CRÓNICAS, ARTÍCULOS Y ENSAYOS

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AL SERVICIO DE LA PAZ Y LA CULTURA HISPANO LUSA

COLABORAN: Lola Benítez Molina (Málaga España ).-Elías Gálati (Argentina).-Eunate Goikoetxea (Alicante-España).-Washington Daniel Gorosito Pérez (Uruguay).-Prof. Antonio las Heras (Argentina).- Jorge Bernabé Lobo Aragón (Tucumán Argentina ) Ángel Medina (Málaga-España).-Gustavo Páez Escobar (Colombia).- Piedad Romo-Leroux (Guayaquil-Ecuador ).-Jaime Solís Robledo (México) Beatriz Villacañas (Madrid-España)

PROUST Y MODIANO,
UNA FORMA DE TRASPASAR LA TEMPORALIDAD
Lola Benítez Molina
Málaga (España)

Para muchos, escribir es una forma de traspasar la temporalidad, de manejar el destino, de evocar el persistente recuerdo… La literatura es una de las cosas que puede hacernos volver al pasado y vivir plenamente el presente de una manera tangible. Tal es el caso, como de tantos otros, del francés Marcel Proust, considerado uno de los más grandes autores del siglo XX y autor de “En busca del tiempo perdido”, que comprende siete novelas publicadas entre 1913 y 1927, en las que reflexiona sobre el tiempo, la memoria, las pasiones, el arte y las relaciones humanas. Su prosa sabe atrapar el instante y traspasar el umbral prohibido. Él mismo comparó la novela con “la compleja estructura de una catedral gótica”, y expresó que “la literatura comienza donde termina la opacidad de la existencia”.

El lector asume muy bien de qué se trata, pues se adentra en el subconsciente del escritor y las vivencias relatadas adquieren una viveza plena.

Para la Academia Sueca, el Premio Nobel de Literatura de 2014, Patrick Modiano, considerado como otro de los grandes novelistas de la actualidad, “es el Proust de nuestro tiempo”, en cuya obra se aprecia la influencia de los también franceses Gustave Flaubert y Honoré Balzac.

Libros de Patrick Modiano de títulos sugerentes son: “Más allá del olvido” o “En el café de la juventud perdida”. El lector apreciará en estas obras una prosa exquisita, genial, y en los que sabe recoger el sentimiento de la melancolía o de la nostalgia como pocos. Precisamente, el actual Premio Nobel, Kazuo Ishiguro, escritor británico de origen japonés, destaca en sus novelas “Lo que queda del día” o “Nunca me abandones”, una gran fuerza emocional, luminosa, que nos impacta y nos graba valiosas huellas en lo más profundo de nuestra esencia.  “En mi carrera, refiere el autor de “El gigante enterrado”, he mirado a individuos que sufren enfrentándose a los recuerdos de su pasado. Como autor, una de las cosas que me fascinan es determinar cuándo es mejor recordar y cuándo es mejor olvidar”. Mucha gente ha perdido la confianza y sufre para encontrar su camino. Confío en que la literatura sirva para ello”. En ello radica la magia de los libros, en hacernos sentir partícipes de otras vidas, de otros lugares, y forjar nuestro propio destino, de ahí la frase de Proust: “El hallazgo afortunado de un buen libro puede cambiar el destino de un alma”. Otra frase, que viene a colación, es la de la Florence Nightingale: “Lo que importa no es el destino sino lo que nosotros hacemos de él”.

El estilo literario, que emplea en su obra inmortal, Marcel Proust está inspirado en el “impresionismo”, además, tiene una destacada idiosincrasia “simbolista”. El escritor francés domina la narración, empleando párrafos lentos, amplios y complejos, y aborda sus vivencias y experiencias, así como las cuestiones de la vida de forma indirecta.

En cuanto a Patrick Modiano, Premio Nobel de Literatura 2014, les diré que una constante en la obra del escritor francés es la ambientación de sus narraciones en la época de la ocupación alemana de Francia, durante la II Guerra Mundial. Modiano considera este periodo de la década de los años 40 como “confuso y vergonzoso”

El estilo narrativo de Patrick es directo, transparente y sin complejidades. El autor escribe de forma subjetiva y objetiva, empleando mucho más esta segunda, y el lector que se adentra en sus novelas vive los temas tratados en las mismas con sumo interés, entusiasmo y calidez.

LA MARGINACION
Elías Gálati
Argentina

Marginar en sentido estricto es hacer o dejar márgenes, pero en su segunda acepción significa aislar o prescindir de una persona o cosa.
La marginación es la acción o efecto de aislar a alguien y en sentido social es la separación total o parcial de determinados grupos por parte de la sociedad.
Generalmente porque no coinciden sus normas de conducta, con las de la sociedad que los margina.
Esta marginación recae sobre inmigrantes, minorías étnicas, religiosas y culturales y también sobre las comunidades que viven en pobreza, o en una posición inferior al del común de la sociedad.
El marginado queda en el límite social y prácticamente afuera de los beneficios y de las condiciones de la comunidad a la que pertenece.
Es necesario tener en cuenta, que hay una diferencia entre la marginación y la exclusión, como descarte de personas o cosas, ya que la exclusión los saca del contexto social, en cambio la marginación, los mantiene en el contexto, pero en un lugar periférico, lo que hace que puedan ser tenidos en cuenta, usados o aprovechados con fines políticos, sociales o partidarios.
El individuo y el grupo, se convierten en marginales, y esa marginalidad pesa en su vida, en el desarrollo de sí mismo y de su familia, en su proyección hacia el futuro y en el rol que puede asumir.
Es una forma perversa de discriminación y esta potenciada por factores políticos y económicos, en especial la captación del poder, y la acumulación de riquezas.
Forma parte de la soberbia de quien se siente superior, y de la absoluta falta de solidaridad hacia el otro, sus semejantes.
Desde ese lugar inferior los marginados, casi siempre, están al servicio de la casta dominante o de poder, viven de lo que ellos le dan o le permiten tener, y deben ser secuaces, obedientes, obsecuentes y fieles seguidores de sus superiores.
La marginación lastima y oscurece el espectro social, e impide que haya una sociedad justa, ecuánime, armoniosa y pacífica.
Siguiendo el principio marxista que la clase recicla la clase, las nuevas generaciones que surjan de los marginados, ocuparan su lugar y serán también marginados.
En la sociedad se produce una tensión no sólo psicológica sino también real, en la cual los grupos pretenden acceder a las condiciones normales de la sociedad o excluirse, salir de ese grupo e ir hacia otros grupos y otras fronteras.
Cuando la situación se torna intolerable, se forman esos fenómenos sociales de desarraigo y huida de sus lugares de origen, tan comunes y tan trágicos en nuestros días, por los cuales buscan afanosamente otros horizontes, aun a costa de todo lo que tienen, y aún de la propia vida.
Es una situación que debe ser resuelta, por la comunidad internacional, que compromete a todas las naciones, y a todos los hombres de buena voluntad de la tierra, pero que no tendrá solución mientras en el seno de cada comunidad existan condiciones que hagan grupos marginados o excluidos.
Se necesita un gran proyecto internacional de formación, de educación y de paz, que haga germinar en cada lugar del mundo, líderes con un claro sentido social, con la valoración del otro, con el equilibrio de todos los seres humanos, y la erradicación terminante de la discriminación y de la violencia.
Debe ser una prioridad esencial, y que nos comprometa a todos, porque está en juego nuestro futuro, el futuro de la humanidad y el de la tierra.
¿Quién tiene potestad para determinar quien es, y quien no es, quien integra el grupo social y quien debe ser marginado?
Hay en la historia fenómenos nefastos llevados a cabo, por creerse grupos o razas superiores, y someter a los demás.
Las normas sociales, surgidas de la legalidad del pacto constitutivo, constitucional o de hecho de cada comunidad, deben ser claras e iguales para todos.
Solo puede excluirse temporariamente, a quienes violan o incumplan las normas y sean castigados por sus delitos, y hasta que cumplan su sanción y puedan ser reeducados y vueltos a incorporar a la sociedad.
Pero ni en la familia, ni en ningún grupo, ni en ninguna nación, ni el mundo en general, hay ciudadanos, personas, países de primera e inferiores, ni que deban quedar excluidos del contexto social.
La paz, la armonía y el amor, que prima entre los hombres de buena voluntad deben consolidarse y dar a la humanidad un nuevo cariz equitativo y sin marginalidad.

LOS BENEFICIOS DE ESCUCHAR MÚSICA
Eunate Goikoetxea
Alicante España

Escuchamos música desde la cuna o, incluso, en el período de gestación. Los bebés, en los primeros meses de vida, tienen la capacidad de responder a melodías antes que a una comunicación verbal de sus padres. Los sonidos musicales suaves los relajan. Se sabe, por ejemplo, que niños prematuros que no pueden dormir se benefician  por los latidos de la madre o sonidos que los imitan.
Los bebés, en los primeros meses de vida, tienen la capacidad de responder a melodías  antes que a una comunicación verbal de sus padres»
La música está considerada entre los elementos que causan más placer en la vida. Libera dopamina en el cerebro como también lo hacen la comida, el sexo y las drogas.
la música parece ofrecer un nuevo método de comunicación arraigada en emociones en lugar del significado tal como lo entiende el signo lingüístico. Investigaciones muestran que lo que sentimos cuando escuchamos una pieza musical es muy similar a lo que el resto de la gente en el mismo lugar está experimentando.
Por eso las melodías, en muchos de los casos, pueden trabajar en nuestro beneficio a nivel individual, al modular el estado de ánimo e incluso la fisiología humana, de manera más eficaz que las palabras.
La activación simultánea de diversos circuitos cerebrales producida por la música parece generar algunos efectos notables: en lugar de facilitar un diálogo en gran medida semántico, como hace el lenguaje, la melodía parece mediar un diálogo más emocional.
Emoción, expresión, habilidades sociales, teoría de la mente, habilidades lingüísticas y matemáticas, habilidades viso espaciales y motoras, atención, memoria, funciones ejecutivas, toma de decisiones, autonomía, creatividad, flexibilidad emocional y cognitiva, todo confluye en forma simultánea en la experiencia musical compartida.
La música dulce, sin estridencias, sobre todo la clásica, influye mucho en el mundo animal. Se ha demostrado que al escuchar a Mozart, a Vivaldi, incluso a Bach estas criaturas “irracionales” se relajan poniendo atención a aquello que están oyendo.
El potencial de la música  es inmenso y  ante ella todos respondemos, más allá de los conocimientos musicales y de nuestra cultura sonora
 Las personas cantan y bailan juntas en todas las culturas. Sabemos que lo hacemos hoy y lo seguiremos haciendo en el futuro. Podemos imaginar que lo hacían también nuestros ancestros, alrededor del fuego, hace miles de años. Somos lo que somos con la música y por la música, ni más ni menos.

          

DUCASSE/LAUTRÉAMONT UN MESTIZO DE LA LITERATURA                              
 Washington Daniel Gorosito Pérez
Uruguay

Un día 24 de noviembre de 1870, a las dos de la tarde y en París, se levanta la siguiente acta de defunción: “Isidore Lucien Duchase, hombre de letras, de 24 años de edad, nacido en Montevideo (América meridional), fallecido esta mañana, a las 8 en su domicilio de la calle de Faubourg-Montmartre, no 7, sin más datos. El acta ha sido levantada en presencia del señor Jules Francois Depuis, hotelero, calle de Faubourg-Montmartre, no 7, y de Antoine Millerte, camarero, en idéntico domicilio, testigos que han formado con nos, Louis Gustave Nast, adjunto de alcalde, tras haber leído y haber comprobado el fallecimiento ante la ley”.

Este joven “hombre de letras” nació, pues, en Uruguay país desconocido para el redactor del citado documento, en abril de 1846. Aquella fue la escueta papelería que dio cuenta de la muerte oficial del creador del Conde de Lautréamont, quien figurará a su vez como autor de uno de los libros más decisivos en la historia de la poesía del llamado Occidente: Los Cantos de Maldoror. Porque Maldoror, personaje central de estos Cantos singularísimos, es generado por el parisiense Lautreamónt más que por el montevideano Ducasse.

De Isidoro Duchase se sabe poco, según el investigador y traductor Manuel Serrat, sus supuestos biógrafos apenas si rozaron la biografía de una sombra, de un fantasma. Pese a ser un escritor de la segunda mitad del siglo XIX y a haber residido unos once años en Francia, no hay fotografías en las que pueda ser identificado con certeza.

Sólo hay dos, relativamente divulgadas, de las que nadie podría asegurar corresponden a ese joven nacido en Uruguay, de idioma materno el francés, pero bilingüe, cuyo padre trabaja en el Consulado de Francia en Montevideo. Agreguemos que la madre de Isidore, una francesa de nombre Celestine Davezac, es la sirvienta que, ya embarazada, se casará con el patrón; fallecerá en diciembre de 1847, un año y ocho meses después del nacimiento de Isidore.

Entre los datos que confirman la existencia histórica de Isidore Ducasse, figuran asimismo la partida de nacimiento; ciertas referencias a sus estudios en la provincia francesa(Tarbes, Pau) y sus actividades literarias en París, la comprobación de por lo menos un viaje a Montevideo, en 1867; un ejemplar de la Ilíada, en traducción de Gómez Hermosilla, anotado por Ducasse; alguna correspondencia; la constancia de un servicio religioso en la Iglesia de Notre Dame de Lorente, el 25 de noviembre de 1870, ante el cuerpo de Isidore Ducasse; no mucho más, parece ratificado por el propio Ducasse: “Je ne laiserai pas des Mémoires”.(Es decir, “No dejaré memoria de mí”, Poésies I)

Pero dejó una especie de memoria triple, o sea, la creada y compartida por Ducasse/Lautréamont/Maldoror. El poeta, así desdoblándose, colocó la violencia creativa del verbo poético en los centros mismos desde los cuales se desarrollan el discurso académico, la preceptiva literaria, la grisura crítica, la palabra de la ley, los reglamentos del orden, la representación verbal del poder. Y de esa memoria, que en buena parte se inventó

a sí misma, se nutrieron las vanguardias del siglo XX, en especial el surrealismo y continúan nutriéndose contantemente nuevas generaciones de lectores y poetas.

Los Cantos de Maldoror, esta obra inubicable e inclasificable, fue pasada, bajo todas las lupas, incluyendo la del facilismo psicoanalista( quizá para reavivar la antigua, absurda, prejuiciada y dañina vinculación del poeta con la locura); esta obra solitaria pese a la contemporaneidad con Rimbaud, Baudelaire, Verlaine y otros, fue publicada en Bruselas con dinero del padre de Isidore y su primera edición en 1869, no fue distribuida en Francia por temor a la censura.

Esta obra inaprensible recién será recuperada en 1874, con portada distinta, y se comercializará en Bélgica, esta obra impar será reeditada en 1890, en París; esta obra irrepetible conocerá nuevas ediciones, no sólo en francés, a partir de 1920 hasta hoy. En 1891 Remy de Gourmont revela la existencia por hallazgo casual, de dos cuadernos impresos en 1870: Poésies I y II, que en ediciones diversas conformarán, con los Cantos, las obras completas de este tenaz desmemorizador.

Y tan autodesmemorizador que matará a Lautréamont( y por consiguiente a Maldoror)al dar fin a la escritura de los Cantos, para sí nacer como Isidoro Ducasse en las Poésies, y reemplazar “la melancolía por el coraje, la duda por la certeza, la desesperación por la esperanza, el escepticismo por la fe…”.

Ahora bien, es oportuno recordar que Ducasse firmó la primera edición (1868) del Canto I con tres asteriscos, lo mismo que la segunda, esta apareció en una publicación colectiva Perfumes de l´ame(1869). Como ya vimos, sólo utilizaría su nombre civil, Isidore Ducasse, para firmar los dos delgados cuadernos antes mencionados.

Algunos han incluido por limitación nacionalista quizá, en la literatura uruguaya a Isidore Ducasse, cuando apenas si entra en la francesa, es interesante y estimulante reproducir parcialmente lo que, bajo el seudónimo de Épistomon, escribió en 1868 Alfred Sircos(la única nota aparecida en esos tiempos sobre los Cantos, en La Jeneusse,no.5):

“El primer efecto producido por la lectura de este libro es el asombro: el énfasis hiperbólico del estilo, la salvaje rareza, el desesperado vigor de la idea, el contraste de este lenguaje apasionado con las más insípidas lucubraciones de nuestro tiempo, arrojan de inmediato el espíritu a un profundo estupor…Es preciso leerlo para sentir la poderosa inspiración que lo anima, la sombría desesperación vertida en estas lúgubres páginas”

Sin lugar a dudas, estas apreciaciones aún sostienen vigencia plena. En este recuerdo a Ducasse/Lautréamont a quien yo llamaría en una denominación muy de nuestro siglo XXI, un mestizo de la poesía y de la cultura, quiero compartir con ustedes un poema de mi autoría

RAÍCES
Ciertos días,
vuelvo sobre mis pasos
y
miro debajo del sol.
La niebla descendente,
fresca y gris,
ahoga la claridad.
En la oscuridad me
pregunto:
¿Soy Lautreamoniano
por Montevideano?

¿TENEMOS LIBERTAD CUANDO TOMAMOS UNA DECISIÓN?
Profesor Antonio Las Heras
Argentina

Investigaciones experimentales permitieron demostrar que el acto motor cerebral precede al momento en que la persona siente la necesidad de llevar a cabo tal o cual hecho. Dicho de otro modo: primero tiene lugar lo que puede denominarse una actividad preparatoria del cerebro y recién después – hasta fueron medidas diferencias de medio segundo – aparece en la consciencia de la persona la decisión de realizar el acto. Hallazgos de esta índole llevan a suponer que las decisiones humanas podrían estar predeterminadas por la interacción de las moléculas que conforman el cerebro.

Otros estudios, realizados con neuroimágenes, constatan que el cerebro toma la decisión de – por ejemplo – apretar un botón entre varios posibles, hasta siete segundos antes de que la persona tomara la decisión consciente de hacerlo. Pareciera así que lo que denominamos “decisiones conscientes” no serían más que el resultado de una determinación previa cerebral. Esto es lo mismo que afirmar que cada acontecimiento que ocurre en la vida humana – y que, imaginamos, producto de una decisión racional consciente – no es otra cosa que el resultado de un conjunto de reacciones físicoquímicas.

Si fuera de ese modo la libertad humana no sería más que una ilusión de cumplimiento imposible. Definiendo libertad como aquella acción que la persona realiza sin ningún tipo de condicionamiento fuera de la deducción racional que le permite efectuar una elección a consciencia plena. Esgrimiendo esta legítima definición de “libertad” podemos concluir rápidamente que la misma es inaccesible al humano en general. Agregar, a la vez, que la búsqueda de esa “Libertad” con mayúsculas ha sido el propósito de aquellos que en la antigüedad formaron sociedades secretas – las llamadas ordenes iniciáticas o escuelas de sabiduría – intentando un pasaje de regreso a los Tiempos Primordiales que todos los libros sagrados relatan como el momento en que el humano estaba capacitado para el ejercicio de aquella añorada Libertad.

Habida cuenta de lo reseñado, lo que se mantiene como hecho concreto es la capacidad que el humano tiene para ejercer su “libre albedrío” que es una escala bastante menor que la Libertad.

Puede definirse al “libre albedrío” como la habilidad para elegir, a través de la consciencia, una opción entre varias otras. Lo que implica que el libre albedrío no permite una elección absolutamente libre sino acotada a una determinada gama de posibilidades. Y esto es así por que también la moderna Psicología de lo Inconsciente surgida a comienzos del Siglo XX con el Psicoanálisis de Sigmund Freud y las amplificaciones realizadas por su discípulo disidente el sabio suizo Carl Gustav Jung ha demostrado que las decisiones conscientes siempre están sustentadas (o sutilmente conducidas) por los contenidos de lo inconsciente.

La consciencia es, pues, una herramienta muy precaria si lo que se busca es darse permiso para una vida mejor. De allí que toda propuesta para indagar tanto en lo inconsciente personal como en lo que Jung denominó “inconsciente colectivo” (ese estrato psíquico donde moran las estructuras arquetípicas que hacen a la esencia de la Humanidad) se torna ineludible. Tanto los rituales chamánicos como las técnicas arcaicas del éxtasis – expuestas por Mircea Eliade – las ceremonias iniciáticas, la práctica de estados alterados de consciencia así como los distintos abordajes psicoterapéuticos sin dejar de señalar las vivencias místicas o esotéricas son caminos posibles para este encuentro con las fuerzas intrapsíquicas que son las que en verdad determinan nuestras decisiones inconscientes.

Sólo quienes se atreven a recorrer las temibles cavernas del Infierno pueden conocerse a sí mismos. Claro que para salir indemne de la visita infernal es imprescindible viajar acompañado – como lo hace el Dante en la Divina Comedia – por algún Hermano Experto. Esto es, alguien que previamente estuvo allí… y regresó. Por que ninguno puede hacerlo solo.

El encuentro con Uno Mismo es la vivencia más temible y aterradora que la consciencia pueda imaginar.

PENA DE MUERTE
Jorge B Lobo Aragón
Tucumán– Argentina

Esta semana a raíz de las elecciones legislativas en nuestro país (Argentina) y la creciente inseguridad que ya no es una sensación, sino una realidad los candidatos han empezado a sugerir la pena muerte. Nadie habla sobre qué tipos como tampoco la forma de aplicación. Entiendo como hombre que estuvo mucho tiempo en el ámbito del Poder Judicial y actualmente como abogado activo en la rama del derecho Penal que la pena de muerte y la pena en general son aspectos del derecho largamente debatidos, en las que existen  múltiples opiniones discordantes. En su momento también cobro vigencia ante los numerosos atentados terrorista que estaba sufriendo el mundo y que padeció también nuestro país. Su nombre, «pena», viene del latín «poena» que deriva del griego «poine», dolor, relacionado con «ponos», trabajo, fatiga, sufrimiento, del sánscrito «punya», purificación. Lo que resume que a través de los siglos que forjaron nuestra cultura se ha considerado que la pena es el doloroso sufrimiento que purifica. El orden que impone el derecho precisa que las transgresiones a la ley sean sancionadas. La justicia consiste en dar a cada uno lo suyo, lo que a cada cual le corresponde, y lo que le corresponde al malhechor es un castigo proporcionado a su delito. Su sufrimiento es una expiación que retribuye a la sociedad ofendida y un medio de purificar el alma del injusto. Así lo enseña platón coincidiendo con los pueblos de oriente, con la biblia y con los posteriores teólogos cristianos. Incluso con Kant, que sostiene que el derecho a castigar es «el que tiene el soberano de afectar dolorosamente al súbdito per causa de la transgresión de la ley. Pero a partir del siglo XVIII aparecen nueves criterios. Expiar es borrar la culpa, purificarse por medio del sacrificio y el dolor. Si no se reconoce a la pureza como un valor tampoco se pretenderá la purificación. Se supone que a la justicia no le corresponde imponer un castigo sino corregirlo al delincuente. Su prisión no tiene el sentido de que pague por el mal  cometido sino de que se regenere, que aprenda a ser bueno. Por otra parte su separación de la sociedad la libera a ésta de ser dañada, y con eso ya se satisface. Estos distintos criterios ven de distinta forma a la pena de muerte. La doctrina clásica, de la antigüedad y de los teólogos cristianos, la acepta. Dios nos manda «no matarás», pero los mandamientos son órdenes genéricas, como que se admite que es lícito matar en defensa propia. Se la compara con el derecho de que disponemos para extirparnos un miembro enfermo que pone en peligro al resto del organismo, que es la sociedad a la que por naturaleza pertenecemos. Otros no ven en esa sociedad un hecho natural sino el resultado de un convenio. Imaginan que el hombre originalmente vivía, aislado, y que por su conveniencia ha buscado agruparse. Los derechos del grupo social serían los que voluntariamente el hombre le habría cedido. Si el hombre carece del derecho para disponer de su propia vida, ¿cómo habría de ceder a la sociedad un derecho que no tiene? La discusión, con muy serios argumentos a favor y en contra, se ha extendido por siglos y ha ocupado a pensadores inteligentísimos. Ambas posiciones se afirman en argumentos sólidos, atendibles, y cuentan con respetabilísimos defensores. Sus partidarios la presentan como disuasiva. Sus contrarios afirman que la estadística no muestra ese efecto. Hasta presidentes de la república insistieron en su ya anunciado propósito de imponérsela a los traficantes de  narcóticos que  han levantado verdaderos imperios. Hay muchos que pueden merecerla sin duda, en especial con un terrorismo que acecha sin piedad el mundo entero. Pero los argumentos en su favor suponen la existencia de una justicia por lo menos respetable. Justicia en nuestro país se encuentra en una profunda crisis de credibilidad. Sin esa clase de justicia nadie la defendería. Pero algo se tiene que hacer. La comunidad argentina tiene autoridades que no han venido de Marte sino que los mismos argentinos han elegido. La corrupción en  algunos jueces espanta. ¿Que no son todos?, pues claro, ya se sabe que no son todos, pero trascienden ejemplares que dejan perpleja a la ciudadanía. De manera que ahora, existe un escepticismo brutal, y lo malo es que ese escepticismo se apoya en datos concretos brindados por la experiencia, Jueces y  funcionarios corruptos, justicia ineficaz, mentiras y engaños como sistema de ocultar crímenes o de ganar voluntades. Este escepticismo es una clara muestra del fracaso de los políticos argentinos en la tarea de construir una sociedad justa, moral, como la que soñamos para nuestros hijos. Pero el fracaso político nos abarca a todos, a usted también, que con su voto contribuye a elegir los equipos de gobierno que se encargan de administrar el Estado, de procurar el bien común, de impartir justicia. De modo que el asunto del castigo y de la pena tiene tanta gravedad que debiera preocuparnos del mismo modo que la lentitud en la justicia que es exasperante. La pena máxima de prisión perpetua para delitos graves en nuestro país es una ficción. Sin embargo me adelanto a conjeturar que  en nuestros días los argentinos  la mayor parte  se conmueve, cuando por  formalismos son beneficiados autores conocidos de crímenes aterrantes. Entonces sí, la sociedad protesta contra la impunidad, pues los delitos quedan incólumes ante la lenidad de la pena. Y no se ve el modo de corregir, pues así como los romanos decían la ley es dura, pero es la ley, el sistema actual contesta: la ley es blanda, pero es la ley. La sociedad necesita un sistema que disuada a quienes se resistan a ese derecho; que, para disuadir, el rigor -y hasta una cierta dureza- son indispensables. Que a esa dureza la justifica la necesidad del orden y el bien común respaldado en su momento por el mismísimo General José de San Martin que varias veces recordó la necesidad de la dureza contra el desorden. El estado tiene derecho -si lo estima oportuno -, de dar muerte a los criminales, que tras un juicio justo, son declarados culpables de ciertos crímenes gravísimos que ponen en peligro la convivencia pacífica del pueblo.  La doctrina y la historia no dejan resquicio para la duda. La Iglesia Católica siempre ha defendido sin titubeos la pena capital para los crímenes más graves , apoyándose en las sagradas escrituras , la doctrina de los Padres de la Iglesia , la obra de los grandes teólogos y su propio magisterio y de innumerables purpurados y Santos Papas. Lo que nos hace reflexionar que ninguno de los padres de la Iglesia con el martirio de incontables cristianos predicó en contra de la pena capital. El Doctor Angélico en el pasaje de su Summa Theologica nos dice que todo poder correctivo y sancionario proviene de Dios, quien lo delega a la sociedad de hombre ; por lo cual el poder público está facultado como representante divino , para imponer toda clase de sanciones jurídicas debidamente instituidas con el objeto de defender la salud de la sociedad. De la misma manera que es conveniente y licito amputar un miembro putrefacto para salvar la salud del resto del cuerpo, de la misma manera lo es también eliminar al criminal pervertido mediante la pena de muerte para salvar al  resto de la sociedad. Está demostrado que tanto las sagradas escrituras, como la tradición y la historia de la Iglesia se decantan de manera abrumadora a favor de la licitud de la pena de muerte. Lástima que  en nuestro país con un sistema judicial perverso es imposible pensar en un sistema de castigo más grave por las injusticias que pudiera acarrear. Pero Usted señor lector tiene la posibilidad de opinar se lo desea. Todavía algunos podemos opinar libremente y sin ataduras.

MONO SAPIENS                                   
Ángel Medina
Málaga España         

¿Qué ocurrirá al final de los tiempos?

El apocalipsis del mundo sobrevendrá, según lo explican los astrofísicos dentro de unos 5.000 millones de años, cuando nuestro sol, agotado el hidrógeno y el helio se convierta en una gigante roja, absorbiendo a todos los planetas del sistema. Hasta es posible que la vida inteligente haya evolucionado hacia otras formas. Algunos especulan incluso que mucho antes el ser humano tendrá otra apariencia, dotado de un cuerpo diminuto, rematado por una giba que hará las veces de acumulador para alimentarse por fotosíntesis, coronado por una gran cabeza capaz de albergar un cerebro mucho más desarrollado. Otros, aventuran y fantasean que no será necesario el esfuerzo para conocer, pues se le insertará un microchip en la testa con una cantidad enorme de datos, convirtiéndose así en una enciclopedia andante. Una suerte de ciencia infusa.

Imagina, lector, que ha llegado ese momento. El mundo está a punto de ser destruido y la vida llamada a su fin. Estás viéndolo. Al otro lado, en la infinita soledad se palpan los cuerpos celestes que van y vienen desandando sus órbitas; acá, los océanos se han desecados como gigantescos eriales y se oye el ulular del viento huracanado que sobrevuela la muerte, cobijando la tumba del inmenso cementerio que es todo el planeta. Allá, fuego, acullá, pavesa. Es el inicio del caos.

La oscuridad se interrumpe a sí misma con eructos intercalados del astro que otrora procuró la primera savia. Llamaradas infatigables que encienden el firmamento con su resplandor, anuncio del óbito de la estrella. Son los últimos vahídos de la existencia que fue y pronto no será. Para el mundo, ocaso. Aniquilación. Apocalipsis.

En tanto continúas vislumbrando tan dantesco espectáculo, asistes expectante a un   diálogo vehemente. Tenso debate, donde cuestionan su sino los personajes que representan el principio y el fin de la evolución.

Al fondo, presta a partir, se perfila la silueta de una mole apuntando hacia el cielo, escupiendo fuego por sus nalgas metálicas.
― Aunque no te aborrezca, no quiero reconocerte.
― No puedes hacerlo. Yo soy tú.
― En nada nos parecemos.

― No debes mirarme a mí, sino a ti mismo. Lo que se es no es producto de la apariencia, sino hija de la inteligencia.  Soy el resultado de tu involución. No conseguiste llegar a ser el que estabas destinado a ser y descendiste hasta mí. Yo te parí empujando de abajo hacia arriba, primero, y tú de arriba abajo, después. ¡Pero almacené el conocimiento! Lo que nos diferencia es que tú no has aprendido de tus errores y yo me miro mucho en ellos para no imitarte.

― ¡Deseo que conste mi protesta! ¡Yo soy mi libertad!

― ¡Libertad! ¿Y cómo la has empleado? Has sido para ti la única referencia, sin saber buscar una instancia superior que te sirviese de guía. Un espejo en el cual mirarte. ¡Mira la estela dejada desde el cainismo! Es esto lo que te ha llevado a convertirte en el que ahora contemplas.  Te traicionó la suficiencia y tuviste que esconderte tras un taparrabos. Tu mayor pecado ha sido permanecer en la “hýbris” que ya reflejaba el mundo griego. La arrogante autosuficiencia para desechar la divinidad y así poder ser un dios para ti mismo, a fin de vivir sin Ley y ser el dueño de tu destino.  Quisiste meter dentro de tu cabeza lo que no cabía en ella. ¿Acaso crees que, aunque la gota proceda del infinito océano, puede abarcarlo en su inmensidad?  ¿O tal vez que sólo existe lo que puede medirse y saberse? De aquellos polvos los presentes lodos. ¡Además, siempre fuiste un depredador!

― No obstante, abrí con la ganzúa de la razón el Libro de la Ciencia y el progreso.

― ¿Y adónde te ha llevado eso? Es verdad que conseguiste desintegrar el átomo. Pero, sin embargo, no te has llegado a conocer.  Eres el gran desconocido de ti mismo. Por eso, soy yo tu metamorfosis. Tuviste al alcance de tu mano el cielo y te hiciste acreedor del infierno. Ibas para más que ángel… ¡y mira en lo que has quedado!

― ¡Ilusión! Tú, todavía no eres yo.

― No sé cuál de los dos será menos animal. Pero, tú perdiste tu naturaleza. Con todo, tratasteis de acreditaros, gritando:” Humano, demasiado humano”, para así justificar las insuficiencias y los desmanes. ¿Dónde sitúas, pues, eso que llamas libertad de la conciencia responsable? De cualquier manera, la sensibilidad acarrea debilidad ¡Por si acaso, yo he tomado mis precauciones!

― ¿Qué es lo que quieres decir?

― El tiempo se agota. Se necesitarían aún muchas generaciones para que volviese a germinar de nuevo y por completo mi semilla en el árbol terrenal. Tantas como fueron precisas de ti para mí. Pero, olvidemos toda metafísica. Lo que es incuestionable es que he sabido enmendarte la plana y conseguiremos perpetuarnos. Es cierto que la criatura que he engendrado carece de cualquier vestigio tuyo, y por tanto también de sentimientos ni ánima que puedan elevar su condición o arrastrarla a los abismos más profundos, ignorando cuál es su procedencia y destino, pero sí que está dotada de un saber superior al nuestro, tanto como fuisteis capaces de almacenar a lo largo del curso de la Historia. Ella no sufrirá ni tampoco hará sufrir. No esperará la recompensa de un cielo ni el castigo de un infierno, aunque al no llevar consigo la primera culpa con la que inseminaste al mundo, no se propagará el mal. Será el alumbramiento de una nueva especie. Nosotros somos el alfa y el omega, y estamos a punto de caducar, pero ella será la continuidad. El después de nuestro antes.

En aquel momento resonaron unas pesadas pisadas, al tiempo que el Universo volvía a conmoverse vomitando fuego, dando lugar a un espantoso estruendo que resonó por encima de sus cabezas, haciendo que retrocedieran nuevamente las tinieblas. Aquel instante les bastó para que pudieran despedirse antes del fin, mirándose cara a cara.

Uno era el último hombre, y por todo ropaje llevaba una modesta telita con la que ponía a recaudo su pudor. El otro un mono que caminaba erguido y vestía un impecable traje, y el recién llegado un autómata.

― Te presento, hijo de Adán, a tu nieto, mi vástago y sucesor. Nuestra descendencia. Una máquina producto de la cibernética más avanzada. Ya nada causará aflicción, allá donde vaya. El dolor y la culpa no habitarán en él al carecer de conciencia. Es la criatura perfecta.  No supiste encontrar tu esencia, que es la del alma, en este tu tiempo en el mundo y yo he tenido que crear a un ser sin ella para que nos sobreviva.

SODOMA
Por Gustavo Páez Escobar
Colombia

Cuatro años gastó el escritor y periodista francés Frédéric Martel en la investigación para la escritura de su libro Sodoma. Poder y escándalo en el Vaticano, publicado hace poco por Penguin Random House en 638 páginas. Para tal propósito recorrió treinta países, vivió incluso dentro del propio Vaticano, y contó con un equipo de ochenta personas para el estudio de los documentos y las entrevistas con cardenales, obispos, sacerdotes y diversos testigos sobre esta materia.

El libro, traducido a numerosos idiomas, enfoca el problema mayor que hoy afronta la Iglesia católica, que es el de la homosexualidad del clero, comenzando por los altos prelados del Vaticano. Advierte el autor que su obra no critica el carácter homosexual de la persona, que es un estado natural, sino el hecho de practicarse, de manera descarada, como conducta prohibida por la Iglesia. 

Se presenta una doble moral: condenar en público lo que se hace en privado. Y no tan en privado, ya que tales actos se ejecutan en la mayoría de los casos ante los ojos de la comunidad y producen grandes escándalos. La hipocresía se volvió normal en los predios eclesiásticos. Estos desvíos son los que devela Martel con pruebas abundantes.  

A esto se suma el caso de la pederastia que tanto revuelo ha tenido en los últimos tiempos, y que en realidad subsiste desde épocas inmemoriales. Pero solo en los últimos años comenzó a destaparse la corrupción eclesiástica y castigarse a los autores y sus encubridores gracias a las nutridas denuncias que se han presentado en todos los confines del mundo.

El mal no da más espera. Es el papa Francisco quien ha ejercido el mayor papel en esta campaña de depuración, si bien se siente frenado por los sectores más radicales, retrógrados y ortodoxos de la Iglesia. Si Jesucristo viviera, volvería a usar el látigo para sacar del templo a los depredadores de su religión.

El trabajo de Martel reviste especial trascendencia en este momento crucial que vive la Iglesia católica. Es un trabajo serio y bien documentado, escrito con carácter analítico, estilo ameno, mente serena, y a veces punzante, para que sea el propio lector el que juzgue. Sabe pintar muy bien a las personas, tanto en el aspecto físico como en el interno y en el moral.

Dice que “el Vaticano tiene una de las comunidades gais más numerosas del mundo”, y afirma que “el papa vive en Sodoma. Amenazado, atacado desde todos los flancos, criticado, Francisco, como ha dicho alguien, está entre los lobos”. Y toca el tema del celibato católico, norma obsoleta y antinatural que desde hace mucho tiempo reclama revisión. Puede pensarse, como se ha sugerido muchas veces, en el celibato opcional, en oposición al obligatorio, que tantas tragedias y conflictos ha causado.

El eminente sacerdote colombiano Alfonso Llano Escobar, de la orden jesuita, dijo lo siguiente en carta abierta al papa (El Tiempo, 5 de julio de 2016): “Usted, querido papa Francisco, sabe muy bien que Jesús no impuso a sus apóstoles y discípulos el yugo del celibato. Usted bien sabe que durante los primeros diez siglos los sacerdotes católicos se casaban (…) Padre Francisco: tenga bien presente que si usted no lo hace (suprimir el celibato), no lo hará ningún otro papa, según lo previsible, en el siglo XXI”.     

Piedad Romo – Leroux G.
Guayaquil – Ecuador
             “Uno está solo en su dolor…”
               Discépolo

 La vida se fragmenta como una quimera, pero hay que simular, volver en sí, aunque nos cueste hacerlo, lo conocido se desconoce, el poeta se derrumba cayendo en la tristeza; un charco de luz, lo hiere hundiéndolo en el mar de la desolación y la desdicha; hay que detener el aliento, exhalar lentamente, escarbar en la memoria y proseguir, el destino está en manos ambiguas, desconocidas, el oráculo incuestionable, sacó su As de Oro y siguió su camino, sin mirar atrás…vendrán las sombras colmadas de silencio, se entreveran acaso con la brisa, ocultando mi dolor y mi tristeza, eco sin voz, más una lágrima ovillada en un nudo, se esconderá callada dentro de mi alma. La única verdad, es que todo es mentira, porque para Discépolo, la verdad está oculta en el destino…

DATOS IMPORTANTES ACERCA DEL CONGRESO DE ANÁHUAC
 Jaime Octavio Solís Robledo     
(México)

  1. Morelos escogió Chilpancingo como sede del Congreso por su estratégica ubicación geográfica, previendo un ataque del ejército español, así como por la gran disposición de las mujeres para preparar y dar alimentación a los congresistas. Esto último evidencia una actitud admirable de la mujer suriana, por su temple y apego a la Libertad.

  2. Al improvisar la iglesia como recinto del primer Congreso Legislativo, de hecho este inmueble se convierte en la sede de la primera Cámara de Diputados de nuestro país, lo cual puede interpretarse en el sentido de que Chilpancingo fue la primera Capital de lo que hoy es la República Mexicana.

  3. A la entrada de la Iglesia los delegados dejaban sus armas por respeto al lugar, y enseguida pasaban para acreditarse como tales. Esto sucedía el 13 de septiembre de 1813. Al otro dia Juan Nepomuceno Rossains dio lectura al documento denominado “Sentimientos de la Nación”.

  4. Por esta razón el 13 de septiembre de cada año el H. Congreso del Estado sesiona en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, dándose el insólito caso -único en nuestro país- de que un recinto religioso se convierte en Sala de Sesiones del poder Legislativo.

  5. Los documentos mas importantes aprobados por los congresistas fueron:

  6. a) Sentimientos de la Nación (14 de sept. 1813)

  7. b) Decreto de abolición de la esclavitud (5 de oct.)

  8. c) Acta de Independencia de la América Septentrional (6 de nov. 1813).

  9. Podemos decir que en Chilpancingo, el movimiento armado iniciado por don Miguel Hidalgo en 1810 tomó un rumbo ideológico mas definido, pues a partir de aquí quedó muy claro que no se luchaba para que el rey Fernando VII viniese a gobernarnos, sino para liberarnos totalmente del dominio español.

  10. En el Acta de Independencia firmada el 6 de noviembre de 1813, quedó asentado con toda precisión que “queda rota para siempre jamás” las cadenas que ataban a la Nueva España al trono español.

Ciudad de México, noviembre 29 de 2021.

POESÍA Y EDUCACIÓN
Beatriz Villacañas
Madrid-España

La Poesía (que Juan Antonio Villacañas escribía con mayúsculas cuando se refería a su realidad inabarcable), además de ser un género literario, es más que un género literario: todo verdadero poeta lo sabe y percibe que la poesía existe con poeta o sin él. De ahí, esta consideración preliminar que nos vuelve a situar frente a la lucidez de un grande de la poesía española, Gustavo Adolfo Bécquer, que no por popular y, digámoslo así, “fácil”, deja de ser sobresaliente:
No digáis que agotado su tesoro,/ de asuntos falta enmudeció la lira,/ podrá no haber poetas, pero siempre/ habrá poesía.
Ya en el siglo veinte, otro grande, Juan Antonio Villacañas, escribe:
La palabra fluctúa,/ la Poesía, cuando puede, actúa.
Estas consideraciones tienen sentido para tratar la importancia de la lectura de poesía en la educación, porque es necesario, sobre todo ante cualquier tema importante, hacer planteamientos radicales, es decir, intentar ir a la raíz de las cosas. Sólo así, si no nos es posible llegar a ella del todo, podemos, al menos, aproximarnos a la verdad. Y la educación ha de basarse en su búsqueda, aunque, o quizás, precisamente, más por ello, vivamos en tiempos de relativismo y descreimiento de valores permanentes. Y esto nos conduce a la palabra, a la palabra con la que la poesía, que es más que un género literario, se escribe y se hace, y, por tanto, se hace género literario también. Y es asimismo una indagación en la esencia de las cosas, de ahí la relación entre poesía y filosofía. La lectura de un poema es siempre una fuente de conocimiento. No sólo de conocimiento racional, sino de un conocimiento en el que intervienen también, y de forma decisiva, emoción y estética. Por tanto, cosa adecuada, necesaria y deseable es la lectura de poesía en la educación.
La poesía, por consiguiente, de una forma u otra, siempre ha estado y ha de estar en toda educación basada en la excelencia. Por su parte, la lectura de la poesía, del poema, para ser verdaderamente enriquecedora, ha de basarse en planteamientos que van más allá de un mero comentario de texto. Todo poema remite siempre a una realidad más allá de sí mismo. Y el lenguaje que lo compone, si bien se puede analizar desde perspectivas lingüístico-estilísticas, no es una habitación cerrada, ni siquiera un palacio hermosamente estructurado, sino que nos abre las puertas de la reflexión y del goce de la belleza, nos abre ventanas a sugerentes horizontes.

 

4 comentarios en “CRÓNICAS, ARTÍCULOS Y ENSAYOS”

  1. Querido amigo: tu escrito es breve, y por lo mismo, muy valioso. Ojalá todos conociéramos el texto de los Sentimientos de la Nación, es el producto de un visionario. Un abrazo.

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  2. Estimada Eunate: Cuánta razón tienes, aunque en mi familia hay músicos destacados, yo soy un aprendiz, pero escucho, reproduzco y hasta compongo canciones. La música es parte de mi alegría. Gracias, felicidades.

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  3. Gustavo: Tienes razón, está escrito: «Si alguno anhela obispado, buena obra desea, pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer…» Primera de Timoteo 3:1. Está muy claro, pero el celibato obligatorio propicia conductas reprensibles.

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  4. Jorge: El tema que tratas es muy «espinoso», yo no estoy de acuerdo con la pena capital, pero sí con la prisión perpetua (y que cada reo trabaje para su manutención); también es necesario juzgar a los jueces corruptos.

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