CRÓNICAS, ARTÍCULOS Y ENSAYOS

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Enero  2.020  nº 27
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AL SERVICIO DE LA PAZ Y LA CULTURA HISPANO LUSA

 

LA VERDAD PREVALECE
Lola Benítez Molina
Málaga (España)

Como dice acertadamente el filósofo francés Claude Adrien Helvétius: “La verdad es una antorcha que luce entre la niebla, sin disiparla”.

            El que sucumbe ante la falsedad, sin importarle más que su propio ego, caerá en las redes de la incertidumbre, que siempre es mala consejera. La razón y la cordura deben predominar en aquellos que se llaman a sí mismos trabajadores por la justicia y la libertad. Palabras equivocadas, que caen viles ante la ignorancia, que crean caminos polvorientos de confusión y oscuridad. La luz volverá a brillar cuando la bondad impere. La impotencia no entra en el vocabulario de esta gente.

El paso del tiempo resplandece con la verdad. La infamia crea noctámbulos desorientados entre pisadas confusas de sinrazón.

El escritor americano John Steinbeck (1902-1968) supo reflejar con suma veracidad, y de manera magistral, la realidad social de los Estados Unidos durante la Gran Depresión. Por su notoria trayectoria obtuvo el famoso Premio Pulitzer de Novela en 1940 y le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura en 1962. Entre sus obras cabe destacar “De ratones y hombres”, “Las uvas de las iras”, “Al éste del Edén”, “La perla”, entre otras.

Durante la Segunda Guerra Mundial fue corresponsal de guerra en Europa para “The New York Herald Tribune”. Considerado como uno de los grandes de la corriente naturalista o del realismo social americano, con un lenguaje directo y sin artificios, constituye, sin duda, uno de aquellos hombres que pretenden que la verdad no se olvide y constatan fehacientemente aquellas injusticias que viven y que quisieran subsanar para que la historia que se construye, segundo a segundo, no sea olvidada, como muchos pretenden, y otros se empeñan en modificar a su antojo.

Otro escritor contemporáneo es el húngaro Sándor Márai (1900-1989), quien refleja, también, en sus novelas la época entre guerras que le tocó vivir y analiza sabiamente los sentimientos y las relaciones humanas de ideales humanistas. En su famosa novela “El último encuentro”, en la que el protagonista quiere conocer dos preguntas que se ha hecho a lo largo de su vida, profundiza en valores como la amistad, el honor y la fidelidad. Los derroteros de su vida y de la época lo llevaron, a finalizar la última etapa de su vida, a Norteamérica, primero Nueva York y por último San Diego. La pérdida de su esposa y de sus seres queridos, junto a las expectativas que se le avecinaban, y ante el deterioro irrefrenable de su salud, decidió quitarse la vida.

Para concluir, añadir una frase de Jean Paul Sartre: “Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad”.

EL SÍMBOLO DE LOS NAVEGANTES
Esc. Hugo L. Bonomo
Argentina

Seguramente, y más aún en esta época de las imágenes, usted habrá visto infinidad de símbolos que ocupan remeras, autos, camperas y hasta pieles propias, de seres que tratan de evidenciar sus inclinaciones, sus adhesiones o su personalidad, imprimiendo sobre las partes exteriores de sus prendas o de sus cuerpos, figuras o animales que su poseedor cree que tienen algo que ver con él.

Así las señoritas se tatúan en sus cuerpos hipocampos, serpientes, arañas, mariposas, florecitas, estrellitas o alguna otra imagen que, de acuerdo a su personal saber y entender exterioricen lo que sienten o tienen adentro.

La ropa es menos elegible, ya que, generalmente las gráficas están regidas por el merchandising de las multinacionales y su variación pasa por decidir a quien hacer publicidad.

Los vagos prefieren mostrar sus simpatías futboleras masivamente, en menos número la

NBA y los más high o exóticos, marcas de autos polenta, gente que tenga que ver con alguna especie de arte o mensajes ecológicos que, si no es un regalo, demuestran una faceta sensible del usuario.

Ultimamente han aparecido remeras con algunos motivos náuticos, fundamentalmente relacionados con costas o lugares paradisíacos o nobles que, casi siempre, las compran quienes tienen fantasías sin horizontes y límites terrenales muy acotados y que, por supuesto, no saben de que se trata ni entienden lo que dicen porque está escrito en otro idioma.

Paradójicamente, esta gente que, tal vez, nunca estuvo sobre el agua ni a bordo de un barco elige imágenes de mares infinitos y lugares casi inalcanzables, exteriorizando su visión lanzada allende los mares a bordo de naves que, con su sola figura, comunican situaciones ubicadas muy lejos de la tierra.

Pero el símbolo náutico por excelencia, el que desde siempre ha precedido la testa de los marinos antológicos y ha identificado a los héroes de las batallas navales, ha sido el ancla.

De acuerdo a los rangos, especialidades, naves, regiones, tradiciones, pretensiones o posibilidades el ancla es azul, negra, plateada, dorada o de plata u oro y, seguramente, habrá con piedras preciosas engarzadas. Tendrán una cadena, cabos, sol, escudos de armas,   de regiones o países; armas, palomas, alas… y, en algunos casos, se apela a un segundo instrumento que, al entrecruzarse con la primera, exige que ambas estén inclinadas. Se puede pensar que el gestor de esta variante haya sido uno de los que cree que la figura del ancla vertical trae mala suerte y, tal vez sea esta misma razón la que hace que al ancla, a pesar de ser femenina, se la nombre “el “ o “un”.

El caso principal, y además el tema que justificó todo este desarrollo, es que el ancla es la antítesis de la navegación. Un barco inmóvil no navega.

De todos los elementos que constituyen la maniobra de un barco, el único que lo inmoviliza y lo liga a la tierra es el ancla. Desde alta mar a un rumbo que devuelve a la nave a su medio más antinatural y al hombre a su habitat, podemos trazar un imaginario derrotero de elementos o situaciones; ancla, fondeo, muelle, puerto, varadero. Y en cualquiera de estas situaciones, y desde la inicial y más leve propiciada por el ancla, el barco no navega.

Seguramente el hombre ante la inseguridad de su frágil existencia, al decir de Walt Whitman, busca auxilio debajo de la suela de sus zapatos; cosa que, materializada, es perfectamente posible en cualquier lugar sólido de la tierra pero imposible encontrándose sobre el agua.

El hombre, después de ser pez, pisó la tierra, se acostumbró a ella y se hizo terrícola. Cuando vuelve a su antiguo elemento, a pesar de su decisión de surcarlo, es como si no quisiera cortar el cordón umbilical que lo une al cuerpo que lo cobija proporcionándole seguridad, y el único elemento que lo une a la tierra es el ancla.  

Pareciera que la posibilidad de tener fantasías implica estar lo más alejado posible de la realidad.  

GRAVE OFENSA DE NETFLIX
Por Antonio Camacho Gómez
Argentina

    “Paren el mundo que me quiero bajar”. Cualquier persona con sentido cabal de la ética y la moral, intercomunicadas, compartirá esa expresión simbólica que traduce el disloque de un orbe en el que se han perdido los principios fundamentales del humanismo  e imperan los poderes políticos y económicos que establecen el culto al dinero, la inequidad y la injusticia. ¡Qué  lejos están sir Tomás Moro, Erasmo de Rotterdam y Luis Vives! Por no hablar de infinidad de santos ejemplares, de los miles de mártires -escribí en el diario El Litoral un artículo al respecto-  que ofrendan sus vidas en misiones en las cuales la muerte es para ellos el tránsito de una vida a la verdadera -es lo que ocurre, es la clausura temporaria de la existencia. Todos ellos son faros de luces que iluminan el camino de una sociedad planetaria carcomida, cuando no erosionada y gravemente, por tanta prepotencia, desapego al derecho  y conculcamiento de la verdad. Tanto por las grandes potencias como por las pequeñas, en un maridaje de extravíos y abusos que los organismos internacionales obligados a corregirlos se ven incapaces de hacerlo.

    Este introito viene a cuento porque nuevamente el cristianismo, tantas veces acosado, vilipendiado, asesinado por defender las razones trascendentes de la vida, la que brota                                    como un manantial de agua viva de su Fundador, ha sido vilmente ofendido por una empresa que impera en las redes sociales y, en general, en los medios audiovisuales. Como antes lo realizó el oportunista y mentiroso escritor Dan Brown poniendo a Cristo como protagonista de hechos escandalosos y situándolos como auténticos en lugares que la BBC de Londres demostró que eran falsos, ahora Netflix comete un atropello que ofende a más de mil trescientos millones de personas. Se trata del especial que ha lanzado por estos días con el titulo Canción navideña y en el que aparece Jesucristo como gay teniendo sexo con el diablo, y la Virgen en un acto que me da vergüenza exponer y a los apóstoles como una banda de borrachos.

    Si los blasfemantes de aquélla han querido efectuar una humorada resulta de tan mal gusto que, sin dudar, corresponde considerar como incalificable. Ya sabemos lo sucedido en Francia con los musulmanes al burlarse una revista de sus creencias. En cuanto al débil argumento de libertad de expresión, totalmente falaz, ésta tiene límites justiciables. ¿Es dable y lícito injuriar? ¿Se debe permitir la burla a los sentimientos religiosos de una comunidad internacional? “Señor”, por ser generoso así lo trato, Reed Hastings, fundador  y CEO de Netflix;  señor Jeff Hensien, jefe del Servicio de Atención a los Consumidores de Netflix, y señor Ted Sarandos, responsable de sus contenidos, en qué  universidad estudiaron? ¿Dónde aprendieron educación y respeto? ¿En base a qué derecho ofenden gratuitamente sin pensar, o sí, en el daño que causan? Su irresponsabilidad tan crudamente manifiesta es desde todo punto de vista, reprobable. Aún más, merece la desvinculación de todos los cristianos y la crítica sin tapujos ni medias tintas del periodismo digno. Cuya misión no es sólo informar, sino también formar, educar en el mejor sentido de la palabra.

    En el maremágnum ecuménico es imprescindible que, más allá de ideologías, partidismos y grupos de presión movidos por intereses cuestionables, se levanten las voces serenas, pero firmes y enérgicas de quienes defendemos contra viento y marea , aunque parezca utopía, el humanismo, la solidaridad, la pacífica convivencia, el diálogo interreligioso, la libertad de pensamiento constructivo, la ética y la moral.

    El autor de este artículo es avalado como periodista por los académicos, colegas y grandes novelistas Jorge Fernández Díaz (La Nación, Radio Mitre) y Arturo Pérez Reverte (RAE) España.

A

MOR AL HOMBRE
Esc Profesor Adrián N. Escudero

Argentina
Nota: Viene de PARTE UNO/TRES – Nº 26 DICIEMBRE 2019:
PARTE DOS/TRES

 

“… No se sirve a ideas, sino que se sirve a las personas” (Papa Francisco, La Habana, Cuba – Homilía 21-09-2015).
“… Todo hombre es una señal habitable, / es un cosmos, es dios en su seno, / es la terrible soledad de saberlo, / es la libertad invernando, / es la duda que mora en la respuesta, / es la verdad inconclusa, / es un cielo a dibujar, es una luna no conquistada” (Oscar A. Agú – Escritor argentino n. 1947).

 

Es que los hombres corruptos rechazan de plano el amor de Dios, “y este rechazo los (lleva) por un camino que no es el de la dialéctica de la libertad que ofrecía el Señor, sino el de la lógica de la necesidad, donde no hay sitio para el Señor. En la dialéctica de la libertad –afirma el Santo Padre- está el Señor que nos ama tanto (…). En cambio, en la lógica de la necesidad se debe hacer, se debe hacer, se debe… Se han vuelto ´comportamentales´. Son hombres de buenos modales pero de malas costumbres. Jesús los llama ´sepulcros blanqueados´ (Mt. 23-27) (…), por fuera se ven lindos, pero adentro están llenos de osamentas y otras podredumbres”, concluye el Sumo Pontífice. Algo similar sucede cuando el hombre, aunque parezca no rechazar prima facie a Dios, manipula arteramente el significado y alcances de la Buena Noticia, modelando el Evangelio a su exclusiva y particular conveniencia. Esta distorsión constituye también una blasfemia contra el Espíritu Santo. Y como tal, exento de perdón y redención.

Por ello, cada hombre devenido en cristiano, al ser llamado a la Perfección en el Amor, está urgido en consecuencia a la Santidad de Vida, a la plena confianza en su Voluntad y en sus misteriosos designios. Reiteramos: el hombre realiza lo posible. Dios lo imposible. Sólo… «Basta que creas», y te será concedido y en la medida de tu fe en obras. Es claro, la relación humana se torna compleja y muchas veces impredecible porque el hombre es, ni más ni menos, desde su fragilidad, imagen y semejanza de Dios. De allí su inconmensurable complejidad… Más, también, sujeto de los enormes dones que conlleva esa distinción como especie universal y creatura adoptada filialmente por su Creador.

San Agustín, que sufrió mucho antes de toparse con “el esplendor de la Verdad” (Papa Benedicto XVI), de la Única Verdad, de la Verdad verdadera que urge, desde el Absoluto, a la Santidad, a la Verdad reposada en la invariable razón y certeza de los hechos, en la absoluta demostración de la fe obrada con rectitud de corazón y pureza de intención -y más allá de cualquier relativismo interesado-, aconseja: «Conócete a ti mismo». ¿Pero cómo puedo conocerme a mí mismo, sin conocer antes a Quien me dio la vida y me impulsa a preguntar: “¿Quién soy? ¿Adónde voy?”.

Conociendo a Dios y descubriendo que Él es Amor en la revelación hipostática de la persona de Jesucristo, Verdadero Dios y verdadero hombre, e imagen visible del Dios Invisible, podemos interpelarnos, en principio, a nosotros mismos: “Sí: ¿Quién soy; quiénes somos para que todo un Dios se ocupe y preocupe por nosotros? ¿Adónde voy conforme sus designios tatuados en los signos de los tiempos?”.  Y así, en nuestra dura cerviz y torpe debilidad podremos comenzar a elucubrar el inteligente tablero de nuestras fortalezas y debilidades, de nuestras crisis y oportunidades –o Teoría del Planeamiento Estratégico-, y de iguales elementos en el prójimo. Pero ateniéndonos a dos grandes preceptivas o proposiciones en torno al actuar del hombre y sus consecuencias, porque está escrito: «Por los frutos los (se) conocerán». Pero también está escrito, como escudo contra nuestra posible soberbia o dialéctica meramente comportamental a que aludía el Santo Padre, la siguiente sentencia: «No juzguen, no serán juzgados. No condenen, y no serán condenados».

“¡Hay contradicción en ambas proposiciones!”, gritará el mundo exacerbado. Pero quien está en el mundo pero no es del mundo porque ha comprendido el sentido y alcance de la Buena Noticia, sabe que el hombre debe amar al hombre, a su egregia persona, a todo hombre sin exclusión alguna, “privilegiando a los pobres (esto es, a los débiles, a los carenciados material y/o espiritualmente) y perdonando a los que nos ofenden”, “aborreciendo al odio y construyendo la paz” con la “sabiduría del diálogo y la alegría de la esperanza que no defrauda” (cit.: Oración por la Patria Argentina); mas en lucha contra el error, la ignorancia y el pecado que contamina de íntima suciedad ética a ese hombre y, por ende, a la sociedad de la que forma parte en modo insustituible e imprescindible. Porque cada ser humano es único e irrepetible, y no existe revelación divina que justifique los sofismas de las reencarnaciones sucesivas.

Ahora bien, el juicio que el hombre establece sobre el hombre, no recae en su persona. Eso es atribución única del Único y Santo Juez. El juicio humano sólo prevalece en las conductas humanas, y no en la persona del hombre en sí misma. Es por ello que resulta necesariamente posible (aunque para “algunos” sea imposible) amar a todo hombre. Amar al hombre. Quien ama al hombre como tal se ama a sí mismo, y ama a quien lo creó para la vida y Vida Eterna.

Hay sobre el particular una indiscutible enseñanza del Dios con Nosotros, del Emmanuel, registrada en el pasaje evangélico que narra el caso de la mujer adúltera. Detenida in fraganti, acusada sumariamente y pronta a ser apedreada por las costumbres judaicas de la época, Jesús alerta: “Quien esté libre de culpa, arroje la primera piedra”.  Y está escrito que todos, comenzando por los más ancianos, se fueron retirando del lugar previsto para la ejecución decidida en sumario juicio y según los preceptos mosaicos.  Entonces, ya sólo Dios con el hombre-mujer (en este Tiempo de Misericordia que resulta para la Historia Humana esta tierra de goces y dolores, precedente y primicia del Tiempo de la Justicia Final), ya sólo el hombre-mujer con el Dios Viviente encarnado como dulce peregrino de voces y silencios, se revela la diferencia entre el ser humano y el pecado, y la forma en que obra la Justicia con Misericordia del Dios Amor Ofrenda:

… “Mujer, ¿dónde están aquellos que te condenaban”? “No están Señor; se han ido”. “Pues yo tampoco te condeno; vete, pero no peques más”. “… pero no peques más”; “… pero no peques más”. Sí, Dios es compasivo; compasivo, esto es, ni tonto ni necio. Sabe ponerse en su lugar y comprende al pecador pero no trafica con el pecado. Y da oportunidades como las que sugiere conceder al hombre consigo mismo y para con otros hombres la Oración por excelencia: El Padrenuestro, cuando el que ha caído en las garras del error, la ignorancia o el pecado, suplica contrito a Dios: “… Y perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden”. “Porque en la misma medida que ustedes juzguen, serán juzgados”…. Ya en el Juicio Final, en el Tiempo de la Justicia Divina, y por los méritos de Cristo Jesús, su Divina Misericordia brillará también para toda alma conversa por la economía de su salvación; más será inapelable (en Justicia) para la arrogancia, soberbia o corrupción de espíritu (“… Tuve hambre y no me dieron de comer. Tuve sed y no me dieron de beber…”).

Hoy día, el Todo Vale (en las relaciones conyugales, en el Don de la Vida, etc.) del Progresismo Malthusiano que agrede y contrasta, como nunca, con la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), y, por ende, con el Bien Común, trae muchos males ejemplos y consejos a evitar: a veces, hasta en una lucha Quijotesca –misión del escudero- que molesta al Mundo, pues el cristiano está en el Mundo pero no es del Mundo. Sobre el Amor y la Familia, Exhortación apostólica “Amoris Laetitia’ (La Alegría del Amor), elaborada recientemente por el Papa Francisco, Dr. en Humanidad, sostiene tres ejes vitales para la supremacía y subsistencia, por ejemplo, del AMOR CONYUGAL:  1) “El amor sin placer ni pasión no es suficiente”; 2) “Cada uno es para el otro una permanente provocación del Espíritu”; y 3) “Quien no se decide a querer para siempre es difícil que pueda amar por un día”. El amor es, entonces, y para todo caso –no sólo para lo conyugal- una “provocación” del Espíritu. Por eso, si hay Amor Ofrenda, no habrá soberbia alguna en la firmeza con se afronte el encuentro con la Verdad, y en lucha contra El Que Miente y Divide, Satanás.

Más retomando el consejo agustiniano sobre el conocimiento, digamos que no basta conocer a Dios sólo con la mente para luego conocernos –también con la sola y restringida razón- a nosotros mismos. Esto es, resulta insoslayable, imperioso, preciso y precioso, abrir hondamente el corazón y dejarlo penetrar por la Gracia. La Gracia es como el perfume del divino Amor Ofrenda que nos lleva, inexorablemente, por tres caminos que convergen en virtuosa congruencia a la Santidad de vida y a la Salvación del alma: la Oración, la Celebración y la Imitación (Papa Francisco):

… La Oración o diálogo (reiteramos: “sabiduría del diálogo”) amoroso y primario con Dios Amor: ello, para alcanzar su consecuente ejemplo en el plano humano, pues quien ama a Dios, se preocupa y ocupa –como Dios del hombre- de su prójimo “No amemos de palabra, sino con obras y de verdad” (San Pablo). La Celebración Eucarística o presencia inefable de ese Dios viviente en las esencias consagradas del pan y del vino, “fruto del trabajo y del esfuerzo de los hombres” (CP) y alimento para la vida y Vida Eterna. Y la Imitación Crística, a la que viniéramos aludiendo: “El que quiera seguirme, niéguese a sí mismo; tome su Cruz y sígame”. Porque serán “Felices los que escuchan la Palabra de Dios y la practican”, exclamará Jesús.  O en traducción del apóstol Santiago: “Muéstrame tu fe sin obras; yo te demostraré, con obras, mi fe en Dios”. Se trata de una Trinidad de Medios enderezada rectamente hacia la Santísima Trinidad del Dios Amor.

La Gracia es el Espíritu Paráclito Jesucristo, Sanador y Redentor del Mundo (del Universo todo), del Sabio de sabios, Maestro de maestros y Doctor de doctores, que alerta: “Sin Mí nada pueden”. Y es cierto. Si nuestro ser no es poseído por el Supremo Bien, que es el Todo en todos, alguien lo ocupará. Y entre la N(n)ada y el S(s)er, no habrá diferencia explicable alguna: las tinieblas de un eterno ocaso se cernirán sobre la Conciencia, y N (n)adie podrá explicarse ni por qué ni para qué se encuentra vivo.

Continúa: Parte III/III (Final) – Nº Febrero 2020

 

EL AUMENTO DE LA DELINCUENCIA EN ESPAÑA
Eunate Goikoetxea
España

Uno de los temas que preocupa a la comunidad internacional es el aumento de la delincuencia sin que hasta el momento, existan leyes que realmente sean capaces de combatirla.   “La inseguridad ciudadana es un tema candente en el seno de UE. Los índices de criminalidad se han disparado. Los ciudadanos tienen una percepción subjetiva que les indica que el medio en el que viven se ha vuelto más inseguro y que existe una especie de inmunidad e impunidad consensuada en este punto. Las opciones políticas en el poder o la oposición se encuentran desbordadas al quererse mantener políticas penales dibujadas para una sociedad muy alejada de la sociedad real en que nos movemos azotada por los problemas de inmigración, delincuencia juvenil, marginalidad, violencia cotidiana…Y ante todo surge la pregunta, teñida en el caso del ciudadano común de impotencia, de ¿qué se puede hacer? El ciudadano palpa la inseguridad porque un elevadísimo porcentaje de esos delitos le afectan directa y diariamente. Son los robos con violencia o sin ella, los tirones, las violaciones, la ocupación de viviendas etc. que por desgracia se han hecho habituales en determinadas zonas del territorio nacional. Allí se han creado, con fundamentos, una psicosis que esta convirtiendo a los españoles en presos en sus propias casas, donde son ellos, las personas normales, los que se refugian tras los barrotes mientras tienen, cada vez más, la sensación de ser abandonados por la mano del Estado, conculcándose así la base de la convivencia, es decir, el Estado de Derecho. Fruto de la percepción preocupada del ciudadano, de los primeros atisbos de reacciones independientes de defensa de la propia sociedad civil, fue la presentación por parte del gobierno del llamado «Plan Integral contra la Delincuencia», escoltado con frases más o menos rotundas de cara a la galería, pero cuya aplicación requiere, si seguimos el texto, tanto tiempo que probablemente no sirva más que para parchear una situación que, lejos de remitir, cada vez parece más preocupante. España es el país de la UE donde se ha producido un mayor incremento de la delincuencia.

La tasa de criminalidad se ha situado en torno al 5% y aunque todavía está lejos de las tasas de Alemania o Francia, nada indica que la línea de crecimiento se pueda quebrar. A diferencia de países como Francia, Alemania, Holanda… en el caso español asistimos a una aceleración debida, principalmente, al incremento de la marginalidad y la inmigración legal o ilegal en poco más de una década, mientras que en esos países la línea de crecimiento se inició a finales de los sesenta coincidiendo con las primeras oleadas migratorias extraeuropeas. Dentro de esa delincuencia que alarma al ciudadano destacan cinco modelos de delincuencia que se han establecido en nuestra sociedad y que le afectan directamente.

1.- La delincuencia provocada por la inmigración: es quizás la que más se ha desarrollado en los dos últimos decenios y España no ha sabido o no ha querido tomar medidas preventivas ante el ejemplo de lo sucedido en países como Francia o Bélgica. Los poderes públicos han tenido que reconocer, muy a su pesar, que el pasado año la inmensa mayoría de los detenidos por delitos han sido inmigrantes. De ellos, la mayoría, de raíz afro-magrebíes. Sectores en los que a la marginación se suman las claras diferencias etnoculturales que hacen muy difícil, por no decir imposible, la inserción real de esta población.

2.- El desarrollo de la violencia escolar, que en España que va en aumento y  demanda la toma urgente de medidas para evitar su eclosión. Ahora aún nos movemos en el espacio de los pequeños robos en los Centros, en el de las amenazas y la agresión verbal a compañeros y profesores ,la física que ha aumentado , y en el de la aparición del chantaje y la extorsión.

3.- El incremento de la delincuencia de los menores organizada en bandas cuyos objetivos son los pequeños robos a personas y comercios, muy relacionada, además con la violencia escolar.

4.- La lenta aparición de zonas de exclusión para la ley y el orden. Zonas donde no rige el Estado de Derecho y las intervenciones policiales se reducen. A los espacios tradicionales de este tipo de delincuencia se suman ahora las zonas dominadas por bandas o convertidas en guetos. También España se encuentra, en este campo, en los primeros compases de su expansión, pero si no se corta el ritmo de crecimiento de la delincuencia, estas zonas se convertirán en una realidad en todas las ciudades españolas de importancia.

5.- La violencia doméstica, fruto de la caída de valores de la sociedad occidental y en especial de los valores humanos en la española. Frente a esta situación sólo cabe la reacción de la sociedad civil que espolee al poder público a intervenir de forma decisiva, pero para ello es necesaria la información diaria de una realidad que el ciudadano percibe desde su subjetividad.

6.- En los primeros seis meses del año,2019 delitos sexuales, contabilizados por Interior desde el año 2016, han vuelto a crecer en toda España en un 12%.

Más de mitad de las 125 violaciones grupales fueron perpetradas por grupos de dos o tres varones y el 75,2% por grupos de hasta cuatro hombres. Y uno de cada cuatro agresores eran menores de edad, mientras que entre las víctimas este porcentaje sube a una de cada tres. También cabe destacar que el 12% fueron pornificadas, es decir, que consta al menos una fotografía o grabación de la víctima. 

Así las cosas es auténtico absolutismo del libertinaje, que nada respeta. El que quiera liberarse de la «Libido reprimida» juzgará lícito cualquier medio para conseguir ese fin .

Creo que hemos llegado a esta situación porque vivimos en una sociedad permisiva, La sociedad permisiva es una sociedad falsamente libre, pues todo permite y nada garantiza. Por eso en ella prospera la delincuencia organizada, se propaga la droga las violaciones y otros males .

 

”JUSTICIA Y VIOLENCIA » LA NUEVA CULTURA»
Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón
Argentina

Se mata por matar; se ataca por dañar.  Feliz el que es asaltado sin agresión.

Es  imperioso e imprescindible  que los poderes del estado propicien el inexcusable análisis de la endémica violencia que se pone de manifiesto cada minuto como pan nuestro de cada día. En cada semáforo y esquina se siente una realidad de inseguridad. Tal vez  tienen entre sus principales origen la situación socio- económica de muchos desocupados cuyas fuerzas morales están debilitadas o directamente no existen. La violencia actual por otra parte supera el promedio de irracionalidad que caracterizaron estos hechos en épocas pasadas. Anteriormente se perpetraba   en casos psicopáticos puntuales o por reacción violenta del afectado. El robo como ejemplo, consistía simplemente en apoderarse de lo ajeno  sin más trámite. Hoy estas acciones están vinculadas estrechamente a la agresión  violenta sin motivo aparente  y la mayoría de las veces totalmente injustificadas, luego de consumado el hechoSe mata por matar; se ataca por dañar.  Feliz el que es asaltado sin agresión. Por otra parte los delincuentes  son cada vez más jóvenes. En la mayoría de los casos las drogas y el alcohol sirven de incentivo para cometer el delito. A nivel popular se ha tomado conciencia de no ofrecer resistencia al ladrón; no protestar; entregar todas las pertenencias; no mirarlo fijamente; tomando las prevenciones y cuidados que forma parte de la “nueva cultura”  en cuanto al trato que hay que dispensar al delincuente. Sin embargo a pesar de ello los hechos que se   suceden  son cada vez más  cruentos, feroces y sanguinarios. En los últimos años, los medios de comunicación han colmado páginas, parlantes y monitores, de sangre, lágrimas y horror: El estrés en que vivimos y los traumas que sufren las víctimas son indescriptibles. Es claro, la inseguridad atenta contra la integración social. La indefensión y frustración en cientos de miles de víctimas, tiene proporciones gigantescas. Las razones del desastre se resumen en la falta de sistematización de la función penal estatal. No podemos seguir viendo a la policía (fuerza pública), al Ministerio Público, la administración de justicia y las cárceles, como partes aisladas y desarticuladas de tan importante actividad del Estado. El creciente aumento de la impunidad a favor de los delincuentes y la inexistencia de una política criminal consistente, ha sido en los últimos años la respuesta estatal a la victimización de cientos de miles de argentinos. Los dirigentes se han interesado sólo en una de las partes del delito: el delincuente, pero se les sigue olvidando la víctima. Por otro lado, si bien es cierto que la administración de justicia no puede ser lenta, ni irresponsable, hay algo que llama mucho la atención y  es que  la justicia  tampoco puede ser anónima. Debemos rescatar los derechos de la víctima en el derecho penal. No es posible, que ante hechos sumamente graves, los condenados no cubran al menos los daños y perjuicios económicos causados y que disfruten de una serie de beneficios  totalmente inmerecidos.  Se debe actuar con enorme celeridad en estos tiempos aciagos.  Debemos humanizar la función penal del Estado, si queremos disminuir el riesgo de victimización y el  cansancio moral generado por la inseguridad pública y la violencia.  

EL ARTE DE LA BREVEDAD
Por: Gustavo Páez Escobar
Colombia

Son pocos los escritores y los periodistas que dominan la técnica de la escritura breve y comprenden que el lector de la época busca digerir los temas de un soplo, como si se tratara de infusiones milagrosas. El mundo moderno viene en píldoras. Han pasado los tiempos de la lectura reposada que conocieron nuestros abuelos, y hoy se carece de sistemas, de calma y de capacidad reflexiva para detenerse en tratados extensos. Los cien cuentos de El Decamerón (repetidos y fatigantes) resultan impotables para esta época. Bocaccio no calculó la abreviatura de los mundos por venir.

El lector de moda se ha vuelto exigente al máximo y solo se acomoda con la síntesis. Pretende dominar el planeta al vuelo, de un vistazo, y captar en pocas palabras y sin esfuerzo mental el medio ambiente que no siempre sabe interpretar. Es un simple glotón de sucesos. Los comentaristas de periódicos, que cuentan con un público más sumiso que los autores de libros, parecen ignorar, con todo, que se trata de una adhesión superficial, y tan movediza que desaparece con la misma rapidez con que se evapora la entretención de cada día.

Escribir corto, si se quiere despertar por lo menos un inicial interés en los ojeadores de noticias, sería el primer requisito para dar el paso siguiente que es el de la amenidad, sin la que es imposible conquistar simpatizantes. Siendo la concisión y el estilo ingredientes mágicos del buen articulista, no se entiende por qué se desbordan los límites tolerables y se utilizan tonos doctorales y melindrosos que ahuyentan posibles seguidores.

El momento actual lo quiere todo compensado, rápido y ojalá instantáneo. Al público lo fatigan los libros, lo duermen las conferencias, lo aburren los discursos. Se apunta al sermón más corto y al político menos verboso y más expresivo. Un secreto para que los sacerdotes y los políticos consigan adeptos es que hablen menos. Admitamos que las ideas tienen que ser comprimidas para que sean duraderas.

El escritor colombiano Eduardo Caballero Calderón, maestro de la brevedad, nos enseña en sus libros y en sus artículos de prensa el arte de expresar más pensamientos con menos palabras. Otros, en cambio, que incurren en la frondosidad lingüística, enredan tanto la mente entre hojarasca y falsa pedrería que terminan sin decir nada. Lo bueno, si breve, dos veces bueno, dijo Gracián.

Y es que escribir corto y sustancioso (todo un ejercicio mental de disciplina, autocrítica y correcciones a granel) necesita tiempo y sacrificio. Lo largo, en cambio, es por lo general consecuencia de la improvisación y el afán. Flaubert podía tomarse una semana entera puliendo una página hasta darle la densidad deseada, y por eso su obra es inmortal. Margarita Yourcenar gastó 27 años concibiendo, madurando y reformando sus Memorias de Adriano hasta conseguir un texto maestro que es ejemplo de ajustada sabiduría. Ella les da a los escritores este consejo: “Esforzarse en lo mejor. Volver a escribir. Retocar, siquiera imperfectamente, alguna corrección”.

Luis Tejada, en nuestro medio colombiano, supo transmitir su pensamiento en mínimas y talladas frases y nos entregó notas de periódico, de aparente fugacidad, que se conservan como modelo de cátedra insuperable. Juan Rulfo alcanzó, con un solo libro que escasamente pasa de cien páginas, la gloria que otros no han logrado con veinte pesados volúmenes. Un escritor famoso de la época confesaba, ya al final de su carrera, que los libros suyos que más satisfacciones le dejaban eran los breves, pero que en los extensos había puesto sus mayores pretensiones (y puede pensarse que no sus mayores esfuerzos).

¿Por qué, entonces, se abusa de la palabra oral y escrita? ¿No se dan cuenta los escritores y los periodistas farragosos del desperdicio de papel y de la inutilidad de su producto? La velocidad del mundo contemporáneo no permite demasiado tiempo para la lectura, y quienes todavía leen pertenecen a una escasa minoría –por fortuna, minoría selecta–, mientras que el montón vive en otros planetas.

Contra todos estos obstáculos aún nos empeñamos en fabricar kilométricas obras que nadie lee. Y menos leerá mañana, en un futuro medroso que se avizora más frenético y menos diletante.

AL AMOR, NI EL TIEMPO NI LA DISTANCIA LO DESTRUYEN
Esc. Jaime Solís Robledo
Ciudad de México, enero 18 de 2020. 

“La distancia es como el viento: apaga el fuego pequeño, pero enciende aquellos grandes”. (Doménico Modugno dixit).-

A mi primo Polo.

A finales del siglo XIX, doña Rutilia Soto –madre de mi papá José Solís Soto-  casó con un Sr. de apellido ORTEGA, después con otro apellidado GUILLÉN y, finalmente, con don HERMINIO SOLÍS, padre de don JOSÉ,  quien en cooperación generosa de doña CELESTINA ROBLEDO, engendró a este trashumante trovador que ahora os aburre con sus correrías. Todo esto en Comitán, estado de Chiapas. En consecuencia genealógica, tengo familiares Ortega Soto, Guillén Soto, Trujillo Guillén y Zepeda Guillén, asi como la combinación de Ortega, Guillén y Gordillo con otros apellidos que desconozco. La unión de mi abuela Rutilia con el Sr. Guillén fue muy productiva, pues según me entero recientemente, procrearon mas de 10 hijos(as). Una de ellas, llamada Engracia Guillén casó primero con un Sr. Gordillo, y al enviudar, con otro apellidado Zepeda.  Por avatares de la vida ella emigró al puerto de Veracruz, adonde procrearon a mi primo hermano LEOPOLDO ZEPEDA GUILLÉN, a quien conocí cuando tenía yo 12 años y él 10. ¿Ya os aburrísteis? La crónica apenas abre sus alas. ¡Anda, léela, podría agradarte!

Por increíble que os parezca, esta historia es verdadera. Aquella semana de abril de 1957 que estuve en Veracruz, nos cobramos un profundo afecto con “Polito”, ahora Polo para mi. Pero yo seguí mi camino –el mas difícil de mi vida- para llegar a la CdMx adonde viviría con mis hermanos José y Herminio; el dolor de haber sido arrancado de mi selvático pueblo, con sus rios, cascadas, hermosa y variada vegetación, asi como animales de diferentes especies, todavía lo podía ocultar en la pequeña caja de cartón que contenía mi “equipaje”, compuesto de 2 o 3 pantalones y camisas  remendadas, puesto que camisetas, calzoncillos y calcetines no usaba. Después el varios días el dolor salió de allí, pero no de mi, pues al mes lloraba por regresar a mi pueblo.  A la gran capital arribé el 21 de abril de 1957, para habitar un cuarto de 4X4 con dos camas pequeñas; el baño estaba afuera y lo compartíamos con la numerosa familia del arrendador de aquella crujía subterránea. Horror y sufrimiento; desesperación por volver a mis lares, aunque yo no estudiara. Pero dejemos esto.

 En 1980, ya convertido en profesor de primaria y nivel medio superior, comisionado para apoyar al líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), en su gestión como diputado federal y a la vez presidente de la Comisión de Educación, fui contactado por mis familiares de Veracruz para prestar ayuda a una hermana de Polo a fin de que ingresara a laborar como profesora, pues no habían podido encontrar una plaza para ella. Pude hacerlo, todo por correo, telegrama y teléfono que eran las herramientas mas usuales de esa época. El encargado de ir a darme las gracias en forma personal fue mi primo Polo, en aquel quiensabe qué dia y qué mes, pero de 1980. Es decir, nos volvimos a ver 23 años después. Aprovechando una reunión laboral suya, nos vimos en el restaurant de un hotel sobre la calzada de Tlalpan. El rencuentro tan feliz y tan rico en charla, como si los pasados años hubieran sido semanas; recuerdo su obsequio: “Confieso que he vivido”, del inmortal Pablo Neruda, el cual todavía conservo. Otra vez el distanciamiento; lejos el uno del otro, empapados de trabajo, y tal vez algo de apatía.

Pasaron otros ¡39 años! para que Polo y yo nos volviéramos a ver. Sería octubre de 2019 cuando recibí en mi celular y para mi grata sorpresa una llamada de Polo, quien con mucha soltura y franqueza me dijo que una de sus primas le había dado mi número y me llamaba para que cuando fuera yo a Veracruz lo contactara porque tenía muchos deseos de verme; que su familia estaba muy agradecida conmigo y sería bien recibido en su seno; la agraciada con la plaza de profesora está ya jubilada. Tantos años pasaron y yo…sin darme cuenta. Mi torpeza cibernética no me permitió guardar su número en mi celular y lo anoté en forma manuscrita en una tarjeta la cual guardé quien sabe dónde. Y aquí viene lo bueno de esta tragicomedia de amor filial.

El año pasado juré no faltar en diciembre para pasar la Navidad y recibir el año nuevo con la familia de mi fallecido hermano Humberto de León Solís; pero por variados compromisos culturales, no compré mi boleto con anticipación y encontré sólo para viajar precisamente el 24; sí, exactamente en la Nochebuena: llegaría al puerto de Veracruz a las 4 de la tarde, me instalaría en un modesto hotel cerca del Malecón, me arreglaría y por la noche me presentaría en casa de mi sobrina Silvia. Pero he aquí que el “hotelito” ahora me cobraría el doble de lo que pagué en enero de 2019, al dejar la casa de mi sobrina, el dia 31 de diciembre. La razón de quien atendió mi llamada telefónica fue que ahora “era temporada alta” y los precios aumentan. Resignado y compungido le dije bueno, no me queda otra opción, resérveme una habitación. –Señor, no tenemos por el momento habitación disponible para el 24, pero véngase, alguna se ha de desocupar. Y la aflicción abrióse paso hacia mi estado de ánimo; la desesperación, al acecho.

¿Qué hacer? Recordé a mi primo Polo. Pero por descuidado batallé mucho para encontrar la tarjeta con su número telefónico. Llaméle para pedirle me buscara un hotel de acuerdo a mi sufrido presupuesto, y cuando le explicaba las causas de mi apuro, me detuvo tajante: -no sigas primo, vas a venirte a mi casa, serás recibido con mucho gusto y cariño; de nada te preocupes y podrás quedarte todo el tiempo que quieras. Te queremos y te vivimos agradecidos. Fue asi como se dio este nuevo y definitivo rencuentro con Polo, después de 39 años de por medio. Definitivo porque ahora estamos en frecuente comunicación y haciendo planes para viajar a Chiapas y antes él vendrá a la CdMx. Queda comprobado que al amor, en todas las vertientes que tiene, no lo vencen el tiempo ni la distancia.

Los días que convivimos fueron tan profundos, tan amplios, tan infinitamente felices, que superan el largo trecho de ausencia. Compartimos todo y coincidimos casi en todo; respetuosos, tolerantes y amables en todos nuestros actos, gestos y movimientos; no por empecinada intención, sino porque asi somos con franqueza, con autenticidad, con sinceridad. Narrar los avatares de estos once dias que conmovieron al mundo…interno de Jaime Solís me llevaría mucho espacio y –como escribiera El Che a Fidel Castro en su carta, al despedirse de Cuba y la Revolución- : “No vale la pena emborronar cuartillas”.

3 comentarios en “CRÓNICAS, ARTÍCULOS Y ENSAYOS”

  1. Amigo Jaime, es un relato emotivo, vivencias como ésta, valen la pena de ser consignadas por escrito, con ese lenguaje sencillo y poético a la vez. El relato crece en valor, porque tuve el privilegio de haberlo escuchado una mañana en la que compartiste conmigo algunas anécdotas de tu existencia. Gracias y saludos.

  2. Don Antonio Camacho: estoy indignado y al mismo tiempo lleno de optimismo. La indignación está motivada por las blasfemias de la película que mencionas, ofender a Jesucristo es ofender a Dios. Los cristianos sabemos que Jesucristo es Dios mismo. El optimismo es al constatar que hay voces que dignifican el respeto y las buenas costumbres, y que son un dique para la descomposición social. Con tu permiso voy a compartir tu acertado texto entre mis amigos y familiares para que, por lo menos califiquen con un pulgar hacia abajo en la calificación del título. También para que se abstengan de sufrir una película que, a todas vistas, denigra a Cristo y nuestra religión. Que se oigan más voces dignas. Saludos.

  3. El sesudo artículo de Eunate Goitkoetxea, es la más cruda y real fotografía no solo de España sino de la gran mayoría de países europeos y americanos y de muchos de los de los otros continentes.
    Y es claro que ni la UE ni las otras asociaciones internacionales tienen la solución…Solo palabras.
    Cristo partió el mundo en dos. Por eso hay un a. C. y un d. C. y el mundo cristiano, a pesar de múltiples tropiezos, muchos en su propio seno, logró grandes avances que ahora se están acabando de perder. Esta es la era s. C (sin Cristo). ¿No es esta «s» la causa de los males que Eunate, magistralmente, nos ha numerado?

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