CUENTOS RELATOS Y MICRORRELATOS

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enero  2.020  nº 27
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AL SERVICIO DE LA PAZ Y LA CULTURA HISPANO LUSA

 

DIALOGO CON UN AMIGO
Magi Balsells
Barcelona-España

Entré en Messenger y al momento, este amigo se conectó con la frase de rigor:
– ¿Cómo estás? , hace días que no sabía nada de ti, ¿estás bien?
– Sí, estoy bien, ¿por qué lo preguntas?
– Es que he visto alguna de tus publicaciones en las paginas ning y me pareció que estabas triste o decaído. Es que como explicas las situaciones de una manera tan personal, siempre en primera persona, nunca sé si es algo que te pasa o te pasó.
– Ya sabes que es mi manera de escribir y la verdad es que no estoy triste ni decaído, ya te digo que no es una cuestión de tristeza lo que me ocurre, sino el de ser consciente de dónde está cada uno y qué espera de su futuro y aquí está el problema de mi reflexión: ¿Qué futuro tengo? Ya que para mi , a mi edad, ya no existe futuro sólo pasado y recuerdos que, en algún momento, me ayudan a seguir viviendo.
– No es verdad, estás aquí, el pasado se fue y el futuro nunca llega ya que el mañana no existe, sólo existe el presente o sea, hoy y ahora.
– Quizás tengas razón, pero me pregunto: ¿Cuánto tiempo estaré? ¿Lo sabes…? seguro que no tienes la mas remota idea, ten en cuenta que la vida es como un péndulo que cada vez va mas lento hasta que se para de una vez y para siempre y este péndulo del reloj de la vida no hay relojero que lo sepa volver a poner en marcha.
– Pero mientras hay vida hay esperanza o por lo menos hay que tenerla.
– Ya me dirás cual es la que puedo tener yo, ¿vivir un poco más? Esto no está en mi mano, cuando llegue la hora nada ni nadie podrá aplazarla, pues el final siempre será el mismo más tarde o temprano.
– Siento mucho que estés en esta tesitura, te conozco y se que ésto será pasajero, días malos los tenemos todos
– Ojalá tuviera yo muchos días malos o buenos , es igual, la cuestión sería tenerlos, pero cada vez el saco está más vacío, ya te dije que por mi edad vivo de propina y esto es una situación que al final todos nos encontraremos, lo único que hay que hacer es estar preparado, no temer este viaje final que se realizará, es ley de vida.
– No me gusta que tengas estos pensamientos, tú que siempre has sido una persona alegre y jovial, buen amigo, que has sabido preocuparte de tus amigos.
– Sí, esto creo que es verdad, y sí alguno tiene buena memoria siempre me recordará, lo que ocurre es que con el tiempo los recuerdos ,y más de este tipo, se van diluyendo y al final desaparecen, como todo en esta vida.
Me alegro que me hayas llamado, te dejo dándote las gracias por tu preocupación, pero no quiero dejarte un mal sabor de boca con mis palabras, quizás mañana vea el firmamento de otro color, ahora es negro.
Cierro la comunicación.
Un abrazo, cuídate y gracias.
Hasta otro rato.

BREVE SINFONÍA
Esc.Adrián N. Escudero
Argentina

A la hermana Muerte. En especial, al Abuelo José, y su preaviso inexorable, in memoriam…
Y muy afectuosamente, a un  creativo del alma, buscador de verdades y peregrino de sueños: el plástico santafesino Guillermo Hoyos, que en 1989  ilustrara la portada del libro gráfico que lleva por nombre el de este relato (“Breve Sinfonía y otros Cuentos”, Ed. Colmegna S.A., Santa Fe, Argentina, 1990).
Y a la talentosa artista plástica ecuatoriana, Mae de la Torre, quien tuviera a bien  elaborar una maravillosa tapa ilustrativa para la nueva  versión e-book (2019/2020) ajustada y ampliada del referido libro, actualmente en proceso de edición editorial. Con innegociable afecto agradecido y admirativo…

    De pie, en el improvisado pedestal, el hombre descubrió que, con su delicada justeza, el instrumento aquel podía perfilar en el aire un pentagrama de movimientos silenciosos, raramente bellos, con el inefable poder de entrecortar el rumor de voces que habitaban a su espalda.

   Eran vibrantes los chasquidos del singular contrapunto; y no menos vibrantes los suspiros arrancados a la pública platea.

   Consciente de la responsabilidad en ese instante y del efecto seguro de su bien probado oficio, el Moderno Maestro de aquella Ancestral Ceremonia, más antigua aún que la música misteriosamente engendrada por la espléndida batuta, sonrió convencido del triunfo que coronaría otra vez una correcta labor.

   Sonrió también ante la extraña forma dada a su instrumento de dirección, al que los rayos de sol, seccionados al atardecer por los bloques vetustos de las paredes del Último Teatro de la Ciudad, semejaban a una cuchara de albañil.

   El nervioso voceo creció detrás suyo, segundo tras segundo, con cada ademán preciso y certero de su bastoncillo intrépido, buscando el compás en las profundidades de argamasa, de aquella mezcla blanca de sonidos graves y chirriantes, de sello riguroso y plástico que cubriría huecos y ranuras en el alma humana…

   Ascendiendo, primero; acentuando la porosa estela de tonos en escala, volviendo vana la esperanza… Bajando luego a golpes de muñeca, rítmicos y sesgados hacia la derecha. Invirtiendo después el sentido de la parte ejecutada; esto es, en descenso y a la izquierda, y arriba y abajo, de modo que la Obra fuera definiendo en ojos y oídos la real tragedia confundida en aquella breve sinfonía, a la que todo el mundo terminaba escuchando alguna vez…

   Junto a los acordes finales, la emoción del público aglomerado se agigantó hasta límites insospechados. Sin hesitar, contagiada una vez más su piel del escozor del triunfo, y, rematando el revoque sobre la placa gris, el Obrero saltó feliz de su escalera, y desapareció entre los oscuros recovecos de las tumbas, dejando atrás el estentóreo frenesí de aquella gente anonadada por el llanto ofrendado a algún ilustre muerto.-

OTRA HORMIGA Y OTRA CIGARRA
Esc. Proc. José Lissidini Sánchez
Uruguay
El cuento que nunca se contó.

Conmovida, un gesto de piedad tuvo la hormiga para con la cigarra desprotegida, y compartió su comida y le proporcionó cobijo, ante el terrible frio del invierno, pues recordó que mientras ella trabajaba en los tibios y soleados días, acarreando todo lo necesario para su casa, con el fin de pasar a resguardo y a salvo el crudo
invierno, calentita y sin hambre, un canto amenizaba su labor, haciéndola menos pesada y más llevadera. Claro, la pobre cigarra no hubiera podido trabajar a la par de la hormiga incansablemente y a la vez brindar su alegre canto. Otros veranos llegarían y la hormiga debería volver a sus tareas, pero no sería lo mismo, si faltaba el alegre canto de
la cigarra. ¿Por qué si la cigarra compartía su canto con la laboriosa hormiga, sin pedirle nada a cambio, haciendo menos dura su tarea, esta no compartiría solidaria su comida y refugio? La hormiga no vio en la alegre cigarra, a un ser flojo, díscolo, haragán, y falto de previsión, sino que supo descubrir al ser que en momentos de sacrificio y esfuerzo, le alegro la vida y le regalo su arte. Por eso la pequeña hormiga, esforzada, constante y laboriosa, además, demostró inteligencia y un corazón sin egoísmo, y nos deja la enseñanza de que no todo, debemos verlo desde el lado negativo y de la enemistad, formándonos una rápida y errónea opinión, pues siempre existe otra manera más amable y positiva de ver las cosas. También nos ha mostrado la hormiga, que cada ser en este
mundo , tiene su cometido y función distinta a la de los demás y a la vez, complementaria.
Ah. No, no. La hormiguita, no era tonta.

LA INOCENCIA DE LOS NIÑOS
Elsa Lorences de Llaneza
Argentina

Todo lo escrito a continuación es rigurosamente cierto

   Mi infancia se caracterizó por unas Navidades inolvidables. Mi padre, que me está esperando allí donde nos vamos a encontrar todos, era el pilar y el artífice de hacer que esas reuniones fuesen maravillosas. Cuando me casé las fiestas se empezaron a realizar en mi casa ya que mi padre me delegó la tarea.

  Llegar a la Navidad era el mejor regalo que Dios podía darme: Pesebre, regalos, árbol, guitarras, bombos, disfraces y las representaciones que hacíamos cada familia presente, llenaba mi casa de alegrías que se prolongaban hasta las seis de la mañana. Luego con la desaparición de mis padres y de mi queridísima comadre Perla, fueron cambiando las costumbres.

Cuando nació mi primera nieta Natalia, hace 24 años, se me ocurrió comprarme un traje de Papá Noel. Recuerdo que me salió caro, muy caro, pero sin saberlo, fue el mejor dinero gastado de mi vida.

  Natalia se dio cuenta enseguida, a los tres añitos, que ese Papá Noel que entraba en su casa era su abuela. Recuerdo el último año de ese dulce engaño, cuando después de repartir los regalitos y retirarme, al cerrar la puerta del departamento, escuché su voz que decía: Y la abuela Eta (le costaba todavía pronunciar Elsa) por qué se fue?  Grandes carcajadas de todos los reunidos y el maravilloso abrazo de un Papá Noel que se despedía y volvía a ser abuela.

   ¿Y ahora qué? Me pregunté. Mucho gasto pero poco uso. Entonces resolví que todos los años iba a usar mi traje para llevar la alegría de los regalos a los chicos abandonados, o enfermos y a la misma Cáritas Parroquial, donde mis ojos, detrás de una máscara, podían ver, sin que me conocieran los ojitos iluminados de los chicos, la alegría y la inocencia de los niños al recibir sus presentes.

 Así durante 15 años  aproximadamente. Cuando vi que la máscara ya estaba raída decidí regalar el traje y jubilarme. Es ahí cuando se anuncia Delfina, mi segunda nieta que en el presente cuenta con 5 añitos. Entonces me propuse volver a empezar. Compré otra máscara y durante 4 años, escondí debajo de ella la emoción de ver sus ojitos cuando recibía sus regalos.

  Por supuesto era un gran dispositivo de toda la familia distraerla para que yo me pudiese vestir, salir por la puerta del departamento y volver a entrar con el Jo. Jo. Jo en la boca y la campanita sonando descaradamente, tal vez despertando a algún vecino que nunca disfrutó de una buena Navidad.

   Este año 2016 Mientras repartía los regalitos, miraba a Delfina que estaba rara. Miraba mucho mis zapatos y me miraba fijo a los ojos, como que quisiera meterse en ellos hasta mi alma. Mi hijo Javier le dijo que yo estaba en el baño descompuesta.

Cuando terminé la repartija, se movilizó la familia para que yo me fuera y volviera a entrar, cambiarme
iary salir del baño como si realmente hubiera estado mal.
Me senté en una silla y la llamé:
-Delfina ¿Ya vino Papá Noel? Le pregunté con cara de inocente
-Si abuela – me contestó.
-¿Y que te trajo?  Volví a preguntar.
– El maletín de la doctora Juguete que yo quería.
Tal vez tendría que haberlo dejado ahí pero yo deseaba averiguar el por qué de esa mirada inquisidora y seguí el diálogo.   –Ah, qué lástima que yo estaba con dolor de panza y no lo pude ver. Contame ¿Cómo era?
 ¡Hay abuela era como vos! Contestó con esa carita y esos ademanes de persona mayor. Tenía tus ojos y tus mismos zapatos. Se ve que los compra en el mismo lugar.
 -¿No me digas? Pregunté tratando de reprimir la risa.
– Sí abuela ¡PAPÁ NOEL SE DISFRAZÓ DE VOS!

LA TORRERA
Esc Miriam Noce
Argentina

«El poeta arma con sus versos
la escalera caracol
que le permite subir
entre la tierra y el cielo»
Francisco Gandolfo

Los médanos por momentos tapan mi figura. Quedo escondida entre los arbustos enanos que se sacuden al vaivén del viento, acostumbrados a vivir en estas latitudes. Me gusta correr por la arena virgen, libre, sin horarios. Mis pies ya se acostumbraron a pisarla con deleite, segura que la brisa borrará la huella de mis pasos. Cerca, el mar transparente, verdoso, azulado, o revuelto y feroz en sus olas. Silencio, mar, viento, arena y yo. Amo este paisaje. Dentro de él, completándolo, el faro.

Está desde 1924, y se le conoce como el  Querandí. El hombre a lo largo de los años logró modificar la geografía del lugar. El faro, tres casas para los torreros y dos galpones, están cercados por un médano gigante que los resguarda de las inclemencias del tiempo.

-Una loca como vos, puede enterrarse en ese tubo hueco de hormigón armado. Vas a perder los mejores años de tu vida.

Mi madre no comprende que desde niña amo el misterio y las luces que irradian los faros. Otras sueñan con viajes, un hogar, hijos. Ser famosos: actriz, cantante. Yo no.

Alrededor del Querandí, enclavado a solo 30 Km. de Villa Gesell, existen coníferas y pinos. Compiten en altura, verdor y aromas. La casa es de principios de siglo pasado, tiene techos de chapa y paredes mezcla de cascote y adobe. Limpia, pintada con colores que alegran la vista. Soy feliz en este silencio cortado por el viento y el oleaje. Tengo plantas y flores al resguardo; además una colección de caracoles. Escucho música según el día; melódica cuando el sol estalla sobre nosotros y la naturaleza muestra sus bellezas; movida cuando el gris del cielo presagia tormenta. Le robo horas al sueño para escribir historias que sé, nadie compartirá. Pero la verdad es una sola: “vivimos  para el faro”. Todo se hace por y para él. Nuestra única función es encender y apagar el faro. Lo fundamental es el arranque. Una hora antes que baje el sol, hay que estar a pasos de él.

 Ya en el siglo VII a.C se colocaba fuego para advertir a los navegantes la presencia de rocas. Cada uno de acuerdo a su ubicación cumple una misión. La nuestra es indicar que allí donde nace la luz hay tierra.

Durante el verano, la vista cargada de soledad cambia por la incesante curiosidad de la gente que viene a visitarnos. Hemos tenido hasta 1.200 personas por día. Se admiran de saber que en el mundo, creo, soy la primer “mujer torrera.”

Se debe regresar al centro de la villa en 40 minutos y de día. De noche, sin conocer el camino es peligroso, aún para las 4×4. Esta zona conserva la aridez del paisaje yermo y sólo se recrea la atmósfera cuando un alga muy especial le da a los rompientes un resplandor fluorescente. He querido tocar el mar y su color; cosa extraña, como animal al acecho,  produce sensación de electricidad.

Mis compañeros comparten el secreto. Un día de otoño vino a visitar el faro un joven cuarentón. Jovial, una pregunta tras otra. Quería devorar la historia del faro. Su entusiasmo era contagioso. Quedaron  grabadas en mí, la profundidad de su mirada y la gestualidad de sus manos. Prometió volver pronto. Esa noche al acostarme soñé su regreso al día siguiente. Al recordar el sueño, sonreí. Creo que toda mi vida seré una ingenua romántica. Al cumplirse el mes de aquella visita, él regresó. Deambulamos por la zona aledaña al faro, pero la conversación giró en torno a nosotros. Fui reticente al dar a conocer mis sensaciones. No quería que nada alterase el mundo prefabricado a mi medida. Pero… llegó una tercera vez. Ese día el viento quiso ser nuestro cómplice. Los peldaños de la escalera caracol fueron testigos del despertar de nuestro amor. Mes a mes, durante un año regresó. Nunca pregunté el porqué de sus ausencias; era feliz esperando su retorno, del que nunca dudé. Saber al año la verdad de sus labios, fue como no poder esperar el amanecer de cada día. Elegí estar sola. No podía ni quería vivir a la sombra de un padre de familia, ampliamente conocido en los medios políticos de Buenos Aires. Hombre público, muchas veces señalado como ejemplo. No hubo lágrimas en la despedida.

 Tampoco me convertiré en una alma errante entre el arenal. Mientras en mi horizonte se dibuje el silencio, el mar, el viento y la arena junto al faro, volveré a creer en mí.

En el transcurso de los años iré conociendo los trece faros habilitados de la Argentina. Cuando cumplí quince años, mi padre, que se mantiene al margen de las discusiones madre-hija, me regaló un libro que atesoro y viaja conmigo. Una serie de fotos de fanales del mundo. No sabría cuál elegir, cada uno tiene su encanto, pero, me gustaría ser torrera del faro de Michigan: almenara los barcos en la espesa niebla del lugar. Es fuente de ingresos por el turismo que mueve.

 Cuando salimos a verificar la zona, pese al tiempo transcurrido, mi corazón late de gozo, cuando aparece y desaparece entre los médanos esa mole de cincuenta y cuatro metros de alto.

Mi madre se niega a creer que haré carrera dentro de la Armada. No cejaré en mi empeño hasta llegar a ser jefa del faro de Mar del Plata, como mi padre. Será el premio a una larga actividad dedicada a este trabajo. Es un “faro urbano”, enclavado al borde de la ciudad. Se te permite vivir con tu familia. Yo sólo escucharé el rumor de la música de París. Ese faro armó sus hierros junto al Sena y durante meses cruzó el océano hasta llegar a nuestra costa atlántica.

             “Hija, apurate, no te pierdas esto. Han organizado una sorpresa para tu padre. Hay autoridades, turistas y marplatenses. La banda de la Armada luce sus trajes blancos. Él aún duerme. Jamás imaginó una despedida así. Son 44 años al frente de faros.  Nos espera un día lleno de emociones. Será una jubilación mezcla de alegría y nostalgia. ”

 Al entregarme un sobre para vos me felicitaron: “Te confirman en tu puesto de torrera del Querandí y te ascienden.”   

EL CONCIERTO DE LOS ANIMALES
Piedad Romoleroux

Concierto en Fa sostenido mayor op. 17- para piano y orquesta de Luigi Von Guacamayo
Director: Fabián Chimpancé Estreno en el bosque mayor de los alrededores del lago central, en la Concha Acústica Meridional de la Selva
Pianista invitado: Joan Pingüino le Frost
Orquesta filarmónica de la Selva Grande Oriental
Primer violín: Enrico Grillo
Soprano: Ángelus Canaria, Tenor: Marino Sapo
Bajo: Carlín Tortuga

Todos los músicos se encuentran sentados frente a sus atriles, con sus respectivas partituras; el silencio en el auditorio es absoluto; se abre el cortinaje de terciopelo azul; lentamente se bajan las luces, se cierran las puertas, gran expectación; de entre bastidores aparece la figura arrogante del Director, Don Fabián Chimpancé, en cuya mano diestra sostiene la batuta y de espaldas al público, solemnemente se dirige a los músicos, quienes están atentos a sus indicaciones; enarca la ceja derecha, mira fijamente hacia los contrabajos, pasa revista a los bronces, observa con el rabillo del ojo a Enrico Grillo, su concertino, sostiene la respiración, levanta también la mano izquierda y da paso al intérprete del piano, Joan Pingüino la Frost, pianista invitado de los lejanos glaciares del sur, su fama de gran concertista ha recorrido el mundo entero, ganador de numerosos premios internacionales, no solo se alaba su virtuosismo en revistas y periódicos a la par que su técnica magistral, sino también esos improntus que de manera soberbia, deja a sus espectadores sin resuello; él viste un elegante frac negro que resalta su portentosa figura; los primeros acordes invaden el auditorio; Estos acordes en la tonalidad de Fa sostenido Mayor, los cuales
abren la obra, dan a la misma una extraordinaria unidad; de inmediato los violines y violas entran al momento preciso que indica Don Fabián; el primer violín, Enrico Grillo con suma elegancia, sostenía el arco con su mano derecha, con tal precisión y maestría, por algo su reconocimiento y su prestigio como notable violinista había trascendido allende los mares, además debo decir, que el violín es nada menos que un estrasicarius del siglo XVII, el cual está avaluado en diez mil millones de las pesetas actuales; la fuerza, precisión, resonancia, eran extraordinarias, apoyaba su barbilla en la mentonera y el alma del violín vibraba en la acústica del recinto; ¡qué
sonidos, qué vibrato, qué maravilla! Una vez que comienza el “allegro vivace”, el movimiento se hace más activo y feliz. De inmediato, los violines segundos y las violas atacaron al segundo tema musical con sus precisos golpes de piccicato se unieron al líder de los arcos, Don Enrico, de igual manera, al momento preciso por indicación de la batuta del Director, el sonido de los chelos con esas notas delicadas y melodiosas ,son las que más
se parecen a la voz humana, llenaron todo el espacio; el Director señala el momento preciso para que Don Tomás Tapir, haga resonar con sus baquetas acolchadas los timbales majestuosos y rimbombantes, este instrumento de percusión encendió el recinto con su estruendo armonioso, dando al concierto una solemnidad magistral; las dos trompetas, las flautas, el oboe, los fagotes y los clarinetes con ceremoniales notas invadieron todos los espacios de la sala; los espectadores guardan profundo silencio, están llenos de arrobamiento y escuchan con embeleso este concierto que está dejando al público en estado de shock; Hay una pausa de breves segundos, el Director prepara la batuta para dar paso a las figuras más esperadas de esta gran noche: la soprano Ángelus Canaria quien viste un traje de Armazzi, azul brillante que resalta su estilizado cuerpo, es recibida con estruendosos aplausos; el tenor Marino Sapo, con un frac negro, camisa blanca y corbatín dio unos pequeños brincos colocándose en el centro, a paso lento, pero firme apareció Karl von Tortuga, quien vestía un traje acorazado de fino satín igualmente negro, cuya voz
tremendamente profunda daría gran realce a esta magnífica obra musical.
Momento de recogimiento y silencio, Don Fabián Chimpancé nuevamente alza la batuta y se escucha la voz armoniosa de Ángelus Canaria, con gorjeos y arpegios de La Traviesa, de Verdión, ¡qué tesitura!, ¡qué modulaciones! Al término del Aria, los aplausos fueron atronadores; de inmediato, Marino del Sapo, adelantó unos pasos y su aguda voz de tenor, con el aria La Borracha de Pucciato, dejó sin respiración al auditorio, de igual forma los aplausos retumbaron el ambiente; es el turno de Karl von Tortuga, yo me atrevería a decir, que era el cantante más esperado de la noche, inicia los primeros acordes de la ópera Chitón Boca Blanca, también de Verdión, Izo Lace herido Almito; más grave no podía caer una voz, ¡esto era increíble, pero cierto!, ¡ Qué noche, amigos!, ¡Qué fastuosidad!, este concierto pasaría a la historia de los repertorios más comentados y aplaudidos del mundo animal. ¡Conciertos como éstos deben llenar los auditorios!, La música clásica nos colma el alma de sentimientos profundos y nobles, les aconsejo niños que escuchen sus acordes regocijados, los compositores hicieron partituras que perdurarán por siempre; por eso La Quinta Sinfonía de Ludwig van Beethoven, al igual que El Canto a la Alegría de La Novena Sinfonía , recorren el espacio, en las sondas Voyager, enviadas por la NASA, con el fin de que al ser interceptadas por vida extraterrestre, sepan que en nuestro planeta Tierra, queremos y anhelamos, la paz, la hermandad y la felicidad entre los hombres.

LA NOCHE DE LOS GATOS
Esc. María Sánchez Fernández
Ubeda-España

      El viento rompió sus fuertes cadenas y corría suelto, enloquecido, como una enorme bestia furiosa que quisiera abatir con sus zarpas todo cuanto se le pusiera al alcance.

      Las nubes se rompieron y dejaron  escapar, entre grises girones, las grandes masas de agua que en ellas se encerraban.

      Lluvia y viento se enlazaban aquella noche en fantásticos esponsales. Eran como dos amantes que se aman y se detestan al mismo tiempo entre furiosos abrazos y caricias desmedidas.

      La ciudad estaba desierta. Sólo deambulaban por sus estrechos callejones ruidosos arroyuelos que bajaban  tumultuosos por la empinada pendiente puliendo los salientes adoquines. Al final de su trayecto eran devorados por las hambrientas alcantarillas.

      La puertas y ventanas de todas las viviendas estaban bien cerradas. El viento hacía crujir las maderas que gemían doloridas, amenazando con su empuje y violencia arrancarlas de los goznes que las sujetaban.

      Los cables del tendido eléctrico se movían en una danza endiablada. Uno de ellos se soltó del poste que lo sostenía, y en su enloquecido danzar se abalanzó sobre un compañero que también bailaba y, en un furioso rechazo, lo colmó de improperios y amenazas entre grandes aspavientos de crujidos y chispazos.

     Las  tímidas farolas que tenían la misión de iluminar la noche se apagaron, quizás un poco avergonzadas por aquel comportamiento tan poco civilizado de esos parientes suyos.

      La ciudad quedó sumergida en la más negra oscuridad. Solamente podían verse algunas ventanas iluminadas por la tenue luz de una vela.

      ¿Qué podía ocurrir en esos hogares una noche así?

      Tras los cristales de una de esas ventanas un hombre joven con la cara muy pálida y grandes ojeras, que la llama de la cera acusaba despiadadamente, hacía largas sumas de debe y haber.

      A través de otros cristales una mujer planchaba con pesadas planchas de hierro, heredadas de su madre, grandes pilas de ropa blanca que al día siguiente había de entregar.

      En una tercera ventana una joven amamantaba a un niños mientras le cantaba una dulce nana.

      Y así transcurría la vida en aquellas viviendas cerradas al temporal.

      Tras otros cristales, la luz de la vela se extinguía paralelamente a otra vida.

      En una esquina un perro vagabundo apuntaba con su hocico a ese cielo embravecido llorando por alguien que se iba, o quizás llorando por su propio abandono y triste soledad.

      Masivos grupos de gatos en celo lanzaban en la noche sus largos lamentos pasionales mientras corrían enloquecidos perdiéndose en la oscuridad..

      Inesperadamente algo ocurrió. El viento dejó de bramar; la lluvia cesó y el perro solitario y los gatos lujuriosos también enmudecieron.

      Se oyó tenue y dulce una bella melodía que inundaba las tinieblas como el más hermoso resplandor. Era nacida de las cuerdas y el arco de un viejo violín.

      El viento , amansado, preguntó:

      − ¿Quién eres. Siento tu presencia, pero no puedo tocarte.

     Y la melodía, suave como un susurro, le respondió:

      −Soy la Música. Me llaman “el divino lenguaje de Dios”. Allá donde me encuentre se dulcifican los más amargos sentimientos y el corazón más duro e insensible se torna blando como la espuma y se desborda en limpias lágrimas de gozo.

      La lluvia, después de un largo silencio preguntó:

      −¿Cuál es tu origen? ¿De dónde vienes? Te escucho y creo adivinar en ti algo mío; algo que me pertenece.

      Y la melodía, inflamada en un ardiente estado de éxtasis, se fue elevando y elevando más y más hasta tocar las alturas y como un canto de ángeles dijo:

      −Mi origen está en todo lo creado. Está en la tierra y en todas sus criaturas que cada amanecer explosionan en cantos de alegría. Mi origen está en el agua; cuando canta al correr de los arroyos; cuando sueña al caer en suave lluvia; cuando suena en el vaivén acompasado de las olas. Mi origen está en el aire, que silba enamorado sus canciones; suave, si es brisa que mueve los trigales; apasionado, si es viento que mueve tempestades. Mi origen está en el fuego que canta enardecido mientras danza contorsionando su lúdica figura.

      Soy la Música y ese es mi origen, pero el hombre, a quien Dios hizo a su forma y semejanza, me transformó en melodía y vierte en mí sus más puros sentimientos. A través de mis sonidos se asoma el alma según su estado emocional. Por eso unas veces lloro en mis cadencias y otras río con el más estremecido de los gozos.

      El viento y la lluvia se alejaron en silencio y meditaron en su largo retiro esas palabras que en ellos calaron para siempre..

      La nubes se hicieron ligeras  y corrían divertidas por un cielo ya esclarecido, como blancas palomas de algodón. Dejaban asomarse en cortos intervalos la cara redonda y pálida de la luna llena que, en esos brevísimos instantes, iluminaba con generosidad los tejados amarillos de la ciudad, esa noche tan especial que estaba sumergida en tinieblas, bañándolos preciosamente con brillantes tintes plateados.

      Los gatos corrían y gritaban en su orgía de enamorados, y alguna vez que otra, se detenían atentos para escuchar la dulce melodía del viejo violín.

      Amaneció un día claro e intensamente frío. Las calles, todavía húmedas, dejaban ver algunos charcos que se habían congelado. La vida surgía a borbotones. Bandadas de vencejos oscurecían el azul del cielo; los árboles lucían su ramaje  limpio y brillante, dejando resbalar algunas gotas de agua que todavía permanecían prendidas en ellos. Grupos de niños con libros y carteras corrían y gritaban alborozados mientras chapoteaban n el hielo de los charcos. Los mayores se dirigían taciturnos a sus trabajos, con el sueño todavía pegado a los ojos. Una mujer llevaba con gran esfuerzo una enorme cesta de ropa blanca limpia y planchada. Un perro flaco y de hocico puntiagudo dormitaba en un rincón secando sus tristes huesos con los pálidos rayos del sol matinal. En grupo, los gatos callejeros se hallaban durmiendo enroscados en apretado círculo, quien sabe si soñando con lunas llenas o en amores prendidos en la oscuridad.

      En una calle céntrica, muy próxima al mercado, un hombre ciego tocaba un viejo violón del que arrancaba las más hermosas melodías que se soñar se pueda.

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