LA PRIMAVERA NARRATIVA

 

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Marzo  2.020  nº 29
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AL SERVICIO DE LA PAZ Y LA CULTURA HISPANO LUSA

COLABORAN: Dr. Carlos Benítez Villodres (Málaga-España)….Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón (Argentina)…Lidia Dellacasa de Bosco( Argentina) Prof Dr. Antonio Las Heras….Elsa Lorences de Llaneza (Argentina)..

LA PRIMAVERA, O EL FLORECER DE LA VIDA
Carlos Benítez Villodres
Málaga (España)

En marzo hay un ascenso de temperaturas, el frio poco a poco va desapareciendo de nuestras vidas y podemos disfrutar de nuevos colores, olores y sensaciones. Los días se alargan y las noches son más cortas, en definitiva, comienza la primavera.

            El clima propio de la primavera es templado. En el hemisferio norte, aparece entre los meses de marzo y junio, mientras que en el sur se presenta alrededor del 22 de septiembre y finaliza el 22 de diciembre. Por ello, cuando en el hemisferio norte es primavera en el sur es otoño, y viceversa.

            Esta estación empieza con el equinoccio de primavera, que se da entre el 20 y el 21 de marzo en el hemisferio norte y entre el 21 y el 23 de septiembre en el hemisferio sur. Y finaliza con el solsticio de verano, aproximadamente el 21 de junio en la zona norte y el 21 de diciembre en la zona sur. De la primavera podremos disfrutar 92 días, aproximadamente. En 2020, la primavera comienza el 20 de marzo y finaliza el 20 de junio (hemisferio norte). Dichas fechas corresponden a la zona horaria “Hora de Verano de Europa Central y del Sur”. En los países del norte de Europa, la llegada de la primavera es más tardía (abril, o mayo o junio), dependiendo de la cercanía al polo norte. En las montañas de estas naciones se experimentan dos climas distintos (invernal y primaveral) en solo unas pocas horas.

            Con la primavera, los días comienzan a ser más largos alcanzando las 12 horas de duración. Los días se alargan progresivamente conforme se acerca la temporada de verano.

            El término primavera se deriva del latín, y está compuesta por “prima” que proviene de “primer” y “vera” de “verdor” y significa literalmente “El primer verdor” alude obviamente al momento del año en el que se sitúa, que, tras días grises, lluviosos y fríos, la tierra se llena de vivos colores, el calor aparece poco a poco y las plantas florecen. La primavera también es sinónimo de vitalidad, de luz, color y alegría.

            Es temporada de estar al aire libre, de hacer deporte, de tener contacto directo con la naturaleza. Tomar algo en una terraza, hacer un picnic a la orilla de un precioso río. Hay miles de planes que surgen con la llegada de la primavera.

            El Observatorio Astronómico Nacional, dependiente del ministerio de Fomento, es quien nos marca el comienzo de la primavera. Según explican, ocurre por la posición en que se encuentra la Tierra respecto a la órbita alrededor del Sol. Cuando empieza esta estación, es porque la Tierra se encuentra en el centro de la órbita del Sol, y este manantial de vida cruza el ecuador hacia el norte. Entonces ocurre el denominado equinoccio de primavera, cuando la duración del día y la noche prácticamente coinciden.

            Este equinoccio de primavera no se produce todos los años en el mismo día. Esto se debe a los fallos en el calendario debido a los años bisiestos, que cambian la duración de la órbita de la tierra alrededor del Sol.

            Una de las leyendas, que explican el hecho del cambio del invierno a la primavera, es el rapto de Perséfone. Ella era hija de Zeus y Deméter, y fue raptada por Hades (dios del infierno), ya que estaba enamorado de ella. Su madre, Deméter, siendo diosa de la agricultura, realizó varios viajes para encontrarla. Durante estos viajes, la tierra se volvía estéril.

            Finalmente, los padres de Perséfone y Hades llegaron a un trato, por el cual ella pasaría parte del año en la Tierra y parte en el infierno. Así, la historia cuenta cómo la primavera ocurre cuando Perséfone regresa a la Tierra y su madre, la diosa de la agricultura se alegra y hace que las plantas florezcan.

            La primavera es la estación preferida de agricultores y jardineros. El mes de mayo es oficialmente el mes de las flores. Por tanto, la primavera es el periodo idóneo para cultivar plantas y llenar el jardín de hermosas flores.

            La primavera no solo afecta al clima y a la naturaleza también encarna un papel importante en la literatura. Diversos poetas y escritores utilizan esta estación como recurso estilístico, en numerosas metáforas, como símbolo de fertilidad y de juventud y de frescura. La belleza de sus colores sitúa el espacio de la primavera, como uno de los momentos de mayor inspiración creadora.

            Las temperaturas aumentan también de forma progresiva, aunque son frecuentes las lluvias. En primavera las precipitaciones son irregulares y suelen aparecer en forma de tormentas y chubascos. Las masas de aire frío residuales también son comunes en esta época del año, por lo que es frecuente que nos encontremos con constantes cambios de temperatura.

            Los árboles, desnudos y descoloridos vuelven a vestirse de verde. La hoja caducifolia es característica de los árboles en primavera. A medida que avanzan los días las flores poco a poco irán floreciendo, llenándolo todo de alegría, luz y color.

            Aunque el paisaje de primavera es precioso, las flores traen consigo el polen, el principal enemigo de las personas que padecen de alergia o asma. Los meses de abril y mayo, con la primavera, no solo traen cosas bellas como el sol, las flores o las tardes tomando algo en una terraza con los amigos. También trae estornudos, picores y muchos dolores de cabeza.

            La expresión “estar en la flor de la vida” alude en cierto modo a la primavera y a lo que esta estación representaba hace unos años para los escritores románticos o naturalistas, la frescura, la juventud, el momento fugaz, que no es marchito.

            Con la llegada de la primavera nuestro cuerpo sufre alteraciones que pueden afectar puntualmente a nuestro estado de ánimo.

            Dicen que “la primavera la sangre altera”, y lo cierto es que este dicho popular no va mal encaminado. Aunque nuestra sangre no sufre alteraciones, nuestro cuerpo y nuestro estado de ánimo, en primavera, no son los mismos. Con la llegada de esta estación, sufrimos ciertas variaciones que pueden derivar en cansancio, melancolía o, todo lo contrario, exaltación y alegría.

        Nuestro estado de ánimo en primavera puede resultar afectado positivamente: nos sentimos vivos, positivos, llenos de energía y más alegres que nunca. Tenemos ganas de hacer cosas, nos apetece salir a la calle, quedar con personas… y, en general, dedicamos menos tiempo a dormir.

            El otro estado de ánimo que podemos sentir en primavera es totalmente opuesto al anterior: cansancio, falta de energía, dolores de cabeza, falta de memoria… Sentimos que necesitamos más horas de sueño y a veces nos inunda un sentimiento de soledad o tristeza que no sabemos explicar. Predomina una sensación de decaimiento general.

            El cambio de estación siempre ha estado ligado a la alteración de los estados de ánimo; sin embargo, es la llegada de la primavera la que más nos afecta. Sin embargo, como muchas cosas, todo pasa y nada es permanente. En pocos días, una vez nuestro cuerpo se haya adaptado, volveremos a sentirnos de nuevo nosotros mismos.

PRIMAVERA
Dr Jorge Bernabé Lobo
Argentina

Venus divinidad romana. Diosa de la hermosura, madre del amor. Tutela de la naturaleza, del año, y la primavera. Protectora de los elementos florecientes.  Del renacer primaveral. Unido a Marte prometías al combate y al trabajo los frutos de la victoria y de la tierra. Romanos y sabinos te eran devotos. Después de batallar entre sí, se purificaron y levantaron tu imagen. Gran dispensadora de la felicidad dichosa. Venus romana. Afrodita de los griegos. Distinción del amor puro e intelectual. Del amor a lo bello representado por la Venus Urania y la Venus celeste. Venus feliz.  Venus victoriosa. Venus madre. Los paganos te dedicaron monumentos y santuarios y fuiste inspiradora de artistas renacentistas. No obstante ninguna de tus imágenes se asemeja a la estatua mutilada del Milo y las islas Ciclada. Como el campesino desarraigando, que de un árbol cayó y dentro un túnel te hallaron por apreció a tu belleza te compró. Francia te adquirió y lucho por cuenta de su nación. Armados tus trozos, sin tus brazos, con tus imperfecciones eres la Venus de Milo. Eres el prototipo de belleza escultural por la nobleza de tu actitud, por tu rostro sereno e impasible, por tu grave apostura de diosa, por el mármol lleno de vida, por el matiz de ternura que se advierte en tu mirada tranquila. Ya Rodin te dijo “a lo que hay en ti de divino, es el amor infinito de tu autor por la naturaleza». Extraño ser, divina diosa emergida del mar, regálame el alma que permite amar. Tócame con tu mano fría de mármol y tierra. Llévame a tu reino sin aire y sin cielo. Explícame lo que es el amor. Enséñame a amar….Primavera eterna.

CUANDO SOMOS PRIMAVERA
Lidia Dellacasa de Bosco
(Argentina)

   Muchas veces he pensado que los seres humanos nos parecemos a las estaciones: las de trenes y las del tiempo que pasa imperturbable.

   De las primeras voy a hablar en otro momento. Ahora quiero decir de las estaciones que transcurren a lo largo del año, con un ritmo semejante al de la vida que transita sin pausa hacia su destino.

   A veces somos verano y los días se prolongan como la sombra de las cosas, estiradas por el sol que se niega a recogerse en el ocaso. Entonces cerramos los ojos y la mente se puebla de ríos caudalosos y olas que el mar despide cada noche sobre las playas. Somos verano cuando nos abrasa el fuego de una pasión que nos rescata del olvido y nos envuelve como el palpitar ardiente del estío que, por unos meses, se adueña de los seres y las cosas.

   Otras veces somos otoño, cuando el tiempo del alma se recoge en pálidas nostalgias y los ojos se nublan en los crepúsculos que entre hojas ocres nos recuerdan lo que hemos perdido.

   Cuando el dolor es un hálito glacial que tiembla en nosotros, nos convertimos en invierno. Acurrucados en la soledad de una ausencia vemos caer la lluvia que empaña el corazón y enturbia las ventanas…

   Pero un día somos primavera. Entonces hay un reverdecer espiritual que nos llena de gozo y nos impulsa a correr por los caminos de la vida.

   De pronto, nos sentimos revivir en un encuentro que tiene el aroma de una relación nueva con el ser amado. Palpitamos la esperanza hecha flores de intensa fragancia. Y alguien nos toma de la mano para caminar sin rumbo por los senderos que bordean trigales, acompañados por el trino inocente de los pájaros. Entonces la primavera estalla en nuestras vidas, se abre como un capullo inesperado… Y vamos bajo el sol del amanecer recién estrenado hacia el placer de los días felices que esta estación nos regala. 

  Y también somos primavera en la tierna caricia al vientre materno donde germina el hijo que anhelamos. En la alegría de la mano tendida a aquel que nos necesita para seguir andando. En la fe que se abre como un lirio y nos convoca a dar gracias por el amor y la esperanza. También somos primavera en la oración confiada por un mundo donde ya no exista el odio y la paz sea una realidad plena de Gracia.               

MAÑANA DE PRIMAVERA EN EL BARRIO DE VILLA DEVOTO
Prof Dr. Antonio Las Heras

Ciudad de Buenos Aires.

Primavera, 1957. Amanecer soleado. Cielo sin nubes. Brisa fresca, constante, que ingresa a las habitaciones por las ventanas entreabiertas provocando ondulaciones en las cortinas de voile color crema, transparente.
El hombre mueve las hojas del diario La Prensa que el diariero pasó antes de la salida del Sol bajo la puerta del garage de la casa. Mueve las hojas, apenas eso, pues hace como que lee, mientras lo que en verdad disfruta es servirse su desayuno sentado bajo un extenso parral que ya tiene – además de las hojas verdes, resplandecientes –  racimos de flores, pequeñas, muy blancas; las mismas que, en unos meses, serán uva moscatel muy visitadas por los pájaros, avispas, abejorros y alguno que otro picaflor de desplazamiento raudo.
El desayuno es una de sus prácticas rituales de cada día, que igual que otras practicadas tanto en ésta como en tantas otras casas del barrio, no se modifica en ningún momento del año. Mate con azúcar; agua servida desde la pava. La época del año traslada el paisaje. Durante el invierno –  igual que en las mañanas de lluvia – el hombre tendrá refugio en la cocina que es bien amplia también usada de comedor diario, donde puede desplegar la sábana del diario sobre la mesa cubierta por un hule florido y multicolor.
El mate lo acompaña con pan ya duro – que ha sobrado de almuerzos y cenas de jornadas anteriores –  cortado y al que ha tostado poniéndolo apoyado por unos instantes sobre las hornallas. A sus tostadas las unta, de manera prolija, serena, estudiada, con manteca.

El suelo de donde está el parral será el terreno de combate donde los gorriones pelearán por las migas desprendidas de las tostadas. En ese aspecto el hombre no es muy prolijo, ni atiende detalles. Su esposa le dice que si no fuera por la intervención de los pájaros cada mañana él le dejaría el piso “hecho un chiquero.” En forma invariable, el marido responderá: “¿Y qué quieres que haga? Estoy concentrado leyendo el diario… ¡no puedo atender cómo se caen las migas!” Ella vuelve al interior de la casa. Ambos sonríen.
Seguido, la mujer se ocupará en despertar a uno de los dos hijos del matrimonio. Dos varones. Seis y cuatro años de edad.
Despierta sólo al de seis.
Sin atender las quejas del chico aun semidormido, la madre haciendo esfuerzos conseguirá vestirlo, llevarlo hasta el baño para lavarle la cara y peinarlo, luego ponerle el guardapolvos y acompañarlo hasta las puertas de la escuela Abel Ayerza, de donde no se retirará hasta asegurarse que el chico haya entrado y esté formando fila mientras todos los alumnos se preparan para cantar la marcha Aurora a la par que la bandera nacional es izada por los estudiantes que tienen los mejores promedios.
La mujer mira a su hijo, que recién cursa primer grado inferior, y en su imaginación sueña que – transcurridos algunos años – será él quien esté a cargo la ceremonia. Y mientras abandona el lugar poniendo rumbo a la casa donde se encuentran el hijo más pequeño y su marido, da rienda suelta a sus pensamientos centrándose en a qué se dedicarán estos niños cuando sean adultos.

La escuela pública Abel Ayerza es un edificio de principios del Siglo XX con formato arquitectónico de estilo neocolonial, que dos columnas dispuestas a cada lado del gran pórtico de acceso que remeda a aquella casa donde sesionó, en 1816, el Congreso de Tucumán. Hay, también a cada lado del portón, sendos adminículos de hierro incrustados a la pared. Son para quitarse el barro de los zapatos antes de ingresar. Ahora hay veredas completas con enormes árboles de los llamados “paraíso” tupidos de flores pequeñas, violetas, que inundan el aire con su aroma dulzón. La calle está adoquinada. Con tan poco tránsito que en los bordes de los adoquines crecen pastos chatos, duros, resistentes. A esa hora palomas torcazas recorren tales intersticios para comer los insectos que los surcan, hormigas y, si es que ha llovido y el terreno se mantiene húmedo, hacerse el festín con atrevidas lombrices que se animan a salir del subsuelo siendo que ya es de día.
Esas aves son las llamadas palomas torcazas. “Torcacitas” dicen los vecinos, aludiendo a su pequeñez. A veces intervienen también los gorriones en la búsqueda del alimento mañanero. Recién en los últimos años del siglo XX las palomas grandes, criollas, desplazaran a las pequeñas torcazas. Y, luego, cotorras – multiplicadas a partir del descuido de alguien a quien se le escaparon algunos ejemplares… o los dejó en libertad – se adueñaran de tantos árboles del barrio haciendo esos nidos, enormes, entretejidos de pajas y ramitas flexibles, devorando cuánto les sea posible a su paso.
Pero no fue así en los tiempos fundacionales.
En aquellos primeros tiempos del barrio de Villa Devoto había mucho barro y época invernal o de lluvias intensas se hacía imperioso quitarse el barro deslizando cada zapato sobre la varilla de hierro.

Puede afirmarse que la fecha de nacimiento de Villa Devoto (denominación tomada en homenaje al Conde Antonio Devoto, presidente del Banco Inmobiliario que llevó adelante la conformación del barrio) es el 13 de abril de 1889, fecha en que el intendente municipal Guillermo Cranwell aprobó la propuesta de la futura urbanización barrial.
Pero la Escuela Nº 23 del Distrito Escolar 17 es bastante posterior. La construcción fue dispuesta por resolución ministerial de fecha 7 de abril de 1927. Fue inaugurada el 5 de enero de 1928 destinándose a una escuela de varones a la que se bautizó “Abel Ayerza.”
Está situada sobre la avenida Salvador María del Carril. En ese tiempo la avenida se llamaba Nacional. El 15 de diciembre de 1939 pasó a llamarse Salvador María del Carril. Caracterizada por el boulevar central tapizado de césped que, una vez a la semana, es cortado por los operarios municipales con sus ruidosas podadoras impulsadas a kerosen.
El nombre dado a la escuela provoca confusión entre los vecinos cuando de explicarlo se trata.

Esa misma madre que acaba de dejar a su hijo en el establecimiento, le ha explicado – más de una vez – que Abel Ayerza fue un muchacho secuestrado y asesinado por un grupo de mafiosos santafecinos. El supuesto, que fue circulando de boca en boca, concluyó con el agregado de que el edificio no había sido pagado por el Estado Nacional sino que se trataba de una donación de la familia Ayerza con el pedido de que la escuela lo recordara llevando su nombre.
Ella, como tantos otros vecinos devotenses, morirán convencidos de que ese y no otro es el origen del nombre con que fue bautizada la escuela que funcionaba con dos turnos: mañana y tarde. Y siempre sólo varones, ya que la educación mixta no era usual por ese entonces.
Pero lo cierto es que el nombre fue dado para homenajear al médico Abel Ayerza, homónimo del joven asesinado

Abel Ayerza (n. 21/5/1861, f. 14/7/1918) fue un destacado doctor en Medicina, precursor de la cardiología en la Argentina, profesor titular de Clínica Médica, presidente de la Asociación Médica Argentina (1900/01), especializado en París en análisis neurológico con eminencias de la talla de Charcot (con quien también se formaron Sigmund Freud y Carl G. Jung) y Babinsky.
Empero, a raíz de ser homónimo del muchacho secuestrado y asesinado, hecho que tuvo gran difusión en su momento y conmocionó al país, los vecinos de Villa Devoto en su mayoría están convencidos de que la denominación era por esa causa, desconociendo en absoluto que se debía, en verdad, al médico cuya celebridad estuvo restringida al ámbito académico.
Si bien el hecho mafioso tuvo lugar unos años después de la creación de la escuela, no fueron tantos como para que los vecinos – sobre todo una gran mayoría que se incorporaba al barrio atraídos por los loteos y las grandes facilidades para de compra de los terrenos pues había poco edificado – enseguida atribuyeran el nombre al joven Abel y no al médico. Abel Ayerza fue secuestrado en octubre de 1932 y asesinado el 21 de febrero de 1933.
La mujer vuelve al hogar en el que reside desde que el matrimonio quedó constituido. Compraron el lote y sobre éste hicieron edificar la vivienda. Una casa típica del barrio de Villa Devoto. Planta baja y primer piso. Al fondo amplio espacio donde está el parral, árboles frutales – dos limoneros, un ciruelo, dos higueras, dos laureles – algunos rosales y, en un costado, lo que por muchos años fuera un gallinero hoy en desuso. Desde el jardín pueden verse los fondos de las otras casas. Hay pinos, otros frutales, enredaderas abrazadas a los muros demarcatorios de las propiedades perímetro donde conviven achiras de largas hojas moradas y calas con numerosas flores en ésta época del año.
El hombre saca el auto del garaje y lo deja en marcha en paralelo a la vereda. Revisa el agua y el aceite. Luego se marcha a su trabajo.
La mujer ocupará toda la mañana en los quehaceres domésticos y, claro, de preparar el almuerzo; un procedimiento que habrá de realizar cual si de un ritual minucioso se tratara y que le requerirá no menos de dos horas.
El almuerzo es el momento en que volverá a reunirse toda la familia.
El menú es invariable. Lunes a mediodía puchero. Por la noche pescado frito con puré. El pescado es provisto por el marido quien, cada mediodía de lunes, lo trae comprado rato antes de una pescadería situada sobre la avenida Díaz Vélez, casi frente al hospital Durand. Y así, cada almuerzo o cena de cada uno de los días de la semana tiene prefijado de antemano el preciso menú, quién habrá de conseguirlo y de dónde será obtenido.
Hacia media mañana, el chico que aún no concurre a la escuela aprovechará para jugar, solo, muy entretenido, en el amplio fondo donde crecen rosales, ciruelos, dos limoneros y una mandarino. Desde la cocina, a través de los ventanales la madre, de rato en rato, comprueba qué es lo que está haciendo. Teme que se lastime.
Rato antes de mediodía, la mujer vuelve a salir. Va en busca del hijo que está a punto de terminar la mañana escolar. Llega a tiempo para conversar un poco con otras madres. En particular hablan del radioteatro que está de moda.

El niño sale sonriente para tomarse, de inmediato, de la mano de su mamá quien saluda a las otras mujeres y retoma el camino. Ella hace las mismas preguntas de cada jornada en ese momento. Quiere conocer cómo pasó su hijo la mañana, qué temas le enseñaron, si se portó bien durante los recreos, si tiene alguna calificación nueva en el cuaderno. Mira de manera minuciosa si los zapatos y el guardapolvos siguen limpios.
El chico contesta lo necesario y nada más que eso. Su atención está puesta en un suceso que le resulta de la mayor importancia. Es que el boulevar está siendo sobrevolado, a unos dos metros del suelo, por cientos, o – tal vez – sean miles, de mariposas. Un fenómeno extraordinario que, bien lo recuerda, ya se ha repetido en años anteriores durante la primavera.
Este año se ha prometido que, después de almuerzo, saldrá a la calle y subirá al boulevard, rama cortada de paraíso en mano como lo hacen otros chicos del barrio, buscando abatir algunas mariposas para empezar a coleccionarlas.
Una de sus tías ya le explicó cómo tiene que hacer para guardarlas de manera adecuada. Con las alas abiertas y apretada entre las páginas de un libro voluminoso.
Mientras piensa todo esto e imagina que cuando tenga muchas atrapadas podrá exhibirlas bajo vidrio, sigue viendo la multitud de mariposas que pasan dando la impresión de que fueran las mismas – pues es que son tantas y el fenómeno ocurre desde hace horas – que pasan una y otra vez.
En su mayoría mariposas pequeñas, amarillas. Su madre le ha dicho que son “mariposas de la alfalfa”, provenientes de lugares donde hay plantaciones, en la provincia de Buenos Aires, y que como Villa Devoto está “pegada” a la provincia, esas mariposas nacidas allá, donde se cultiva alfalfa para alimento de los caballos que tiran de los frecuentes carros, se dirigen hacia el Río de la Plata “porque buscan agua.”
Es la misma explicación que otras mamás dieron a sus hijos. El niño tiene certeza de eso por que lo ha hablado en el recreo largo, donde tuvieron tiempo suficiente para ponerse de acuerdo en la hora en que saldrán de cacería
La escuela está a tres cuadras del sitio que más atrae al chico. Son las “cuatro manzanas” que constituyen la plaza Arenales –  que todos llaman “plaza Devoto” – una de cuyos laterales está frente al hospital Zubizarreta. El chico tiene emotivos recuerdos del hospital; de cuando para Navidad uno de sus pinos es adornado con guirnaldas y luces que prenden y apagan durante la noche. No puede olvidar aquella noche calurosa cuando después de cenar temprano, a la caída del Sol como era lo habitual, de la mano de su padre, caminando por los veredones de la plaza, vio – por primera vez – el árbol así decorado y había una Luna Llena justo arriba.
Esa plaza es el sitio donde, en estos atardeceres primaverales, madre e hijos encuentran aliviado refugio. Mientras ella teje la ropa que usarán a partir del próximo otoño, los chicos juegan convirtiendo ramas gruesas caídas de los eucaliptos o gruesos troncos secos en imaginarias y míticas armas necesarias para combatir a monstruos sólo visibles a sus ojos de niños, hasta cansarse. Eso sí, siempre sin ensuciarse las ropas por que eso daría lugar al enojo materno y la finalización de los ajetreados combates.
Plaza Arenales está sembrada de añosos árboles. Magnolias en las que se destacan esas flores con grandes pétalos blancos inmaculados de las que se destaca un enigmático centro amarillo. Los chicos conocen que no hay que arrancarlas por que, apenas hacerlo, se deshojan. Imposible atesorar esas bellezas en el florero de casa. “No duran”, confirma el guardián de la plaza que, luciendo su uniforme municipal, siempre está presto a colaborar con lo que las “señoras madres” requirieran.
Hay, distribuidos de la manera adecuada, eucaliptos, pinos variados, palmeras, plátanos, castaños y unas extraordinarias araucarias patagónicas que superaron, en altura, a todos los demás árboles
La plaza tiene, como es obvio para todo niño, ciertos misterios.
En la esquina próxima a la Biblioteca Antonio Devoto y el hospital Zubizarreta, casi frente a la estación de servicio “de la Shell”, rodeada de arbustos como si se quisiera esconderla, hay una construcción cúbica de cemento y aspecto rústico. Ninguno está en condiciones de explicar para qué sirve ni cuando y por qué fue erigida. Semeja una ancestral tumba egipcia. Pero no lo es. Los chicos escucharon una vez cierta conversación entre el guardián y un señor mayor – delgado, alto, sombrero panamá legítimo, según oyó que dijeron otros que se referían a él desde la distancia sentados en uno de los bancos característicos de cemento, probablemente jubilados que se reunían habitualmente a esa hora – que en el pasado esa mole – que se yergue poco más de un metro sobre el suelo – fue utilizada para dar discursos en momentos políticos. El guardián respondía que, por lo que recordaba que le habían dicho sus padres, que eran vecinos de Villa Devoto, desde allí los domingos en la mañana y algunas fiestas patrias, tocaba una pequeña orquesta para alegría de los transeúntes.
Otro de los misterios de esta plaza es una notoria loma situada casi en uno de los bordes próximos a la avenida Salvador María del Carril. Enigma que fue descifrado cuando la madre explicó que ese es el lugar donde los jardineros – al igual que el guardián –  guardan sus cosas. Tiene la apariencia de una casamata de la Segunda Guerra Mundial que parece haberse teletransportado en el espacio/tiempo por desconocida acción de algún fenómeno paranormal. Luce cubierta de césped y, en la cima, el Sol hace brillar una tapa cuadrada metálica que, según se acomode, hace las veces de ventana. Empero el misterio siempre se mantuvo ya que los chicos nunca pudieron ingresar para comprobar qué es lo que verdaderamente había allí.
Para su madre lo importante era otra cosa que estaba en las proximidades de esa construcción subterránea. Algo que en cada visita a la plaza, al pasar por ese lugar, mostraba a sus hijos revelando su condición de católica convencida, prácticamente y de inevitable misa dominical. Abrazada desde la base al tronco de una palmera – en cada primavera – avanzaba hacia las alturas, con sus flores cargadas de simbología, una liana trepadora conocida en su acepción popular como “la Pasión de Cristo”, “pasionaria” o “flor de la pasión.” Originaria de América del Sur, sus denominaciones provienen de cuando el Papa Pablo V (siglo XVII) consideró que la flor de ésta planta era la representación de la Pasión de Cristo, habida cuenta que semeja una corona de espinas de color blanco, los estambres rojos las cinco heridas, los tres estilos violeta intenso los clavos y los pétalos a los doce apóstoles.
Los chicos, en todas las ocasiones, escuchaban el relato con especial atención, miraban con asombro la planta e intentaban cortar una de las flores para llevarlas a su casa. Lo que era, en al acto, impedido por la madre por que “sería un sacrilegio hacerlo”.

LA PRIMAVERA DE LA VIDA  VIVENCIAS
Por Elsa Lorences de Llaneza
Argentina

 Cuando era joven, aproximadamente a mis diecinueve años, la gente mayor me decía:-Vos sí que estás en la primavera de la vida. Yo me reía porque no entendía que era lo que me querían decir. Para mí la Primavera era la época de la juventud, del trinar de los pájaros, el perfume de las flores, del sol, de la luna, las estrellas y del amor. Me sentía renacer y lo veía también en mis amigas.

   Luego, cuando los años fueron pasando y me casé y nacieron mis hijos y mis padres partieron, el sentido de la Primavera cambió. La alegría se atenuó.

    Si bien la Primavera renacía año tras año, era algo distinto. Mis anhelos ya no eran lo mismo. Había otros compromisos en qué pensar. La vida se endureció pero siempre hubo un momento para ir al campo, mirar las flores y aspirar su aroma, escuchar el gorjeo de los pájaros y disfrutar de otro amor: El amor a la familia.

   Y la vida fue pasando y los años, cada vez más pesados, pusieron en mi cabeza y en mi cuerpo el otoño de la vida, ese otoño que fue reemplazado por el invierno, ese invierno que perdurará en mí hasta que parta al otro lugar, donde me estarán esperando los que compartieron mi primer Primavera.

   Esa Primavera que, aunque no se note, sigo guardando en mi corazón y que de vez en cuando brota en palabras y en poemas que todavía rejuvenecen mi alma.

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