tiempo me llevó a una situación muy linda de mi adolescencia. Recuerdo ese día tan lindo, con mucha nostalgia. Por supuesto que ese día había comenzado temprano ya en la pista de hielo. Antes de salir de mi casa, en puntitas de pie agarré una remera grande, medio larga me quedaba y me puse mucho perfume “,  me gustaba cuando patinaba rápido dejar mi estela de perfume. Debo admitir que los aromas son muy importantes para mi persona ya que con tan solo oler me puedo transportar a ese momento, a esas personas, a esas vivencias. Llegué con paso ligero a la pista, mi pista. Al mirar por los vidrios del café que daba justo a la pista de hielo, pude darme cuenta de que había más personas y amigos que lo común… Miré más, y ahí estaba él. Un chico de pelo negro, ojos negros, estatura mediana y un cuerpo que demostraba posiblemente que era deportista. No lo conocía, no lo había visto antes. Claro que voy a cambiar su nombre por un tema de cuidado…. se lo veía dueño de la pista, con sus patines de Hockey y su patinar rápido y seductor. Me apresuré a entrar, mis polainas blancas, mis patines, mis guantes blancos… empezaba a practicar mis giros y saltos, pero no podía concentrarme mucho ya que “Pedro” (ese nombre le puse) estaba ahí, llamando mi atención constantemente. Era un día de mucha gente, muchos amigos, algunos que conocía y otros que no pero que eran personas que solían ir a la pista; muchas chicas de artístico y también de hockey. En un momento decido ir afuera, me pongo las chauchas (se les dice así a los protectores de los filos de los patines de hielo) de los patines y salgo afuera. Me senté en las escaleras, ya que tenía frío de estar tantas horas adentro, y para mi sorpresa él salió también. Empezamos a hablar… Ya iba cayendo el sol, mi hora preferida del día, y me invita a ver ese mismo día un partido de Hockey que él jugaba con su equipo, no lo dudé ni un minuto, dije que si, no conocía a casi nadie, pero no me interesó. Íbamos luego en un colectivo repleto de gente, no recuerdo bien el número, y como ya tenía las piernas cansadas de tanto patinar me dejó un lugar en su asiento al lado de él. Por fin llegamos a la otra pista, nunca había ido, ya que me gustaba la pista que iba desde que era muy pequeña. Debo dejar en claro que tengo una especie de amor a los lugares que frecuento, como una cierta nostalgia, o cuasi lealtad. Estaba con un grupo de personas, ingresabas a la pista y había mesas afuera, y unas escaleras que te llevaban a un entrepiso amplio, con mesas y sillas que daban a un ventanal que se veía toda la pista, ese era el lugar perfecto para ver el partido. Nunca me han faltado festejantes, digamos, y al lado había un amigo que también estaba bastante interesado en hablar conmigo. Seguía lo que podía el partido, ya que me hacía mi amigo pregunta tras pregunta. A decir verdad mis ojos solamente seguían una camiseta en especial, cual luz de seguimiento… y ahí fue, Gooool….. metió un gol. Me miró y me señaló… no lo esperaba, me puse colorada, totalmente. En un momento dudé si era para mí, miré hacia atrás, pero si, era para mí, no había ninguna otra persona, salvo mi otro amigo, ya que el resto subían y bajaban a la cafetería constantemente. Terminó el partido y ya se me hacía tarde y tenía que regresar a mi casa. No me dejaban estar hasta tan tarde y no sabía tampoco como volver así que volví con mis amigos que iban para la misma zona de la Capital. A él, no lo vi más. Pensaba en él, debo admitir, pero no apareció más en la pista. Pasaron meses, y me dicen que estaba de novio, y fue uno de esos momentos que me sentí muy mal. Pero la historia no termina acá…


VIVENCIAS COMPARTIDAS
Lcda Gladys Semillán  (Argentina)
Con la colaboración del Dr Jorge Lobo Aragón (Tucumán-Argentina)

Recuerdo que en un cajón tenía unas láminas que traje de Santiago hace bastante tiempo. Lo puse sobre una alfombra y fui sacando rollos con impresiones preciosamente ilustradas, todas referidas a Galicia en distintas fechas y celebraciones, no imaginaba que tenía tantas. Que atropello de recuerdos, de horas maravillosamente vividas. De emociones que regresaban y estaban ahí intactas como recién experimentadas. Los sonidos, los aromas, las voces de los tunos bajando la calle de Gelmírez y llegar a la puerta de la Catedral ofreciendo sus canciones tan propias. El vuelo de sus capas con las cintas bordadas por sus enamoradas. El anochecer que acompañaba este remolino de algarabía, canciones que la gente acompañaba, entonando, palmoteando, siendo felices. Las estrellas, en lo alto sonriendo en su titilar también festejaban las vísperas de la gran jornada. El 25 de julio, día del Santo. Desde mi mesa en la pérgola del Hostal de los Reyes veía una caravana de gentes que se arremolinaban, algunos con sus mochilas de peregrinos, otros con guitarras y panderetas improvisando música, adelantando el momento del estallido de los fuegos y las campanas, del sentir que se vuela por sobre todo lo que pasará mañana. Es el día del elegido por el Señor. Santiago el Mayor el hijo del trueno. El peregrino.  El soldado montado en su caballo blanco sinónimo de lucha, coraje y valentía. El que tuvo ante sus ojos los milagros más prodigiosos que un creyente puede siquiera imaginar. El que escucho las voces de los ángeles y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo de pie sobre un pilar de mármol. El Camino, elegido por el Supremo para que el mundo reconozca a la Virgen santísima como Pilar de nuestra iglesia. Seguía Sentada en el parador de Santiago en la plaza do Obradoiro con los rayos de sol que iluminaban su fachada rodeada de calles empedradas y de una ambiente mezcla de historia, arte y tradición.  Sueño de peregrinos y emblema de Santiago, formando con la catedral un ángulo de espectacular belleza. Con mi traje de barracan con grabados precolombinos hechos en rústicos telares con podas de un álamo de la casa materna y un mantón de tejido de lana esperaba a mi visitante. Como confundida hacía sonar fuertes mis cascabeles hechos de un manojito de pezuñas cantarinas traídos de mis viajes norteños como tratando de llamar la atención. Me sentía sofocada ante la llegada de mi convidado inconfundible. Toda Galicia derrochaba un ambiente vivo, diferente cargado de misticismo. Estaba en el centro de la gran fiesta, anticipada, amada, deseada. El día de Galicia. Culto religioso y oficial con un sabor popular que convierten a la ciudad en un gran festival, esperando emocionada a quien será mi compañero de vuelo y de viaje. Un aventurero a quien conocía por sus escritos de ubicuidad que lo llevaban a volar hacia lugares desconocidos y enigmáticos y a entrevistarse con personalidades de épocas milenarias.  Un amigo de las letras que viene con sus muletas a rendirle culto al camino. En medio de un  impresionante  espectáculo de pirotecnia y fuegos artificiales  que inflaman simbólicamente como un cuento de hadas  la fachada gótica de la Catedral sentía desde hace tiempo la presencia sutil de quien tiene la facultad de trasladarse de un lugar a otro. Me levanté en medio de la multitud y pude observar inconfundible al tucumano como le gusta llamarse con sus sostenes a cuesta y una remera estampada con los lugares señalados con el símbolo de la peregrina andaluza, el bordón castellano y el corazón del peregrino argentino. Un escalofrió me recorrió todo mi ser. Qué paradoja mi amigo al que no conocía personalmente sino a través del sonido de las palabras y de la tecnología de internet como un hilo rojo o cordel de plata que une almas me hacía rememorar como un rayo de un detalle en el que muy pocos reparan. Sus facultades de bilocación lo atraían al camino como alguna vez a Santiago cuando la Virgen María que no había sido aún asunta al cielo se presenta ante el Apóstol en la ciudad de César Augusta.  Hoy Zaragoza. Si estaba mirando desde la plaza central de mi Galicia al pez volador como lo llamo cariñosamente. Mi amigo tucumanazo con su tez tostada por los calores norteños estaba con su compañera de toda la vida, sus soportes de aluminio como si fuera el botafumeiro, extraordinario incensario de gigantescas dimensiones, balanceándose absorto frente a la Catedral. Me sentí como perfumada y envuelta en una nube blanca que me elevaba a dimensiones desconocidas y pude ver como el cielo se abría formándose un triángulo celeste y naranja a modo de la figura de la Santísima Trinidad. La voz de un amigo imborrable me saludada como desde una aureolares resplandeciente. Como no quedar prisionero del destino.

POESÍAS VIVENCIAS 

DEL POEMARIO “ÍNTIMAS VIBRACIONES”-AÑO 2.000
De Inés Arribas de Araujo
(Dedicado a mi padre, su tierra y familia)

SABOR A FRESAS

Cuando miro el álbum de fotografías
que tomé en España en viaje fugaz,
siento en la garganta llanto contenido
y esbozo sonrisas con el evocar.

No puedo evitarlo: es lágrima y risa
esta paradoja que presente está
reflejando rostros ,mostrando lugares
que eran utopía y hoy mi realidad.

Al hojear sus páginas la boca percibe
que un gusto agridulce invadiéndola va
a fresas silvestres que probó en su bosque
menudas y rojas debajo el pinar.

El alma se agita con esas imágenes
joyas muy valiosas que ha de conservar,
a la vez divaga un tanto apenada
presintiendo que allá nunca volverá…

«VIVENCIAS»
Sarah Petrone
Argentina

En la cómplice mirada, te recuerdo,
en las pícaras palabras de tu boca,
en el gesto profundo de un abrazo
y en el beso de amor  y nuestra historia.

Todo lo vivido lo recuerdo
hasta el mínimo detalle sin reproches,
vivencias de un ayer que fue llevando
el tiempo, enredador de un sueño hermoso.

Vivencias de una infancia retenida
en los pliegues del alma candorosa
y una juventud de pluma y tinta
en cuadernos para llenar con mis estrofas.

Entonces despertaste mi lirismo,
mi musa y mi razón de darlo todo,
y el tiempo de gestar en cunas tibias
los frutos que maduraron rosas de oro.

Vivencias que se van acumulando
a medida que los años se amontonan
y miles de vivencias todavía
para seguir contando más historias.

DESENGAÑO
Susana Piñeiro
Argentina

Luce tu rostro hoy una sonrisa…¡cómo embelleces con ella tu mirar!
¡Cómo cautivas de pronto el alma mía, logrando que no vea nada más!
Tienes amor, la sonrisa más hermosa, ésa que invita a soñar e imaginar,
ésa que es puerta que se abre al que la toca y lo conduce a un paraíso terrenal.

Mas no se engañe nadie al contemplarla, no se ilusione ni pierda la razón
de nada sirve gustarla entre tus labios porque no surge desde tu corazón…
pues he aprendido con dolor, cariño mío, que tu sonrisa pasajera y tan fugaz
es solamente una mueca encantadora, pero superflua y engañosa….nada más.

 

VIVENCIAS
Ady Yagur

Israel

Senderos que recorro y no regresan
mientras tomo de la mano a la vida,
con sus matices que van cambiando
entre sueños que despiertan al día.

Vivencias que se van no se adonde
a veces las espero en una esquina,
tal vez ellas saben de mis anhelos
mientras les tiendo mis  brazos..

Hay vivencias que viven en  mi
beben del vino dulce de la vida,
cuando la tarde esconde su rostro
junto a  sueños divinos que renacen.

Mundo que parece de fino cristal
nuevas vivencias se despiertan,
la pandemia  yace a nuestro lado
 mientras espero  a nuevos tiempos..

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