CUENTOS, RELATOS Y NARRATIVA

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LA GRUTA DEL ESPÍRITU BURLÓN
Por María Sánchez Fernández

      Allá sobre la verde frescura de un valle, brotó alegre y graciosa una pequeña aldea.
      Salpicaban el paisaje sus blancos caseríos. Vistos desde esos caminos que serpenteaban caprichosamente la altura de los cerros que la circundaban, parecían blanquísimos pañuelos lavados en el río y tendidos en sus orillas para que el sol los secara.
      Una diminuta iglesia alzaba airosa su torre de tejado rojo, en cuyo interior guardaba celosamente una campana de voz atiplada que cantaba hermosas canciones según los acontecimientos. Unas veces volteaba contenta y decía estremecida de júbilo que la comunidad había aumentado con el nacimiento de un nuevo miembro. Otras veces lloraba amargamente cuando alguien se marchaba para siempre.

      La cinta brillante y azul de un tímido río, que antaño fue grande y caudaloso, ceñía a nuestra aldea, y a su paso, le contaba mil historias que él mismo había presenciado, e incluso vivido, en tiempos ya muy remotos.
      La vida en aquel lugar era tranquila y feliz. Nunca ocurría un hecho extraordinario que hiciera salir a sus gentes de la monotonía cotidiana,
      La mujeres trabajaban en sus labores domésticas, y ya, cuando atardecía, en la fresca bonanza de las tardes veraniegas, se reunían pequeños grupos en la puertas de sus casas y comentaban las últimas noticias de la Jornada:

      − ¿Sabes que Carmina, la hija de la “Pelusa”, se va a trabajar a la ciudad? Va a casa de unos señores que viajan mucho y ella acompañará a la señora.
      −¿Y quien le proporcionó el trabajo?
      −Pues su primo Fermín que está haciendo el servicio militar y es asistente del señor. Ella dice que así vivirá su vida y podrá conocer el mundo.
      −¿Conocer el mundo?
      −Sí, mujer, visitará grandes ciudades donde los trenes van por debajo de la tierra y el mar trae hacia ellas grandes barcos de lejanos países.
      −¡Si eso es conocer el mundo…! Pues mira, aquí en la aldea también vivimos una vida feliz. Tenemos nuestro mundo  ¡y es tan hermoso!  Bajo esta tierra no hay trenes, pero está la semilla que nos dará la espiga, y en vez de mar tenemos un hermoso río que nos trae abundantes peces.
       Otra, curiosa preguntaba:
      −¿Cuándo romperá aguas tu hija?
     −Pues mira, para San Antón. En la ciudad le han hecho una ecografía y el doctor dice que será un niño.
     −Una eco… ¿qué
     −Mujer, estás en la luna. Una ecografía es como una “foto” que te hacen por dentro para saber si es hembra o varón.
      −¡Hay que ver las cosas de ahora! Mi madre tuvo nueve hijos y cuando la comadrona le decía: ¡Ha sido un niño!, ella exclamaba llena de alegría: ¡Alabado sea Dios, si era un niño lo que yo deseaba! O si era una niña bendecía mil veces a la Santísima Virgen María por haberle concedido sus deseos.
      Y así, transcurrían aquellas tardes de ocio en tranquila armonía.
      Los hombres, en su mayoría trabajaban la tierra, y en sus ratos libres cazaban conejos y perdices o pescaban en el río.
      ¿Y los niños? ¡Ay, los niños! ¡Siempre los grandes protagonistas de aventuras y de historias!
      Pues los niños, al salir de la escuela, retozaban como animalillos salvajes por aquellos lugares jugando a ser grandes héroes.
      Un día, un pequeño grupo se internó más que de costumbre en un bosquecillo que trepaba por la ladera de uno de los cerros que rodeaban aquel valle. Habían organizado una gran cacería en la que eran gentileshombres que cazaban en sus dominios. Llevaban como briosos corceles grandes ramas de pino debidamente cortadas; como arcos y flechas unas horquillas provistas de una goma con las que lanzaban sus proyectiles en forma de pequeñas piedras, y los feroces mastines eran “García” y “Bribón”, dos chuchos de pelo corto y larga cola que movían sin cesar alborozados de ver cómo se divertían los muchachos.
      El nombre de “García” le fue puesto a uno de los perros por su gran parecido con Simón, el hijo del herrero, que tenía grandes orejas, larga nariz y, claro está, se apellidaba García. A “Bribón” se le bautizó con este nombre porque era eso; un simpático bribón. Un caradura.

      Perseguían a un enorme jabalí, que no era otro que un pobre conejo asustado que chillaba en su gran carrera al verse perseguido y acosado por aquella jauría y aquel griterío.
      El conejo corrió tanto que, ya extenuado, logró meterse por una grieta que se habría en la pendiente. “García” lo siguió, metió la cabeza por el agujero y con un gran esfuerzo y empujando con su brío natural de cazador, logró introducirse tras su presa.
      Los niños, al notar la falta del animal, lo buscaron hasta que al fin oyeron sus lastimeros aullidos. Había quedado atrapado dentro del agujero y no podía salir.
      Reunieron todas sus fuerzas e intentaron, con estacas y piedras, agrandar aquel boquete que se había tragado a “García”. Observaron que los ladridos se alejaban y producían un gran eco.
      Con enorme esfuerzo y movidos por el cariño que todos sentían por el perro, consiguieron abrir una buena brecha por la que cabía perfectamente el cuerpo  tendido de una persona.
      Primero se introdujo uno, el más atrevido, y vio por la escasa luz que entraba por la grieta, que se trataba de una gran cueva. Silbó al animalillo y éste vino corriendo y ladrando de alegría. Cuando salieron al exterior, el resto del grupo preguntó curioso al compañero, y este les dijo que habían hecho un notable descubrimiento, pero había que guardar el secreto. Se trataba de una enorme cueva que desde ese día sería su guarida.
      Al día siguiente se reunieron nuevamente los muchachos y acordaron, previamente, llevar herramientas adecuadas para hacer más cómoda la entrada a la gruta.

      Trabajaron varios días para conseguir un acceso más fácil, hasta que al fin lo consiguieron.
      Los rayos del sol entraron por primera vez en aquel interior e iluminaron una gran cámara de la que se desprendían varias ramas y pasadizos.
      Los niños, alborozados, tomaron posesión de sus dominios, y allí asentaron sus cuarteles

      Un buen día en que estaban jugando a hombres de las cavernas, oyeron como venía, desde algún punto de la gruta, un extraño ruido. Era algo así como un grito ahogado que el eco aumentaba dándole un matiz más que lóbrego.
      Prestaron atención y aquel grito se dejaba oír a grandes intervalos. Unas veces desgarrado y otras veces en forma de risa burlona.
      Un de ellos dijo:

      −Podemos  hacer un conjuro. Yo me sé uno que dio muy buen resultado en una película que dieron en la “tele”. Se hace el conjuro, esperas un buen rato y después sale el espíritu y te dice lo que quiere.
      Otro respondió con cara espantada:
      −A mi no me da ningún miedo, pero si sale ¿qué hacemos?
      En ese momento volvió a oírse el grito, pero mucho más cerca, y los niños, empujados por el terror corrieron despavoridos hacia la aldea.

      Aquella noche no pudieron dormir, y a la mañana siguiente, más de uno se llevó un buen cachete en la escuela por no prestar atención a las preguntas del maestro.
      Al cabo de varios días y con el ánimo más reforzado volvieron a la cueva dispuestos a averiguar qué podía ser aquello.
      Se llevaron linternas y, como no, sus armas de cacería. También se llevaron un libro devoto por si tenían que hacer uso de él.
      Ya, dentro de la cueva,  acordaron  esperar  a que el espíritu gritara y decidir por donde tenían que dirigir sus pasos.
      Cuando esto ocurrió tomaron uno de los estrechos pasadizos  alumbrándose  con la luz de las linternas.
      Recorrieron un largo trecho, y aquella garganta se iba haciendo cada vez más angosta. Les costaba mucho esfuerzo caminar, pues conforme se iban adentrando, las piedras del suelo eran más húmedas y resbaladizas, y más de una vez cayeron al perder el equilibrio. Los ánimos decaían. Aquella aventura no parecía muy interesante. El “Espíritu burlón” tampoco se dejaba oír y sólo estaban consiguiendo un gran número de rasguños y moratones.
      Vieron, con la escasa luz de las linternas, que al pasar un recodo  de aquella galería, esta se ensanchaba, y, de pronto, como ante una visión extraordinaria, quedaron alucinados lanzando una gran exclamación:
     ¡Aquello era fantástico!
      Una enorme sala de altísima bóveda estaba enjoyada por miles de estalactitas que la luz hacía brillar dándoles diferentes tonalidades y matices. El agua que por ellas resbalaba, sonaba en aquellas  profundidades como  un canto  eterno y misterioso que se perdía en la corriente mansa…, muy mansa, de un río que por allí andaba escondido.
      Los niños no daban crédito a lo que estaban viendo. Aquello era una gruta encantada. Una auténtica gruta de leyenda.

      Ya se veían grandes héroes navegando en preciosas barcazas sobre las aguas de aquel río en busca de dragones ocultos.
      Se adentraron más y más,  absortos ante aquella maravilla, y acordaron alternar el uso de las linternas para no quedarse sin baterías,
      Se internaron tanto  y tanto, que cuando quisieron salir, no pudieron encontrar la galería por la que habían entrado.
      Y así pasaron las horas y vino la noche
      La aldea se llenó de inquietud. Los muchachos no habían  regresado a casa y pronto empezó la búsqueda.
      ¡Qué les habría ocurrido? Allí, en aquellos lugares no había ningún peligro. El río no era muy caudaloso. Además, todos eran muy buenos nadadores.
      La noche era ya muy avanzada y decidieron aguardar a que viniera el día.
      En aquellas horas de angustia la aldea veló. Las luces no se apagaron y las plegarias subieron a las alturas en busca de Dios.
      Cuando amaneció todos se pusieron en movimiento. Varios grupos de hombres se dispersaron por varios puntos del valle. Uno de estos grupos pudo observar que “García” y “Bribón” estaban muy inquietos. Corrían hasta el monte, se detenían y miraban hacia atrás. Volvían y saltaban emitiendo angustiosos ladridos. En sus ojillos vivaces e inteligentes se adivinaba una súplica:
      ¡Seguidnos, por favor!
      Uno de los hombres del grupo de rescate dijo:
      −Los perros quieren decirnos algo. ¡Sigámoslos!
      Y todos se dirigieron al bosquecillo que trepaba por el monte, y siempre, siempre guiados por “García” y por  “Bribón”.
      Mientras tanto, los chicos andaban perdidos en la gruta sin conseguir encontrar la salida.
      Estaban ateridos por el frío y la humedad y les acuciaba el hambre. Vieron con horror que la luz de las linternas era cada vez más débil hasta que terminó por extinguirse totalmente.
     Quedaron  en la más absoluta oscuridad  refugiándose  en una pequeña oquedad de la roca conteniéndo las lágrimas. “Los héroes de las grandes y famosas aventuras jamás lloraban. Serían valientes y duros hasta la muerte”.
      De pronto oyeron cerca, muy cerca, aquel terrible lamento que allí, dentro de la gruta, era todavía más lúgubre. Pudieron percibir como un gran aleteo que casi les rozaba el rostro. Uno de los niños gritó, pues “algo” se le prendía en un hombro y trataba de morderle con saña. Pudo agarrar  aquella “cosa” y la apretó con tanta fuerza que esta dejó de moverse.
      El muchacho quedó inmóvil, paralizado y vencido por el pánico.
      Al momento oyeron otro grito. ¡Pero no, no era un grito, era algo muy familiar y querido¡ Eran los ladridos de “García” y de “Bribón”! Prestaron más atención, y locos de alegría, llamaron por sus nombres a los perros.
      Pudieron ver cómo la gruta se iluminaba con la luz de grandes hachones que eran portados por varios hombres. ”García” y “Bribón” les precedían.
      ¡Al fin estaban salvados!
      Aquella mañana la aldea se vistió de fiesta. La campana de la iglesia cantó llena de júbilo sus canciones más alegres cuando vio aparecer a los niños sanos y salvos entre los ladridos alborozados de sus fieles amigos.
      Uno de los muchachos, todavía un poco trémulo, traía en sus manos, como si fuera un gran trofeo, un cuerpo inerte y negruzco, con cara de ratón y alas de vampiro.
      ¡Era el cuerpo de murciélago del “espíritu burlón”

HACIA LA NADA…[1]

Parte II/IV

A la amiga en las letras y hermana en la fe y humanidad, Dra. en Letras, Prof. Graciela Maturo: con innegociable e irrevocable afecto amical y admirativo…

(…) – Viene de Parte I/IV:

II – El Dos (Teoría del Más Acá)

“La filosofía transhumanista tiene como principal objetivo mejorar, e incluso “superar” la condición humana en todos los niveles, mediante el desarrollo y aplicación de tecnologías de punta como la nanotecnología, la biotecnología, la tecnología de la información y las ciencias cognitivas” [2]

   Verán: La Nona era una bruja de Talento en eso de inventarnos cuentos espeluznantes. Cuando escribía lo hacía Siempre (apuntando) al Corazón y, de hecho, se inspiraba echando un vistazo de reojo a sus cuadros sepias, donde pendían –impávidos- los rostros adustos de sus viejos, anquilosados maestros del antiguo, primigenio terror literario… Pero siempre vigentes para ella en un eterno “ahora” que parecía precederla más allá de sus achaques y sonseras calculadas…

   Sobre todo porque, ni lerda ni perezosa, habría de revisar antes de ese “ahora” imperecedero, mi selecta biblioteca de cuentos fantásticos y alentar o potenciar así una memoria que, aunque prodigiosa, solía fallar en alguno de sus inefables cauces neuronales…

   (…)

   Cierto era que, a esta altura de la medicina biogenética, varios stent vásculo-cerebrales habían sostenido su original cúmulo de sesos inteligentes y sabios. Porque La (mi) Nona estaba, no solamente informada (como erudita del conocimiento cronicado y almacenado sin más en su egregio hardware animal), sino educada -forjada en columnas de valores y éticas diversas que sólo ella podía conciliar-, esto es, “filosofada” antropológica, sociológica y teológicamente en todas las variantes conocidas de los supuestos y mitologías que pugnaban por sostener el nunca interpretado -por el infinito del Infinito que decía abarcar- Universo Total y sus oscilantes Matrices Paralelas…

   … Universo Matricial vislumbrado milenariamente por los antiguos griegos y, más tarde, medievalmente esbozado por la increíble Ley de la Gravedad -mas vista sólo como fuerza instantánea del éter o estado inmutable del Caos a descifrar- sancionada por el genio matemático de Isaac Newton, y luego amortizada en la modernidad por la invulnerable Teoría de la Relatividad del físico alemán Albert Einstein –en comunión con su extraordinario cálculo de la velocidad de la luz a que se trasladaban las ondas gravitacionales-, y la ilustrada enunciación, si bien inconclusa y postergada a nivel de hipótesis, de dicho fenómeno…

   … Ondas gravitacionales o fenómeno físico basado en la curvatura o deformación del Espacio-Tiempo, o curvatura de hondonadas y protuberancias originadas por la presencia de todo cuerpo en movimiento, y productora de alteraciones medidas -en sus minúsculas distorsiones- a mediados del año 2.017 DC por los interferómetros LIGO [3] (divisores del haz de luz de un láser) y los Colisionadores de Hadrones (aceleradores de partículas atómicas)[4]

   … Mutaciones del éter que llevaron a pensar a científicos como Drever, Weiss, Barish y Thorne[5], en la presencia de una inesperada ventana al conocimiento de épocas más primitivas del cosmos, como reliquias de la Gran Explosión que impulsa -sin cesar- la continua expansión del Universo… Y todo esto fuera de lo que la teorización sobre la luz visible y otras señales astrales electromagnéticas -rayos X, gamma, infrarrojos, cósmicos y neutrinos-, pudieran aportar sobre la aceleración actual del Todo mediante la denominada “energía oscura”[6]… (¿¡Energía oscura…!? ¡Ahgggg!… ¿Quién, sino Yo y en la furia de mi abrupta Caída Celeste a manos de mis, hasta ayer, hermanos Arcángeles Miguel y Jophiel?)… Pues la vida, y en congruencia con la insuperable concepción aristotélica del tiempo, resulta la medida en el espacio –contexto de interacción mútiple-dimensional- de las orgánicas e inorgánicas acciones cotidianas del hombre y de los astros activos e inertes que pueblan el conjunto de lo existente…  Todo influye y resulta influido en el Universo, confirmando la cuestionada sabiduría astral babilónica y grecoegipcia…

   … “¡Ja, ja!” -festejaría La (mi) Nona loca y cuerda, reflexionando sobre todo esto-… Geométrica y arrogante concepción de lo etéreo, cuyos alcances sostendrían y, en consecuencia, expandirían al Cosmos todo, esbozando los albores científicos de la hasta aún, y mejor conceptuada como indemostrable -de hecho, y no obstante sus agónicos avances- Teoría Integral del Más Acá…

   Teoría impulsada, fácticamente y a principios del presente centenio -en contraposición con la teológica proposición del Más Allá-, por los filósofos y tecnólogos del Transhumanismo… Un proyecto que busca alcanzar –con adinerada y perseverante insistencia- la transformación de la condición humana mediante el desarrollo y fabricación de tecnología biocognitiva: el mind uploading o transferencia mental a un computador robot de todo lo que el ser humano es psicológicamente y más allá de su muerte corporal…

   (“Y… ¡Ja, ja! ¡Ahgggg!”, festejo junto a La –mi- Nona, porque sé que un día lo lograrán, ¡pobre Abbá…! Y el Cristo, en ese caso, hará lo que pueda… ¿O no les habló de la puerta estrecha para entrar al Reino de…? Es que le puse fecha -en total desacuerdo, por supuesto, del bueno de Abbá- en la profética mente de la búlgara Baba Vanga: año 4.599… Sí, leyeron bien. Año 4.599, ni un minuto más ni un suspiro menos… También, y luego de que accedan al Universo Divisorio en el 5.076, el año exacto en que les acaecerá el prometido fin de los tiempos seculares: el 5.079… Y como para Dios, y, por defecto -ergo-, para Mí -¡para Mí, el Ángel de Luz del Señor obcecado!-, todo ya ha sido consumado –como para Él, el primero de todos-, debo advertirles que tengo desde hace rato, y a partir de esa notable circunstancia, un lascivo y denodado trabajo de “asistencia post espiritual personalizada y tormentosamente inenarrable”, dedicado a la amplia populación y gama de mis imberbes y llorosos clientes “pecadores”… ¡Ja! ¡Ja! ¡Ahgggg!)…

   … Lo cual significaría “el punto culminante del proceso de secularización, porque a arrebataría a Dios el único, por así decirlo, espacio en el que todavía podría tener alguna injerencia, el de la vida eterna, expulsándolo al parecer completa, fáctica y definitivamente del horizonte existencial humano” [7]

   … (Hummnn… Imbéciles, insensatos e intolerantes alienígenas terráqueos… Mis preferidos a la hora de elegir un planeta con especímenes humanos evolucionados, para darme el gusto de sembrar en ellos la zozobra, la soledad, el cansancio y la mentira… Veo que todavía no han sabido o podido discernir bien la diferencia entre inmortalidad y Vida Eterna… Entre resucitación y Resurrección…. Como sí lo hicieran, científicamente ya, y sin soberbia alguna de su parte -para mi mala fortuna-, los octópodos de Hollus adivinados por el vidente arqueólogo canadiense Robert J. Sawyer, en su libro “El cálculo de Dios”… ¡Ahgggg! ¡Brutal! ¡Ahgggg!… Pero no seré Yo quien se los explique a ustedes, inquilinos del genio ajeno…; aunque antes del fin -y para mi injusto infortunio-, el año en que lograrán comunicarse “directamente” con Dios y convertirse más y más a su benefactor empadronamiento petrino, será el… (¿el…?)… ¡4.509!…  Y conste: ¡todo por encima del milenario cúmulo de herejías sostenidas y acumuladas por muchos de “vuestros” vicarios apostólicos y apóstatas!   Y no lo crean, si quieren… No lo crean… Pues si no me creen a Mí –que soy el Malo-, menos habrán de creer en y creerle a Dios -que es el Bueno-: ergo, ya figuran ustedes –abominables postulantes a la inmortalidad sin trascendencia- en la lista roja de mis gusanos comensales más engulados y glotones… ¡Ja, ja! ¡Ahgggg!…).

III – El Tres (El Mal es universal)

“El talento no puede ser original; el genio, debe serlo”  [8]

   “¡Ja, ja!”, insistió en gorgorear La (mi) Nona, rumorosamente jocosa y alterada -con sus incesantes tics nerviosos- tras el cristal de aquellos obsequiados y obsequiosos dientes recién estrenados, en tanto recordaba que, a su edad, 98 años, y hace más de cuarenta atrás, uno de los tantos sabios poetas y filósofos que China diera al mundo, Francois Cheng -cercano ya a su encuentro místico con el Hipostático Cristo judaico-, dando un saludable giro copernicano a su milenario ateísmo rubricado por la controvertida ideología marxista-maoísta del siglo XX y primeras décadas del siglo XXI,  “descubría” que, el Mal, era un hecho universal…

   … Porque en tanto la belleza -que salvaría al mundo, según Dostoiesvsky- y la bondad -como virtudes- lo obsesionaban, testigo precoz de las antípodas de los mundos paralelos surgidos de la confrontación entre su alucinante encuentro de niño con la Creación -vestida de Monte Lu, en Jiangxi, con su corola de macizos emergiendo de una sembradío de nubes-, y el horror descarnado provocado por las masacres y mutilaciones deducidas de la guerra chino-japonesa -y sus veinte millones de muertos-, nunca pudo olvidar los estragos de una guerra bilateral emparentada, luego, con el consecuente apocalipsis sobrevenido por la Segunda Confrontación Mundial; ello, en la nefasta década de los ´40, con su orden natural y sociopolítico enteramente convulsionado; orden en abierto caos donde el hombre no parecía haber aprendido en absoluto nada del horror indescriptible de la Primera Gran Guerra, heredera de una inacabable serie de auto atentados contra la propia especie de parte del ser humano, como homo homini lupus desde los inicios mismos de su concepción de ser erectus, en este caso, pekinensis…

   … Y La Nona sabía y acordaba con Cheng que, como una las dos caras de la moneda de lo sobrenatural, el mal, en efecto, era un hecho universal… Y que sólo podía ser combatido mediante el tenaz batallar del bien por sobre sus hechizos malignos: ya denunciándolo –colocando la lámpara de la verdad material de los hechos siempre sobre la mesa-, o ya castrándolo con obras de ejemplar caridad y misericordia corporal y espiritual…

   En su caso, escribir sobre las infinitas y filosas aristas de lo maligno, era cumplir con el cometido de poner en evidencia su destino de ruina para la Humanidad toda… Eso era “su” parte de la bondad chengiana. Pero, ¿y la belleza de los armónicos griegos resaltada por el moderno de Dostoievsky?… Pensaba que hacer de su escritura un objeto plástico, sugerente y enrolado en la “poesía en acción”, podía ser el modo de cumplir con aquel ancestral mandato motivado, sin dudas, por la ética de una divina conciencia universal…

   Es que, y probadamente, La (mi) Nona creía en Dios. Y antes de lanzarse a cualquier escrito, invocaba incluso al Arcángel Gabriel, Santo Patrono de lo Mediático… (Quién lo duda… ¡Y vaya que tuve que soportarla hasta este preciso y precioso momento; porque Quién sino Yo para saber apreciar la belleza de lo… ¡malo!). Por supuesto. Creía, pero… (Y allí estuvo Mi oportunidad para cobrármela con ella, tan engreída y astuta)… Pero es que ninguna teología hubo, sin embargo, de conformarla en “eso” de conciliar al inexorable Señor de los Ejércitos de Abraham y Moisés, con el providente y misericordioso Padre del Poeta de Nazareth y sus apóstoles…

(…)

CONTINÚA EN ARISTOS INTERNACIONAL Nº 6 (FEBRERO 2018) – PARTE III/IV.-
[1]  Santa Fe (Argentina): 30-10-2007 (Vísperas de Halloween). T.a.: 31-10-2017 (Halloween) – CON SOLICITUD DE PUBLICACIÓN EN EL MAGAZIN VIRTUL “ARISTOS INTERNACIONAL” (DICIEMBRE 2017) – Ver referencias literarias en PARTE I-IV.-
[2] Harari, Diego y Mazzitelli, Diego – Centro Atómico de Bariloche (CAB) e Instituto Balseiro (Río Negro, Argentina),  2017.-
[3] Harari, Diego y Mazzitelli, Diego, op. cit. –Artículo del 04.10.2017: “100 años de relatividad”, Colección Ciencia Joven, Ediciones Eudeba (2007) y “El Premio Nobel en Física 2017, explicado por docentes del Balseiro” – Nota: “El experimento LIGO desarrolló la (entonces primer) versión moderna del método interferómetro empleado por Michelson y Morle en 1879, para comprobar que la velocidad de la luz es la misma en la dirección del movimiento de la Tierra, que en una dirección perpendicular, resultado experimental crucial para la Teoría de la Relatividad”.
[4] Op. cit. – Nota: “Las ondas gravitacionales más intensas que llegan a la Tierra desde el espacio, provocan un cambio de longitud de apenas la millonésima parte del tamaño del núcleo de un átomo en un objeto de un metro de largo (estiran y comprimen todo lo que atraviesan)”.
[6] Op. cit.-
[7] Gaitán, Leandro  –  Doctor en Filosofía (UCSF) – Conferencia  “La inmortalidad de la mente. Mind uploading o la secularización de la inmortalidad” – Octubre 2017 – Facultad de Filosofía de la Universidad Católica de Santa Fe (Argentina).-
[8] Harold Bloom (1930) – Crítico y teórico literario estadounidense.-

LA HIJA 

Por Miriam del Carmen Franco de Noce 

Al conocerla, lo primero que me contó fue que  sus padres eran inmigrantes. Cerrados en idioma, creencias y costumbres y vivían en el campo. Poco dados con sus vecinos. Al comenzar la escuela, ella y su hermana les fueron aportando conocimientos propios de la zona y un mínimo trato con la maestra y demás padres en los actos escolares. Beatriz, la hermana mayor resignó perder un año para concurrir juntas a estudiar el secundario a Santa Fe.

Conocí a las hermanas cuando cursaban cuarto año de magisterio en un colegio religioso. Estaban de pensión en casa de un paisano siciliano. Conocer a Elena y enamorarme fue solo cuestión de minutos. Había terminado el servicio militar y fantaseaba con una familia. La familia de Antonio Acosta. Ya tenía trabajo fijo en un comercio textil, cercano a la pensión de Elena.

 Las hermanas cumpliendo el mandato de sus padres vivían una reclusión doméstica, de la casa al colegio y viceversa. Desde el negocio las veía pasar algunas veces rumbo a la biblioteca y ahí las abordé preguntando la orientación de una calle. La primera en contestarme con una sonrisa fue Elena, en contraposición a la mayor que bajó sus ojos por vergüenza. Sintiéndome audaz y ambicioso busqué que coincidiera la entrega de mercadería con el paso a la biblioteca. Así fue como a escondidas nos pusimos  de novios. La complicidad de Beatriz se hizo incondicional. Las hermanas con un discurso recurrente lograron conseguir un poco de libertad; por las tardecitas íbamos a dar una vuelta por la plaza del centro. Los sicilianos, creían en las chicas, por eso permitieron esos pequeños actos de emancipación, que por supuesto se ocultaron a los padres.

Las calles de la ciudad fueron testigo de nuestro amor. La sombra de cada árbol era el refugio para nuestros primeros y tímidos besos. Elena se fue metiendo bajo mi piel. Se adueño de mi sentir, en forma lenta, sutil, cadenciosa. Fomentaba pequeñas rencillas para terminar acurrucada en mi pecho solicitando: ¿“perdón o disculpas”? Poseía un desdibujado espíritu urbano, que la tornaba aún más querible.  No detectaba conductas llamativas. Era la pequeña violeta perdida entre las hojas. Era su perfume, su tono, su estilo. Era yo enamorado un perdido en la bruma.

Al llegar diciembre partieron rumbo al campo. Prometieron cartas y llamados telefónicos. Beatriz también dejó una relación con un señor de cuarenta. Ella dice que no es una relación, sólo una buena amistad. Fueron tres meses interminables, no hubo correspondencia ni teléfono. Me contacté con el amigo de Beatriz; a él le pasó lo mismo.

Pasó marzo. Comenzaron las clases, pero las chicas no volvieron a la pensión. Temerosos del mal carácter de los padres, ninguno de los dos nos animamos a ir al campo. Todos los días, rotaban los horarios para pasar frente a la biblioteca o al colegio soñando verla otra vez. Había perdido el interés en otras chicas, sólo recordaba con detalles la expresión de su rostro, la intención ondulante de su cuerpo y aquel encuentro furtivo en la pensión aprovechando la ausencia de los sicilianos. Aún recuerdo la clara y tibia voz de Elena en aquella tarde. Comenzamos a transitar con miedo y gozo el camino de la seducción: con el cuerpo y las palabras.

Acompasó mi espera, espera estoica, un verano de calor uniforme. ¿Deseo o intuición?, marzo era otra vez  el mes esperado. Me sentía un inútil, persiguiendo al viento.

Desde lejos la divisé; estaba en la puerta de la biblioteca. Todo mi enojo, suma de reproches y palabras airadas, se desvaneció frente a su sonrisa y su acostumbrado ¿“perdón o disculpas”? Mis brazos la rodearon y sólo existió el momento del reencuentro. Ya llegaría el tiempo de las explicaciones; pero Elena a borbotones, rápida contaba el porqué. Debieron pasar un año completo en el campo, pues su madre pese a sus años, había sido mamá nuevamente.  Una niña a la que llamaron: Abril. La ayuda de ellas en las tareas del tambo y la cosecha fue indispensable.

Otra vez el estudio, las salidas y los preparativos. Recibirse. Al llegar diciembre pediría formalmente la mano de Elena a mis suegros; después de un tiempo comprometernos en una fiesta y a los meses el esperado casamiento. Vivíamos el día a día.  Sin cuestionamientos a la autoridad paterna se cumplió todo como lo planeamos.

Nuestra casa estaba poblada de aromas. Se combinaban olores, texturas, altura de plantas, Elena cuidaba el jardín pese a su estado avanzado de “preñez”, como solía decir. Era su momento de tranquilidad, era su mundo, era su espera. Una niña llegó para alegría de todos. Pasados seis meses  se anuncio otro hijo. Dos niñas cerraban el círculo familiar. En mi trabajo iba escalando ascensos. Viajábamos una vez al mes a visitar a los abuelos y a las tías, la menor con muy poca diferencia de edad con las sobrinas. Abril siente especial predilección por mí y yo por ella, que es, en gestos y sonrisas igual a mi madre, según las pocas fotografías que conservo de su infancia.

La vida transcurre sin grandes cambios: el trabajo, mis hijas, la casa. También  las visitas al campo, que  mi mujer programa con rigurosa religiosidad y a las que jamás faltamos. Abril nos espera con la alegría de un cumpleaños, juega con sus sobrinas, aunque también hay roces entre ellas. Recorremos  el campo, ella en su petiso y yo a caballo. Era su compañero de caminos. Cuando nos deteníamos  a la sombra de los bosquecillos a descansar me contaba sus problemas. Ha medida que crecía sus padres ya mayores, no la comprendían:

– Hay cuñado, no sé que haría sin ustedes. Beatriz es buena, pero a veces los del campo somos intolerables, apresados por tanta inmensidad.

Al mirarla, mis ojos se teñían de lágrimas en recuerdo a mi madre, a quién había perdido siendo muy joven. Apenas tenía 36 años y murió después de dar a luz a mi hermano menor.

Beatriz cuidó con esmero a su padre, que no llegó a cumplir los ochenta.

Abril y Beatriz quedaron a cargo de todo. La abuela se siente muy sola sin su compañero siciliano. Ni  siquiera la compañía de Alejandra, otra vecina gringa,  guapa, risueña, comedida y dispuesta a compartir horas de trabajo, logra reanimarla. Abril nos pide que vayamos más seguido a visitarlas, nos necesitan. Tiene que empezar la Universidad, pero no quiere separarse de su mamá y suspendió por un año su ingreso. Un médico joven, recién recibido, viene todas las semanas a ver la salud de mi suegra. Después de un tiempo descubrí que también viene por Abril. Mi cuñadita me pidió consejo. Confía en mí. Fui el primero en conocer su historia de amor. Esperan el desenlace, es eminente. Después de un tiempo prudencial será la boda. Me ha murmurado al oído:

– Antonio, ¿querés ser el padrino de mi casamiento?

Los campos se vendieron. Beatriz fue ascendida y se fue a vivir al pueblo, a la casa de la escuela como Directora. Alejandra nos visita cada tanto. Ahora vive con su hijo en la ciudad. Siempre dispuesta a ayudar: cose, plancha, ceba mate y conversa. Extraña el campo. Esa tarde, llegó temprano, la lluvia era nuestra compañía; estaba solo. Elena había ido de visita a la casa de nuestra hija menor a compartir los nietos. Entre mate y mate sorpresivamente dijo:

– Soy vieja ya, en cualquier momento viene la parca y me lleva. No desearía llevar al campo santo secretos. Si desembucho lo que sé, el alivio llegará y me sentiré mejor.

– Vieja ladina, que querés decir y no te animás. Dale ¡largá!

– No me haga caso Don Antonio, de pura lengua larga quiero parlar.

Por más que insistí, no logré sacarle una palabra más. A partir de ese día, me acompañó un malestar. Presentía que algo grave escondía la Alejandra. Por dos semanas no apareció por casa. Cuando regresó, traté de ser  cauto si quería que alguna confidencia saliera de sus labios.  Estuvo a la defensiva y no quise forzar ninguna situación.

Abril iba a ser mamá. La noticia nos llenó de alegría. Otra vez solo con Alejandra, mate de por medio recordamos el casamiento, lo hermosa que estaba al entrar a la iglesia de mi brazo y lo feliz que se nos veía a los dos.

-Y cómo no iba a ser así, si llevabas a…- bajo la vista, cerro su boca con la mano y sello sus labios.  Perdí la compostura. Me olvide de sus años y la zamarree con fuerza.

          -¡Terminá la frase que empezaste!- los gimoteos y ese cuerpo delgado, vulnerable ya por los años, me hicieron reaccionar.

           Le alcancé un mate caliente, acaricié su cabeza y tranquilice a ese corazón que, sin dudas, latía con miedo.

-No voy a dejarte ir, hasta que me cuentes esa historia que tu alma ya no soporta.

           Me miraba incrédula, temerosa, con ojos desorbitados. No sabía si contar o callar. Nos seguíamos mirando en silencio, cada cual en su mundo, tratando de imaginar que pensaba uno del otro. Las lágrimas comenzaron a caer por el surco de sus arrugas. Respeté su dolor. ¿Angustia o decidió callar? Como una rueda, intuía cosas, quería unir trozos de nuestras vidas, recordar momentos vividos en el campo o en la ciudad, pero todo me parecía increíblemente falaz. ¿Qué identidad ocultaba? ¿Qué palabras descarnadas no iba a pronunciar? Un gesto de cansancio en ella me hizo comprender que debía abandonar el dominio al que la estaba sometiendo. Cambié de tema y preparé de nuevo el mate. Al caer la tarde, quiso volver a la casa de su hijo. Siempre le pagábamos el taxi, ella es para nosotros parte de la familia. Al darme el beso de despedida repitió la frase:

– Y como no iba a ser así, si llevas del brazo a tu hija.

El taxi arrancó y con Alejandra se iban las explicaciones. Quise razonar. No quise dejarme llevar por la corriente de las palabras.  Me intrigan los misterios, los enigmas del mundo, en la literatura o el cine, no en mi propia vida. No sabía cómo iba a actuar frente a Elena. Llego para preparar la cena. Con su sonrisa habitual saludó:

– Hola, cómo estás, ¿me extrañaste?

Los cachetazos sonaron sobre su rostro. Fueron uno y otro. Uno y otro… La fui empujando hasta arrinconarla contra la pared. No me importaban sus lágrimas, sus gemidos de dolor o sus gritos preguntando:

– ¿Por qué? ¿Por qué?- repetía ante mis golpes.

Recién cuando vi su cara ensangrentada, paré y pude preguntar casi sin voz:

– ¿Por qué ocultaste a nuestra hija?- la increpé con impotencia, dolor, desesperación.

Entre sollozos como buscando en su memoria contó:

-Mis padres me obligaron a hacerlo. Sólo yo sé lo que sufrí. La violencia verbal de ellos: recriminaciones, resentimientos, desconfianza. Callé tu nombre para salvarte. Temía la reacción de mi padre hacia vos. Una vendetta. En su ignorancia no median consecuencias. Estuve encerrada bajo llave en mi dormitorio siete meses para que nadie me viera. Mi madre con un almohadón simuló un embarazo. Alejandra me ayudo a traer al mundo a mi hija. Siempre les tuve miedo, más a ellos que a vos. Jamás entendieron las cosas de la vida.

Un poco más tranquila continúo:

– En el agobio de tantos días, imaginé cosas para esa personita que atesoraba en mi vientre. Imaginaba, a veces, una casa, un patio lleno de árboles y flores, una hamaca. Otras, soñaba que la muerte venía y me la arrancaba de mis brazos. Las más, suponía que mis pechos, secos y mustios no tendrían leche para alimentarla.

Pensé: está usando demasiadas palabras para salvarse. Al momento comencé a odiar. Me inundaba un sentimiento que jamás había experimentado. En el torbellino razoné. El secreto debe continuar y nosotros llevarlo al más allá. Ellas deben continuar siendo tía  y sobrinas, cómplices y aventureras que comparten la familia.

Elena intentó un tímido, “¿perdón o disculpas?” Eso me enfureció aún más. ¿Qué hago ante tan infame mentira? ¿Qué rescato de estos 25 años? ¿Podré confiar en ella otra vez?

No sé que puedo llegar a hacer por mi hija, puedo llegar a matar por defender a mi hija mayor.

 

EL BAR ANTEQUERA
Ruben  Guastavino  Ramos.

En «La Rinconada” norte de la plaza Independencia, (ahí frente a la Ciudadela donde  comienza a aparecer la «Ciudad Vieja”), estaba el BAR “ANTEQUERA”. A un par  de cuadras el bar “TASENDE” y cruzando la plaza, el “SOROCABANA”, el Palacio  Salvo, el Teatro Solís y un poco más allá el ANTEQUERA. «EL ANTE» (como lo nombramos los «entusiastas»). Ese Bar,  fue uno de los más emblemáticos de «la noche  Montevideana». De día era un boliche como  tantos, con aroma a café y gente común ocupando sus mesas. Pero llegada la noche, se convertía en un un punto de encuentro para  bohemios, escritores, «murgueros» y amantes de la madrugada. En aquel tiempo era apenas un pibito de 18 años que trabajaba en el bar Tasende. Escribía algunos  versos PARA LOS CONJUNTOS CARNAVALESCOS ayudado por el poeta  Homero  Martínez «Abran Visto» quien me hizo conocer por  primera vez el Viejo «ANTE» y  por él, hacerme de buenos amigos; algunos de los que aún conservo. Allí aprendí a vivir, me hice hombre y me  enseñaron a  respetar la amistad. Compartí horas literarias con Mario Benedetti: a quien había conocido en su ciudad natal, Paso de los Toros cuando trabaja de viajante. «Don  Mario» como le decíamos respetuosamente los más jóvenes «Tito Cabano», Carlos Roldan, Julio Alasio, Donato Raciatti y Edmundo Rivero (cuando los sábados cruzaba»el charco» en el «vapor de la carrera» para mandarse unos tangos en el teatro Ateneo. El Antequera fue  inaugurado mucho antes, en el año 1955 por Feliz Croccia; “El tano Feliche” para todos los  habitués. Aun lo  recuerdo cuando se acercaba a nuestra mesa, nos saludaba uno por uno  y le gritaba al barman alzando las manos: !“Che Cartónazo”!… Serví una vuelta pa`los“cajetillas literatos” a ver si los tratamos mal y se van a  parar al “Quita Penas” de la calle Mercedes. ”Feliche” llegó a Montevideo en 1917, siendo su primer trabajo de “lustrabotas” en el lujoso “Bar Británico”. El Antequera cerró sus puertas mucho después en 1985. Fue reducto exclusivo para los amantes de la noche, un lugar insobornable solo para los muchachos «Calaveras» que buscábamos un lugar de encuentro para desgranar los «berretines», compartir nuestros poemas, pero también para los cultores de distintas formas de vida y arte. Un sub. mundo que aparecía cuando la noche con sus sombras comenzaba a ocultar lo más convencional. Personajes de la política, deportistas, jugadores de fútbol,  artistas  argentinos y españoles  que se hospedaban en el Palacio Salvo. Cantantes famosos  y bellas mujeres  bailarinas de los cabaret del puerto montevideano, que entre el sonar de los cubiletes, las  copas de champán y las voces de «los entusiastas», buscaban olvidar alguna pena. Entre las bellas que aun recuerdo estaba ROSA LUNA  «la negra Rosita»,  bella verdete de ébano, Diosa de las comparsas montevideanas que alguna vez, me halagara con su preferencia. ¡Hay tanto para recordar! (Tal vez lo haremos en  otra ocasión). Aquí les dejo este poema que escribí un día cuando  fui a recordar la fachada del !VIEJO ANTE» y me encontré con unas oficinas repletas de empleados que no imaginaban  la historia del lugar donde estaban parados, ni las voces ocultas en las paredes que tenían a sus costados. El bar ANTEQUERA, en el silencio de sus noches, se alimentaba con el dolor, la alegría y el entusiasmo de aquellos entusiastas que lo amábamos tanto como nuestra casa.

A TU RECUERDO
Sofy…Poeta del corazón  del alma.

Quisiera no tener que decir que tuve la oportunidad de amarte en mis mejores años, que no lo hice gracias a la lengua filosa de la gente que se encargó siempre de poner su parte en esa aventura que hoy tardíamente sé que era solo para dos.
Siendo jóvenes e inexpertos solo pensábamos en no separarnos, sin estrategias que formaran esa trinchera que nos cubriera de las balas de mentiras que nos lanzaron al olvido en ese entonces.
Siempre que te veo en mis sueños quisiera que no lo fueran, y estar junto a ti cuando despierto, me siento nostálgica, divago en esos días que contigo era tan dichosa, comencé por creer que estabas enamorado de otra, al enojarme por una tontería contigo en esa fiesta de primavera que se hacía en nuestro pueblo, quise con el alma preguntarte si ya no me amabas, pero mi orgullo triunfo y no lo hice, cuando te vi bailando y conversando felizmente con mi amiga sentí tanta tristeza que no pude seguir ahí, me aleje; sin saber que tú le preguntabas por mí y ella te animaba a acercarte para que me hablaras y volviéramos.
Que tonta fui, como lo lamento, si quizás hubiera esperado un poco tu habrías ido hacia mí, todo se hubiera resuelto, pero no fue así, a los pocos meses me hice la enamorada de otro chico que no sabía la historia, pero me creyó porque lo hacía tan bien como solo una mujer despechada y herida es capaz de fingir que no le importa nada de la persona que aun ama.
Que fallo de mi corazón, ahora le reprocho el no mandarme un aviso, una señal que yo todavía vivía en tu corazón, y que tu jamás saliste del mío, como me dolió verte años solo, sin buscar una pareja, cuando yo ya casada me di cuenta de mi error, lloré y me arrepentí tanto de mi actitud como no lo imaginas, luche por mantenerme firme cuando te veía y me veías sin hablarme…Herido
Con esa carga e vivido toda mi vida, con ese error entendí que la soberbia y el orgullo no deben morar en el corazón de un enamorado, que lo mejor es hablar y entenderse, sacar conclusiones sin estar seguro te lleva a realizar lo que no deseas y lamentas toda la vida, ¡Te quiero! Hoy lo diré sin miedo, ¡Te amo!, Siempre serás alguien especial, hoy, ya no estás, partiste primero al viaje sin regreso que realizamos todos los humanos, pero sé que desde donde estas continuas amándome, sé que conocerás y veras dentro de mi todo el amor que aun te profeso. Dime que me amas en mis sueños, susúrrame ese poema que me decías cada vez que me besabas, muerde mi lóbulo para decirme “Te veré mañana” Como lo hacías siempre, cuéntame que eres feliz, porque ahí es más fácil ver dentro del alma, habrás notado que mi cariño siempre fue tuyo, que jamás te olvide…Que te amo aun…Con toda el alma.

Nunca te casaste siempre decías que si un día quedaba sola correrías a mi lado, eso me hacía sentir tan protegida, y a la vez tan avergonzada por mi proceder, te pido con el corazón que me perdones, quiero decirte que si un día parto quiero que me recibas, para caminar juntos por el sendero que no recorrimos en este mundo. Sé que no desaprovecharemos la oportunidad de amarnos con la fuerza del amor que nos regaló la vida, pero que las equivocaciones echaron por la borda, cambiando sin imaginárnoslo siquiera…Nuestro destino.

Nunca claudiques al orgullo, solo sigue los dictados de tu corazón que te sirve dentro de ti no solo para darte vida, sino para amar intensamente. Y llegarás a conocer el sentimiento puro que Dios eligió para donar a los seres que formo con polvo diferente…Amor.

 

 

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