CRÓNICAS, ARTÍCULOS Y ENSAYOS

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EL CASTILLO DE ORO DE LA ABUELA
Por: Leonora Acuña de Marmolejo

Cierto día mi nieto Jason de cuatro años de edad me dijo muy curioso:  ̶ Abuela! ̶                 ̶ Cuéntame de cuando eras niña ̶  Bien:  ̶  repliqué amorosa ̶  . Comenzaré diciéndote que mi niñez fue tan feliz, que guardo esos recuerdos cuidadosamente en mi memoria en lo que yo llamo “Mi castillo de oro”, y allí, mi cielo, buscaré ahora: Veamos…

       Nací y me crié en un precioso pueblo de clima caliente llamado “La esperanza”, situado en un valle rodeado de colinas y atravezado por “El manso”, un pequeño río rumoroso adonde solíamos ir al atardecer, en pequeños grupos acompañados por nuestras madres. Allí a la orilla echábamos barquitos de papel hechos por nosotros, para verlos alejarse en la suave corriente. (Cuando llovía hacíamos lo mismo con los barquitos, en las cañerías cercanas a las calles).  A veces, indebidamente, nos escapábamos sin permiso e íbamos hacia el río por la calle principal, llamada “La Calle Real”, mas al volver recibíamos el regaño de ellas, y con razón, porque habían estado angustiadas pensando en el peligro que hubiésemos podido correr.

       Otras veces ibamos en grupo a la pequeña colina en donde estaba situada la casita de la Señora Baltasara, y desde alli nos deslizábamos en bateas, unos recipientes hechos de madera, que utilizaban las mujeres para lavar la ropa.

       En tardes en que el viento era favorable, íbamos a una esplanada cercana a elevar cometas, las que vendía mi papá Miguel en su pequeña tienda de misceláneas (en donde se vendía de todo un poco). Pero como eran un tanto caras, nosotros aprendimos a hacerlas con papel de seda de diferentes colores, y barillitas de guadua que cortaban y pulían nuestros padres. Cuando la cometa persistía en “colear” o caerse, los niños decían: “le falta peso en la cola”; entonces alargábamos esta con una cadena de papel más larga.

       A veces por las tardes después de comer y hacer las tareas escolares, salía con mis amiguitos y los niños vecinos a jugar a la calle o a la plaza principal a sólo unas dos cuadras de casa. Acostumbrábamos a jugar por ejemplo a “la lleva”: un niño corría a perseguir a los  otros que también corrían de huída. Al que fuera alcanzado le decían: “La lleva” y este repetía lo mismo.

       En otras ocasiones jugábamos a  “La Flor bonita” : a una niña separada en el centro de una rueda que hacían los otros del grupo, uno de estos le preguntaba: “Flor bonita:  ¿qué querés?” Ella entonces  replicaba: “casarme quiero”. ¿Con quién será?  –le preguntaba otro ̶  . “Con el más bonito que en la rueda habrá.” Entonces ésta comenzaba a tocar a uno por uno diciendo: “ni contigo, ni contigo, ni contigo… hasta señalar al de su preferencia; y así…al que fuera escogido le tocaba repetir el juego.

       En las noches de luna llena, solíamos ir también en grupo con nuestras madres, caminando, retozando y cantando por la carretera que conducía a una pequeña villa cercana llamada San José. Luego volvíamos a nuestros hogares a dormir, un tanto cansados pero felices!.

        También jugábamos a “la gallina ciega”. Un niño con los ojos vendados tenía que tocar a otro entre los que estaban cerca pero eludiendo a la gallina ciega. Le correspondia el próximo turno a quien fuera tocado por esta.

       Como habrás podido observar mi niño, tuve una infancia sencilla pero muy feliz en donde aprendí a amar, a respetar,y a compartir con mis semejantes. Y ni qué decir de las celebraciones de Navidad y Año Nuevo! Otro día te contaré más. Ahora ve a dormir, pues veo que ya estás “cabeceando” , como decíamos cuando alguien empezaba a doblar la cabeza por el sueño.¡Que Dios te bendiga hijo mío y que sueñes con los ángeles!

FRAILES DOMINICOS EN CHIAPAS, MÉXICO
Amado Blanco Pedrero
México

Los frailes dominicos llegan a Ciudad Real (San Cristóbal de las Casas), en marzo de 1545. Habían salido de Salamanca, España., el 12 de enero de 1544. Eran cuarenta y seis los valientes divulgadores de la palabra de Dios, cuando abandonan la bella península española.

Empezaron a sufrir desde que salieron de Salamanca. La lluvia torrencial que tuvieron que soportar retrasaba la marcha, agotados llegaron a Cáceres, con mucha dificultad cruzaban ríos y muy diezmados físicamente arriban a Sevilla, en cada lugar se dedicaban a pedir limosna, los alimentos se terminaban y había que tener una reserva porque sabían que lo más difícil estaba por venir. Ante las dificultades que encontraban en el camino, ellos respondían cantando salmos, o rezando el rosario.

Con un poco de alegría por fin, después de caminar varios meses hacen su arribo a San Lucar de Barrameda, estaban ya a pocos días de partir para siempre de su querida patria, sabían que era probable que no volvieran a ver tan bella tierra.

Algunos descansaban y otros trabajaban almacenando frutas, pan, y productos duraderos que llevarían a las Indias, sobre todo agua dulce, también formaba parte del menaje campanas y libros, muchos libros. Llegó el día, y por fin el 11 de julio parten en una barca incómoda y agotados físicamente por estar mal alimentados. El viaje se realizó sin complicaciones, más que los normales, cuestión de vientos nada más.

Fue el hasta el 9 de septiembre que la barca estaría anclando en la isla Santo Domingo, después de elogiar a la isla de Puerto Rico cuando pasaron cerca de ella, llamándola la isla del encanto, algunos expresaron que era la isla más bella que jamás habían visto. Habían llegado a las Indias y eso era motivo suficiente para darle gracias a Dios.

Todos al desembarcar se sintieron adoloridos y algunos mareados, aunque estaban conscientes que les faltaba mucho camino por recorrer para llegar a su destino. Tres meses descansaron en la Isla Santo Domingo, fue hasta el 14 de diciembre que salen de dicha Isla para dirigirse a Campeche. Cuando llegaron al pueblo campechano estimaron que estaba poblado por 500 casas y una pequeña villa de trece vecinos españoles, que les dio mucho gusto verlos.

En Campeche llegaron también muy cansados y descansaron para reponer fuerzas, llenaron sus recipientes de agua dulce y a mediados de enero salieron diez dominicos rumbo a Tabasco, el viaje  se tornó muy complicado, muy peligroso ya que el mal tiempo les había hecho pasar malos ratos pues las olas eran enormes y el mar estaba muy picado; las oraciones eran continuas y cada vez en voz alta.

Fue tanto el embate de las olas que la barca terminó por volcarse. No todos los frailes sabían nadar, de los diez que habían salido de Campeche nueve de ellos fallecieron ahogados, en total murieron treinta y dos personas. Este lamentable acontecimiento ocurrió el 20 de enero en Laguna de Términos, del hoy estado de Campeche (cuya capital tiene el mismo nombre).

Cuando el vicario fray Bartolomé de las Casas se enteró de lo ocurrido, lamentó mucho el fallecimiento de todos y se pusieron en oración de inmediato.

A parte de las pérdidas humanas, las campanas se fueron al fondo del mar, de todas las cajas de libros, el propio mar puso en la playa entre diez a doce de ellas, lográndose recuperar muy pocas obras.

Mal y de malas estaban los religiosos, habían perdido a sus amados colegas y gran parte del valioso cargamento, aunque las cajas de los libros aparecieron prácticamente hecho pedazos casi nada era rescatable. Cuando ya todos se reunieron en Campeche, la necesidad de los alimentos era enorme, los españoles que ahí vivían hacían lo que podían para auxiliarlos.

Partieron posteriormente a Tabasco en donde navegaron por el rio Grijalva para llegar a Tacotalpa el 22 de febrero de 1545, para entonces algunos estaban muy enfermos y eran transportados en hamacas por los indios que ayudaron muchísimo en el transporte de sus pertenencias como de la persona del señor obispo Bartolomé. Continuaron su camino y llegaron a Teapa el miércoles 25 de febrero, último pueblo del estado de Tabasco y de ahí por estar muy cerca continuaron a Ixtapangajoya—primer pueblo del estado de Chiapas—llegaron el 26 de febrero. El sábado 28 continuaron la marcha rumbo a Solosuchiapa, gracias a que el cacique de Ixtapangajoya les había proporcionado a unos indios cargadores (Tlamemeques o Tamemes), llegaron un poco descansados a Solosuchiapa. No olvidemos que algunos iban enfermos, en el tramo de Solosuchiapa a  Ixhuatán se encontraron a Pedro Gentil que veinte años antes había llegado a Chiapas con Diego de Mazariegos, Gentil los recibió con mucha alegría y les proporcionó alimentos y bebidas.

En casa de Pedro Gentil, se quedaron dos frailes, uno muy delicado y el otro para que lo cuidara, el enfermo habría de fallecer pocos días después.

El día miércoles 4 de marzo descansaron en Tapilula. Aquí tomo un pequeño relato del cronista Fray Tomás de la Torre, que nos dice “Habíamos de subir en saliendo de allí, la cuesta de Tlapilula que es afamada en toda esta tierra, y viendo el padre vicario que caían tantos males y que todos íbamos en disposición de caer, dio licencia para que los flacos almorzasen y así almorzaron allí a un huevo asado cada uno”.

La cuesta de Tapilula antes la había mencionado Bernal Díaz del Castillo, en su espléndida obra Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, diciendo que el diablo había hecho esos caminos para desbarrancar a los humanos. Fray Tomás de la Torre nos dice al respecto “Todas las cuestas y puertos de España son salas barridas en comparación de estas cuestas.

En Tapilula habría de fallecer otro hermano religioso, era comprensible, dado la precaria alimentación y el esfuerzo físico era sobrehumano. El día jueves 12 de marzo de 1545, enfermos, cansados y sufriendo llegaron a Ciudad Real (hoy San Cristóbal de las Casas). Empieza otra historia para Chiapas, estos sufridos hombres llevarían otra cultura a Chiapas, otro idioma, otra manera de ver el mundo, la grandeza arquitectónica la podemos apreciar actualmente en Chiapa de los Indios (Chiapa de Corzo) en donde está la fuente colonial estilo mudéjar que data de 1562, el templo de Santo Domingo en San Cristóbal de las Casas, el convento de Tecpatán, el templo de Copanahuastla, (abandonado), lo mismo que la iglesia de Santo Domingo de Comitán (solo por mencionar algunas obras majestuosas).

Ojalá valoremos el sufrimiento que padecieron estos divulgadores de la palabra de Dios, y cuando veamos una obra hecha con la sabiduría y gran esfuerzo, como seguramente fue el subir la campana en la iglesia de San Sebastián de Chiapa de Corzo, pensemos que bien vale un agradecimiento por todo el legado que nos dejaron. Por mi parte solo puedo decir: Gracias mil, predicadores, gracias a los indios que trabajaron a la par con los dominicos, porque supieron demostrar que también sabían hacer buenas construcciones. Que Dios, el de usted y el mío los bendiga.


AMIGOS
Carlos Benítez Villodres
Málaga (España)

Un buen amigo vale más que todas las exquisiteces que nos ofrece la vida. “Una amistad delicadamente cincelada, nos dice Ortega y Gasset, cuidada como se cuida una obra de arte, es la cima del universo”. Aseveración esta tan verdadera como todas las que brotaron de la claridad mental de nuestro filósofo y ensayista. Aquellos que beben, pues, del gratificante e inagotable manantial de la amistad sabrán valorar esta guirnalda de palabras rebosante de transparencia y armonía sobre este profundo afecto personal, totalmente sano y generoso, y siempre compartido con otra persona que te corresponde, con esa pureza y desinterés, como tú a ella. Los tres mosqueteros, del escritor francés Alexandre Dumas, es, sin duda, una historia arquetípica sobre la amistad, basada en los sentimientos y los comportamientos de sus personajes. Otros ejemplos variados de diversos tipos de amistades entrañables exhibidas en la literatura son: “Don Quijote y Sancho Panza”, “Sherlock Holmes y Watson”, “Butch Cassidy y Sundance Kid”, etc. Asimismo, en el cine y la televisión hallamos paradigmas de amistad en los ya clásicos “El gordo y el flaco” y “Los tres chiflados” hasta series de televisión estadounidenses como “Friends”, comedia que gira en torno a las relaciones de seis amigos.

 Ya Aristóteles, considerado el “Padre de la filosofía”, en su escrito “Ética nicomáquea” dedica los libros VIII y IX, de los diez libros que forman parte de ella, para hablar del valor humano que posee la amistad puramente afectiva y desinteresada.

El vínculo de la amistad es tan fuerte que no existen vicisitudes adversas ni términos o normas que puedan deteriorarlo o inutilizarlo. Esa es la auténtica amistad. La misma que, con el paso inexorable del tiempo, se va fortaleciendo y acrecentando para bien de los amigos, así como de aquellas personas de su entorno más o menos cercano. Aunque, al respecto, debo decir que “una amistad no crece, refiere Ada Ruth, por la presencia de las personas, sino por la magia de saber que, aunque no las veas, las lleva en el corazón”. Esto mismo es lo que les sucede a los amigos. Ciertamente, los amigos se ven de tarde en tarde, pero ellos saben, sin decirse nada, que uno está totalmente en los adentros del corazón (vida) del otro, y este en los de aquel, aunque, retomando otra vez a Aristóteles, asevero con él, ya que estoy totalmente de acuerdo con el filósofo griego, al expresar que “la amistad es un alma que habita en dos cuerpos, un corazón que habita en dos almas”.

Es evidente que la amistad se da en distintas etapas de la vida y en diferentes grados de importancia y trascendencia. La amistad nace cuando las personas encuentran inquietudes comunes. Hay amistades que nacen a los pocos minutos de relacionarse y otras que tardan años en hacerlo. La verdadera amistad dura toda la vida.

Con los amigos compartimos nuestras vivencias. Con ellos, nos alegramos o entristecemos, ya sea por parte nuestra o por la de alguno de ellos. Entre amigos se dan consejos, que en muchas ocasiones pueden ser la solución de problemas y conflictos. Ciertamente, los amigos aprenden unos de otros y nos ayudan a ser mejores personas.

La amistad resiste el tiempo y la distancia porque resiste los avatares de la vida del amigo. Además, la amistad no solamente surge con quienes tenemos más afinidades en cuanto a gustos e intereses, o con quienes tenemos más parecido, sino que puede aparecer entre personas muy dispares. De hecho, a veces ese es un factor que fortalece la amistad, pues una buena amistad complementa y enriquece a la persona no solo en el intercambio de ideas, información y sentimientos, sino también en el hecho de compartir los buenos y malos momentos de la vida.

Relaciones de amistad pueden nacer en los más diversos contextos y situaciones: el lugar donde vivimos, el sitio donde trabajamos, la escuela, la universidad, fiestas, reuniones, el café que frecuentamos, a través de otros amigos, redes sociales, etc.

Mateo Alemán dijo una preciosa frase alusiva a los amigos: “Deben buscarse los amigos como los buenos libros. No está la felicidad en que sean muchos ni muy curiosos; sino pocos, buenos y bien conocidos”.

            Concluyo este artículo, con una décima de mi autoría, a la que le puse el título “El buen amigo”:

La amistad es un tesoro
que nadie compra ni vende,
pero su esencia sorprende
porque brilla más que el oro
.
Ni abismo ni deterioro
el corazón del amigo,
sino que lo amo y lo abrigo
con la fecunda lealtad,
sarmiento de la bondad,
que siempre llevo conmigo.

DISPAREN CONTRA LA IGLESIA
Antonio Camacho Gómez

Me ha llamado poderosamente la atención las expresiones formuladas por un legislador  y profesor universitario respecto a que la Iglesia Católica sólo acepta el matrimonio siempre y cuando la finalidad sea la procreación. Vale decir que, según opina, más allá   de ese propósito en la pareja unida por Dios no pueden realizarse relaciones sexuales ajenas a aquélla. El disparate es mayúsculo y la ignorancia supina. Al margen de las uniones que por diversas causas no pueden fructificar en vástagos, aunque pueden adoptarlos haciendo un bien y sin acudir al uso de vientre ajeno, a probetas y a un cientificismo cuestionable, cualquier enlace ante el altar de iglesias cualesquiera tiene las mismas gratificaciones que dispense el amor en parejas atenidas al tribunal civil exclusivamente.

Lo mismo que tales aseveraciones son las de aquellos que, con desconocimiento o mala fe, sin excluir a no pocos políticos y periodistas, pretenden que la Iglesia decida per se lo que no le permite su fundador Jesucristo, en lo atinente a los divorciados vueltos a casar. Aunque muestra actualmente una comprensión, sobre todo después del Concilio Vaticano Segundo, que antes no manifestaba.

 En el sentido apuntado el actual Papa revela una sensibilidad y un criterio dignos de elogio, pues ni les cierra las puertas a los templos, ni les impide intervenir en las actividades que se realizan en ellos, con excepción de la comunión. Pretender, entonces, que permita lo que no puede conceder, es obviamente ilógico.  Resulta chocante en oportunidades que numerosos anti católicos intenten forzar una resolución imposible.

  Al margen de que la Iglesia está compuesta por pecadores –los cientos de sacerdotes pedófilos condenados por los tribunales eclesiásticos y civiles no invalida a los miles que no lo son, ni a un santoral creciente-, pero también con miembros que se juegan la vida, y la pierden muchas veces, en los países de misiones, el Papa Francisco constituye un cabal ejemplo, mal que le pese a malintencionados compatriotas, de dignidad y lucha por el bien común, diálogo inter religioso y vocación por los pobres. La misma que demostró en su país cuando era cardenal. Humilde, abierto a las necesidades del prójimo, samaritano sin discusión. Ahora bien, Francisco, tantas veces censurado como si fuese un político argentino más, enredado en la chismografía local, sólo tiene voceros oficiales en el Vaticano y un representante en su patria como en múltiples naciones, el legado pontificio. Su misión es universal, probada en sus frecuentes viajes, tanto dentro de Italia, en casos dramáticos,  cuanto en territorios de confesiones diferentes  y con evidente riesgo de su propia existencia. La denuncia del exterminio armenio ha sido una dentro de un panorama de auténtico pastor en pro de una  humanidad maltrecha. Sus encíclicas, las jornadas de la juventud, que reúnen hasta dos millones de personas, su admirada alocución en el Congreso estadounidense, son puntos altos en una tarea ímproba como el más respetado jefe de Estado y el guía espiritual de mil trescientos millones de creyentes. Su infalibilidad es limitada. Fuera de ella puede equivocarse, por eso ruega que recen por él. Además, tiene opositores enclaustrados en viejos privilegios. Y  “católicos caracoles”, como los llamaba Giovanni Papini.

A esta altura cabe preguntarse: ¿por qué tanto ensañamiento con la Iglesia Católica, aun de sectores que desean su aprobación sin pertenencia? ¿No será por su tremenda influencia moral por más de dos mil años, no obstante desvíos y abusos en las supremas instancias?

NO TODO ES QUE ESCRIBE POEMAS ES POETA, Y…Adrián N. Escudero
Santa Fe -Argentina

“Crecen las palabras sin su sentido más preciso. Es/ Necesario encontrar la clave del poema. ¿Dónde está/ la belleza?” – Rubén Vela (Santa Fe, Argentina, 1928 – Buenos Aires, Argentina, 2018).

   … Entiendo que no todo el que escribe poemas es Poeta, ni todo el que escribe prosa es narrador o prosista. Escribir, escriben todos. El tema es alcanzar el Arte de la Literatura. Y quien lo alcanza debe ser llamado “literato”, porque la Literatura es algo y mucho más que la escritura.

   En tal sentido, y mediante nota dirigida a ASOLAPO-AGENTINA, daba cuenta de una breve opinión sobre el tema y que enviara al Foro “PUNTOS DE VISTA” de UNILETRAS-SJ SIGLO XXI (Naciones Unidas de las Letras-Semillas de Juventud Siglo XXI), abierto a discusión el 15 de este mes, y partiendo del planteo realizado por un consagrado ex poeta rumano (el mejor de los años ´80) y actual prosista a full, Mircea Cartarescu , donde brindaba una sucinta opinión concordante –prima facie- con la de este literato. Opinión que ahora amplio, necesariamente y a los efectos de transformar dicha nota en el presente artículo, donde me permito reflexionar -con un poco más de detenimiento- en el revolucionario pensar sobre el oficio de las letras por parte del mencionado prosista (¿poeta?).

   Así, y como dicho colega, llamado hoy día “el renovador” y “la nueva sangre de la literatura europea”, leo demasiada poesía; incluso debo reconocer que, por momentos, me siento saturado (muy saturado) de hacerlo, y hasta he debido darme mi propia respuesta a tan significativo incordio literario: pues, y como lo he afirmado mucho antes de conocer el pensamiento de Cartarescu, insisto, no todos los que escriben poesía son Poetas, así como, no todos los que escriben prosa son Narradores o Prosistas: ser literato (y no, meramente escritor) es realmente el objetivo si deseamos construir Arte por medio del Verbo (Arte: artificio de la sensibilidad y subjetividad del hombre puesto en relación biunívoca con la trama existencial) y testimoniar e iluminar así la realidad en todas sus dimensiones y perspectivas.

   Al respecto, y bajo riesgo de escandalizar a muchos escritores, escribientes, escribidores y lectores de Poesía, Cartarescu,  para quien la misma “fue, o es, su primer gran amor literario”, se dedicó a dicho benemérito género “hasta que dijo: no más”, según Diego Felipe González Gómez, su entrevistador en un extenso reportaje de seis páginas publicado en la Revista “Bocas” – Edición 80 – Noviembre 2018. Y quien luego de los rodeos propios de todo encuentro literato-crítico literario, acabó por inquirirle la cuestión más relevante de su reportaje, al preguntarle: “Y, ¿qué lo llevó a divorciarse de la poesía y pasar a la prosa? ¿Por qué abandonar ese gato muerto del mundo consumista como lo llamó en su libro “El ojo castaño de nuestro amor”?”

   A lo que nuestro lúcido –aunque para algunos, supongo, controvertido- literato, respondió: “Poesía es una palabra engañosa. Te hace pensar en el arte de componer versos y en los libros de poemas. Pero, en realidad, la poesía es una manera especial, ‘oblicua’ de ver el mundo. La mayoría de los libros de poesía que se publican en la actualidad no tienen nada de poéticos, porque sus autores no son poetas. Sólo alguien capaz de ver poesía en todos y cada uno de los fragmentos de este mundo, en un clip, en un soneto, en un par de calcetines sucios o en una galaxia, puede llenar un libro de poemas de verdadera poesía. Para mí no existe ninguna diferencia entre escribir poesía o escribir prosa, o quedarme en mi hamaca y contemplar los escaramujos de mi jardín, o jugar con mis gatos. La poesía fluye por todas partes, “within you and without you” (Dentro de uno y fuera de uno)… 

   … Para reafirmar a continuación y con la contundencia y firmeza propias del que ha sabido conocerse y aceptarse a sí mismo, para abandonar necedades y crecer luego en sabiduría…: “Cuando llegué a la treintena, miré atrás y no me gustó lo que vi: demasiados libros de poemas con mi nombre en la cubierta. ´No es sano escribir tanta poesía –me dije a mí mismo, pensando en Bash y en Keats–. A partir de ahora no voy a volver a escribir un solo verso´. Y cumplí mi promesa, como hago siempre: he leído un montón de poesía desde entonces, pero no he escrito ni un solo verso en los últimos treinta años. La prosa es el único tipo de poesía que deseo hacer”.

   En ese orden, y en lo que me concierne, cuando nadie hablaba de ello, me ví acuñando a fines de la en lo década de los ´70 el término «Poesía en Acción»; ello, a los fines de intentar, con tal pudoroso concepto, rescatar a la bella (verdadera) arquitectura de nuestro lenguaje idiomático español, el cual y a mi criterio, sólo a través de la prosa puede estallar en toda su potencia para captar en plenitud de medios y de fines, a las esencias de todas las dimensiones de la trama universal de la existencia humana…

   La Poesía antigua, la de la época de Oro Española, por ejemplo y su símil inglesa, nos ha dejado quizás ya lo mejor del intento humano, principiado por los escribas griegos, de formatear dichas esencias bajo un determinado código denominado poiesis o acto creador; término poiesis apropiado sincrética e impertinentemente por los poetas como Poesía, y soslayando de este modo la alcurnia y sentido de su expresión inicial: acto creador. Acto que jamás podrá suplirse completamente con la elegancia de la versificación alejandrina, cc., o libre, al cotejarse –en humilde pose- con la grandeza y poderío de la Prosa, como el instrumento más eficaz e interpelativo para capturar, conjuntamente con el deleite de una historia de vida o de mundos, el sabor de la metáfora y de otros artificios propios del sistema comunicacional, sensorial y espiritual humano… Si hasta trova breve, el haiku y sus competidores, pueden apreciarse como magníficos microrrelatos o microalegorías…

   Por lo que afirmo entonces y como nuestro prosista rumano: «La prosa es la única poesía que deseo escribir» y “sólo escribo lo que en verdad quiero escribir”; algo de lo que he tratado de dar testimonio a través de mi modesta trayectoria literaria desde Santa Fe de la Vera Cruz (Argentina), y a segura herencia vernácula de Miguel Ángel Correa “Mateo Booz” (1881-1943) y Edgardo A. Pesante (1932-1988).

   Es que se ha escrito y se escribe, sobre todo hoy día con esto de la Internet, carradas de «poesías». Una experta en Literatura como la Dra. en Letras, Graciela Maturo (N. Santa Fe, Argentina, 1928. R. actualmente en Buenos Aires, Argentina), y «Personalidad Sobresaliente de la Academia Argentina de Letras – Año 2018», advierte acerca de los sentimentalismos y apresuramientos linguísticos que despojan al arte poético de su verdadera identidad. En tanto, el uruguayo Horacio Silvestre Quiroga Fortaleza (1878-1937), un prosista de aquéllos, también lo advierte en su “Decálogo del joven escritor, atacando incluso el exceso de adjetivaciones (cuestión opinable, porque todo debe girar no en “lo que se cuenta” sino en el “cómo se cuenta”), sugiere que no debe escribirse jamás bajo el imperio de la Emoción. El auténtico artista (artificio subjetivo valorativo de lo real), la deja morir y luego, intenta reconstruirla. Quiroga entonces afirma que quien alcanza ese objetivo, en verdad, sólo ha llegado en Arte, a mitad de camino… Para pensar, ¿verdad?

   De todos modos, y en correlato con el testimonio hispanoamericano de las plumas del colombiano Joseph Berolo Ramos, del peruano Hugo Garrido Chalén, del andaluz radicado en Argentina, Antonio Camacho Gómez, o del bonaerense argento Norberto Pannone, y de mis comprovincianos Graciela Maturo, Nora Didier, César E. Bisso, Oscar A. Agú, Horacio C. Rossi (in memoriam), Fortunato Nari, Lermo Rafael Balbi, Juan José Saer y Rubén Vela (in memoriam), Susana Valenti, Liana Friedrich, Zunilda Gaite, Mirta Gaziano, Marta Rodil, María Beatriz Bolsi, entre otros, así como la gran pléyade entrerriana sustentada en la prosapia poética de Leoncio Gianello (in memoriam), y enarbolada en la actualidad por Abel E. Schaller; digo que, muy recientemente y en el número semanal del BLOG  LITERARIO DE ASOLAPO-Argentina (Asociación Latinoamericana de Poetas y Narradores, op. cit.) publicado el sábado 17 de noviembre del corriente año, pude constatar con beneplácito –sin olvidar que en números anteriores también emergieron vates de similar talla- los versos del sanluiseño Jerónimo Castillo (Argentina) y del medellino Jaime Vélez Ramírez (Colombia), el canto ruiseñor del alma de sinceros, vitales y talentosos Poetas. Poetas con mayúsculas. Porque, como gusto aclarar, ser Poeta (o Literato) es una forma de vida, y no el mero acto de escribir versos (o narraciones)…

   Y el colega Mircea Cartarescu, lo expresa sin ambages según González Gómez, comentando en su comprensión del pensar del literato rumano que, según éste, la Literatura es como un credo al que hay que entregarse ciegamente, sin reparos.  Hay que ser una especie de fanático capaz de encerrarse a leer durante días y semanas hasta bordear los límites de la esquizofrenia, como la que el mismo Cartarescu sufrió en su juventud, o tener la abnegación, como la tenían los monjes durante la Edad Media, de pasar muchas horas escribiendo hasta olvidarse del mundo terrenal; o creer que los libros son una especie de medio mágico para interpretar los sueños, para conocer el futuro o cambiar de sexo. Así, sostiene González G., él mismo lo dijo en su discurso de recepción del Premio FORMENTOR DE LAS LETRAS (Feria de Madrid, España) y la promoción de su último trabajo: “El ala izquierda” –primera parte de la trilogía CEGADOR, publicado por Impedimenta-, el pasado setiembre: “(…) Creo en aquellos para los cuales la escritura es una religión practicada con devoción, en soledad, en aras de la alegría personal y de la búsqueda de uno mismo, no una manera de adquirir un status social, notoriedad, dinero y gloria”. Y sin embargo, su compromiso no termina allí. Cartarescu cree que cada libro es una extensión de su cuerpo, un órgano vital que lo mantiene vivo. Tanto que si no escribe, el suicidio aparece en su cabeza como un fantasma.

   De hecho, y a diferencia de tan inquietante prosista, mi postura sobre estas últimas apreciaciones es que, para el escritor, cada libro, si bien es una especie de extensión de su cuerpo (y mente), también lo es de su ánima, y más que un “órgano vital para mantenerse vivo”, lo entiendo como a una suerte de hijo espiritual engendrado –al igual que un ser humano- por el cruce cromosómico del Maná de la Palabra y de la Imaginación Creadora (que algunos atribuyen al mito de las Musas, y otros al sudor del trabajo perseverante e ilustrado que modela y afina el talento hasta devenir en oficio literario). Hijo que una vez engendrado, al desprender su cordón umbilical con el autor, pasa a tener vida propia hasta llegar incluso a ajeneizarse completamente de su hacedor. Visto de esta forma, uno entiende al libro como vital instrumento de servicio a los demás, en cuanto eso sí, nos permite el regocijo placentario de lo íntimo, al ayudar a conocernos tanto en su prefactibilidad como en su edición gráfica o virtual, para intentar crecer y ser el mejor… de nosotros mismos. O como que, “dando, se recibe”, en sentencia poética atribuida al genio de san Francisco de Asís. Y en tanto lo que interesa es hacer Literatura, escribiendo… literariamente; siendo para nuestro personal oficio la publicación, necesaria más no suficiente necesidad… Dicha conciencia del punto permite, en mi caso y en el de tantos otros, sobreponernos a la cruda realidad de lo costoso que implica editar lo escrito literariamente en todas las épocas. Y ello al margen de la polémica marketinera desatada entre el Universo Gütemberg y el Universo Internet…

   Es que en una época donde la enfermiza “Ideología de Género” pretende destruir las bases mismas –y no sólo de él- de nuestro inefable idioma español, debemos acentuar la defensa del mismo, tanto en la forma como en el fondo… De no, tendremos que esperar varios siglos o milenios hasta que aparezcan literatos de la talla UNIVERSAL de un Cervantes, Hernández (el de allá y el de acá), Lugones, Borges, Bécquer, Lope de Vega, Lorca, Asturias, Balzac, Kipling, Dostoievski, Tagore, Kafka, von Gothe, Poe, Víctor Hugo, Melville, Joyce, Tolstoi, Dickens, Gjellerup, Shaw, Mann, Mistral, Eliot, Le Guin, Dumas, Twain, Golding, Tolkien, Martin, Bradbury, Sturgeon, Lovecraft, Ballard, Unamuno, Jiménez, Cela, Paz, Flaubert, Quasimodo, Seferis, Carroll, Szymborska, Faulkner, Hemingway, Russell, Neruda, Grass (Berolo, Chalén, Maturo, Didier, etc., etc., etc.), García Márquez, Vargas Llosa, Shonagon, Llosa, Fuentes, Darío, Alegría, Vallejos, A. Storni, Bajarlía, Pizarnik, Abraham, Dylan, Rowling, etc., etc., etc., entre los cabe contar indudablemente a todos –algunos de los cuales fueron mencionados precedentemente- aquellos literatos galardonados con el Premio Nobel de Literatura (y en consciente a-cronología, pues los miles de libros que yacen en una biblioteca culta y responsable, y atosigada placentera y racionalmente sólo de los buenos, “no necesitan estar ordenados por países, épocas o lugares”; buenos libros que son unos cuantos, a Dios gracias y haciendo realidad -pues nadie procede de sí mismo excepto Dios- la gracia o talento –que no otorga ninguna fábrica o taller literario, según E. A. Pesante, op. cit.-  que el Hacedor sembró en ellos como administradores del Verbo)…  


MIRARSE  EL  OMBLIGO 
Ángel Medina.
Málaga-España
(Este fragmento de “La vida es sueño” de P. Calderón de la Barca nos introduce en el relato, cuyos  versos  concluyen así: “Quejoso de mi fortuna/Yo en este mundo vivía/Y cuando entre mí decía: / ¿Habrá otra persona alguna/ De suerte más inoportuna?) …

El señor “X” se encontraba deprimido. Mileurista, había roto con su pareja y le fallaba la próstata.  Psicosomatizado y deprimido, consideraba a Job un émulo suyo. Un día encontró en el periódico un anuncio que llamó su atención y decía así: “Viaje a ninguna parte, pero con vuelta. Si está usted deprimido, insatisfecho, aburrido o cansado de la vida o es un Buda que se mira el ombligo le devolveremos el equilibrio perdido”, decidiendo comprobar de qué se trataba.

El empleado  que le atendió vestía como una ficha de dominó, mitad blanco y mitad negro, y cuando fue requerido del por qué de aquella extraña vestimenta le respondió con una enigmática respuesta: ellos le mostrarían  la negrura de la vida  para que él pudiera encontrar la luz. Y también- algo importante- que el viaje correría por cuenta de la Agencia. Escéptico a la vez que intrigado pudo más lo segundo que lo primero y aceptó.

El vuelo duró varias horas. Aún no había amanecido, percatándose que el cielo estaba iluminado por deflagraciones. El país estaba en guerra y una vez desembarcaron fue trasladado al escenario de las operaciones  e introducido en un búnker. Los obuses caían sobre el refugio. Después, se produjo el asalto del enemigo y los dos ejércitos mantuvieron una lucha cuerpo  a cuerpo. La carga de bayonetas fue terrible, quedando tendidos sobre el campo de batalla un reguero de caídos: muertos, heridos y mutilados que se retorcían entre alaridos. En un improvisado hospital de campaña los cirujanos se aprestaban a amputar aquellos miembros que yacían colgados de los soldados macerados. El espectáculo era sobrecogedor y entre todos llamo su atención la figura yacente de un muchacho barbilampiño con el cuerpo deshecho y pegado a cuatro muñones. Envuelto por un coro de quejas y quebrantos de los que aguardaban su turno, la respuesta le dejó frío.

  • Yo no cuento. He entregado la vida por mi país y estoy orgulloso de ello. No debo quejarme, a pesar del inmenso dolor que padezco, sabiendo que si sobrevivo seré un perfecto inútil que dependerá de la caridad de los demás.

Interiorizado, con el eco de sus palabras golpeándole la cabeza fue sacado de aquel lugar y conducido hacia su nuevo destino.

El lugar elegido era el Estado de Virginia, en los Estados Unidos, llevándole su cicerone a la prisión estatal. A través de una amplia ventana podía ver el interior de la sala, fijándose en el robusto sillón de madera maciza, de cuyos brazos y patas brotaban como raíces unos correajes gastados por el uso. El grupo de visitantes permanecía en silencio sepulcral, penetrando en ella un sacerdote y dos fornidos guardias que custodiaban al condenado, al cual obligaron a sentarse en el armatoste inventado por Harold P. Brown, el que fuera polifacético empleado de Thomas Edison. En tanto le ataban el clérigo recitaba unas frases de la Biblia. Luego, le adhirieron  unos electrodos a la cabeza y las piernas, comenzando a gritar como un poseso en un baldío esfuerzo por librarse de las ataduras. El verdugo conmutó una palanca y le fueron aplicados dos choques eléctricos durante varios minutos que vinieron a romper la resistencia de la piel, y, una vez conseguido, redujo el voltaje, aumentando la intensidad para que no acabase quemado como un bonzo, alcanzando la temperatura corporal los 59 grados, con el consiguiente daño mortal para sus órganos internos. Pero el hombre era fuerte y pudo soportar el trance, por lo que continuó aplicándole la elevada carga, hasta el punto de que su cabeza comenzó a arder como una tea. Finalmente, una vez certificada su muerte le desataron, teniéndose que separar de los cinturones  los trozos de la piel quemada.

Con los ojos desorbitados por el infernal espectáculo, el señor “X” sintió cómo se mojaban sus entrepiernas hasta quedar empapado.

  • ¡Relájese! Le aguardan más emociones- le anticipó el guía.

El tercer destino estaba en España, dirigiéndose hacia el valle del Laguar en el cual se encuentra el sanatorio San Francisco de Borja. A la entrada había un monolito a la memoria del doctor Hansen, descubridor del bacilo en 1873. Los jesuitas cuidaban a los internos. Se diferenciaban de los de la antigüedad porque no vestían harapos ni debían advertir de su presencia haciendo sonar una campanilla, pero los signos de la terrible enfermedad eran los mismos. Las úlceras laceraban sus cuerpos produciéndoles hinchazones, además de la pérdida de sensibilidad en sus extremidades. Algunos, desahuciados por una sociedad cuya estética se basa en la belleza y repudia la repugnancia tenían una tronera en la cara, un boquetón carcomido por el mal al que habían de alimentar poniendo en su rostro un trozo de carne para que fuese fagocitada. En tanto se lo explicaba se cruzó en el camino una pequeña leprosa, que en lugar de mano tenía muñones, sorprendiéndose al verla sonreír.

El periplo finalizaba en  Viena, donde se halla el mayor manicomio del mundo y cuyos pabellones se encuentran enlazados por un ferrocarril, albergando   hasta tres mil internos. Un grupo de ellos reían estridentemente, sin ton ni son. Más allá, un hombrecillo desaliñado se esforzaba por dar caza a una mosca invisible; a algunos le resbalaba la baba y asomaban los mocos por sus narigones invadidos de vasos capilares que denotaban el alcohol que presumiblemente llevaban en la sangre desde quién sabe cuándo. Todos desheredados de la tierra. Gente segregada de la sociedad, algunos, tal vez por el delito de ser diferentes. Quizá una muestra de cordura ante la locura colectiva de los que están fuera de los muros.

Antes de marcharse se les acercó una mujer con el pelo alborotado, ojos inteligentes y llorosos, espetándole a modo de despedida.

  • No todos estamos chiflados. También los hay cuerdos. Muchos de los que están al otro lado podrían acabar sus días aquí. La sociedad está enferma y desequilibrada. ¿Sabe por qué?: Porque al mundo le falta  la esperanza.

Al punto, dos robustos celadores la asieron por las axilas y se la llevaron en volandas hacia la enfermería para aplicarle una sesión de electro shock.

El viaje había concluido y regresaron a la Agencia. El señor “X” fue llevado al despacho del director, encontrándose con un hombre que debía frisar los sesenta y pico. Era adiposo y se mantenía erguido en el sillón sujeto por una abrazadera a la altura de la cintura. En seguida se percató que no podía ver, pues las cuencas de sus ojos estaban vacías. Tampoco oír, al carecer de orejas. Era, además, mudo, pues su boca no tenía labios, faltándole media lengua y tampoco tenía  brazos ni  piernas.

  • El despojo de persona que tiene ante usted- le dijo el guía- es mi padre. Hasta no hace mucho, habiendo amasado una fortuna vivió como un crápula pensando sólo en él, hasta que sufrió un grave accidente que le dejó en la situación que puede ver. De nada le sirvió todo el dinero que tenía y los médicos no pudieron hacer otra cosa que operarle varias veces para salvar su vida, quedando en el estado actual. Lo último que perdió fueron los brazos y antes de que le fuesen amputados dejó escrito un testamento que habría de ser su postrera voluntad. ¡Venga, se lo mostraré!

Entonces, abrió una caja fuerte y extrajo un papel, ofreciéndoselo para que lo leyese.

  • “Mientras vivimos plácidamente nos despreocupamos de lo que nos rodea. Viví como un animal y quiero morir como un hombre. Por eso, lego toda mi fortuna a la institución para que pueda hacer entender que la vida es hermosa a pesar de todo. Y que, si echamos la mirada atrás, nos daremos cuenta que hay otros más desgraciados que nosotros.  Somos hombres y no cosas. Nunca debemos perder la paz interior. El alma.”

Finalizada la lectura el señor “X” le prodigó una mirada de ternura. En ella podía advertirse que había asimilado  las experiencias vividas. A pesar de la problemática realidad, debía apreciar lo que tenía, desde la sonrisa de un niño, la ternura  de quienes nos aman, el aire que respiramos, el calor del sol o el equilibrio emocional, que sólo cuando las perdemos aprendemos a valorarlas, entendiendo  que siempre habrá quienes  soportan mayores sufrimientos. Y conmovido, superando la repugnancia abrazó aquella mole de carne que le había congratulado con la vida.

   

RECUERDOS  NOSTÁLGICOS   NAVIDEÑOS
Por Jaime O. Solís Robledo
México

Al acercarse la Navidad 2018, siento revolotear en mi mente –como avispero azuzado-  los recuerdos de mi vida solitaria como estudiante de la Escuela Nacional de Maestros; la mayoría de esas vivencias tienen como escenario y espacio temporal mi escuela, 54 años atrás. Esas meditaciones no son nuevas; cada año, al acercarse las festividades navideñas se recrean cíclicamente. Por casualidad camino ahora por las mismas calles por donde viví esa etapa de mi vida, las cuales lucen ya modernizadas, lo mismo que muchas de sus casas, antaño con sabor a siglo XIX. La casona aquella que dio albergue a mis tristezas y lágrimas, es hoy un moderno edificio de seis niveles.

En aquella época estudiantil vivía yo en un pequeño cuarto de 3 por 3 metros, sin sanitario en su interior, y en el cual con cierta dificultad cabían dos catres; el cuarto estaba ubicado en la azotea de una casona enorme, de esas sobrevivientes de la época porfiriana. En la planta baja y el primer piso había muchos cuartos, menos pequeños que el mio, en los cuales vivían estudiantes que provenían de pueblos y ciudades de diferentes estados de la república mexicana, al igual que yo. En la citada planta baja estaban los sanitarios que eran de uso general. El calendario escolar de entonces ordenaba que en los meses diciembre y enero, los estudiantes de todos los niveles gozaran de vacaciones. Las labores académicas se reiniciaban en el mes de febrero. En ese periodo vacacional, quienes vivían en aquella casona aprovechaban para ir a visitar a sus respectivas familias, lo que yo no podía hacer por falta de dinero para ir a mi pueblo, distante a mil kilómetros de la capital de mi país.

En virtud de lo anterior, durante ese periodo la casona semejaba una guarida de brujas o de seres de ultratumba, por su oscuridad y  silencio sepulcral. Eran los dias en que el frio y la soledad me laceraban sin piedad el cuerpo y el alma, que entonces le daban el adiós a mi adolescencia. El bullicio cotidiano también se iba de vacaciones, y de mas de treinta inquilinos, yo era el único huésped. Por si eso no bastara, Leonardo (mi compañero de habitación) se ausentaba antes de que oficialmente iniciara el periodo de asueto. Mi escuela, ubicada a una calle de mi domicilio, permanecía cerrada y cubierta también por un manto silencioso.

Ahora, 54 años después, voy caminando por estas calles aledañas a mi domicilio de entonces, al rencuentro con Víctor, entrañable amigo a quien dejé de ver 30 años aproximadamente. El motivo es efectuar un brindis por las fiestas navideñas e inicio del nuevo año, aprovechando la visita de mi amigo a la Ciudad de  México, adonde radico. Mientras camino hacia el lugar de la cita, voy rumiando las noches en que salía a buscar algo para cenar, cuando iba observando con tristeza las luces intermitentes y variados colores que adornaban las ventanas, haciéndoles marco a las imágenes de Santa Claus y de los Reyes Magos. Varias veces, en esas noches solitarias, no pude contener mis lágrimas, al recordar a mis padres tan lejanos, sintiendo una gran frustración por no poder viajar para abrazarlos como era mi deseo. Mi arribo al restaurant El Jaguar Guerrerense me sacó de mis nostálgicas tribulaciones. Víctor ya me esperaba, paladeando una cerveza.

Después del efusivo, emocionado y fraternal abrazo, vinieron los temas de saber de nuestras familias, de nuestra salud, cómo me va en la Ciudad de México y cómo marcha la situación en Puebla, adonde Víctor radica. Desde luego se desgranan los “comentarios de licor” y los chascarrillos, estimulados por las cervecitas y las copitas de jugo de maguey; poco tiempo después se abrieron las puertas de la poesía expresadas por un aprendiz como yo, y por mi Amigo, que lo hace muy bien; también hubo pausas para recordar algunas canciones y evocar vivencias estudiantiles. Los recuerdos nostálgicos de mi vida solitaria y extraviada de la década 60 se esfumaron, para dar paso a la alegría, a la anécdota picante, a la risa franca y al grato recuerdo de amores que se perdieron en la neblina del tiempo. Cinco horas las vivimos en 5 minutos, por la velocidad en que el tiempo corrió.

El brindis y la despedida fueron los momentos culminantes. Deseo –dijo Víctor-  que haya alegría y paz en tu hogar durante los festejos navideños, y que el año nuevo te traiga grandes triunfos y mucha felicidad. Deseo también –continuó-  que a México le vaya muy bien con el nuevo gobierno, que haya progreso y prosperidad para todos los mexicanos.

Alzo mi copa, le dije, para entregarte en un fraternal abrazo mi profundo deseo por tu completa salud al igual que todos tus seres amados; que tengan éxito en todo lo que emprendan, y que la alegría inunde en todo momento sus hogares. Brindo también porque los mexicanos de todos los niveles sociales aprovechemos esta nueva oportunidad que se nos abre, para realizar una transformación profunda en nuestra forma de vida; que no esperemos todo del gobierno entrante, que todos cumplamos con nuestras responsabilidades como buenos ciudadanos. Trae el nuevo gobierno un plan asombroso y plausible de acciones, para hacer realidad las grandes aspiraciones populares que gobernantes irresponsables y ladrones no quisieron concretar. Urgente el decidido e implacable combate a la corrupción oficial y social; el freno inmediato a la violencia y la impunidad; la pronta CONFISCACIÓN  de fortunas amasadas en forma ilícita y el castigo judicial a los delincuentes, a la vez de una Cruzada en contra de la pobreza y la miseria que lacera a millones de mexicanos.

Brindo también por todos los pobres del mundo; que tengan seguro un techo bajo el cual dormir y el pan cotidiano para ellos y sus hijos; que verdaderamente puedan disfrutar de paz y alegría en la Navidad, y que sus aflicciones por la sobrevivencia desaparezcan o cuando menos disminuyan en el año que se aproxima. Elevo además mi ferviente deseo de que el egoísmo y el amor al dinero y bienes materiales pasen a segundo plano entre los seres humanos, dando paso a la humildad, la solidaridad, la paz y el amor.

De pie apuramos nuestra copa, nos dimos un fuerte abrazo, y nos despedimos con la esperanza de un mundo de felicidad equitativamente compartido por todos los seres humanos…   

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