CRÓNICAS EN ESPAÑOL

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ALMERÍA, MI CIUDAD

Por Antonio Camacho Gómez.

Hasta este rincón americano, hasta este Sur que “también existe”, según la voz de Serrat y los versos del poeta uruguayo Mario Benedetti, me ha llegado la preocupación del Colegio de Arquitectos de Almería por el deterioro urbanístico de ésta y su propósito de abrir un debate público durante el año en curso (1991) de tan importante tema. Inquietud que comparte quien, como el autor de estas líneas, lleva en el extranjero cuatro décadas difundiendo en la prensa, la radio y la televisión cuanto atañe a sus patrias grande y chica y a su región andaluza. Entonces, ¿cómo atender tan plausible y justificada convocatoria formulada por la institución de marras cuyo proyecto “Almeria Siglo XXI” se orienta a revalorizar el casco antiguo de la urbe; a reservar el pretérito en construcciones señeras de ilustrativos estilos, a mantener el tono edilicio libre de los estragos del tiempo y de intereses mercantilistas que so capa de un progreso “sui generis” han arrasado, en mayor o menor medida, dentro y fuera de la Península, obras de incalculable precio espiritual más que crematístico?

En esta Santa Fe en la que vivo, más de una vez he defendido, sin obviar editoriales en su principal diario, el legado de la época hispánica y el de los tiempos posteriores. Capital de la segunda provincia argentina en importancia, donde no pocas mansiones históricas cayeron bajo la máquina demoledora para ser reemplazadas por gigantescos edificios de departamentos o las acá llamadas “playas de estacionamiento”, grandes espacios, a cielo abierto o no, para el aparcamiento de vehículos.

A esta altura no está demás señalar que mantener los testimonios vitales del pasado, lección viva para las estresadas generaciones actuales, y las futuras, no implica oponerse a un razonable progreso ordenado no caótico, como ocurrió en muchas de las playas españolas en materia de edificación y servicios concomitantes. Pero una cosa es la ampliación urbana conforme a las exigencias demográficas y el derrumbe de vetustas casas sin interés histórico o artístico para construir otras confortables y modernas y otra arremeter sin ton ni son contra el patrimonio de una ciudad por desaprensión o mero afán especulativo.

Me crié cerca de la Plaza de Toros. Jugué frente a la ´Entrada de Toreros´, cuya pared estaba limitada por la ´Huerta de Frasquita´, sobre cuya tapia sobresalían esbeltas palmeras, en un espacio ocupado hoy por construcciones de departamentos. Todo tenía un aire diferente. Como los paseos domingueros hasta ´el morro´, entrada de nuestro puerto, que parecía una romería, sin prohibición para recorrer los muelles y observar los grandes navíos o, en la feria, disfrutar de tantas atracciones en sus cercanías. Puerto y parque eran un conjunto disfrutable, de particular interés para el estudiantado. Para mí era la ´Almería dorada´ de que habla Manuel Machado. Y aunque esa Almería de múltiples calles de tierra y de farolas haya experimentado el asfalto y neón, el gas de mercurio o el vapor de sodio, fruto de un lógico adelanto, sus características tradicionales, su acervo cultural, su peculiar acento monumental y estatuario deben de ser preservados contra viento y marea. Empresas, bancos y cajas de ahorros pueden coadyuvar a ello. El ciudadano de fuste y el común, que también, que a todos corresponde. Incluso a los que estamos, como yo, del otro lado del océano.- 

 Publicado en diario “La  Crónica del Sur” de Almería (España)

 

EL ORGULLO

Por Elías D Galati
 
El orgullo es un concepto que en primer lugar significa arrogancia, vanidad, exceso de la propia estima, comparable a la soberbia, pero que también puede significar un bienestar en los afectos del alma cuando nace de causas nobles y virtuosas.
El orgullo es aquella convicción que lleva a una persona a sentirse satisfecha consigo misma porque  goza de virtudes que tienen  aceptación universal.
 Es la cualidad de sentirse legítimamente satisfecho de obrar bien o de haber obtenido meritos por el esfuerzo propio.
El orgullo puede confundirse con la terquedad cuando alguien sostiene que nadie puede con él, y que es fiel a sus convicciones sin importar lo que pasa a su alrededor.
Porque la terquedad consiste en insistir siempre en lo mismo, sin causa alguna, por que si.
Finalmente si ese orgullo determina que hay que proceder como él dispone, la terquedad se convierte en vanidad y consecuentemente tiranía.
La vanidad es un falso orgullo, porque se siente merecedor de algo que no le corresponde ni ha ganado ni merece. En el fondo es ausencia de orgullo legitimo.
El orgullo legitimo exige ser razonable, pensar, considerar y respetar al otro.
La legitimación del orgullo nace de la humildad  y de la carencia de alardes.
Aquel que se siente orgulloso, lo es por acciones o conductas que han generado situaciones y posturas que han sido edificantes, han proyectado y mejorado a sus semejantes y han sido hechas desde un pie de igualdad y equilibrio con los demás.
El orgullo si bien es una convicción y un sentimiento, debe ser acompañado de la razonabilidad.
Debe haber una adecuación real entre el hecho, el objeto o la acción y la actitud que asumimos ante ella.
No hay legítimo orgullo que no sea justo y respetuoso con los demás.
¿De que debemos enorgullecernos?
De aquello que haya expresado los valores reales, lo verdadero, el amor, la amistad, la paz y la misericordia.
La medida y el ser  de una sociedad puede ser determinada por aquellas cosas a las que se aferra con orgullo, a veces legítimo y a veces no.
Este orgullo es consecuencia de cómo una sociedad siente, piensa y ejecuta sus acciones.
A veces conviven diversos tipos de orgullo, en una misma comunidad y a veces hay variados tipos de orgullo según los grupos sociales.
Un ser abnegado, que dedica su vida a los intereses de la Patria y a los demás por encima de sus propios intereses, como puede ser Belgrano o en nuestro tiempo Favaloro, es digno de legítimo orgullo, que además se imposta como un orgullo nacional.
Pero un hecho o un acto, que puede no ser lícito, y que genera beneficios, si es tomado como motivo de orgullo, o  si se transforma en un orgullo nacional, es en realidad un orgullo ilegítimo, un acto de terquedad y de vanidad.
Es harto conocido el episodio de “la mano de Dios”, que la sociedad caracterizó como orgullo nacional, y que más allá del legítimo orgullo que como deportista merece quien lo realizó, no deja de ser una infracción, una falta que no condice con la legitimidad.
Cuando existen episodios a los cuales se les da orgullo nacional, en realidad nos están indicando que no hay un orgullo generalizado, ni una adhesión a una causa o a una realidad que debería marcar el paso de la comunidad en general.
De que debemos sentirnos orgullosos, pues, de vivir una vida digna y buena, de la libertad, de la justicia, de la hermandad y el amor que nos debemos profesar, de la solidaridad y el cuidado de los mas necesitados y los más desprotegidos.
De la prioridad que merecen nuestros niños y nuestros jóvenes, de las garantías que les damos a nuestros abuelos, que han construido el camino que recorremos, de la paz y el equilibrio social y de hacer todo lo que está a nuestro alcance para construir un mundo mejor y feliz para todos los hombres que lo habitan.

Recordando al Conde de Villamediana
Por el Profesor Jaime O. Solís Robledo

Esa tarde, cuando empezaba a oscurecer, salí de la Plaza Mayor de Madrid y al tomar la Calle Mayor apareció en mi mente aquella escena sucedida el 21 de agosto de 1622, cuando cayó abatido el Conde de Villamediana, de certero ballestazo “con impulso soberano”, como maliciosamente escribió el inmenso Luis de Góngora. Mi reacción coronó la evocación que hiciera de su persona horas antes, cuando escuchaba a un viejo acordeonista y paladeaba un vino riojano, sentado en uno de los extremos de la añeja Plaza, tan empapada de historia.

Juan de Tassis y Peralta, segundo conde de Villamediana y Correo Mayor del rey Felipe IV, será para siempre motivo de polémica: para unos, sensible y fino poeta de la melancolía y la sátira, para otros un vicioso y degenerado integrante de la corte del Rey. Su trayectoria biográfica suele ser apartada fríamente de la literaria y, en mi opinión, de allí nacen las tergiversaciones. Lo que queda claro es que de ese batidillo surgió y sobrevive una leyenda.

Sin embargo, de tantas opiniones confrontadas, obtengo un común denominador: el Conde estuvo realmente enamorado de la esposa del rey Felipe IV. En eso coinciden la mayoría de sus tratadistas, aunque alguno de ellos afirma que no fue de la reina Isabel sino de una de las mal llamadas “amantes” del Soberano, a quien se identificó con el nombre ficticio de Francelisa. Tengo en mi criterio que quienes han investigado acerca de la vida y obra poética de Villamediana, lo han hecho rigurosamente CEÑIDOS a la investigación histórica unos, y a la investigación literaria, los otros. Lo certero sería que los historiadores leyeran con detenimiento la poesía del Conde, y los literatos se adentraran en el campo de lo histórico. Por mi parte, no dejo de percibir en él a un poeta enamorado de lo imposible, y ante esa frustración, se sintió motivado para escribir inspirados sonetos, así como para asumir actitudes suicidas en su vida cotidiana.

Muy divulgada es la versión de que en una fiesta en el palacio real, deslumbró Villamediana a los asistentes al arribar vestido con una capa cubierta de monedas de oro (algunos dicen que de plata), y con esta frase escrita: “Mis amores son reales”. Esto expandió el rumor que ya circulaba, en el sentido de que el Conde estaba enamorado de la reina Isabel y que a ella dedicaba muchos de sus versos. Amplia también es la información de que el Conde organizó la presentación de una de sus comedias, llamada La Gloria de Niquea, a la cual la reina Isabel fue invitada de honor y complació a Villamediana con su presencia. Durante el desarrollo de la obra sucedió un incendio, lo cual dio pretexto al Conde para sacar en sus brazos a la Soberana y, según declaración de un criado, acariciarle un pie. En esa época tocar a la reina era causa de ser condenado a muerte. Los especialistas en Villamediana no se ponen de acuerdo si el acontecimiento se dio en el coliseo de Aranjuez, en el palacio real o en la casa del Conde. Pero aceptan el hecho. Tampoco hay acuerdo en cuanto a opinar si fue accidente, o un ardid del Conde para tener la fortuna de tocar a la dueña de sus sueños.

Bueno es recordar –al especular sobre las causas de su muerte-  que Villamediana ridiculizó a personajes importantes allegados al rey Felipe IV, burlándose de ellos en picarescos versos. El alguacil Pedro Vergel, a quien la esposa le ponía los cuernos y era vox populi su incómoda situación, fue uno de esos personajes. Es muy conocida la anécdota de una fiesta en palacio a la cual llegó Vergel con una diadema de diamantes, causando asombro, para que de inmediato el Conde lo satirizara con este epigrama:  “Qué galán llegó Vergel/  con cintillos de diamantes,/  diamantes que fueron antes/  de amantes de su mujer”. En razón del descaro con el que Villamediana atacaba a muchos personajes, se especula con la tesis de que alguno de ellos, o un marido engañado gracias a los servicios del Conde, haya cobrado venganza planeando su asesinato.

Largo sería este artículo si entrara yo en mayores detalles de la escandalosa vida de Juan de Tassis y Peralta, y en razón de ahorrar espacio les doy a mis lectores nombres de autores que pueden consultar si desean saber mas acerca de su vida y obra: Emilio Cotarelo y Mori, Juan Manuel Rozas, Luis Rosales, José Fco. Ruiz Casanova, Narciso Alonso Cortés, Lidia Gutiérrez Arranz y Gregorio Marañón, entre otros. Sólo quiero agregar que  en aquella época fue muy difundido el rumor que quien ordenó ajusticiar al mujeriego, jugador de gallos y naipes, aventurero y ostentoso conde de Villamediana, fue el rey Felipe IV, antaño su protector. De allí nació el siguiente epigrama escrito por Góngora:  “Mentidero de Madrid, decidnos/  ¿quién mató al Conde?/  ni se sabe ni se esconde, sin discurso discurrid:/  dicen que lo mató el Cid/  por ser el Conde lozano;/  ¡disparate chabacano! La verdad del caso ha sido/  que el matador fue Bellido/  y el impulso soberano”.

Por otra parte, transcribo la siguiente composición de don Antonio Hurtado de Mendoza:  “Ya sabéis que era Don Juan/  dado al juego y los placeres,/  amándole las mujeres/  por discreto y por Galán./  Valiente como Roldán/  y más mordaz que valiente;/  más pulido que Medoro/  y en el vestir sin segundo,/  causaban asombro al mundo/  sus trajes bordados de oro…”/  “Tal fama llegó a alcanzar/  en toda la Corte entera,/  que no hubo dentro ni fuera/  grande que lo contrastara,/  mujer que no lo adorara/  y hombre que no le temiera”.-  Por mi parte, después de disfrutar 30 o 40 sonetos de Villamediana, percibo en él un matiz de poeta enamorado de lo imposible. Y como alguna vez pasé por ese trance, le dediqué el siguiente poema:

“Yo como el conde de Villamediana/  también me enamoré de lo imposible/  sin la esperanza que tal vez mañana/  pudiera yo gozar de lo inasible. /  ¿Por qué la ingenua calidad humana/  nos conduce a laberintos de tortura?/  Yo sufro y gozo esta ilusión que es vana/  y me deleita la miel de la amargura. /  En las dolientes veredas de mi historia/  no pensé que en la etapa del invierno/  paladeara el acíbar de la gloria/  y gozara las llamas del infierno. /  La gloria siento al tenerla cerca/  y me quema el infierno al no abrazarla,/  dulce motivo de actitud tan terca/  es mi loca obsesión de contemplarla. /  Con el ilustre Conde compartimos/  el amar en silencio a quien amamos,/  y también por azar ambos sufrimos/  la frialdad de la reina que adoramos. /  Dinos Creador si es falta de cordura/  el gozar y sufrir un cruel tormento,/  pues al tener muy cerca su hermosura/  es vivir y morir al mismo tiempo”.

Ciudad de México 2 de mayo de 2017.           

CONSUELOS

Al Sueño de Dios, transido por la libertad del hombre…
En particular, a todos los colegas en las letras y hermanos en la  Fe y Humanidad…
Y muy particularmente, a TODAS ellas, ya escritoras (vates o narradoras o ensayistas o periodistas) o artistas plásticas o profesionales o amas de casa… ¡Mujeres!…
… Carne de nuestra carne y huesos de nuestros huesos, inteligentes, soñadoras, atrevidas, complicadas, apasionadas, hermosas…, y bajo el Consuelo del manto sagrado de su femenina y activa presencia de esposas, madres, amadas-amantes y compañeras guerreras de sueños y de realidades…
… O de la Compasión Humana con tierno y lúcido rostro de… ¡Mujer!
 Con sincero afecto de:
Adrián N. Escudero, Santa Fe (Argentina) – Paz y Bien – OCTAVA DE PASCUA – ABRIL/MAYO 2017.-

    Ahora, manando sin cesar desde el océano de la Sabiduría, sus pensamientos eran tan bellos, nobles y elevados (o profundos), tan claros y vitales, como una surgente amanecida, de pronto –ráfaga beatísima-, en el seno de una desértica tierra de esperanzas…

   Eso fue lo que sintió. Y luego vio. Se vio.

   Entonces, despegándose de la tierra que lo había engendrado, irguió con lentitud aquello que sería su cuerpo hasta ponerlo de pie.

   Luego, con la inseguridad de una reciente consciencia de sí mismo, arrojó al suelo el fruto que acababa de morder y, alejándose del manantial cercano del que había bebido agua sin saber, se palpó por completo… Todavía no sabía que aquellos atributos que lo asombraban como parte de un todo frondoso y acogedor, se llamaban sentidos…

    … Ni tampoco que aquello circundante tendría –de pronto- para él, un razón y un nombre: juicio o consciencia de realidad, de existencia, de vida… Estaba aún enajenado por el impacto de formar tantas imágenes en su extremidad superior y en ese pecho que golpeaba como un no sé qué, y que -de pronto también- llamaría… ¿tambor?, que inventó la posición narcisista para todos los filósofos del mundo por venir

   Y al cabo, de pronto (porque siempre fue así desde la ya inaugurada cadena incesante de cosas por nombrar), un ruido extraño volvió a acercarlo hacia el purísimo espejo de agua dulce y sabrosa donde no hacía, sino segundos (aunque él no hubiera descubierto todavía al Tiempo en su inexorable acaecer), acaba de reconocerse como… un no sé qué.

   Mas -asimismo y de pronto-, espejado en los cristales acuosos que volvían a reflejar su imagen, dio cuenta de su impureza nata, y, aunque hubo querido llamarlo Amigo, no pudo.

   Allí estaba. Casi igual que él. Pero de pura Luz (después sabría que él también había brillado). Y aunque hubo querido llamarlo Amigo, no pudo.

 … Aquella extraña sensación que una criatura sinuosa y rastrera enroscada a unos nacidos tobillos, le contagió en sus desconcertados oídos –claro, de pronto, y mediante un susurro de engaño, suave y sibilante-, ciegamente absortos ante tanta energía desplegada por el inmenso solaz donde se hallaba, se alojó mordaz también –y de pronto-  en su pecho núbil,  y le desplazó el juicio y el sentido y el nombre y el golpe que lo habitara en lo más profundo de ese lugar que sonaba como un tambor… Algo en aquello que palpitaba también -aunque de otro modo- en su cuenco superior, y por el que hubiera querido llamarlo Amigo, y no pudo.

   El Temor hacia todo lo que se le revelaba reemplazó, en la complejidad novedosa de su descubierto ser desnudo, cualquier otra idea o sensación que le animara a un gesto de proximidad con dicha Luz…

   Lucho. No lo sabía, pero así se llamaba (lucha) la resistencia que opuso para que no se desvaneciera en él aquella primera sensación de bienestar que había sentido al ponerse de pie bajo su alborada Presencia, instándolo de continuo a llamarlo Amigo porque su imagen era tan semejante a él… Pero no pudo. No pudo. No pudo…

   Y lo llamó… Dios.

   Entonces, inventando la suficiencia de  los gnósticos y la incredulidad de los ateos, abandonó cabizbajo el Jardín…

  Detrás, sobre sus huellas -pero con forma de mujer-, la Compasión vino a acompañarlo

 ADRIÁN N. ESCUDERO (Santa Fe, Argentina) 

Los poetas y la madre Niebla, Mamarongo*

Julio San Martín Órdenes

Médico Veterinario, Mag. Cs., Dr. (c) Ciencias Veterinarias, U. de Concepción, Chile. Poeta y trovador, Presidente Nacional de la OMT/ Chile y Delegado de la UBT / Chile.

Alguna vez, me han denominado como uno de los Poetas de la Niebla, esto a causa de haber nacido y criarme en Chimbarongo, la tierra entre la niebla, siguiendo las voces del Mapudungún. Como hijo y poeta de las neblinas de la zona central, sería una especie de nibelungo heredero del reino de la oscuridad para elevar la palabra desde mi subterráneo inframundo. Quizás, dicha tierra ha sido mi propio Niflheim, el lugar que enfría, el ritmo agitado de mi vida en ciudades más grandes, por lo que cuando llego a sus calles, siento la tranquilidad de estar en un refugio.

Chimbarongo, dicen que es la ciudad pequeña más grande del mundo y se sitúa en la provincia de Colchagua, al sur de la región del Libertador Bernardo O’Higgins de Chile. Es una localidad famosa por su artesanía en mimbre que decora los lindes de la carretera Panamericana, por lo cual, desde el 2015 ha sido declarada “Ciudad Artesanal del Mundo”. Por este motivo, la ciudad del mimbre ha dejado de ser solo patrimonio de los chilenos y de nosotros los chimbaronguinos para convertirse en un regalo para toda la humanidad.

La poesía en Chimbarongo surge como la niebla de forma natural y espontánea y nos cubre en invierno, a veces difusa y fría, pero cada vez que ella puede, se aparece caprichosa e intrigante, sin buscar un propósito definido más que mostrarse para hacer florecer la emotividad. Esta niebla poética se nos presenta una y otra vez, con muchos rostros y a lo largo de los años.

Respetando los caminos pavimentados, como dijera el profesor Miguel Lira, dentro de los cultores de la poesía en Chimbarongo se debe mencionar a dos mujeres presentes en la zona, Olga Aguilera Bustamante (1933) y Josefina Acevedo Cuevas (1933). Olga Aguilera es profesora y tiene 12 libros publicados (desde Cantagrillo hasta En el umbral del tiempo en el 2013), ha tenido gran interés por los sonetos, la naturaleza y su mundo interior. Olga Aguilera ha participado en varias antologías, ha sido premiada en actividades de poesía e incluso, fue nominada al Premio Nacional de Literatura en el año 2008. Josefina Acevedo Cuevas también es profesora y nació en Santa Elena de los Lavines, Convento Viejo, actualmente está radicada en la ciudad de San Fernando. Su poesía es musical, sencilla, cotidiana y está dedicada a los niños, como afirman varios autores al referirse a su trabajo en el poemario Pinceladas de Luna (1998), una de sus obras. Como parte de la historia de la poesía local, se debe incluir también a Marco Antonio Contreras (1974) quien publicó Simplemente sentimientos (2011) y actualmente es alcalde de la comuna de Chimbarongo.

Algunos poetas han partido lejos y la niebla extraña su vahído. Eduardo Aramburú García (1945) se estableció en Copiapó, ha publicado varias obras y se ha destacado en varias labores culturales, por las cuales ha recibido distinciones regionales y nacionales. Douglas Fernando Colina Pettey (1930-1966) de la localidad de Huemul, falleció en Estados Unidos, de él se conoce su poemario Del corazón a la flauta. María de la Cruz Toledo (1911-1995) fue la primera senadora de Chile y publicó los poemarios Humanidad y Transparencias del alma y además, una novela titulada Suprema Cita.

Poetas provenientes de otros lares han reconocido y señalado, en algún momento, a Chimbarongo como su hogar. Así, María C. Tollini Barrios (Osorno –Chimbarongo, 1975), considerada cercana a Gabriela Mistral, fue una importante educadora radicada en la comuna, quien publicó los libros Botones de Versos (1926) y Musas Femeninas (1963). Su hija, Alicia E. Tollini Barrios también fue maestra y de ella se conoce el poemario Ensayos (1966). Julio Campos Ávila (Santiago, 1939), profesor normalista y político, tuvo una activa participación en la poesía local y en el desaparecido Grupo Cultural Los Quijotes de Chimbarongo. Julio Campos es el miembro n° 105 de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH) y ha publicado trabajos de poesía, cuento y novela infantil, por los cuales se le ha distinguido. Sebastián Queupul Quintremil (Ralipitra, Nueva Imperial, 1924), profesor normalista, poeta y escritor delegado de la SECH, ejerció en Chimbarongo durante los años 50 y también fue socio fundador del grupo Los Quijotes. Sebastián Queupul se ha destacado por ser un pionero con su poesía para una sociedad intercultural. Rigoberto Meriño (1964), proveniente de Varillar (Elqui), vive entre San Fernando y Chimbarongo y ha editado varios libros y CDs.

Rigoberto Meriño ha participado en diversas actividades culturales y ha recibido el premio comunal de cultura y recientemente fue incluido en la antología Entre espuelas y camelias (2015), de poetas de San Fernando. Y no podemos dejar de lado la tradición creativa heredada por Gilberto Acevedo (Paredones, 1948), a través del canto a lo poeta. Actualmente está avecindado en Tinguiririca, es premio comunal de cultura (2014) y ha publicado su trabajo literario (Mi alma en verso y poesía, 2014; Sabiduría campesina, 2015) y musical (Sabiduría campesina, 2016, en CD) en San Fernando y Chimbarongo.

Más recientemente, hombres y mujeres, como humildes emisarios, en un ejercicio de intuición, han reconocido a la niebla, la Mamarongo, como tutora y benefactora y adoptándola como su identidad colectiva. En la actualidad, entre quienes más han abrazado el velo húmedo de la poesía local (no son los únicos, por cierto) están Olga Aguilera, Rigoberto Meriño, Carolina Díaz Arancibia, Ángel Chota, Margarita Elgueda, Gilberto Acevedo, Olga Cruz Manterola, Gerónimo Donoso y Luis Aramúndiz. Algunos de ellos han participado en diversas lecturas poéticas, destacando los eventos culturales “Íntimo”, realizados entre los años 2012-2015 y organizados por la agrupación cultural Antu Wiras. Algunos de ellos también participaron del CD Versos bajo la niebla, editado por Rigoberto Meriño en el 2014.

Las calles silenciosas se enfrían y los campos de verdes viñedos se desvanecen en la humedad, para callar por un tiempo. Luego, la niebla se recoge en su introspección y el paisaje se viste de sol. Pero la niebla no se va, solo está dormida. Es así como de manera silenciosa surgieron los Poetas de la Niebla, quienes han mostrado la poesía innata, imperecedera y sutil de este encajonado Mimbral y la reavivan de vez en cuando, en noches frías del invierno.

*Una versión previa fue enviada a la revista local Tejiendo Palabras con el título: Mamarongo y la poesía en Chimbarongo. Mucha de la información de los poetas locales ha sido recopilada por el profesor Miguel Lira, en su trabajo Cosas y casos de Chimbarongo, la ciudad pequeña más grande de Chile, utilizada como material base para este breve ensayo.

 

 

MI ÁGUILA TIENE PARKINSON
Por: Dra. Silvia De León Barragán
Acayucan, Estado de Veracruz, México.

Creo que Dios o la vida te prepara para algo, desde muy joven me gustaba leer los casos de cómo la gente sale adelante en situaciones difíciles, sin saber que un día sería la protagonista de una historia similar.

Decir tengo Parkinson no es nada fácil; en el 2009 fui diagnosticada con dicha enfermedad.
Mi águila volaba libremente, disfrutaba feliz de lo que había logrado; se sentía plena y realizada.
El diagnóstico cambia la perspectiva de la vida, empiezo a notar que el brazo izquierdo no obedece, es lento su movimiento sobre todo en la marcha y en movimientos finos. Es aquí cuando el águila pierde estabilidad y control de sí y a la vez se da cuenta que tiene que poner en práctica la resiliencia.

Un neurólogo me preguntó – ¿Qué piensas hacer ahora, luchar contra la enfermedad o adaptarte a ella?
– Yo como buena guerrera dije: Luchar.
Y el doctor respondió: Error.
Y que razón tenía, es ir estudiando tu cuerpo y ver como te puedes ayudar a estar mejor.

Mi águila ve que su pico se está encorvando, que en un tiempo ya no servirá para comer, igual sus alas están débiles para volver a subir al nido y apreciar el paisaje que tanto disfrutaba. Decide arrancarse el pico, las garras y sus plumas; deja a un lado la frustración, su pena de quedar expuesta ante los demás; era ahora o nunca aceptarse y decidirse a hacer al cambio.
Tuve que dejar mi amada profesión, pero encontré otro camino del cual no se requiere tanta precisión, siempre habrá una luz que guíe nuestro andar.
Hacer tratamientos de belleza, me ayuda a relajarme, y sentir que puedo dar un servicio a los demás me proporciona gran satisfacción. Aunado a esto, contar con una rutina de ejercicio me ha ayudado a mejorar mi rendimiento físico y mental, junto con las terapias de rehabilitación y la medicina alternativa.
En esa transformación, veo la mano prodigiosa de Dios en mi familia, mi pareja e hijos (Ramón, Melina y Carlos) y a dos seres extraordinarios a los que amo intensamente, mis padres, que con su actitud y palabras hacen lo que hoy soy, hermanos, amigos, elementos fundamentales en ese proceso, y águilas ya fortalecidas que me invitan a seguir para emprender nuevamente el vuelo; tal vez no llegue a subir al nido que tenía en las alturas pero si crear otro en el que pueda apreciar mi hermosa vida.

El Parkinson puede modificar la postura de tu cuerpo, pero no tu postura ante la vida; cuando vean a alguien con Parkinson no lo hagan con lástima porque tienen mucho que aprender de él, es un guerrero.

No quiero terminar éste relato sin agradecer a esa águila que siempre te invita a seguir, mi querida amiga Ana María Huerta.

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