CRÓNICAS, ARTÍCULOS Y ENSAYOS EN ESPAÑOL

 

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LA NAVIDAD 

Eunate Goikoetxea

Un año más nos disponemos a celebrar la Navidad. Un año más frases como «felices fiestas» «Un niño nos ha nacido» «Que tengas feliz año»… llegarán una vez mas  a nuestros oídos; oídos que llevan tiempo asimilando el ritmo de los villancicos, y que se complementan con los ojos viendo todos esos adornos que llenan las calles, y nuestras casas. Nadie nos puede negar que la Navidad va a llegar

Es la rutina de cada año, los mismos adornos, las mismas músicas y sobre todo las mismas compras y los mismos regalos, sin los cuales parece que no tenemos Navidad. Es algo a lo que nos hemos acostumbrado, y sin lo que casi, me atrevería a decir, no podríamos tener Navidad. ¡Qué lejos estamos de aquella sencillez del pesebre, de los pastorcillos y la gente sencilla que llevaban lo más humilde a los habitantes del establo. Son imágenes que debiéramos recuperar y re descubrir

Cuando afirmo lo anterior, no me faltan datos para invitarnos a descubrirlo. Todos somos conscientes de que la imagen de la Navidad «nos la han cambiado

Todos los días podríamos refrescarnos la memoria con infinidad de datos que nos recuerdan que el mundo no es tan de color de rosas como nos lo pintan; que sigue habiendo gente que no lo va a pasar como nosotros, y lo que es más triste, que no van a sentir ni experimentar esas sensaciones de las que incluso nosotros podemos acabar cansados. Cansados de dulces, cansados de felicitaciones, cansados de «gestos cariñosos», cansados de regalos, cansados de… (que cada uno añada lo que quiera).

 Y es que la Navidad es la paz, es la felicidad y es el amor, lo que el Hijo de Dios hecho hombre nos quiere transmitir, por eso si en nuestra sociedad algún ser humano carece de ello tenemos que decir que no hay Navidad. Se me tachará de utópica, de ambiciosa… pero es que el mensaje de Jesús es así de claro y a todos tiene que llegar. Pero si me pedís que pise tierra lo voy a hacer, esa utopía trasladada a la humanidad en general, os pido que la hagamos realidad trasladándonos a nuestro alrededor. Ahí si, que no podrá haber Navidad sin nosotros si no sabemos hacer en estos días que a todos los que nos rodean llegue ese mensaje.

Y en medio de tanto preparativo y tanta celebración hagamos una reflexión estamos celebrando la Navidad Cristiana con lo que de verdad supone, o estamos celebrando la Navidad moderna. ¿Qué Navidad nos interesa celebrar?… Cada uno en su casa y en su corazón es muy libre de celebrar la que quiera, pero si somos coherentes a la verdad, tenemos unas fiestas, que tienen su origen en el mundo cristiano y como tales debiéramos celebrarla y si no ¡qué barbaridad voy a decir! suprímanse…

 Parto de una postura creyente, y creo que todos los que leen esto también lo son, permitirme unas reflexiones… y los que no lo sean que me disculpen, o… aprovechen la ocasión para tenerlas en cuenta por si les viene bien. Simplemente deseo que nuestras navidades sean: Agradecidas tenemos personas a nuestro alrededor que nos hacen la vida más feliz y mejor. No nos dé vergüenza reconocer sus méritos y tener para ellos una palabra o gesto de reconocimiento.

Comprometidas y solidarias. Seguro que no nos va a faltar de nada, o al menos para quejarnos. Es un buen momento para pensar en los que de verdad no van a estar como nosotros. Hagamos un esfuerzo para hacérselas mejor. Una ayuda,. Y ojala nos atreviéramos a dar pasos más significativos y comprometidos.

 Por ello permitirme soñar lo bonito que sería que el día de nochebuena pudiéramos sentar a nuestra mesa a uno de esos mendigos que van a pasar la noche solo y abandonado o a uno de tantos inmigrantes como esa noche sentirá la nostalgia y el alejamiento de los suyos.

Que estos días sean días de reflexión  y de encuentro con ese Dios que se hace hombre por nosotros. Será difícil encontrar momentos, para la soledad o el recogimiento en medio de tanto barullo externo. La locura de las compras, las comidas visitas y regalos no nos van a dejar tiempo para Él. Nosotros debiéramos contemplar aquella cueva de Belén en la sencillez y el recogimiento, y agradecer a Dios el habernos regalado las personas con las que convivimos.

 Washington Irving dijo » La Navidad es la temporada para encender el fuego de la hospitalidad en el salón y la genial llama de la caridad en el corazon .Ojalá nos acompañen a lo largo del 2018

DOCTOR MIGUEL LISBONA GUILLÉN
Por Amado Blanco Pedrero (México)

Catorce años han pasado desde que me informaron que había llegado un español a Tapilula, pueblo donde nací, el cual se encuentra al norte del estado mexicano de Chiapas.

El informe decía que estaba haciendo una investigación para editar un libro que presentaría como su tesis de doctorado. Entrevistaba a muchas personas. Esto llamó mucho la atención porque no se había dado un caso así en la historia de un pueblo de esa zona. El pueblo en cuestión no rebasaba entonces los nueve mil habitantes, lo que quiere decir que todos se conocían y la llegada de un extranjero llamó la atención.

El libro en cuestión fue editado en noviembre del año 2004, el título me llamó la atención “Sacrificio y castigo entre los zoques de Chiapas. Cargos, Intercambios y Enredos Étnicos en Tapilula”, nadie me supo informar en donde lo podía conseguir, lo que si me comunicaron es que el investigador se había ganado el cariño de las personas que entrevistaba, tanto así que por llamarse Miguel, en el pueblo le llamaban cariñosamente “Miguelito”.

Pasó el tiempo y en el año 2008 se comunicó conmigo la secretaria de una Senadora para pedirme que por favor fuera uno de los comentaristas de un libro que se presentaría en el Senado de la República, y que hacía referencia de algunas costumbres de Tapilula, acepté siempre y cuando me enviaran el libro a comentar lo más pronto posible.

Recibí la obra a una semana de la presentación, leer analíticamente un trabajo muy completo sobre temas religiosos, políticos, sociales, antropológicos, y costumbres del lugar no me sería fácil. Hice mi mejor esfuerzo para no quedar mal en un lugar que contaría con una asistencia muy interesada en conocer sobre el libro que se presentaría, dado que la Senadora tenía raíces familiares del pueblo donde vi la luz primera.

El día de la presentación llegué al salón designado en la Cámara Alta, me presentaron de inmediato al autor, nos saludamos como viejos amigos, estaba en compañía de otro investigador éste del Colegio de México (antes Casa España), luego fuimos conducidos a otra sala en donde nos comunicarían la dinámica del acto. Ahí platiqué muy a gusto con Miguelito y tuve oportunidad de obsequiarle un libro de mi autoría cuyo título muy ambiciosamente es “Historia de Tapilula”.

Aproveché para solicitarle me autografiara su obra, lo cual hizo con gusto y la dedicatoria dice así “Para Amado, éstas andanzas en la tierra zoque de Tapilula, que está en nuestro corazón” 13-II.08

Nos hemos encontrado en dos o tres ocasiones más y me identifica plenamente, lo que me causa alegría por ser un maestro que tuvo interés en hacer un trabajo de mucho nivel precisamente en el pueblo que me vio nacer. Deseo dejar anotado claramente que he aprendido algo de mi lugar de origen que ignoraba, tal vez por tener casi cincuenta y seis años de haber salido de ahí y regresar muy esporádicamente.

La última vez que nos vimos me informó que ya no estaba en Chiapas, lo habían cambiado al estado de Yucatán, lo que lamento dado que reduce la posibilidad de poderlo encontrar.

Ahora con el asunto de Cataluña debe de estar muy preocupado y añorando mucho a su querida Barcelona, es una situación muy complicada.

Escribo esto como un reconocimiento a su interés de investigar sobre temas de Chiapas como lo indican sus obras: “Religión en Ocotepec, Chiapas”  1991, “Del ‘indio’ a la identidad étnica. El caso de los zoques de Chiapas” 1994, “La fiesta del carnaval en Ocotepec. Una discusión en torno a las transformaciones rituales y la identidad étnica” 1994, “El valor de la deuda. Territorio e intercambios simbólicos entre los ‘chimas’ oaxaqueños” 1998, “Sacrificio y Castigo. Cargos, intercambios y enredos étnicos entre los zoques de Chiapas” 2000, “En tierra zoque. Ensayos para leer una cultura” 2000, “Persecusión religiosa en Chiapas (1910-1940)” 2008.

Su legado es mucho más amplio a lo aquí anotado, lo que nos da una idea de lo valioso de este joven doctor Catalán. Seguro estoy que el estado de Chiapas algún día sabrá reconocerle su interés y dedicación de sus investigaciones.

ANÉCDOTA DE VIAJE
Jaime O. Solís Robledo (México)

El autobús de Chilpancingo hacia Arcelia, en el estado de Guerrero, salió a las 4 de la tarde con este despistado y soñador trotamundos a bordo. El calor ya nos golpeaba con furor. Escala de “15 minutos” en Iguala (que se duplicó) y otro tanto en Teloloapan, para hacer otra escala en Arcelia y continuar a su destino final en Ciudad Altamirano. El calor era ya insoportable, sobre todo que viajábamos en un autobús sin aire acondicionado. Al llegar a Las Ceibitas ya empezaba a oscurecer; de ahí se inicia el descenso hacia Arcelia, adonde el calor se multiplica.

Y se hizo el silencio. El autobús con las luces interiores apagadas, sólo dejaba escuchar el ruido de su cansado motor; muchos pasajeros dormían y otros nada mas dormitaban. Sentado junto a la ventanilla, yo intentaba vanamente contar las estrellas y el encendido-apagado fugaz de las luciérnagas. Pensaba también –y me regocijaba- en los ceviches, las mojarras, la cerveza y la música que me esperaban al día siguiente en algún restaurant de la presa Palos Altos. ¡Qué generosa es la vida conmigo! –dije para mis adentros.

De pronto, poco antes de llegar a Los Brasiles, justo en el asiento adelante del mio se escuchó un fuerte ruido, de esos que se generan cuando chocan con fuerza la piel contra la piel. Para hablar con mas claridad:  se oyó “una sonora cachetada” como decimos los mexicanos, acompañada de este fuerte grito:

  • ¡Cálmate amigo! Qué nunca has tenido una hembra cerca de ti?

A muchos pasajeros les causó risa; incluso escuché una que otra carcajada. El silencio retornó, y el autobús continuó su marcha brindándonos un monótono concierto con el ruido de su cansado motor…y yo pensando en la idiosincrasia tan especial de mis paisanos

León, Guanajuato, México, 23 de noviembre de 2017.

LA ESPANTOSA BANALIDAD DEL MAL
Por Antonio Camacho Gómez ( Argentina)

   Ana Arendt, la filosofa y política judía, que debió trasladarse a los Estados Unidos cuando la Gestapo comenzaba a hacer de las suyas, con persecuciones y delaciones permanentes, escribió una interesante teoría en sus últimos años que trataba de la “banalidad del mal”. Un mal que persigue al hombre desde las cavernas, pero que con el transcurso de los siglos fue adquiriendo la más diversas modalidades, desde el atropello físico a variadas formas de imposiciones sicológicas y violencia espiritual. Los tiempos modernos son una muestra cabal de cuanto antecede, con toda clase de conflictos bélicos, violaciones a los derechos humanos y desigualdades marcadas entre los diferentes estamentos sociales. Es decir, que ese “mundo ancho y ajeno” del que habla Ciro Alegría no es tan ancho ni tan ajeno, sino un orbe globalizado, interdependiente, con infinidad de matices y groseras diferencias y en el que los organismos constituidos para resolver enfrentamientos y llevar el agua a su cauce –léanse Naciones Unidas con vetos inadmisibles por privilegiados países desde su fundación-, se ven en figurillas para que sus resoluciones sean aceptadas, cuando lo son.

   Razones fundamentalmente económicas y, también, políticas, muy discutibles por ciertos e incluso reprobables fomentan litigios y choques internacionales que en determinados casos asumen dantescas proporciones. Lo que ocurre en Siria con millones de desplazados y poblaciones masacradas constituye una vergüenza universal, como lo es cuanto acontece con los miles de personas que pierden la vida en el Mediterráneo en busca de mejores condiciones existenciales. Corresponde agregar el maltrato, el cierre de fronteras y el hostigamiento a familias enteras en una Europa en la cual se desperdician millones de toneladas de comida y la xenofobia, fermento de los partidos ultraderechistas, ha adquirido carta de ciudadanía. Una Europa que está, por otra parte, especialmente en la Unión, con el miedo, palpable o no, a los ataques terroristas que viene sufriendo, del que no zona ajenos sus propios hijos radicalizados. Y en este sentido llama poderosamente la atención asesinatos sin sentido aparente, como el sacerdote degollado en Francia mientras ejercía su ministerio –el Papa gestiona una inicial beatificación- y, cruzando el Atlántico, los sucedidos en México con dos curas ajenos al narcotráfico que envenena al país. Porque, si tanto en la nación del Viejo Mundo cuanto en la de los antiguos aztecas también el periodismo ha tenido y tiene sus mártires, en estos casos sus investigaciones o críticas a fundamentalismos religiosos y a corrupciones gubernativas, tráfico de personas y capitalizaciones de mercaderes de la droga han promovido tan funestas represalias. Pero resulta inentendible, desde un punto de vista racional y sin entrar en especulaciones que podrían traerse a cabo, el crimen sin sentido, si es que alguno lo tiene, del cristianismo en el Medio Oriente y de esos pastores del catolicismo que sólo predican la concordia y la paz, tal su Pontífice, entre los seres humanos. Mientras las principales potencias se acusan, gobiernos señalados emiten pomposas declaraciones y el mundo gira dando tumbos ante la pasividad de muchos responsables.

   El mal es banal, pero causa estragos. Arendt lo sabía y hasta lo padeció durante un lapso de acoso y el crecimiento de un monstruo que provocó una hecatombe y del que todavía existen peligrosos manifestantes.-

Santa Fe (Argentina). Octubre 2016.
[1] Publicado en el libro LA ESPANTOSA BANALIDAD DEL MAL (Más allá del periodismo) – Editorial DUNKEN SRL (Buenos Aires, Argentina) – 2017.

 

Francisco Herrera Sipriano
Museo Regional de Guerrero, INAH
Chilpancingo, Gro., 22 de noviembre de 2017

Coronel zapatista Fermín Oviedo, de Tlamacazapa, Gro., México
Caso de un profesor rural indígena que se incorporó a la Revolución de 1910

           Nativo de Tlamacazapa, municipio de Taxco, región Norte de Guerrero, México; indígena náhuatl, con antecedentes de profesor de educación elemental desde antes de la revolución iniciada en 1910 y en los periodos de gobierno local de Francisco Figueroa Mata y de José Inocente Lugo, el coronel Oviedo dirigió varias cartas al general Emiliano Zapata entre el 9 de enero y el 20 de febrero de 1915 para exponer su situación y solicitar su ayuda. Zapata era el máximo dirigente de la revolución campesina por la tierra en el sur y centro de la República Mexicana, con núcleo en el estado de Morelos. Oviedo relató que se había incorporado a la lucha armada el 15 de junio de 1911, bajo el mando del general Jesús Capistrán. Desde esta fecha “no he cesado de luchar de una manera constante y leal por el triunfo de nuestra causa y después de haber concurrido a multitud de acciones de armas en que unas nos fueron adversas y otras vencedores, el día 11 de enero de 1913 fui herido gravemente en una pierna cuya lesión puso en peligro mi vida”. Mientras se recuperaba recomendó al general Pedro Saavedra, de quien dependía, que le extendiera nombramiento de capitán 1º a su paisano y soldado Albino Ramos, también de Tlamacazapa, para que se pusiera al frente de su gente. Ya restablecido, aunque no totalmente, pues había quedado “fallo” de un pie y con dolencia fuerte al moverse, su tropa no quiso volver con él, intrigada por su paisano, que en este lapso había obtenido el ascenso a teniente coronel.[1]

            Convencido de la causa, reclutó nuevos soldados y continuó en la lucha, ahora bajo la dirección del general Epigmenio Jiménez. Pero el padecimiento de la pierna se agravó, viéndose obligado a entregar nuevamente su tropa, en esta ocasión al general Epigmenio, el 30 de agosto de 1914. Entusiasmado por el nombramiento de coronel que le dio Zapata el 11 de octubre siguiente, como reconocimiento a su perseverancia, y medio recobrada su salud, se reincorporó a la lucha y marchó con otros contingentes rumbo a Chilpancingo a mediados de diciembre. Acampados en el pueblo de Zumpango del Río fueron atacados el 1 de enero por los carrancistas; el combate duró aproximadamente ocho horas, logrando rechazarlos, con bajas en ambas partes. Aquí se dio cuenta que ya no podía seguir combatiendo, porque no podía caminar bien y sentía mucho dolor, por cuya razón determinó separarse de las tropas del general Epigmenio y concentrarse en su comunidad.[2]

            Impedido para seguir en servicio, Fermín Oviedo solicitó a Zapata su intervención con el general Pedro Saavedra para que ordenara al teniente coronel Albino Ramos la devolución de su tropa y autorización para establecer su cuartel en Tlamacazapa, con la responsabilidad de resguardar el orden, promover el Plan de Ayala y evitar el paso de enemigos carrancistas. Informó que su paisano Albino también estaba en el pueblo, pero su comportamiento no era bueno, “no conoce un rasgo de respeto de orden, que completamente trata de desprestigiar la causa santa maltratando a los pacíficos de este pueblo injustamente”; los vecinos no lo denunciaban por temor a represalias. Recalcó el punto relativo a que le diera facultades para evitar desórdenes y depredaciones e impartir justicia. Zapata intervino en el sentido de que le fuese devuelta su tropa, pero no se cumplió; ni Albino ni los soldados aceptaron.[3]

            Finalmente, comprendiendo que no recuperaría su tropa, dada su situación de invalidez, solicitó su baja del Ejército Libertador y “como recompensa a mis servicios pido a Ud. Señor General, se me nombre Director de la Escuela Primaria de mi pueblo natal Tlamacazapa, señalándome un sueldo equitativo para atender mis necesidades”. Además de su historial como educador, argumentó a su favor que conocía el idioma mexicano o náhuatl, que era el que se hablaba en la comunidad, lo que facilitaría su labor educativa, así como las costumbres y necesidades de la población. Pidió también una constancia que avalara sus servicios a la revolución y una orden para que “se me guarden las consideraciones a que soy acreedor por mis indicados servicios”.[4]

            Probablemente le hayan dado el nombramiento de director de escuela solicitado, lo merecía sin duda. Caso ilustrativo de un profesor rural indígena que abrazó la bandera del Plan de Ayala con convicción, contrastando con otros dirigentes locales, del mismo origen y condición, que cometían abusos entre su gente.

[1]  Cuatro cartas de Fermín Oviedo a Zapata, Tlamacazapa, Gro., 9 y 10 de enero, 20 de febrero y otra de este mes sin precisar el día, 1915; Archivo General de la Nación, Fondo Emiliano Zapata, C. 3, E. 3, Fs. 179 y 196; C. 5, E. 3, Fs. 163-164, y; C. 6, E. 2, Fs. 109-110.
[2] Ídem.[3] Ídem.[4] Ídem.

 

MARIO BENEDETTI, UN SOL INMORTAL
Lola Benítez Molina
Málaga (España)

Tu Uruguay natal se engrandeció el día que te vio nacer. ¡Qué desdichada agonía tuviste que soportar para verte obligado, como tantos otros, a exiliarte a otras lejanas y desconocidas tierras! Sólo los que lo experimentan conocen la magnitud del desgarro emocional. Inquietud generadora de savia imperecedera.

            Con tu alma dolorida, dejaste un legado para deleite de los que te conocieron y te continúan ensalzando. “Que el dolor, manifiesta Benedetti, no me apague la rabia, que la alegría no desarme mi amor…”. En tu obra, que toca todos los géneros con suma sapiencia se aprecia, en un primer periodo, el hondo palpitar de tus circunstancias vitales, así como los cambios sociales y políticos de Uruguay y de otros países de América Latina.

            Angustia que subyuga y que te hace derramar sobre el papel lo que el corazón llora, con una literatura sumamente realista, que sólo los genios saben expresar.

            Esta actitud dio lugar a un ensayo acre y polémico: “El país de la cola de paja” (1960), y su consolidación literaria con dos novelas importantes: “La tregua” (1960) y “Gracias por el fuego” (1965), en la que refleja una crítica más mordaz de la sociedad uruguaya.

            En un segundo periodo, sus obras reflejan la angustia y la esperanza de diversos sectores sociales por buscar caminos a una América Latina oprimida por represiones militares. Como consecuencia de ello, Mario Benedetti vivió en Cuba, Perú y España durante más de diez años, período en el que su literatura se hizo formalmente más enérgica. Al respecto, el escritor uruguayo refiere que “no te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños”.  

El tema del exilio lo trató en su novela “Primavera con una esquina rota” (1982). Podemos decir que uno de sus méritos es saber reflejar los aspectos hirientes en los que a veces cae el ser humano, y que un alma blanca, como la de Benedetti, sabe dar constancia para que sea con la pluma y no con las armas como el hombre intenta solucionar las injusticias de la prepotencia y de la soberbia. Como todo exiliado que ama sus orígenes, los cuales quedan indelebles y magnificados por el sentimiento de la ausencia, Benedetti volvería a pisar su tierra amada, cuyos sentimientos y sensaciones dejaría reflejados en su novela “Andamios” (1997), marcadamente autobiográfica.

            En 1999, es reconocida su valía al concedérsele el VIII Premio de Poesía Iberoamericana “Reina Sofía”. En marzo de 2001, recibió el Premio Iberoamericano “José Martí” en reconocimiento a toda su obra.

            Desde 2009, resplandece, en el espíritu de Montevideo y del universo, una luz constante e imperecedera.

CENTENARIO DE JORGE SEPÚLVEDA » LA VOZ DE LA NOSTALGIA·»
Manuel Encabo ( España)

El 8 de diciembre de 2017 se cumple el centenario de nacimiento del popular cantante melódico Jorge Sepúlveda (Valencia, 1917- Palma de Mallorca, 1983) llamado en realidad Luis Sancho Monleón.

Santander tiene una deuda impagada con el gran bolerista, que no se ha saldado a pesar de que tiene erigida una estatua en su honor en el romántico Paseo de la Reina Victoria, mirando al mar, tal y como decía su bolero, que se sufragó íntegramente por cuestación popular y que es la única estatua que existe en la península erigida a un bolerista español. Al pie de la estatua reza la siguiente letra de su bolero más famoso:

Santander,
Al marchar de diré:
“¡ Guarda mi corazón, que por él volveré!”

De todos los lectores es conocido el devastador incendio que abrasó Santander en el año 1941. Lo que no sabrán muchos es que hubo un cantante llamado Jorge Sepúlveda que puso más de un granito de arena en las tareas de reconstrucción de tan bella ciudad. En 1946, tras conquistar los corazones cántabros con su canción Santander, el popular artista romántico, como gesto de colaboración con los arduos trabajos para devolver a la normalidad los barrios afectados, cedió los derechos de autor de dicha pieza al ayuntamiento santanderino.

Además, haciendo gala de su carácter benéfico y de su compromiso con los más desfavorecidos, participó en numerosas ocasiones en recitales benéficos en La Cabaña -junto a los pinares del Sardinero- o en el hospital infantil de Santa Clotilde donando sus cuantiosas taquillas a los pobres de la parroquia de Santa Lucía o a los niños enfermos.

Al cumplirse el centenario de nacimiento, se publica su biografía autorizada por su familia bajo el título «Jorge Sepúlveda. la voz de la nostalgia»: una oportunidad magnífica para conocer en profundidad al cantante y sobre todo, a la persona.

Es una biografía exclusiva y autorizada por su hijo Roberto, y firmada por el periodista Carlos Arévalo, autor de otros títulos como José Bódalo, maestro de la escena (2016) o Emilio Laguna: Parece que fue ayer (2017). Está editada por el sello santanderino ProBoCa (Promoción del Bolero en Cantabria).

El libro incluye fotografías y datos inéditos del artista y cuenta con testimonios de allegados y admiradores como Dyango, Juan Bau, Moncho, Lorenzo Santamaría, Danny Daniel, Moncho Borrajo, Javier Rodríguez, Chicho Gordillo, Alberto Pérez, Rafael Brines, José Ramón Pardo, Pepe Antequera, Juan Mena, José María de Juana, la viuda del cantante Angelines Labra o su único hijo, Roberto Sancho, además de otros de nombres lamentablemente desaparecidos como Nati Mistral, José Guardiola, Sara Montiel, Bonet de San Pedro, Lorenzo González, Vicente Zabala, Manuel Vázquez Montalbán, Miguel Ángel Bastenier, Antonio Mingote, etcétera.

En esta biografía de Sepúlveda, única hasta la fecha, se recorre su historia artística y personal y se recuerdan sus grandes éxitos musicales como ídolo de la canción romántica en España durante los años cuarenta y cincuenta con boleros y pasodobles inmortales como Mirando al mar, Santander, Mi casita de papel, No te puedo querer, María Dolores, Campanitas de la aldea, Cántame un pasodoble español y muchos otros.

Jorge Sepúlveda sigue siendo para España el paradigma de la elegancia, de los buenos modales, de la corrección y de la “caballerosidad española” que desgraciadamente forma parte de unas formas de comportamiento social propias de la nostalgia de un país que ha perdido gran parte de su identidad musical y etnográfica. Con la publicación de esta biografía, la editorial santanderina ProBoCa (para la Promoción del bolero en Cantabria) pretende mostrar este tiempo de nostalgia que sigue vivo en el acervo cultural de los españoles y que especialmente define a las generaciones de españoles que se enamoraron antes de los años 70 y antes de la invasión de géneros y costumbres angloamericanas, pero especialmente vivo en lugares como Santander que puede presumir de ser el primer lugar de toda Europa donde se interpretó un bolero.

 “Jorge Sepúlveda, la voz de la nostalgia” es mucho más que una biografía: es un viaje al corazón de una España culta, orgullosa de su idiosincrasia, luchadora por sus derechos, humilde y sencilla, trabajadora y honrada, elegante y refinada, digna y caballerosa. Las mismas cualidades que definen a Jorge Sepúlveda.

LECTURA, UNA VIVENCIA MAGISTRAL
 Prof. María del Carmen Villaverde de Nessier- 

           Leer es un acto de crecimiento, es un acto de confrontación, de justa penetración al  otro lado de los espacios y  los tiempos y al propio lado de vivir.

            Leer no es ir por la frontera de los hechos, de las esencias de las cosas o de la mera práctica, como suele ocurrir en tantos actos mal llamados de “animación”; es una actividad  que constantemente conquista y construye significados desde  el corazón y desde la razón.

            La lectura debe ser una vivencia magistral, asombrosa, inagotable, casi única, capaz de producir el encuentro con el mundo inconmensurable de la realidad, de la fantasía. Es uno de los actos más importantes para el desarrollo pleno de cada uno desde el “primer” asombro de leer las “primeras” palabras convocadas un día por nosotros mismos  en un constante mimetismo sonoramente activo. Es una acto por el cual se alianzan las significaciones y los sentidos en el continuo proceso de interpretar, elaborar,  recrear sensaciones y símbolos.

            La lectura está allí, en cada paso de la vida. Estamos permanentemente inmersos en estímulos orales que producen actos de lectura. Es un bombardeo constante, experimental, indiscriminado, producto de reiteradas destrezas estimulantes para la entrada espontánea a la lectura de libros, a la palabra escrita. Entrar a esta última requiere una atmósfera nueva, propia del lenguaje escrito por la que se nos transforman tantos signos orales y visuales, coloreados y rítmicos, en sus formas verbales, expresivamente plenas, para que cada uno, conforme a sus referentes pueda manejar la codificación y la decodificación con  placer creciente.

            Los más reiterados  signos referentes que funcionan hoy entre nosotros en esta hora de la imagen con poder casi afrodisíaco, son producidos por los medios de comunicación, referentes indiscriminados que deben llamar a la reflexión de todos, no por los medios en sí sino por la manipulación, tantas veces abrupta de sus contenidos, de sus OMNIPOTENCIAS,  a través de  los que se posibilita convertir al hombre en un objeto, en una simple caja de resonancia AUDIMUDA y que naturalmente no llevan a una lectura VIVA, personal y reflexiva, sino más bien apartan de ella, disuaden.

            Es esta la hora de decir SÍ a la lectura para formar al hombre participativo, comprometido actuante y por supuesto PENSANTE. Es la hora de conquistar, con los medios, con todos los medios, los espacios para propiciar la lectura, para LEER CON ELLOS y desde ellos, para que todos se incorporen a los actos de las instituciones dedicadas a su promoción y se constituyan en motores de vida,  en EFECTIVOS ALIADOS  DEL ACTO DE LEER.

            La lectura será entonces un hecho concreto, dinámico, un manantial inagotable por imperativo del medio y por la búsqueda de placer  personal, con las familias y por supuesto, con todos los ámbitos educativos. Los FESTIVALES DE LECTURA, que hace tantos años  llevo a cabo, en la provincia y en otras provincias del país, concretan de verdad este COMPROMISO y leer se transforma en  una fiesta placentera a la que todos quieren entrar. Es la escuela, es el colegio, es el municipio, es la familia, quienes espontáneamente se incorporan en una actividad compartida  permitiendo la multiplicación de los sentidos, la plurivalencia de los significados porque son muchos los temas que se ponen en juego en una legión de signos y sonidos que estallan contagiosamente en el corazón.  Las palabras  de todas las lecturas se transforman en un bosque encantado en el que cada una se puede pronunciar entendiendo su verdadero marco referencial, mezclando las conocidas y las exóticas, las trabajadoras y sencillas que salen a pasear por el lenguaje coloquial de cada día, con las que están guardadas en los diccionarios esperando unos ojos curiosos que las convoque para incorporarse al mundo sonoro de la oralidad.

            Según Ítalo Calvino:  “La lectura no se compara con ningún otro medio de aprendizaje y de comunicación porque ella tiene un ritmo propio que está gobernado por la voluntad del lector. La lectura abre espacios de interrogación, de meditación y de examen crítico, en definitiva, de LIBERTAD”.

             La educación, en sus distintos niveles, debe promover y alcanzar cada día, en cada alumno, EFECTOS SECUNDARIOS. Lecturas que promuevan reacciones intelectuales en quienes logren practicarla con seguridad, objetivo básico de la escuela. Lecturas TOTALES, , pensantes, constantes, en cada hombre, en cada día, en todas las áreas, que no se sientan invalidadas por una implacable e inmediata disección. Lecturas por placer y por contagio desde cada docente involucrado con ella por elección vocacional.

            Se requiere, por lo tanto que cada docente, en todas las áreas, sea un LECTOR ACTIVO. Se logrará entonces una ESCUELA DE LENGUAJE, un “concierto de experiencias lectoras” con códigos y subcódigos, con percepciones textuales y extratextuales, explorando el entorno, conociendo la naturaleza, sus sensaciones, presencias y ausencias; sus causas y consecuencias. Una verdadera y expresiva visión de la vida  en comunicación desde la oralidad y la escritura.

            Aprenderemos a dotar a las palabras de un colorido más extenso con el voto personal de encontrar sus sentidos en el inagotable mar de los contextos de cada frase, de cada libro. La LECTURA será  así una actividad de todos, una actividad constructiva en búsqueda constante de significados a través de la ubicación precisa del lector en un aquí y un ahora que forman parte de su circunstancia dentro de una sociedad  que debe ser crítica, participativa y plural.

Siempre recordamos con cariño las anécdotas navideñas, de nuestra infancia.
Carmen Adiyeé Palencia Vargas (Panamá)

Es por ello que quisiéramos preguntar al lector, que seria del Mundo sin la Navidad.? Todos sin excepción tenemos algunos recuerdos gratos de esta celebración. Por ejemplo sus villancicos, sus olores, los juegos compartidos, o el estreno del juguete tan esperado, esa muñeca, o el primer par de patines. Sin dejar de lados, las situaciones hilarantes que surgen en su transcurrir.

Mientras investigaba para escribir este artículo, percibí, que existe una jerga, particular de Navidad, hablada, escrita y corporal de solidaridad, donde expresamos verdaderos deseos de Paz, y Felicidad, a nuestro prójimo. En verdad se produce un cambio de mentalidad, aumentan los abrazos, la generosidad.

Se perdonan ofensas, se superan diferencias, mas que en cualquier otra época del año. Se otorgan indultos, incluso se decretan treguas a las guerras.

Sera porque desciende a la Tierra el Espíritu de Navidad. O porque esta celebración conmemora, el Acto de Amor Paterno, que nuestro Creador hizo a la Humanidad, con el nacimiento de un Redentor, para nuestra salvación.

Sin mas preámbulos pasamos a las anécdotas, que hemos recopilado de aquí y de allá, solo con el deseo de divertiros:

De Reyes Magos:

1– “Esto me pasó hace años cuando tenía 6 añitos y mi madre me ayudó con la carta para los reyes magos. Empecé a escribirla diciendo que este año me había portado muy bien. Mi madre me dijo que no me había portado bien; entonces tire la carta y puse “bueno me he portado regular”, y mi hermano no paraba de decirme que me iban a traer carbón por que me había portado muy mal. Me quedé pensando, mirando el Belén y me levanté corriendo y cojí al niño Jesús y lo escondí en la casa de muñecas, volví a tirar la carta y más o menos puse: “Queridos reyes magos, a ver lo que hacéis, espero mis regalos, tengo al niño Jesús en mi poder!” Jejejejejje Mi madre siempre me lo recordaba delante de toda la familia jejejejejjeje”.

2- “Como todos los años por aquella época (cuando era bastante pequeño) llegaba la noche en la que los Reyes Magos venían a dejar los regalos para la familia. Mis padres, muy listos que se creían ellos, pensaban que yo aún era un niño inocente que no conocía la realidad (lo descubrí el año anterior cuando cual espía en una misión secreta salí por la noche de mi cama a investigar como subían a casa los Reyes y vi a mi padre, que parece un Rey Mago pero no lo es) y pensaban hacer lo mismo de cada año. Despertarse en medio de la madrugada, dejar los regalos y comerse las galletas con la leche que habíamos dejado para los supuestos Reyes… Pues como no me gusto lo que descubrí, me desperté antes que ellos, me levanté, no deje ni una galleta en el plato y dejé una nota para mis padres, con mi gran letra de esa edad, que decía “Me he comido las galletas, muchas gracias. Los Reyes Magos”. Aún recuerdo la cara de mi padre cuando me desperté para abrir los regalos. Jajajaja”

3- Un niño muy pobre, muy pobre escribe su carta a los Reyes Magos.

«Queridos Reyes Magos, he sido muy bueno y el año que viene, lo seré aún más pero por favor, traedme 30 euros para comprarme unos zapatos. Los míos son muy viejos, con un agujero muy grande, y tengo los pies helados».  El niño echa su carta al buzón. Por casualidad, el sobre se despega y los carteros la leen. Conmovidos, los carteros hacen una colecta y le mandan al niño 10 euros.
Al cabo de unos días, los carteros reciben otra carta para los Reyes Magos.
«¡Queridos Reyes Magos, muchas gracias por el dinero. Pero la próxima vez no lo mandéis por correo, porque algún cartero se ha quedado con los 20 euros que me faltan».

Espero haber cumplido , el cometido de divertirlos y no me resta mas que desearles a todos una familiar noche buena, con muchos abrazos y besos. y un extraordinario 2018 con mucha salud.»

MISIÓN EGREGIA DEL ESCRITOR: SACRALIZAR LA VIDA[1]
PARTE III/III

De lo actitudinal

Por eso, recuerdo haber suplido en mis comentarios literarios muchas veces al término “escritor”, por el de “trabajador de la Palabra, desde la palabra”. Porque nadie procede de sí mismo, excepto Dios (y si alguno no cree en su existencia, lo siento: tiene un gran problema para responderse a las preguntas: quién soy y dónde vengo), revelando en esta afirmación mi particular encuentro con la naturaleza o sentido que el término alteridad debe filosóficamente concebir. Y acuñando además, y por cierto (ya que no visto ni conocido ni escuchado ni leído a otros llamarse a sí mismos de dicho modo: trabajadores de la Palabra o del Maná de la Palabra –que involucra, ergo, a la palabra-, sino en el más reiterado y conocido término: el de “escritores”: rol funcional atribuido académicamente a la llana literalidad del acto de “escribir”), una expresión más humilde si se quiere, a fin de ayudar y ayudarme a descifrar el alfa y omega de quienes practicamos una vocación auténtica –no, una profesión; ni tampoco un hobbie, como diferenciaba adecuadamente Edgardo A. Pesante), en cuanto sensibles, nobles, inquietos y esforzados “hacedores de naderías” (dixit J. L. Borges).

De “naderías” sí; pero sólo para aquellos que reducen al Universo a una directa exposición orgánica o material, e ignoran -por error o soberbia-, o descuidan -por negligencia o vanidad- al arte de la contemplación de lo que el gran espíritu de amor (providente y misericordioso) realiza en dicho Universo, en tanto le da vida en un perenne renuevo de infinitas transformaciones. Gran espíritu (Espíritu, en verdad) que da vida para la Vida, y Palabra a (y en) la palabra, confiriendo un sentido de indiscutible trascendencia (sin fin) a todas las cosas y seres tocados por la Gracia de su esencial tributo creador… Esto es, no en mi concepción al menos, “naderías” o “productos” de los sueños e imaginación del hombre libre para fortalecer la Nada o el Caos, sino y por el contrario, para echar luz y orden a ese pedazo de Todo que, de esta forma, pasa a denominarse Cosmos o Sistema de sistemas interactivo y armonioso.

De lo aptitudinal

En un comentario[2] al relato “El esclavo” del escritor andaluz Antonio Camacho Gómez, llego a entrever que escritor es, en el completo sentido de su vocación, quien se atreve “a explorar los mundos” que giran alrededor y dentro de cada hombre, de cada ambiente o de toda masa viviente urdida en polvo de soles por el supremo Creador. Allí sostengo también que, escritor, es alguien “preparado para aceptar los claroscuros de la trama de la existencia humana, acechada por su inescrutable finitud”; finitud “donde sólo la efusión del amor ofrenda connotado y denotado por las esencias de la bondad, la belleza, la justicia y la verdad, entrelazados junto a sus negativos correlatos, esto es, el odio, la miseria, la violencia y lo mendaz, atributos que orlan -como las dos caras de una misma moneda- a la humana fragilidad, permiten en clave de esperanza y destino de trascendencia, el profundo mensaje que bulle elocuente y vivaz” en los intestinos y extremadurasde la referida trama.

Es decir que si el lector no cuenta con esta visión polifónica, polícroma y multiforme del tejido vivencial en quien administra y enhebra los hilos del don gratuito de la palabra, estará a merced del desánimo metafísico y trascendente (o náusea de Sartre) de su sesgado congénere o influyente interlocutor, corriendo el grave riesgo de “deambular (sólo y solo) por las oscuras quebradas de la ´condición humana´ (A. Malraux, op. cit.) y el vértigo de las frustraciones y angustias de la vida”, presentada sin más como irredento calvario hacia la nada. “Visión estrecha que le impedirá otear, más allá del abismo terrenal, un cielo cuyo firmamento es ícono de la eterna felicidad”.

Así, cuando aparece la verdadera literatura es porque ha sido puesta a prueba también “lo que el verdadero escritor y lector poseen por naturaleza: sensibilidad emotiva y paciente racionalidad elaborativa e interpretativa”. Porque los duendes del misterio y las criaturas que los habitan, se inclinan hacia fuera para horadar nuestra emotividad sapiencial; esa conciencia activa que nos “promueve y nos lleva a conmovernos en solidaridad de especie, de humanos, de ´ser´ humanos, personas con dignidad, inteligencia, voluntad, libertad  y creatividad, y a comunicarnos mediante el gesto y la palabra pensada y obrada como… una “honesta delatora”[3]. Palabra llamada a potenciar el rigor de su impronta literaria, hasta elevarse hasta las más altas “cumbres del Verbo, que sólo aquel que entrena su oficio” o trabajo “de escritor como el águila y el cóndor su vuelo montañés, podrá avizorar en la hondura y holgura que guarda” su intimidad más íntima, “como hospitalaria casa del significado de todo y de todos. Casa donde es posible aprehender con tensión y ternura combinadas, los prealudidos claroscuros de la existencia y en el vértigo de sus angustias, fracasos,  gozos  y heroísmos”. Casa donde concurren, en definitiva, las pruebas, sacrificios, fatalismos y frustraciones del hombre, junto a los frutos sarmentosos de una ardua plantación y pródiga vendimia, resultado no sólo de un hercúleo esfuerzo para vencer las medusas del inframundo asomado a la tierra, sino de una celestial providencia quecorrige, suaviza y consuela –misericordiosamente-“el caminar del hombre”[4]

Producto cultural

En tal sentido abogo para que, tan grave tarea comunicacional, se tome realmente como lo que es: un trabajo que dignifica a quien lo ejerce con humildad de corazón y rectitud de intención -como cualquier otro trabajo; sólo que éste contempla, descubre, analiza y expresa a las esencias inmateriales que alimentan el fuego de la vida para la Vida en el Cosmos todo, dotando de luz y orden al Caos irredento de las tinieblas confusas que anteceden a lo creado-. Especialmente, y retomando la directriz papal introductiva, porque en estos tiempos apocalípticos de materialismo y utilitarismo productivista, resulta –al menos en mi caso- también bueno afirmar la idea de que, quienes practicamos el oficio  -actividad consciente y consecuente- de trabajadores de la palabra en la Palabra-o Escritores fabricantes de literatura: personas en ciernes o al filo siempre de su alter ego, la filosofía-, desde el esfuerzo, la inspiración y la imaginación, somos también creadores de… “productos”.

Productos. Un término cuyo complejo alcance ha sido manipulado y aislado por ahora sólo para los intereses de la ciencia económica. De “productos” sí, pero “culturales”. Esos que transfiguran los límites de la materia, para adentrarse en los secretos de la vida misma, y se arropan como libros gráficos (los más sensuales y deseados por el ethos tradicional, con olor a pan de papel y tinta de sangre, humanizados, sacramentados), libros electrónicos (versátiles y de mayor alcance, pero artificiales; tan artificiales como toda la sociedad tecnotrónica que viene aplastando al orden natural de la existencia), folletos y hojas volantes (leves, sintéticas y sincrónicas) gráficas o electrónicas, y cuevas de foros o magazins virtuales (parnassus fabricados en las nubes de Internet o red de redes binarias, matemáticas y casi infalibles en su transmisión y retransmisión de la palabra y sus ecos planetarias y siderales)… Productos.  Frutos de un trabajo no ajeno a una singular aventura vital que integra a cuerpo, mente y espíritu de un obcecado labrador de historias ciertas o ficcionadas (he ahí al cuentista), o terreno extirpador de las esencias que atomizan simbióticamente el drama y la trama de la existencia humana (he ahí al poeta)…

Ejemplo de esta última afirmación, alusiva al escritor-poeta, puede constatarse en el siguiente trabajo de la poeta uruguaya, Lilian Viacava:

¡Salve Poeta![5]

Adormecida en el teclado de mis horas / vierto en las letras imborrables alegrías / que compartimos bajo el seno de la luna / cuando en la noche compartimos fantasías.

Y en el silencio nos decimos tantas cosas / que las palabras van formando una corona / entre tus versos engarzados / como agitadas alas blancas de paloma.

Suspira el viento en la boca sin sonido / en emociones que se cruzan por el aire / y el corazón va acelerado ¡consentido! / por las palabras desplegadas con donaire.

Palabra en letras que nacen adornadas / en nuestras horas compartidas con belleza / es la amistad que cultivamos como rosas / ¡salve poeta! Nuestra amistad es mi riqueza

Sacralización

Así, cuando al escritor se lo nombra, en este caso, “poeta”, podemos dar cuenta y en plena coincidencia con ella, de lo expresado por la Dra. en Letras, Prof. Graciela Maturo[6] (a quien reconozco como Maestra de América), en tanto que:

“Si el hombre puede ser definido como el ser que comprende, el poeta es aquel que contempla y crea para comprender. Su atención a la realidad pone en marcha todas sus facultades: sensibilidad, afectividad, memoria, fantasía creadora, intuición simbólica, intelecto, reflexión. Un mundo de formas y valores sensibles se ofrece a la mirada del poeta; esa mirada inaugural para la cual el mundo es siempre algo nuevo, un hoy virgen y bello, como decía Stephane Mallarmé. Es necesaria la mirada inocente del niño para captar emocionalmente la significatividad de las formas y percibir a través de ellas su relacionamiento oculto. En nuestra perspectiva, el acto poético remite a la experiencia mística, que fusiona al yo con la causa última… Bien lo vio Novalis, revalidando lo afirmado por larga cadena de Poetas: “La misión del Poeta es apoderarse del sujeto trascendental”.

En ese orden, Antonio Di Benedetto (1922-1986), figura emblemática de las letras argentinas, supo afirmar: “Escribo para confesarme y salvarme”; siendo otro ejemplo singular, al modo del honrado colega Leopoldo Lugones, del escritor como “el que asume la palabra como indagación del mundo y de sí mismo sin eludir en  ningún momento la responsabilidad de asediar la verdad”, asumirla y compartirla, haciendo de versos y ficciones vías locomotoras de una autocomprensión, mas no autocompasiva, solitarista o narcisista, sino portadora de lecciones que abran al lector “el conocimiento del mundo y de sí, como sólo el arte genuino sabe hacerlo”.[7]

Vale entonces recurrir ahora a la meridiana claridad de la poeta entrerriana Estrella Quinteros, cuando refiriéndose a los escritos y a los escritores, reflexiona: “(…) la escritura, que es una representante genuina de la Literatura tiene horizontes ilimitados, tiene la alegría de la creación de la que hablaban Dylan Thomas y Rilke; tiene una fuente que no se agota. Solamente se deja de escribir cuando nos abandona la vida. Se escribe sin papel, con las imágenes perdurables de la espiritualidad, se escribe en un rezo, en un abrazo, en la beatitud mirando el cielo, en una mirada hermosa de amor, en una lágrima inesperada, en un recuerdo. Ésta es la parte sana –acotamos: sagrada, sacralizada- de la Literatura, porque es la que puede ofrecer buenos libros y mejores escritores. Lo otro es el egoísmo, la mediocridad, el no acompañamiento, el no compromiso con nada ni con nadie”.[8]

En tal sentido, y desde mi creencia religiosa cristiana-católica, siguiendo los pasos de su doctrina social ecuménica, permítaseme acudir también a un delicioso fragmento del poema “Los pasos del agua”, de Sohrab Sepheri (Kashán, 1928 – Teherán, 1980)[9], considerado uno de los mayores líricos de Irán, nexo entre la gran tradición poética en lengua persa y la universal contemporánea, y que canta:

“Soy de Kashán. / No me va del todo mal. /Tengo un poco de pan, algo de inteligencia, un alfiler de gusto. / Tengo una madre mejor que una hoja de árbol. / Unos amigos mejores que el agua corriente. // Y un dios que está cerca de aquí: / entre los alhelíes, al pie de aquel pino alto, / sobre la conciencia del agua, sobre la ley vegetal. // (…) Mi espíritu fluye en la fresca dirección de los objetos. / Mi espíritu es joven. / Mi espíritu a veces es presa de tos por el anhelo. // Como el ala de un insecto conozco el peso del alba. / Como una maceta escucho la música del crecimiento. / Como una cesta de fruta deliro por la fiebre del madurar // (…) La vida es al fin y al cabo una costumbre agradable. / Las alas de la vida tiene la envergadura de la muerte. / Su alcance es tan alto como el amor. / Ni tú ni yo olvidamos la vida en la alacena de las costumbres. // La vida es el celo de una mano que recoge. / La vida es como las primeras brevas en la boca amarga del verano. La vida tiene la dimensión de un árbol a los ojos de un insecto. /(…) La vida es el silbido de un tren que se oye en el sueño de un puente. / La vida es la noticia del despegue de un cohete hacia el espacio, el contacto con la soledad de la luna, la idea de oler flores en otro planeta. // La vida es fregar un plato. // La vida es encontrar una moneda de medio rial en una alcantarilla. / La vida es un espejo elevado al cuadrado. / La vida es una flor elevada a la potencia de la eternidad. / La vida es la tierra multiplicada por los latidos de nuestro corazón. / La vida es la geometría sencilla y monótona de nuestra respiración. // Me encuentre donde me encuentre el cielo es mío. / La ventana, el pensamiento, el aire, el amor, la tierra son míos. / ¿Y qué importa / si los hongos de la nostalgia / crecen de vez en cuando? / No sé / por qué dicen que el caballo es animal noble y la paloma hermosa. / No sé por qué nadie tiene un buitre en una jaula. / No sé en qué es infierior la flor del trébol al tulipán rojo. / Hay que lavarse los ojos y ver las cosas de otro modo. / Hay que lavar las palabras / y las palabras han de ser el aire mismo, al misma lluvia. // Apartemos las cortinas. /Dejemos que el sentimiento respire fresco. / Dejemos que la soledad cante, / que escriba algo, / que salga a la calle. // Seamos sencillos. / Seamos sencillos, tanto en la ventanilla del banco como debajo de un árbol….”.

Por ende, y atento a lo analizado precedentemente, sostenemos que la razón última o misión egregia del escritor sería, y tal cual lo planteáramos de inicio, y a consecuencia de la química orgánica y espiritual que lo caracteriza, la de testimoniar la vida bajo el ardid taumatúrgico de la palabra interpelante y comunicativa, en orden a sacralizarla –mítica y trascendentalmente- en clave personal y social, y conforme a todos los aspectos, propiedades y dimensiones de su compleja, abismal desmesura…

Así, concluirá el Poeta Sepheri:

“Nuestra misión no es develar el misterio de la rosa. / Nuestra misión es tal vez / nadar en el hechizo de la rosa. / Acampar más allá del saber. / Lavarnos las manos en el éxtasis de una hoja antes de comer. / Nacer de nuevo cada mañana cuando sale el sol. / Hacer volar nuestras emociones. / Regar suavemente nuestra percepción del espacio, del color, del sonido y de las ventanas. / Plantar el cielo entre las dos sílabas del vivir”.

Desde mi Botica de Autor en Santa Fe de la Vera Cruz (Argentina): oiko cálido y refugio seguro donde respiro el aroma sagrado de un incienso siempre encendido por las brasas alertas del Maná de la Palabra… «Porque allí donde esté tu tesoro, estará tu corazón» (JC) – (Mt 18, 44) – Junio 2017 (T.a. Setiembre 2017): Dado en conferencia durante el Xº ENCUENTRO DE NARRADORES Y POETAS DEL MERCOSUR-SADE Gualeguychú (Entre Ríos, Argentina).-

[1]ADRIÁN N. ESCUDERO – Santa Fe, Argentina, 13-06-2015/16. T.a. Setiembre 2017.-
[2] Comentario al relato “El esclavo”, de Antonio Camacho Gómez – 19/29 de mayo de 2012.-
[3]Evangelina Simón de Poggia: Artículo: “La palabra: esa honesta delatora” – Diario El Litoral, Santa Fe, – Argentina, 29 de mayo de 2012.-
[4] Prof. María Hortensia Oliva – Palabras de presentación de libro “LAS SIRENAS DEL ODIO”, de Antonio Camacho Gómez, bajo el título de “Por los hilos del pasado a la trama del tejido”. Santa Fe (Argentina). Mayo 2012.-
[5] Publicado el 14-10-2014 por la Poeta y Narradora Lilian Viacava (Ciudad de la Costa (Uruguay), del “Cercle Universel de la Paix (France & Suisse)”, en el Foro “PARNASSUS – Patria de Artistas”, dirigido por la escritora Marisa Aragón Willner (Buenos Aires, Argentina).-
[6] Graciela Maturo (Nacida en Santa Fe, radicada desde su juventud en Buenos Aires, Argentina). Escritora, Doctora en Letras, poeta, catedrática universitaria (UNBA – UCA – UNCuyo – UNSalvador – Instituto Franciscano), ensayista, filóloga y crítica literaria. Investigadora Principal de Consejo Nacional de Investigaciones (CONICET). Fundó en 1970 el Centro de Estudios Latinoamericanos y en 1989 el Centros de Estudios Iberoamericanos de la UCA. Fue Directora de la Biblioteca Nacional de Maestros (1990-1993).
Su prolífica Obra puede consultarse en el sitio:
http://www.poeticas.com.ar/Directorio/Poetas_miembros/Graciela_Maturo.html.-
[7] Graciela Maturo, op. cit. – Conferencia “Antonio Di Benedetto: la escritura como vía de conversión” – Centro de Estudios Latinoamericanos y Museo Etnográfico de Santa Fe – Marzo 2017.-
[8] Estrella Quinteros – Artículo “De escritos y escritores” – Diario “El Litoral” (Santa Fe, Argentina), 13 de Junio 2004.
[9]Nota del Autor: Poema recibido un 12 de enero de 2005 como regalo, y de parte del Lic. en Letras, Osvaldo Raúl Valli (N. Santa Fe, Argentina, 1943), con ocasión de mi cumpleaños número 54. A Dios gracias.-

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