CUENTOS , RELATOS Y MICRORRELATOS

 

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Septiembre  2.020  nº 35

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AL SERVICIO DE LA PAZ Y LA CULTURA HISPANO LUSA

COLABORAN _ Magi Balsells.- Eunate Goikoetxea.-Carlos González (Charlitos)-José lissidini Sánchez.-Jorge B. Lobo Aragón.-Miriam Noce.- Xóchitl Robles Bello.- María Sánchez Fernández.-Jaime Suárez

EL ABUELO DEL PARQUE
Magi Balsells
Barcelona-España

Siempre sentado en el mismo banco del parque, allí medio entre la sombra y el sol, quieto, solo movimiento tienen sus ojos, contemplando el picotear de las palomas o el pasear de las personas, indiferente a todo cerrado en sus pensamientos, parece que para el nada existe, en su rostro hermético no se vislumbra un gesto de alegría
Es despertado de sus reflexiones, cuando un balón impacta en sus piernas, lo que hace que vuelva a la realidad perdida del momento y aparezca en su rostro un destello de enfado , que queda mitigado cuando en su presencia aparece un muchachuelo de apenas 7 años que dirigiéndose a el le dice

.-Perdone Sr., no fue mi intención despertarlo, lo siento, perdóneme
Entonces cambia la expresión de su cara y se vuelve más cariñosa, contestando al niño
.-No pasa nada, se que estas cosas pasan jugando y se también que no quisiste despertarme ni asustarme, toma tu pelota y sigue jugando
.- Muchas gracias Sr., quiere UD jugar conmigo ya que también estoy solo, mi mama vendrá a buscarme dentro de un rato, ella me trae al parque cada día en mis vacaciones del colegio aquí me deja mientras ella esta limpiando unas casa, tengo un móvil y si algo me pasara enseguida la llamaría, ya se que me dice que no hable con extraños, pero UD. Me recuerda mucho a mi abuelo que hace poco nos dejo, dicen que se fue de viaje, pero yo se que se murió, y cuando estoy a solas lo lloro mucho, el siempre jugaba conmigo y me ayudaba en mis trabajos de la escuela, yo lo quería mucho y aun lo quiero aunque no este conmigo
.-Querido niño, que triste es esto que me dices, pero si me lo permites ocupare figuradamente el puesto de tu abuelo, pero no se a que podemos jugar como comprenderás yo no estoy para pegarle patadas a la pelota, pero si quieres o sabes algún otro juego dímelo, pero esto si que no tenga que correr ni saltar
.- Pues si se un juego muy bonito que hacemos en el colegio.
-Dime cual es este juego bonito

.-El juego de las preguntas y respuestas, se ponen en la pizarra 10 rayas por cada niño y cuando contestan la pregunta que le hace otro niño y la adivinan se le borra una raya y el que al final ha borrado las rayas primero es el que gana
.-Me parece un juego muy bonito e instructivo, pero aquí no tenemos pizarra ni nada para escribir, como lo arreglamos
.-Muy fácil cogemos 10 piedrecillas cada uno y serán igual que las rayas
.-Pues vamos a buscar las piedras,
Con trabajo el anciano se va levantando de su asiento con mucho esfuerzo
Cuando el niño le dice
-No se mueva ya voy yo a buscar las piedras, no quiero que se canse
Parte raudo y más rápido vuelve con un montón de piedras de diferentes tamaños, y el solo empieza el reparto dando al anciano su correspondiente lote.
Empiezan a jugar, las preguntas del niño son realmente fáciles, por lo que el anciano procura dejar de contestar alguna para darle moral y no perder su compañía. Igual que las preguntas que el efectúa son simples y adaptables a la edad del niño

Después de diferentes alternativas en el juego y casualmente, bueno no tan casualmente, gana el niño, el cual explota de alegría, pero en su mirada hay una interrogación y dice.-
.- Abuelo, perdón Sr. Por decirle abuelo se me escapo,
.- No tiene importancia pero te lo agradezco, mira puedes llamarme el abuelo del parque que te parece
.-Muy bien, pues UD puede llamarme el nieto de la pelota, pero quería preguntarle una cosa, pero no se enfade
.-Dime que quieres preguntar no me enfadare
.-Creo que se ha dejado ganar, así no aprenderé nada
En este momento aparece la madre del niño, y dirigiéndose al mismo le dice

.- No molestes a este Sr

.-No mama no lo molesto somos amigos, es mi abuelo del parque
.-Que cosas dices niño, Sr. No le haga caso ya sabe como son los niños hoy en día
.-Tranquila Sra., tiene UD un hijo que es una verdadera joya, cuídelo, no sabe lo feliz que me ha hecho durante este tiempo que hemos estado juntos.-
.-Me alegro, gracias por sus palabras, debemos marcharnos despídete de este Sr.
.-Abuelo del parque, me ha gustado jugar con UD, aunque me hizo trampas, pero si viene mañana volveremos a jugar si UD quiere
.-Claro que volveré mañana y no me vas a ganar, nieto de la pelota
El cual lo abraza en señal de despedida y la madre y el niño se marcha a su domicilio, quedando otras vez solitario el anciano, pero en su interior se ha encendido una luz y solo tiene el pensamiento de volver mañana al parque para encontrase con su nieto de la pelota
Marcha pausadamente para su albergue, esperando el nuevo día
Amanece un día esplendoroso, parece que la vida vuelva a renacer, se encuentra eufórico, se asea come algo frugalmente, y encamina a sus pasos hacia el parque
Llegando al mismo busca con la mirada si ya apareció su nieto de la pelota, aun es pronto, se sienta en su banco preferido, se queda dormitando
Al rato aparece el niño, que se acerca alegremente corriendo hacia el, esta dormido, lo toca, pero no se despierta la cabeza esta baja y con sus pequeñas manitas se la levanta, ve sus ojos cerrados y en sus labios una señal de alegría, suelta la cabeza que cae sobre el pecho, el niño se asusta, abre el móvil y llama a su madre, explicándole con entrecortadas palabras la situación de su abuelo del parque
Al momento aparece su madre acompañada de un guardia municipal, que se acerca al anciano, auscultándolo, buscando su pulso que no encuentra levanta la cabeza en señal negativa, tiende al anciano sobre el banco, al hacerlo de su pechera emerge la figura de un coche de juguete con una nota que dice “”para mi nieto de la pelota””por ser tan buen chico
El guardia llama a una ambulancia, que no tarda en aparecer, junto con el juez para el levantamiento del cadáver. Hechos los tramites oportunos, lo colocan dentro de la ambulancia y parte a su destino
Mientras el niño, se aferra a su madre. De sus jóvenes ojos brotan silenciosas lagrimas, su madre trata de consolarlo, pero el enjugándose las lagrimas le dice
.-mama, seguramente pensó en mi por lo del coche, y esto le hizo morir feliz
Yo siempre lo recordare como el abuelo del parque.-

EL OTOÑO
Eunate Goikoetxea
España

El pasado martes día 22 a las 15,14 comenzó el otoño, que no es tan solo una estación del año comprendida entre su equinoccio y el solsticio de invierno, es tiempo de cambio, es una metáfora del tránsito de la vida y de la preparación hacia ese futuro incierto que se avecina.

Al igual que las hojas caen de los árboles y de los calendarios, también las ilusiones, los pensamientos, los ideales y hasta las convicciones más profundas parecen desleírse como un azucarillo en el café. Ya no queda espacio para apariencias o fingimientos, el tiempo apremia.

Recorridas la primaveral infancia y la veraniega juventud, llega la madurez otoñal y con ella el tiempo de reflexión, el palpito interior. Es como una especie de comprensión interior, una forma de perdonarnos a nosotros mismos por todos los errores cometidos y, a partir de ese momento, a vivir la vida como si fuera el último día de nuestra existencia,

Vivo en esa edad en que no se es joven, pero tampoco viejo; esa edad intermedia en que, los afanes ya no existen; la comprensión es una constante; el amor, un referente; la paz, lo más deseado; la salud, la gran quimera porque no te abandone; la amistad, ese valor maravilloso; la bondad un reto, y vivir toda una ilusión.

Cuando éramos jóvenes queríamos conquistar el mundo con nuestras acciones; ahora, para nuestra dicha, somos unos conquistados por la vida. Como antes decía, no hay afanes que nos torturen, ni tampoco ambiciones que nos deslumbren. Ahora, un abrazo nos reconforta más que un fajo de billetes; tener al lado a las personas que amamos nos da vida ; una sonrisa nos alegra el alma; un amigo nos ayuda a vivir; y si tenemos salud sabemos comprender que somos esencialmente ricos. Esta es la diferencia que podemos encontrar desde la primavera ilusionante en que la que hemos vivido , al otoño dorado donde hemos logrado la paz que andábamos buscando en nuestra errante vida.

Personalmente he de decir …Tengo el otoño en mis sienes, pero el corazón , en eterna primavera

¡¡ FELIZ OTOÑO A TODOS !!

HISTORIAS REALES
Carlos González Saavedra
-Argentina-

Finalmente ya estaba instalado. Contento y mi familia también, les habia encantado el departamento. Luminoso amplio y cómodo.

Por mi parte, mis compañeros me habían recibido muy bien. A veces pensaba que la gente de Buenos Aires, es de una manera o de otra, muchos mitos referidos a esto. Me sentía  muy respetado y bien tratado en mi puesto, de gerente del Banco Nación Argentina. Estaba orgulloso.

Si bien no es lo mismo, ser gerente de un pueblo de diez mil habitantes en Santa Fe, que serlo en el conurbano, en una ciudad de trescientos veinte mil.

La gerenta regional, me habia llamado unos días antes del nombramiento, avisando que ya estaba a la firma. Que contara con ella para lo que fuera necesario.-Cuenta Ud. con una muy buena foja de servicios, ¡adelante!

Mi oficina amplia y cómoda. Todo el personal de primera, hasta uno de ellos, Mariano, cocinaba para todos. Nos  turnábamos en el amplio comedor, para almorzar.

Los primeros días fueron de fogueos con los clientes, de a poco, me fui adaptando a la dinámica. A la semana me llama por teléfono el regional y me dice-Edgardo en el día de mañana irán de la región, un arquitecto con el jefe departamental. La  sucursal ha sido elegida como ideal para darle mas fluido y mejor atención.
-Bueno los espero. ¡Sorprendido!
Al llegar el arquitecto y el jefe departamental, comentan.-Haremos unas reformas, donde hay cuatro cajeros electrónicos van once, se modifica el frente, habrá mas espacio, en las ventanillas de atención al publico en vez de cuatro van ocho.
-Bueno ¿Cuándo empiezan?
-En quince días se termina. Así esta establecido, empezando éste fin de semana mismo.
Estaba sorprendido en el campo todo, se me preguntaba, acá todo venia dispuesto, tendré que adaptarme.

-Edgardo cuando empiecen las obras, casa central me adjudico diez mil cuentas que repartiré entre Ud. y La Matanza. Creo que le tocan unas ¡seis mil!

-¿el personal? no alcanza

Pensaba acá no tengo control de nada, ni se quien viene ni quien se va. Imposible tener el trato que tenia con la gente del campo.

-Unos días antes firmé los traslados de diez personas más un asistente de cuentas de cajas de ahorro. Se presentarán entre mañana y pasado.

Por momentos pensaba en que lío estoy metido porque era mucho para manejar, con- trolar y enviar los informes.

Después de las reformas, con el banco con otras dimensiones ya me habia ordenado y mano rígida y seria para empleados y algunos clientes díscolos.

Era otra persona, pero me desempeñaba bien, me gustaba y le habia tomado bien la mano.

No podía impedir las enormes colas para cobrar por ventanilla y gente desde las siete de la mañana con frío y lluvia haciendo cola afuera. Dando número no bastaba, me sentía responsable, pero hacia lo que podía.

Un lunes con el banco atestado de gente, colas afuera, adentro. En fin, un verdadero día de furia, después del feriado del viernes.

Preferí encerrarme en mi oficina, para concentrarme en cada una de las cosas que debía resolver, ya habia dicho que no, al almuerzo.
Siento que golpean respetuosamente la puerta.
-¡Adelante!
-Señor gerente hay una señora que esta con su hija, quieren hablar con Ud. es por una tarjeta, hace como una hora que esperan.
-Que la atienda Silvia, jefa de cuentas corrientes, ¡no puedo en este momento!

Pasada media hora  se asoma Silvia por el marco de la puerta -Edgardo quieren hablar con vos, por una tarjeta. ¡No nos vamos de acá! sin hablar con el señor. Son muy respetuosas y humildes, Edgardo, es  ¡gente de trabajo!

-¡Que pasen!
Se presentan dos mujeres, de aspecto muy humildes con ropa sencilla. Tenían todo el aspecto de empleadas domésticas, tímidas, temerosas y poco instruidas.
-Buenas tardes, ¿en que puedo ayudarlas?
-Háblale al señor, ¡contale! Es mi hija y algo importante va a decirle.
No salía del asombro, ni entendía bien ¡que era lo misterioso!

-Bueno señor Ud. disculpe que le quite su tiempo, el problema es mi tarjeta de caja de ahorro donde tengo unos pesitos, perdí la tarjeta y quiero saber si me robaron el dinero o lo tengo.
Menos entendía-Pero la clave no debes dársela a nadie  ¿porque no explicaron a las dos señoras que la atendieron?
-Bueno es un asunto delicado.
-Que es lo delicado, Ud. quiere saber si tiene dinero en la cuenta, sí le han depositado el plan? Cuanto hace que perdió la tarjeta?

-tres meses
-¿Tres meses? ¿Y recién ahora viene porque no lo hizo antes?
-Contále al señor, insiste la madre
-Me tenían secuestrada y me amenazaban que matarían a mi familia
-¿Como es eso? pregunto sorprendido, mientras me acomodaba en la silla.

-Bueno resulta que una amiga me invito a una fiesta en El Palomar y ahí nos fuimos las dos en colectivo, creo que en el 354.La fiesta eran de unos amigos de la Miriam, mi amiga. Bailamos habia uno que quería abusarse, lo paré. ¡No soy de ésas, le dije!  Y me contesto que lo perdonara, que me invitaba con una coca y acepte.

La escuchaba y seguía sin entender nada, la chica estaba al borde del llanto.
-Seguí Anahí hija. Alentaba la madre contemplándola tristemente. Conteniendo el llanto.
-Entonces me empecé a sentir mareada y no me acuerdo de nada. Desperté entre camas viejas y colchones con humedad y en una pieza despintada. No sabia donde estaba.
-Vamos nena despertate que tenes trabajo, mi nombre es Samanta.

-No se quien es Ud., señora, me llamo Anahí, ¿donde estoy? Viene un hombre forzudo me agarra de los pelos y me tira debajo de un chorro de agua fría, me deja un rato y me deja un pantalón cortito y una blusa.
-Toma sécate tirándome un trapo viejo, para secarme.
Samanta me dice con tono amenazador y enérgico. Apretando con fuerza mi cara
-Anahí acá vas a atender a hombres que quieren sexo. Sin chistar porque te cagamos a trompadas, y matamos a tu vieja, que ya sabemos donde vive. ¿entendiste?

Me llevan a otra habitación donde habia tres chicas mas,  una de ellas me dice estamos en el Chaco, viniste junto conmigo, ellas llegaron ayer.

Estaba pálido anclado al sillón de la gerencia sin saber que decir, mientras, pobre chica, lloraba y la mama le daba fuerza y sostenía. Tampoco sabia que podía hacer yo o porque vinieron a mi. ¡Más que escucharlas!

-Nos sacaron a todas los documentos. Contaba Isabel la chica que se mantenía más en guardia.

-Bueno señor se imagina lo que pasé, maltrato y violaciones de todo tipo, me hacían  de todo. Comíamos mal y dormíamos peor. Lo mejor era el mate cocido de la mañana con pan caliente que traía el panadero.

La mama lloraba en silencio, sus ojos tristes e impotentes por lo que contaba su hija, pero con la entereza de la que tiene una vida sufrida.

Jamás habia pensado en semejante drama, frente a mis ojos. Estaba perplejo, incómodo, desorientado y al borde del llanto, también yo.

Todo eso escenario me hacia pensar en mis hijos. En mi hija que habia empezado la facultad. Contenta con sus veinte años, llena de sueños, Anahí no estaba muy lejos pero en su mirada se podía leer, el arrebato de su inocencia y alma de mujer. Me había conmovido profundamente lo que contaba.
-Pero contáme ¿como llegaste acá?
Lo que pasa que Isabel que es mas despierta, vio  cuando venía el panadero con el pan, se quedaban hablando y alguna cosita más, con la  Samanta. No ponían la traba a la puerta y esa era, una oportunidad para escaparnos.

-Asi fue, corrimos como un kilómetro, escondiéndonos, hasta un cruce. Por suerte al primer camionero que hicimos dedo nos levanto y nos llevo hasta Santa Fe. Cuando le contamos al camionero, nos dejo en un convento y las puso al tanto, ahí pedimos que no llamara a la policía. Estuvimos tres días con ellas. Comimos bien, dormimos y nos dieron ropa nueva y limpia y dinero para el micro, que nos dejo en Retiro.
-Anahí  donde vas a ir vos?
-Vamos a la casa de mi primo, por si no están buscando. A ver si mi mama esta viva.
Vení conmigo, ¿donde vive tú mama?
-No tengo mama pero mi hermana Dora me estaba cuidando a mi hijo.

Llegamos a lo de mi primo, le conté y el fue a buscar a mi mama a la casa para asegurarse que estaba bien, lo mismo hizo con Dora la hermana de Isabel.

Las mire a los ojos me levante, fui hacia ellas y las abracé, quería pedirles perdón. Por esta sociedad injusta, donde siempre sufren mas, los menos instruidos

-Sabe Don, la monjita fue la que me dijo, no cuentes a nadie. Habla con el que manda, por eso lo espere con mi mama, llorando desconsolada. Ese abrazo nos habia quebrado a los tres y como los chicos en el colegio abrazados llorando quedamos, unos minutos.

-Perdón irrumpe Silvia y se encuentra con esta escena cierra la puerta delicadamente y todo el afuera no se escuchaba. Ese día de furia  tenía una pintura de humanidad, ésa que supe tener en el Banco Nación de un pueblito de diez mil habitantes. Gracias a eso pude escuchar y comprender
-Dame tu número de documento
-Al buscarlo en el sistema me decía que, ANSSES habia depositado el plan. Tenía treinta mil pesos en su cuenta acumulados. Justo a punto de vencer.
-Silvia con lagrimas en los ojos, entrego la tarjeta nueva y nos abrazamos los cuatro.
-¡Dios lo bendiga! me dijo la mama, mientras Anahí no podía hablar, tampoco yo.
Anahí  finalmente al lograr tener PAZ en su corazón, su vida cambió.
Me entere, poco después que se  había vuelto con su mama a Formosa, donde vivía toda su familia.

SALVAJES
José Lissidini Sánchez
Uruguay

Aquello lo horrorizo, al punto de sentirse mareado, descompuesto,al borde del vomito. Había presenciado situaciones horribles, a través de sus múltiples viajes, pero aquella escena dantesca de carne deshecha, huesos pulverizados, cabezas cercenadas en el suelo, con sus ojos enormemente abiertos y vidriosos, las lenguas colgando, otras arrancadas, extremidades por un lado y por otro. las tripas y la sangre, sobre todo, mucha sangre espumosa, caliente hedionda a hierro, por doquier, era demasiado para alguien como él, no acostumbrado a la demencia, la crueldad, la impiedad y muerte horrendas. Sus grandes ojos no daban crédito, a la imagen de aquel hombre embebido en sangre , blandiendo su descomunal herramienta de aniquilamiento, como si de algo muy natural y sencillo se tratara. Un verdadero caos de salvajismo y descuartizamiento, incomprensibles para su intelecto. De pronto, vio al “ Destripador” venirsele decididamente encima y él, con sus flacas extremidades clavadas al piso, sin atinar a reacción alguna, congelado por el pavor, entregado a lo inevitable. El tipo aquel, algo agitado y sudoroso, pero amable, a un metro de su ser, oliendo a podredumbre y flatulencias, con un corazón aun tibio y palpitante en la mano inquierda, y una descomunal cuchilla en la otra, con una sonrisa y tono jovial, le dijo:

– ¿Y…amigo? ¿ Que tal el paseo por el Frigorífico?

El Alien, convencido de que se había afincado, en un planeta salvaje de indescriptible barbarie, ya no fue capaz de contenerse,y cuan largo era, se desplomó sin sentido.

«OTOÑO EN ABRIL”
Dr Jorge B. Lobo Aragón
Tucumán-Argentina

– Soldado de Malvinas 1982 –

Lloviznaba sobre el colchón de hojas amontonadas por el viento, el otoño había vestido a los árboles de tristeza. De esa misma tristeza él estaba vestido de los pies a la cabeza, con su mirada perdida quién sabe en qué color del arco iris. Estaba tan inmóvil, tan envuelto de silencio, que nadie lo miraba, como si no estuviera, como si nada precisara. Pero alguien se detuvo, y colocó unas monedas en la mano helada que permanecía palma arriba a un costado de su cuerpo. Sintió el tintinear de la miseria grabado en los pequeños círculos, los miró y una lágrima se perdió en su sonrisa. Uno a otro los que pasaban a su lado repitióel gesto. Nada dijo, ni siquiera, gracias. No faltó el inoportuno: Sos joven ¿por qué no vas a trabajar en vez de estar mendigando como un pordiosero?Levantó la cabeza y lo miró con esa mirada que sólo tienen los que no tienen nada, por dentro ni por fuera.Se puso de pie lentamente, levantó el cuello de su abrigo, con una gorra en su mano y una campera en la otra, comenzó a caminar  sin contestar la pregunta. Estos vagos, se dijo el que creía saberlo todo, no quieren  escuchar nada de trabajo. Dio un paso para seguir su camino y resbaló en el puñado de monedas, -claro se dijo, las monedas no le sirven, sólo pretenden billetes, enfurecido las recogió y  aceleró su caminarhasta alcanzarlo. Tomá, le dijo de mal modo, no seas tan desagradecido, ¿sabes si alguno de los que te dio estas monedas no se privó de un café o un pedazo de pan para dártelas a vos? Un dolor guardado desde hacía tiempo le brotó en el gesto. No soy un pordiosero, aclaró. En todo caso mendigo. Solo pido, un poco de comprensión y otro de afecto. Si en lugar de poner unas monedas en mi mano, me la hubieran tomado entre las suyas, o me hubieran dado un abrazo de esos que te sirven para que la soledad no te lastime, entonces sí les habría  dicho gracias. Nadie me preguntó si necesitaba algo o tenía hambre, si estaba perdido, ni preguntó mi nombre, simplemente arrojaron a su paso unas monedas sobre mi mano y en realidad no las necesito, tengo mi propio dinero. ¿Porqué las pediste entonces? ¿Me escuchaste pedirlas?, ¿te pedí a vos? No, pero al verte así…? ¿Así cómo?Como si estuvieras, sólo, vencido, abandonado. Es verdad, así me siento. Pero no es de hoy, ni de ayer. Es de hace treinta y cinco años, cuando perdí en mis islas al niño que vivía conmigo. ¿Perdiste un hijo? No, me perdí a mi mismo, y desde entonces cada 2 de abril me busco en los recuerdos. No entiendo, la verdad no te entiendo, explícame lo que quieres decir. No importa, no te preocupes, hay muchos que no entienden y otros tantos que sólo dejan monedas. Se colocó la gorra en la cabeza y la campera sobre sus hombros, dio media vuelta, saludó y continúo sin prisa su camino hacia el pasado escrita en su espalda la frase decía: “SOLDADO DE MALVINAS 1982.”Las nubes se corrieron para darle paso al sol y éste desde el cielo se reflejó en las medallas que en el pecho del veterano significaba que ese solitario caminante era un HÉROE DE LA PATRIA. Su interlocutor quedó sin palabras, pero no pudiendo con su genio, gritó: ¡VUELVE A LAS ISLAS, EL NIÑO QUE  ALLÍ QUEDÓ TE ESTÁ ESPERANDO! Sin darse vuelta el ex combatiente levantó la mano en señal de que había escuchado el mensaje. Sí. Que la guerra “fue un desatino”. Tienentoda la razón. “Fue un desatino”, como son desatinos todas las guerras que en el mundo han sido. Siendo que el tino es moderación, juicio, cordura, llegar a emplear la violencia es, por definición, un desatino. Y precisamente por eso, por ir en contra de aquellos principios por los que el hombre siente un innato apego, es que valoramos a los que hacen el supremo sacrificio personal de exponer sus propias vidas y las vidas de sus enemigos por una causa superior. Se supone que armarse no significa esgrimir armas de juguete para realizar un desfile sino empuñar armas de verdad para realizar el supremo desatino, la magnífica locura, de exponer la vida por un bien superior que nos envuelve a todos. Las pacíficas negociaciones han fracasado a lo largo de siglo y medio. ¿No alcanza un siglo y medio para darse cuenta de que ese no es el camino eficaz?y el objeto,que la hermanita perdida vuelva a casa, ¿no es el mayor logro al que puedan aspirar los que tienen a su cargo la defensa de la nación? Es evidente la actitud que asumen nuestras fuerzas armadas en la actualidad. Pueden actuar, muyprudentemente, en los Balcanes, en la cochinchina o en cualquier parte del mundo en que nuestros acreedores precisen su presencia. ¿Haciendo la guerra en defensa de la patria, como lo establece la constitución? No, eso no, sería un desatino. No importa, no te preocupes, hay muchos que no entienden y otros tantos que sólo dejan monedas.

 EL ÚLTIMO QUE CIERRE LA TRANQUERA
    Miriam Noce-Argentina

«Nunca apuesto a un caballo,
sólo apuesto a jockeys»
Nicolás Negroponte

«América fue siempre mi sueño». El abuelo así comienza sus historias. No sé si soy su nieto preferido o sólo el mayor, el Tomás. Nos une desde mi niñez una profunda amistad de comprensión y picardías. Pese a mi corta edad, fui el depositario de sus penas y satisfacciones.

Con dieciocho años recién cumplidos y con días de estada en estas tierras consiguió un laboro en los campos de Colonia San José. Atrás quedaban sus padres y abuelos en la ya lejana Sicilia. Austero, notablemente dotado para aprender con rapidez diversos trabajos del campo. Se ganó con creces la confianza del patrón. Poseía destreza en sus tareas y habilidad para hacer convincentes sus ideas. Al cabo de tres años consiguió el amor de una nieta de gringos y comprarse 6 hectáreas que desmontó solo y con paciencia. Bianca le dio dos hijos varones: el tío Pietro y mi padre. Desde pequeño Pietro fue boyerito y creció siendo la mano derecha del abuelo Gino. Tenía un don especial con los animales. Intercambiaba ideas en la escuela con la maestra y sus compañeros; le gustaba imaginar nuevos usos a las herramientas  del campo, mejorar el ganado; le decían «tanito innovador.» Con el paso de los años comenzó a discutirle a su padre: de nada servía comprar más hectáreas y ganado, sino aportaba mejoras a los establos, al pastaje, a las aguadas.

  El abuelo Gino le exigió a mi padre estudiar, siempre estudio. Él quería tener un hijo abogado, y lo logró. Nunca bajó la guardia. Cuando cumplió sus dieciocho, el tío Pietro se fue. Probó suerte en campos de Humboldt. Necesitaba hacer realidad sus sueños de modernizar el campo. No consiguió enseñarle a Gino las nuevas tecnificaciones. Se alejó en distancia y principios. Para colmo,  la prepotencia es uno de los defectos menos tolerado por el abuelo. Hoy está casado y envía a sus hijos a la escuela agrotécnica de la zona. Quiere que su campo sea un ejemplo.

Mi padre también se casó joven. Somos tres hermanos y es él quien  visita al abuelo todos los fines de semana. Cuando chicos mis hermanas iban felices a andar en los petisos que el abuelo les tenía reservados. Ya  adolescentes sólo yo sigo concurriendo. No me atraen las tareas del campo, sí el carácter y las anécdotas de mis abuelos. Había que temblar cuando el abuelo tenía un aire ausente, eso significaba que en su testa andaba rondando un pensamiento inteligente. Tengo muy buena relación con ellos. Lamentó que mis primos y tíos sólo vengan dos veces al año para el cumple de los nonos, fiesta que se comenta en toda la Colonia por la comida que prepara la abuela: raviolis y fettuccini con abundantes salsas; biscotti, pan o bollos. Sobremesas largas regadas con buon vino. Al terminar el abuelo de contar las maravillas de su ciudad natal, Catania, y decir «arriverdechi a tutti» recién nos estaba permitido retirarnos.

Como pienso seguir los pasos de mi padre, seré abogado. El tema seguridad me preocupa, sobre todo por ellos, tan solos en el medio del campo. Cuando les pregunto cómo se manejan con el dinero, la nona rápida me contestó: “Lo guarda adentro del colchón.” Me he reído con ganas, pero… la duda queda. Mi padre no se preocupa, dice que el abuelo es más astuto que todos nosotros juntos. Nadie sabe a dónde va cuando saca a relucir su impecable Ford  modelo 76.

Entre el frío, inesperado y prolongado, más la sequía, este año se le han muerto varios animales al abuelo. Le hemos ofrecido dinero para comprar forraje, pero para nuestra sorpresa, nos ha dicho que tiene suficiente. El auge de la soja hizo que muchos se inclinaran ante el momento excelente y le han restado terreno a la ganadería.  Le comenta a mi padre: «Tu hermano mayor dice que soy tenedor de vacas; él en cambio es productor.» El abuelo siempre tiene un dejo de amargura cuando recuerda las palabras hirientes de Pietro al irse del campo:

 —Serás siempre un viejo atrasado, olvidado por los demás productores. Seguí con tus antiguas prácticas ganaderas. No estás en tu querida Sicilia.

—A veces, en silencio reconozco que en algunas cosas tiene razón. Por ahí, estoy desconectado de las prácticas modernas en el manejo del ganado. Pero, tengo cosas nuevas. ¿Sabés mi’jo lo que es el CUIG?

—Por supuesto abuelo, la clave única de identificación ganadera.

— ¿Viste que de a poco me voy adaptando? Tengo el tranco corto y lento. Pero alguna vez se van a llevar una sorpresa. Ya veras Tomasito.

— ¿Se pueden morir más animales?

—Quizás algunos más. Andan revoloteando los caranchos. La ausencia de pastos es increíble, ni macollo hay. Los rollos que he comprado son una vergonia. Dejan mucho que desear, están hechos con rastrojos de bajo contenido alimenticio. En el verano hice los deberes: arrollé alfalfa, embolsé forraje y sembré avena. Como dice mi otro figlio, esta actividad tiene un importante nivel de riesgo.

— ¿Qué es la sorpresa?

—Tu tío cree que se me van a morir todos los animales; pero se mancó. Vendí mucha hacienda y al mejor precio cuando la tuve que sacar de la isla por la inundación. Tenían buen kilaje. Alguna vez, le voy a hacer caso. Aprenderé a manejarme con pastoreo rotativo y boyero eléctrico.

—Tiene razón papá, cuando querés,  sos un gringo inteligente.
—Esperá, que todavía falta.

El llamado de uno de sus peones cortó la conversación. Al abuelo lo ayudan pobladores nativos, hijos y nietos de antiguos criollos. Conocen a la perfección el lenguaje de Gino, mezcla de dialecto siciliano con castellano y algunos términos actuales de «empresario ganadero.»

Don Gino, el viejo, el abuelo, el nono (lo llamo de varias maneras), me tiene preocupado. Estos últimos días lo veo un poco decaído. Se lo hicimos notar y nos ha contestado: “No se aflijan, estoy como el ganado: invernando para adquirir un lindo engorde.” La abuela Bianca anda entre risueña y sorprendida. Dice que el abuelo en los últimos meses se ha vuelto muy lector. Diarios, revistas, libros. «En qué andará este gringo, cuando se le pone algo, ni Cristo lo saca de su brete.»

Siempre menciona la sorpresa que me tiene preparada, pero jamás sugiere lo que es. Como los chicos, le brilla la mirada y su boca parece pronta a hablar, pero… calla. Apuesta a que me apure para recibirme de abogado: «Así los dos estaremos con buen engorde para ingresar al mercado.» Se nota que está haciendo esfuerzos denodados, pero los años le están pasando facturas, su cuerpo ya no está tan derecho, pero su mente e inteligencia van en aumento.

Ayer me recibí. Concluidos los festejos (nobleza obliga), fui a visitar al abuelo. Ansioso y feliz me recibió con risas y palabras en su dialecto. Abrazados fuimos al comedor, el que permanece oscuro y silencioso esperando acontecimientos dignos para festejar. Pidió a la abuela, dos copas y el vino de las ocasiones y «por favore, ¡no interrumpas! Tengo que hablar muy seriamente con el abogado.»                

—Terminaré de envejecer en este lugar. Quiero que muchos puedan disfrutar de estas tierras. Le demostraré a mi piccolo mayor, que soy algo más que un tenedor de vacas. Como dicen los genoveses: supe acamalar en tiempos duros. Quiero dejar algún tipo de huella en mi paso por el mundo. Te voy a contar mi idea. He leído mucho sobre el tema. Esta tierra que me dio para vivir tantos años sirve para lo que hoy está de moda. Cuando yo muera…

—Abuelo, no empiece con esas tonteras. Estás un poco viejo, pero no para tanto.

—No me interrumpas. Mis dos hijos recibirán su herencia por partes iguales. Todo quedará en testamento. Bien claro. También lo que vas a cobrar por administrar, lotear y estar al frente de todo. A Bianca, la llevan a vivir con ustedes a la ciudad. Últimamente ve películas italianas por la tele. Ríe y llora al mismo tiempo. No va a molestar.

—Pero abuelo

— ¡Silencio!  Tomás, no parla, escucha. Algunos los llaman club de chacras. Otros, barrios de chacras. Tendrás que asesorar y asesorarte. El loteo va a producir un importante capital, superior a la venta como campo. Muchos árboles frutales, álamos y ligustros. Casas lindas pero no de lujo, para huir del vértigo de la ciudad. Absoluta tranquilidad y silencio. Que cada lugar tenga pajareras  con aves de la zona. Agrandá la aguada para que las garzas en el invierno tomen sol por las mañanas. Que se puedan criar toros criollos y bueyes mansos. Viveros de hierbas aromáticas y flores. Cría de caracoles. Armar huertas en pequeña escala. Un lugar para las caballerizas y senderos para cabalgar. No lo podré ver, pero confío ciegamente en vos. Las chacras se llamarán «Don Gino.» Solo una cosa te exijo: como no voy a bellaquear para irme, quiero que mis cenizas descansen en la orilla de la aguada. Te aclaro que si no cumplís con mi mandato, desde algún remoto lugar «la cosa nostra» tomara vendetta. ¡Ah! No te olvides: el último en pasar, que cierre la tranquera.

— ¡Abuelo! ¡Abuelo!… tendremos largas conversaciones sobre el tema. La idea me parece muy buena. Excelente.

—Gracias caro mío. Creo que en está tierra sos el único que me entiende.

Fue el festejo más lleno de cariño. Cené con ellos y me despedí cerca de medianoche. El abuelo no vio el amanecer, se durmió entre sueños.

 Me espera una larga sucesión; todo está plagado de hostilidad, fastidio, obstáculos. El tío Pietro no está de acuerdo en cumplir los proyectos de su padre.       

 

PERFUME DE GARDENIA
Xóchitl Robles Bello.
-México-

Perfume de Gardenia tiene tu boca
Bellísimos destellos de luz en tu mirar
El Jibarito, Rafael Hernández.

Así cantaba Simón acompañando a la Sonora Matancera mientras manejaba su flamante taxi, oloroso a vainilla, que con cuidado había lavado en la mañana como era su costumbre para poder dar  un servicio de primera.

Le gustaba andar siempre limpio, rasurado y hasta se ponía todos los días su loción Old Spaice antes de irse a trabajar. Mientras lo hacía  contemplaba los árboles que encontraba en su camino. Le parecían tan bonitos; los macuilís  llenos de flores color de rosa que caían en el suelo para formar una colorida alfombra. Los guayacanes y los mangos que en esa temporada estaban cargados de fruta. Se sentía  plenamente feliz.
-Hola Paco ¿como estás? pásame el diario Presente porfa.
De reojo pudo leer; “Choca cafre” todo en letras rojas y ocupando media plana.

-Ásu, dijo sorprendido.
Tu risa es una rima de alegres notas
Se mueven tus cabellos cual ondas de la mar
Seguía cantando Bienvenido Granda.
Su ánimo ya no era tan festivo. Se preguntaba si sería alguno de sus compañeros el causante de la desgracia. Escuchó la sirena  de una ambulancia.  Apresuró la marcha y se hizo a un lado para dejarle el camino libre.

Como siempre que veía pasar un vehículo de esos, dijo la pequeña oración que había aprendido de su abuela,   por  la salud de los accidentados.
Le hicieron la parada.
-Buenos días¾saludó con amabilidad¾¿A donde?
-Vamos a la terminal de las combis.¿Me prestas tu periódico?
           Por el espejo retrovisor observó a su pasajero, un hombre de mediana edad con una playera a rayas  descolorida, greñudo, con los ojos medio abotagados, quien no se había molestado en contestar su saludo. 
Sin decir nada, le pasó el diario.

-¡Uta,pobre cuate!, ¿ya viste la noticia? Apañaron al que manejaba, todo por  detenerse después de atropellar al de la moto. Pinches motociclistas, donde quiera se atraviesan. Son tan pendejos que algunos ni casco traen. Y  hasta con su vieja y sus chamacos.
Yo manejo una combi y  ahí nos han dicho que si le damos a alguien nos pelemos. Es más cuando te lleves a alguien de corbata si piensas que no se murió es mejor que te eches de reversa y lo remates, pués sale mas barato pagar un muerto que un herido en el hospital. Ya parece que yo me voy a detener. Toy tarado o qué.
Simón se empezó a sentir incómodo.
…y llevas en el  alma la virginal pureza
por eso es tu belleza de un místico cando
-Oye, hermano quita esa madre. Mejor prende el radio.
…las investigaciones continúan, el procurador declara que éstas se llevarán a cabo hasta dar con los culpables del asesinato de la familia en Jonuta. Se ignora el móvil de la masacre.
-¡Cabrones!,  quesque no saben por que los mataron. Se hacen güeyes, a poco de gratis. Seguro tenían tratos con los narcos y como a los de la judicial también les pasan su lana, pos aí muere, nadie sabe, nadie supo.
Ya llegamos. Nos vemos. No se te olvide:  es mejor rematarlos.

El buen humor de Simón había desaparecido. Ahora se mostraba preocupado. Hacía mucho calor y el ambiente era pesado. Su flamante taxi olía mal. La vainilla mezclada con el sudor del pasajero greñudo apestaba.
-¡Taxi, taxi!
Una indita de falda larga, un pañuelo amarrado a la cabeza, y dos niños descalzos, cada uno de ellos con una caja de cartón amarradas con  cordones, le hacían desesperadamente la parada.

El taxista estaba cansado. Tenía hambre y quería llegar a comer ese rico puchero que su mujer le prometió. Pero los niños que sostenían  con dificultad las cajas bajo el rayo del sol de mediodía, lo hicieron detenerse. Antes de subir, la mujer preguntó:
-¿Cuánto me cobras pa’ donde salen los camiones que van a Chiapas?-
Viéndola de cerca le dio mas lástima. Flaca, flaca como un perro sarnoso. El sudor le escurría  por la cara, y en los brazos, medio tapado con el rebozo, llevaba un niño dormido.
-No te preocupes. No te cobro. Súbete yo te llevo.

Rápido, antes de que lo pensara bien, la mujer subió a los niños con los cartones en la parte de atrás. Ella con el niño en brazos y  una bolsa de yute colgando del hombro, se sentó junto a él. El olor a orines le lastimó la nariz.
-¿Ya te vas para tu tierra?
-Si, tengo que entregar a éstos niños que me prestó mi compadre.
-¿Qué, no son tuyos?
-No, me los traje  pa’ que me ayuden a juntar dinero  en las esquinas. Como los ven chiquitos la gente les da y juntan güenos centavitos. Pos’ como ellos no salen del pueblo,  me los prestaron pa’ que conocieran. La vez que vine sola no saque casi nada, pero con los chamacos me jué  re bien.
-El que me daba harta lata es éste¾dijo señalando al pequeño que llevaba en el rebozo¾Pero el compadre Abundio me dijo: “llévatelo comadrita, ya ves que si te ven con él te va re bien. Nomás le das éstas pastillitas y pa’que se duerma”. Que se las doy  y así ni lata me da.
Pasaron por un bache y con el movimiento del auto sonaron unas botellas.
-¿Qué llevas en esa bolsa?
-El trago pal’ Policarpo. Me presta a sus escuincles pero le tengo que llevar su zorro.
– ¡Ya llegamos!¡ Bajense, bajense, córranle a comprar los boletos!
Y sin decir más corrió con sus mocosos, sus cajas, su mugre y el pomo pal compadre.
-¡Me lleva!

Simón no podía más. El hambre, el calor, los autos que a esa hora se movían lentamente; los olores mezclados del sudor, la vainilla y los orines, lo pusieron de mal humor. Pensó en volver a escuchar su C.D. preferido para
calmarse. Mientras lo ponía, una anciana con un bastón atravesaba lentamente la calle. La vio a tiempo y pudo frenar.
¡Órale, pinche vieja, apúrese o me la echo!
perfume de gardenia tiene tu boca
perfume del amor…

LA NIEBLA
María Sánchez Fernández
Úbeda-España                

Cuando la ilusión nos abandona
deja en nosotros un vacío tan inmenso
que cabría en él toda la desesperanza del mundo                                                                                                                                                     

     Hace ya mucho tiempo, cuando no existía la luz eléctrica, ni la televisión, ni el  teléfono, ni internet, había un pueblecito pesquero, en la bahía de un tranquilo mar, en el que nunca ocurría ningún hecho extraordinario. Los días pasaban con lentitud y las gentes veían pasar sus vidas con la rutina de la apatía.  Procreaban, nacían, morían, trabajaban, se alimentaban, dormían, y así un día y otro día sin cambios importantes que alteraran sus existencias de autómatas. ¡Se aburrían! No encontraban aliciente alguno en sus vidas ni en  el  entorno natural que les rodeaba. No eran felices. Los dominaba el hastío. Caminaban por las calles como ausentes, sin una sonrisa de saludo…, sin un abrazo de bienvenida…, sin una canción en los labios…

   Pero ¿por qué se aburrían? ¿Por qué no eran felices? Tenían buenas relaciones sociales con los vecinos de los pueblos próximos, donde entre todos ellos reinaba la paz. Tenían un hermoso mar que arrullaba cuando estaba en calma y rugía imponente cuando los vientos de tormenta lo enfurecían. Ese mar que les ofrecía las más bellas estampas de colores que soñar se puede en las amanecidas y atardecidas tan brillantes, doradas y rojas como el fuego. Ese mar que les suministraba peces en abundancia, cuando las redes eran arrastradas y abiertas en la playa derramándose en auténtica plata viva. También tenían un precioso pueblo tan blanco como la nieve, salpicado de huertos, de árboles frutales y de flores. Tenían hermosos rebaños para el pastoreo. Tenían un frondoso bosque, donde los pájaros hacían sus nidos y donde retozaban y vivían corzos y jabalíes. Tenían un sabio maestro que a todos enseñaba, a niños y a mayores, y también tenían a Benita, la vieja bruja que vivía en la casita  del camino que llevaba al bosque y a la que consultaban sus cuitas y dolencias. Ella, con sus consejos y sus pócimas, lograba aliviar los dolores del alma y del cuerpo de aquellos que se sentían enfermos.

   Algo ocurrió una mañana antes de asomar el sol.

   Cuando los hombres de pesca se disponían a zarpar con sus barcas para salir a alta mar, vieron que venía de allá, de la línea que junta las aguas marinas con el cielo, una espesa niebla que cubría la lejanía. Era  como una cordillera larga y gigante, que hacía  que las aguas parecieran más calmas, más grises y más densas. Venía con lentitud, sin prisas, como un gran monstruo que le costara moverse por su enorme envergadura. Al principio creyeron  que sería un anticipo de tormenta y decidieron volver a tierra y amarrar las barcas. Conforme iba avanzando la mañana, la niebla, que venía del mar, también avanzaba, como un enorme tanque pesado, hasta que al fin llegó al pueblo cubriéndolo con un manto húmedo y pegajoso. Una gran calma se hacía sentir en el ambiente. Los pájaros, asustados, dejaron de piar acurrucándose en sus nidos; los perros callejeros dejaron sus aullidos y se ocultaron en agujeros y guaridas con las orejas gachas y la cola entre las patas; los árboles perdieron la lozanía del verde de sus hojas; los peces del arroyo que atravesaba los huertos, quedaron inmóviles, sin sus constantes zigzagueos de idas y venidas; las gentes sobrecogidas se encerraron en sus casas esperando que aquel extraño fenómeno pasara pronto y tomara otro camino dejándoles libres de aquella pesadilla. La niebla todo lo ocupaba. Se metía por los más pequeños resquicios hasta formar una gran masa homogénea con personas, animales, plantas, casas, calles y plazas. Nadie se veía entre sí. Nadie se reconocía, pues hasta la voz, único medio de comunicación, se apagaba en las gargantas, como si las cuerdas vocales se hubieran entumecido. El pueblo se convirtió en un mundo de ciegos y de mudos.

   La niebla se asentó en la ciudad y se negó a seguir su curso. Anulaba voluntades, cegaba las miradas, enmudecía las gargantas, vetaba los abrazos, pues hasta el sentido del tacto afectivo estaba invalidado. Mas ¡ay!, la vida debía proseguir y los hombres tenían que trabajar para llevar el sustento a sus familias, ¿pero como? El mar se adivinaba que estaba en absoluta calma pero la niebla impedía toda visibilidad. Las barcas permanecían amarradas y los pescadores inactivos. Oían con gran desasosiego como las pequeñas olas lamían las arenas de la playa. Lamían a sus barcas. ¡El mar estaba ahí, los estaba esperando, pero la maldita niebla les impedía salir a faenar!  Los hombres de la Administración, el comercio, la agricultura, el pastoreo, iban a ciegas por las calles y campos a realizar sus respectivas trabajos provistos de grades hachones que hacían posible alguna visión. Los mercados y vendedores ambulantes abrieron sus puestos, pero no había pregones, las voces estaban congeladas. Las mujeres hacían sus trueques con dinero o distintas especies sin apenas saber lo que adquirían. No veían los productos. Todo era niebla y silencio. ¿Y los niños? ¿Qué ocurría con los niños? La escuela cerró, y como los pájaros, dejaron de gritar, de cantar, de jugar y de volar. Aquella era una ciudad fantasma. Las personas, como marionetas de algodón, eran manejadas, sin voluntad propia, por los hilos de una fuerza extraña que los sometía.

   ¿Qué ocurría? ¿Era un mal sortilegio? Todos eran personas honradas y de bien que cumplían con las leyes establecidas por esa Sociedad en la que vivían, pero aquella situación tan insólita sobrepasaba los límites de la razón.

   Pasaron los días y todo seguía igual. La niebla persistía. Los ánimos decaían.

   Un consejo de ancianos tomó una determinación. Irían a visitar a Benita, la vieja bruja que vivía cerca del bosque. Ella podía asesorarles, y sobre todo aclarares, con su experiencia de años y de hechicera experta, que es lo  que debían hacer y que es lo que estaba ocurriendo. ¿Estaba el pueblo embrujado? ¿Tenía ella algo que ver en este caso tan insólito? Siempre la habían respetado y considerado por sus grandes dotes de adivina y curandera. Poseía un don sobrenatural que compartía para el bien de sus vecinos. Asistía en los  partos difíciles, consolaba a moribundos, vaticinaba amoríos, curaba el mal de ojo, sacaba alguna que otra muela. En fin, a falta de doctor allí estaba Benita.

  Aunque era plena mañana, tomaron el camino con grandes hachones para no perderse. Llegaron a la casita del camino, llamaron  con cautela a la puerta y al mucho rato salió a recibirlos una mujer encorvada por los muchos años y que llevaba en su mano derecha una lámpara encendida de aceite, de aquellas de arcilla del tiempo lejanísimo  en que los árabes vivían en nuestras tierras, dando la llama a su rostro unos matices de luces y de sombras que estremecieron a sus visitantes. Parecía un espectro.

   Dijeron a la anciana con sumo respeto y cortesía:

  −Buenos días Benita. Venimos a consultarte. Tú eres una mujer sabia y nos puedes decir qué es lo que está ocurriendo en nuestro entorno y en nuestras vidas. ¿Estamos malditos  por alguna mala conducta? ¿Hemos hecho algo mal en nuestra forma de comportarnos? ¿Estamos embrujados por algún mal espíritu?

   Y Benita, con una sonrisa que más parecía la mueca de una máscara les respondió:

   −“Mucho habéis tardado en venir a pedir mi ayuda, hermanos. Sois todos personas honradas, pero la ambición desmedida por alcanzar la plena felicidad, que siempre la habéis tenido como un regalo al alcance de vuestra mano, os ha hundido en la niebla del vacío, de la ceguera, de la  desilusión y de la desesperanza. Lo habéis tenido todo y nunca lo visteis. Ahora la añoráis como algo precioso y perdido”.

  −¿Puedes hacer algo por nosotros y por tu pueblo, respetable anciana? ¿Puedes hacer que la luz vuelva a nuestras calles, a nuestros hogares, a nuestros corazones  y  a nuestras almas?

    Y Benita les respondió moviendo afirmativamente la cabeza:

    −“Id tranquilos, haré lo que pueda, aunque las fuerzas de la naturaleza son mucho más potentes que mis pócimas y conjuros. Soy tan vieja como el tiempo,  y mi energía se va agotando como el aceite y la llama de esta lámpara”. 

     Los hombres se fueron más fortalecidos con la esperanza de ver como pronto sus vidas volvían a la normalidad. Tanta era la confianza que tenían en Benita.

     Aquella noche, la buena bruja, cogió sus bártulos y se fue a la playa. Hizo una gran hoguera con los restos de una vieja barca y, en solitario, completamente desnuda, danzó y danzó en torno del fuego cuanto sus fuerzas se lo permitieron, recitando conjuros que decían de ambiciones, de perezas, de olvidos, de vacíos, de frustraciones, de envidias, de rencores y también de perdones.

    Cayó junto al fuego rendida, pues sus fuerzas se agotaron. En su rostro se dibujaba una mueca de sonrisa. Al fin había cumplido su gran misión. Esa misión que le fue encomendada por una energía superior.  Ella era y había sido una maga, desde un tiempo que ya ni recordaba, y con su magia buena logró que aquellas gentes encontraran la paz, la confianza y la felicidad que ya tenían perdidas.

   Cosa extraña, el cielo se iluminó con una redonda luna llena.  El mar pareció volver a la vida. Grandes olas dejaban sus espumas sobre la arena rugiendo de placer. Las barcas amarradas volvieron a brillar por el vivificante baño de las aguas, y la espesa niebla se concentró en un enorme bloque que, iluminado por la luz blanca de la luna llena, desapareció para siempre hundiéndose en el océano.

  Cuando llegó la mañana y la gente despertó de su triste letargo, vio que un sol espléndido lucía en el cielo. Los árboles verdeaban, las casas brillaban con sus vestidos blancos, los perros callejeros ladraban y movían la cola y los pájaros cantaban himnos de alegría. La vida había vuelto a ellos. La niebla no existía. ¿Habría sido un mal sueño?

  Las campanas de la iglesia volteaban enloquecidas y hombres, mujeres y niños reían como nunca lo habían hecho. Eran felices.

  En la playa, vieron junto a las brasas de una hoguera, los harapos negros y mugrientos de Benita. Su viejo cuerpo y su alma grande se fueron para siempre con la niebla a las profundidades del mar, o quien sabe si trepó a las alturas prendida en un rayo de luna para encontrarse con la estrella que siempre rigió su destino.

DOS TESOROS
Jaime Suárez
México

           Es una casa humilde. Hay pocos muebles, ya viejos y maltratados. Evidentemente la pobreza impera en ese hogar, sin embargo no hay en el rostro de la mujer algún signo de amargura.   Ella está en la cocina preparando los alimentos, en espera del ya próximo arribo de su esposo.
            Pasa el tiempo y la mujer termina su trabajo, se sienta en el único sillón y observa en silencio su entorno. Después de un rato escucha los pasos de su cónyuge, se levanta y prepara un abrazo para recibirlo.

El hombre llegó deshecho a su casa, estaba lleno de ira y desaliento; su esposa notó de inmediato que algo grave pasaba.
-¿Qué tienes Miguel? ¿Qué te ocurrió? -le preguntó preocupada.
-Ay Dulce -contestó el hombre- vengo indignado, me asaltaron en el camión.
-¿No te hirieron? ¿Recibiste algún golpe?
La mujer, mientras preguntaba, al mismo tiempo revisaba a su esposo, tratando de asegurarse de que no estuviera lastimado.
           -No, sólo el robo y el coraje por la impotencia. Eran dos los rateros.
            -¿Y qué te quitaron?

           -El celular y la cartera; traía doscientos pesos y la credencial del equipo de fut.
           -Qué tragedia -se lamentó Dulce- pero veo que te dejaron el libro.
           -Sí, pero no te burles, mañana hay partido, los árbitros son muy estrictos, y tendré que ver el juego desde la banca, por no tener credencial. Ahora que el equipo va tan bien, ya van tres partidos en los que anoto gol; qué gachos los ladrones.
            -Menos mal que no te lastimaron. Ya está lista la comida, ¿quieres comer algo para que te sientas mejor?

           -No, voy a tratar de dormir un poco, a ver si se me baja el coraje.
           El sueño fue poco tranquilo, cuando Miguel despertó vio a su esposa que estaba frente a él.
           -¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así?
           -Es que tengo curiosidad -contestó ella- ¿por qué no se llevaron la novela?
           Al preguntar le enseñó el infaltable libro que su esposo llevaba al trabajo para distraerse en el camino.
           -Ya me lo habían quitado, pero cuando iban a bajar del camión el más viejo regañó al joven.
           -¿Y para qué quieres ese libro? -le dijo- está muy grueso y pesado, sólo va a estorbarnos y además tú ni sabes leer.
           -Tienes razón -aseguró el joven ladrón- perdóname, ya sabes que apenas voy comenzando en esta carrera tan ventajosa; dinero fácil arrebatado a los tontos que lo ganan trabajando.
           -El chavo me lo aventó y se fueron.
           -Ese libro es un tesoro -comentó la mujer.
           -Ya lo creo, cada vez que vuelvo a leerlo disfruto como la primera vez, qué bueno que empiezas a reconocer su valor.
           La mujer se le quedó viendo a los ojos hasta que el hombre se inquietó.
           -¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así? -le preguntó Miguel con voz titubeante.
           -Es que, ¿recuerdas dónde guardas tu boleto de melate? -respondió Dulce.
           -Sí, bajo el forro del libro.
            -¿Y ya revisaste a ver si ganaste algún premio?

           -No me ha dado tiempo, además ya sabes que compro el boleto solamente para soñar despierto. Mientras espero que se lleve a cabo el concurso me doy el gusto de imaginar que lo gano y todo lo que haremos con el dinero. ¿Recuerdas? Viajar, cambiarnos a una colonia más bonita, compartir con familia y amigos, ayudar a muchos necesitados. Después ya no hago mucho caso.
           -Pues revisa -quien quita y…
           El esposo comenzó a sospechar por la actitud de su mujer, encendió la computadora, buscó la página correspondiente. De pronto, saltando de alegría comenzó a gritar.
            -¡Vieja!, nos sacamos el primer premio. Somos ricos, trescientos millones de pesos para nosotros dos y para compartir. No puedo creerlo. El libro vale dos tesoros; la fortuna que guardó y la deliciosa lectura. Por primera vez me da gusto encontrarme con un analfabeto.

           Y en silencio añadió:
            -Gracias don Miguel y gracias don Quijote por haber regresado del pasado imaginario para “desfacer un entuerto más”.