EL RINCONCITO DE ANDREA

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AL SERVICIO DE LA PAZ Y LA CULTURA HISPANO LUSA

MI QUERIDA PISTA DE HIELO

Mi querido momento feliz cierro los ojos y puedo sentir la alegría mientras caminaba rápidamente todas las cuadras al bajar del colectivo y mi corazón latía más fuerte. Recuerdo pesada la mochila con mis patines y mi cara de orgullo al cargarlos aunque me pesaran mucho. Mis calzas mi pollerín al tono y un caramelo refresco de frutilla. Llegar rápido, pedir el pase y ya entrar a una nueva galaxia. Mirar desde el frente de la pista a ver si veía a mis amigos o al chico que me gustaba. Todo era música. Llegaba a la parte del costado de la pista y me sentaba en una de esas sillas incómodas de madera, y apresurada para ponerme los patines y procurando ponerme los protectores del filo, porque sino se les sale el filo y hay que mandar a afilar. No se puede patinar sin filo, porque te caes, no se agarra bien el patín al hielo. Ese momento exacto en el que te sacas una chaucha, así se les dicen a los protectores, te tenés con una mano y giras y te sacas la otra y allá vamos.
Volar con los pies. Ese viento fresco en la cara, a medida que vas tomando velocidad con los pies. Cómo se te extraña hielo querido, como se te extraña pista querida, repleta de recuerdos de toda una vida. Mi cable a tierra, mi norte, mi lugar en el mundo, cuando estaba mal o bien, siempre allá, en la pista. y después precalentar y dejarse llevar solo escuchando la música y sin hacer demasiadas piruetas ir, y olvidarse del mundo. Dejar tu estela de perfume en el aire, sentir ese frío en la cara, por momentos te duelen los pies, pero no importa. Se sigue. Parada en el centro de la pista, porque las que saben se ponen ahí, los otros se caen y necesitan ir por la baranda. Ahí mirando a los amigos, que pasan rápido con sus patines de hockey. tirando hielo y haciéndose los cancheros. Copiándonos a nosotras, las de artístico, con las manos e intentando hacer piruetas y se caen. Todo es seducción y risas. Que tiempos aquellos, como quisiera teletransportarme ahí. ahora. Nostalgia de los amores, nostalgia de las risas, nostalgia de volar con los pies. Podía pasar horas en la pista de hielo. A veces pasaba desde las 14 hs hasta las 23 o hasta que cerraban. Se me iba mi tiempo ahí. La vida era vida allí adentro. Las luces de colores, la música, los amigos y
novios. Tan simple, tan real, sin celular sin tablet… como te extraño pista de hielo.

 

 

DÍAS SIN ESPERANZA
por Andrea Kiperman

Continúo con la idea que hay días y días. Hay días que estamos arriba y hay días que estamos abajo. Es como un sin fin de las olas del mar, que van y vienen trayendo consigo la marea… hay que ver qué trae la marea cada día. Cada día es una aventura y una oportunidad. A veces apenas abro los ojos luego de recitar las palabras de agradecimiento, que se los recomiendo de todo corazón, pienso en eso. Qué tendrá el día de  hoy?. De pronto hay momentos que se ven grises, o negros, es como la noche que antes de que pudiera salir el sol está muy oscura. Hasta que de pronto, sale el Sol e ilumina todo. Por más de que hay momentos que no son solamente Sol, esos momentos medio grises o negros, siempre cuesta más conectarse genuinamente con la esperanza. Cada uno tiene la suya, y a cada persona les toca atravesar diferentes pruebas diarias.

Hay que compararse? no. Ya se sabe. Hay que mirar todo lo que uno va logrando, día a día, minuto a minuto y sentirse agradecido y bendecido por eso. Siempre la gratitud a uno mismo por poder pasar las cosas de la mejor manera posible. Los días sin esperanza, son días de espera, así me los imagino yo. Se sienten como que las cosas se empeoran día a día. Debemos pensar una y otra vez que todo lo que sucede es perfecto, por más de que nosotros nos estemos conformes con eso. Debo admitir que también me suelo enojar, escribo y escribo, pero también me suceden las cosas y el trabajo interno es así, de todos los días. Una idea que suelo hacer en éstos días o para estos días es hacerme cartelitos, que digan cosas que creo, o lindas, y ponérmelas en diferentes lugares, dependiendo lo que quisiera trabajar internamente, se los recomiendo porque ayuda mucho. Por ejemplo si estamos en esos días sin esperanza, ponerse frases esperanzadoras, o alguna que los haga sonreír, o tomarse las cosas más livianas. Si aunque te hagas mala sangre las cosas van a suceder igual. Entonces porque no hacer el camino más llevadero o con más amor?. A veces también pienso en las cosas lindas que le suceden a personas que amo, y automáticamente se me pone en la cara una sonrisa. O cosas lindas que me pasaron, muchos sueños cumplidos, y ahí luego vuelve la esperanza. Creo que la fe y la esperanza es lo último que se pierde. Pero hay días que es lo primero.

Nadie nos dio instrucciones de cómo vivir la vida, yo soy una convencida que hay personas que no viven, solo pasan por la vida sin gloria. La vida es para vivirla a pleno, para disfrutarla, para saborearla, para experimentarla, para aprender, para amar. Hay que ver qué deja la marea hoy… pero acordate de las frases, o lee de nuevo este escrito, o trata de pasarlo mejor cada día de esta aventura. 

El costo emocional por Andrea Kiperman

Ahora si, este tema me parece de lo más interesante. Debo admitir que también he leído bastante sobre el tema. Costo emocional…. Muchas veces estamos expuestos a todo tipo de personas y de circunstancias, y ahora mucho más. Ya somos conscientes que este mundo está en constante transformación y estamos atravesando muchas cosas no simples, un contexto un tanto áspero, con mucha incertidumbre. Para qué me voy a detener a hablar de eso, si vos muy bien lo sabes.
Aún creo en la magia, creo que nosotros mismos lo somos, magos de nuestra vida y de nuestro destino, por eso también es muy importante que nos enamoremos de nosotros mismos. Que tratemos de elegir con el corazón a las personas que queremos tener cerca, y a las que no, besote y hasta luego. No hay tiempo para el costo emocional, no hay tiempo para detenerse en gente que no nos suma, ya que como bien digo: lo que no suma, resta. Hay veces que por las circunstancias no podemos alejarnos de ciertas personas que cuales vampiros nos roban la energía. Ahí es más complicado, pero no hay que desanimarse. Hay que comprender que somos muy poderosos, que somos muy importantes y que si bien algunos tenemos otros desafíos por delante, hay que hacer un trabajo cada vez más profundo para no permitir que roben nuestra energía. Y ese costo emocional. Se siente como cual detectores  que chupan la energía, pero ahí tenemos que ponernos firmes. Te ha pasado?. Seguramente que si. Si tienes la posibilidad aléjate inmediatamente de este tipo de personas, si por diversas circunstancias no puedes, entonces respira un par de veces, y trata de hacer una burbuja dorada a tu alrededor. Si tuviste que hablar o comunicarte con este tipo de personas luego ponte música. Si puedes baila o sacúdete. A veces pueden durar varios días dependiendo del tipo de persona tóxica que sea. Recuerda que el amor  es la fuerza más poderosa, cuando comienzas  de nuevo a pensar en cosas lindas o recuerdas momentos  agradables o únicos vas recargando la energía de nuevo. Abrázate, ríete, y por supuesto aquí me encuentras..

Esperanza por Andrea Kiperman

Lucecita de esperanza…
Brillas tan a lo lejos, bailando de lado a lado
lucecita de esperanza cual luciérnaga en la noche
prendes y apagas tu luz
lucecita de esperanza que te quiero ver todos los días
titilando por allí
A veces antorcha que irradia luz
y a veces lucecita pequeña que casi ni se logra ver
pero siempre ahí aunque grande o pequeña
siempre la esperanza va al son de la vida
en estos tiempos que nos toca vivir
en estos tiempos tan difíciles
lucecita de esperanza cuento con vos
lucecita de esperanza bailo con vos

VIVENCIAS
por Andrea Kiperman

 En el escrito de hoy, la máquina del tiempo me llevó a una situación muy linda de mi adolescencia. Recuerdo ese día tan lindo, con mucha nostalgia. Por supuesto que ese día había comenzado temprano ya en la pista de hielo. Antes de salir de mi casa, en puntitas de pie agarré una remera grande, medio larga me quedaba y me puse mucho perfume “,  me gustaba cuando patinaba rápido dejar mi estela de perfume. Debo admitir que los aromas son muy importantes para mi persona ya que con tan solo oler me puedo transportar a ese momento, a esas personas, a esas vivencias. Llegué con paso ligero a la pista, mi pista. Al mirar por los vidrios del café que daba justo a la pista de hielo, pude darme cuenta de que había más personas y amigos que lo común… Miré más, y ahí estaba él. Un chico de pelo negro, ojos negros, estatura mediana y un cuerpo que demostraba posiblemente que era deportista. No lo conocía, no lo había visto antes. Claro que voy a cambiar su nombre por un tema de cuidado…. se lo veía dueño de la pista, con sus patines de Hockey y su patinar rápido y seductor. Me apresuré a entrar, mis polainas blancas, mis patines, mis guantes blancos… empezaba a practicar mis giros y saltos, pero no podía concentrarme mucho ya que “Pedro” (ese nombre le puse) estaba ahí, llamando mi atención constantemente. Era un día de mucha gente, muchos amigos, algunos que conocía y otros que no pero que eran personas que solían ir a la pista; muchas chicas de artístico y también de hockey. En un momento decido ir afuera, me pongo las chauchas (se les dice así a los protectores de los filos de los patines de hielo) de los patines y salgo afuera. Me senté en las escaleras, ya que tenía frío de estar tantas horas adentro, y para mi sorpresa él salió también. Empezamos a hablar… Ya iba cayendo el sol, mi hora preferida del día, y me invita a ver ese mismo día un partido de Hockey que él jugaba con su equipo, no lo dudé ni un minuto, dije que si, no conocía a casi nadie, pero no me interesó. Íbamos luego en un colectivo repleto de gente, no recuerdo bien el número, y como ya tenía las piernas cansadas de tanto patinar me dejó un lugar en su asiento al lado de él. Por fin llegamos a la otra pista, nunca había ido, ya que me gustaba la pista que iba desde que era muy pequeña. Debo dejar en claro que tengo una especie de amor a los lugares que frecuento, como una cierta nostalgia, o cuasi lealtad. Estaba con un grupo de personas, ingresabas a la pista y había mesas afuera, y unas escaleras que te llevaban a un entrepiso amplio, con mesas y sillas que daban a un ventanal que se veía toda la pista, ese era el lugar perfecto para ver el partido. Nunca me han faltado festejantes, digamos, y al lado había un amigo que también estaba bastante interesado en hablar conmigo. Seguía lo que podía el partido, ya que me hacía mi amigo pregunta tras pregunta. A decir verdad mis ojos solamente seguían una camiseta en especial, cual luz de seguimiento… y ahí fue, Gooool….. metió un gol. Me miró y me señaló… no lo esperaba, me puse colorada, totalmente. En un momento dudé si era para mí, miré hacia atrás, pero si, era para mí, no había ninguna otra persona, salvo mi otro amigo, ya que el resto subían y bajaban a la cafetería constantemente. Terminó el partido y ya se me hacía tarde y tenía que regresar a mi casa. No me dejaban estar hasta tan tarde y no sabía tampoco como volver así que volví con mis amigos que iban para la misma zona de la Capital. A él, no lo vi más. Pensaba en él, debo admitir, pero no apareció más en la pista. Pasaron meses, y me dicen que estaba de novio, y fue uno de esos momentos que me sentí muy mal. Pero la historia no termina acá…

AQUELLA FIESTA ….
vivencias por Andrea Kiperman

La historia continúa, pero yo no sabía que iba a ser así. Desde que me enteré de que tenía novia, pasaba ese día con él como una película, yo no quería pensar en él, pero se me venían todas las hermosas imágenes a mi cabeza sin querer, bastante desconcentrada y desconcertaba estaba. Miraba la pista, pero ya ni con la esperanza de querer verlo porque no podía creer que tuviera novia. Claro que era un chico muy apuesto, podría tener novia, pero de la forma en la cual se había comportado conmigo y el flechazo que tuve no me imaginé que podía ser así. Era de noche, y mi mejor amiga me insistía que quería que fuéramos a una fiesta esa noche que la habían invitado. Ni ganas de ir, pero tanto me insistió que, para no pelear y para hacerle la gamba dije que si. Nos hicieron pasar rápido y había mucha gente, bailando, saltando, contenta. No estaba en mis mejores días ni noches. Bastante seria y recién había llegado y ya me quería ir. Miraba a la gente bailar cuando casi de sorpresa lo veo entrar a él, a “Pedro”. Froté mis ojos, para ver si realmente era él. Y si, no pude ni pensar un segundo que tuve que gritarle en medio de la multitud porque se iba, estaba yendo a la pista y se perdía entre tanta gente, corrí y corrí, y le agarré el brazo y le dije Hola. Se quedó inmóvil. Se detuvo el tiempo, no veía a nadie más que a él, y él a mí. Son esos momentos mágicos que cuando ocurren uno siente esa dicha de estar vivo, no pasan seguido pero cuando si, se detiene el tiempo. Lo agarré de la mano y empezamos a hablar…Ahí hablamos tanto, fue un momento tan lindo, tan mágico. Recordamos ese día que nos conocimos, me confesó que ese mismo día terminó con su novia porque quería hablar conmigo y conocerme. Lo había flasheado tanto, que no podía dejar de pensar en mí, como son las cosas. No le daban mi teléfono, e iba a la pista a buscarme y no coincidíamos. Estábamos buscándonos los dos. Me abraza fuerte y fue entrar a otra galaxia. Esta historia tampoco termina acá. Nos fuimos en un taxi, me llevó a mi casa, y nos despedimos con un beso y cada uno ya tenía el teléfono del otro. Continuará…

EL PRIMER MES DE NOVIOS  por Andrea Kiperman

Recuerdo esa noche muy vívida. Muy latente. Me pasa a buscar en su auto con un ramo hermoso de flores, rosas rojas, y me dice que tiene preparada una sorpresa. Fuimos a cenar a un lugar precioso, muchas mesas con velas y una carta de comida muy rica. Ordeno todo lo mejor  que había en el Restaurant. Charlamos y charlamos, y reímos y comimos muy rico. Recuerdo tener la mano agarrada con el en la mesa toda la cena, y contándonos lo felices que éramos juntos. Cuando pienso en esa noche una nostalgia corre por mi cuerpo. Siempre todas risas con él. Me contaba de sus estudios en la facultad, y de sus entrenamientos de Hockey, y que cada día estaba jugando mejor. De sus ganas de irse a jugar a otros países como sueños deportivos. El se destacaba mucho, no era porque yo lo quería, era porque simplemente jugaba muy bien. Siempre metía sus goles, y me los dedicaba. Era una de esas noches en las cuales la brisa del verano acompañaba la cena, una linda música de fondo y charlas y charlas. Cierro los ojos y me imagino ahí mismo. Para mí en es momento ir a cenar con mi novio afuera era todo un acontecimiento, y muy feliz de poder compartir esa cita. Esa fue casi la última vez que nos vimos, yo no sabía en ese momento claro. Aun así, ese primer mes con él lo recuerdo muy melancólica.

EL ADIÓS  por Andrea Kiperman

Luego de ese primer mes de todo sonrisas y alegría, viene este momento del adiós. Aún no sé por qué las cosas tan lindas en algún momento se terminan, aunque contenta por haberlas vivido. Me llama por teléfono, y ahí me dice la frase no tan linda que cuando a alguien se la dice sabe que hay un problema: tenemos que hablar. Le dije que si, que no había problema que me busqué para poder charlar. Fue un momento triste, me dice que tenía que dedicarle mucho tiempo a sus entrenamientos y a la facultad, y que como nosotros nos veíamos bastante y él no quería estar tan ausente que prefería que nos tomamos un tiempo para estar cada uno en sus cosas, que estaba muy triste por tomar esa decisión, pero tenía que concentrarse en esas dos cosas, aunque sea en ese momento. Lloramos los dos, nos abrazamos, y bajé del auto. Pasaban los días y no tenía noticias de él. Pensaba que quizá luego de algunos meses me iba a llamar, o lo iba a ver casualmente en la pista. Pero no. Pasaban los días, y no lo vi más.

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