CRÓNICAS,ARTÍCULOS Y ENSAYOS

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Septiembre  2.019  nº 23
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AL SERVICIO DE LA PAZ Y LA CULTURA HISPANO LUSA

COLABORAN: Carlos Benítez Villodres ( Málaga-España)…Lola Benitez Molina (Málaga-España)…Amado Blanco Pedrero (México)…Antonio Camacho (Santa Fe -Argentina)…Adrián N. Escudero ( Santa Fe-Argentina)…Eunate Goikoetxea (Alicante España)…Angel Medina (Málaga-España) Gustavo Páez ( Colombia)…Jaime Solis Robledo (México)
TERRENOS DEVASTADOS
Carlos Benítez Villodres
Málaga (España)
Observaba un agricultor cómo las llamas arrasaron sus tierras. Esa finca heredada de sus progenitores, él la amplió, comprando más tierras que lindaban con ella. Por esa heredad luchó y vivió como hicieron sus padres, sus abuelos, sus bisabuelos… Gracias a esos campos sus tres hijos pudieron ir a la universidad. Hoy viven bien en Madrid.
Ahora contemplaba, desde un montículo, los estragos ocasionados por esas llamas infernales. El fuego lo había devorado todo. No quedó ni un solo árbol vivo. Aquellas tierras siempre verdes y feraces se habían convertido de la noche a la mañana en un mar de cenizas que el viento las arrastraba a su antojo. El hombre, perfectamente curtido por dentro y por fuera, lloró en silencio ante el paisaje desolador, muerto, que lo rodeaba.
Sentado sobre una roca calcinada y con los ojos anegados de lágrimas, sentía el fuego dentro de su cuerpo. Esas llamas interiores, aunque distintas, completamente, a las que lo habían arruinado, ardían con más ímpetu devastador que aquellas otras que hace tan solo dos días campeaban, como diablos locos, por unas tierras que él y sus vecinos las acariciaban al trabajarlas.
El fuego que ahora avanzaba por su orbe interno le producía dolor, ansiedad, desesperación. Todo perdido. Tan solo le quedaban unos años de vida derrotados y fracasados de antemano. El enemigo se presentó imprevisiblemente, dejándole el alma y el corazón y las arcas vacías. ¿Qué haría con su vida desde hoy en adelante? El paisaje cadavérico que ahora visionaba a unos 25 kilómetros a la redonda era el mismo que yacía impotente dentro de él.
Es impresionante la multiplicación y agudización de la amenaza a la vida de las personas y de los pueblos, especialmente, cuando esta es débil e indefensa. “Una vida que tiene que luchar, dice Menandro, constantemente por la vida no es una vida”. A las tradicionales y dolorosas plagas del hambre, las patologías endémicas, la violencia y las guerras, se añaden otras, con nuevas facetas y dimensiones inquietantes.
El hombre contemporáneo debe tomar conciencia de la amplitud y gravedad de los atentados contra la vida, que siguen marcando la historia de la humanidad, para que busque las múltiples causas que los generan y alimentan, para que reflexione, con suma seriedad, sobre las consecuencias que se derivan de estos mismos atentados a la vida de las personas y de los pueblos. “El que no aprecia y valora la vida, asevera Leonardo da Vinci, no la merece”.
Hay amenazas que proceden de la naturaleza misma, y que se agravan por la desidia culpable y la negligencia de los hombres que no pocas veces podrían remediarlas. Otras, sin embargo, son fruto de situaciones de violencia, odios, intereses contrapuestos, que inducen a los hombres a agredirse entre sí con atentados contra la naturaleza, con homicidios, asesinatos, guerras, matanzas, genocidios…
¿Cómo no pensar también en la violencia contra la vida de millones de seres humanos, especialmente niños, forzados a la miseria, a la desnutrición y al hambre, a causa de una inicua distribución de las riquezas entre los pueblos y las clases sociales? ¿O en la violencia derivada, incluso antes de que estallen las guerras, de un comercio escandaloso de armas, que favorece la espiral de tantos y tantos conflictos armados que ensangrientan el mundo y los adentros de cada hombre y mujer de buena voluntad? ¿O en la siembra de muerte que se realiza con el temerario desajuste de los equilibrios ecológicos, con el criminal tráfico de drogas, con no poner al alcance de cualquier persona, en especial del tercermundismo, los remedios necesarios para que la práctica de la sexualidad no sea portadora de graves riesgos para la vida? “La vida merece ser vivida, afirma Tagore, con todo entusiasmo y alegría. Es el don más precioso que poseemos”. Mas es imposible enumerar la vasta gama de amenazas y agresiones contra este regalo tan valioso como único: la vida humana.
Se encendió el alumbrado público. Este hecho me sacó del cauce de la reflexión. Un cauce incrustado en mi tiempo personal, un tiempo, “un movimiento hacia delante”, según Nicholas Williams, que nace con el hombre y muere con él. A cada ser humano le pertenece su tiempo. Sabe el día que se puso en marcha, pero desconoce cuándo se parará el reloj que al nacer le regalaron.
Ese día el crepúsculo brumoso miró a los ojos del viento y abrió desanimadamente las puertas a una noche tranquila. Una de tantas noches que en vez de sangre tienen hastío, como muchísimos seres humanos. Poco tiempo tuvo el ocaso para esparcir por todas partes su fragancia más íntima. Tras un bostezo y sin decir adiós, desapareció para no volver nunca más. Los amaneceres y las puestas de sol son como los torrentes, o como los árboles silvestres, o como las olas de la mar. Nunca nos encontraremos sobre el planeta a dos de ellos o de ellas idénticos, aunque apreciemos ciertas similitudes. Sucede lo mismo con el mundo. Si cambiamos de punto de observación, el orbe aparecerá ante nuestros ojos distinto del que mirábamos ayer o hace una semana.
De repente, evoqué al agricultor que sucumbió moralmente por la avaricia del fuego. Su desesperanza, su sufrimiento, su angustia crecerían con el paso de los días, de los meses. Hasta su casa, en las afueras del pueblo, sirvió de pasto para las llamas nunca jamás saciadas. Los canallas que prenden intencionadamente fuego a los campos, barrancos, montes…, causando incendios que destruyen al hombre y a la naturaleza son del mismo linaje que ciertos individuos todopoderosos. La semejanza se halla en la maldad que acunan y nutren. Mientras unos matan por envidia o, simplemente, por placer, los otros dan órdenes que ocasionarán muertes de inocentes y situaciones caóticas, dolor y destrucciones, para enriquecerse de poder.
Ante estas nuevas reflexiones, mi respiración aumentó su ritmo y mi corazón, la frecuencia de sus latidos. Un sudor frío brotó por todo mi cuerpo. Sin embargo, las manos me quemaban. Las sensaciones se agolpaban en mi cerebro con una rapidez extraordinaria. Escuché la voz del silencio que brotaba del aire. Quise hablar, pero algo o alguien me lo impidió. ¿Por qué, en ciertas ocasiones, hablar o escribir no es tan sencillo como mirar? ¿Por qué a veces las palabras huyen del hombre, dejándole la vida vacía, como un pozo seco? Evidentemente, hay situaciones que se producen sin que intervenga nuestra voluntad. Lo mismo que no podemos impedir que llueva o nieve.
La noche caminaba lenta, como el individuo que deambula por las calles de una ciudad cualquiera, cuando no tiene obligaciones que cumplir o cuando nadie en casa lo espera. Es el tipo de peregrino que hasta las sensaciones gratas no encuentran en él un lugar despejado para introducirse en las estancias de su intimidad.
Para las personas que solo conviven con zarzas y ortigas, los pensamientos carecen de la habilidad de alzar el vuelo. Además, ni el deseo ni la voluntad les sirven para deshacerse de un obstáculo, o para solventar un problema, o para tomar las riendas de una situación. Están bajo la dominación de los fantasmas del poder y de la mente. Su existencia se sustenta de inviernos despiadados, de sufrimientos sin voz, de silencios que machacan. Ni siquiera beben el agua de la nostalgia, aunque algunos nutran sus pulsos debilitados con las ausencias. Pero estas son sombras que cada día pierden un poco de su esencia al distanciarse más y más del primer habitáculo que ocuparon en la memoria. Estrellas que el destino las va despojando, imperceptiblemente, de la luz que irradiaban. Hoy, sombras de su sombra.
DUEÑOS DE UN DESTINO INCIERTO
Lola Benítez Molina
Málaga (España)
Viaje nocturno de holas marchitas. El silencio, a veces necesario, hoy me azota, y un rugir de circunstancias sobrevuela mi inocencia rota.
            Las sonrisas ya no acarician al viento y afloran de las lágrimas negras. El fuego hace crepitar el alma. Tal vez suene a lo lejos, acompasada y trémula, con melodías del ayer, la nostalgia. Ese destino incierto quiebra la mirada y rehúsa aquellos días.
            No se puede entender esa ausencia que mata. ¿Hasta dónde puede llegar el engaño de una sugerente voz? La duda no tiene cabida y esas lágrimas negras florecen.
            William Faulkner, en su novela “Las palmeras salvajes” diría: Entre el dolor y la nada prefiero el dolor”. Es una frase hiriente, pero llena de sentido.
            Somos dueños de nuestro destino hasta cierto punto, diría yo, y como manifestó Carl Jung: “Aquello a lo que te resistes persiste y lo que aceptas te transforma” o “Yo soy lo que elegí ser”.
            Al hablar del famoso Carl Jung me viene a la memoria el nombre de la que sería su amante, Sabina Spielrein (1885-1942), psiquiatra y psicoanalista rusa de origen judío, nacida en Rostov. Perteneciente a una clase social alta y dotada de gran inteligencia e inquietud, aventajada a su tiempo, su infancia se caracterizó por su rebeldía ante un padre excesivamente autoritario, lo que le ocasionaría problemas de afectividad. A los diecinueve años sus padres la enviaron a Zurich para ser tratada, por Carl Gustav Jung, médico psiquiatra y ensayista suizo, de un cuadro depresivo. Después se convertiría en su alumna, colaboradora y amante. Tras su dolorosa ruptura, se casaría con un médico ruso, también de ascendencia judía, Pavel Scheftel, con el que tuvo a sus dos hijas. Más tarde se marchó a vivir a Moscú, donde ejerció como psicoanalista hasta que los estalinistas se lo prohibieron y regresó a su Rostov natal, donde fue fusilada junto a sus dos hijas por un Comando de las SS.
            Posteriormente, a su muerte sería publicada la correspondencia que mantuvo tanto con Jung como con Freud. Una vida apasionante y trágica, que quiero rescatar del olvido, aunque sea por breves instantes, una vida complicada pero llevada con valentía.
            Todas las vidas son fascinantes y encierran un destino y un dolor.
NAVEGANDO ENTRE DOS AGUAS
Amado Blanco Pedrero
México
Hablar de Historia es hablar de un monstruo de mil cabezas, habrá personas que aborrezcan la idea de enfrentarse con horrible animal, solo pronunciar la posibilidad de estar cara a cara con semejante ser de mala fama, otros en cambio, le buscan el lado amable y tratan de comprender su aspecto, y cumplen con los requisitos para estudiar, y se dan cuenta que ese animal temido por muchos es más benéfico que maligno.
Los que le temen al tema se quejan de no tener memoria para aprenderse nombres de lugares, nombres propios, fechas y otros hechos cronológicos importantes para desarrollar algún tema. Por mi parte puedo decir, y perdón por ponerme en primera persona, que no me asusta el monstruo y prefiero verlo a los ojos, sin embargo, debo decir que soy irreverente de la Historia de México, porque he conocido algunas falsedades creadas para satisfacer intereses oficiales.
Es por eso que me siento en ocasiones navegando entre dos aguas, pero creo que a pesar de dudar de la veracidad de la información, hay historias que son bonitas e invitan al lector a reflexionar. Esa pausa que debe uno hacer en la lectura para recapacitar me lleva a transcribir lo que escribiera el maestro Armando Fuentes Aguirre, conocido a nivel nacional como “Catón”. He aquí pues, el tema con lo que nos ilustra el maestro Catón.
Al triunfo de los franceses, (1863 en México), después de la rendición de Puebla, Bazaine les dio a escoger a los militares mexicanos que quedaron prisioneros y a quienes juraron no volver a tomar las armas contra Francia, acogerse al indulto ofrecido por el Emperador. Quienes no hicieron ese juramento, quedarían a disposición de los vencedores en calidad de prisioneros de guerra.
Los que se negaron a hacer el juramento después de varias semanas de confinamiento se les condenó a ser enviados a Francia. Después de pasar penurias como el ir de Puebla a Veracruz, (en esa ocasión, Porfirio Díaz logró huir) embarcarlos en buques de carga y ser alimentados solo con galletas sobrantes de la guerra de las cuales tenían que apartar los gusanos que había en ellas, en Francia se les sometió a toda clase de humillaciones, se les separó y fueron enviados a diferentes ciudades que tenían por cárcel ya que no podían salir de sus límites. Para ganarse la vida tenían que realizar labores humillantes, el general Manuel F. Loera, una figura distinguida en México, fue cargador en la Aduana de Paris.
A la caída del Imperio decretó Napoleón III la libertad de aquellos mexicanos. Un grupo de diez o doce de ellos acordaron ir a España, prácticamente caminando llegaron a San Sebastián y se alojaron en una casa de huéspedes muy humilde propiedad de una señora viuda. A los pocos días se les acabó el dinero y fueron a despedirse de la señora. Por qué se van? Les preguntó ella.—Señora—le explicó don José Montesinos el oficial de mayor graduación. Nuestros recursos se han agotado. No tenemos con que pagarle la asistencia.
—Nada importa— les contestó sin vacilar la dama a leguas se ve que son ustedes hombres honrados y caballeros dignos. Sufren ustedes lo mismo que sufrió mi padre a manos de los franceses.
Mientras pueda les seguiré dando casa, comida y ropa limpia. Ya me pagarán ustedes cuando puedan: ¡No faltaba sino que ustedes, como son, descendientes de españoles, una española los echara de su casa!
Los mexicanos conmovidos, le dieron las gracias. Esa misma noche Montesinos reunió a sus compañeros para deliberar acerca de la situación. De algún modo hemos de corresponder a la hospitalidad que nos da. En el castillo de La Mota se están realizando obras de reparación. Les propongo que nos vayamos a ofrecer como peones de albañil, para ganar un jornal digno, aunque solo saquemos para comer pan y queso, todos aceptaron  y al día siguiente se presentaron ante Esparza (quien estaba al frente de las obras) iban ataviados con sus uniformes de militares. El señor Montesinos se adelantó a hablar con él “Señor, somos oficiales mexicanos y queremos trabajar como peones de albañil para ganar el pan que nos comemos, Esparza les dijo Los conozco, son prisioneros de guerra a quién los franceses abandonaron a su suerte, yo soy tan pobre como ustedes y administro un dinero que no es mío pero pueden trabajar aquí y se les pagará lo mismo que ganan los peones. Al día siguiente se presentaron a trabajar, esta noticia se conoció en todo San Sebastián, cuando salieron por la tarde grande fue su sorpresa al ver un grupo de personas que se habían reunido afuera para saludarlos con un aplauso caluroso, flores y cestos con comida. Conmovidos, los mexicanos oyeron a un anciano que decía a su pequeño nieto al tiempo que señalaba: Aprende hijo: así se honra a la patria en el extranjero.
Algunos meses más estuvieron los desterrados en San Sebastián hasta ahorrar algunos pesos que les servirían o bien para pagar su pensión o para los pasajes para volver a México. La señora de la casa les dijo que usaran el dinero en el boleto del viaje, a ella le pagarían cuando pudieran. Pasaron nueve años cuando don Porfirio Díaz llegó a la Presidencia se enteró del caso y ordenó a la legación de España que averiguaran el paradero de aquella señora que con tanta generosidad trató a los desterrados. La señora fue localizada: vivía aún en San Sebastián y se llamaba doña Micaela Zugasti. Un funcionario de la Embajada de México en España hizo el viaje especial al puerto y pagó a la noble mujer la suma debida con los créditos correspondientes. Ella recibió llorando aquel dinero. Luego condujo al diplomático al castillo de La Mota, donde habían trabajado los desterrados mexicanos, y les mostró una palabra que ellos escribieron en 1864 con piedras blancas en un muro de piedra del castillo. Esa palabra era “México”
Le toca a usted estimado lector, creer o no la historia, yo le puedo decir que creo en ella por humana y cruel y porque nos demuestra que gente buena hay en todas partes, así como pagar es corresponder. Al fin, el monstruo nos enseña su cara amable.
LORCA, CATÓLICO
Por Antonio Camacho Gómez
    En uno de sus poemas titulado “Fuente Vaqueros”, lugar donde pronunció una conferencia y en el que vio la luz el poeta granadino Federico García Lorca, el filólogo, vate y profesor Luis Ruiz Moreno, miembro de la Real Academia de Letras de la Córdoba hispana, me invita, tras dedicarme la composición del texto a que vaya y lo acompañe a recorrer las calles por donde anduvo el autor de “Romancero gitano”. Libro éste cuyos versos fueron conocidos mucho tiempo antes de su publicación en la Revista de Occidente madrileña en 1928 y que fueron compuestos entre 1923 y 1927. Revista, por otra parte, que dirigió el filósofo José Ortega y Gasset, aquel que dijo “argentinos a las cosas” y nos habló del “hombre y su circunstancia”.
    Sin duda alguna, es el libro más conocido de García Lorca, en cuanto a poesía, por más que algunos críticos prefieran “Poeta en Nueva York”, obra vanguardista e iconoclasta, editada en México en 1940 y que tantos halagos me ha proporcionado recitándolo en radios y teatros, así como “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”.
    Por cierto que el citado torero, que murió a consecuencia de la cornada de un toro en la plaza de Manzanares en 1934, fue un hombre culto que produjo una obra de teatro y convocó a los mejores poetas andaluces al Ateneo de Sevilla, en donde se ha considerado que surgió la prestigiosa Generación de 1927. La de Lorca, que al leer uno de sus poemas un colega le arrojó su chaqueta –saco- en señal de admiración; la de Alberti, Altolaguirre y Aleixandre –luego Premio Nobel de Literatura-, entre otros.
    De todos los creadores líricos mencionados, Federico es, a nivel mundial, el más conocido; el intérprete incomparable de la Andalucía profunda, misteriosa y milenaria, entendida por Schulten y Ortega la cultura más antigua de Occidente, que se extiende desde los tiempos del legendario Gerión Tartéssico hasta el presente, tan lejana de la “pandereta” de Bizet, colorista y superficial.
    Loca, músico hasta los diecinueve años –hasta el punto que ofreció en Barcelona un recital de piano-, dibujante, titiritero, director de teatro y difusor de los clásicos por los pueblos españoles; amigo de Buñuel y Dalí –en la casa de éste en Cadaqués pasó largas temporadas-, dramaturgo de alto fuste, como lo prueban desde “Bodas de Sangre” a “La casa de Bernarda Alba” y “Yerma”, tenía tal encanto, tal simpatía que, según su par Guillén, antes de llegar a una reunión se lo percibía y cuando se retiraba dejaba su impronta.
    Hasta en las horas previas a su fusilamiento intentó levantar el caído espíritu de sus compañeros de prisión, dos torerillos y un maestro cojo, interpretando canciones de su tierra.
    Su tierra, la Granada en la que en 1922, junto con Manuel de Falla, organizó un concurso para revitalizar el flamenco y a la que regresó en las horas dramáticas de 1936 para asistir al cumpleaños de su padre, al que un amigo le dijo que Federico no corría riesgo alguno porque nunca se había metido en política. El propio poeta sentíase seguro, razón por la cual desechó los consejos de sus amigos comunistas de que abandonase España, como ellos lo hicieron.
    Tuvo amigos marxistas, tales Alberti, Neruda y Buñuel, pero también de extrema derecha, casos de Dalí, reconocido franquista, o los hermanos Rosales, falangistas, en cuya casa se refugió para evitar su detención, aunque no obstante las gestiones que hicieron fracasaron, por cuanto fue el general Queipo de Llano, desde Sevilla, el que ordenó la ejecución de Lorca, que se llevó a cabo al amanecer del 19 de agosto de 1936 en un camino cercano al pueblo de Víznar. En resumen: Federico era católico y pidió a un soldado confesarse antes de su muerte cercana, sin poder hacerlo porque ya se había retirado el sacerdote del lugar, pero sí realizó el acto de contrición. No se afilió a partido político alguno y se comprometió al firmar manifiestos reivindicativos de esenciales derechos humanos, suscritos por sus amigos de izquierda que se exiliaron a tiempo. La envidia de algunos comprovincianos hizo el resto.
NO TODO EL QUE ESCRIBE VERSOS ES POETA
Escritor:Adrian N.Escudero
Santa Fe-Argentina
A Horacio C. Rossi, joven y magistral literato santafesino, quien supo descubrir, en su tolva de autor, de qué trataba ser poeta y/o prosista: con inclaudicable , venerado afecto admirativo…. In memoriam.
“Crecen las palabras sin su sentido más preciso. Es/ Necesario encontrar la clave del poema. ¿Dónde está/ la belleza?”
Rubén Vela (Santa Fe, Argentina, 1928 – Buenos Aires, Argentina, 2018).
La Poesía, ¿es acaso actualmente “un gato muerto del mundo consumista” como afirma el gran escritor rumano
Mirceas Cartarescu, (N. 1956,  Bucarest, Rumania)?
 
PARTE UNO
   … Entiendo que, así como no todos los que hablan o escriben sobre la Paz son auténticos pacifistas (la variopinta de hipócritas ciudadanos, empresarios, políticos y dirigentes sociales del mundo así lo demuestra, y sin lugar a dudas, mas sería motivo de otro artículo), no todo el que escribe versos o “poemas” es Poeta, ni todo el que escribe prosa es Narrador o Prosista. Escribir, escriben muchos (en verdad, y, en especial, quien logra traspasar la barrera del mero acto escritural).
  El tema es alcanzar el Arte de la Literatura. Y quien lo alcanza debe ser llamado “literato”, porque la Literatura es algo y mucho más que la escritura.
   Por eso hoy deseo dedicar estas reflexiones, en particular, a los hermanos poetas que desgranan versos por doquier y hacia los cuatro puntos cardinales del planeta, y a los en apariencia postergados prosistas de la historia literaria. A cada cual con su objetivo personal e, incluso, su particular –singular- comprensión de lo que significa ser “Poeta”. Y ser “Prosista”.
   Aunque, de hecho, lo hago desde mi neta y nata cosmovisión de enamorado prosista. Porque algo está pasando en el universo literario de nuestros hermanos escritores… Pero frontalmente, he de referirme, en este caso, a los hermanos poetas… Sí, claro que parto de esta afirmación contundente, mas a modo de hipótesis que cualquiera –si lo desea- tiene todo el derecho a refutar, y desde un revelado apasionamiento como prosista (narrador y ensayista). Cada maestro con su librito. Y cada librito con su maestro.
   A ver: digo “No todo el que cree escribir «versos», es Poeta, en cuanto en los hechos no logra esa obra artística llamada ´Poema´”. La versificación libre tiene todo mi apoyo como literato, pero no puedo ceder ante la suprema verdad de que, en Literatura, no es lo que se dice -ya sea en verso o en  prosa- sino cómo se lo dice –esto es, reitero, ya para elaborar un Poema o un Cuento o un Relato o un Ensayo o una Crónica-. ¿Vale?
   Ciertamente, a esta altura –más de 50 años leyendo poesía y narrativa, aunque con el defecto de apreciación del autodidacta que puede, desde ya, descalificar cualquier académico serio- estoy desanimado y agobiado porque nadie parece ponerle el cascabel al gato. Y temo que mi postura, exigente por cierto, no tiene mucho soporte institucional -excepto en ASOLAPO-ARGENTINA –y ahora ARISTOS-, que se arriesgó a difundir estas perplejidades; juicios refutables que, sin embargo, me son consentidos también cuando hablo del tema con los que, a mi modesto entender, lucen como auténticos Poetas de mi región y país-. No dejar de tener en cuenta los acápites del presente escrito.
   Entiendo, en consecuencia, que hay un tiempo para cada cosa; y aquellos que se inician en el grave oficio de la Palabra, deben considerar la posibilidad de poner en juego su talento -si es que en verdad lo poseen: don de Dios- en talleres personalizados o virtuales, donde aprendan a diferenciar eso de «escribir» (el «a mí me gusta escribir…») con hacer de la Literatura, vida (O “Soy el que pasa… (en la vida) escribiendo”, según recordaba uno de nuestros magníficos poetas (o, literatos, por mejor decir) vernáculos, hoy nacido al Cielo de los Literatos: Horacio R. Rossi[1]). Y es que sólo leyendo a los mejores como uno aprende verdaderamente al oficio escritural-literario, aún sin perseguir un título que lo habilite como profesor o licenciado en letras. La Palabra es el instrumento, pero también lo son los Códigos del Idioma que hay que aprender a utilizar con propiedad; conscientes de ello, entonces sí los devaneos del espíritu provocados por la intimidad de nuestros sentimientos y emociones (lo irracional), y pensamientos (lo racional), sí como los estímulos originados en la corporización de lo real contextual, podrán ser adiestrados hacia el logro de un producto cultural apropiado: ya en materia poético cuanto en materia prosística.
   En tal sentido, y mediante nota el 17-11-2018 dirigida[2] a la Asociación Latinoamericana de Escritores y Poetas-Filial Argentina, daba cuenta de una breve opinión sobre el tema; breve reflexión que sometiera antes a consideración del Foro “PUNTOS DE VISTA” de UNILETRAS-SJ SIGLO XXI (Naciones Unidas de las Letras-Semillas de Juventud Siglo XXI)[3], abierto a discusión unos días antes; esto es, el 15 de noviembre 2018. Ello, partiendo del planteo realizado por este ex consagrado poeta rumano (catalogado actualmente como “el mejor de los años ´80”) y actual prosista a full (a todo tiempo), Mircea Cartarescu [1], donde brindaba una sucinta opinión concordante –prima facie[2]– con la de este trabajador del verbo. Opinión que ahora amplio, necesariamente, y a los efectos de transformar dicha nota en el presente artículo, donde me permito ahondar -con un poco más de detenimiento- en el revolucionario pensar (y sentir) sobre el oficio de las letras, devenido de la experiencia vital, librera y escritural del mencionado y autoexiliado “poeta”, y ahora, consecuente y, asimismo, elogiado y prestigioso “prosista”…
   En este orden , y como dicho colega llamado, hoy día, “el renovador” y “la nueva sangre de la literatura europea”, leo demasiada poesía; incluso debo reconocer que, por momentos, me siento saturado (muy saturado) de hacerlo, y hasta he debido darme mi propia respuesta a tan significativo incordio literario: pues, y como lo he afirmado mucho antes de conocer el pensamiento de Cartarescu, ya venía insistiendo en eso de que me parecía que no todos los que escriben poesía son auténticos Poetas, así como, no todos los que escriben prosa son probados Narradores o Prosistas: ser literato (y no, meramente escritor) es realmente el objetivo si deseamos construir Arte por medio del Verbo (Arte: artificio de la sensibilidad y subjetividad del hombre puesto en relación biunívoca con la trama existencial), y testimoniar e iluminar, de este modo, la realidad o el trozo de realidad que nos toque vivir, sino en todas en muchas de sus complejas dimensiones y perspectivas.
   Al respecto, y bajo riesgo de escandalizar a muchos escritores, escribientes, escribidores y lectores de Poesía, Cartarescu,  para quien la misma “fue, o es, su primer gran amor literario”, se dedicó a dicho benemérito género “hasta que dijo: no más”, según Diego Felipe González Gómez, su entrevistador en un extenso reportaje de seis páginas publicado en la Revista “Bocas” – Edición 80 – Noviembre 2018. Y quien luego de los rodeos propios de todo encuentro literato vs. crítico literario, acabó por inquirirle la cuestión más relevante de su reportaje, al preguntar: “Y, ¿qué lo llevó a divorciarse de la poesía y pasar a la prosa? ¿Por qué abandonar ese “gato muerto del mundo consumista” como lo llamó en su libro “El ojo castaño de nuestro amor”?”

   A lo que nuestro lúcido –aunque para algunos, supongo, controvertido- literato, respondió: “Poesía es una palabra engañosa. Te hace pensar en el arte de componer versos y en los libros de poemas. Pero, en realidad, la poesía es una manera especial, ‘oblicua’ de ver el mundo. La mayoría de los libros de poesía que se publican en la actualidad no tienen nada de poéticos, porque sus autores no son poetas. Sólo alguien capaz de ver poesía en todos y cada uno de los fragmentos de este mundo, en un
clip, en un soneto, en un par de calcetines sucios o en una galaxia, puede llenar un libro de poemas de verdadera poesía. Para mí no existe ninguna diferencia entre escribir poesía o escribir prosa, o quedarme en mi hamaca y contemplar los escaramujos de mi jardín, o jugar con mis gatos. La poesía fluye por todas partes, “within you and without you” (Dentro de uno y fuera de uno)…
   … Para reafirmar a continuación y con la contundencia y firmeza propias del que ha sabido conocerse y aceptarse a sí mismo, con el objeto de abandonar vanas necedades y crecer luego en sabiduría…: “Cuando llegué a la treintena, miré atrás y no me gustó lo que vi: demasiados libros de poemas con mi nombre en la cubierta. ´No es sano escribir tanta poesía –me dije a mí mismo, pensando en Bash y en Keats–. A partir de ahora no voy a volver a escribir un solo verso´. Y cumplí mi promesa, como hago siempre: he leído un montón de poesía desde entonces, pero no he escrito ni un solo verso en los últimos treinta años. La prosa es el único tipo de poesía que deseo hacer”.
  Sobre este punto, y en lo que me concierne, cuando nadie hablaba de ello, me vi acuñando a fines de la década de los ´70 el término «Poesía en Acción»; ello, en orden a intentar, con tal pudoroso concepto, rescatar a la bella (verdadera) arquitectura de nuestro lenguaje idiomático español, el cual y a mi criterio, sólo a través de la prosa puede estallar en toda su potencia para captar, en plenitud de medios y a fines, a las esencias fundantes del alfabeto en la trama de la existencia humana…
   La Poesía antigua, la de la época de Oro Española, por ejemplo y su símil inglesa, nos ha dejado quizás ya lo mejor del intento humano, principiado por los escribas griegos, de formatear dichas esencias bajo un determinado código denominado poiesis o acto creador; término poiesis apropiado sincrética, inadecuada (ofensiva) e impertinentemente por los poetas como… Poesía; y soslayando de este modo la alcurnia y sentido de su expresión inicial: acto creador. Acto que jamás podrá suplirse, al menos completamente, con la reconocida –nadie lo duda- suprema elegancia de la versificación alejandrina y cc., o la moderna y postmoderna versificación libre, al cotejarse –en la humilde pose que debería adoptar frente a ésta- con la grandeza y poderío de la PROSA (En especial, Narrativa Cuentística, Novelística y Ensayística), como el instrumento más eficaz e interpelativo de la realidad indagada por el Arte Literario; y en el intento de capturar, incluso aproximativamente, en conjunto y con el deleite de una historia de vida o de mundos, el sabor de la metáfora y de otros artificios propios del sistema comunicacional, sensorial y espiritual humano… La aparición en América del Realismo Mágico así lo atestigua. Y si hasta la breve trova, el haikus y sus “competidores” (hokku, senryu y muki haiku) y algunos desgajamientos  japoninos (o haikus a lo argento), dixit Prof. Lic. Zunilda Gaite – Libro “Sentido del silencio” (Santa Fe, Argentina – 2017), pueden apreciarse –muchas veces- como magníficos microrrelatos o microalegorías…
   O un intento de legitimar a aquellos que en lugar de preguntarse qué es «SER POETAS» (Nº 22, Agosto 2019 – ARISTOS INTERNACIONAL), estemos más interesados[1] en preguntarnos QUÉ ES «SER NARRADOR» O PROSISTA»… Lo uno, sin desmedro de lo otro…                                      
(…)
Continuará en PARTE II (Final)
Afganistán …y ¿ Ahora qué?
Eunate Goikoetxea (España)
El desconcierto se apodera ahora del país tras el anuncio de Trump de acabar con las negociaciones de paz con los talibanes Los islamistas avisan de que atacarán los colegios electorales en los comicios del 28 de septiembre y llevan a un clima de pesimismo
La retirada de las tropas de Estados Unidos de Afganistán no significa la paz. Más bien puede indicar todo lo contrario. Es una buena noticia que se trate de buscar una salida negociada a un conflicto que ha destrozado el país centroasiático y que se prolonga, en diferentes fases, desde hace 40 años, provocando un sufrimiento humano imposible de medir. Pero si las tropas estadounidenses desplegadas desde 2001 abandonan el país sin un acuerdo de paz  con los talibanes, en el que incluya a su vez un pacto entre las milicias radicales y el Gobierno afgano, el país se verá inmerso con toda seguridad en otro conflicto interno en el que solo habrá de nuevo un perdedor: la población civil.
La guerra comenzó en Afganistán en 1979, cuando entró el Ejército soviético para defender a un Gobierno títere comunista, mientras la CIA ponía todos los medios posibles a disposición de muyahidines, más o menos radicales, que acabarían en algunos casos por volverse contra sus financiadores, como ocurrió con Osama Bin Laden. Sin embargo, cuando la URSS se retiró en 1989, el país cayó en una guerra civil mucho peor que todo lo que se había vivido hasta entonces. Los talibanes salieron victoriosos y a finales de los años noventa se hicieron con el 90% del territorio, condenando a los afganos, y sobre todo a las afganas, a un régimen de terror y sometimiento.
Fueron expulsados del poder en 2001, tras el 11-S, no por las atrocidades que cometían, sino por dar refugio al organizador de aquellos atentados, Bin Laden. Desde entonces, EE UU ha combatido una guerra que no puede ganar ni perder, apoyando en Kabul a un Gobierno débil que no controla una parte importante del territorio bajo su responsabilidad. Los talibanes tampoco se han mostrado capaces de ganar, aunque sí de provocar un daño constante e indiscriminado contra los civiles, a golpe de atentados y matanzas. Como en Duelo a garrotazos, de las pinturas negras de Goya, es una guerra en la que los combatientes están condenados a hacerse daño eternamente, sin victoria, ni derrota.
Por eso tiene sentido que se intente buscar un acuerdo de paz, aunque haya que negociarlo con unos actores tan siniestros como los talibanes. Pero si la Administración de Trump se deja llevar por el egoísmo, el cortoplacismo y la información defectuosa, como ha sucedido en Siria, la retirada sería el primer acto de un nuevo conflicto, al que ahora se sumaría el ISIS. Exigir a los talibanes que no vuelvan a albergar a terroristas en su territorio tiene sentido, pero una salida sin un acuerdo global de paz convertiría a Afganistán en un peligroso foco de inestabilidad, regional y global, y al pueblo afgano en víctima de una guerra 
Aun así, queremos mantener la esperanza, porque sabemos que los talibanes han cambiado un poco, e incluso se han declarado dispuestos a reconocer los derechos de las mujeres de acuerdo con la ley islámica. También confiamos en que la comunidad internacional exija que quien llegue al Gobierno se preocupe de las mujeres.
Selay Ghaffar, portavoz del Partido de la Solidaridad de Afganistán, ni siquiera les concede el beneficio de la duda. Esta activista de 35 años, que se opone por igual a la presencia de fuerzas extranjeras y a los señores de la guerra, se muestra convencida de que un regreso de los talibanes empeorará la situación de las afganas. “ No es que haya ninguna diferencia con el comportamiento brutal que tuvieron en el pasado. Todos los criminales que están el Gobierno ya tuvieron el poder antes y vimos lo que hicieron”, apunta. “Estoy contra un proceso de paz sin justicia”.
¿Ha cambiado en estos años la opinión de los talibanes sobre la mujer? Si nos guiamos por su situación en las regiones que la milicia controla, no mucho. En el informe  «La vida bajo el gobierno talibán en la sombra»
, la investigadora Ashley Jackson ha constatado que hablar con mujeres en esas zonas es «más difícil» que con miembros del grupo insurgente. A pesar de que sus dirigentes han declarado que apoyan la educación para todos, la de las niñas “se interrumpe alrededor de la pubertad (entre los 9 y los 12 años), que es cuando empieza el régimen de mayores restricciones a la visibilidad de las mujeres y su participación en la vida fuera de casa”.
De hecho, no hay una sola escuela de secundaria para chicas en ninguna de las comarcas bajo influencia o control talibán. Las niñas han de cumplir el requisito de no acudir  a clase con uniforme, sino cubiertas con  un burka o un chador, no pueden llevar teléfonos móviles y deben educarse en escuelas coránicas en vez de centros oficiales. Pero el mayor problema es disponer de maestras, ya que pocas enseñantes quieren ejercer bajo la férula de los talibanes, quienes siguen empeñados en que las mujeres no vayan solas al mercado.
Mi mayor temor es que los talibanes no son el único grupo extremista violento; hay otros como el ISIS. Así que un acuerdo con ellos no garantiza que Afganistán recupere la paz. Incluso si la violencia se reduce, ¿qué significará su llegada al Gobierno para las jóvenes que durante los últimos 17 o 18 años han accedido a la educación?
Es imposible mantener o incrementar las oportunidades y los derechos de las mujeres con el actual nivel de violencia, No obstante, hemos de hacernos eco de la inquietud de las activistas afganas por el posible pacto entre EE UU y los talibanes. “Un acuerdo de paz que no sea sostenible solo llevará a más violencia con el tiempo. Afganistán ha visto muchos acuerdos de ese tipo durante las pasadas cuatro décadas
Hemos de tener todos presente, que las mujeres afganas no pueden ser víctimas de la paz.
“PATERAS EN EL MEDITERRÁNEO”
Angel Medina. (Málaga -España)
Apenas unas millas separan África de Europa. A vista de pájaro resulta inapreciable. Dos hombres envueltos en sendas chilabas blancas, coronando sus cabezas un tarbusch, arrastrando pausadamente sus pies embutidos en unas babuchas puntiagudas vinieron a detenerse cerca de donde yo estaba, por lo que me resultó imposible dejar de oír lo que hablaban. De vez en cuando dirigían la mirada hacia unos columpios en los que se balanceaban dos pequeños.
– Hoy siento nostalgia. Hubo un tiempo en el que esta tierra fue nuestra.
– De eso hace ya mucho. Hay que remontarse al 711, cuando Tarik Ibn Ziyad venció al último rey godo, don Rodrigo, en la batalla del Guadalete.
– Tiempos de conquistas y esplendor. El Califato no sólo se apoderó de este hermoso país, sino que traspasó sus fronteras.
– Tuvimos que pelear durante ocho siglos, hasta que terminaron expulsándonos tras la reconquista de Granada.
– ¡Ah, sí! La entregó aquel Boabdill al que recriminó su madre el llorar la pérdida, cuando no supo defenderla como un hombre.
– ¡La hermosa Alhambra!- suspiró-
– ¿Y qué decir de Córdoba la Sultana y su incomparable Mezquita?
– Fueron tiempos diferentes. Entonces, nuestra cultura era muy apreciada en todo el orbe, traduciendo el legado de la sabiduría griega. Fuimos la avanzadilla del mundo en el arte, la medicina y la filosofía. Émulos de griegos y alejandrinos, cual Hipócrates, Dioscórides y Galeno.
– ¿Recuerdas a los grandes maestros como Averroes, Avicena o Maimónides? ¿Acaso los hay iguales en estos tiempos?
– Tenemos motivos para la añoranza. Pero hay algo que me preocupa aún más. Me pregunto: ¿habrá perdido el Islam su antiguo esplendor?
– Y yo ¿habremos renunciado a la conversión de los infieles?- apostilló el otro.
– No es posible expandirnos hoy por la fuerza, porque son más poderosos. Sin embargo, los petrodólares están comprando desde clubs de fútbol hasta hoteles, edificios y negocios: también estamos llegando como mano de obra o como refugiados. Es otra manera.
– ¿Sabes una cosa? Somos los herederos de la promesa hecha a Abraham, al que se le dijo que sus descendientes se multiplicarían como las estrellas del cielo y las arenas del mar. Procreamos más que ellos. Con el paso de las generaciones seremos más numerosos, y nuestros hijos nacidos aquí se convertirán en ciudadanos de pleno derecho. Entonces, conformaremos las leyes a nuestra cultura, religión y costumbres. Tal vez ése sea el fin del occidente infiel, entregado al consumo y el hedonismo.
La conversación concluyó y se marcharon con los dos menores. Entonces, quedé pensativo.
Se presenta un dilema. Ayudar a gente que huye de la guerra y la hambruna, sí. Pero, ¿puede Occidente hacerse cargo del desplazamiento masivo de parte de África, Asia y Latinoamérica, sin verse desbordado? Lejos de practicarse la filosofía del subvencionismo, en la que se espera que el maná venga del cielo (con lo cual nunca se sale de la pobreza), han de ponderarse medidas tanto externas como internas, a la vez que humanitarias, también inteligentes. ¿Cómo conciliarlas?
La política inmigratoria en un tema delicado y mundial que requiere del estudio y la planificación, y ha de ser fruto, ante todo, del consenso previo de todos los países y no de uno solo.
Hacia fuera, esto es, en los países de procedencia la ayuda ha de ser la de “cañas y no peces”. Las “cañas” son la tecnología. Los “peces”, el resultado de su empeño por la superación. La asistencia que ha de llevarse ha de tender a que se ayuden a sí mismo, facilitándoseles los suministros y tecnología necesarias, debiendo tenerse en cuenta que la misma no se pierda cayendo en manos de mafias, gobiernos desacreditados o dictatoriales, controlándose de manera eficiente los programas de ayuda. De esta manera se podría evitar la salida masiva que pone en riesgo la vida de los inmigrantes y puede desbocar a los países de acogidas.
Hacia dentro, esto es, a los que llegan a nuestras costas, en alusión al experto en emigración M. Rojas, es necesaria una normativa igualmente consensuada.
Esta situación es hija de la globalización, y por tanto no afecta sólo al país de llegada, sino a toda la Unión Europea. No basta acoger a los que vienen en pateras con pancartas y después desentenderse de su suerte. En tal supuesto, ¿qué camino les queda si carecen de lo más elemental para poder vivir?
La acogida ha de ser integradora, y para ello habrá de ajustarse a la posibilidad real de cada país de aislamiento, caso por caso y no de forma colectiva, ya que si se demandase podría conducir al desbordamiento político y social.
En el caso de España, que cuenta con diecisiete autonomías, las normativas tendrían que ajustarse a las que emanan del Gobierno de la Nación y no las de sus autogobiernos, con distintas prerrogativas, ateniéndose para todo a las leyes establecidas, incluyéndose en las mismas que su entrada se produzca de manera legal.
Es importante considerar el tema de los derechos. Los que puedan corresponderles han de ganarse con el esfuerzo y el comportamiento cívico, mediante la aportación del trabajo y la integración en la sociedad, pero nunca tratar de recibirlos por el hecho de ser inmigrantes. Por eso es importante- y ya ha quedado dicho- que la acogida ha de basarse en la posibilidad de prestarles la asistencia de manera real (sanidad, cultura, trabajo, etc)
Conviene no pasar por alto que, al margen de casos puntuales, las prestaciones concedidas deben igualmente recibirlas los ciudadanos del país de acogida que las necesiten, ya que de lo contrario se sentirían discriminados y se podría fomentar cualquier sentimiento xenófobo.
Ciertamente, sus culturas han de respetarse (sin que se produzca la relajación de las propias), sujetándose para todo a las leyes vigentes, no pudiendo realizarse prácticas inexistentes, como es el caso de la ablación o el uso del burka.
A modo de conclusión. La política de integración ha de centrarse en las personas, esto es, el hombre concreto, y no recaer en sub-grupos culturales aislados, que pueden ser mundos opresivos, concentrándose los individuos en ghetos, como los existentes en París y Bruselas.
De esta manera puede y debe prestarse la ayuda humanitaria, lejos del “buenismo” (que al final resulta estéril), más allá de paternalismos partidistas, cambiantes según el signo de la conveniencia de cada momento.
CUANDO LOS ANIMALES  LLORAN
Por: Gustavo Páez Escobar
Se dice que Colombia es el infierno de los animales. Sobre ellos se ejecutan las mayores crueldades, y toda­vía hay gente que se pregunta de dónde nace la violencia. Mientras los animales lloran de dolor, el hombre ríe de placer. Muy pocos sienten el dolor de los animales. Y lo avivan.
Es costumbre ancestral, de difícil extirpación. Las corridas de toros, que nos llegaron de España como acto cultural, son el mayor espectáculo de barbarie del mundo. Los toros, antes de salir a la lidia, han pa­sado por un sinnúmero de sufrimientos, como el de recibir una aguja de tejer en los órganos genitales, o vaselina en los ojos para nublarles la visión, o unturas en di­versas partes del cuerpo para producirles escozor.
Y en la faena de la plaza pública, que enardece mul­titudes, el noble bruto, sofocado y herido, es sometido a la muerte lenta y bárbara. El acto supremo de la fies­ta, donde la muchedumbre expresa su mayor sadismo, es el hundimiento de la espada, de un metro de largo, en los pulmones ya averiados por la asfixia, hasta que el ani­mal muere ahogado en su propia sangre.
En las fiestas de San Pedro, que se repiten cada vez con superior vehemencia, miles de gallos mueren decapi­tados por competidores ebrios que demuestran su “hombría” cortando pescuezos, en una especie de rito cavernícola, al pasar ante la cuerda que se afloja y se estira para incitar más el brinco salvaje.
Se mata por placer. Matar se ha convertido en un de­porte. En la pesca y en la caza los animales quedan mal­heridos, infectados y angustiados. Se goza viéndolos contorsionarse, sin importar que los hijos van también a morir de tristeza y abandono. Trasladado este instinto a los campos de la violencia entre hombres, no es diferente la situación cuando se asesina a seres humanos y se de­jan huérfanos y viudas, padres y hermanos, agobiados por el terror y el sufrimiento.
Alguien me contaba en estos días el caso de un hacen­dado que había construido un horno en su finca y, para inaugurarlo, había invitado a buen número de amigos. Como el horno estaba sin probar en su sistema de desfogue, no tuvo inconveniente en meter vivo a un gozque que por allí rondaba, hasta que el pobre plebeyo, cocido en la brasa viva ante los ojos de la concurrencia, demostró que el aparato servía.
Los pajaritos de los campos son perseguidos por los muchachos traviesos –asesinos en potencia– que disfrutan de regocijadas sensaciones al bajarlos de los árboles a punta de pedradas o escopetazos. Esos muchachos, armados de caucheras y municiones, serán los antisociales del ma­ñana, y de allí a engrosar las guerrillas, que matan hombres de verdad, hay poca distancia.
A los animales de carga se les tortura clavándoles es­puelas y propinándoles latigazos y otros maltratos como estímulos para la locomoción. A los bueyes se les insertan argollas en la nariz para jalarlos. A los perros calleje­ros se les traslada al coso y allí mueren de inanición. En el matadero –como leo en una hoja del Club de Amigos de los Animales, de Medellín– se aplican procedimientos bru­tales como el de lanzar cerdos sin morir a tanques con agua hirviendo.
Los animales lloran. Y el hombre ríe. Estas oscuras tendencias del género humano han erigido el gran monu­mento a la crueldad. Las lágrimas de los animales no se ven. El hombre no quiere verlas. Pero son reales. Eduardo Arias Suárez vio llorar, en cuento estelar, a una vaca: La vaca sarda. Allí asegura: “Todos la vimos, y por eso lo escribo. Todos nosotros vimos que cuando la vaca lamía aquella piel, iba vertiendo gruesas lágrimas de sus ojazos espirituales”.
EL PRIMER CONGRESO LIBERTARIO EN MÉXICO
Por Jaime Solís Robledo  (México)
“Por el presente comisiono en toda forma a mi lugarteniente, el bachiller don José María Morelos, cura de Carácuaro, y le ordeno marcharse para que en la costa del sur levante tropas, procediendo con arreglo a las instrucciones verbales que le he comunicado”.- Miguel Hidalgo y Costilla.
Hace unos días comenté al destacado periodista guerrerense Héctor Contreras que un importante factor de mi apego al estado de Guerrero es que esa entidad federativa ha tenido una reiterada participación en la construcción del destino de mi país; en algunos casos esa participación ha sido determinante. Uno de esos casos se dio en Chilpancingo, capital de Guerrero hace 206 años, al celebrase allí un Congreso al que acudieron representantes de ciudades y pueblos liberados del yugo español, después de tres años de iniciado el movimiento armado jefaturado por Miguel Hidalgo y Costilla. Por eso NO me parece una exageración considerar que DE FACTO, Chilpancingo fue la primera capital de México.
Fue el 20 de octubre de 1910, en la ruta de Charo hacia Indaparapeo, en el actual estado de Michoacán, cuando Hidalgo dio al también inmortal José María Morelos la encomienda de insurreccionar el sur de la Nueva España, con el objetivo especial de apoderarse del puerto de Acapulco. Con unos veinte acompañantes Morelos cruza de Michoacán a lo que ahora se conoce como Costa Grande, en Guerrero, y toma a favor de los Insurgentes esa franja geográfica tan importante, desde La Unión hasta poner sitio al Puerto en diciembre del año citado. En este primer intento no logran su objetivo de ocupar Acapulco, pero lo consiguen después de una brillante campaña militar que incluyó la toma de Tixtla, Chilapa, Orizaba, Huajuapan, Cuautla y Oaxaca, entre otras plazas. Estando en Acapulco Morelos decide enviar las invitaciones para efectuar en Chilpancingo un Congreso que le diera rumbo definido al movimiento desligandolo de Fernando VII y con la intención de limar asperezas entre algunos jefes insurgentes y consolidar la unidad entre todos. La cita fue para el 8, pero los trabajos inherentes se iniciaron el 13 de septiembre de 1813.
De acuerdo con el destacado historiador Jaime Salazar Adame, en la decisión de efectuar el Congreso en Chilpancingo fue determinante la opinión de las mujeres, aunado a su estratégica situación geográfica. Dice Salazar: …”la instalación del Primer Congreso de Anáhuac fue un acto que se debió a las mujeres chilpancingueñas de aquel entonces… “Esta no es una afirmación temeraria, como podría entenderse; se sustenta en el simple acuerdo por el cual estas señoras se comprometieron alimentar a todos los milicianos, porque de no ser así, las tropas insurgentes no hubieran podido permanecer en el pueblo”… Tres son los acontecimientos que encuentro fundamentales, producto de las deliberaciones que se dieron hasta final de 1813:
  1. La presentación del documento SENTIMIENTOS DE LA NACIÓN, por parte de Morelos el cual fue aprobado por unanimidad y mediante el cual se perfila el surgimiento de una nueva nación
  2. El decreto del 5 de octubre mediante el cual se ratifica y legaliza para TODA AMÉRICA, la abolición de la esclavitud
  3. La aprobación y expedición del ACTA DE INDEPENDENCIA, el 6 de noviembre, en la cual se asienta con toda firmeza y claridad que “queda rota para siempre jamás” las cadenas que nos ataban a España. Los acuerdos de este trascendental Congreso fueron la base sobre la cual surgió en octubre de 1814 la CARTA CONSTITUCIONAL DE APATZINGÁN, considerada como nuestra primera Constitución Política.
En este visionario documento queda claro que en el ideario del inmortal Morelos NO CABÍA la idea de que Fernando VII o alguien de su familia viniera a gobernar lo que sería después la nación mexicana. Desgraciadamente con la muerte de quien rechazó el título de Alteza Serenísima para quedarse con el de Siervo de la Nación, el desenlace de la guerra de independencia, en 1821, fue el de ofrecer el trono al rey español o a cualquiera de su dinastía. Como podemos observar, el CONGRESO DE CHILPANCINGO tiene una trascendental importancia en la historia de México.