EL MAR…ARTÍCULOS, TEXTOS ETC

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AL SERVICIO DE LA PAZ Y LA CULTURA HISPANO LUSA

 

COLABORAN: Leonor Ase de D´Aloisio ( Argentina ).-.Lily Baylon Iglesias (España).- Lidia Dellacasa (Argentina).-Eunate Goikoetxea (España).-José Luis Insausti Urigoitia.( País Vasco.).-Diana Silvia Ismael (Argentina).-Jorge B Lobo Aragón (Argentina).-Elsa Lorences de Llaneza (Argentina).-Manuel Llaneza Blanco (Argentina). Amanda Patarca (Argentina).- Gustavo Páez (Colombia).-Carlos Pérez de Villarreal (Argentina).-María Sánchez Fernández (España).Gladys Semillan Villanueva (Argentina) .-César J. Tamborini Duca (León- España).- Graciela Elda Vespa (Argentina ).-Dorothy Villalobos (New Jersey USA)

LOS OCÉANOS    
Leonor Ase de D´Aloisio   
Pergamino  –  Bs. As. –  Argentina 

El papel que tienen los océanos  es vital para la existencia de la vida en la tierra  creo que es el momento oportuno para tratar de dar a conocer a los lectores de Aristos Internacional  algunos conceptos  desconocidos para muchos, (por cierto que me incluyo) sobre la importancia y el valor de los mares y océanos en el mundo, razón por la cual es urgente y necesario conocer y aprender a cuidar este germen, de vida.

Son fuente clave de nutrientes, medicamentos, minerales y energía renovable

Los océanos cubren casi el 75%  de la superficie de la tierra y proporcionan el 50% del  oxigeno que consume el planeta. Contienen las nueve décimas partes de los recursos de agua.   El  80%  de los seres vivos del planeta se encuentran en los océanos.  Son un recurso económico vital que proporciona el medio de vida de millones de personas en todo el mundo.  Aproximadamente el 90% del comercio internacional se transporta por mar.  Cada año se capturan en todo el mundo 90 mil toneladas de productos pesqueros con un valor aproximado a los  50.000 millones de dólares. El sector pesquero y la acuicultura por si sólo dan trabajo a 36 millones  de personas.  Más  del  29% de la producción mundial de petróleo  proviene de los océanos.   Muchos países como por ejemplo México,  ha,  decretado 177  Áreas Naturales Protegidas (ANP) de las cuales 68 se encuentras en ecosistemas,   marino  y litorales, con una superficie de 48mil 559 Km cuadrados que equivale al 18% de los mares territoriales. 

También albergan los océanos  una rica, frágil y poco conocida biodiversidad  de servicios eco  sistémico,   como la producción de la mitad del oxígeno de la atmósfera de la tierra que absorbe el 30% o más  de las emisiones de bióxido de carbono (CO2) y desempeña un papel crucial en la regulación del clima.

Recopilado de  https://www.ecoticias.com/eco-america/124992/#.YHibh3t-a6A.

En mi modesta opinión sin señalar a nadie con el dedo creo que estos datos, estos valores,  de los océanos y mares de la tierra se tendrían que haber incluido desde el principio de los tiempos en la educación desde los años iníciales, dando continuidad en los sucesivos de la formación del individuo.

Respeto la formación de las personas de los pueblos  originarios, ellos son los únicos que tienen y conservan estos conocimientos y los ponen en práctica.

Por otra  parte me atrevo a opinar que gran parte del motivo de la presencia de esta pandemia en el mundo entero se debe al mal trato que los hombres le damos a la madre tierra al agua y a la atmósfera.

EL SECRETO DEL MAR
Lily Baylon Iglesias
España

El mar es un sublime secreto que muchos desearían saber, pero la mayoría de nosotros nos conformamos con imaginar cual será lo más profundo de sus misterios.

Sus orillas son los testigos de innumerables sucesos, de felices inspiraciones, de amargas revelaciones o de terribles descubrimientos, por que él, te devuelve todo tipo de seres, con vida o sin ella. Descubramos su mágica fascinación en el sonido de sus olas, su cantar, su nacer y su morir, es que lo es todo.

De cualquier manera no podemos describir la sensación más placentera al verlo por primera vez y a quienes conquista como a mi, ya no podría estar sin él.

Nos dicen que es la fuente de vida, el nacimiento de todo, para los seres humanos no hay mejor opción de revelaciones, inspiraciones y pensamientos buenos, malos, de decisiones que el océano, te puede hacer sentir, bravo o en calma. Nos alienta, nos hace a lo que deseamos, nos hace sentir que existimos. Sin duda alguna.

Entonces creo yo, que el mar ya forma parte de todos nosotros.

¿Quién no hablo alguna vez del mar? ¿Quién no lloro o no se rio? ¿Quién no beso frente a él?. Las sensaciones son distintas pero siempre motivadoras del saber, entender la complejidad y grandiosidad de mi querido mar.

Si eres amante del mar, como yo, seguro que disfrutas la sensación de cuando te estas acercando a el, porque tan solo sentir el acelerado palpitar de mi corazón cuando mis ojos divisan el mar y mis pies descalzos hundidos en la arena se aproximan a sus húmedas orillas. Perdidos en pensamientos sin pensar y sintiéndome feliz sin saber el porque, ni dónde, ni cómo, solo puedo despertar. Despierta para darme cuenta que estoy en mi tan deseado y amado mar. Mi secreto, mi debilidad, yo misma eres tú, mar.

QUIERO DECIR DEL MAR…
Lidia Dellacasa de Bosco
(Argentina)

  El tema propuesto convoca recuerdos de vivencias y lecturas entrañables…
“El mar como un vasto cristal azogado
 refleja la lámina de un cielo de zinc”, describe Rubén Darío.
“Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar”, afirma Machado.
“Eres polvo, eres mar, eres olvido,
 eres también aquello que has perdido”, asevera Borges.

 

    Vuelve a mi memoria Hemingway, con sus páginas de “El viejo y el mar”, y en la lejanía del tiempo aparece Ulises, enfrentando a las míticas sirenas en medio de un mar proceloso, de olas bravías.

   Ahora los recuerdos me dejan en Isla Negra, muy cerca de la casa de Neruda. Las aguas turbulentas se estrellan contra los riscos que parecen esperar día y noche su asalto interminable.

   Indudablemente, el mar es belleza desde el principio de los tiempos, cuando el Supremo Hacedor creó el mundo para entregarlo al ser humano. No sólo vive en la plenitud de las letras sino también en la pintura que desde épocas muy lejanas lo ha retratado a través de artistas como Dalí, con su “Muchacha en la ventana”, observando el gris de la superficie marina. O “Impresión, sol naciente”, en el que Monet hace vívido  el despuntar de un día de sol y niebla en el mar.

   Convertido en musa inspiradora del poeta y el pintor, plasmado en paisajes hechos de luces, reflejos e impresiones, el mar se convierte así en fuente inagotable para la vida del espíritu.

   Pero su condición de líquido elemento también lo constituye en dador de vida para el desarrollo material, físico y económico de la humanidad. Al ocupar una parte considerable de la superficie del planeta, proporciona trabajo y alimento a millones de personas. Se trata de un “país inestable”, como lo han denominado por el movimiento perpetuo de sus aguas. Los estudiosos del tema afirman que los mares y océanos con sus vastos recursos superan a Rusia, el país más grande del mundo; a EE.UU., la economía más poderosa del planeta; a China y a Brasil, este último el mayor de Latinoamérica.

   Sin embargo, pocas veces se difunden masivamente los beneficios económicos de los océanos, que abarcan un 70% de la superficie de la Tierra. Tampoco suelen destacarse sus virtudes para la salud física y mental.

   Actividades directa o indirectamente relacionadas con el mar: la pesca, el turismo marítimo, la biotecnología marina, por citar sólo algunas, inciden en la prevención de enfermedades, en el sistema inmunológico y el descubrimiento de nuevas medicinas anticancerígenas, antibacterianas, antivíricas… En esas superficies de inmensidad que impresiona los sentidos e impregna la memoria de imágenes inolvidables existen proteínas, ácidos grasos Omega-3, minerales y el enorme potencial bioactivo de algunas especies marinas.

   Los mares y océanos bien pueden ser considerados el “corazón” de nuestro  mundo, en tanto alimentan a millones de personas, regulan el clima y producen aproximadamente la mitad del oxígeno que es vital para la supervivencia de los seres humanos y todas las especies que habitan la Tierra.

   António Guterres, Secretario General de la ONU, expresa en esta frase  la preocupación de los científicos por el accionar del hombre hacia ese “corazón” del planeta:

   “El futuro de nuestros océanos se ve amenazado por el cambio climático, la acidificación, la contaminación, las prácticas pesqueras insostenibles y destructivas, y la falta de capacidad para hacer frente a estas amenazas”

   Sólo el 3 % de la superficie de mares y océanos es protegida por los seres humanos. En los últimos años, el deterioro de los océanos se ha incrementado notablemente debido al impacto de actividades que ponen en riesgo la vida útil de esas enormes masas líquidas. Como suele ser frecuente, el uso indiscriminado de los recursos naturales enfrenta al hombre con la pregunta acerca de cuánto valora y cómo utiliza uno de los dones que ha recibido desde la Creación.

   El poeta Antonio Machado parece anticipar el destino de mares y océanos en la melancolía de sus versos:  

“El triste mar arrulla

 una ilusión amarga con sus olas grises…”

   Definitivamente, el mar es fuente de vida en su sentido más amplio: para el espíritu, desde lo estético y artístico; para la recreación y la salud mental, con su potencial turístico; para el sustento material y la salud física, entre tantos otros beneficios que generosamente prodiga.

   De nosotros, los seres humanos, depende apreciar y proteger estos dones que desde el principio de los tiempos el Creador nos ha otorgado.  

EL MAR Y YO
Eunate Goikoetxea
Alicante.España

Mi querido mar hoy estás inquieto. Te invade el enfado  y te consume la rabia. Mis pies anhelan sentirte pero tus olas embravecidas vienen hacia mí con tal fuerza que debo huir y conformarme con la humedad de la arena.

Desahogas tu furia con los riscos, como si ellos fuesen los culpables de tu  enfado. Tal vez lo son. Quizás hayan albergado en sus brazos alguna sirena que ha perdido su norte, eso debe ser. Sé cuan celoso eres; te aferras a todo lo que, según tú, sólo puede existir a tu lado.

¿Como será ella?. Sé que no permites que ojo alguno conozca una de tus amantes. Cuan afortunadas son ellas, las musas que inspiran tu canto. Las imagino como reinas en su palacio azul, danzando al compás de tu ritmo y fraguando sueños marinos. Cómo no amar la paz que posee la profundidad de tus aguas, ese silencio que emana de tu vientre. Quien te viera en este instante no desearía ser parte de ti, mas yo sé que esa turbulencia es sólo un disfraz, una forma de cuidarte del mundo exterior, de proteger a tus sirenas y todo el esplendor que encierras. A mi no puedes engañarme.

¿Qué te han hecho? ¿De qué forma te han herido? El vaivén de tus olas gritan ansiosas y en su desespero parecen querer escapar, buscando refugio en la arena, sin saber que en ella sólo encontrarán su final.

¿Acaso es eso? ¿Será que ellas quieren partir, fenecer en la tibia morada de la playa, de la arena caliente por el sol? ¿Será esa tu furia? ¿Será que no quieres compartirlas con la tierra?.

Sí, tu amor hacia ellas te ha hecho enloquecer y tratas de detenerlas, de traerlas de vuelta, olvidando la imposibilidad de detener el tiempo y el destino, pues todo debe seguir su curso, y aunque te quedes con algunas, al final, muchas habrán partido.

Comprendo tu furia, o más bien tu tristeza.

Crees que al afligirte eres débil, y niegas a aceptar que tu majestuosidad pueda caer en debilidad, sin percibir que el enojo y el resentimiento hace más honda la pena. Sé cuanto duele perder aquello que se ama pues siempre se termina perdiendo parte de uno mismo. Así como en cada ola se va un amor, un amigo, se va también parte de su esencia y esa parte de ti que se va, deja de pertenecerte para entonces fundirse con la tierra.

Ahora debes compartirla, será tuyo su pasado más su futuro será del sol, de las huellas plasmadas por un instante en la arena, de los caracoles que habitan la ribera, así como las algas que estarán a su encuentro con su nueva vida; pero esto no debe ser motivo de tristeza, aunque se extravíen algunas olas y se escapen sirenas, no dejas de ser hermoso.

Mírate ahora. Hasta el sol quiere se parte de ti. ¿Acaso no ves como se acuesta despacio, como lentamente se esconde en tu regazo ofreciéndote a cambio de un festín de colores, queriendo compensar tu abrazo con nubes púrpuras y arcos luminosos que se reflejan sobre tu faz? ¿Acaso crees que las gaviotas vienen aquí por la arena o el poniente?.

No, ellos vienen a contemplarte.

Ellas también quieren ser tuyas, mas no cuentan con la dicha de los delfines o los corales. Se conforman con extender sus alas sobre tu cuerpo, contemplar en silencio tu grandeza y poseerte tan sólo con sus ojos.

¿Por qué crees que Alfonsina se fue tras de ti? Ella, al igual que yo, estaba cansada de esta absurda realidad que desconoce de quietud y sosiego; realidad que aspira a parecerse a ti, y que tú, a pesar de rodearla, detestas.

Por eso te enfureces cuando intentan quitarte lo que es tuyo, cuando violentan tu lecho. Ellos no te ven como ella pudo verte, de la misma manera en que hoy te veneran mis ojos.

Déjame ser una de tus amantes, olvida aquella sirena, aquellas olas y tómame. Déjame ser parte de tu historia, calma mis besos con tu furia y dame la paz que me niega esta tierra.

.EL MAR Y EL SER HUMANO
José Luis Insausti Urigoitia.
Errenteria- País Vasco.

Desde los primeros recuerdos del ser humano, el agua de mar siempre ha estado presente en nuestras vidas de una forma o de otra

Sus beneficios son bien conocidos por los pueblos nativos que viven en sus orillas, no sólo nos ha servido para recoger sus frutos
marinos y alimentar a la humanidad, el mar ha sido y es un sendero para el ser humano y pienso que de la mar procedemos todos.

El mar, sin duda alguna, es una fuente de inspiración, como siempre lo es la Naturaleza. Origen de la vida, contiene todos los elementos necesarios para entender la vida. Las olas, su profundidad, su inmensidad, la fuerza de su dinámica desatada, los misterios escondidos en sus profundidades, su color, su fluidez, sus cambios etc.

El mar es Universal por definición, posiblemente el lugar del planeta en el que las fronteras menos sentido debieran tener, el mar tiene un gran poder hipnótico podría pasarme horas enteras mirando su superficie cambiante, su nítido horizonte y escuchando sus eternas olas. Además de relajar, te lleva a imaginar la inmensidad de su bulliciosa vida, sus cordilleras, toda la riqueza marina, su  fauna como de su flora, nos abre un mundo de posibilidades y raro es el día que no aparece científicamente una nueva especie  marina, una planta acuática que posee propiedades saludables o un ecosistema nuevo.

Quiero acabar diciendo, que tenemos una gran oportunidad de aprovechar las soluciones que nos ofrecen los océanos para mejorar nuestro nivel de vida presente pero sobre todo el futuro. La industria naval, la pesca, las energías renovables en el medio marino, las  biotecnologías marinas y, por supuesto, la investigación y el desarrollo en cada uno de estos campos, combinando la innovación verde  ( respetuosa con el ecosistema ) para garantizar la sostenibilidad y preservar la riqueza marina, asegurando la provisión de servicios a 
las generaciones presentes y futuras.

LOS OCÉANOS, PULMONES DEL PLANETA
Diana Silvia Ismael.
Argentina

Generalmente creemos que los bosques son los principales productores de oxígeno, pero no es asÍ, los verdaderos pulmones de nuestro planeta, son los cinco océanos, los cincuenta y siete mares, ríos y lagos.
Los océanos, que cubren más de las dos terceras partes de la superficie de nuestro " Planeta Azul", acogen una gran biodiversidad de especies, además de proporcionar energía, minerales, alimentos, suministran la mayoría del agua que se evapora, para formar el ciclo del agua.
En el agua existen microorganismos autógrafos, responsables de que podamos respirar denominados " fitoplancton"; que generan 27.000 millones de toneladas de oxígeno al año y " entierran "a su vez 10 giga toneladas de carbono de la atmósfera en las profundidades del océano, anualmente. El fitoplancton produce entre el 50 % y el 85 % de oxígeno que se libera cada año a la atmósfera. Sin ellos la vida en la Tierra simplemente no existiría.
Los océanos están gravemente amenazados debido a la contaminación de sus aguas : procesos de acidificación, aumento de temperatura, sobresaturación acústica, residuos plásticos ,etc. Una de las soluciones para el problema que afecta a los océanos, sería
aumentar la " red de santuarios marinos ", los cuales protegen: zonas de reproducción, desarrollo de especies, varios ecosistemas y de las especies que habitan ellas, y así evitar que se perjudique la biodiversidad.
Convertir el 30 % de los océanos en " santuarios marinos" , salvaría toda la vida marina .
Otra fuente de oxígeno muy importante, son los " árboles de sal ", los manglares, zona intermareal, eslabones entre el mar y la tierra. También funcionan como pulmones del planeta, siendo unos de los ecosistemas más productivos del mundo . Pueden almacenar hasta tres veces más carbono que un bosque terrestre., controlan la temperatura ambiental, mejoran la calidad del
agua (agua salobre ), son hábitat de gran biodiversidad de especies, forman barreras contra tsunamis, ciclones ,etc.
Debemos proteger los ecosistemas tan dañados por la mano del hombre.

 “EL MAR Y EL ÚLTIMO SOLITARIO
Dr Jorge B, Lobo Aragón
Tucuman -Argentina

Lejos de mis ensueños y letargos que me inspiraron a volar y la imaginación encendida por el deseo de escribir. Sin más compañía que el silencio y el rasguñar de un papel en blanco, mi corazón empieza a hablar. Me invade la soledad. Esa nostalgia y añoranza con nombre de mujer, de virgen, de copla, de tristeza me acompaña. Sonido solemne que convoca a dolores y angustias sufridas en el desamparo. En esa la lejanía de los consuelos que brindan los corazones, me pierdo en la madrugada. La pluma y el papel son mis únicos testigos. Camina  el alba con el peso de mi alma. El senderito de mi  inspiración se hace confuso y el ensueño aflora con sentido. Lasoledad se agiganta entre las abismales grietas del inmenso océano que en alucinación diviso. Como  una gota de agua o una mariposa blanca sobre  el manto de seda azul, una sombra fantasmal  aflora del mar refulgente. Undesconocido sin forma ni color emerge de las espesas espumas encrespadas. Trozos de ánforas, estrellas de mar, rocas, montañas y pinos de Galicia se agitan a su alrededor. Es Manfred el último eremita. La mitología gallega se estremece ante su nombre como un árbol cósmico entre el mar, la tierra y el cielo. En las tierras del apóstol un sueño profético se hace realidad. Entre los acantilados e islotes se observan figuras encorvadas buscando al  marisco apetecido. Desde lo alto, se divisa la frágil figura fantasmal que chapotea entre las peñas donde rompe el oleaje y se sumerge como un niño entretenido en las heladas aguas de la costa de la muerte. La imagen se muestra indiferente, como un extraño embriagado de mar, viento y horizonte que dibuja con sus manos esculturas de piedras uniformes. Entre el silbido del viento y los colores de la marea, e l hombre alza su mirada. Su  rostro de mar y piel era ajeno a esta dimensión en donde los sentidos cobran vida.  Es “Man” el último  anacoreta. El que a modo de Diógenes, el excéntrico filósofo griego que viviendo en su barril, con su manto, zurrón y báculo desafío al mundo con su libertad sin límites. Manfred de Camelles el rebelde con causa, que se despojó de todo y abandonó el mundo para encontrarse con el planeta. Su barba y cabellera enmarañada, se confunden entre las fuerzas salvajes de las olas y la maleable roca marina. El loco gallego  vestido con su eterno taparrabos recorre la costa entre el oleaje marino en busca de los restos que el mar traía. Las  vértebras de cetáceos, las astillas de barcos y  maderos de otros hemisferios, eran su tesoro. Las piedras y agua eran su hogar y su obra de arte.  Una  maraña de  colores, formas y  restos fueron tomando forma. El mar se había convertido en su compañera,  su nido y su paraíso. Él atlántico del norte lo había atrapado para siempre. El lodazal de petróleo derramado sobre su paraíso fue su destino cruel. El mal genio de un mar embravecido, y el pantano negro del petróleo extendido nunca pudieron desmembrar los colores de su arco iris. Vivió siempre en libertad, braceó contra corriente y  alcanzo la felicidad absoluta. El  mundo  fue su casa y el árbol, las piedras y el mar su choza. El último ermitaño será  siempre una roca inmóvil contra la cual se rompen en vano todas las olas. Tímido y solitario, envuelto de viento, sol, mar y rocas alcanzó su felicidad eterna. 

EL MAR FUENTE DE VIDA
VIVENCIAS
Elsa Lorences de Llaneza
Argentina

   El mar. Bravío o sereno, azul a veces, otras de aguas verdes. Maravillosa belleza que atrae la mirada. 

   Para mí, el mar, era una posibilidad de vacaciones cuando mis hijos eran chicos. El correr por la playa y hacerle frente a las olas, era el mayor divertimento de los niños. En cambio a mí, lo que más apreciaba, era ver salir el sol detrás de la aguas en la mañana y luego por la noche ver salir la luna. ¡Dios! ¡Qué espectáculos embelesadores! Solo por esto valía la pena haber viajado tantos kilómetros.

    Eso era todo lo que sabía del mar. Nunca había oído hablar que sus aguas tuvieran propiedades curativas.

   Si sabía de sus propiedades de alimentación, dado que lo que más me divertía era juntar almejas o ensayar la pesca y luego entretenerme haciendo ricas y saludables comidas, muy aconsejadas por los médico dado que, ellos comentan que el pescado y derivados es el alimento más sano para el ser humano. Pero aquí se terminaba mi sapiencia.

   Jamás pensé que el agua de mar era una fuente de vida. Pude averiguar que en el año 1902 un sabio francés René Quintón, olvidado en nuestro tiempo, salvó la vida de miles de niños, cuando el cólera se extendía en Egipto, solo inyectándoles agua de mar. Este sabio descubrió que el agua de mar, servía para limpiar nuestro organismo y curar enfermedades al dejar nuestro cuerpo alcalino.

   La verdad que me asombra los maravillosos poderes del mar sobre nuestra vida. Una lástima que recién me entere cuando ya no estoy para poder viajar, llegar al mar y probar sus aguas.

   Claro que, en estos momentos, en que no estamos cuidando el medio ambiente y tiramos en el mar todo tipo de basura, no sea el momento, ni las condiciones de tomar sus aguas.

   El ser humano está desaprensivo con el planeta. No se da cuenta de la cantidad de peces que están muriendo, que los glaciares se están derritiendo. Que casi todas las especies de animales están desapareciendo unas más que otras y que cuesta un montón conservarlas.

Sin hablar de la vegetación con la quema de su flora y de sus árboles, haciendo desaparecer con esto una fuente extraordinaria de oxígeno tan necesaria para los seres humanos. Pero creo que esto ya sería para otro capítulo.

EL MAR FUENTE DE VIDA
Manuel Llaneza Blanco
Argentina

Vivimos en un cuerpo celeste donde predomina el agua líquida, es nuestro hogar y está cubierto por ella en un 70 %:
¿Dónde se inició la existencia?
Muchos años de estudios y análisis, han llevado a la ciencia a concluir con alto grado de certeza, que tuvo su origen en el medio marino.
Tal es la importancia para los humanos en la investigación permanente para respondernos la gran pregunta:

¿Estamos solos en el universo?
La búsqueda de la respuesta, tiene como factor condicionante, la presencia de este líquido. Sin él y sus propiedades no es posible la supervivencia.

¿Los mares son fuente de vida?

Indudablemente sí. Este maravilloso mundo azul en el que habitamos, nos provee desde inmensos recursos. Los hombres primitivos ya los usaban para el consumo, y hemos continuado utilizándolos a través de los siglos.
La abundancia de los mismos, resulta imprescindible para nuestra existencia. En ellos habitan miles de especies de animales, peces y plantas que han servido a la humanidad en su subsistencia.
Con su enorme extensión, no es fuente tan solo de alimentos. Contiene un alto número de otras riquezas, incluida una: La sal común, tan necesaria para el ser humano y que se extrae de esa masa acuática.
Podemos decir que dependemos de este elemento, a tal punto que somos un 60 % agua, y órganos como el cerebro, los pulmones y también la sangre, por mencionar algunos, contienen un alto porcentaje de esta tornándose imposible vivir sin ella.
El océano ha sido y es el caldo de cultivo en el que se inicia y desarrolla, permitiéndonos además disponer de un inmenso almacén provisto de alimentos, minerales, vegetales y posibilidades energéticas.
Los océanos son la parte de nuestro planeta menos explorada, y de la que conocemos solamente un pequeño porcentaje de sus ricas, amplias y extraordinarias posibilidades.
Seguramente han de tener aun muchos secretos que descubrir, aportando aún más riqueza a la existencia del hombre.
Debemos imperiosamente preservarlos de toda contaminación, que afecte esa gigantesca despensa de energía vital.
Cuidemos nuestros mares, cuidemos nuestro futuro.

EL ARRIBO SUBREPTICIO DEL MAL Y LA TECNOLOGÍA DE AVANZADA       (Ensayo)
Dra Amanda Patarca
Arrecife-Argentina

El mar integra La Tierra en una gran proporción. Y es, justamente, por esa causa que no resultó ajeno, en toda su dimensión, a los padecimientos sufridos por el planeta Tierra, completo. El mar sufre y sigue sufriendo, hoy más que nunca, los efectos de la dominación, por parte del hombre, de su benéfica ley cósmica, aunque la misma incluya efectos desconocidos, en su total e interrelacionada magnitud, muchos de ellos misteriosos, hasta para los científico. Y todo eso fue ocurriendo a partir del avance de la tecnología. Pero aquí diremos, para completar este texto, que a pesar de la pesca clandestina en gran escala, aún en épocas de veda motivada; el volcado de basura desde los barcos, que da por resultado la acumulación de botellas plásticas (y de vidrio) hasta la formación de islas flotantes habitables, soportadoras, actualmente, de fauna y flora; del derrame de petroleo de magnitud potencial, según su causa y muchísimas más; todas maldades obviables, de haber actuado el ser humano con un poco más de conciencia enfocada en su responsabiliudad (la que debía haberlo llevado al cuidado de todo el ecosistema), hoy sabemos, que también existen empresas que trabajan para que esto, en el futuro, se revierta. Lo están proponiendo y concretando, utilizando los instrumentos tecnológicos necesarios para solucionar neutralizando, desgraciadamente luego de ocurridos, todos estos hechos bochornosos, producidos por el hombre en perjuicio de los mares. La muerte de especies animales y vegetales, debido a ese flagelo, fue y sigue siendo irremediable. ¿Ha llegado, entonces, la hora de ponerse en marcha para actuar correctamente?

La tecnología, sin normas limitantes, concretó, en general, debido a la imprudencia humana,una gestión que está llegando, a estas horas, a constituirse en preocupante.Todos los derechos promulgados en el mundo: a) Terrenales (involucrando bosques, llanuras, montañas, glaciares volcanes… y minas), b) Espaciales (el aeronáutico referido al espacio aéreo y exterior), y c)  Relativos a la navegación y uso ordenado de los mares ríos y arroyos, no han mostrado la eficacia deseada. Sin embargo los ojos de todos los enterados, como ahora lo estamos, de lo que ocurre en la propfundidad del mar; de la mayoría de los mares terráqueos, como así también su especial preocupación por el accionar de sus técnicos especializados y de meritoria jerarquía mayor, están puestos en el cuidado de LA NUBE. Ya que todo lo elevado a ella, por los habitantes del Planeta Tierra utilizadores de los servicios de Internet, se encuentra resguardado, justamente en su fondo. Dentro de los cables submarinos (enrrollados muchos) del grosor de un lobo marino y longitud interminable, a profundidad considerada insondable. La noticia, para el ser humano común, no es ni buena ni mala, sólo esperanzadora. Y eso, solamente en la medida en que nos ocupáramos de bregar por el buen funcionamiento del mecanismo, por parte de los técnicos conocedores extraordinarios de su manejo. Exigiéndoles mantenimiento sistemático y periódico, para que esa esperanza se convierta en realidad. De esa manera apartaríamos, de nuestra preocupación a esa magnitud escalofriante llamada Tiempo. (La que, según la Mitolgía Griega explicativa, se come a sus propios hijos). Eso así, para que, al ubicarlo, de manera simbólica, poniéndolo de lado, deje de expresarse, como normalmente lo viene haciendo, destruyéndolo todo.

Estamos en cuarentena, una dimensión tiempo/espacio imposible de definir, en razón de que arribamos a ella de manera intempestiva. Nadie imaginó su llegada y menos nuestra entrada confluente a ella. Desde la incógnita mundial generada, nos llegan los ecos de las voces de los que imaginándose defensores de la Tierra, hablan por ella. Escuchamos sermones interminables endilgando responsabilidades humanas imperdonables, atribuidas y con razón, al manejo inapropiado, por lo exagerado, del ecosistema. Efectuado por medio del accionar, -imposible de controlar por la mayoría de los habitantes; los seres comunes del mundo- de todo lo concerniente a la industria, cuya globalización  llevó, a ciertos sectores productivos, a la comercialización a escala planetaria /cósmica.  Y aquí, sí, decimos cósmica porque no debemos olvidar la existencia de las innumerables plataformas y satélites custodios de la seguridad y flotas espaciales ad-oc, que ejercen el control con todos los sistemas de comunicación e información  disponibles puestos en práctica y cuyos resultados: aparatos reales, concretados como mecanismos transformados en objetos valiosísimos, desde el punto de vista utilitario, son ya materia de acuerdos políticos de uso y ultra secretos, por lo riesgos, en razón del intrínseco contenido ideológico, atribuido a especulaciones relacionadas con el ejercicio del Poder Global.

Todo lo referido no nos puede llevar a nosotros, los seres simples de este mundo, a retrotraernos a la edad media cuando, desde los libros de historia, nos mostraban las catástrofes generadas por las epidemias, cuyo efecto, los frailes de algunas de las congregaciones religiosas existentes en aquel entonces, trataban de mitigar mostrándose en actos de flagelación y elevando por las calles sus plegarias al Santísimo. Asumiendo así las culpas producidas por los pecados de la carne y de la mente, cometidos, (imaginarios y/o verídicos, para muchos) causales conjeturales del infortunio.

Los frailes eran pordioseros mendigantes a los cuales la limosna (virtud teologal aconsejada) los amparaba de sus necesidades más elementales, y por ese concreto accionar penitencial, fueron muy bien vistos.

Pero eso del mea culpa expresado por las poblaciones antiguas, no nos puede llegar a nosotros de la misma manera. No nos puede llevar  a todos a la misma idea de expresar, hoy, ante la pandemia, el mea culpa orbit et urbi  (global), porque, a la frase/consigna ¡la verdad sea dicha!  (dicha de decir, no de alegría) le responderemos mediante este texto: A los seres humanos comunes, simples, como acostumbramos a llamar a los no poderosos; a los que habitan en el llano, (me asumo como uno entre millones) fuimos llevados, todos, en un principio con la mayor delicadeza; haciéndonos deslizar por la pendiente placentera hasta descubrirnos representando el triste papel de “testigos de piedra”. Y eso que fue concretado con el uso de una manera por demás sutil, casi imperceptible resultó haber sido la fórmula utilizada para que el mundo, hoy globalizado se encontrara viviendo esta especial situación de vorágine social, política, comercial, económica y financiera, exasperantemente insostenible.

Todo, desde su inicio fue generando asombro, al que se sumó prontamente la alegría. Eso fue, cuando el descubrimiento se transformaba en uso generalizado para todos los habitantes a raíz de su sistematización en las grandes superficies urbanas poderosas, en razón de su fuerte economía,.

Los científicos realizaban las investigaciones y los descubrimientos, realizados por éstos o por algún observador minucioso signado por la suerte, eran utilizados por los inventores (mecánicos y/o ingenieros académicos o simplemente idóneos) para conseguir llegar, prontamente,  a los integrantes de las poblaciones, requirentes que habrían de considerarse beneficiarias.  Y ocurrió entonces que, todo ese conglomerado de personas trabajando en pos de una idea, prosiguió produciendo ese estado de felicidad, el cual, displicentemente y sin demasiados aplausos, el mundo entero fue aceptando. Me estoy refiriendo a los adelantos técnicos y de toda índole que el mundo usufructúa, desde ese aquel entonces: El telescopio, la imprenta, la máquina a vapor y su efecto, por sucesivas modificaciones posteriores: la navegación de nuestros mares y ríos; la aeronavegación; el radar; la radio; el automóvil; el telégrafo; el teléfono con sus adelantos adquiridos, sin pausa, desde las grandes guerras, hasta hoy; la tecnología inteligente para cubrir en abanico todas las actividades humanas, especialmente la sanitarista – laboratorista,  y la concerniente al resguardo de la seguridad pública.

Y es aquí, en este punto referido a los logros, esos mismos que significaron la apertura de puertas a la Zona de Confort, (a la alegría y a la felicidad) donde radica el gran meollo de la culpa. Culpa por dolo -su ingrediente mayúsculo- o falta de atención –negligencia- o simplemente displicencia utilitaria. Y a ella, a la culpa por dolo, es a la que queremos involucrar aquí, para que cada uno de los lectores pueda sacar, luego, su propia conclusión y así poder proceder a endilgársela a posibles causantes del desequilibrio imperante en el ecosistema, causa eficiente de todos los desequilibrios imperantes hoy.

Para ello, deberemos estudiar y analizar -dejando debida constancia- a aquellos que todos reconocemos como: los unos y como los otros.

Al grupo de “Los unos” lo integran los seres humanos comunes (llamados también simples) desconocedores, todos, de las consecuencias de la tecnología utilizada, por ellos,  por ser sólo usuarios de la misma; sin injerencia en el manejo de sus mecanismos. Y al de “los otros” lo integran  el grupo de los que sí deben cargar con alguno de estos tipos de culpa, indicados arriba y además con la responsabilidad inherente al hecho de haber introducido en su manejo, cien por cien utilitario, no sólo la intención reflexiva y razonada de hacerlo (dolo), sino también la intención de hacer uso voluntario de la omisión de atención, al agregar a su manejo lo que consideraron necesario  agregar, introduciendo entre otros estrenos, a eso que tácitamente constituye la sanción automática, entre otros recursos (relacionados con el dolo por omisión o displicencia).  Y ello,  por haber omitido precaver y precaverse, a su vez, de sus efectos. Efectos que consideraron aleatorios, efectos secundarios, neutralizables (a medida en que se fueran produciendo).

En este estado, ya podemos afirmar que es de público y notorio que desde el arribo de los adelantos, presentados de manera tranquila, casi subrepticia, a la consideración del mundo entero, las voces de la humanidad se alzaron para alabar su llegada y para ofrecer honras tributarias a sus descubridores y hasta a los propulsores (políticos) de su uso masivo. Pero respecto de este asunto, el de las nuevas tecnologías llegadas unas a continuación de otras, y a las cuales todos los habitantes de los pueblos del mundo consideraron como entregadas natural e inofensivamente, debemos indicar, subrayando, que estos mismos habitantes (los de todo el mundo) notaron que si bien ese saber trajo mayor bienestar, las guerras a partir del desarrollo de la mecánica fueron sumando crueldad y la destrucción conseguida llegó a su máxima expresión cuando sectores beligerantes consideraron la necesidad de incrementar hasta el límite su poder ofensivo para eliminar al adversario “endemoniado”, poniendo en marcha la búsqueda de esa arma mortal. Y eso sucedió hasta el momento en que uno de los bandos, descubriendo anticipadamente el secreto concerniente a la efectiva utilización de la liberación de la energía nuclear (liberación hoy potencialmente aumentada), decidió experimentar lo descubierto sobre suelo enemigo.

Los aliados (así se llamaron los vencedores) ganaron la última de las tantas guerras cruentas padecidas, pero con su culminación terminada del todo, quedó bien claro que el origen de las mismas tuvieron su iniciación en las guerras económicas generadas por la unión de ciertos capitales para crear las corporaciones que dieron lugar a múltiples y extraños  monopolios, a la proliferación de los investigadores  deseosos de hallazgos, de saber y de descubrimientos exclusivos, interesados, cada uno de ellos, en cobrar las regalías acumuladas en razón de la globalización del mercado y de la actividad organizada por la ciencia financiera, admirable herramienta puesta en marcha para beneficio de ese sector;  formado por seres humanos reflexivos estudiosos de los fenómenos sociológicos mundiales, como así también de todo conocimiento abrazado y comprendido por ellos y los eruditos académicos. Dentro de este ámbito se trabaja, aún actualmente, con rigor matemático; con rigor de exactitud, fenómeno del cual la ciencia social debe hacerse cargo, a partir de este crucial momento, llegado a los seres humanos a consecuencia del brote de esta pandemia, imposible, por el momento, de detener. 

 El capítulo quedó cerrado, de manera natural. Pero en función de la paz, que no dejó de ser requerida en ningún momento, prestando un poco de atención, nos hemos enterado, poco a poco, que los conflictos (multiplicados hasta el asombro) han llegada ya al ciudadano común; a todos nosotros. A nosotros que desde hace tiempo padecemos las consecuencias. Y es por esa razón, y por la imposibilidad de aguantar  la vorágine vandálica de obligaciones  instituidas, e instruidas legalmente desde la política, -dentro de la cual se halla inmerso el mundo entero-  que nos encontramos, aquí, con el deber de expresar lo poco que conseguimos entender, para lograr contrarrestar la injuria a nuestra dignidad manoseada. 

En este estado, entonces, reconocemos, como verdad,  que con el planeta Tierra dividido en Naciones, -administradas por gobiernos cuyos funcionarios ejercen la autoridad- los conflictos se resuelven de dos maneras: a) Por convenios internacionales, dejándose afuera a cuantos no tomen parte de alguno de esos poderes decisorios., o b) Por la fuerza. Pero esta última opción, a esta altura de los tiempos ha llegado a considerarse terriblemente peligrosa. Y ni hablar de la que prontamente afrontaremos con la tecnología inteligente, transformada  en arma destructiva de alcances impredecibles para el ser humano común, el llamado simple, utilizador pasivo de la ya imprescindible por lo altamente necesaria, tecnología de la comunicación. 

Que un virus, en una época tan colapsada como la nuestra (en todo el orbe); colapsada porque los ciudadanos de todas partes carecen ya de tiempo para lo que alguna vez conceptualizamos naturalmente como vivir,  nos obligue a quedarnos quietos, en un ahora absoluto, pero sin muerte (salvo los que habrán de quedar como damnificados como consecuencia de su proliferación), nada más que porque este ahora se ha transformado en virtual, ya que seguimos vivos pero detenidos (en todo el sentido que la palabra exprese o pueda desplegar) es algo muy alarmante. E incomprensible, debido a la ansiedad y a la angustia que genera la situación planteada, nada más que porque el ser común vive enérgicamente aferrado a los avatares de la economía y su salud nutricional. En este entrecruzamiento de intereses debe establecerse por pronunciamiento ecuánime, lógico y razonado, cómo ha de desarrollarse este fenómeno, para indicar la responsabilidad, llegándose hasta los inicios, buscando sus causas y sus posibles soluciones.  Las que, a pesar de los niveles técnicos alcanzados por ciertos países, no se han mostrado todavía. ¿El utilitarismo malsano, los esconde).

 Y como estando como estamos todos: quietos, acomodados (aunque algunos, sin comodidad) en peceras opacas, con escasez de agua, para aguantar la ahora llamada pandemia, que, por otra parte no sabemos, por qué, ninguno de los administradores nos adelantó cuánto tiempo va a durar (porque un virus es un virus y es ingobernable, el de esta especie) es que sólo nos resta acatar lo que nos dice y nos diga en el futuro, la autoridad gubernamental, y su equipo de idóneos y académicos, instituidos. Autoridad que pudiera estar, ya a esta altura,  no sólo equivocada, por mala información, sino también por encontrarse en una situación comprometida. Obligada, acaso, a manifestar, al pueblo, actitudes peligrosas -para su idiosincrasia- como si fueran propias y coincidentes con el criterio de su equipo, pero contrarias, tal vez, a su sano criterio.  ¿Atrapado en una encrucijada con directivas proveniente de una altura mayor o ubicada (dicha encrucijada) en un más alto nivel? Tan lastimosa podría resultar esa situación como la que atraviesan los pueblos inocentes de todas partes del mundo.

¿Que el mundo debía detener, en algún momento, (cuya oportunidad, usando, por ahora, la conjetura, jamás se daría) la vorágine de las economías financieras creadas por tecnócratas al servicio y a la medida de las necesidades de los mercados? ¿Los cuales fueron creándose al influjo de la recepción de capitales acumulados con ganancias de ciertas corporaciones multinacionales monopólicas? ¿Surgidas, estas, en razón de cada una de las necesidades humanas, cuyos frentes amplios, hasta la repulsión, habían creado una trama imposible de desenredar? Eso, era innegable. 

Esa trama, así descripta, nos estaba  asfixiando. Tanto, como el virus inmanejable, surgido hace ya un tiempo de la nada o de algo inimaginado. O desde las sombras de algún laboratorio ubicado en algún paraje occidental o del oriente exótico, tan misterioso como para que ni con los recursos usados por la inquisición medioeval, alguien pudiera dar con alguna de las verdades existentes; resabios de las verdades ortodoxas que habíamos usado para dilucidar misterios. ¿Y, entonces…?  Bueno: para qué hablar de los recursos que la tecnología, por el grado de envergadura alcanzado debería haber mantenido agazapados; preparados, listos, para ser usados a favor de la gente, cuando las circunstancias los requirieran. ¿Qué es lo que pasa? ¿No llegó la oportunidad, todavía? ¿O los efectos de la tecnología aún no llegaron al grado de conocimiento necesario como para mitigar este mal desconocido, pero analizable? Lo preguntamos porque sabemos que la gota que colmó el vaso, fue la llegada de un virus altamente contagioso; una cosa real, que siempre se manifiesta con portación de cuerpo.    

Y ocurrió, entonces, que comenzaron a escucharse no la voz sino los ecos en constante repetición de los que atribuyéndole a la Tierra una voz la reprodujeron por amplificadores altisonantes.

Comenzaron por decirnos, -endilgando a todos los seres humanos del mundo, sin discriminar, la responsabilidad de lo ocurrido- que ella, mediante esa voz, sólo trata de  enviarnos un mensaje. Y que ese mensaje (desesperanzador porque, en esencia, da por sentada la conjetural desaparición de la humanidad entera) nos está diciendo, con total claridad, su conclusión y, además, instruyéndonos: “Cuando regreses, recuerda que sos mi invitado no mi dueño”.

En este estado de las cosas y a esta altura de los acontecimientos podemos aventurarnos a decir, con cierta autoridad  y expresándonos con la amplia libertad que aún creemos tener, que a ese final de poesía, así redactado, efectivamente lo envió la Tierra. La que, tal vez, en el momento de hacerlo, nos observada, con profunda lástima, a través de los ojos de la luna llena del 7 de abril (20). Y lo construyó, intuimos,  sin haberse puesto a reparar, en ese instante, en las muchas maldades, de índole social, sanitaria, económica y  política que algún irresponsable, del poderoso grupo de los otros, generó. Las que fueron desparramándose luego por el mundo,  sin respetar ley alguna de justicia humana, ni control de ningún tipo. La Tierra envió su mensaje, probablemente, mientras se encontraba sumida en un instante de decaimiento y estupor; estando por demás triste y preocupada. Se sentía explotada; encadenada por las exigencias de los que olvidándose de sus bondades se apropiaron de ella, tratando de dominar sus leyes para violentarlas.

Con la frase final de ese relato que nos envió, conmoviéndonos a todos, ella se queja, desgarradamente: -¡No puedo más, continuar así! -Dice.

Y aunque en su texto no consta claro, sino encriptado, el sentido real de su mensaje, consideramos que se torna necesario, en este escrito, proceder a la extracción (traducción en medio), desentrañando su final de esta manera:

Ella, sabiendo como hoy certeramente sabe, (por experiencia y uso propio de la lógica razonada) que: “Todo pasa como siempre ocurrió para que el ser humano pueda contarlo”, terminó suavemente con un ruego: -Simplemente necesito que, de hoy en más, me cuides. Para que me disfrutes y percibas, como lo vienen haciendo mis poetas, las maravillas que por ti seguiré elaborando. 

                           

SU MAJESTAD EL MAR
Por Gustavo Páez Escobar
Colombia

Creen los científicos que los océanos tuvieron su origen hace unos 4.000 millones de años y formaron cuatro grandes regiones: los océanos Atlántico, Pacífico, Índico y Ártico, a los que tiempo después se sumó el Austral o Antártico. Este conjunto de océanos, constituido por agua salada, cubre más del 70 % de la superficie terrestre y suministra el 50 % del oxígeno del planeta. Y ha dado en llamarse mar, mar a secas, en forma genérica. Expresado en solo tres letras, el mar es tan colosal que la mente no puede entender ni su proporción, ni su edad ni su enigma. No se trata, por supuesto, de una criatura común, sino de un soberano todopoderoso. Puede asemejarse a Poseidón, el dios del mar en la mitología griega.  

Se le atribuyen poderes fantásticos, y también pavorosos, dependiendo del lado por donde se mire. El mar –nombre mágico– es el mayor estremecimiento y la mayor fascinación del mundo. Desde niño, al hombre se le enseña a verlo como una fantasía, como un encanto abismal. Los ojos del entendimiento no logran penetrar en su misterio. Es una deidad masculina, pero los poetas y los marinos se han dado la licencia de convertir la palabra en femenina –la mar–, para proclamar su embeleso y perplejidad frente a la magia de las olas.

Sin el mar no habría vida en la Tierra. Es el gran dispensador de nutrientes, energía renovable, minerales y medicamentos. Además, el paraíso de los peces, los mariscos, los calamares e infinidad de especies. El 80 % de los seres vivos del planeta habita en el mar. La gente que mora en los alrededores busca en sus aguas el alimento cotidiano.

El 90 % del comercio internacional se moviliza por mar. Al mismo tiempo, grandes contrabandos de mercancías y otros elementos ilícitos, como los alucinógenos, toman esta vía clandestina en la que unas veces caen en manos de las autoridades y otras se evaporan mediante el pago de sobornos o el poder de las armas. Riquezas mal habidas, fraudes, escapes de la justicia, en un horizonte marcado por la vastedad de las aguas y el embrujo de la naturaleza, transitan desafiantes por todos los mares del mundo.

El mar es fuente de vida y también campo propicio para el delito. Es un portento de la belleza y un escenario del crimen. Como el hombre viola de mil maneras este patrimonio de la humanidad, el mar se enfurece contra la perversidad del hombre. La contaminación marina es el gran reto de la hora. Se calcula que hay más de 5 billones de partículas de plástico, con un peso total de 250.000 toneladas, que flotan por el mar. Ese plástico es el que se arroja a cada momento en las calles o en las canecas y que las industrias fabrican sin medida ni respeto por el medio ambiente.

La respuesta del mar así agredido son las tormentas, los huracanes y los ciclones. En Colombia, el huracán Iota destruyó en 10 horas, en noviembre del 2020, la isla de Providencia. Era algo impensado. Un huracán nunca había producido semejante desastre ni había llegado con el ímpetu con que Iota lo hizo. En todos los confines del mundo suceden a diario catástrofes devastadoras causadas por la furia del mar. Sin embargo, los gobiernos, las empresas y los habitantes no toman conciencia de que es necesario, para la conservación del planeta y de la propia vida, adoptar medidas drásticas para salvarnos en medio de la insensatez universal.

ESE MAR…EQUILIBRANTE
Carlos Pérez de Villarreal
Escritor – Periodista
República Argentina

El llamado “planeta azul”, ha sido denominado de esta manera porque vista desde el espacio, la Tierra presenta ese color por la abundancia de los océanos. Todo ese volumen de agua compone una infinita variedad de recursos, casi en forma ilimitada: agua, hidrocarburos, energía, minerales y suministro de alimentos

Los océanos tienen una actuación fundamental para la vida en la tierra, proveyendo más del 70 % del oxígeno que respiramos y más del 97 % del suministro de agua del mundo, sin mencionar que es una verdadera fuente de comida.

El mar, favorece las condiciones que posibilitan las distintas formas de vida en el planeta, incluyendo ecosistemas marinos y terrestres. De los océanos se adquieren toneladas de alimento, sal y agua dulce cada año. Sin embargo, con el paso del tiempo los ambientes se han ido lesionando. Solo el 3,4 % de esa colosal masa de agua está protegida. Todos hemos visto inquietantes imágenes de islas de plástico y basura flotando en el océano; animales marinos de todo tipo, atrapados, asfixiándose y muriendo por sujeción de estos elementos.

Esa masa flotante de plástico, tiene un suceso fundamental en el cambio climático: las temperaturas oceánicas más cálidas están causando el derretimiento de los casquetes polares árticos, y el aumento de los niveles del mar está teniendo un efecto negativo adicional, en el movimiento de circulación de las corrientes de los océanos.

Sin embargo, esta contaminación no solo afecta la vida marina y su entorno. También lo hace con la salud humana. El turismo, el sobre desarrollo, la acuicultura, el transporte marítimo y los derrames de petróleo y gas, son causa de contaminación. Constantemente productos químicos tóxicos se vierten de fuentes industriales directamente a ríos y arroyos, que ciertamente finalizan en los océanos. Sustancias como petróleo, mercurio, plomo y otros metales denominados pesados, pueden ser encontradas como subproductos de actividades nocivos para el ambiente.

El océano libera más oxígeno a la atmósfera que los bosques combinados de todo el mundo gracias a la vegetación marina, a su vez desempeña un papel fundamental controlando el clima mundial, intercambiando calor y gases con la atmósfera a través de corrientes y de vientos en la superficie del mar.

Es una fuente vital de proteína animal para millones de personas en todo el orbe, ya que más del de 50% de la población mundial vive en las costas.

La exportación marítima constituye el 90% de las mercaderías internacionales que se negocian en todo el mundo, contando con millones de trabajos en pesca y acuicultura y muchos más en el empleo indirecto en actividades relacionadas con el mar, y por supuesto, tene una esencial importancia estratégica política y militar.

Sólo hay un Océano Mundial, que cubre el 72 % de la superficie de la Tierra y es fundamental para la humanidad. Todos los seres humanos dependen del mar, incluso si viven cerca o lejos de él. Desempeña un papel en el equilibrio social, económico y ambiental de todos los países del mundo.

Enseñemos, eduquemos, ilustremos, por todos los medios posibles, que el mar es… ¡FUENTE DE VIDA!

EL RAYO DE LUNA
María Sánchez Fernández
Übuda-Jaen

Un rayo de luna se escapó del cielo y atravesó las negras aguas del mar. Era como un cuchillo cortante que a su paso dejara una herida abierta de intensa luz plateada. Ahondó tanto y tanto que llegó a profundidades insospechadas por él. Allá, en aquel fondo, advirtió que todos los habitantes de las aguas dormían. Escudriñó curioso, y vio qué diferente era aquel mundo del suyo. Él conocía los  espacios abiertos en donde sus amigas, las estrellas, titilaban y, a veces, también se escapaban en vertiginosa carrera hacia el infinito. También conocía las exuberancias de la tierra pero… el misterio del mar; no.

Se movía de acá para allá despertando con su luz a miles de seres asustados que huían despavoridos de aquella extraña presencia. Vio un inmenso coral que movía unos brazos blanquecinos y rojos en los que había prendidos jirones de algas flotantes. Una enorme raya se detuvo, curiosa, a mirarlo para después seguir su camino.

El rayo de luna estaba fascinado, pero también un poco aturdido, él no quería despertar el pánico entre aquellos seres fantásticos, sólo quería conocerlos y ser amigo de todos. Con infinita delicadeza rozó la cola de un gran pez espada  que se hallaba dormido en una oquedad de la roca. Éste se despertó y, algo asustado, se dispuso a atacar, pero vio que ante él no había enemigo alguno sino algo sin cuerpo cuya presencia era muy agradable.

El pez espada preguntó:
— ¿Quien eres tú, que nunca te vi?
— Soy un rayo de luna.
–¿Y qué es un rayo de luna? No puedo tocarte pero a través de ti puedo ver cuanto hay cerca de mí.
Y el rayo de luna sonriendo con su luz más blanca dijo:
— Tengo miles de hermanos y somos hijos de un cuerpo del cielo al que llaman Luna. Esta noche quise escaparme en solitario y visitar tu mundo.
Entonces el pez espada respondió:
— Eres mi huésped, ven conmigo y te lo mostraré.
Y visitaron, a través de las aguas que iban iluminando a su paso, los más bellos parajes que nunca hubiera imaginado aquel visitante que venía del espacio. Montañas vestidas de algas que, en el silencio submarino, parecían ser los fantasmas de aquellas otras montañas alfombradas de pinos verdes y empapadas de rumores que llenaban la tierra y que él conocía tan bien. Estas montañas del mar acogían, en infinitas cuevas, a miles de peces que en ellas buscaban seguridad y refugio. Moluscos de todos los tamaños se adherían a las  rocas abriendo sus conchas rosadas y mostrando en su interior una masa blanduzca que se movía perezosamente acechando alguna presa, y cuando ésta se acercaba ¡zas!, se cerraba herméticamente para engullirla en su interior.

El pez espada seguía avanzando abriéndose paso entre las aguas con su gran trompa puntiaguda, y el rayo de luna le seguía fascinado envolviéndolo con su manto de luz. Un banco de pececillos rojos pasó ante ellos haciendo cronométricos zigzagueos, y un gigantesco pulpo extendía sus abotonados brazos queriendo tocar aquel extraño visitante que se movía entre los personajes marinos.

–Me gusta tu mundo.– Dijo el rayo de luna–. ¿Podrías invitar a mis hermanos?

Y el pez espada respondió:
–Puedes llamarlos ahora mismo, mientras las aguas sean negras. Después se volverán azules y vuestra tenue luz se perdería en ellas
Y el rayo de luna llamó a sus hermanos con su  magnetismo cargado de magia, y al momento todos acudieron en tropel, y con gran algarabía de risas de plata invadieron las negras profundidades.
¡Qué orgía de luz y de colores explosionó en el fondo del mar! Rivalizaban el capricho y la originalidad en la forma de todos sus moradores. Peces alargados, redondos, achatados, de figura esférica o triangular, con ojos enormes y gráciles aletas; otros de cuerpos pequeños y grandes tentáculos; preciosos moluscos de las más variadas formas…, y tantos y tantos colores…, infinidad de colores rivalizaban por su propio protagonismo.
Las aguas se ondulaban vestidas de transparente blancura con el ir y venir de sus millones de habitantes.
La gran fiesta comenzó y todos danzaron con loco frenesí. Grupos de peces dorados trazaban  círculos perfectos en torno a una gran masa de coral que alargaba sus ramificaciones rojizas como queriendo alcanzar aquella maravillosa luz que todo lo envolvía. Otros grupos de peces –siempre en perfecta formación y vestidos con la más exquisita originalidad−, abrían sus salientes bocas cantando burbujas. Un grupo de delfines se sumó al regocijo del momento emitiendo alegres sonidos que acompañaban a una diminuta orquesta formada por caballitos de mar y por oscuras ostras que abrían y cerraban sus conchas con perfecto ritmo, mostrando su intimidad nacarada. Un gran tiburón cruzó rápidamente, sin detenerse, tendría prisa por resolver algún asunto urgente.
La fiesta estaba en su punto culminante. La alegría rebosaba más allá de lo imaginable. Los rayos de luna reían y reían, y las aguas del mar nocturno –antes negras y quietas−, se movían alborozadas en sus ondas profundas y blancas.
De pronto, nuestro rayo de luna dejó de reír y prestó atención. Más tarde dijo:
–Hermanos, nos llaman desde arriba. Nuestra madre, la Luna, se retira. Ya baja por el cielo en busca del horizonte.
Todos se unieron en un inmenso haz de luz, y diciendo adiós a sus amigos salieron del mar y ascendieron a la altura mezclándose con los claros rosados del alba.

UN BARCO A LA DERIVA
Graciela Elda Vespa
Argentina

            Ramón Plates, dueño del bote “Nadia” instaló los ganchos con redes esa mañana. Las jaulas para recoger las centollas en la zona sur del océano, que ese año parecía generoso en su cantidad y tamaño. El Gervasio Robles, había regresado con una cargamento digno de los mejores mercados. Llamó a sus ayudantes. Eran quince; hombres rudos y dignos de ese mar próspero, que entregaba su vientre preñado de vida.

            Fueron llegando con una bolsa de lona que por la sal de muchas cosechas, que parecían de madera, colgadas a las espaldas como único posesión. El olor a sal y pescado penetraba su piel dejando huellas indelebles. El servicio meteorológico había aclarado que todo estaría calmo esa semana. Había que apresurarse.

            El motor estaba recién revisado y se le había cambiado alguna que otra pieza para que fuera más seguro. Zarparon a la madrugada, a lo lejos se veía el cielo rojizo con un sol aplanado en el horizonte. El oleaje los hacía danzar como siempre adormeciendo a los robustos navegantes. Rumbo al sur, rumbo a las gélidas aguas del atlántico. El amanecer fue tranquilo y los hombres se movieron por la cubierta respetando los gritos del Jefe, que les pedía controlar los aparejos del puente.

            Un mundo de gaviotas y petreles los seguía. Y al estar vacíos las cámaras frigoríficas, la línea de flotación estaba menos sumergida. Pronto se llenarían y si la buena suerte los acompañaba llegarían a puerto, cargados y bien hundidos en las aguas.

            El viejo “Onrieta” se acomodó con una caña en la popa. Hacía unos meses que no comía un buen “Bonito” fresco y el cocinero los preparaba exquisitos. Los que estaban en timonera interior, se reían del hombre. ¡Este es un pescador que será pescado! y reían con sus temores típicos de los hombres de mar. Porque el mar es muy déspota, caprichoso y a veces malvado.

            Pasados tres largos días, el tiempo comenzó a cambiar. Desde el radio, los mensajes eran tranquilizadores, pero por las dudas, Ramón Plates, tomó la decisión de agregar más cables en las básculas, grúas y jaulas. El trabajo estaba hecho y bajaron la zona de obra viva, dejando sus literas bien soportadas.

            Al quinto día, las olas hacían bailar el barco de estribor a babor y a veces el “púlpito” desaparecía en las aguas y aparecía la popa elevada como una chimenea. Juan Artemio, uno de los más jóvenes, sacó de su bolsa una imagen de la “Virgen Stella Maris”, cosa que produjo una protesta general. Mufa. Mala suerte. Toda clase de chanzas y palabrotas brotaban de las gargantas que se calmaban con unas botellas de buen ron y ginebra. La tripulación comenzó a echar las jaulas en el lugar establecido y a esperar que las grúas, comenzaran a hacer su tarea. Llovía a cántaros y bramaba el mar transformando el barco en una cascarita de papel en la noche. Los truenos y relámpagos, iluminaban a los rudos varones. El agua comenzó a tapar el “casillaje” y la cubierta. Tambaleaban las jaulas y cuando elevaban alguna, preñadas de centollas un grito gutural de triunfo se desparramaba por el barco. Se iba llenando la panza del barco. Pero la tormenta era cada vez más dura.

            Esa madrugada Adriano Reano sintió un crujido electrizante en la zona de “espejo”, algo se había desgajado. Salió corriendo de su cabina y otros, ya, le seguían; sí, el mar se cobraba una suerte de venganza. La plancha que recubría el “espejo” que era de un material nuevo de alto contenido de material plástico, se había desgajado y una hendidura profunda hacía agua. Comenzó a llenarse la zona de “obra muerta” y don Ramón, dio la orden de soltar las centollas al mar. Una maniobra brusca los dejó bamboleando y rolando. ¡Todo se transformó en un aquelarre! Bravío el océano se  cobraba la represalia contra ese barco que lo desafiaba. Los rayos caían despiadados sobre el Nadia, que trataba de salvarse de las embestidas del mar. Reano y Onrieta, lanzaron un bote salvavidas al agua, los que pudieron con sus chalecos saltaron y comenzaron a remar.

            Arriba, en la timonera interior, don Ramón peleaba contra los ataques del diluvio que lo apedreaba con olas gigantes. Desde el minúsculo bote salvavidas, vieron como un amoroso Nadia, se iba hundiendo entre murallas de agua helada, reservándose al quien amaba su nave y despreciaba el aluvión de agua salobre que lo llevaría a las entrañas del mar del sur.

            A la mañana siguiente, a la deriva, sobre aguas quietas y silentes un pequeño grupo dejaba que algún otro pesquero los encontrara para regresar con sus familias y emprender en otro viaje la cosecha que los hombres esperan para comprar y vender las mágicas entrañas de los mares del Sur: las centollas

LA INFLUENCIA DEL MAR EN NUESTRAS VIDAS
Gladys Semillan Villanueva
Argentina

Agua…nada serena…turbulenta…ansiosa...golpeando en las orillas…de acá y de allá Un puente acuoso que arrima vidas…que ampara huidas de doloroso origen. Con su extraño silencio de rugientes olas pues solo ellas se oyen promete a quienes se atreven en navíos de todo tipo cruzar hacia la promesa de otra vida.
Siempre me apasionó ir al puerto y recorrer la escollera donde tantos navíos amarraban trayendo gentes de diferentes países. Llegando con sus historias todas con bastante parecido.
Verlos en la cubierta del barco con la mirada hacia esa ciudad que significaba no tener que huir más.
De la guerra, del hambre de tantas situaciones que descarnaban vidas, destrozaban hogares separaban afectos.
Ese mar insolente resultaba un puente hacia una nueva vida. Los ojos azorados, en nada se parecía al puerto que habían dejado, todo era puro espacio.
La melancolía y la tristeza se daban la mano, algunos bajaban con lágrimas en los ojos,
nadie los esperaba otros los menos escuchaban gritar su nombre.
Y aquellos casi parvulitos de apenas 10 o 14 años solitos que debían comenzar a desafiar su suerte sin llanto, sin recordar para no caer en el desamparo de esa soledad.

Un puente…
Que permitía arribar otras religiones, otros idiomas otras costumbres bien distintas formas de trabajo que aumentaría el crecimiento de un país que necesitaba brazos…ganas… esfuerzo…voluntad férrea…que de eso sabían y mucho.
La influencia del mar en nuestras vidas.
Creo que somos muchos que descendemos de esos decididos a comenzar a vivir con paz que formaron familias y levantaron hogares y allí nacimos bajo la tutela amorosa de madres y padres luchadores que contagiaban ejemplos, impulsaban al conocimiento al desarrollo de vocaciones por sobre sus posibilidades para que sus hijos fueran lo que ellos no pudieron o quedaron inconclusas sus vocaciones pues estaba primero la familia su responsabilidad.
El mar también trajo con ellos su música sus instrumentos, las ceremonias y festejos de la aldea.
La posibilidad de reunirse y sentirse que de alguna manera estaban en su tierra que el mar los arrimó pero en un vuelo de sueños y nostalgias los acercaba y cantaban y bailaban y del fuego de una cocina ya no de una lareira salían los alimentos casi con el mismo sabor.
También la salobre especie guardó esa nana que en noches de navegación serena se escuchaba para dormir a los hijos pequeños acurrucados en las faldas de sus madres.

Pero el mar daba para más.
No solo permitía salvar vidas…unía continentes, hermanaba gentes, compartía conocimientos,
herramientas, ciencia, ilustración, experiencias de todo tipo que hacía al desarrollo de la civilización.
También traía y llevaba «palabras» convertidas en libros que hacían el sostén cultural de poblaciones ávidas de historias, leyendas, mitos y sobre todo la vida de otros pueblos lejanos pero que sus aconteceres hablaban de costumbres ancestrales y de tiempos inmemoriales.

El mar hace sus dibujos entrando y saliendo, bordeando tierras estrechando lazos, abrazando con particular interés playas, acantilados, sacudiendo su fuerza sobre faros que denuncian su bravura y escollos para evitar naufragios.
Que bien sabe el fondo del mar cuantos en sus rocas profundas han quedado.

Halagan su coquetería miles de cantos, poemas, pinturas, escritos contando como se desafía su carácter a veces arisco otras manso pero siempre estrenando su voluntad poderosa de ser un mago que traslada…comunica… enlaza y otorga amores no importa cuál sea la distancia él se encarga.Con su invisible hilo de plata pega la vuelta al mundo y a todos nos atrapa.

De Cádiz a Buenos Aires
(Cantes de ida y vuelta, atravesando mares)
César J. Tamborini Duca
León España

Hay quienes avizoran en el paisaje musical del flamenco un puerto de salida y de entrada de “frutos” que maduraron en el intercambio producido entre los emblemáticos puertos del Guadalquivir, y allende los mares en las antiguas colonias hispanas de las Antillas, hasta llegar al anchuroso “Mar Dulce” –como bautizara Solís al Río de la Plata- Y a ese intercambio generoso –puesto que no tenía finalidad mercantilista sino artística- algunos lo denominaron “cantes hispanoamericanos”, “cantes indianos” otros, y finalmente “estilos andaluz americanos” como los denominaba el argentino Ordoñez Sierra en su libro “De Cádiz y sus cantes”. Sin embargo fue el escritor y flamencólogo gaditano Fernando Quiñones quien alumbró la feliz expresión “Cantes de ida y vuelta”.

Fueron los puertos de Sevilla y Cádiz los que recibieron “de vuelta” los sones y ritmos de tangos, habaneras, guajiras, milongas, rumbas, cielitos y vidalitas, candombes… Fernando Quiñones, que conoció a Borges al descubrir un ejemplar usado de su libro “Ficciones” en un baratillo de Cádiz, previo a su futura y sólida amistad de cuya guía conoció el tango, nos dice: “Rumba o milonga, guajira o vidalita, son los que eran pero ya son otros; ya han entrado también,  insospechadamente, a formar parte del acervo folklórico gitano-andaluz. Se ha producido, pues, un singular trasiego musical, una ida y vuelta sobre el Atlántico, con un rector del fenómeno, Cádiz, tocado a su vez todo él y para siempre por la inconfundible garra vital de lo sudamericano, de su variado sello”.

De todos ellos la “vidalita”, canción triste de los gauchos argentinos, fue la menos conocida y valorada, pese a lo cual Rafael Duyos (poeta valenciano) la nombra en su “Nocturno de Buenos Aires”: “La vidalita del viento, / viene en hombros de la pampa, / temblando por un cariño, / de esos cariños que matan, / de esos cariños que lloran / en el bordón las guitarras, / ¡las guitarras argentinas, / como guitarras de España!”

De mayor popularidad fue la “milonga” argentina, que tuvo a bien traer a España y popularizar la cantaora Josefa Díaz conocida como “Pepa de Oro” y que llevó a Manuel Escacena a crear una letra tan triste como ésta de “Juan Simón, el enterrador”: “La enterraron por la tarde / a la hija de Juan Simón, / y era Simón en el pueblo / el único enterrador”.

Punto de partida de la mayor parte de la Edición Príncipe del Quijote rumbo a América, a las antiguas pulperías pampeanas llegaron ejemplares del mismo para solaz de los gauchos, que hicieron camino acompañados por la guitarra española que les permitía ejercitarse en las payadas. Y ahí tenemos también a los payadores como remedo de trovadores y juglares.

Pero es en el tango donde Fernando Quiñones alcanza a plasmar con más acierto esos “cantes de ida y vuelta”, brindándonos un ejemplo con sus “Crónicas Americanas”, libro que consta de dos partes la primera de las cuales tituló “Crónica del Tango y la Finadita”, donde relata el ocaso y muerte de la “Milonguita”, la supuesta o posible María Esther Dalto que diera nombre al tango “Esthercita”  y Quiñones relata así: “En la calle Chiclana 3148 / donde vivía con papá y mamá / a las seis menos cuarto de la tarde / y a trece días de la Nochebuena del 20 / se le agotó este universo mundo / se le volaron / sus permanentes horror y dones / el miedo a envejecer que aún no tenía / las pesadillas y la luz”…

Pero se hace más fecundo en su ida y vuelta al mencionar el tango “Grisel”:  …”¡No te olvides de tu Grisel! / Como aquí, en trance de seguiriya de Paco La luz, / de soleá de Enrique”.  Pero no puedo dejar de mencionar ese otro tango de Mariano Mores y Rodolfo Taboada, “Viejo Madrid”, que más que tango parece un chotís al decir:  …”Por las calles de Alcalá la vi una tarde /y fue un milagro de amor con la alborada / la luz ardiente, de aquella mirada / y ese milagro de amor, Madrid querido, / llora escondido, en mi corazón”…

Para finalizar, y rubricando esa feliz expresión acuñada por Fernando Quiñones, mencionaré los versos de Enrique Amado Melo que tituló “De la ida y la vuelta de los cantes”  como glorificación del payador y su guitarra criolla:

DE LA IDA Y LA VUELTA DE LOS CANTES                                                                                                         

Al principio fue el canto de los pájaros,
el silbido del viento en el alero,
el murmurio del agua y el follaje,
el grito del chajá y el terutero…

Después fue la guitarra, la extranjera,
(su llegada se pierde en el ayer);
por su boca cantó y lloró mi tierra
cuando el paisano la aprendió a tañer.

Guitarra: gitana que se hizo criolla,
novia del payador en su ambular…
compañera de “tristes” y “cielitos”,
que al hombre nuestro enseñó a cantar.

EL MAR, LA MAR
Dorothy
Villalobos
New Jersey (USA)

    El mar, la mar, depende de quien le hable lo trata como masculino o femenino. Para mi es algo sin sexo, lo mas hermoso que existe en la tierra. Aquel que siempre me hace soñar.

   Nací en un pueblo costero, en una playa llamada Bacuranao, donde vivían muchos de mis familiares. Era un pueblo tranquilo donde muchas personas venían a pasar sus vacaciones sin importar que fuera invierno o verano, en nuestro clima la mayoría del tiempo era templado y las playas siempre le daban la bienvenida a todos los que la visitaban.

   Aunque han pasado muchos años todavía recuerdo su olor. Era cálido y en sus arena di mis primeros pasos, allí fue donde aprendí a amarlo.

    Mi pequena parte que podía ver del inmenso mar era de diferentes tonos de azul, de acuerdo a la hora y el clima, muchas veces era como de zafiro, otras de azul pálido y algunas veces oscurecía con gran rapidez.

    Su canto era sereno, lleno de paz y de tiernas melodías, todavía puedo cerrar los ojos y escuchar su suave susurro. Ese mar de mi infancia que todavía sigue cantando en mi alma y como comente antes su olor a salitre nunca de mi mente lo puedo borrar, yo se que sus olas cuando regrese estarán allí esperándome como siempre.

    Otras veces sobre todo en noches de tormentas, algo muy frecuente era triste escucharlo, lloraba, aullaba, gritaba y si que me daba miedo cuando estaba en esa faces. Era como un animal herido. 

     Y eso fue lo que hizo que dejáramos aquel bello lugar. Mi madre tenía miedo de las tormentas y de tener el mar tan cerca. Al final mi madre convenció a mi padre de mudarnos a un lugar más lejos del mar, aunque en los días claros también lo podíamos ver, pero ya no era lo mismo. Mi mar se quedó muy lejos y solamente lo íbamos a ver algunos fines de semana.

Como lo extraño  y siempre sueño que algun dia volvere alli y lo podre besar de nuevo, los años pasados no han podido borrar su imagen de mis recuerdos.

    Recuerdo el día que por primera vez encontré un caballito de mar, claro que estaba ya muerto pero me pareció una criatura hermosa, su color era casi dorado. Fue mi gran tesoro por muchos años, como también lo fue una hoja de coral que también botó el mar y yo la tenía de decoración en mi cuarto. Parecía una ala que algún ángel había perdido.

    Recoger conchas y caracoles era un juego casi diario, la recogimos, la admiramos y luego las volvemos a dejar en la arena.Y así pasaban los días, de los que tengo muchos tiernos recuerdos.

    Pero mi mar servía de alimento a muchos, a pesar de lo tanto que hemos abusado de él, todavía nos alimenta y nos da vida, nos cuida y nos brinda su sal, sus aguas, y todas sus maravillas.

    Cuando hablamos del mar, hablamos de uno solo lo cual es en verdad, pero lo tenemos divididos con varios nombres de acuerdo a el lugar. 

    Quiere decir que tenemos océanos y mares. Los océanos son grandes extensiones de agua. Los océanos son cinco, los mayores como es el que nos baña, el Océano Atlántico, El Pacifico, Océano Indico, Océano Antártico, y Océano Ártico, 

    Mientras que a la vez tenemos muchos mares, estos se encuentran más pegado a la tierra y son los que contienen más vida marina. Son mas pequenos y pueden estar conectado a un oceano o no, en ese caso aparecen como grandes lagos.Entre ellos estan El Mar Mediterraneo, Mar Baltico, Mar del Caribe, Mar Caspio, Mar Muerto, Mar Negro y Mar Rojo, El Mar Aral, entre otros, ya que hay otros pequenos mares.

    Desgraciadamente solamente  una pequeña parte de nuestros grandes pulmones está protegido y si no lo cuidamos también nosotros seremos grandemente afectados. Su cuidado debería de ser como el nuestro propio, sin embargo lo llenamos de plásticos, de aguas envenenadas y de desechos, muchos de ellos usados por los mismos marineros, aquellos que se suponen viven del mar, los que más deberían de protegerlo. Dejando tirados chinchorros, redes, cordeles los cuales más tarde destruyen nuestras especies marinas, como son los corales que cada día hay menos y de los cuales dependen una gran variedad de vida marinas. 

    Tenemos que recordar que son muchos millones de personas que sus vidas dependen de los océanos y mares como su principal medio de vida y también de economía.

    Es nuestro deber como ciudadanos del mundo cooperar para que nuestros mares puedan seguir manteniendo sus bellos colores y todos aquellos regalos de vida que nos ofrece. Y si no cooperamos todo con lo que llamamos el calentamiento global, el nivel del mar seguirá subiendo paulatinamente y desaparecerán muchos lugares habitados hoy y sus gentes tendrán que emigrar a diferentes áreas,

    Con un poquito de ayuda de cada uno y mucho de amor podremos lograr que nuestro mar perdure y siga siendo una gran fuente de inspiración, nuestros más grandes pulmones y modo de alimentación, pero si lo seguimos destruyendo como todo muy pronto ya no estará para nosotros.

    Nuestros profundos océanos han sido muy poco explorados, hemos visitado primero la Luna y nos hemos olvidado de todos los misterios que esconden nuestras profundidades y en el cual a lo mejor puede estar nuestra salvación 

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