CRÓNICAS ARTÍCULOS Y ENSAYOS

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Marzo  2021 nº 41

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AL SERVICIO DE LA PAZ Y LA CULTURA HISPANO LUSA

COLABORAN:  Lola Benitez Molina (Málaga-España).- Hugo L. Bonomo (Argentina).-Antonio Camacho Gómez (Argentina).- Dr Elias Gálati (Argentina).- Dra Eunate Goikoetxea (Alicante-España).- Dr Jorge B Lobo Aragón (Argentina).-Argel Medina (Málaga -España) Gustavo Paez Escobar (Colombia).- Amanda Patarca (Argentina).-Jaime Solís Robledo (México ).- Beatriz Villacañas Palomo (Madrid-España)

LA MAGIA DEL CAMBIO
Lola Benítez Molina
Málaga-España

Hace escasos días leí la siguiente reflexión del periodista David Cantero sobre la libertad de expresión en nuestro país: “No nos falta la libertad de expresión, lo que realmente escasea es el sentido común y la educación y la cultura y la sensatez y la decencia y la sensibilidad y el respeto y la responsabilidad y la dignidad y la humildad y la coherencia… No sé a dónde va el mundo al que trajimos a nuestros hijos, y eso da mucho miedo…” Me sentí tremendamente identificada con su preocupación y comprendí el alcance de sus palabras. Está totalmente en lo cierto. Se puede ejercer la libertad de expresión, pero una máxima debería ser “no faltar el respeto a nadie”. La sinrazón no conduce a nada positivo, pero en nuestras manos está buscar soluciones haciendo uso de esa coherencia.

            Hemos experimentado, con las circunstancias actuales, cómo puede cambiar todo en segundos, lo que nos hace comprobar la vulnerabilidad del ser humano. Las metas o sueños forjados se ven alterados porque nada es como anhelamos. Sin embargo, la conocida frase: “No hay mal que cien años dure” nos aferra a la superficie de salvación, ante el naufragio aparente. Es la magia del cambio, también, la que nos hace avanzar y vislumbrar, en el lejano horizonte, las luces de que a buen puerto avanzamos. Que no decaigan las fuerzas que, con esperanza, el cambio llegará y tocaremos la tierra, llenos de gozo, tras habernos encontrado perdidos en nuestro propio interior. Ardua lucha que habrá merecido la pena, pues volveremos a sentir la mano amiga que nos abraza y besa sin temor. Todo lo inefable quedará atrás para mostrarnos que, en nuestro mundo real, que palpamos y sentimos, vale la pena vivir. Ese cambio será mágico y nos hará despertar del yugo que nos somete. Radiantes saldremos una vez más, triunfantes, por haber ganado la partida al enemigo infatigable. El cansancio y la espera habrán merecido la pena en el camino para nuestra propia redención.

            A ese enemigo invisible venceremos. Que no decaiga el ánimo. La alegría volverá a reinar en las profundidades y el letargo de los naufragios hará latir el corazón con la intensidad y la fuerza que lo hace en un niño, que aún no ha conocido lo que significa la palabra “incertidumbre”. Derrotaremos al pesimismo aferrados a quien todo lo puede.

            Hace falta coherencia y creer que se puede conseguir lo propuesto con tesón y sin faltar a ese respeto y dignidad que cada uno merece.

            Para Sócrates “el secreto del cambio es enfocar toda tu energía, no en la lucha contra lo viejo, sino en la construcción de lo nuevo”.

ARGENTINADA
Hugo L. Bonomo
Argentina

Uno de nuestras preocupaciones es el ambiente (o medio ambiente, todo junto, para evitar el pleonasmo), que incluye valores naturales, sociales y culturales. Y como estamos en un medio de comunicación, donde la única herramienta que lo forja, es el lenguaje, venimos defendiendo la pureza del idioma de nuestra patria: el castellano o español: el segundo idioma más hablado del mundo.

Siempre se ha dicho que es un idioma muy rico y diverso, que abarca todos los pensamientos y definiciones y, con excepción de denominaciones típicas de algunas, comidas, bebidas o plantas propias de algún país, alcanza para una comunicación fluida y unificadora, de todas las comunidades de habla hispana. Menos aquí.

Comenzamos, hace muchos años, cuando quienes hablan de fútbol, comenzaron a utilizar la palabra evento (hecho imprevisto), que deviene de eventualidad: imposible de ser previsto, para referirse a un partido de fútbol porque, en EE.UU., se utilizaba el término events, para algún acontecimiento deportivo; y hay dos o tres países subdesarrollados, que han seguido nuestro ejemplo. Ante mi objeción; me decían: se enriquece el idioma, se ha ganado una palabra. No es así; he perdido una palabra. Si quiero referirme a algo eventual, fortuito, imprevisible; no puedo hacerlo porque hoy, hasta hay empresas organizadoras de eventos; lo totalmente opuesto al significado determinado por el segundo idioma más hablado del mundo; el español. Y si lo trasladamos a nuestra inserción en el mundo globalizado, debemos pensar que 580 millones de personas, lo hablan, respetan y se comunican en la tierra, por ende, la mayoría de ellas tendrá dificultades en entendernos. Si seguimos creyendo que modificar una lengua, que tiene 1400 años, es una posibilidad que demuestra nuestra inteligencia, o nuestra viveza criolla, tomemos conciencia que el invento de palabras, o la deformación del idioma, ya está discriminando, a nivel nacional, y actualmente, la comunicación y el entendimiento de seres de distintas edades y/o formación cultural.

Pero eso fue hace mucho tiempo. Luego, pasaron los años, y encaramos una campaña, cuando comenzamos a escuchar a locutores y conductores, utilizar términos como info y data. Info es una palabra inexistente en nuestro idioma, y data, se refiere a una fecha, no a un dato. A partir de allí, se empezó a corromper la manera de hablar correctamente, y se agregaron términos, algunos con intenciones políticas interesadas que transmitían sensación de inclusión, y que cumplían sus fines, pero lo más tremendo es la utilización, en los medios de comunicación del lenguaje, llamado inclusivo y, también,  palabras soeces, ordinarias e insultantes, como para estar a la altura del populacho inculto y lograr adhesiones masivas; cuando la mayor responsabilidad, y posibilidad, de los medios de comunicación es cumplir una función social, aportando a la cultura y al conocimiento,

Pensamos que las mujeres podían morigerar el exceso de los hombres, que eran gran mayoría en los medios, pero este bastardeo del lenguaje, coincidió con un movimiento femenino igualitario que, aunque justo, excedió los límites, y confundió  paridad con género. El tema es que, con la nueva modalidad panelística, se conforma un grupo mixto, en el que, cualquiera, puede abordar cualquier tema, en cualquier horario y no hay respeto al menor, ni a la cultura, que valga. En los varones; el h de p, es sinónimo de todo, y las malas palabras que Fontanarrosa, ubicaba en el fútbol, o en el vulgo, hoy son parte de la cultura televisiva y radial, y han quedado tan atrás que, hasta las mujeres, cuando no les importa algo, piden que le succionen una glándula reproductiva propia del hombre, y otras aberraciones, que si usted es inteligente, medianamente culto, e interesado por la educación de sus hijos, y el futuro, ya habrá notado. 

Eso sí; en horarios centrales, para que los niños, o alguien, no desaprovechen la función social, que brindan los medios, a la cultura y al idioma genuino, que identifica a La Argentina; el español.

Yo pienso que no es una utopía plantearse el patriotismo, también a partir de la comunicación y, todos los poderes del estado, y de los medios; deberían contar con una persona culta, y criteriosa, que controle el lenguaje de quienes se comunican con el pueblo, aportando valores indeseables.

 

EUTANASIA ¿ MUERTE DIGNA?
Por Antonio Camacho Gómez 
Argentina

Si mi memoria no me es infiel fue en la década del 90 cuando en Holanda comenzó la muerte asistida médicamente de las personas que se encontraban con una enfermedad terminal.¿Terminal ?

Si ojeamos la historia de la ciencia no son pocos los casos en que el fin de la vida pronosticado por sesudos doctores no sucedió o se postergo por años.Lo cierto es que en la nación referida o , incluso, sin la determinación familiar,una inyección letal o cualquier otro medio con efectos mortales mandaba al otro mundo _ si es que como yo ,católico, al igual que 1300 millones de personas creen en él_. Pero hete aquí que cualquier médico podía dar por concluida la vida de un ser humano, y no necesariamente anciano, a veces con su autorización,en otras sin ella , por la situación en que se hallaba.En ocasiones con la aprobación de los familiares _un descarte diría el Papa Francisco _ muy conveniente para los intereses de aquéllos,y, otras,sin decir esta boca es mía. 

Los abusos llegaron a tal extremo que los afectados , temerosos de que los parientes tomaran tan drástica decisión para apropiarse de las riquezas que poseyesen,resolvieron formar una Asociación con el fin de evitar el cometimiento de tan fulminante designio.Y así, con el mal ejemplo holandés,criticable en otros aspectos de liberalidad y amoralidades,otros pocos países, por fortuna hasta el presente,han seguido tan deplorable actitud.Por el momento son seis, de ciento noventa y tantas naciones de este atribulado planeta.Entre los cuales acaba de aprobarlo en un » día histórico «, dicen, el Congreso de los Diputados español,con el desacuerdo lógico y acertado de los partidos Popular y Vox.Agrega España así un dislate más a los muchos que viene cometiendo el socialismo en el poder_ pandemia aparte,que motivó otra nota_.,un poder que se sustenta en acuerdos con políticos discutibles para el manejo de mi país por carriles éticos y morales.La disensión catalana,las manifestaciónes feministas y de homosexuales rayanas en el libertinaje son algunas expresiones dignas de tener en cuenta.Menos mal que la Justicia actúa, en ciertas circunstancias, tal corresponde.

Pero volvamos a la eutanasia.¿Es una muerte digna? No .La muerte digna es la que ocurre cuando se ha cumplido el inevitable ciclo vital.cuyo curso doloroso es amortiguado con un arsenal de remedios que posee la ciencia médica moderna.Incluso la mismísima Iglesia Católica está en contra del mantenimiento artificial de la vida cuando no existe ninguna seguridad de su mantenimiento en condiciones aceptables.Nada de terapéuticas improbables e impiadosas.

Del juramento hipocrático parece que se olvidaron los facultativos que se prestan a practicar la eutanasia o suicidio asistido, como también se le denomina.Que un médico,cuya misión es preservar la existencia del enfermo,sin llegar al encarnizamiento científico, no respete el principio jurado, me parece, simple y sencillamente,una aberración.El paciente no es un número en una sala de cuidados intensivos,sistema que se esta discutiendo, cuando se impide el tránsito final sin la presencia de los angustiados familiares.La medicina tiene que humanizarse.El médico debe tratar a su paciente con amabilidad y cariño, cumpliendo con un mandato milenario francamente insoslayable.

LA SENSIBILIDAD
Elias D. Galati
Argentina

Es la capacidad y facultad de experimentar sensaciones en cuanto función del conocimiento, y en cuanto referida a la afectividad es la facultad de experimentar sentimientos agradables o desagradables y la capacidad de gozar y de sufrid.
Es una propensión natural del hombre que tiende a la compasión y a la ternura, la calidad de sensible.
Es una función del sistema nervioso y la capacidad del organismo de recibir estímulos.
Desde la sociedad y las relaciones entre los hombres,  la sensibilidad es la  capacidad de sentir, propia de los seres animados, y la propensión natural del hombre a los afectos de compasión, humanidad y ternura.
Una persona sensible es quien recepta y permite que llegue a su interior lo que sucede a su alrededor, no sólo los estímulos sino lo que le sucede a los demás.
Por eso la sensibilidad personal, se mide de dos formas, por la capacidad de respuesta del individuo, y por la actitud esencial y primordial en su vida.
Los estímulos son permanentes y constantes, y es nuestra actitud la que los acepta o los rechaza.
Un ser sensible tenderá a recibirlos, procesarlos y ver críticamente cual debe ser su actitud ante ellos.
Pero también hay una actitud sensible, la del hombre que se inquieta, se preocupa y pone interés en lo que sucede a su alrededor y en lo que padece o preocupa a sus hermanos.
Hay una forma de ser, un comportamiento que marca las acciones y determina como es el hombre en sí mismo.
La actitud sensible, es una actitud positiva, que pretende lo mejor o quizás lo más a que se puede llegar.
Es también una actitud pacífica, armónica y benévola.
Nace desde el corazón, desde el interior del hombre y se proyecta hacia el exterior y hacia los demás.
Un ser sensible tendrá paz y armonía interior como base elemental de su forma de ser.
Cuentan que el General San Martín, ya anciano, ante el llanto inconsolable de su nieta, le dio la medalla de la batalla de Bailén.
Su hija le reprochó  por lo hecho, y él contesto,… si no sirve para calmar el llanto de una niña.
Esa actitud expresa la sensibilidad del espíritu, de quien vive en paz y armonía, y señala las prioridades, las preferencias, las cosas que verdaderamente importan en la vida, y la supremacía absoluta del ser por sobre los objetos materiales.
La prioridad del hombre, de mis hermanos, por sobre mis bienes, mis riquezas, mis logros, mis hazañas o mis triunfos.
Esta sensibilidad hoy en día, es muy escasa, y casi perdida.
Es difícil ver una actitud de preferencia hacia el ser, el otro, por sobre nuestros bienes, nuestro poder, nuestra fama.
¿Hemos perdido la verdadera sensibilidad?
Quizás somos sensibles a otras cosas.
Hay otros tesoros que se adueñan de nuestro corazón.
Cuando el ser humano ama de verdad, en el sentido del amor absoluto, como la vida acto de amor, la sensibilidad en forma de bondad, ternura y dulzura, brota a flor de piel, surge espontáneamente de sus palabras, de sus obras, de sus ideas e ideales.
Vivimos en un mundo materialista, donde todo se mensura, todo se cotiza, todo se pesa y se compara.
En esa concepción no hay sensibilidad posible.
La piel se hace inmune a lo sensible.
La mente descarta como signo de debilidad, o de caída, el sentimiento fraternal, la ternura y la bondad.
Estamos sumergidos en la vorágine del poseer, acaparar, resguardar y tener más que el otro.
Por eso deberíamos pensar ¿Qué es lo que me conmueve? ¿Cuáles son las circunstancias que pueden emocionarme hasta la alegría o las lágrimas? ¿ con quien me siento bien, puedo expresar lo que soy sin tapujos, diciendo la verdad y ser honesto?
Si soy capaz de mirar a mi hermano de frente, de aceptarlo como es y sentir con sus alegrías y sus angustias, si puede recorrer con él el camino de la existencia, sin rencores, habré comprendido y puesto en acto la sensibilidad humana como don preciado de la existencia.

LA MUJER EN LA ACTUALIDAD
Dra Eunate Goikoetxea
Alicante-España

Durante la historia de nuestra sociedad, el rol de la mujer se ha ido transformando. Al comienzo, en culturas prehistóricas, el papel de la mujer era básicamente de recolección, mientras que el hombre era el encargado de la caza. En las sociedades más recientes, la mujer era la encargada del cuidado de los hijos y del hogar, y sólo en caso de un mal estado económico, la mujer buscaba trabajo fuera del hogar.

Cambios en el mercado laboral, especialmente debido a la revolución industrial y a las grandes guerras del siglo XX, permitieron a las mujeres una mayor inmersión en el mercado laboral.

En la sociedad actual, basadas en una estructura de parentesco flexible que ayuda mucho a la responsabilidad compartida con el hombre, muchas mujeres buscan navegar el mar del mercado laboral más allá del núcleo familiar del cual constituyen la pieza fundamental. Las razones son diversas: libertad, independencia económica, valorización individual, motivación, recuperación  de una carrera o actividad postergada, etc.

Para llevar adelante la actividad laboral, la de pareja y la maternidad, las mujeres cuentan con una intuición, una inteligencia práctica y una sensibilidad exquisitas. Y es justamente dicha sensibilidad el don que complementa las virtudes del hombre.

Pero la participación laboral de la mujer en la sociedad, más allá del núcleo familiar, no es  prioritaria para todas las mujeres. Hay muchas mujeres que hacen foco en su rol de madres y se dedican de lleno a su familia sin realizar ningún trabajo profesional fuera del hogar. Aquí es importante hacer una mirada diferente y destacar que la mujer administra una empresa llamada HOGAR. En dicha empresa  se requiere de finanzas,  cumplimiento de horarios, de actividades concretas, educación,  tolerancia,  integración de equipo, de servicio, de conocimientos, motivación, pasión, etc. El problema es que la sociedad no valora esta gran tarea, ya que asume que ser madre y eje del hogar es prácticamente una obligación de la mujer adquirida por el mero hecho de ser mujer, y que esta tarea no es remunerada como cualquier otra actividad.

Las mujeres de hoy se desenvuelven y se desarrollan en un medio que estimula la persecución de nuevas metas, por lo cual muchas veces se debaten entre la procreación y la administración del hogar y la necesidad de crecimiento personal. 

Si trabajan, se debaten entre la culpa por la disminución del tiempo con su familia y la lucha por crecer en un universo laboral que les demanda atención completa, llevando a la mujer a un nivel de autoexigencia enorme para sostener los pilares del trinomio hijos, pareja y trabajo.

Hablamos de los roles de la mujer en la sociedad actual: madre, esposa o pareja, trabajadora, administradora y sostén emocional del hogar, pero no debemos olvidar que el primer rol de la mujer en la sociedad es justamente ser mujer, con su identidad y su femineidad, es no adoptar características masculinas para ser más aceptada en un mundo en el que todavía existen desigualdad de oportunidades.

Por supuesto, la clave está en  respetar la diversidad de las mujeres. No hay un único modelo de ser mujer. Eso era lo que el rol estereotipado quería, y es lo que se debe eliminar para lograr que todas puedan elegir su destino. Incluso lo puedan cambiar a lo largo de sus vidas.

Por eso, el sentirse “mujer” es algo que cambia según las condiciones y el contexto de cada mujer y en los distintos momentos de la vida. Lo primordial  es que todas puedan elegir qué ser y lo puedan concretar. Trabajemos todos unidos  para que esto sea posible  y esperemos que un futuro no muy lejano  pueda realmente consolidarse.

POETAS Y POESIAS
Dr Jorge B Lobo Aragón
Tucumán -Argentina

Hoy me levante, sintiendo una sensación especial. Un  día gris de llovizna intensa  en donde el universo me invita a volar. Cierro los ojos, despliego mis alas, acomodo mis penachos y hacia arriba, hacia el cielo azul gozando del majestuoso silencio del espacio. Desde lo alto cruzo, desiertos, montañas, países mares.  Es el día de los Poetas. Desciendo en Sevilla, con su olor a Jerez y a la rica manzanilla, entonando una coplilla. Es la España de mis ancestros, en donde “Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero”. Ahí mismo en donde ojala Tata Dios decida que muera y que Él abra mi tumba el último día.  Conocí a los dos hermanos, ambos casi de la misma edad. Al abrir los ojos después de un centelleante vuelo, me pareció reconocerlos de toda una vida, seguramente a través de la poesía que mis tíos y madre recitaban con excelsa melodía. En un primer fogonazo como en una pantalla de cine apareció Antonio quien me contó que nació un  29 de agosto de 1874 y casi al mismo tiempo asomó Manuel quien  sonriente me dice  ser el benjamín de la familia por haber nacido apenas once meses después. Eran sin duda mis conocidos de toda una vida por escuchar, aprender y meditar sus poesías. Antonio y Manuel Machado presente en mí sueño y viaje racional. No lo puedo creer. Me encuentro en  la Sevilla, donde vivía la familia que después se trasladaron a Madrid. Esa  luz de Sevilla que quedará reducida para Antonio en el palacio donde nació con su rumor de fuente. Esa Sevilla que atrapa y abriga a pesar del paisaje adusto de las bellas tierras castellanas, añudado desde siempre  a Madrid. La  Rompeolas de todas las Españas. La que desgarra la tierra y el cielo truena. Presente una visión real y nítida, mi amigo, cumbre de la poesía española, me sonríe  y con un guiño de ojo, me dice soy lo que soy gracias a mi compatriota Serrat. Como subestimando su estirpe  y con su humildad a flor de piel.   Atrás Manuel como en un  luminoso ambiente andaluz aparece como  pintado con vívidos colores que son seguramente recuerdos de una vida feliz. Ese Manuel bohemio pero que con sinceridad, me anuncia que el mundo se debate hoy lejos de la libertad, es el mismo que con gallardía le cantó a la bravura de los toros y a la gloria del torero, a la guitarra y al «cante jondo», y ha inspirado a muchísimos poetas populares. Es al que siempre le gustó el anonimato y  que prefiere quedar tapado por el olvido. Con sus palabras entiendo porque los biógrafos  comienzan recordándolo como El hermano de Antonio. En ese revoloteo me viene  mi mente  Rubén Darío que  lo definía  a Antonio como «hombre de buena fe». Y él, mismo, después se pinta a sí mismo a mi trabajo acudo» como un ciudadano diligente. Ya en confianza y después de una chacotas entre ambos, Manuel con semblante serio me revela su afición a la holganza «mi voluntad se ha muerto una noche de luna / en que era muy hermoso no pensar, ni querer»…»Que la vida se tome la pena de matarme / ya que yo no me tomo la pena de vivir…”. Pero al mismo tiempo, también me habla y recuerda a su hermano Antonio destacando y resaltando la sencillez y sobriedad de sus poesías. Si, con hidalguía y amor de hermano, en su bajo perfil exalta las sinceras reflexiones de Antonio que lo humanizaron  y lo acercaron al pueblo convirtiéndolo el emblemático poeta defensor del alcance popular de la poesía. Cuando me doy vuelta Antonio desaparece entre brumas y escucho apenas una voz diciéndome suavemente“…Caminante, son tus huellas el camino y nada más; Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace el camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante no hay camino sino estelas en la mar. De nuevo como en la mayor parte de mis relatos siento que un hilo  brillante invisible como el cordón rojo del destino me distancia de mis amigos casi gemelos. Un  hilo rojo al que no  puedo imponer mis caprichos ni tampoco romper ni deshilachar.  Cordón que como un aurea encendida, me enlaza con los más  profundos misterios, que simbolizan el antes y el después. Al volver a mi cuerpo físico  y como si fueran mis almas gemelas, angustiado exclamo ¿Cómo se hace para escribir poesía entre dos? Hoy lo hago con las grandes escritoras Gladys y Marisa y cada vez que comparto sus escritos, observo a Manuel caminando por  su cuarto mientras lanza imágenes quiméricas, y a Antonio, paciente, lápiz en mano, poniéndole orden, juicio y poesía a la maraña de fantasías que ha invadido la habitación. Gracias  poetas. Dulce viaje, algún día cuando regresen nos volveremos a encontrar. Feliz día internacional de la poesía.

YO, JOB                                 
Ángel Medina
Málaga-España
(Ensayo)

Del Océano inmenso es entregada la gota, y volatilizada por el sol viene a caer en la tierra para acrisolarse, trasladándola el río nuevamente al mar del cual procede”.  

Por brutal que sea lo que me muestran los ojos, permanezca la ilusión en mi mirada. Me aferro a aquello que no pudiendo demostrar, sin embargo, presiento. Pues, existen en el hombre dos percepciones: la que entra por la razón y la que se filtra a través de la sensibilidad.

Recibí una educación basada en dos pilares. Uno, la triple contemplación del poeta: nacer para vivir, vivir para morir, morir para la vida, lo cual viene a exigir la entrega de la confianza, sin apartar la vista de la materialidad. El otro, procurar para los demás lo que para mí pudiera desear. Decálogo primero.

En tanto todo es provechoso puede sentirse la bendición que viene de lo alto, pues, ¿no ha de proceder todo bien del que a todo dio la existencia? Mas, cuando esto medito llueve sobre el universo de mis neuronas lo que está inscrito en el reverso de la moneda de la realidad ¿Y qué decir del sufrimiento? Siendo que, de la fuente del mal brotan tres caños que vienen derramarse sobre el bienestar, los sentimientos o dolor psíquico y la salud o mal físico.

Entonces, contemplando el prólogo del libro del protomártir tengo la impresión de que las letras escritas pretenden alzarse y escapar del papel ante la propuesta provocadora del tentador, retando a que le sea permitido poner su mano en el hombre a fin de probarlo en el infortunio.

“¡Pero extiende tu mano y toca todos sus bienes! ¡Toca sus huesos y su carne; verás si no te maldice a la cara!” 

Pensamientos infaustos, aunque no me afectasen. Tenía yo familia. Tenía posición. Tenía amigos. Tenía vitalidad. Asimismo, era dueño de una inteligencia preclara que me permitía razonar hasta el límite de lo razonable, sin abismarme en el pensamiento, además de ser criatura crédula, con lo cual vivía sin el temor al incierto porvenir que se sitúa al borde del filo de la navaja, entre la vida y el fin. No obstante, reconozco que cuando lo que se tiene se pierde, y peor aún, la salud se quiebra como una caña cascada, el hombre puede preguntarse acerca de la razón de su existir, preñando el juicio la vacilación ante lo desconocido.

Un día todo cambió para mí. Las fichas de dominó que se sostenían unas a otras empezaron a caer en cascada. El estornudo en Norteamérica acarreó la pulmonía económica al resto del mundo, derrumbándose la bolsa de la noche a la mañana, y yo encontré la ruina. Entonces, invoqué al cielo y me propuse comenzar nuevamente desde cero. Aquellos que me halagaban y vivían a mi costa, al no tener con qué agasajarlos fueron abandonando el barco, como las ratas que me demostraron ser. Supe rearmarme en la confianza y aceptarlo con resignación.

Mi mujer sufrió un infarto cerebral y vino a quedar postrada en un sillón de ruedas, falleciendo pocos meses después. Mi espíritu se tornó gacho por primera vez, sin ánimo para levantar la mirada arriba. La vida me reservaba nuevos infortunios. Esta vez fueron mis hijos. Cinco hermosas criaturas que perecieron en un accidente de carretera. A la sazón, me pregunté: ¿Por qué yo? Por vez primera, desbordado por la situación me rebelé contra la fatalidad, interpelándome del porqué de aquellos males.

¡Ahimé, hombre, insignificante gusano que has de reptar por una orografía plagada de dolor para tu subsistencia! Y es que cuando el mal se ceba en el cuerpo corruptible, se hace pesada el alma, asomando la desconfianza hacia todo aquello que se ha creído fielmente hasta entonces.

No habían terminado ahí mis desventuras. Me desperté sin recordar qué me había pasado. Me encontraba en la cama de un hospital, y me dijeron que semanas atrás había sido atropellado por un tren, teniéndoseme que amputar brazos y piernas. Y no concluyó aquí mi viacrucis, pues, una infección afectó mis ojos, oídos y garganta y hubieron de extirparme los órganos, quedando reducido a un “no-hombre”. A “algo” encerrado en su propia cárcel, sin posibilidad de comunicarse ni moverse.  Para mi desgracia, lo único que permanecía intacta era la testa, con lo cual era consciente de cada instante de mi existir. Y en ese estado, los pajarracos más siniestros iban y venían picoteando la pureza de mi credulidad.

Se me antojaba ser la moderna versión de Job. Una pregunta comenzó a flotar en la niebla que me rodeaba. ¿Por qué existe el mal, si todo ha de proceder del bien? Y a esto, añadíale: ¿Qué sentido tiene la vida, si el hombre ha sido arrojado a ella sin contarse con él, debiendo experimentar los tormentos más crueles? ¿No ha de haber alguna razón superior que   pueda responder? Yo había sido probado con dureza. De la felicidad a la nada, sólo un paso. Había sido despojado de mi fortuna; de los seres queridos, derrumbándose mi mundo emocional. Y finalmente desposeído incluso de la representación del cuerpo. ¿Qué quedaba, pues, de mí?

Sólo podía hacer una cosa: meditar. Las razones del viejo Epicuro me asaltaban de continuo. Si no puede evitar el mal es porque no ha de ser omnipotente. Y si lo ha creado, es porque no es bueno. Contradicción. Mas, ¿Qué argumentar contra esto? Una cosa es la entrega confiada de la fe, y otra la conciliación de la inteligencia con la esperanza. Todo lo cual ha de pasar por el filtro del hombre que se piensa. Y como no tenía la posibilidad de esconderme del raciocinio, empecé a creer que me invadiría la locura. Pero, por más que rumiaba estas ideas para regurgitarlas y hacérmelas entender, la empresa era vana. De repente, una tímida lucecita se adentró en mi ignorancia. El camino emprendido no era el correcto.

Debía abandonar mis cavilaciones trascendentes y partir de la inmanencia humana. Yo mismo. ¿Quién soy? A lo que me respondí: un hombre. ¿Y qué es un hombre? Un ser que ha de moverse entre el bien y el mal. ¿Y por qué no ha sido creado― para evitársele el sufrimiento― de otra manera, por ejemplo, como un ser angélico que se ve forzado a tender hacia la armonía y la perfección? ¿O también, por así decirlo, nacer programado hacia la mansedumbre y la clemencia, a modo de una computadora, de tal forma que únicamente puede actuar ejecutando el programa que se le ha introducido?

Vueltas y más vueltas al meollo. Y un nuevo destello que vino a abrirse camino en mi oscuridad.

¿Puede un hombre serlo sin albedrío? Ciertamente, no. De lo contrario, carecería de libertad. Por eso, el trigo y la cizaña crecen juntos; finalmente serán separados, y uno se convertirán en gavilla para el granero y el otro arrojado a la lumbre. Luego―me dije― el mal ha sido puesto para poder decidirse libremente qué camino seguir. Decidir desde la emancipación.

Pero, todavía me quedaba algo para completar mi puzzle mental. Respondiendo a Epicuro, entendí por qué del bien absoluto puede brotar alguna suerte del mal. E incluso constituirse en algún momento en caos en la creación, ya que todo se rige por una única Ley que obedece a la suprema libertad, encaminado todo a un fin.

Exprimí las neuronas tanto como pude. Y finalmente conseguí― al menos para mí―encajar la pieza que restaba. Sí. Era la pregunta del para qué se nace, a pesar del calvario del mundo. Y entiendo que me alivió reparar en la respuesta.

Si lo que no es no puede darse existencia a sí mismo, y el hombre “es”, habré de admitir que esa existencia le ha sido dada. Como el azar no responde a nada, ha de haber, pues, una causa eficiente. Esto es, no necesitada y sí necesaria. Pero―nueva interpelación― si es eficiente, ¿para qué crea al hombre? ¿Cuál es la razón? Y exprimiendo la sesera, sólo conseguí entender de una cosa: el amor. Porque el amor no se retiene, sino que se comunica gratuitamente. Es puro don. Todo lo que procede de él es dádiva. Creacionismo por puro amor que comparte lo que es. Con una única condición, y de ahí la libertad, que es la de aceptarlo libremente aquél al que se le ofrece.

Por eso―concluyo aquí―razono y me hago entender que la existencia es dada para vivirse más allá de la muerte. La vida es tránsito para la elección. El sufrimiento, el precio de la libertad, y, en consecuencia, el mal que aflige al hombre será superado. Yo, a pesar de mi Getsemaní, en esa esperanza deposito el sudor de la sangre que dejo en el camino. Y como aquel doliente que encarna todo padecer, decir, desde mi postración ―que en cualquier caso puede ser la de todo hombre― aquello de:” Mi aliento se ha agotado, se apagaron mis días; sólo me queda el cementerio” (Jb 17).  Aquí remata el razonamiento humano. Pero, más allá, entiendo el por qué, y hago mío lo que me invita y reta a la confianza: “Los sufrimientos presentes no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros” (Rm 8,18).

Por analogía, me hago entender que el Océano es el Misterio. La gota, el hombre. El sol la vida. La tierra el tiempo. El dolor su purificación. El río el barquero Caronte que la traslada a la fuente de la que procede para integrarla de nuevo a lo infinito.

LOS MOTIVOS DEL INSURGENTE
Por: Gustavo Páez Escobar
Colombia

De paso por Cartagena, un día caminaba por el centro de la ciudad cuando vi de repente, en un puesto de venta callejera invadido por el sol, el libro Carta abierta a un analfabeto político, de Tulio Bayer, que buscaba desde tiempo atrás y no había logrado conseguir en ninguna librería. Le pasé al librero el  billete de la compra, y él me dijo que no tenía vueltas. Le prometí volver en diez minutos, mientras le traía el dinero preciso. Y le encarecí que me guardara el libro. Mostrando una actitud de seguridad, me respondió que no me preocupara, y para mayor certeza me informó que durante el tiempo que llevaba exhibiendo la obra nadie se había interesado en ella.

Dio la casualidad de que pasos adelante me encontré con un viejo amigo, con quien entré a conversar en una cafetería. Y corrieron los minutos. Cuando regresé al puesto callejero, el libro había sido vendido. Protesté, pero mi reclamo carecía de razón, ya que los diez minutos se habían convertido en una hora. Mientras tanto, había llegado otro comprador –el diablillo que nunca falta en estas trastadas de la vida–, y el librero no podía desaprovechar la ocasión.

Este incidente de aparente trivialidad transmite, sin embargo, un signo revelador: que todo lo que giraba alrededor de Tulio Bayer era complicado, duro, tortuoso. Su vida estuvo marcada por la adversidad. Nada le fue fácil. Todas las puertas se le cerraban. Sus luchas sociales en defensa de las clases desprotegidas y en contra de los eternos explotadores del pueblo chocaban contra los poderosos y a él le creaban barreras infranqueables.

Siempre se opuso al atropello y la sinrazón. Tal vez estos dos conceptos fueron los principales resortes de sus ataques y sus diatribas en los círculos donde se desempeñó como médico, científico, profesor universitario, intelectual, periodista, diplomático, guerrillero, escritor o empleado público y privado. En estos campos quedaron huellas de su férrea oposición a las personas o los sistemas que se apartaban de los caminos correctos.

Nunca se dejó tentar por los halagos del poder ni seducir por la vida cómoda. Huía de la actitud conformista y del gesto complaciente, acaso los mayores generadores de la mediocridad y la apatía ciudadanas y causantes de grandes problemas sociales. Su tránsito por el mundo se convirtió en constante y denodada protesta contra la injusticia y la corrupción. “Yo he sido toda mi vida un luchador contra el abuso y la explotación, y además contra el absurdo”, son palabras suyas al final de su existencia.

 

BREVE EXPLICACIÓN: (Parte I: A manera de Obertura)
Dra Amanda Patarca
Argentina

“La Novela de las Virgen” es una obra,  sui-géneris, por medio de la cual planteo la necesidad de que la frase “El poder se ejerce” quede resueltamente establecida en las mentes de todas las mujeres. Para que esto ocurra, yo, como autora,  apelo a la buena disposición de los lectores, (Y en especial de las lectoras) ya que, si bien la estructura de la novela (no del todo ortodoxa) se mantiene dentro de los parámetros aceptados para  las obras ficcionales, se trata de un ejercicio continuado de asociación de ideas relacionadas con la frase aludida arriba. Eso así porqué, desde tiempo inmemorial,  el poder fue ejercido indiscriminadamente por los varones. De allí, la necesidad existente y renovada constantemente de considerar al Dios Primigenio Todopoderoso y Eterno como “Padre” para que se entendiera que Él era el depositario de la “Autoridad”

La Virgen se desliza desde las páginas de un  cuento que relata las penurias a las que fue sometida, mientras era transportada por sus fieles,  en una procesión organizada por los desplazados del sistema. Cuando la encuentran sucia, rota y llorando dentro de la Sacristía, lugar donde se escondió, comienza a hablar delante de las Marianitas, allí congregadas.

Ella, la Virgen María, habla y refiere lo que durante tantos años calló. Explica, desde su propia subjetividad lo que no puede inferirse de los textos bíblicos, los Evangelios y demás textos mágicos.  Con su positiva actitud, la de entrega de su palabra, alecciona a las mujeres, dando testimonio, tanto de su labor docente, para con  Jesús  niño,  creciendo a su lado,  tratando de encontrar la forma de liberarlo  de sus tribulaciones,  como de lo que fue su natural proceder, en aquel  entonces, tiempo en que quedó escrito lo que se decía de ella:   “María, la Virgen, pensaba mucho, pero todas sus palabras quedaron guardadas en su corazón”.

La Novela nada tiene que ver con lo que, medianamente,  debería  entenderse  por “obra religiosa”. Tal vez, porque su esquema argumental sólo  fue construido para que se tome conciencia respecto de lo provechoso que resultó al varón el uso discrecional y sin oposición de ningún tipo, de la fuerza de su  poder. Poder que ejercía sin retacéos.

La Virgen refiere ahora, luego de casi dos mil veintiún años,  lo que seguramente dijo y sintió, ante las circunstancias que le han tocado vivir durante su vida terrenal y lo hace para pedir.  Sin embargo, no pide catedrales, tampoco basílicas ni templos.  Pide lo correcto: Lo que a ella y a todas las mujeres, todavía “se les está debiendo”.            

Esta explicación, de ser posible, debería completarla, pero no pretenderé extenderme.  Quiero hacerles saber que sería de suma utilidad que yo transcribiera, aquí, algún capítulo corto  dentro de cuyo texto las apreciaciones de la Virgen como así también las preguntas formuladas por ella al Ángel de la Anunciación, servirían para que los lectores identifiquen el tono de alegría coloquial con el cual fue construida esta obra.

Tres aforismos de Pablo Albamonte:
“Algunos nacieron para decir mentiras, otros para acallar verdades” (atenuar, silenciar, moderar).
“El arma favorita del engaño es la facilidad”.
“La dádiva se suplica, el derecho se exige”. Y aquí, en este punto, surge la necesidad de agregar algo para que la idea quede incluida en nuestro tema relacionado con los dichos de La Virgen: La norma involucrada en todo derecho debe ser clara, precisa y justa, de lo contrario sobreviene, la necesidad de exigir, previo al cumplimiento de la normativa oscura, el cumplimiento de la obligación de esclarecer, para que quede justificado aquello que se exige.
Mucho resortes se soltaron y cerrojos de difícil apertura fueron cediendo, mientras nuevas circunstancias, dentro de las nuevas dimensiones descubiertas, se iban presentando ante mis ojos, involucrando, además, a todos mis sentidos, como para que yo, la autora, escribiera, lo que sin  titubear expresé conjeturando. Poniendo en labios de la Virgen  sus necesidades, inquietudes y sugerencias… Ahora les toca a ustedes, los que se constituyan en lectores, formularse, respecto de su sostenido silencio, las preguntas que hagan falta. Y contestarlas desde su propia óptica, la femenina, que es la que hoy, aquí nos importa.
Pequeña introducción: Todos sabemos que “El Poder” se ejerce. El Poder es una institución que viene de lejos. Que se ejerce para hacer el bien o para hacer el mal. Para perdonar los pecados y hasta para elegir mujer.

Yo fui hasta allí. Hasta el lugar desde el cual la sugestión, de ese poder, influyó tanto como para irradiarse en todo el género humano. No voy a referir, todavía, el punto. Ustedes ya se van a dar cuenta. Tal vez los hombres que transcribieron las escrituras (ambas) se comportaron como debían hacerlo, relatando los hechos acaecidos, sin que surgieran sobresaltos al expresarlos, ejerciendo, coincidentemente, el poder varonil que ya venían ejerciendo, sin oposición. Tal vez el Antiguo Testamento fue más calmo, más cauto. El Dios al cual se referían en aquella época era el considerado Todopoderoso y Eterno. Sin otro aditamento. El Nuevo Testamento ya corresponde a otro cantar, un poco más tendencioso. Eso, porque  expresó el concepto de “Poder”, el genuino Poder Primigenio y Total proveniente de Dios -que es el que nos interesa, por considerarlo hoy como motor iniciador de arranque- con el sentido interpretativo que todos ellos le daban en aquel presente y que se mantuvo, así interpretado, sin analizar hasta nuestros días, Tal vez porque a nadie le importaba. 

Ese tipo especial de sugestión aceptada -la del Dios Primigenio, Creador Todopoderoso y varón, como para elegir, de una manera sublime, a la madre de su hijo- la que duró tanto tiempo, exactamente 2020 años y fracción,  seguramente quedará neutralizada totalmente, algún día. Intuyo que la idea del Poder, generado desde ese lugar para ser interpretado, subliminalmente, de la manera suave y sutil en que lo fue, habrá de cambiar, pero para que ese cambio se produzca, de manera pacífica, deberá desandarse el camino con prudencia ya que el tiempo que demandó su construcción, repito: fue de casi 2021 años. 

Transcripción de parte del Capítulo V de la Novela de la Virgen.

Pág. 63 de la 2ª edición: En este estado, la Virgen, preguntada por las Marianitas escuchadoras sobre el perdón de los pecados y la consagración del vino y el pan, contesta:
La mujer recién podrá perdonar los pecados, en el nombre de Dios, cuando atreviéndose con osadía
lo intente. Tal como hicieron los varones, en un acto con el cual les fue muy bien.
Y más… recobraremos, las mujeres, la dignidad no alcanzada en ciertos ámbitos a causa del miedo, de la prudencia o de la humildad, el día en que, también, atreviéndonos -y está bien que así lo reitere, además- y sin pedir disculpas, por exigir lo que por derecho humano nos corresponde, entremos en la escena real, sin pedir permiso para hacerlo, moviéndonos como corresponda con osadía, que es mucho más que atrevimiento, ya que esa palabra “osadía” denota una firmeza existente en la persona ubicada en el lugar y tiempo oportunos, subjetivamente interpretados por quién actúa, en el momento de hacerlo.

Cuando lo exigido, como imperativo categórico de igualdad, no nos sea concedido por discriminación caprichosa, como todavía ocurre, por persistir en ciertos círculos las denigrantes circunstancias aún imperantes, entonces… no nos propondremos perdonar sino que perdonaremos, lisa y llanamente, los pecados de la humanidad, también nosotras –herederas legítimas de los doce apóstoles, por ser tan copartícipes de la humanidad, como lo fueron ellos ¿por qué no?– y consagraremos la hostia, sin titubeos para transformarla en Sagrada, si eso fuera lo que hubiéramos pedido, dejando aclarado que los descriptos, son sólo dos de los muchos reclamos que por ahora y “sumisamente y para crear conciencias” pacíficamente y a partir de hoy, por mi intermedio formulamos todas. Nadie se encuentra autorizado para determinar lo que las mujeres pueden o no pueden hacer, si se lo proponen y su naturaleza se lo permite y no estuviera prohibido por ilegal. Aunque, bueno es dejar establecido, como hecho real, que en ciertas legislaciones todavía vigentes, mucho de lo que habrá de plantearse aquí, con mis declaraciones testimoniales extemporáneas, vertidas hoy comedidamente, contiene su carga de ilegalidad manifiesta respecto a aquello que concierne al libre accionar de las mujeres, por el sólo hecho de ser mujeres las que reclaman la posibilidad de concreción de ese accionar. La propiedad del hijo en el Islam, por ejemplo, pertenece al padre, declarado como tal, ya que corresponde a éste establecer la continuidad de la prosapia por la herencia, aunque ese varón –el que pretenda imponer, a su favor, ese derecho de propiedad– no sea el verdadero padre biológico.

Aquí, sin ir más lejos, muy cerca de este lugar, sucedió un hecho extraño que quiero contarles por excesivamente injusto: una familia formada por un padre jordano, una madre argentina y más tres niños habidos de esa unión, sudamericanos por nacimiento. Un conflicto familiar de tono alto y una culminación que generó el asombro. El rapto de los niños por el padre. El viaje hacia Jordania de los cuatro sin haber mediado autorización de la madre, ni el menor cumplimiento de la ley, concretó un hecho tristemente irremediable. Nadie respondió hasta que los niños se hicieron mayores.

La indiferencia concerniente a los reclamos se hizo sentir. Sin presencia de madre, en esas latitudes, ni idioma castellano de intercambio continuo asegurado, por muchos años, hicieron perder a esos niños,  por decisión varonil no sólo la mitad faltante de ternura cercana sino, además, el equilibrio emocional.

Creo que nuestras jóvenes deberán pensar un poco más en las “cuestiones claves”, en especial cuando en juego se encuentre un matrimonio “mixto” y con interposición de existencia de leyes de esta naturaleza.

El mal, sépanlo, es entre otras cosas, todo aquello que nos aparta de un objetivo válido (es escollo; es obstáculo). Si tomáramos en cuenta la libertad inicial del hombre, el escollo es parte necesaria del camino emprendido. Ya en nuestros días, por ejemplo, una casa de departamentos de varios pisos se constituye en escollo visual pues no permite ver más allá al que lo desee. Hasta el camino, en la marcha, se transforma en escollo, a veces.

Dios creó todos los elementos con los que contó, puros. Comenzando por la fuerza de gravedad, justamente, para que nada y ninguno se le escapara. Al instante o pasado un tiempo éstos elementos se combinaron según su necesidad. A la necesidad la determina la propia naturaleza de las cosas. Por tal motivo, es así como en los infinitos caminos otorgados al hombre, llamado libre por el amplio poder que detenta para transitarlos, de repente aparece otro hombre, tan libre como el primero, transitándolo soberanamente y muy campante. Eso así, hasta que la definición del combate trabado por el logro de su hegemonía ponga fin a la contienda entablada solamente en un foco, generado en un punto, siempre.

Es que las libertades de esos hombres (ambos) permiten el tránsito tranquilo pero sólo hasta el momento en que la búsqueda del objetivo común, al transformarse en fuerza contraria, se oponga a la acción de proseguir la marcha juntos.

Un objetivo común inicial podría haber sido: transitar ese camino en busca de cosas aprovechables, por ejemplo.

A esa otra búsqueda opuesta, transformada en obstáculo desde que el hombre necesita más fuerza para poder salvarlo o contrarrestarlo; fuerza ejercida contra sí mismo –esfuerzo físico propio– o contra otro ser con propósito opuesto; fuerza de contienda –contendiente–, el hombre, sin reparar en mayores detalles la llamó mal.

Por todo lo expresado, queridas amigas, por todo lo aquí expuesto, surge una única e irrefutable verdad amparada por el derecho natural basado en la lógica pura, como prueba de la necesidad de producir, de ahora en más, el cambio respecto de las normas existentes, a partir de los hechos que fundan las argumentaciones de los variados reclamos.

Por de pronto diré que los que niegan el derecho a sus iguales en dignidad humana, de contar tomando parte activa en ciertas actividades para cuya concreción las mujeres se sientan naturalmente idóneas y además dispuestas, aduciendo impedimento por cuestiones referentes al género, no siendo, éste, un elemento esencial de invalidación categórica y manifiestamente necesaria para imponer esa invalidación, se comportan, de manera indudable, como dogmáticos recalcitrantes e irrecuperables. Personas cuyo  juicio, respecto de algo o alguien, trasunta, por si sólo, un criterio de indiscutibilidad, negado a toda discusión, por arbitrario; represores dentro de cuyas mentes la predisposición al debate –que es discusión lógica– fundado en la razón que permite el acuerdo, no existe como idea germinal conciliatoria. Eso así, por cuanto no existe manera ni fórmula capaz de justificar tal negación cuando el género del cual se encontrara provista la persona que pretende actuar (femenino siempre, en este caso) permitiera la realización perfecta, por lo natural de ese hecho, el negado a quién pretende concretarlo.

Norma de algún derecho humano –clerical o no– debería tratar esta injusticia sin necesidad de petitorio alguno. Injusticia que no emana de Dios, pues Dios es justo por naturaleza. No lo digo yo solamente (así se expresan, también, los que manifiestan saber de Dios), sino que por el contrario, emana desde algunos seres humanos de sexo masculino, que interpretando conjeturalmente signos y hechos acaecidos en épocas remotas -de costumbres acordes con las circunstancias imperantes en ese entonces- establecieron para sí, y sólo para sí, el poder salvítico de reconciliación religioso, concerniente a la redención de las almas. Considerándose, cada uno de ellos, en su exclusiva calidad de intermediarios incuestionables de Dios, hasta hoy, e insustituibles en virtud de un Estatuto-Ley-Bula o Dogma que impuso al género masculino, en forma expresa, la limitación concerniente al ejercicio de esa calidad. La de intermediario exclusivo en la salvación. Esos mismos hombres u otros con idénticas características personales y de mentalidad similar, establecieron de ese modo pero en otro orden de cosas, el “Poder Protector Político”, relacionado con la salvación o éxito en la obtención de mejor calidad de vida –o condena por retaceos– en los beneficios relacionados con los repartos terrenales de potencia o impotencia.

Y esto no sólo fue sino que, sin variaciones de ninguna naturaleza, sigue siendo así en todo lo relacionado con el quehacer religioso de la Iglesia Católica Apostólica Romana. Y eso así, por cuanto los varones poderosos de la referida Iglesia, los repartidores de impotencias, los que imponen haciendo respetar las normas por ellos sancionadas, aseguran, sin que los turbe ninguna duda –tal es el grado del poder de sugestión que desde su convencimiento otorgan a la comunidad humana– que la cura del alma por medio del perdón proveniente de Dios, sólo se encuentra en ellos, los consagrados con expresa determinación limitante de género. Dicen: “Deben ser varones los herederos únicos y universales, a su vez, de los primigenios doce apóstoles, también varones todos”. Y… si nos atenemos a las pocas páginas que la historia permitió dejaran escritas los evangelistas que redactaron testimonios variados de los hechos acaecidos en las tierras recorridas por Jesús, vemos que fueron sólo cuatro los Libros Sagrados reconocidos como válidos e integrados al Antiguo Testamento como continuadores del mismo. Y, a partir de todo lo aquí dicho podemos, entonces, asegurar otra cosa más: Que, esos escasos textos expresados en esos Evangelios, fueron redactados sin expresiones de limitación de género ni consideración alguna respecto de la posible actitud de las mujeres relacionada con la necesidad imperativa existente de perpetuar la Buena Noticia, mediante su difusión. En general la indiferencia respecto de las mujeres pareciera haber sido ofrecida al público lector de esa y de todas las épocas, a través del silencio impuesto acerca de sus posibilidades como seres libres, ya que todo lo que a éstas les concernía se desarrollaba intramuros del hogar.

Ahora bien: No debemos olvidar, respecto de la Iglesia, lo indiscutible por innegable: Que, actualmente, no contamos con todo el material, ya que muchos de los Evangelios escritos en aquella oportunidad, considerados textos de descarte, fueron condenados por los teólogos de los inicios del Cristianismo a perecer, atento a que no fueron reconocidos, por ellos, como dignos de trascendencia. No olvidemos tampoco: que con respecto de una buena parte de los salvadores políticos descriptos ya, podríamos repetir todo lo dicho. Eso, atento a que la ley todavía para muchos de ellos proviene de las emanaciones del espíritu de Dios. Así se expresan ciertos textos de algunas legislaciones para justificar su indiferencia. ¡DIOS NOS LIBRE DE ESA LEY! La que niega a la mujer el derecho de ser persona.

Transcripción del Capítulo VI de la Novela de la Virgen: La Virgen reitera petitorio
Se dijo ya que algunos varones interpretando conjeturalmente signos y hechos sucedidos en épocas

remotas limitaron al género femenino, en pleno, excluyéndolo del ejercicio del poder salvítico. Bien. Conjeturales fueron esas interpretaciones, tanto como conjeturales resultaron ser las imágenes que la plástica (dibujos, láminas, óleos y esculturas) echó a rodar por el mundo para que entrara a los hombres, por la vista, la imagen de Dios, abstracción por excelencia, en la figura de mi hijo: Jesús. También siguen siendo así las cosas y los hechos, impuestos y aceptados (plástica en medio) en todo lo relacionado con el quehacer político vigente en ciertas y extensas regiones del planeta (cercano, medio y lejano oriente y en especial en ciertas regiones del África).Creo, profundamente, que ha llegado la hora de dar a conocer mi palabra, sea oral o escrita. ¿Literatura? Expresada, esta última, como testimonio atesorable en las páginas de un libro. Y todo para que la palabra redimida por medio de la literatura justamente –poderosa herramienta testimonial primigenia de interpretación de situaciones y fenómenos– consiga perdurar en el tiempo, por el perfecto uso que ella propone, libro en medio. Y con la puesta en marcha de ese sutil deslizamiento de la línea del olvido, concretado siempre hacia delante; siempre hacia los confines del futuro.

Como final de este artículo les ofrezco el poema obrante en la página 82 de la Novela.
Preguntas de las amigas de la Virgen al Ángel de la Anunciación
Amigas de María:
¿Es verdad que ha de ser un Dios muy serio?
¿Que intentará salvar a los mortales
sin revelarles nada del misterio,
sumidos como están entre sus males?
Ángel: … (No se lo escucha)
Amigas de María:
¿Es verdad que ya estando todo escrito
inútil ha de ser que no aceptara;
que ese “no” sin sentido, como un grito
llamaría a quien la reemplazara?
Ángel: … (No se lo escucha)
Una de las Amigas:
Eres ángel no Dios; te doy la mano.
Y aunque sé que no adviertes de antemano
que es posible que encierre una injusticia
este hecho será la gran noticia.
Amigas de María:
¿Crees que algún día se llegue a saber
por qué en su momento Dios no fue mujer?

CORTÉS  PREPARANDO  EL  GOLPE  FINAL  A  TENOCHTITLÁN

    Por Jaime Octavio  Solís Robledo   (México)

Mencioné en mi artículo anterior que a partir de enero de 1521 Cortés empezó a estrangular a la capital del señorío azteca y a someter a sus aliados o súbditos cercanos a esa ciudad. Reseñé además algunos enfrentamientos militares con grupos de mexicas o aliados de estos. Factor importante para esta empresa fue la actuación de Gonzalo de Sandoval, joven e intrépido subordinado del capitán español. En el mes de marzo de 1521 los castellanos amplíaron su dominio hacia el sur de Tenochtitlán. Cedo aquí la palabra a mi fuente de consulta HUGH THOMAS:

“De esas escaramuzas de Sandoval, la más importante se libró en marzo y le abrió una zona templada al sur del Popocatepetl, hasta casi Cuauhnáhuac (Cuernavaca actual)… “el tlatoani de esta ciudad era miembro de la familia real mexicana y su posición era superior a la de otro diecinueve tlatoanis de la provincia de Tlalhuic… “Enviaban sustancioso tributo al señor de Texcoco… “se cultivaba algodón y era de gran importancia estratégica… “Había una guarnición mexicana en esa región densamente poblada en 1521”…

“Con doscientos hombres, veinte jinetes, una docena de arcabuceros, unos cuantos mosqueteros y el apoyo aproximado de mil aliados de Chalco y Tlaxcala, la expedición de Sandoval se dirigió al umbral  desta tierra encantada” -sigue diciendo Thomas. Sometieron con saña Oaxtepec, pero en Yecapixtla tuvieron una fuerte resistencia; Sandoval dirigió el ataque que fue devastador. “Luego regresó a Texcoco con un enorme botín compuesto sobre todo de mujeres bonitas y con una sola baja”.

Estando en Texcoco, Cortés recibió la solicitud de ayuda por parte de sus nuevos aliados  de Chalco, pues 20 mil aztecas habían llegado para recuperar esa ciudad. El jefe español envió otra vez a Sandoval a defender a Chalco, pero cuando llegó sus habitantes habían rechazado a los mexicas a costa de muchas vidas. Al respecto, amplía HUGH THOMAS:

“No obstante, el 25 de marzo, o sea diez dias más tarde, hizo falta el socorro de los castellanos contra el ataque de otro ejército mexicano; en esta ocasión, Sandoval permaneció allí varios días. Retornó a Texcoco con cuarenta prisioneros a quienes Cortés interrogó. Por ellos supo algo de las intenciones de Cuauhtémoc y, sobre todo, que planeaba ir al fin de la guerra. Les preguntó si había alguien entre ellos que pudiese llevar un mensaje a Cuauhtémoc en el sentido de que los mexicas se sometieran al rey de España, como ya lo habían hecho anteriormente; que no deseaba aniquilarlos sino ser su amigo y encaminarlos hacia el Cristianismo. Los embajadores temían que, de volver con tal mensaje, los matarían. Finalmente dos prisioneros regresaron, escoltados parte del camino por cinco soldados de caballería. Por única respuesta, Cuauhtémoc intentó atacar nuevamente Chalco. No se conoce el destino de los emisarios.

Ciudad de México, 12 de marzo de 2021.   

POESÍA Y FILOSOFÍA
 Beatriz Villacañas
Madrid-España

La dicotomía pensamiento- emoción es una planta de raíz muy frágil. El pensamiento y la emoción forman un todo que es la base del auténtico conocimiento. La Poesía nos lo viene diciendo desde hace siglos. Y la Filosofía, a su manera, también. La mejor Filosofía es aquella cuya palabra no es sólo inteligible sino sugerente. Bien sabían Ortega y María Zambrano que la Filosofía es más que racionalidad. Por su parte, la Poesía es no sólo emoción, sino conocimiento. Todo filósofo que llega al fondo sabe que después hay otro fondo, y otro después. Y así sucesivamente. Cada descubrimiento alimenta un enigma nuevo. Y aquí entra, una vez más, la Poesía. ¿Acaso no era el filósofo Nietzsche un poeta? Y Calderón y Shakespeare (dramaturgos, sí, pero sin duda poetas) y el poeta Goethe ¿no eran a su manera   filósofos? Por lo demás, quién como Dante para unir la música del verso y la Teología.

Los grandes filósofos no pueden prescindir de la poesía porque saben que todo avance en el raciocinio termina desembocando en el misterio. Y la Poesía (con mayúsculas, la que está fuera y dentro de la palabra, la que está en un cuadro de El Greco o en unas manos que hacen pan), aunque no explica el mundo, da fe de su misterio. Y, paradójicamente, se nos manifiesta como conocimiento revelado, como epifanía de la belleza y el dolor, de lo vital y de su íntimo secreto. Una de las grandes paradojas de la Poesía es que da fe del misterio del mundo y es, a la vez, conocimiento revelado: la Epifanía que nos muestra que todo lo revelado proviene de un secreto original.

He escrito en algún sitio que el filósofo es un poeta lento. El filósofo busca y el poeta a menudo encuentra sin saber lo que busca. Pero todo filósofo grande termina colisionando con la Poesía. Y esa colisión casi siempre se traduce en un estallido de lúcida belleza. A su vez, el poeta filosofa, no necesariamente planteándoselas a priori, sobre lo que se ha venido llamando “las grandes cuestiones”: las perennes, las que generan dudas y fe, y pasión y dolor y van unidas a la vida, pues son la vida misma. ¿Acaso no escriben poetas y filósofos sobre las mismas y sempiternas cosas? La vida, la muerte, el amor, el mundo, el sufrimiento, el espíritu y la materia, la trascendencia, el lenguaje. Ambos, poeta y filósofo, transitan por el mismo bosque siempre transitado y siempre misterioso.