CUENTOS Y RELATOS

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UN SECRETO COMPARTIDO 
Margarita Mangione ( Argentina)

(Relato de una experiencia real)

Tuve una gran amiga que ya no está en este mundo. Ella confiaba tanto en mí, que lo que me contaba, jamás lo reveló a otras personas. Eran secretos muy íntimos que ni siquiera sus hermanos conocían. Hacía años que su marido la había abandonado. En verdad vivían en la misma casa, pero en habitaciones separadas. Solía decirme que compartían el techo, pero no el lecho y que ya no sentían nada el uno por el otro, pero que nadie lo sabía. Se habían casado muy jóvenes. Ella apenas tenía dieciséis años; fue madre a los dieciocho y abuela a los treinta y siete, se podría decir que creció y maduró junto a sus hijos y nietos.

Aún era joven, hermosa, culta y por eso tuvo muchas oportunidades de encontrar otro hombre para rehacer su vida, pero no las aprovechó jamás. Hasta que lo conoció. Él era el hombre. “Su” hombre. Un gran cantante, conocido mundialmente. Para mi gusto, no era buen mozo. En realidad, cuando lo conocí pensé que era bastante feo. Pero tan seductor, que mi amiga se enamoró como una loca adolescente. Él recorría el mundo con su guitarra y sus canciones. Ella lo esperaba hasta que llegaba el verano, cuando regresaba a su provincia natal, para asistir al festival mayor de la canción.  Mi amiga iba todos los años a pasar sus vacaciones allí, sola o con su familia. Fue en uno de sus recitales cuando se conocieron. En varias oportunidades la acompañé, cuando el tiempo y el dinero ahorrado me lo permitieron. Se las arregló siempre para poder encontrarse a solas con su amado “Negro” como ella lo llamaba. Era casado, pero eso nunca le importó. Le decía que con su mujer ya no pasaba nada y la tonta le creía. Yo pensaba: ¿que hombre que traiciona a su esposa, dice lo contrario? Pero como la quería tanto, y temía hacerla sufrir, nunca le hablé de mis dudas y temores.

La fama del “Negro” se hizo cada vez más grande y durante el invierno, venía a la Capital para actuar en televisión o dar recitales en grandes estadios. Entonces ella viajaba hasta el centro, y se encontraban en el hotel donde él se alojaba. Volvía como caminando sobre nubes. Comenzó a escribir poemas, cuentos, relatos, pequeñas obras donde estallaba el amor; como fuegos de artificio la noche de fin de año… Sólo yo las leía y mi corazón se ensanchaba de ternura al verla tan feliz.

Un trágico día mi amiga enfermó. Los médicos, después de numerosos estudios y análisis, diagnosticaron un mal incurable. Ella y su familia lo supieron desde el primer momento. El Negro no. No lo llamó y nunca más volvió a verlo.

Pronto la enfermedad comenzó a avanzar y a dejar secuelas en su cuerpo. Cuando estábamos a solas, me contaba qué feliz la había hecho ese hombre al que adoraba, y cuánto se habían amado. Me decía que era lo mejor que le había pasado en la vida. Mantuvo la lucidez hasta el último aliento, por eso jamás salió de sus labios una palabra que pudiera comprometerla. Su marido, tal vez arrepentido de haberla dejado sola tantos años, atendía sus necesidades y cuando salía a trabajar, dejaba a una persona de confianza para que se ocupara de su cuidado. Estuve a su lado durante su agonía. Ya no tenía cabello y su delgadez era tan extrema, que casi no se la veía entre las sábanas de la enorme cama. Pero sus ojos mantuvieron siempre el mismo brillo. Giraban por la habitación como buscando su propio fantasma. El fantasma de su corta vida de amor y felicidad, agostada por un cáncer de páncreas…

Cuando no dormitaba, escuchaba la radio. Así se enteró que él vendría a cantar al pueblo para el aniversario de su fundación. Estaría el sábado en la plaza principal dando un recital. Me preguntó si iría a verlo. Le dije que no, que me quedaría con ella. Hizo un largo silencio y luego me rogó que fuera. Dijo que si lograba acercarme y podía hablar con él, le dijera que estaba muy enferma, que pronto moriría, y que por eso se había alejado;  para que no sufriese viéndola en ese estado. Quería que supiera que siempre lo amaría y que si había un cielo, allá lo estaría esperando. Quise gritarle que no valía la pena, pero me callé. ¡Ese tipo jamás había tratado de acercarse a verla! ¡Nunca un llamado, una búsqueda para demostrarle su amor! ¡Era un maldito cobarde lleno de plata  y vanidad!

Como si hubiera interpretado mis pensamientos, o tal vez leyéndolos en mi rostro, dijo en un susurro que su “Negro” no la había dejado. Que fue ella, al comienzo de la enfermedad, quien decidió alejarse. Esa maldita enfermedad, manifestándose arrolladora como un tsunami, llevándose tras de sí, en su furia, lo único que había sido suyo en toda su vida: su cuerpo. Un cuerpo que recién conoció el goce del amor después de los cuarenta años, y que lo perdió antes de los cincuenta…

            Sentí que me derrumbaba. Ella seguía hablando: dijo que le había agradecido que no se acercara más; era mejor así. Su amado no tendría que verla denigrada por ese maldito cáncer que la había invadido. Me pregunté para qué quería que fuese a verlo. ¿Para qué decirle que ella lo seguiría amando toda la eternidad? ¿Por qué, justo ahora, cuando estaba muriendo? Porque si él la había descartado de su vida y su memoria, seguramente no le importaría nada. Pero, ¿y si la seguía amando? Estaba muy desorientada… Los ojos de mi amiga me suplicaban,  entonces, fui…

Lo vi de lejos, rodeado de muchachitas que podrían haber sido sus hijas, que se le insinuaban seductoras y lo miraban descaradas y desinhibidas. Él sonreía y firmaba autógrafos. Me acerqué, y aunque nos vimos sólo una o dos veces, me reconoció. Fijó sus ojos en los míos y quedó mirándome hasta que logré llegar a su lado.

-¿Mariana? -preguntó con ansiedad-

            Le contesté que sí. Que era Mariana, y venía a traerle un mensaje. Pidió perdón a sus admiradoras y tomándome del brazo con firmeza, me apartó del enjambre de mocosas que lo rodeaba. Cuando estuvimos solos dijo angustiado:

-¿Aún vive?

            Sentí que el corazón se me helaba en el pecho. ¡Entonces lo sabía! ¡Lo supo siempre! Ante el asombro que vio en mis ojos, me confesó que estaba enterado desde el comienzo de la enfermedad. Se lo había dicho el marido. Mis piernas se aflojaron y tuvo que sostenerme para que no cayera. ¿Cómo era posible? Entonces me contó que el marido lo había buscado para decírselo. Le había pedido que se alejara de ella con cualquier excusa, que terminase con esa relación de inmediato, pues vendrían días terribles, ya que el deterioro era inminente. El mal había invadido todo su cuerpo y los médicos calculaban dos o tres meses de vida. Estaba seguro que su esposa no soportaría que la viese así; por eso le rogó que la dejara. Le prometió que la familia se encargaría de contenerla, cuidarla y amarla hasta que se produjera el fatal desenlace. Le dijo que no se separaría de su lado, y que lo mantendría al tanto del avance de la enfermedad.

-Él  nunca dejó de amarla -me confesó con tristeza-, pero estaba enfermo, y no podía hacerla feliz. No sé si es necesario que se lo diga, pero creo que debo hacerlo. Es más, pienso que es el momento justo… Una infección lo dejó impotente. Por eso se alejó de ella esperando que encontrara el amor en otro hombre. Quiso dejarla libre, pero estaban los chicos. Era el responsable de su alimento, su ropa, sus estudios. Por una parte, los amaba demasiado para alejarse y por otra, su sueldo no le alcanzaba para pagar otro alquiler, por eso no se separó. Adivinó que ella había hallado el amor, cuando comenzó a cambiar su carácter, a estar contenta, alegre, feliz…

Al notar el asombro dibujado en mi rostro, se apresuró a decir:

-Lo averiguó. ¡No me pregunte cómo, porque no lo sé! Se enteró de lo nuestro y estuvo de acuerdo. Me dijo que su esposa era una excelente mujer, que merecía ser feliz. Que él nunca dejó de amarla, pero se resignó a perderla por su bien… Yo tampoco dejé de amarla. Desde hace meses llamo todos los días a su trabajo para preguntar por ella. Tengo la conciencia tranquila. Creo que respetar el deseo de su familia, fue lo mejor que pude hacer. Guardo el recuerdo de mi único amor verdadero, intacto en mi corazón. La veo al cerrar los ojos; bella hasta el infinito. Con su negro pelo suelto sobre la almohada, su cuerpo blanco como la nieve, menudo y delgado, reposando entre las sábanas revueltas después de hacer el amor. Aquella sonrisa dulcísima que perduraba en sus labios, aún entre la penumbra del sueño…

Hizo una pausa… Sus ojos empañados de dolor me hicieron estremecer. Me sentí culpable de haberlo juzgado sin conocerlo.      

-Debe perdonarme esta catarsis, este desahogo que tal vez considere fuera de lugar, -me dijo con la voz quebrada por la emoción- pero usted es la única persona a la que puedo decirle lo que siento. Quiero que sepa que es un dolor que me quema el alma, que la rabia que siento por tener que apagar las ganas de correr a verla, tomarla entre mis brazos y gritarle cuánto la amo, me duele hasta en las entrañas…

            No pude contestarle. Las lágrimas rodaban por mi cara y ni siquiera atinaba a secarlas. Volvió a preguntarme si todavía vivía. Le contesté que sí, pero que el médico sólo le daba unas pocas horas…Entonces me pidió algo especial:

-Por favor Mariana, ¡ella nunca debe enterarse de lo que hizo el marido!

Le prometí que no se lo diría y luego, entre sollozos le conté todo lo que ella me había pedido que le dijera. Me ofreció su pañuelo. Cuando sequé mis lágrimas, pude ver las suyas surcando sus morenas mejillas. Lo abracé con toda mi alma y le prometí contarle a mi queridísima amiga que él no la había olvidado y que la seguía amando, para que pudiera descansar en paz. Me lo agradeció con sinceridad. En ese momento lo llamaron. Debía comenzar el recital… Nos despedimos en silencio, con tan sólo un apretón de manos…

Regresé corriendo hasta la casa de mi amiga, pero no pude cumplir mi promesa. Cuando llegué, ella acababa de morir. Su esposo lloraba sin consuelo. También lo abracé a él. No le dije nada. ¿Para qué? ¿Acaso hacía falta? Ese secreto que irá conmigo a la tumba. Y a pesar que ahora sé que no es sólo mío, que somos tres los que lo compartimos, me siento en paz…

Estoy convencida que es verdad que hay otra vida después de la muerte, y que ella, esté dónde esté, se sentirá feliz de saber cuánto la amaron en este mundo, y cuánto la volverán a amar, cuando vuelvan a encontrarla en el otro.

EL SEÑOR DE LOS DOS ANILLOS
Libia Beatriz Carciofetti

(Argentina)

Aparentemente gozaba de todo, salud, prestancia, dinero….
Pero había una tristeza infinita en su mirada.
Me había citado en una confitería en pleno centro de esta convulsionada ciudad de Bs As para ofrecerme un cargo en su empresa, con miras a un emprendimiento mayor.
En el casting que se había realizado (Dios obró el milagro de que fuera seleccionada)
Muy puntual estaba esperándome sentado junto a la vidriera que da al Obelisco, monumento y mole de cemento en plena avenida 9 de Julio.Palomas de día, marquesinas de noche.
Pobreza, y opulencia «juntas» pero «separadas» por esa barrera insalvable que se llama discriminación , de razas, poderes, religiones, culturas etc..etc.
Como en todos los países del mundo.
Pero allí estábamos… “V.S.C”… café por medio, frente a frente sentados.
Cabellos entrecanos, entre 50 y 60 años.
Traje oscuro, camisa color salmón y corbata al tono.
Yo me había entregado de lleno al buen gusto de mi estilista, quien me sugirió
desmechar mis cabellos y hacerme reflejos en un tono dorado.
Vistiendo un conjunto rojo, con accesorios negros.
Durante nuestra charla, mis ojos no podían desviarse de sus manos, cosa muy común en mí, ya que ella y los ojos son el vocero de la personalidad de un hombre.
Y estas manos en especial me llamaron mucho la atención, por que en su dedo anular  izquierdo lucía dos alianzas de oro, que se destacaban en las manos muy bien cuidadas de «V».
Como en toda conversación de negocios, salieron a la palestra muchos temas…Me preguntó, en que tipos de diseño me sentía más creativa y le dije que en los gráficos y en el de modas que también había cursado hacía algún tiempo…
¡Gráficos! porque a raíz de ser también escritora, cada diseño despertaba mi imaginación para crear una imagen y plasmar un poema…
Luego pasamos al terreno personal donde me contó que tenía dos hijos cursando la universidad, la mujer Odontología y el hijo Ingeniería Forestal…que son muy estudiosos y responsables.
Que a pesar de estar en una muy buena posición económica, el amor al dinero no se les subió a la cabeza.
Esperaba que me dijera algo de su esposa, pero el tema no llegaba nunca….
En todo el momento de nuestro encuentro no vi jamás brillar sus ojos grises a pesar de que tocamos temas, en que solo sonreían sus labios, nunca sus ojos…
Entonces al volver a clavar mi mirada en sus manos me sorprendió con una pregunta:
¿Quieres saber el porqué llevo dos alianzas juntas ¿no?
Creo que se dio cuenta que me subieron al rostro todos los colores habidos y por haber, pero salí del paso diciendo que las mayoría de las mujeres somos curiosas, y como no me había mencionado a su esposa, supuse que era viudo y esa alianza que le sobraba le pertenecía a ella…
No recuerdo haber visto llenarse los ojos de lágrimas a un hombre, en estos últimos tiempos ¡tan fácilmente!
Y yo me sentí ¡tan culpable! por ello, que se dio cuenta de mi incomodidad que me dijo: ¡no te pongas mal!
Llamó al mozo y le pidió una gaseosa para compartirla, ya que no nos pasaba nada más.
¡Cuando aprenderemos las mujeres a no escarbar en la vida de los hombres!
Tomé a desgano lo que me sirvió y me contó que hacía tres años, un día de Octubre, día de la madre decidió invitarla, a pasar ese día a solas con el, ya que era su único hijo.
Su empresa le había restado brindar a su mamá el tiempo que ella merecía.
Solo eran llamadas telefónicas diarias, pero el sabía que su madre necesitaba más que eso,
Merecía ¡más que eso! ella le había brindado su vida entera, amándolo, educándolo, soportando sus berrinches de niño, su altanería y prepotencia de joven…
Si bien mantenían una estrecha relación afectiva con su esposa que también trabajaba en su empresa (me lo había comentado un ratito antes) y sus nietos… no pasaban más que los domingos y fechas especiales juntos.
La pasé a buscar ese domingo muy temprano para llevarla a la quinta que tenemos en San Pedro…
Parece que todo el mundo había decidido salir ese día por la ruta panamericana.

Ella había vivido con mi padre allí hasta que el murió…la mantenían como un vergel, llena de plantas frutales, hortalizas y flores que la embellecían.
Hacía tiempo que no íbamos, ya que mi empresa, necesitaba de mi presencia hasta los días feriados.
Así que decidí comprarle un departamento a mamá en pleno centro, cerca de nosotros, a pesar de que mi esposa le rogó para que viviera con nosotros…
respetamos su decisión ya que quería conservar sus pertenencias.
Quería vivir junto a sus recuerdos… y lo entendimos.
Compré carne por el camino para preparar un rico asado, (es lo único que hago bien) en cuestión en el rubro de la gastronomía, sonrió.
Que sea ¡muy tierna hijo! … como tú, mamá argüí haciéndole un mimo…
Compré pan recién horneado a la vera del camino, y torta milhojas ¡su preferida!
*Pasamos un día espectacular*, recordando mis diabluras de niño y los partidos de fútbol que jugábamos con mi papá y mis amigos…y el berrinche que me agarré cuando me quiso enseñar a andar en bicicleta y me costaba ¡tanto! aprender…luego mi hijo hizo lo mismo….
Estaba feliz ¡feliz! ella y yo, de haber tenido esta hermosa idea…
De pronto me acordé ¡Feliz día de la madre! pero me olvidé de comprarte un regalo y nos tentamos de risa… Hasta que ella me respondió ¡que mejor regalo el estar cotigo!
Y nos fundimos en un abrazo que nos llenó de emoción.
Pero el tiempo no se detuvo y se estaba poniendo el sol ¡Un atardecer de película!
A mamá le encantaban las puestas de sol reflejándose en la laguna…
Las nubes se tornaron rosas, y eran pasajeras de un cielo celeste y límpido.
¡Lo había olvidado! en la guantera de mi auto había traído mi cámara digital…
así que fui a buscarla y a más de tomarle fotos al cielo, al sol, al parque
filmé unos segundos a mamá… y ella como si lo hubiera hecho toda la vida
dijo unas palabras: ¡Hoy 18 de Octubre fue uno de los días más felices de mi vida!
Tuve de nuevo a mi hijo solo para mí… y se rió y luego lloró….
No se por qué las madres pasan de estados de ánimo ¡tan rápido!
Se lo mostré y no podía creer que en ese diminuto aparatito
esté ella hablando riendo y llorando….
Recogimos todas las cosas y nos dispusimos a regresar prometiéndole
en el verano venir todos a quedarnos unos días…
El tráfico de ese día era infernal; continuó comentando mi nuevo jefe.
¡Tanto! que no recuerdo en que momento al pasar por la localidad de Zárate
un camión cargado con carbón se salió de la cinta asfáltica y perdió el control,
cruzando de carril y chocando a tres vehículos, entre ellos el mío.
Recobré el conocimiento a los tres días…. Abriendo los ojos y tomando conciencia que estaba en una sala de terapia intensiva…
La cabeza me estallaba; y solo atiné a preguntar a mi esposa que alcancé a divisar en una nebulosa y a mis hijos que me rodeaban ¿y m-a-m-á?
Entrecortada en sollozos mi esposa me colocó este segundo anillo,
que tanto te llama la atención.
Allí tomé plena conciencia del accidente, como también que ya no tenía madre…
A quien revolverle los cabellos recién peinados, ni enviarle rosas que le gustaban tanto.
Mi esposa solo atinaba a consolarme rozando con ternura la mano con mis dos anillos.
Y mis hijos mudos de impotencia no me podían abrazar, pues tenía el cuerpo todo enyesado.
Se que Dios tuvo un propósito al llevarla…cuando esté en su presencia sin duda se lo preguntaré  y agradeceré que me haya hecho perder el conocimiento para no ver su cuerpo mutilado…
De pronto recordé! ¿y mi cámara? tu cámara se salvó porque tu olvido hizo
que la dejaras en la quinta…
Eso quería decir que volvería a ver a mi madre con vida ¡tantas veces! como quisiera aunque sea en unos segundos de filmación??????
¡Que bueno que fue Dios conmigo!…Asentí con la cabeza y solo atiné a acariciar su mano con los dos anillos, sin importarme las miradas
de los mal pensados que nos observaban…
¡No pude emitir palabra! estaba ahogada en llanto…
Su relato me estrujó el alma…tomé ahora sí, el último sorbo de gaseosa que quedaba en mi vaso.
Se me hace tarde le dije, mis padres deben estar preocupados por mi,
no les gusta que maneje sola de noche…
Así que pagó la cuenta y salimos de la confitería… respirando los dos un poco
de la brisa fresca que acariciaba esta bella ciudad en esta tarde ¡tan especia!
Cada uno fue al garaje a retirar su vehículo…
El con su tristeza y carga de por vida a cuesta, y yo con el placer de haber conocido a un hombre que por primera vez en una cita de trabajo, no me había mirado con ojos de hombre  en busca de aventura…muy por el contrario….
Un hombre con una mujer y dos hijos que se convirtieron desde ese mismo lunes hasta el día de hoy  ya hace diez años en parte de mi familia.
Un hombre que sigue luciendo dos alianzas en su anular izquierdo.
Un hombre que al sonreír no le brilla la mirada, pero que si le brilla el corazón.

 SINERGIA COSMOGÓNICA (O para pensar sin etiquetar)

-De las charlas del Abuelo-

Al Colombiano Poeta de la Paz, Joseph Berolo Ramos, Presidente Fundador de Naciones Unidas de las Letras-Semillas de Juventud Siglo XXI (UNILETRAS-SJ SIGLO XXI) con delicadeza intelectual, aún en momentos de inesperados desacuerdos…

En especial, para mi inteligente, dulce y adolescente primer nieto, Nicolás Alejandro, ensayando con él mi “abuelazgo” literario

“Recuerda que la rigidez puede ser buena para las piedras,
más no para un ser humano”
(Instituto de Ansiedad y Estrés – París, Francia – Noviembre 2003)

   Ahora, o el día después de que estuviéramos hablando con Nicolás Alejandro sobre ciertas realidades de la vida (triviales unas, por ejemplo: películas y canciones odiadas o favoritas; sutiles otras: ¿somos dueños o administradores de nuestras vidas y de la tierra?; o hasta perplejas y escabrosas, si cabe: el” si-no-por qué” de la bisexualidad y homosexualidad creciente en nuestra globalizada civilización nanotecnotrónica…, un gran amigo Poeta deslizó en mi mente –vía correo electrónico- ciertas ideas que no pude, como otras veces –la mayoría por cierto-, compatibilizar con mi enfoque mystagógico del hombre y de lo Creado. Y decidí que, el tema, bien valía la pena de ser incorporado a la agenda de cuestiones que me encanta debatir con mi joven, agudo y cálido nieto. Hay silencio apropiado en casa a la hora de la siesta, y esto nos ayuda a meditar…

 

   Lo cierto es que dicho correo venía piloteado por un título sugerente: “Existimos y podemos saborear la Vida”. Toda una fascinante definición. De hecho, ante tal propuesta no cabía más que abordar el texto que configuraba el contenido de un e-mail venido en sí nada menos que desde la Colombia lujuriosa, y esbozado por el bello y horizontal vuelo de un ave viajera libertaria y con alas de tinta y papel… La de J. B. R., Poeta de la Paz en tierra de drogas y guerrillas arrebujadas en selvas casi impenetrables, donde la verdad y la mentira pasan a gusto jugando a las escondidas de un tiempo a esta parte, aunque sin importar, para ambos bandos, si, el fin, justifica los medios…

   Y lo cierto, también, es que el mensaje comenzaba parafraseando, textualmente, al Poeta Americano, Stephen Crane, el cual sin dudar afirmara:“’Un hombre, le dijo al Universo: ‘¡Yo existo!’.  ‘Sin embargo’, respondió el Universo, el hecho no ha creado en mi, un sentido de obligación’”

   Así que, ahora, mi amigo, cansado quizás y ya escéptico -¿pesimista?- tal vez de convivir con la muerte gratuita encomendada a los Buitres de la Nada, y adhiriendo a pleno el aserto del vate del Gran Imperio del Norte, reflexionó del modo que llevo ahora a tu consideración, querido Nicolás, sin olvidar recordarte, no obstante y por las dudas, aquella premisa filosófica que sentencia: “Somos lo que nosotros mismos hacemos de nosotros”. Pero, ¿será siempre así? Pensemos:

   Digo, Joseph afirmaba en su sucinto escrito y refiriéndose a la apreciación de Crane, lo siguiente: “Cuan cierto. El universo es ajeno a la existencia del Ser. Sólo se puede Ser y por lo tanto existir y defenderse. Sin su reconocimiento. Se habla tanto de defender la Vida. El tema de cómo hacerlo es inacabable. La seguridad del mundo, de la ciudad, de  nuestro  pueblo,  de nuestra propia casa, ocupa ejércitos enteros de militares y civiles , todos en permanente alerta contra  enemigos reales o imaginarios -el hombre actual permanece armado hasta en su propia cama- prácticamente duerme en traje de combate, listo para la guerra, o en guerra ¡Punto!. De hecho, ya no queda tiempo para pensar en la Vida. Se puede perderla mientras se piensa en ella. ¿Un reclamo? No. Un reto para seguir viviendo. Concientes de la No obligación del Universo con nuestro Existir, debemos hacer eso precisamente: Existir, comprobando el hecho, viviendo sin pretender explicar ni enseñar a nadie cómo Vivir. De pronto, quizá, podremos hacerlo, en Paz”. (J.B. 2009©).

   Así que, como lo cortés no quita lo valiente –dicen           que debemos aprender a decir no, sin sentirnos culpables o creer que lastimamos a alguien; pues querer agradar a todos produce enorme desgaste y edifica una necia utopía que involucra la libertad y responsabilidad de los otros sobre su propio Universo y el Universo de los demás: pues, puedo intentar y hasta lograr amar a todos (aún a los que “no me aman”), pero no pretender que todos (y menos “ellos”, lo hagan-, y extrañado en esto de que, por vez primera, iba a disentir parcialmente con un sustento existencial de mi entrañable colega colombiano, traté de ser justo y preciso, y hasta donde un hombre prudente y sensato pueda serlo, teniendo en cuenta que la ética y la moral, como conjunto de principios, valores, y quehaceres correspondidos a éstos, respectivamente; resultan versátiles a culturas y civilizaciones, y que lo que para un cazador de cabezas puede ser bueno en pensamiento y acción, no lo sería para un buen cristiano (al menos, de los que yo conozco o estoy comenzando a conocer; hablo de mí mismo).

   Entonces, dando por supuesto el necesario y gozoso reto de acoger la vida –al modo del peregrino- como camino para vivirla –enfrentarla- rumbo hacia la Vida; desde mi intuitiva, inocente y piadosa perspectiva católica, ensayé una respuesta que despaché a mi amigo un sincrético aunque amable correo lanzado por la Red hasta las coordenadas planetarias del ecuador terrestre -no sin cierto temor a herir susceptibilidades, aún suponiendo que, cuando alguien decide no aceptar o escuchar siquiera las razones del otro, no es capaz o no está dispuesto tampoco a buscar o a encontrarse con la Verdad-; diciéndole:

“Joseph: Yo existo: revelación de Dios al hombre formándole Conciencia de estar vivo con sus atributos emergentes de imagen y semejanza: inteligencia, libertad y voluntad. El Universo creado por Dios, también comparte su Esencia. Cristo enseñó: amar a Dios y al prójimo como a ti mismo, y más aún: amar a tu enemigo. Se te juzgará con la misma medida en que lo hagas: una medida apretada y certera… Cristo también enseñó: “Cuando pidan algo en la oración, crean que ya lo tienen, y lo conseguirán”… O Ley de Atracción y Secreto de la Vida, según metafísicos y físico cuánticos…. Conclusión: No comparto la desaprensión del Universo respecto del Hombre. El Todo a la parte y la parte al Todo. Sinegia de energía material y espiritual en constante reciprocidad… El hombre obligado con la Creación, y la Creación, obra el Señor de Todo y de todos, obligado al hombre. Ambos conocen las leyes. Las naturales y espirituales. Están impresas por la experiencia de la semejanza de ser con el Ser. Lamento disentir con el señor Stephen Crane. Dando se recibe. Y el Universo es muy generoso, por cierto (…). Joseph, hermano del alma, te abrazo en Humanidad… Adrián”.-

   Y no sin enjugar algunas lágrimas al tono, siendo cualquier mes en el Globo Azul, el Mes de la Familia, releí con angustia de mistóforo frente a la Cruz henchida en el albo Rosario del Crucificado que mi pecho incubaba, la reflexión que, sobre aquel eco de la sinergia cosmogónica de los seres vivientes en el Universo todo, haría la Madre Teresa de Calcuta, expresando, sencillamente: “Si el mundo de hoy conoce tal desorden, me parece que ello es debido a la carencia de amor en el hogar y en la familia: no tenemos tiempo el uno para el otro; no tenemos tiempo para deleitarnos mutuamente. Si nosotros pudiéramos hacer pasar por nuestra vida la de Jesús, María y José viviendo en Nazareth, si pudiéramos hacer de nuestras casas otro Nazareth, creo que habría Paz y Alegría en el mundo”. Y para ello, entiendo, resulta prioritario –en función de determinada ética y moral que Jesús ha resumido en el mandamiento del Amor- vivir sirviendo a la Vida, y explicando y enseñando con nuestros cálidos consejos y amorosos testimonios cómo Vivir la vida para la Vida acunada en todos por el Universo Todo; ello, desde la Unidad Trinitaria cimentada en la mansedumbre, la humildad y la solidaridad de pensamientos, sentimientos y costumbres…

   En fin, digo, Nicolás, nieto mío: si el Verbo o Señor del Universo no se hubiera encarnado, mutando en inaudita alquimia hispostática, y demostrando, empíricamente, la sinergia cosmogónica a la que estamos sometidos como criaturas, otra podría haber sido la historia para nosotros, los humanos… Imbuidos en el cuerpo vivo del Universo, todos los seres que lo componemos (los visibles y los invisibles, los materiales y los espirituales) somos parte del tejido sustancial con que el Cosmos nos maravilla: galaxias, estrellas, planetas, lunas, asteroides, meteoros y especies minerales, vegetales y animales, cada uno entrelazado por un proceso, por una conjunción mutante y evolutiva, desencadenada hacia un incesante Proceso de intra e interinfluencias (mutuas, cooperativas o destructivas, donde el Todo modela a la Parte y la Parte condiciona al Todo), envainadas por un particular halo de conciencia de sí mismas y de las demás, y donde los hombres, brotados -como aquellos otros seres vivos- del cimiento sin principio ni fin del pensamiento de Dios, habrían sido elegidos y dotados –a imagen y semejanza-, con aquellos atributos de racionalidad y sensibilidad que le Son propios, y, por tanto, comprometidos por Éste en la administración de los tesoros palpitantes de Su majestuoso sueño estelar… Un sueño descubierto por apenas cinco (¿millones?) de sentidos aprehensivos, y que fuera bautizado con el inquieto nombre de Realidad… Digo, tal (Tal) vez. Insisto: digo; quizás…

   Y he aquí cuando presiento y siento haber “llegado al umbral donde se mezclan mi apasionado corazón y el perfume divino del Misterio que acompañó toda mi vida” O, para pensar, sin etiquetar (pues “no te olvides” nunca, amado vástago y tierno brote de aquella espléndida sinergia cosmogónica, “de no olvidar” jamás contemplar y justipreciar las razones del otro sobre cualquier asunto que amerite un interrogante y una respuesta; aunque ni bien comience a exponerlas intuyas, desde tu punto de vista, y sólo desde tu único e irrepetible punto de vista, que puede estar equivocado).-

  [1] ADRIÁN N. ESCUDERO – Santa Fe (Argentina), 29-05-2009.

   Integra el Libro “MIXTURAS COTIDIANAS y Otros Relatos” – Colección de Realismo Mágico y Metafísico). Inédito. La Botica del Autor – 2010 (en desarrollo); y, en su versión ampliada y actualizada al 11-11-2013,  la Parte B (Sinergia Cosmogónica – Capítulos I – Presentaciones y III: Paradojas-Fundamentos, del Libro “DOCTOR DE MUNDOS III (Mystagogia Narrativa o El Legado de Juan). Inédito. La Botica del Autor, 2013/2017.-

UNILETRAS-SJ SIGLO XXI – Entidad sin fines de lucro creada en el año 2011 (Chía/Bogotá, Colombia), para edificar y fortalecer la Paz Universal a través de las Bellas Artes, en especial, del arte literario.-

(…) (Y agrego en voz baja: y otras cuestiones pues –inexorablemente cotidianas- como la fragilidad humana y el acucio sobre demandas de inclusión, encuentro, compasión, indulgencia, transparencia y congruencia entre el pensar, el sentir y el obrar individual y colectivo, versus los ejes de la violencia, la explotación y las migraciones forzadas que asfixian la capacidad de los valores “vida” y “fraternidad”, como instrumentos idóneos para dotar al hombre de la adecuada capacidad adaptativa para afrontar situaciones cambiantes, relaciones interpersonales ociosas o forzadas, así como entrecruzamientos culturales profundos donde, al igual que crecen juntos el trigo y la maleza, se visualizan los buenos sentimientos o la maledicencia de los pueblos, aspectos a los que resulta ineludible tener en cuenta y discernir a la hora d optar por destinos a imaginar o construir).

 Mystagogia: “Experiencia del encuentro con la fuente de vida originaria” – Prof. Cecilia Inés Avenatti de Palumbo (P.U.C.A. y U.N.S.T.A.), Buenos Aires, Argentina, 07-11-07 (Prólogo “Desde el umbral de la vida” – Libro “Mystagogia Poética” del escritor argentina César Isidro Actis Brú – Ediciones Universidad Católica de Santa Fe, Argentina, Julio 2008).-

 Original Message —– From: Ave Viajera  – To: Adrian Escudero  -Sent: Friday, May 29, 2009 9:24 AM- Subject: EXISTIMOS y podemos saborear La Vida.-

Revista Calendario “Cristo Hoy” – Abril 2009.-

 Original Message —– From: Adrian Escudero – To: aveviajera@cable.net.co – Sent: Friday, May 29, 2009 12:14 PM – Subject: EL TODO A LA PARTE Y LA PARTE AL TODO – Re: EXISTIMOS y podemos saborear La Vida.-

Marcos 11, 23-24.-

Juan 1, 1-18 (“El Libro de la Nueva Alianza” – Fundación Palabra de Vida – Sociedad Bíblica Católica Internacional – Buenos Aires, Argentina, pág.  202).-

“Dícese de la unión de las dos naturalezas divina y humana, en la persona de Cristo” (Gran Diccionario Enciclopédico Ilustrado “Selecto” – Tomo II, Ediciones Paraná (Buenos Aires, Argentina – 4ª.  Edición 1975, pág. 657).-

César Actis Brú: Poema “Gradual”, última estrofa – Libro “Mystagogia Poética”, pág. 14. Op. cit.-

 

 

3 comentarios en “CUENTOS Y RELATOS”

  1. Dos relatos conmovedores relatos principian esta importante Sección de la Revista. Hablo de los trabajos realizados por Margarita Mangione y Libia Carciofetti. Luego, en un Magazin que intentará compartir con ustedes, amigos lectores y colegas en las letras, todo el espectro del quehacer literario: cuentos, relatos, poemas, ensayos, artículos, comentarios, etc., aparece Sinergia Cosmogónica de mi autoría.

    Agradezco en tal sentido a la amiga y Directora Editorial, Eunate Goikoetxea, haber aceptado publicar (me) esa suerte de monólogo dialéctivo donde un abuelo reflexiona con su nieto mayor, el sentido del Misterio de los misterios o insondable significado de la vida… Y de la vida para la Vida. Un relato que, precisamente, forma parte integrativa de un corpus capitular mayor correspondiente a la Sección Epilogal del libro «DOCTOR DE MUNDOS III (Mystagogia Narrativa o el Legado de Juan)»; libro tercero e inédito de una saga alegórica sobre el Misterio de la Parusía de Cristo, que se iniciara con «DOCTOR DE MUNDOS I (El Sillón de los Sueños)» -felizmente editado ya en su primera versión, y escrito en clave de «ficción conjetural metafísica» según la especializada opinión de la Dra. en Letras y Filóloga del CONICET, Graciela Maturo, su prologuista-; ello, al estilo épico de la novela contemporánea (género sucedáneo al de la epopeya artistotélica), ensayado como liminar antecedente por el «Hombre Ilustrado» de Ray D. Bradbury y por el «Adan Buenosayres» del escritor argentino Leopoldo Marechal (1900-1970), y, que continuara con «DOCTOR DE MUNDOS II (Visiones Extrañas)», en este caso inédito todavía.

    De hecho, esta Sección será una de mis preferidas, y atento a mi vocación neta y nata de narrador, hijo de la tierra que el gran cuentista Mateo Booz llamó: «Santa Fe, mi País».

    ¡Fuerte y primaveral abrazo para todos y desde mi cálida Botica de Autor enclavada en este sureño lugar del globo terráqueo! ¡Ora et labora! ¡Paz y Bien in Domino!

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  2. Repito el mensaje, pues creo que el anterior se borró. Hermosos textos con el fondo de «les feuilles mortes» que me traen hermosos recuerdos de un tiempo pasado en París escuchando esta hermosura cantada por Edit Piaff et Yve Montand

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