CUENTOS RELATOS Y MICRORRELATOS

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Marzo  2021 nº 41

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AL SERVICIO DE LA PAZ Y LA CULTURA HISPANO LUSA

COLABORAN- Magi Balsells (Barcelona España)…Chiqui de Santiago (Argentina).-Eunate Goikoetxea (Alicante-España).- Carlos González Saavedra (Argentina).-Francisco Heredia (España).-José Lissidini Sánchez (Uruguay).-Ángel Medina (Málaga-España).- Norberto Pannone (Argentina) María Sánchez Fernández (Ubeda-España) ..María del Carmen Villaverde de Nessier (Argentina)

HABÍA UNA VEZ UNA TRUCHA….
Magi Balsells
Barcelona-España

Elisondo, esta preparando sus aparejos para salir este fin de semana a su deporte favorito, la pesca, lleva muchos años practicándola ha recorrido muchos de los ríos de su país con mejor o peor fortuna

Uno de sus amigos también aficionado a este deporte, le ha indicado un pequeño rió entre las montañas en el cual hay una truchas muy especiales, aparte de su tamaño y de la exquisitez de su carne, tanto le ha hablado de el, que al final le ha solicitado un plano de la ubicación de aquel lugar y una vez ya en su poder, ha hecho los preparativos necesarios para obtener el éxito que le auguro su amigo

Pone su coche en marcha, y con buen animo va hacia el destino deseado, después de unas horas de circular llega al valle desde donde se vislumbra el deseado rio, va remontando su corriente hasta llegar a un pequeño estanque que se ha hecho con el transcurrir de los años y la fuerza de las aguas que bajan de la montaña

Monta su tienda de campaña y empieza a sacar las cañas de su vehículo, busca entre sus anzuelos los que pueden darle el éxito que espera en forma de múltiples presas

Ya lo tiene todo preparado, lanza con fuerza su sedal que cae en el centro del pequeño lago, y ahora armándose de paciencia espera que alguna de las truchas que nadan entre sus aguas se enamore de su cebo

Pasan los minutos y de momento no hay ninguna señal todo esta quieto, saca su sedal del agua y ve que el cebo ha sido comido por algun pez, seguramente muy pequeño ya que dejo el anzuelo limpio, vuelve a poner otro cebo y repite la operación, ahora si que hay novedades, solo tocar encima el agua el anzuelo se produce un remolino en la superficie, y nota que algo tira de su caña no con gran fuerza pero si insistentemente, va recogiendo el sedal sin prisas aflojando un poco y tirando después de esta manera cansa al pez que esta enganchado en su anzuelo, al fin ve aparecer por encima del agua una hermosa trucha, la acerca pausadamente a la orilla y la coge entre sus manos.

Cuando de súbito oye una voz que le dice
.-Pescador suéltame de tu anzuelo, por misericordia
.-Quien me habla, no serás tu trucha ¿
.-Si soy yo, mi raza tiene la propiedad de poder comunicarnos verbalmente con los humanos, por esto oyes mi voz suplicándote
.-Pero porque debería soltarte, tú intentaste comerte mi cebo y ya sabias que podías quedar enganchado, lo siento pero este es el juego
.-No era para mí tu cebo sino para mis pequeñas hijas las truchitas, ya que en este lugar poca comida hay y muchas de ellas se mueren por su falta
.-Este cuento ya me lo conozco, no me engañaras, a la sartén iras
.-No lo creo, Si no me sueltas llamare a mi amigo el oso y este dará buena cuenta de ti.-.
-Me amenazas trucha apestosa, ahora te saco el anzuelo y a la bolsa te meto
La pobre trucha, suelta un gran grito, no compresible por el pescador, lo que hace que este se quede parado en la operación que iba a efectuar

De golpe nota detrás suyo nota una fatigosa respiración, se vuelve y se encuentra en su cara unos dientes enormes como los que tienen los osos, ya que es un oso lo que esta encima de sus hombros, se queda helado no sabe que decir ni que hacer esta agarrotado, un frió sudor empapa su cuerpo, suelta sus aparejos para la pesca, el oso pisotea la caña destrozándola y agarrando a Elisondo por el cuello se dirige a la trucha preguntándole.-
.-Que hago con este mal hombre
.-Nada, creo que con el susto ya tuvo bastante, déjalo que se vaya que recoja sus cosas menos la comida, algunas de las cosas serán para ti y otras para mi y mis hijas
Suelta al asustado Elisondo, que a la carrera se dirige a su vehículo, montando en el lo pone en marcha y desaparece en la lejanía a una velocidad asombrosa
.-Gracias amigo oso por ayudarme con tu presencia
.-.-No me necesitabas, eso lo se pero me ha encantado darle un susto a este pobre hombre que seguro no volverá a pescar nunca mas igual que a todos los que han venido a destrozar nuestra paz, a la cual tu preservas con la sabiduría que te da ser la hada de este estanque y de toda la montaña, gracias siempre a ti que velas por nuestra vida.
A Elisondo nunca mas se le vio con una caña ni comiendo pescado, tampoco volvió ha hablar con su amigo, pues pensó que el ya había pasado la experiencia que el paso y no le aviso y seguramente se estaría riendo de su aventura.

PENUMBRA
Chiqui de Santiago
Argentina

La noche se encontraba calma. La luna escondida detrás de las nubes generaba una oscuridad absoluta. La serenidad del viento en una frisa helada se hacía sentir en el rostro.
Alicia recién acababa de lavar los platos, le era costumbre salir a arrojarle algo a los perros, que siempre esperaban una tajada de alguna sobra. Antes de salir se aseguró de abrigarse bien con una campera con abrigo, un gorro y una bufanda de lana. El invierno
daba sus primeras señales con una helada que traspasaban los huesos.
Los perros se encontraban descansando a un costado de algunas plantas en macetas, tapadas con mantas para protegerlas del frío invierno. El perro más viejo, levantó su oreja derecha y la vista hacia el monte. Los años lo habían hecho un buen observador.
Un leve alarido salió de su garganta.
Alicia dirigió su vista hacia donde lo hacia el canino. Lo que sus ojos vieron, se lo habían contado, narrado muchas ‘veces.
Se desplazaba de un árbol hacia el otro, como un pintor que dibuja sus trazos de forma libre. La envestidura se disipaba y volvió a tomar cuerpo.
Caminaba con paso acelerado, desaparecía y volvía a aparecer en otro lugar del monte. Entre los árboles bailaba una danza singular, por momentos giraba en sí misma con una sinérgica especial.
El blanco de su vestimenta denotaba la virginidad de su alma. La interrumpida y frágil delgadez de sus piernas que por momentos se enredaban y confundían en la suavidad de la tela, permitían deslumbrar la juventud su cuerpo.
Las lechuzas pronunciaban un sonido escalofriante. Los pájaros abandonaban sus nidos, y se alejaban de forma sorpresiva. Los caballos se agolpaban en la esquina del alambrado, y en sus ojos negros, se podía observar el temor. Del otro lado del camino,
el ganado emitía sonidos desgarradores.
Entre las tablas de la tranquera la vio pasar, su silueta blanca y transparente se escabullían y se confundía con la noche oscura.

Se dirigió hacia el casco de la Estancia. El encargado y su hijo menor se encontraban afuera de la casa. Todas las noches les gustaba observar las estrellas. Esa noche, la espera se había hecho larga, la Luna no pretendía asomarse y ninguna estrella brillaba en el firmamento.
Llegó sin avisar, los perros no se percataron hasta pasado unos minutos, sin embargo, sólo la observaron. Su visita esporádica era costumbre.
Paseando a través de los naranjos, se movía con el mismo ritmo acelerado, el zigzag de su cuerpo trazaba una matriz sin igual.
El edificio escolar también fue testigo de su visita. La galería principal de la escuela y sus baldosas cuadriculadas volvía a dibujar con su cuerpo traslúcido, un esquema único.
El flotar de ese cuerpo la hacía una mujer espléndida. Las hamacas rechillaron, marcaban un ida y vuelta, frenándose de repente. El sube y baja apenas movió su bisagra arrumbradas por el paso del tiempo. La manivela del mástil realizó unos giros rápidos y pronunciados. La galería trasera, estaba alumbrada con un foco de luz que apenas iluminaba las paredes. Los vientos y las áridas tierras del invierno se adherían al artefacto de luz y lo opacaban.
En esa tenue claridad se perdió………………Alicia, despertó.

CONFESIONES ÍNTIMAS AL MAR
Eunate Goikoetxea
Alicante-España

Mí querido mar: hoy te veo más inquieto que de costumbre; como si la ira y el enfado te hubieran hecho su presa. Mis pies anhelan sentir la tibieza de tus aguas, pero tus embravecidas olas vienen hacia mi con tal fuerza, que me obligan a huir y a conformarme con sentir la humedad de tu arena.

Desahogas tu furia con los riscos como si ellos fueran los culpables de tu enfado; y tal vez lo son. Quizás hayan albergado y retenido en sus recodos a una de tus bellas sirenas que ha perdido su norte. Ese puede ser el motivo de tu furia… Sé cuan celoso eres; te aferras a todo lo que, según tu, sólo puede existir al influjo de tu presencia.

¿Cómo será la sirena que este risco te robó? Sé que no permites que ojo alguno conozca a tus amantes. Cuán afortunadas son ellas, las musas que tu canto inspiran. Las imagino como reinas en su palacio azul danzando al compás de tu ritmo y fraguando sueños marinos. Cómo no amar la paz  que prevalece en la profundidad de tus aguas, en medio de ese silencio que emana de tu vientre. Quien te viera en este instante, no desearía ser parte de ti; mas yo sé que esta turbulencia es tan solo un disfraz, un recurso para cuidarte del mundo exterior; de proteger a tus sirenas y a todo el esplendor que encierras. A mi no puedes engañarme.

¿Qué te han hecho? ¿De qué forma te han herido?  El vaivén de tus olas gritan ansiosas, y en su desesperación parece que quisieran escapar, buscando refugio en la arena, sin saber que en ella encontrarán su final.

¿Acaso es eso? ¿Será que ellas quieran partir, fenecer en la tibia morada de la playa, en esa arena cocida por el sol?  ¿Será ese el motivo de tu furia? ¿Será que no quieres compartirlas con la tierra firme?

Sí; tu amor hacia ellas te ha hecho enloquecer y tratas de detenerlas, de llevarlas de vuelta, olvidando la imposibilidad de detener al tiempo y al destino, pues todo debe seguir su curso y aunque te quedes con algunas, al final la mayor parte habrán partido.

Comprendo el motivo de tu furia, que mas bien me parece tristeza disfrazada.

Crees que el afligirte es evidencia de debilidad y que eso merma en algo tu grandeza y majestuosidad, sin percibir que el enojo y el resentimiento hacen mas honda nuestra pena. Sé cuánto duele perder aquello que se ama, pues siempre se termina perdiendo algo de uno mismo. Asi como en cada ola se va un amor o un amigo, se va también parte de su esencia y esa parte de ti que se va, deja de pertenecerte para entonces fundirse con la tierra.

Ahora debes compartirla, será tuyo su pasado, mas su futuro será del sol, de las huellas plasmadas efímeramente en la arena, de los caracoles que habitan la ribera, así como las algas que estarán a su encuentro con su nueva vida. Pero esto no debe ser motivo de tristeza, aunque se extravíen algunas olas y se escapen sirenas, no pierdes hermosura y majestuosidad.

Mírate ahora… hasta el sol quiere ser parte de ti. ¿Acaso no ves cómo se acuesta lentamente y cómo se refugia en tu regazo ofreciéndote a cambio un festín de colores, queriendo compensar tu abrazo con nubes púrpuras y arcos luminosos que se reflejan sobre tu faz? ¿Acaso crees que las gaviotas vienen aquí por la arena o el poniente?

No. Ellas vienen a contemplarte. Ellas también quieren ser tuyas, mas no cuentan con la virtud de los delfines y corales. Se conforman con extender sus alas sobre tu cuerpo y contemplar en silencio tu grandeza para bebérsela con sus ojos sedientos.

¿Por qué crees que Alfonsina se fue tras de ti?  Ella, al igual que yo, estaba cansada de esta absurda realidad que desconoce de quietud y sosiego; realidad que aspira a parecerse a ti y que tú, a pesar de rodearla, tal vez ya la detestas.

Por eso te enfureces cuando intentan quitarte lo que es tuyo, cuando violentan tu lecho, cuando muchos quieren convertirte en basurero. Ellos no te ven como ella pudo verte… De la misma manera en que hoy mis ojos te rinden pleitesía.

Déjame ser una de tus amantes; olvida a la sirena robada y tómame en su lugar. Déjame ser parte de tu historia, calma con tu furia la ansiedad de mis besos y regálame la paz que este mundo me niega. De algo puedes estar absolutamente seguro: mi amor por ti es insondable…

CUANDO QUISE SER MARADONA
Por Carlos González Saavedra (Charlitos)
Argentina

Las ocho de la mañana de ese primero de enero, había llegado el día. Después de esperar siete años, al fin comenzaban las vacaciones!!!
Habia elegido un destino, lejos de todo barullo. Al menos los primeros días.
También habia elegido con quien ir. No quería una compañera que estuviera diciéndome lo que tenía que hacer o no.
Conociendo Merlo, San Luis, pero no en la misma ciudad sino en sus alrededores.

Los Molles precisamente donde también se mantiene el microclima.
En esa zona, suspendidos en el aire, por efectos del viento. Hay partículas sub-atómicas, llamadas iones negativos. Elemento imprescindible para combatir el estrés.
Nos quedaríamos diez días.

El dueño ofrecía un departamentito contiguo a su casa, dentro de un paraíso, así me lo había expresado.
Guillermo era una personas muy agradable y amable al trato. No había contado nada distinto a lo que había prometido. Por el contrario.
Era su casa familiar donde vivía con su esposa y dos de sus hijos, ya que la tercera estaba estudiando en Córdoba. Su esposa, amorosa y muy atenta.
Habia transformado  un antiguo garaje de la casa principal en un coqueto departamentito., rodeado de aire puro y naturaleza.

Comedor diario  con cocina incluida, un pasillo que daba a la galería vidriada donde  los pájaros confundían la transparencia y chocaban .Por ahí se llegaba al dormitorio confortable, amplio y limpio. Un baño para mi gusto chico, pero no importaba demasiado.
Todo esto rodeado de mil quinientos árboles, con riego por goteo ideado por Guillermo. Un gallinero prolijamente mantenido, con aves del lugar, alejado a unos 150 metros. Parrilla y hasta horno de barro para cocinar unas empanadas o pizzas. Todo, al pie del Cerro de Los Comechigones.
Ah!!!Un estanque grande para almacenar el agua de la bajante del cerro y de una bomba que trabajaba de vez en cuando. Prácticamente no hacia falta, con el agua de las vertientes cumplía su cometido.
Es decir, diez días plenos de sol, naturaleza y bienestar.

Los primeros cuatro, por el efecto del microclima, dormiríamos a pata tendida, aparte de  la siesta, de tres horas,
La rutina era desayuno, charla, mate, almuerzo, siesta, chichoneo si pintaba, te o mate cena y otra vez a descansar. Mirar un maravilloso cielo estrellado, lejos de las luces ciudadanas, francamente un lugar soñado.
Completamente descansados después de esos cuatro días, uno quiere hacer de todo, salir, escalar, Rapel, pasear, viajar, conocer. Tiene una energía, una vitalidad envidiable.
Eso hicimos ya casi faltando tres días para irnos Guillermo pregunta:
-Carlos te bañaste en el estanque?
-No, ni me acerqué

-A la hora de la siesta, toma sol en el estanque. Solo escucharás el trinar de los pájaros dentro de un silencio increíble y el agua de vertiente que se mantiene fresca.
Nunca fui muy adicto a las piletas, pero ante su insistencia acepté respetuosamente.

-Sabes nadar’, preguntó. Igual el agua te llega a la cintura, aclaró. Me voy a Buenos Aires pero vuelvo en tres días, no quiero venir y  enterarme que no te metiste, comentó jocosamente.
Acá hay un colchoneta inflable que la dejo preparada por si queres disfrutar.
Hasta el sábado, se despidió.
Confieso que no me sentía atraído por el plan, pero tampoco era tan descabellado realizarlo.
Al día siguiente, después de almorzar y observando el estanque me dije Por qué no?
Carmen, habia renunciado y prefirió dormir.

Inmediatamente una imagen colmó mis pensamientos.
El Diego en Cuba con un habano y acompañado de dos hermosas niñas.
Toda esa imagen  me revolucionó y me impulsó a imitarlo. Si bien no había señoritas sino una señora de mi edad, que dormía profundamente.
Nada me privo del intento de ser por un ratito Maradona. Al menos para mí.

Puse la colchoneta inflable en la pileta y ví cómo se deslizaba suavemente en el estanque. Un sol pleno,  agua fresca y temperatura ideal.
Guillermo me habia dicho:

-Sabes como usar la colchoneta, se va trepando desde atrás, lentamente hasta que estés acostado en ella. Despues ahí con cuidado te das vuelta y te acomodás.
-Siii, respondí como si hubiese subido un montón de veces.

Mi primer intento se vio frustrado porque al pretender trepar, cosa que nunca logré, se dio vuelta y terminé en un hermoso chapuzón en medio del estanque y la muy desgraciada, muerta de risa en la otra punta.
Mi segundo intento, lo pensé bien antes. La traje al borde, me puse en cuclillas sobre las lajas, la tomé con un extremo de la mano izquierda y me tiré cual delfín en el mar. Obvio tampoco lo logré sino que además,  apareció la colchoneta afuera del estanque. Es el día de hoy que no sé cómo pudo pasar.
Otra vez no me vas a vence, me dije. Tranquilo

Pensé si Diego lo hizo que está más gordo que yo, porque yo no? furioso.
Tercer intento. Me senté sobre el borde con los pies en el agua, como para que no se diera cuenta de mi intención. Abracé las piernas a la colchoneta y me deslicé suavemente sobre la maldita, que me tenía a maltraer.
Terminé en el fondo del estanque, miré hacia arriba y estaba esplendorosa flotando como si nada.
Mi perseverancia era mayor aun, intenté vencerla una y otra vez, sin lograrlo.

Casi resignado me vino otro pensamiento, que fue el que me ayudó a salir de tamaña frustracion.Y si a Diego lo ayudaron, si habia un cubanito aguantando la respiración abajo sosteniéndolo?
Si las chicas era un fotomontaje. Solo el habano seria cierto, por la propaganda, claro.
Desistí y me quedó como tarea para el hogar, como en casa no tengo estanque, sabe Dios cuando aprenderé.
A los días, justo el último,  vuelve Guillermo.  La pregunta era obvia y la respuesta también.
-Carlos, todo bien en el estanque, probaste la colchoneta?
-Bárbaro, una tarde espectacular, disfruté muchísimo, parecía Maradona en Cuba.
-Que estés bien y buen viaje. Vuelvan pronto.
-Gracias Guille,  hasta la próxima.

AMO TU ESENCIA ……
Francisco Heredia
España

Te descubrí como un lienzo de múltiples colores y de suave textura… A través de tus sentimientos expuestos fui llenándome de ti de manera exquisita, te adentré en mis sentidos, admirando así cada palabra hecha verso para deleitar mis fibras… En cada encuentro con esos ojos de absoluta bondad pude saber de tu alma y reconocer tu buen corazón. Nada más necesito… nada más para admirarte en silencio y hacer ecos de mi gran emoción… fusión entre tu naturaleza y tu naturalidad que me hace pensar y me hace desear….. Presencia de ti… Sin ti ? Nadie lo entendería como yo… Yo, que te siento tanto como si enfrente estuvieses sí no estas, como si mi ánimo enterneces con tan solo oír tu voz, sentirte cuando duermes, esa ternura que emanas aún si no quieres. Mis suspiros viajan entre moléculas de aire y se hacen cálidos besos en mi pensamiento, sin dar detalles, sin boleto de regreso, solo llegan a ti, y así lo siento…. Mi nostalgia a ratos reclama tu presencia, mi amada mujer, pero mi razón aclara que no tiene explicación estar un minuto sin tu amor, que no hace falta alguna coincidencia, que tan solo escuche como late el corazón… Ni siquiera mis sentidos parecieran entender, es que no se trata de abrazarte, de que estés cerca y poderte tener … terquedad de sentirme tuyo a lo lejos, sin conocer lo que es estar sin ti, no es en físico el sentirte cada día ni son reglas de esencia que lo que ame de ti solamente sea tu existencia…. Esa ESENCIA que me arranca sonrisas ya sepultadas, apoyándome en la nada sintiendo que me sostienes, que mi verdad no detienes, que no la dejas de oír y que es tu esencia el anclaje con que sustento el vivir…. Así que mi sentimiento no responde a ver un cuerpo, ni a sentir que me has tocado…. Mi amor es puro, sincero y afortunado, porque nada lo controla, solo amo lo que eres… eso es lo que me enamora.

PREFIERO AMARTE
José Lissidini Sánchez
Uruguay

Que penoso. Estoy hecha un asco. Que tristeza me da eso. Metida acá adentro, con el pasar de los días, ni cuenta se da una de que se va dejando. Lo peor, es que  te acaba dando lo mismo. No te peinas, no te maquillas, no deseas gustar, ni siquiera gustarte a vos misma, menos aún, que al pasar tu carita frente a un espejo, te conforme lo que ves.. Te bañas y cambias la bombacha por costumbre, por inercia,  por hacer algo, pero a veces, lo alargas un par de días, y hasta algún día se prescinde de la bombacha bajo la bata, sin complejos y por comodidad, total, si estas más sola que el uno. Siiiiiii. Total, nadie se va a enterar. Además, el único que se arrima a mi puerta últimamente, es el pibe  Delivery de PedidosYa.  Me siento como inserta en un vacío, carente de sentimientos y sensaciones, como aletargada, anestesiada. Ya no corro ni me preocupa el reloj. Trago todo el día, chancleteo de un lugar a otro de este mundo, en el que se ha transformado mi apartamento en esta época, buscando matar el tiempo, buscando algo que hacer que ya no haya hecho treinta veces. Pero lo más cruel, es no sentir tu compañía. ¡Dios! Voy a quedar como una ballena, si sigo engullendo. Cuando esto pase. Si es que pasa. Espero que alguna dieta me funcione. Pero lo que más falta me hace, es la satisfacción de verte, mucho más que la del azúcar o la harina, eso es solo vicio efímero. Pero mi vicio por vos, me resulta imposible dejarlo de consumir. No quiero deprimirme, pero eso me está matando, está acabando con las pocas defensas que me quedan. No me importa lo saludable y nutritivo. Me mando dulces como loca. ¡Qué me importa! Si lo realmente saludable para Silvia es Laura, y no me es posible consumir ese dulce, por tu maldita Diabetes y mi cuarentena a causa del Covid . No siento una mierda, pero el dichoso Hisopado dio positivo. Me hace falta la satisfacción sostenida, que yace en nuestros abrazos, en los paseos cotidianos por la Rambla de Pocitos, mate, sol , río y risas. Eso que habla de Libertad, de paz, de estar bien con la vida, que habla de amor, por ahora confiscado, espero que nunca destruido. Extrañaría el reírnos  de esos tipitos, que nos acribillan con las miradas y sus malos pensamientos,  al ver nuestros labios juntos. Dos locas. Palabras exactas que nos resumen Vos siempre has dicho que somos dos locas.. Yo sí que  me estoy volviendo loca, en este habitáculo mínimo y sin vos.

¡Por favor! Cuantas pérdidas. Y después, se habla mal de los placeres inmediatos. Como extraño vivir cada día, entre hechos comunes. Nada de Covid 19,  mascarillas, alcohol en gel, cifras, miedo, deportes y canales de TV que te masacran a Pandemia, películas y capítulos de series, repetidas hasta el hartazgo y malos productos con conductores improvisados e idiotas, que se hacen los vivos. Me pregunto: ¿para qué pagar el robo descarado, que resulta la cuota del cable? Es tirar mierda al río.  Pero eso es lo que menos  me  preocupa. Me  preocupas vos Laurita , porque vos sos lo mío , el timón del barquito de papel que es mi vida y, es agónico andar como barco sin timón. 

El Covid nos está arrebatando los placeres  y  las alegrías , no solo nos pretende despojar de la  sa –

lud física y hasta la intelectual, sino también quitarnos la energía y quebrantarnos la voluntad. Todo esto resulta brutal, contradictorio, sin respuestas que resulten coherentes. ¿Dónde quedó la empatia? ¿Cómo aggiornarse para vivir esta época? Si solo hubiera alguien, a quien mandarle ofrendas para que esto pase de una vez. Hace casi tres meses que no nos vemos, y te juro que te comienzo a sentir apenas y ajena, y eso me aterra. Acaso, ¿solo me estará pasando a mi o habrá otros?  Ya me aburrieron el Face, Twitter, Linkedln, Reddit, Instagram y las demás redes sociales, porque te das de cara con la miseria humana a plenitud, de la sociedad actual, bajones totales  y una diarrea de violencia que no vale la pena reproducir. Casi no entro, no leo, no comento. Quizá sean una enfermedad, más virulenta que el Corona.

De pronto, tu fantasma me recorre la piel. Tu sombra me duele en el pecho y, se me cuelga del cuello. Chiquita. Apareces y desapareces. Busco entonces nuestras fotos. Me rio de tus morisquetas, te burlas de mí. Todo mi ser reclama tu afecto, como si te hubieras muerto. Disculpame , ya digo pavadas . Es este tiempo tramposo en el  que me pierdo . Estoy para el psiquiátrico.

¡La puta, che! El jean no me cierra , me falta como un dedo. ¡Pero! Si el otro lunes me cerraba. Lo que decía, es esta jodida manía de tragar y tragar. Pero que nadie piense, que por eso, me voy a tomar una dosis de ácido Prúsico o cianuro.

Está visto que todos los elementos toman represalias, se confabulan contra nosotros, aprovechan. Necesito ya, buscar donde reclamar un poco de certeza y alegría, pero no quiero vagas respuestas que no me convenzan, y me dejen peor. Quiero buscarme en los días viejos junto a vos, sin disculpas ni secretos, encontrarnos dos tipas que se entienden, sentirme alzada y húmeda. Contra eso, no puede este maldito gusano que por mi cuerpo se desliza. No, cuando te abrazo en la habitación segura de mi corazón, donde se agita la ternura, donde fluye nuestra savia, donde yace el verdadero querer. Ahí adentro, donde nuestros cuerpos arden cual antorcha.

Si alguien creó esta porquería que nos amenaza, te juro, le deseo que ojalá reviente como una Chinche, que se deshaga como una babosa en la sal, que se retuerza como una víbora descabezada. Porque el Covid 19 famoso este, se atravesó en nuestro camino y nos empujó a un oscuro laberinto, pero el temor no hace que te olvide, ni que se congele nuestro río, aun en este gélido julio de Montevideo, porque el calor que me haces sentir, es mucho más real y cierto, y aunque yo esté confinada y vos en CTI, no nos podrán arrancar el amor , porque nuestro amor jamás se sentirá perdido o huérfano. ¡Ay, nena! Distanciamiento físico. Estamos presas. José, por llamada de video, me dijo que me dejara de pavadas, que no me hiciera la cabeza, pero lo cierto es que el bichito, hace de las suyas.. Confinada, al final, dudas de todo.  Siento tu soplo y me dueles bajo las costillas. Cada día imagino que estás en la puerta, llamás, escucho tu voz diciendo, – Silvia. Abrí. Soy yo-. Saludas a la vecina, te abro, entras, comemos juntas y después hacemos el amor.

Otra vez hoy como ayer, me levante sin que me importen los espejos, parezco una chiruza. Hoy, otro día improductivo. A la noche, toca Got Talent. ¿Cómo aprovechar el tiempo suspendido? Ya ni recuerdo la Feria  y me devoré todos los libros , hasta los de autoayuda , que  me paspan . No  tengo

perro, gato ni plantas que regar, y si tuviera un Loro, creo que ya me lo habría comido. Lo peor es que Tampoco recuerdo la última vez, que me dijiste, bombonazo. Una boluda en la tele, dijo que hay que inundar el Universo de amor. ¡Qué vamos a inundar! Si no nos podemos abrazar, besar, acariciar, y para andar en la calle poco menos que tenemos que meternos dentro de un profiláctico gigante… ¿de dónde amor? Hemos caído en un abismo de insensatez, desmesuradamente solos, en donde la solidaridad se ha vuelto un valor, cada vez más escaso. Estar encerrados, la separación, es una verdadera miseria. Esto no está bien, y la aceptación es peor. Por este camino es que se accede a la locura, y se esfuma la felicidad, imperceptiblemente. En la radio, escuché que están surgiendo nuevos focos en el país, y que el gobierno podría retroceder en las medidas de liberación de actividades.¿ Quién los entiende? Por todos lados, te “invitan” a quedarte en tu casa, y el gobierno quiere reintegrar gente a sus actividades, inclusive en la enseñanza. De locos. Hoy ya no sé, cuales son las decisiones correctas. Tener que reprimir, es lo jodido. Pero a pesar de todo, vos y yo somos. Bendecidas, amables, sinceras, leales, verdaderas, queriéndonos. Aunque contagiadas, somos más que muchos, a pesar de que por ahora no existan entre nosotros ni palabras. En la alacena te esperaran los ajíes, morrones y la criolla que tanto te gustan. Porque amor, comida, reír fuerte, hablar, escuchar, somos nosotros. No. No estoy confundida. Tengo muy claro, que todo lo que quiero está en vos y que con vos quiero vivir.

Hogar, dulce hogar. A quién se le ocurrió esa frase, ni imaginaba que un día existiría algo llamado Corona Virus, que llevaría a que surgiera una contraparte como, Prisión cruel Prisión. Aunque desde mi Prisión, se alcance a ver el Río de la Plata. En medio de todo esto que resulta alucinante. Me esfuerzo, estoy intentando ser normal, pero necesito de vez en cuando una señal de vida, remontar vuelo. Por eso, a veces se me ocurre la locura de que soy gaviota en el medio del rio. Dicen que : “ no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista”, pero en un tiempo donde hasta las carcajadas se esconden, y lo hermoso y preciso de la vida, se tapa las orejas, me pregunto: ¿ hasta donde se puede?. Aguantar, digo.

Sufrimos la presencia de un abusivo, de una rareza abarcativo y universal que se cree omnipotente, que nos estrangula, nos entierra sus uñas como navajas, y nos obliga a enjaularnos, a escondernos, nos impone la obligatoriedad de sufrir, de renunciar al apego. De pronto, si actuamos con humildad, nos ayude a revalorizar y crecer.¡ Paaa! Si ahora resulta, que hasta filosofa me he vuelto.

Confieso que últimamente, le estoy rezando a todos los Santos que conozco, prendo velas, sahumerios, aceites esenciales, he hecho mil promesas, me hago la fuerte pero tengo miedo. Porque en vez de escuchar esa voz en el celu, que me diga que te marchaste, yo… prefiero amarte. Amarte sin pedir perdón.

LA MUJER PERFECTA
Ángel Medina
Málaga-España

Regresé a mi pueblo tras una larga ausencia. Todos nos conocíamos, y pregunté por alguien al que pronto noté su falta. Era el fraile que cuidaba de la grey. Al interesarme, señalaron con gesto poco acogedor hacia el caserón que se destacaba en la cima del monte. Debía de ser ya nonagenario, y concluida su labor pastoral dedicaba su tiempo a la ciencia, de la que siempre fue adicto.

Decían que se había convertido en huraño y cuchicheaban que, habiendo sido durante el tiempo que permaneció pastoreando las almas   un hombre sumamente recto, fomentando entre los lugareños la virtud, ahora, se dejaba de cuando en cuando entrever en las noches oscuras, carentes de luna, exhibiendo la compañía de una hermosa   mujer mucho más joven.  Además, tenía fama de oscurantista. De persona que ha pactado con el diablo, pues convive con extrañas criaturas. Yo, por mi parte, hombre versado y mundano decidí acudir a visitarle.

A pesar del paso de los años, mantenía la misma fisonomía. Vestía el hábito de san Bruno, manteniendo la capucha echada atrás, de modo que me era posible contemplar su fisonomía sin mayor impedimento. Una vez allí me pidió que le acompañase a almorzar.

Nos sentamos a la mesa e hizo sonar una campanilla. En tanto que el sirviente nos traía una bebida observé algo que me llamó la atención. Tenía unas manos grandes y negras; la palma era por contraste, rugosa y blanca. Intrigado, recorrí su figura con la mirada, quedando asombrado. Aquella criatura, revestido el tronco por un peto de tirantas y las piernas por unos largos pantalones, poseía unos brazos excesivamente largos y peludos. La miré con aire petrificado, dándome cuenta que había comprendido mi extrañeza, mostrándome una sonrisa cínica a través de su impoluta dentadura, en la cual se destacaban dos enormes colmillos. No acababa de dar crédito a lo que mis ojos contemplaban. ¡No podía ser! ¡No era humano! Era un chimpancé. De inmediato di un respingo, que casi me cuesta asentar mis posaderas sobre la mesa. Mi anfitrión me dijo que me tranquilizara, en tanto que el antropoide permanecía impertérrito, como correspondería a un educado mayordomo. Luego, hizo un gesto y el animal volvió sobre sus pasos, desapareciendo tras una puerta.
― Comprendo su sobresalto- me dijo- pero no debe tener temor alguno. Manuel es completamente manso. He pasado años dedicado a la investigación y el chip que le implanté en su cabeza le hace obedecerme en todo. De esta manera, dispongo de un servidor gratis.
Mientras me hablaba, me fijé en su rostro. Tenía una extraña nariz. Era postiza; parecía de platino. Hice ademán de decirle algo, pero me contuve. Él, muy observador, me hizo un comentario.
― No es lo que piensa; no ha sido el mono. Lo hicieron los hombres del pueblo, supersticiosos y celosos del progreso- apostilló.
No osé insistir. Bebimos el exquisito caldo, y el animal nos sirvió la comida. Esta vez, aun mirándole con obsesión, lo acepté sin dramatismos.
― Supongo que le habrán contado ciertas historias sobre mí; quiero que compruebe la realidad por sí mismo

Y sin dejarme reponerme, accionó un mando a distancia, descorriéndose las cortinas que ocultaban un escenario tipo proscenio, apareciendo una orquesta de extraños músicos. Eran todos autómatas, a tamaño natural, vestidos con una camisa blanca, pantalón oscuro y zapatos negros. Cada uno se encargaba de tocar un instrumento; fuese de viento (había un saxofón, una flauta y un clarinete); de cuerda (arpa, violín, chelo) o percusión (timbal y platillos). Acto seguido, mirándome con complacencia, pulsó otro y los músicos de metal comenzaron a interpretar una melodía. Programados los artilugios, nos amenizaron el buen yantar (como paso por ser un hombre prudente, no quise preguntarle si la comida la había cocinado el mono).

Percibiendo mi éxtasis, me dijo durante los postres:
― Permítame que le presente a mi androide preferido. Bueno, no- matizó- mi preferida es otra.
Accionó el botón rojo del mando y se presentó ante nosotros un robot con apariencia humana. Su cabeza se asemejaba a una escafandra y tenía dos ranuras, a modo de ojos, emitiendo constante tintineo las dos lucecitas rojas que brotaban de su interior; también una abertura con forma de boca. Caminando basculante, se nos aproximó.
― ¿Qué desea el señor? – preguntó con voz latosa y ahuecada.
― ¡Ande, pregúntele usted! – me invitó.
Después de dudar, me decidí a hacerlo.
― ¿Qué día es hoy?
El cacharro me respondió con precisión. Miré a mi convidante, y asintiendo, volví a interpelarle. Pero cada vez que lo hacía, su respuesta era igualmente precisa. Luego, el viejo le ordenó que se marchase.
― ¡Admirable! – no pude menos que decirle.
Como si el adjetivo sirviera de conjuro, comenzaron a piar un grupo de pájaros coloreados; a batir sus alas otro de mariposas. Advirtiéndolo, aquellas pequeñas máquinas nacidas al amparo del ingenio de mi anfitrión, quisieron saludar mi presencia.
― ¡Fantástico! ¡Fantástico! – se me escapó la lisonja.

―  Esta es mi ciencia, mi querido amigo- me replicó- Máquinas que he creado y que imitan los movimientos de los seres animados. Otros, antes que yo, también crearon artilugios. Fueron notables los autómatas de Vaucanson; el águila voladora de Regiomontano; las cabezas parlantes del abad Micol; e incluso las máquinas de Leonardo. Pero todo esto viene de antes. Fíjese, que en siglo XIII se le atribuía al rabino Ye´hiel construir autómatas que le servían como fieles criados; también haber dotado a su casa de un sistema de seguridad, que le permitía ver fuera de ella.  Invenciones inéditas, hasta el punto de querer desvelarle sus secretos al rey San Luis de Francia, pero el rey santo, temeroso de Dios, se negó a compartir sus conocimientos. Incluso san Alberto Magno, que vivió en aquella época, hombre por otra parte amante de la alquimia y los saberes ocultos construyó un ingenio, que, como el mío, daba respuestas acertadas a los problemas que le formulaban. La misma leyenda afirma que su discípulo, santo Tomás de Aquino, destruyó aquel maléfico invento, por considerarlo obra del tentador.  

Volví a fijarme en su apéndice, y creí haber comprendido lo que antes no alcanzaba a entender.
―  Todo ha sido maravilloso! – le mostré mi agradecimiento, no solo por su amable hospitalidad, sino por haberme hecho participar de todo lo que le rodeaba.
― ¡Aún queda lo mejor! – me insinuó al despedirme- Es posible que algún día lo vea.

Pasaron los días, y como era habitual en el pueblo la única noticia era que no había nada de qué hablar. Una noche, oscura como la boca del lobo, estando sentado plácidamente en mi terraza, advertí cómo se deslizaban dos sombras. Observándolas, me resultó que una se correspondía con la del inventor; y, precisando, me pareció que su acompañante era una mujer. Aunque dudé por un instante, me decidí por acercarme hasta ellos. En efecto, era él. Y si bien el hábito no hace al monje, él debía de seguir sintiéndose como tal, llevando puesta la misma vestimenta. No se sorprendió al verme, pues, aunque no lo esperaba, sabía que cada vez que bajaba de su casona para efectuar alguna compra, su presencia suscitaba las miradas oblicuas y malintencionadas de los lugareños. Entonces, me fije en ella. Era una mujer joven, de extraordinaria belleza, larga melena negra que se confundía con las tinieblas; sus ojos eran de un verdor profundo, semejante al de la hierba cuando es regada por la lluvia, su nariz correcta y los labios carnosos. Vestía una túnica de una sola pieza, de color blanco. Caminaba parsimoniosa, prestándole su brazo para que el viejo pudiera apoyarse, facilitándole el pasear. La belleza correspondió a mi admiración, mostrándome una sonrisa a través de sus dientes de perla. De pronto, la mueca quedó truncada a modo de una película que congela las imágenes. Al observarlo, el sabio accionó un mecanismo que portaba en la espalda, dándole cuerda (cric-cric-cric), y de inmediato el autómata volvió a sonreír. 

― ¿Recuerda que le dije, que aún le quedaba por ver lo mejor?
 ― ¡Sí! – admití estupefacto. 

―  Le presento a mi última creación: Eva. En tanto que los lugareños no me comprenden, me censuran, se apartan de mí y me toman por un loco y un pecador que se hace acompañar en su vejez por una mujer joven, ella no hace preguntas, no se inquieta, no murmura, no peca, no muestra extrañeza por nada, es amable, y, además, no me considera un diablo.

Cuando se marchó quede dubitativo. ¿Por qué somos tan rápidos en emitir juicios, en suma, en criticar a los otros y tan perezosos en procurar entenderlos? ¿Será acaso por aquello de “ver la paja en ojo ajeno y no ver la viga en el propio”?

EL HOMBRE DE LA BOLSA
Norberto Pannone
Del libro “Entre la realidad y la ficción”,
Ed. “de las tres lagunas”, Junín (B), Argentina

           Cada vez que llegaba la hora de almorzar, Myriam, no podía lograr que el pequeño Tobías, comiera.
           Alguien, algún consejero de esos que nunca faltan, le dijo:
            -Dile que si no come vas a tener que llamar al “Hombre de la bolsa”.

-¿Te parece que dará resultado?
           -Creo que si, además, ¿qué puedes perder..?
            Y Myriam siguió con el consejo.

De ese modo, cada vez que Tobías no quería comer, le decía:
           -¡Si no comes, llamo al “Hombre de la bolsa”! y el pobre Tobías imaginaba que un hombre malo y feo vendría a buscarlo. Se ponía llorar y… comía.
Hasta que un día, el niño se cansó de ser amenazado y le dijo a su madre que no comería.
La madre se asomó a la ventana y llamó entonces al  “Hombre de la bolsa”.
-¡Hombre de la bolsa, hombre de la bolsaaaa!
Y apareció un hombre alto y grande con una bolsa gigante, de esas que se usan para consorcio.
Tobías, exaltado y excitado por la curiosidad, salió a verlo.

El hombre preguntó:
           -¿Quién me llama? Y Tobías respondió:
           -Mi mamá.
           -¿Cuál es tu mamá?
           -Esta, dijo el niño señalando a su madre.
Entonces, fue así que el grandote, la metió en la bolsa y se la llevó…

HISTORIA DEL ÁRBOL QUE QUISO SER PÁJARO
María Sánchez Fernández
Úbeda-Jaén (España)

      Vino al mundo en los comienzos de la primavera, cuando el ambiente es voluble y caprichoso y deja su huella soñadora en las criaturas y en las almas que empiezan a formarse.
     Nació pequeño y débil al mismo borde de un gran precipicio.
     Su madre, una hermosa y vieja raíz que por esos lugares andaba, quizás buscando libertades que siempre le fueron vedadas, le alumbró allí, ofreciéndole el más maravilloso de los regalos: la grandeza de un claro y verde valle.
    Creció muy lentamente, y, desde los primeros esbozos del gran árbol que más adelante sería, fue alegre y comunicativo. Sus primeras amigas fueron las hormigas, ¡estaba tan cerquita de ellas! Era tan pequeño que casi rozaba el suelo.
     Miraba curioso  a un gran hormiguero  que desplegaba toda su actividad cerca de su mismo pie. Las veía ir y venir, sin detenerse jamás, a no ser que cambiaran algunas impresiones entre ellas. Les acuciaba la prisa, y siempre iban cargadas con enormes pesos que soportaban  yendo en pequeños grupos y a veces en solitario.
     En una ocasión pudo observar a una de estas hormigas que trataba de arrastrar con grandes esfuerzos el cuerpo de un enorme escarabajo que acababa de pasar a mejor vida. Recorría un corto trecho y se detenía a descansar. Jadeando, y con un gran suspiro decía así:
     −Esta carga es demasiado para mí sola, ¡pero tengo que conseguirlo!
     El arbolillo la miraba curioso y un poco angustiado por la suerte y la salud de su amiga, y le dijo:
     −¿ Por qué no pides ayuda a tus hermanas?
     Y la hormiga, con palabras entrecortadas por el cansancio, le respondió:
     −He de hacerlo yo sola; mis hermanas están demasiado ocupadas construyendo nuevas galerías y ampliando nuestras despensa. La comunidad  va en aumento y hay que agrandar el hormiguero.
     Ya que hubo descansado y tomado nuevos alientos, fue llevando poquito a poco, sin prisas, pero con tesón y coraje, su rico botín hacia el boquete de entrada hasta conseguir introducirlo en el interior.
     ¡Como las envidiaba! Activas, incansables de acá para allá, y él siempre tan estático. Nunca se movía, a no ser cuando a veces jugaba con el aire.
     Creció con el tiempo, y poco a poco aquel hormiguero se fue haciendo ante su vista tan pequeño que ya apenas podía divisarlo. Añoraba a sus activas amigas; sus idas y venidas y esos brevísimos diálogos que con ellas entablaba.
      Alguna que otra vez lo visitaban subiendo a sus altas ramas y le contaban, mientras iban recolectando alguna que otra cosilla, las noticias de allá abajo.

      Al crecer en tamaño y corpulencia, también crecieron sus inquietudes. Miraba el gran abismo que se abría bajo su tronco y se maravillaba de aquella gran belleza.. Los colores rivalizaban entre si, y a veces se mezclaban como en una enorme paleta que estuviera dispuesta para que los pinceles del mejor de los artistas creara la más hermosa obra de arte.

     Toda la gama de verdes estaba allí, exultante; desde el verde-plata del olivo, al oscuro, casi bronce, de la acacia; el verde tierno del trigo recién nacido y el verde amarillento de los sauces, que acompañaban llorando, no se sabe si de gozo o de melancolía, todo el curso del gran río. Los tonos violáceos se sucedían desde las brumas lejanas de la serranía, hasta las pequeñas violetas y lirios silvestres que crecían por doquier. Grandes manchas rojizas y amarillas salpicaban el paisaje. Eran macizos de amapolas y jaramagos.
     Nuestro árbol lloraba estremecido. ¡Así era de sensible! Y de tanto y tanto mirar se fue inclinando hacia el abismo, como queriendo tomar parte con su presencia física de aquella visión extraordinaria.
     Sus ramas se hicieron grandes y poderosas, formando una copa compacta y cónica.
     En ella se refugiaban numerosas criaturas, porque a todas acogía con amor. La cigarra, en las pesadas noches de verano, cantaba sobre sus ramas las canciones más interminables y monótonas. Numerosas aves formaron en ella sus nidos, y tuvo el inmenso placer de ser testigo del nacimiento de muchas vidas.
     Fue cobijo y alimento del gusano que genera la seda, viendo complacido como engalanaba su ramaje con preciosos capullos verdes, blancos y amarillos que más tarde se abrirían dejando escapar el vuelo de una mariposa.
     Fue amigo de todos, y de todos recibió sus confidencias.
     Un claro día, vio como un hermoso pájaro sobrevolaba la inmensidad de aquel valle. Lo llamó con un susurro de hojas que el aire movía, y aquel ave vino a posarse en una de sus ramas.
     −¿Me llamas −preguntó
     −Sí, te llamo porque quiero ser tu amigo. Eres hermosa como ninguna otra ave. ¿Quién eres y cual es tu nombre?
     −Dicen que soy un ave rapaz. Mi nombre es Águila Real.
     −¡Águila Real! ¡Qué hermoso nombre! Ningún otro te hubiera encajado mejor. Tienes la majestad de una reina cuando planeas por el espacio. ¡Cómo te envidio, mi bella amiga!
     −¡Me envidias tú a mí!, pero ¿por qué?. Yo tengo que luchar y defender mi nido, mientras que a ti nada te falta; lo tienes todo.
     −Todo lo tengo menos libertad y unas hermosas alas para volar.
     −Cada cual tiene su destino. A mí me fue designado el espacio, las grandes alturas, mientras que tú está predestinado a estar clavado en la tierra. Los dos destinos, el tuyo y el mío, son hermosos e importantes.
      Y el águila, remontando el vuelo, se alejó confundiéndose en el cielo.

     A nuestro árbol le invadió la melancolía, y cada día le acuciaba más y más su gran deseo de ser un pájaro, y de tanto mirar al vacío se fue inclinando de forma tan alarmante que hasta sus raíces se resintieron.
     Llegó el invierno. Sus hojas amarillearon y cayeron muertas al suelo formando una mullida alfombra.
     Los pájaros huyeron buscando la bonanza de otras latitudes y entonces quedó mudo y triste en su soledad. Únicamente subían a visitarlo de vez en cuando las hormigas, sus viejas amigas.
     Un día el cielo amenazaba tormenta. Las nubes, grises y oscuras, se agolpaban, y el viento rugía amenazador.
      Nuestro amigo pudo advertir que se movía más que otras veces, y una luz de esperanza se encendió dentro, muy dentro de él.
De pronto, inesperadamente, un golpe de viento le empujó de tal forma que, sin saber como, se vio libre de cadenas y sus raíces se desprendieron de la tierra.
     Voló y voló por aquel ansiado espacio. Se sintió ligero y feliz y pudo ver más de cerca todo aquello que siempre había admirado durante su larga vida.
     El viento lo empujaba, y como un gran proyectil cayó sobre las aguas, grises y turbulentas de su amado río.
      Él todavía estaba vivo y, henchido de felicidad, se dejó llevar por la corriente hacia un destino que nunca jamás hubiera sospechado fuera el suyo.

LOS » NO OLVIDABLES » NO SE OLVIDAN
Por María del Carmen Villaverde de Nessier
Argentina

Desde la primera vuelta a la manzana familiar, geográfica, verdadera, ritmada, creadora, de la propia aventura de SER, somos eso, somos lo que encontramos en nosotros mismos, con, por, para, desde… hasta…

Como asistimos hoy a un mundo en crisis, con valores y conceptos debilitados, envueltos en alas de lo insustancial, con ansias de independencia, indiferentes de los límites y la voluntad, la palabra no queda en primer plano. Olvidamos los nombres propios reemplazados por un «nombre-calificativo», globalizante, que despersonaliza. No estamos así muy integrados, con suficiente posibilidad de escucharnos e «incluirnos». No contamos con una dialógica brillante y reflexiva.

«Integrarse» lleva a «aprehender» la realidad para pensarla relacionando lo objetivo con lo subjetivo, siendo de verdad en la circunstancia que reconocemos hoy, casi inválida, con poca capacidad de derribar los muros de la indiferencia y el olvido.

Volvamos hoy, como el año pasado, a los «No Olvidables», leyendo y recordando.

La lectura en la vida es como un buen chocolate, es la información y la formación. La lectura no está en crisis, no. Hay que avivarla desde abajo, desde los niños, acrecentándola en la adolescencia y la juventud para no quedarnos en los signos y sus combinaciones sin suficiente conciencia de los significados. No hay que esperar a ser mayores; es un alumbramiento constante de asociadas experiencias que nos fueron otorgando conclusiones. La lectura así nos permitirá atender los verdaderos significados de todo lo nuevo como en el caso de la vapuleada palabra: «inclusión»… ¿Se respetan y se incluyen todos los pensamientos para sacar entre todos las «conclusiones» más convenientes?

Leer siempre para llegar al puro gusto de leer, con una lectura entera, con lo que se nos dice y lo que tal vez se esconde debajo de cada texto. Que nadie se «bata en retirada», ella es posible por y con los quehaceres y angustias que intempestivamente invaden la realidad. Disfrutemos de la lectura y de sus sabrosos silencios para escuchar y entender el tiempo que transcurre y se hace historia circunstancial, trascendente.

Aquí dos Inolvidables

El primero: Marco Denevi, escritor, dramaturgo y periodista reconocido y premiado en el país y en Europa. Sus más notables obras: «Rosaura a las diez» y «Ceremonia secreta». Revisemos de él esas obras y las que se llevaron al teatro y al cine, y quedémonos con él por medio de esa expresiva narración que, desde la realidad, expone una fantasía simbólica con la función casi fabulesca de hacerse cargo de lo que hoy es y mañana ¿será…? Se trata de «Las abejas de bronce».

Es para leer y pensar en lo aparentemente real de la realidad y en lo que se escapa de ella. Es una inteligente síntesis interrogativa que hoy suele dejarse de lado. Las abejas son abejas y nos regalan la miel con mucho trabajo, por cierto, pero…

Leemos por ejemplo: «Una tarde, al vaciar una colmena, el ‘zorro’ descubrió entre la miel rubia unos goterones grises, opacos, repugnantes. Los probó con la punta del dedo y los halló amargos y nauseabundos».

La historia nos enfrenta con la «conquista económica» de la sociedad tecnocrática haciéndonos preguntas sobre la «máquina de fabricar ensueños» que tantas pantallas domésticas nos traen a diario. Al leer tenemos que ir sintiendo el tiempo que transcurre y ya no es, sentir «el fuego de la casa interior», como dice Bachellar. Es un cuento para gozar de su lectura encontrando una semántica comprometida que nos irá reubicando, como un cuento fantástico, en la mirada social de un nuevo mundo sin una palpable y ciega ambición humana:

Y… ¿las abejas de bronce debilitan y matan las flores…?

¿A qué flores? ¿Y con qué herramientas…?

Para recuperar a Marco Denevi desde «Las abejas de bronce», que no debe faltar en las lecturas cotidianas.

El segundo «Inolvidable al que quiero hacer referencia es Luis Sepúlveda; escritor, periodista, cineasta, autor de cuentos y novelas, nacido en Chile y quien, como viajero, fue desde Punta Arenas a Oslo atravesando desiertos y selvas hasta llegar al barco Greenpeace dando cuenta de todo lo visto y sentido.

Busquemos de él un libro que está allí anhelante y febril: «Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar». Una obra para leer desde los 8 y hasta los 88 años. Una novela de acotada y de valiosa técnica narrativa con especial aprovechamiento del género discursivo y clara elaboración del universo simbólico del lenguaje. El autor va representando con enjundia la interioridad de los personajes, el fluir de la conciencia y la oscilación de la voz narrativa en los diálogos intercalados en cada salto temporal de la historia.

Todo lleva al lector hacia la interrogación y apertura de caminos en una realidad que pinta más de lo que uno se atrevería a contar tan abiertamente respecto de lo que hay que pensar, opinar y hacer… Nos ayuda a encontrar sentido y valor en la solidaridad, la tolerancia y la convivencia de y con los otros, comprometiéndonos con la fuerza concreta de respetar y convivir.

Hablamos tanto de «inclusión» pero nos damos vuelta cuando alguien no comparte nuestras ideas. Un libro para compartir hoy, sin titubeos, para ser parte de la preocupación permanente por el medio ambiente con conciencia social y sin falsos palabreríos; una plausible verdad.

«No pudimos ayudar a tu madre pero a ti sí. Te entregamos nuestro cariño sin pensar en hacer de ti un gato, no, lo que sos y con nosotros…

…- ¿ Y dices que maúllas en muchos idiomas…?, preguntó incrédulo un humano…

Y gato negro y la gaviota, iban cómodos bajo la gabardina, sintiendo el calor del cuerpo humano…».

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