EL AGUA NARRATIVA

Todo lo publicado en  ARISTOS INTERNACIONAL está sujeto a la ley de propiedad intelectual de España
Octubre  2.019  nº 24
La Dirección no se responsabiliza de las opiniones expuestas por sus autores. 
Estos conservan el copyright de sus obras

AL SERVICIO DE LA PAZ Y LA CULTURA HISPANO LUSA

 

COLABORAN: Carlos Benítez Villodres (Málaga-España)…Hugo L. Bonomo (Argentina)..Lidia Dellacasa de Bosco (Argentina)…Elsa Lorences de Llaneza (Argentina)…Gustavo Páez (Colombia)…
SIN AGUA, NO PUEDE HABER VIDA
Carlos Benítez Villodres
Málaga (España)
El agua es vital para la vida del ser humano, de los animales, de las plantas… El agua es el factor más abundante en los medios orgánicos, los seres vivos contienen por término medio un 70% de agua. No todos tienen la misma cantidad, los vegetales tienen más agua que los animales y ciertos tejidos (por ejemplo, el tejido graso) contienen menos agua (tiene entre un 10% a un 20% de agua) que otros como, por ejemplo: el nervioso, con un 90% de agua. También varía con la edad, así, los individuos jóvenes tienen más agua que los adultos.
            La humilde molécula de agua se compone de dos átomos de hidrógeno unidos a un átomo de oxígeno. Que se resume en la conocida fórmula química H2O
            El agua todos la necesitamos, y no solo para beber. Nuestros ríos y lagos, nuestras aguas costeras, marítimas y subterráneas, constituyen recursos valiosos que es preciso proteger.
            Asimismo, el agua contribuye al equilibrio del funcionamiento del entorno y de los seres y organismos que en él habitan, es, por tanto, un elemento indispensable para la subsistencia de la vida animal y vegetal del planeta. Es decir, que el agua es un bien de primera necesidad para los seres vivos y un elemento natural imprescindible en la conformación del desarrollo medioambiental. El agua actúa en la mayor parte de las evoluciones metabólicas que se realizan en los seres vivos; además interviene de manera fundamental en el desarrollo de fotosíntesis de las plantas y es el hábitat de una gran variedad de seres vivos.
            A cada persona le basta unos litros de este preciado tesoro para beber, hidratarse y asearse, regar las plantas, etc. Sin embargo, el individuo abusa del agua en perjuicio de su propia especie, de su existencia y de la humanidad.
            Afirman ciertos científicos que el ser humano puede llegar a necesitar hasta 500 litros de agua potable al día, lo que supone un derroche extremadamente excesivo.
            El agua es fundamental para la economía y para la industria, con un consumo sumamente elevado y, en muchas ocasiones, el líquido elemento resulta contaminado.
            La sociedad recurre al agua para generar y mantener el crecimiento económico y la prosperidad, a través de actividades tales como la agricultura, la pesca comercial, la producción de energía, la industria, el transporte y el turismo. El agua es un elemento importante a la hora de decidir dónde establecerse y cómo utilizar los terrenos. También puede ser fuente de conflictos geopolíticos, en particular cuando escasea. Nuestro propio bienestar exige no solo un agua potable limpia, sino también agua limpia para la higiene y el saneamiento. También se utiliza el agua en actividades recreativas, como el baño, la pesca, o el disfrute de la belleza natural de costas, ríos y lagos. Cuando salimos de vacaciones, esperamos encontrar aguas limpias en los ríos y las costas, así como un suministro ilimitado de agua para la ducha y el baño, la lavadora o el lavavajillas.
            El agua es esencial para los ecosistemas naturales y la regulación del clima. Su movimiento continuo, sin principio ni fin, a ras de la superficie de la Tierra, por encima y por debajo de ella, como líquido, vapor o hielo, se denomina ciclo hidrológico.   Aunque el total de agua presente en el planeta permanece relativamente constante en el tiempo, su disponibilidad resulta particularmente vulnerable al cambio climático. Los científicos advierten que para el año 2050 podría reducirse el acceso a un agua potable segura, al fundirse los glaciares y hacerse más frecuente la sequía en zonas como la mediterránea. Este hecho hará que disminuya, a su vez, el agua disponible para riego y producción de alimentos.
            Al mismo tiempo, se modificarán las pautas de pluviosidad y el caudal de los ríos. Inundaciones más frecuentes, en especial en unas llanuras aluviales cada vez más pobladas, multiplicarán los daños a las viviendas, las infraestructuras y el abastecimiento de energía. Se espera que las inundaciones repentinas cada vez sean más frecuentes en Europa. El aumento de las temperaturas y la menor disponibilidad de agua reducirán la capacidad de refrigeración de la industria y las centrales eléctricas.
          Fuera del mar, el agua potable es apenas solo un 1% del agua existente, el 96% restante es agua salada que se encuentra en los mares, y el 3%, que falta, es el agua que se encuentra en los polos en forma de hielo.
            Y aunque parezca que llueve a menudo y que disponemos de forma muy gratuita e ilimitada del agua, es todo lo contrario. La tierra cada vez está más caliente, la desertización va creciendo en zonas que antes gozaban de ríos y pantanos, y la imposibilidad de poder cultivar y regar la tierra se está convirtiendo en el principal problema de hambre a nivel mundial.
            El agua es importante para las reacciones metabólicas y catabólicas del cuerpo y apenas podemos sobrevivir una semana sin beberla.
            Se conocen casos de personas que han naufragado en una isla desierta, rodeadas de agua por todas partes, pero que sin embargo acaban muriendo de sed.
Beber agua salada del mar no es la solución, ya que el cuerpo intentará corregir el exceso de sal añadiendo más agua para diluirla, por lo que nos deshidrataremos mucho más rápido, por lo que no se recomienda beber agua salada.
            El agua se encuentra, en todos los lugares de nuestro planeta, desde los polos hasta los géiseres, y donde hay agua, existe vida. “Cuando encontramos agua aquí en la Tierra, refiere el astrobiólogo Brian Glazer, ya se trate de lagos cubiertos de hielo, ya se trate de fuentes hidrotermales de aguas profundas, ya se trate de áridos desiertos, si hay alguna agua, hemos visto microbios que han encontrado una manera de hacer allí una vivienda”. El lema de la NASA (National Aeronautics and Space Administration), en la búsqueda de agua extraterrestre es “seguir el agua”.
            Otra característica del agua es que puede actuar como un sólido, líquido y gas dentro de la gama de temperaturas que se producen en la Tierra. Otras moléculas que han sido identificadas como buenas candidatas para el apoyo a la vida tienden a ser líquidas a temperaturas o presiones que serían inhóspitos para las formas de vida más conocidas.
            Aunque la humanidad conoce desde hace mucho tiempo su dependencia del agua, en Europa estamos dándonos ahora cada vez más cuenta de que su oferta no es ilimitada, y de que tenemos que valorarla en consecuencia. Hay que gestionar y proteger el agua, que no es un mero producto de consumo, sino un precioso recurso natural tan esencial para las generaciones futuras como para la nuestra. Sin agua, no puede haber vida.
            El Día Mundial del Agua se celebra anualmente el 22 de marzo como un medio de llamar la atención sobre la importancia del agua dulce y la defensa de la gestión sostenible de los recursos de agua dulce. Cada año, el Día Mundial del Agua destaca un aspecto particular relacionado con el agua. La creación de un día internacional dedicado al agua, fue recomendado durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD) de 1992 en Río de Janeiro. La Asamblea General de las Naciones Unidas respondió a dicha recomendación designando el 22 de marzo de 1993 como el primer Día Mundial del Agua.

LA MUJER Y EL AGUA
Hugo L. Bonomo
Santa Fe- México
Siempre tenemos presente a Anaxágoras; todo tiene que ver con todo, y nuestro axioma  repetido es; peleamos para que la señal de alarma no sea la muerte. Vemos que se repiten los sucesos, se alzan algunas voces, pero las cosas siguen ocurriendo, tal vez porque no afectan intereses materiales poderosos; hasta que sobreviene un hecho irreversible, como la muerte, y se produce una rebelión popular, o un daño irreparable que ya no se puede ignorar.
La muerte de una joven, Micaela, violada y asesinada en la Argentina, ha movilizado  a todos, y nosotros queremos remarcar este deplorable suceso, para intentar aportes que tienen que ver con la toma de conciencia, la prevención y la planificación de acciones que eviten consecuencias irremediables.
Y, salvando las distancias, unimos la mujer y el agua, como generadoras de vida.
La madre es el agua, y el agua es la madre. El agua se unió a la tierra para que nazca la vida; toda la vida que vive en nuestro mundo, y entre la cual, están nuestra vidas. Gracias a nuestras madres; a una en el amor y el recuerdo infinito, y a la otra, para que siempre viva; generando vida.
El agua ha sido vinculada en las distintas religiones y filosofías con las emociones y la energía femenina, debido a que ambas son fuentes de vida y creación.  Es a través de este elemento que circula la energía vital y mantenerlo en armonía es fundamental para preservar la existencia en la tierra. Se puede decir que de las mujeres y del agua, depende el futuro de la humanidad
La Organización de las Naciones Unidades para la Agricultura y la Alimentación – FAO, ha realizado investigaciones sobre el rol de la mujer en el manejo del agua en nuestra cotidianeidad. Según explican “La mujer juega un importante papel: a menudo es ella quien la recoge, utiliza y administra, no solo en los hogares, sino también en la agricultura pluvial y de riego. Ello le proporcionó un valioso conocimiento sobre este recurso, su calidad, fiabilidad, restricciones y métodos para almacenarla. La mujer es, pues, la clave del éxito de toda política y programa para el desarrollo de los recursos agua y riego”.
Y para tener una dimensión histórica, les pido, escuchen lo que relata Ryszard Kapuscinski, un maestro del periodismo; “El agua era objeto de especulación, una mercancía del mercado negro. Especulando con ella, la gente ganaba grandes fortunas o se arruinaba. En aquel entonces se impusieron una serie de costumbres que sólo la Revolución logró abolir. Reservada para hombres casados, la mujer no tenía derecho al agua. El que acababa de ser padre de un hijo varón le casaba con una muchacha adulta. Como hombre casado, al recién nacido le correspondía una ración de agua. Era la manera de enriquecerse de aquellas familias en cuyo seno nacían muchos varones. Sólo en 1925, el Primer Congreso de los Soviets del Turkestán se promulgó el revolucionario decreto en virtud del cual se prohibían los matrimonios de recién nacidos y se otorgaba a la mujer el derecho al agua”.
Relato con “hambre de agua”
Lidia Dellacasa de Bosco (Argentina)
    Bajo un denso calor de fogata, la niña se adormecía en el piso de tierra de la vivienda precaria. Una somnolencia oscilante cerraba sus ojos y se veía junto a una canilla de la que brotaba persistente una gota de agua, y otra y otra… ¡A ella le parecían tan cristalinas comparadas con la superficie cenagosa de la laguna cercana! Allí se bañaba con sus hermanos y sus padres. De allí tomaban agua en el cuenco de las manos, implorando secretamente aquello que la naturaleza impiadosa les negaba…
   Después se hundía en un sueño profundo y perturbador hasta que repentinamente una extraña calma la introducía en una burbuja palpitante de un líquido claro y luminoso. Ella flotaba en esa burbuja de prístina belleza, tan hermosa como nunca había visto en la realidad que la cercaba. Entonces bebía con fruición, como si se tratara de un manjar de ensueño. La burbuja crecía, se agigantaba, plena de agua pura. Y ella nadaba, se movía con íntimo gozo… revivía.   
   Cuando despertaba, la madre la mandaba otra vez a la laguna con un balde oxidado y ella caminaba tambaleante, sintiendo que todo giraba a su alrededor: la tierra reseca, los espinillos, los matorrales, el sol de verano que envolvía el ambiente en su fuego devastador… Regresaba desfalleciente y apenas comía un trozo de las galletas de harina que su madre cocinaba en el horno de barro. Evitaba comer para no sentir que la sed le abrasaba la garganta. Con los ojos cerrados sorbía sólo un trago del agua turbia que había recogido de la laguna. Sólo uno…
   Durante meses interminables, todos esperaban con ansiedad la lluvia que se negaba, inclemente. Cuando un fugaz aguacero salpicaba la tierra, todos corrían presurosos con baldes, jarras, vasijas, latas…para recoger aquellas gotas que duraban la brevedad de un sueño frustrado.
   Así, durante largos, interminables días y noches sin sosiego. Hasta la mañana en que la niña ya no pudo levantarse. Asustada, la madre le puso sobre la frente un paño con el último rescoldo de agua fresca que logró extraer del aljibe seco y abandonado. Mamá, tengo hambre de agua, alcanzó a musitar antes del desmayo. 
   La mujer cargó a su hija en brazos y partió a la deriva en busca de auxilio. Sólo escuchaba el leve latido del pequeño corazón agotado y la respiración cada vez más tenue de sus cinco años. Nunca sabría cuánto ni hacia dónde caminaba. Atravesó un paisaje de pesadilla rogando encontrar una casa, un poblado. La soledad era intensa y el silencio la aturdía. Hasta que por fin divisó a lo lejos un hilo de agua, un arroyo que bajaba del cerro como una esperanza. Corrió con sus últimas fuerzas. Tropezó y cayó con la niña ya inerte en sus brazos. Volvió a correr y  al llegar a la orilla se arrodilló en la arenisca, hizo un cuenco con las manos e intentó que su hija bebiera. Ya no… Con terror intenso comprendió lo fatal. Mamá, ¡tengo hambre de agua! Resonaba la vocecita en sus oídos con la fuerza de la desesperanza, de un destino que jamás podría vencer.
   Entonces, lentamente, con la ternura y el dolor de lo que ya nunca sería, la tomó otra vez en sus brazos, trastabilló entre las piedras del arroyo y se internó para siempre aguas arriba, con el corazón arrasado por las lágrimas.
Nota: La expresión hambre de agua es auténtica. Ha sido tomada de la confesión de una niña que la pronunció hace años, desesperada por el flagelo de la falta de agua, en el noroeste de nuestro país.
EL AGUA UN BIEN SAGRADO
Elsa Lorences de Llaneza
(Argentina)
El agua es un inmenso regalo que el Señor nos ha hecho. Imprescindible para la vida humana, animal y vegetal. Sin agua no podríamos vivir. Es un bien Sagrado y no lo cuidamos, casi ni nos damos cuenta de lo importante que es.
Hace años escuché de un niño de mi país, un niño pobre, de unos cuatro años, decir que tenía “Hambre de Sed” La frase del pequeño se me clavó en el corazón. Y es verdad, sin comer podemos estar, sin beber no.
Muchas veces me he preguntado ¿Por qué no la cuidamos? ¿Por qué la desperdiciamos? Los ríos se están secando, los Glaciares se están derritiendo. ¿Tendremos que pasar sed para darnos cuenta que el agua es nuestra fuente de vida?
Tenemos que empezar a cuidar el agua entre todos, con responsabilidad. A no tirar en los ríos y mares los desechos y el plástico que tanto mal hace en los animales marinos. Empecemos ya. El tiempo apremia. La naturaleza no espera. Sin agua no hay vida.
Tengamos conciencia.

 

El rito del agua
Por: Gustavo Páez Escobar
(Colombia)
En agosto de 1537 ardió en Suamox –hoy ciudad de Sogamoso, en Colombia– el Templo del Sol, centro y corazón del imperio chibcha. Estos indios, llamados también muiscas, habitaban en las altiplanicies de la cordillera Oriental y eran grandes adoradores de los astros y en especial del astro rey. Era un pueblo pacífico que se dedicaba al campo, a la alfarería y a la fabricación de gran variedad de joyas y figuras elaboradas en oro y cobre.
Una de las preocupaciones de los esposos Eliécer Silva Celis y Lilia Montaña de Silva, directores y fundadores del Museo Arqueológico de Sogamoso, fue la reconstrucción del Templo del Sol, tarea gigante en la que trabajaron largos años.
Silva Celis, exrector de la Universidad Tecnológica y Pedagógi­ca de Colombia, era antropólogo de renombre mundial, con grado en la Sorbona y títulos académicos de varios organismos internacionales, y autor de vasta bibliografía sobre las culturas precolombinas. Su esposa Lilia, también es­critora, puso énfasis en los temas del folclor, siendo autora, entre otros, del libro Mitos, leyendas, tradiciones y folclor del lago de Tota.
Los esposos pusieron especial empeño en la organización de la Fiesta del Huan, la más solemne de las celebraciones de los chibchas en honor del Sol. Encuadrada dentro de los actos con que se recordaron los 500 años del Descubrimiento de Amé­rica, la fiesta sogamoseña rindió homenaje a los valerosos antepasados que forjaron nuestra nacionalidad.
Los chibchas, que a la llegada de los españoles se encontraban en pleno auge, fueron dominados con facilidad como pueblo tranquilo que era. Alejado de acciones guerreras y entregado a la depuración de sus habilidades artísticas, de ese pueblo hereda­mos la vocación de ceramistas, orfe­bres y escultores.
Los chibchas profesaban, además, el culto del agua. Esto les imprimía alma poética y los ataba a la naturaleza como motivo de regocijo y creación. Sabían que el agua nace desde los mismos albores de la raza humana y que es, por consiguiente, compañera inseparable del hombre y musa bienhechora de todos sus apre­mios, sin la cual es imposible la supervivencia. Era tanta su venera­ción por ella, que la consideraban un mito, una gracia de la vida, una bendición de los dioses.
La admiración que rendían a los ríos y a los manantiales es el suceso sagrado que bien vale la pena refrescar en esta época de sequías, en pleno siglo XXI, cuando el país, y el mundo entero, han dejado disminuir las fuentes primige­nias de la existencia. Siendo el agua elemento purificador por exce­lencia, los chibchas la usaban como remedio lustral en la Fuente Sagrada de Conchucua, donde el sumo sacer­dote de Suamox hacía abluciones diarias.
Nuestro atraso de hoy, por más progresos tecnológicos y de todo or­den que han surgido por doquier, es de cinco siglos largos frente a la cultura de los muiscas colombianos. Mientras ellos considera­ban el agua un bien nutricio y espiri­tual, nosotros la malgastamos, la infectamos y asesinamos.
¡El agua se asesina, lo mismo que un ser humano, porque también tiene alma!

1 comentario en “EL AGUA NARRATIVA”

  1. Es admirable, desde todo punto de vista, el artículo que ha publicado sobre el agua Gustavo Páez Escobar en Aristos Internacional. Breve lección de historia precolombina expuesta en palabras concisas y hermosas. Nos deja ver un esbozo de la necesidad imprescindible del agua, el mayor de los bienes que el hombre ha recibido de la creación. Y se hace extraordinario el escrito de Gustavo Páez cuando nos enseña que el agua «también tiene alma».

    Responder

Deja un comentario