CRÓNICAS ARTÍCULOS Y ENSAYOS

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Agosto  2.019  nº 22  

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AL SERVICIO DE LA PAZ Y LA CULTURA HISPANO LUSA

DEFIENDO AL HOMBRE
Carlos Benítez Villodres
Málaga (España)
Defiendo al hombre que ansía cambiar de vida para vivir dignamente, aunque para ello precise exponer su vida en el camino que ha de recorrer. Defiendo al hombre que es embaucado, explotado, por déspotas y subyugadores y traficantes mafiosos de todo tipo Defiendo al hombre que anhela encontrar estímulos para enriquecer su intelecto; al hombre que vive según los dictados de su conciencia, que cultiva la paz en su corazón y en el mundo… Defiendo al hombre que sabe que su patria es el lenguaje que usa para comunicarse con los demás, pero a sabiendas de que un aluvión de palabras, producto de una elocuencia inútil, inconsciente y confusa no lleva a parte alguna. Defiendo al hombre que execra la mentalidad absolutista, la que no acepta la diversidad de voces y de opiniones, sino solo la suya o la de su amo y señor, repitiendo, en este caso, hasta la saciedad lo que este manifiesta privada o públicamente. Sí, defiendo al hombre que lucha día a día, desde la dignidad y las libertades, el respeto y la serenidad, la comprensión y el entendimiento, la solidaridad y la tolerancia…, para que todos los seres humanos vivamos, como hermanos bienavenidos, en paz y en igualdad y en progreso continuo. No olvidemos nunca que quien nada tiene o tiene poco es campo abonado para el avasallamiento por parte de aquellos que tienen la vulgaridad por ley.
Una inmensa parte del mundo actual se me revela en el ejercicio continuado de una irracionalidad apabullante que impide la buena marcha del hombre sobre los caminos del tiempo. Esa mayoría de individuos es consciente de que “todo calor, toda bondad, dice Tonio Kröger, toda fuerza nace del amor a lo humano”, sin embargo, vive de espalda a esta expresión toda luz del escritor alemán.
La mentira y la mediocridad y la masificación reinan en nuestro planeta. Un triunvirato devastador que inculca al hombre, desde su infancia, cómo combatir contra el hermano indefenso, martirizándolo y silenciándolo hasta dejarlo completamente exánime, sin la más mínima energía para levantarse. Por desgracia, estamos tan habituados a esta clase de guerrillas, de escaramuzas, de traiciones…, que no nos conmueve ni nos sensibiliza porque creemos a pies juntillas que actuamos según los criterios de la normalidad establecida.
Tal y como se desarrolla la vida actual, los poderes han logrado que un sinnúmero de personas haya perdido su propia autenticidad, si es que alguna vez tuvo conciencia de la misma. Por ello, mientras no la recupere o la engendre con suma convicción, la revolución interna que cada individuo de esta plebe necesita llevar a cabo será abortada, desde su semilla, por los patriarcas de siempre. 
El ciudadano de hoy se ha acostumbrado a vivir con absoluta indiferencia ante todas las realidades del mundo. Estas le resbalan al igual que el agua sobre una tierra impermeable. Es más cómodo dejarse arrastrar por la corriente imperante o por el borreguismo a la nueva usanza que profundizar en las cuestiones vitales que le incumbe directa o indirectamente o en aquellas otras que atañen a otro individuo, a otras sociedades, a otros pueblos. ¿Quién censura actualmente el bestial apetito de dinero que tiene una infinidad de individuos, la Banca, las grandes empresas, las multinacionales…? ¿Quién se preocupa por elevar y defender la dignidad humana de aquellos hermanos que carecen de ella porque otros se la han incinerado? ¿Quién dice la verdad sobre cualquier tema trascendental para la óptima convivencia entre los miembros de una sociedad, entre los ciudadanos de una comunidad o de un país, entre los pueblos y naciones del orbe? ¿Quién siente en el interior de su ser ese descontento que tiene otra persona que es incapaz de escapar de la vergüenza y del odio hacia sí misma? ¿Quién valora la vida? ¿Y su vida?  ¡Quién!
Ciertamente, existen incontables personas, sobre este mundo de rosas y espinos, que luchan día a día por los hermanos, que sufren, en su cuerpo y en su alma, las profundas puñaladas y traiciones y ninguneos de los poderosos. Por eso, defiendo a estos peregrinos que buscan un lugar para vivir dignamente y alcanzar las metas que en sus países de origen jamás encontraron. Son los menos los que conseguirán vivir la vida con gozo, con firmeza, con un trabajo bien o mal remunerado, pero con un trabajo que le sirva para que su economía prospere y para que su autoestima, ahora no la tienen ni en semillas, crezca hasta más allá de los universos. 
(Del libro TRANSPARENCIAS. Editorial “Granada Club Selección. Molvízar -Granada- 2018)

CHARLES BAUDELAIRE O EL PODER DE LA FUERZA INTERIOR
Lola Benítez Molina
Málaga (España)
Es cierto que los acontecimientos influyen en nuestras vidas, en la percepción y afrontamiento de los inevitables problemas. Es lo que marcó, sin duda, la existencia de Charles Baudelaire, poeta, ensayista, traductor y crítico de arte. Su padre murió cuando él tenía cinco años, y el hecho de que su madre se volviese a casar con un hombre rígido y autoritario, lo asumió en cierto abandono y le afectó emocionalmente. Este hecho lo empujó a vivir posteriormente una vida bohemia y de excesos, a la vez que en su obra se percibe una visión pesimista de la vida. Así lo constata en su libro titulado “Las flores del mal”, duramente criticado por sus contemporáneos.
            Considerado por Paul Verlaine como uno de los “poetas malditos” por su trayectoria. A los problemas de familia se unieron otros económicos que, junto con las críticas literarias recibidas, el alcohol y el amor que sentía por la actriz mulata haitiana Jeanne Duval, también conocida como Jeanne Lemer, con la que mantuvo una relación pasional de idas y venidas, de altibajos, desestabilizaba su espíritu sensible. Todo ello lo llevó a intentar quitarse la vida a los 24 años. La carta que dejó escrita para su amigo Ancelle, en la que le explicaba los motivos de tal decisión, se subastó por una cantidad considerable de dinero.
            A Jeanne Lemer la conoció en la primavera de 1842, y su relación intensa e intermitente duró casi veinte años e inspiraron algunos de sus poemas, lo que dio lugar a que se conociese como su “musa negra”. En 1859, Jeanne enferma y permanecerá hemipléjica. Él se encargará de buscarle asilo.
            “Los paraísos artificiales” es otra de sus obras. Considerado, tras su muerte, como una de las grandes figuras de la literatura francesa del siglo XIX y el padre de la poesía moderna. Murió en 1867, a los 46 años, a causa de las complicaciones de la sífilis.
            Tuvo una vida atormentada, pues no supo aplicar el pensamiento filosófico estoico promulgado por Cicerón. Y es que es, realmente cierto, que la aceptación puede transformar nuestra vida, si, además, aprendemos a tener la fortaleza y la determinación para hacer frente a las vicisitudes que se presenten.
            Como escribí en mi libro: uno puede elegir entre dos caminos, el de las lamentaciones o el de la superación.
            James Allen señala: “Estás hoy donde tus pensamientos te han traído; estarás mañana donde tus pensamientos te llevarán”. Y Benjamin Jonson dijo: “Quien no ha afrontado la adversidad no conoce su propia fuerza”.
ROSARIO CASTELLANOS   
Por. Amado Blanco Pedrero
(México )
El día 7 de este mes de agosto de 1974, pierde la vida la excepcional Rosario Castellanos siendo Embajadora de México en Israel. Dieron la noticia los medios de comunicación que había sido consecuencia de un accidente doméstico, es decir, ocurrió cuando tiró del cordón de una lámpara de buró y contestar el teléfono cuando apenas salía del baño. Esa fue la primera versión, la segunda fue que la habían asesinado poco tiempo después de haber pronunciado un discurso que aludió a una religión y no les había gustado el pronunciamiento. Sin embargo, años más tarde saldría una tercera hipótesis y ésta sería que por la mañana recibió la llamada de uno de sus alumnos con el que habló aproximadamente diez minutos, éste le pidió verla y ella respondió negativamente porque iría a Jerusalem a recoger unas mesas repujadas procedentes de algún país árabe. De regreso a la Embajada y por el sofocante calor que había, por desgracia se cuenta que el coche Mercedes Benz no tenía aire acondicionado (raro, muy raro), nuestro personaje llegó sudando copiosamente y al empezar a mover algunos muebles entre ellos una lámpara ésta hizo un corto circuito y ocasionó el electrocutamiento de la Embajadora que desafortunadamente se encontraba descalza al no soportar el calor infernal.  
En Chiapas se recibió la noticia con mucho dolor, pues si bien es cierto que ella nace en la Ciudad de México, por problemas de salud de su madre, sus padres chiapanecos la trasladan a Comitán y llevarla a la Finca que tenían en la zona, en donde pasaría gran parte de su niñez. Siempre dijo que era chiapaneca y todos lo dimos como cierto. Independientemente de esto, la Constitución del Estado Libre y Soberano de Chiapas reconoce a hijos de chiapanecos como nacidos en el Estado.
Mi admiración por ella nació de las narraciones de un amigo que había sido compañero de trabajo de ella en la Universidad Nacional Autónoma de México, era de un talento impresionante, me contaba.
Su poesía, narrativa, ensayos y obras de teatro, dan muestra de ello. Ser poeta no es nada fácil, como decía John Gavin, actor estadounidense y Embajador de los Estados Unidos en México cuando anunciaba un brandy “si las cosas fueran fáciles cualquiera las haría”.
Ser poeta es desprenderse en cada poesía de un pedazo del corazón, de un trozo del alma, es abrir el cielo en un día nublado, que esa parte formen un todo que conmueva al lector, es por eso que no cualquiera es poeta, mover los sentimientos del ser humano es meterse en lo más profundo de su corazón, eso no todos lo logran.
El Estado mexicano de Chiapas tiene fama de tener buenos poetas, podemos mencionar a Jaime Sabines, Rosario Castellanos, Marisa Trejo Sirvent, Socorro Carranco, Roberto López Moreno, Rodrigo Balam, Juan Bañuelos, Efraín Bartolomé, Rodulfo Figueroa, Armando Duvalier, Galileo Cruz y Pepe Falconi solo por referenciar algunos.
Como muestra de admiración a los poetas, en esta ocasión de manera particular a Rosario Castellanos, voy a publicar una de sus obras más cortas que haya escrito, para que quien no la conoce sepa que ella como cualquier poeta del mundo, nació con esa sensibilidad que poseen y los hacen diferentes a la mayoría de los humanos.
                                      ORIGEN
Sobre el cadáver de una mujer estoy creciendo,
En sus huesos se enroscan mis raíces
Y de su corazón desfigurado
Emerge un tallo vertical y duro.
Del féretro de un niño no nacido:
De su vientre tronchado antes de la cosecha
Me levanto tenaz, definitiva,
Brutal como una lápida y en ocasiones triste
Con la tristeza pétrea del ángel funerario
Que oculta entre sus manos una cara sin lágrimas.

POSMODERNIDAD, MODA, DERECHO Y JUSTICIA.
Hugo L. Bonomo
(Argentina)
Es evidente que la tele es el medio, y el instrumento actual, fundamental, para una comunicación masiva que determina, entre otras cosas, distintos valores y figuras que lucran con diversas posibilidades del histrionismo, del baile o de la música. Aptitudes más o menos aceptables, que son denominadas talento.
Esta visión actual, si bien son atractivas visualmente, y atraen masas, forman parte de la posmodernidad vigente, caracterizada por las formas, carencia de ideología y de compromiso social, que ha impuesto nuevos valores, pero ha vulnerado auténticos derechos, que son parte de la justicia y deben primar en toda sociedad evolucionada. Esta ausencia de justicia  nos ha motivado para denunciar fraudes que atentan contra la propiedad intelectual y el derecho de autor; es decir el conjunto de derechos personales y patrimoniales que corresponden a los autores sobre las obras de su creación. ¿Qué normas regulan la propiedad intelectual? Los derechos de explotación son sinónimo de los derechos de patrimonio, corresponden, exclusivamente, al autor y no pueden ser realizados sin su autorización, salvo en los casos previstos en la ley.
Planteados estos dos antagonismos, vamos a analizar lo visible. Las féminas están presentes en todas las actividades de la tele, para lo cual es prioritaria, salvo excepciones, la imagen. Una figura estilizada es fundamental para una primera valoración, pero, al cabo de unos minutos; los pechos y los glúteos son los mayores atractivos para tener un talento completo. Hace tiempo que no vemos una cantante talentosa, que no complemente su armonía vocal con su físico, y hasta en la meteorología, hace falta, no sabemos si es para disimular los yerros, una pronosticadora con atributos físicos especiales.
El segundo punto, relacionado con la posmodernidad, a tener en cuenta en esta acción, reivindicando la justicia y los derechos; son los tatoo, versión moderna de los antiguos tatuajes, que nos van a permitir resguardar la honestidad intelectual que proclamamos y defendemos.
El tema es que, cualquiera sea la actividad de las féminas en la tele, hay una gran cantidad que hacen uso de sus escotes, que muestran sus espléndidos pechos. Esta visión frontal, es potenciada con la clásica vueltita, que permite apreciar unos glúteos soberbios, que complementan el casting necesario para el éxito. Y, aunque el resultado agrade a los videntes, cabe, en resguardo de una valoración genuino, de los derechos de autor y de la propiedad intelectual; sincerar la real autoría y pertenencia de los atributos exhibidos públicamente.
A tales fines, y en los casos que corresponda, se propone agregar otra herramienta, utilizada por la posmodernidad, los tatoo, para determinar, como obligatorio, imprimir en los pechos y los glúteos impropios la rúbrica de quienes han sido sus creadores; ya que los derechos de explotación son sinónimo de los derechos de patrimonio y corresponden, exclusivamente, al autor. Será Justicia, y valorizará, y defenderá, los derechos de explotar patrimonios que son genuinos.

LORCA: VANGUARDISMO Y TRAGEDIA
83º Aniversario de su fallecimiento
Por Antonio Camacho Gómez
   Hace ya un buen tiempo una señora de la escena, del recitado, Nati Mistral, dedicó una parte del espectáculo que cautivó a los santafesinos, a un poeta español, de la Granada de la Alhambra, de las Cármenes, de las embrujadas cuevas del Albaicin. Un poeta y dramaturgo cuya instancia vital se abrió al morir casi el siglo diecinueve, un año después de la irrupción en el ruedo ibérico de la denominada “generación del 98” y se clausuró trágicamente apenas iniciado el conflicto fraterno que ensangrentó la península desde 1936 a 1939.
    No eligió mal la intérprete; porque así como ayer otra eximia decidora de alta lírica, Berta Singerman, había espigado en la cosecha del vate caído frente a los fusiles de la discordia para regalar a América y el mundo ese canto doloroso que es el “Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejía”, Nati conmovía con el desgarrante sentimiento que brota de la “Muerte de Antoñito el Camborio”. Y aquí estamos señalando dos orbes excluyentes e interrelacionados cuyas esencialidades captó con todo su contrastante color; con toda la grandeza de lirio y espada, de pitón y navaja, de coraje e infortunio lacerante el protagonista de nuestro ensayo: Federico García Lorca. Esos dos planetas –como diría un colega madrileño, Antonio Díaz Cañabate- es el de los toros y el de los gitanos.
   Federico los conocía bien, porque como Machado –nuestro tocayo-, como el Villalón de “Diligencia de Carmona”, asumía el espíritu de Andalucía hecho de caireles y de mantillas, de cante jondo y de rimar de guitarras, de pasión y de misterio. Por eso “Romancero gitano”, su tercera obra después de “Libro de poemas” y de “Canciones” lo reveló diáfano en el acento de la tierra amada, de sus aires de honda tristeza o de restallante alegría, sin medias tintas, lejos del “aureas mediocritas” virgiliana; de sus tragedias de romance y de sus minúsculas gestas. Las cantó ¡y cómo! Porque era brillante, soñador, dotado de una rica fantasía en la que el deslumbrante juego de las imágenes, como relámpagos de luz, abrían inusitadas perspectivas a la creación poética. Metáforas para visualizar a un pueblo de raigambre flamenca, de vigorosa personalidad transmitida en la voz de hondas resonancias, de perennes acentos de un hijo singular.
   Sin embargo el hacedor de tanto arabesco sonoro, de tanta exuberancia verbal, musical diríamos, porque supo frecuentar el pentagrama conducido de la mano maestra del Falla inmortal, y los caminos de la plástica empinado junto a Dalí, no se estancó. Sus brillos adquirirían una faz inédita en “Poeta en Nueva York”, donde los símbolos ocultan y paradógicamente exponen el trasfondo de una realidad aplastante, concreta, como la angustia que sus sentidos siempre despiertos palparon en el Harlem de la promiscuidad y la miseria humanas.
   ¿Sería necesario señalar que las voces de la sangre y el reclamo de Melpómenes impulsarían al fundador de la revista “Gallo” a recorrer, como un nuevo Tespis, la geografía hispana? Sí, lo es. Porque el director del conjunto “La Barraca”, con el que revivió las obras de los clásicos por pueblos y ciudades, encontró en el teatro dramático el gran vehículo para canalizar las peripecias emocionantes de criaturas imperecederas. Cómo no recordar a “Yerma” (¡ah! Margarita Xirgu, ¡oh! María Casares); a “Bodas de sangre” -¡oh recuerdo encendido de Lola Membrives!-; a “La casa de Bernarda Alba”, a “La zapatera prodigiosa” o a esa “Doña Rosita la soltera”, agridulce, poética, de vital carnadura.
   Han pasado ochenta y uno desde aquel nefasto día en que lo troncharon como a un tallo de sangre. Pero sigue viviendo en las voces y el arte que se renuevan en la escena, para que sus criaturas sigan emocionando con la fuerza original y el hálito tantas veces trágico que les insufló conmovido.
FEDERICO GARCÍA LORCA – N. Fuente Vaqueros(España)  5 Junio 1898 – F. Granada (España) 18 Agosto 1936.-

 VOLANDO ENTREVISTE AL VERDADERO GENERAL DON JOSÉ DE SAN MARTÍN
Por Dr. Jorge B. Lobo Aragón
Tucumán-Argentina
Una mañana gris y una pantalla blanca se reían en mi cara. Sin poder armonizar un concepto, luchaba contra mi sueño y  mal humor. El día anterior las elecciones nacionales “las pasos” nos alejaban de una realidad y nos proyectaba seguramente a otro País. Este escritor al que llaman de varias formas por distintos motivos “Bernabé”; “El Negro Tucumano” o el “Pez o pájaro volador” necesitaba de su fenómeno de bilocación. Subir y volar hacia arriba al cielo azul en donde poder reflexionar más tranquilo que entre expedientes y escritos esparcidos. Pero en esta ocasión no percibí el sacudón que ocasiona la transformación aurea sino una nueva sensación totalmente distinta  a las anteriores. En esta oportunidad  me rendí como un cobarde ante la pantalla rectangular que traga mis escritos y a sus negras teclas que me hacen enojar. Me dormí profundamente y subí a lo alto  a volar en otra dimensión desconocida. Recuerdo abiertamente como aquel día de mi accidente cuando a los nueve años perdí una pierna. Cada imagen, palabras y diálogos estaban presentes. Como siempre la Mano de Tata Dios me llevaba de otro modo a dialogar con quien Él había decidido. Era el General Don José de San Martin, joven con el pelo encrespado y la mirada firme. Lo más curioso es que antes de mi visión estaba preparando un homenaje al gran prócer con las lecturas de libros y antecedentes que me llevaban de manera extraña a rendir homenaje a una de las figuras más desconocidas en el país, siendo, seguramente, una de las que mejor se pueda gloriar ante el mundo. Podía sonar a paradoja que llame desconocido a un personaje cuyo nombre está puesto a ciudades, pueblos, calles, plazas, instituciones públicas y privadas a lo largo y lo ancho de todo el territorio na­cional. Sí, pero en la mayoría de los libros su  nombre e imagen tienen una presencia ubicua, que se esfuma en la nebulosa retórica de los candelarios y recuerdos. Es que solamente sabemos, gracias a la machacona lección que se nos repite desde niños, que nació en Yapeyú, que es como el tuétano del territorio patrio. Que fue llevado por sus padres a España, donde emprendió la carrera militar después de haber cursado el colegio de nobles. Que participó en la batalla de Bailén. Que en 1812 sintió el llamado de su patria lejana y volvió para liberarla. Que fundó la logia Lautaro, venció en el combate de San Lorenzo donde una bala derribó a su caballo que al caer le aplastó una pierna; hubo de ser atravesado por la bayoneta de un soldado enemigo de no intervenir el sargento Cabral, quien a su vez recibió una herida mortal que le dio tiempo apenas para decir “muero con­tento, hemos batido al enemigo”. Que su próxima empresa fue reem­plazar a Belgrano en Tucumán al frente del Ejército del Nor­te, ocasión que le inspiró el plan de dirigirse al Perú por el Pacífico. Que en Mendoza formó un ejército con el cual tramontó los Andes y obtuvo los triunfos de Chacabuco y Maipú sin más accidentes que el tropiezo en cancha reyada. Que siguió su camino hasta Lima, se entrevistó con Bolívar en Guayaquil y envuelto por su propia gloria, asumió el gesto supremo de renunciar a su empresa para dejar un ejemplo a todas las generaciones de argentinos. Que se fue a Francia llevándose a su pequeña hija para cuya formación dejó un ramillete de máximas ejemplares. Que murió en Boulogne Sur Mer. Sí. Es ese el relato que tenía  en mis borradores para rendirle una ofrenda  a la trayectoria de San Martín. Apuntes que había que sazonarlo con algunas frases célebres y un conjunto de anécdotas que podrían conservarse numeradas, como se dice de los alemanes con respecto a los chistes de Frang y Fritz.  La verdad que   lo que tenía en borrador para un homenaje era el Padre de la patria que conocía por publicaciones, escritos, libros y la escuela. Pero al  poder dialogar cara a cara con el heroico personaje en esta visión o percepción extrasensorial con sus diálogos cortos, penetrantes y de mucha intensidad me di cuenta sobre el gran vacío histórico en el que vive nuestro pueblo, que tiene obsesión debe de llenarse con lugares comunes, oratoria farragosa y reiterada declamación sobre el porvenir venturoso que nos espera. Un modelo arcaico que  además de ser inoperante, actúa como factor de perplejidad y confusión. El verdadero San Martín, con el que estaba dialogando y al que escamotean los historiadores al servicio del régimen, no se parece en nada a esta pintura burda pueril que nos imponen. En  una conversación corta y amena me recuerda que su patria fue el imperio constituido por España y América. Que su nacimiento en las misiones Jesuíticas el apenas mencionó, por razones de trámite burocrático. Que jamás escribió el nombre de Yapeyú  y ni siquiera lo recordaba.  Que desde los dos años vivió en Buenos Ai­res y antes de los siete fue llevado a España. Que sus recuerdos de infancia eran tan vagos como las imágenes que cualquiera conserva de ese período de la vida. Que su verdadera aparición sobre la escena histórica, el encuentro consigo mismo, se dio en la guerra de la Independencia. Entonces combatió en tierra y mar en España, en Portugal, en África; fue herido, se batió en la defensa de Cádiz, el último bastión independiente de la  península. Que cuando todo el territorio estuvo ocupado por el invasor y sabiendo la idea de Napoleón de incorporar a su imperio las pose­siones españolas de América, se sumó a los americanos que habían combatido con él y decidieron proseguir en sus respectivos países la guerra de la independencia. Que Bolívar, Sucre, O’Higgins, Carrera, Alvear, Iturbide, entre otros fueron sus amigos. Que llegó a Buenos Aires cuando el territorio del Virreinato, menos Paraguay y el Alto Perú, ya estaba en poder de los patrio­tas. Que advirtió que el foco por batir era Lima y había que alcanzarlo por mar. Que allá se fue con un ejército formado por argentinos y chilenos y costeado por el gobierno de Chile. Que el Directorio, que había intentado volcarlo en la guerra civil, lo abandonó a sus propias fuerzas. Que  su intuición y capacitación militar y diplomática le sirvió para apoderarse del Perú. Que buscó la alianza de Bolívar para terminar con la resistencia realista que persistía en la zona montaño­sa entre Cuzco y Jujuy. Que Bolívar encontró razones para re­traerse en esa alianza y  personalmente instó vehemente al gobierno de Buenos Aires para que abriera el frente por el sur que antes había cubierto Güemes y que le enviara ar­mas, hombres, dinero. Qué  nunca entendió porque se interpuso Rivadavia en sus planes para que toda colaboración le fuera negada .Que ante tal situación no le  quedó otra salida que el retiro. Y así dejó el gobierno, no por el renunciamiento estúpido que se le atribuye sino para no dar el espectáculo bochornoso de una guerra civil. Que fue a rumiar su derrota en Europa, pero cuando la Confederación Argentina fue agredida por Francia ofreció su espada al gobierno de su patria. Que cuando la guerra fue con Francia e Inglaterra aliadas interpuso su autoridad profesional y moral para convencer  a esas dos potencias que su prosecución no podía llevarlos al éxito. Que saludó con entusiasmo la victoria, con salves de desagravio, ob­tenida por la perseverante firmeza de Juan Manuel de Rosas. Qué después de haberlo dado todo por perdido, al final de su vida, llegó a  ver consolidada la independencia a la cual había consagrado su espada. Que es ese el ejemplo que él siempre quiso legarnos.  La independencia como objetivo final. No las formas de go­bierno. No las Ideologías que son patrimonio de los parti­dos. Es este Prócer con el que estuve dialogando el que resume la ejecutoria de su vida. Es este el verdadero San Martín, vigente y actual y no el prospecto de museo con que se quiere confundir su biografía, para que nos olvi­demos de la soberanía. En esta conversación especial fuera de mi bilocación  por trasmisión sensorial fue sin duda  una invitación a recordar el pasado, un pasado común, un pasado conjunto, un pasado de nosotros y de nuestros abuelos, que es el pasado de la patria, un pasado con hechos luminosos como fueron las gestas militares y cívicas de nuestros próceres, y también un pasado de dolores, con enfrentamientos entre hermanos, con luchas acerbas, con incomprensiones, con derrotas. Los dolores, los errores, los desaciertos, los desencuentros, las derrotas, no deben olvidarse nunca, para que nos sirvan de lección que nos enseñe a acertar con el buen camino uniéndonos en la acción común. ¡Pobre sociedad si sus representantes analizaran los problemas cotidianos sólo con el mezquino ánimo de las ganancias inmediatas, olvidando que somos la continuación de una empresa – una empresa que los grandes próceres resumes y simbolizan – que tiene un destino a cumplir para alcanzar el bien de sus hijos! Y ahora como entonces que estas  próximas elecciones de octubre nos sirvan de lección y nos enseñe a acertar con el buen camino  y además con el auxilio bienhechor de Nuestra Señora de la Merced, si lo solicitamos con fervor.
CUANDO LOS ANIMALES LLORAN
Por: Gustavo Páez Escobar
(Colombia)
Se dice que Colombia es el infierno de los animales. Sobre ellos se ejecutan las mayores crueldades, y toda­vía hay gente que se pregunta de dónde nace la violencia. Mientras los animales lloran de dolor, el hombre ríe de placer. Muy pocos sienten el dolor de los animales. Y lo avivan.
Es costumbre ancestral, de difícil extirpación. Las corridas de toros, que nos llegaron de España como acto cultural, son el mayor espectáculo de barbarie del mundo. Los toros, antes de salir a la lidia, han pa­sado por un sinnúmero de sufrimientos, como el de recibir una aguja de tejer en los órganos genitales, o vaselina en los ojos para nublarles la visión, o unturas en di­versas partes del cuerpo para producirles escozor.
Y en la faena de la plaza pública, que enardece mul­titudes, el noble bruto, sofocado y herido, es sometido a la muerte lenta y bárbara. El acto supremo de la fies­ta, donde la muchedumbre expresa su mayor sadismo, es el hundimiento de la espada, de un metro de largo, en los pulmones ya averiados por la asfixia, hasta que el ani­mal muere ahogado en su propia sangre.
En las fiestas de San Pedro, que se repiten cada vez con superior vehemencia, miles de gallos mueren decapi­tados por competidores ebrios que demuestran su “hombría” cortando pescuezos, en una especie de rito cavernícola, al pasar ante la cuerda que se afloja y se estira para incitar más el brinco salvaje.
Se mata por placer. Matar se ha convertido en un de­porte. En la pesca y en la caza los animales quedan mal­heridos, infectados y angustiados. Se goza viéndolos contorsionarse, sin importar que los hijos van también a morir de tristeza y abandono. Trasladado este instinto a los campos de la violencia entre hombres, no es diferente la situación cuando se asesina a seres humanos y se de­jan huérfanos y viudas, padres y hermanos, agobiados por el terror y el sufrimiento.
Alguien me contaba en estos días el caso de un hacen­dado que había construido un horno en su finca y, para inaugurarlo, había invitado a buen número de amigos. Como el horno estaba sin probar en su sistema de desfogue, no tuvo inconveniente en meter vivo a un gozque que por allí rondaba, hasta que el pobre plebeyo, cocido en la brasa viva ante los ojos de la concurrencia, demostró que el aparato servía.
Los pajaritos de los campos son perseguidos por los muchachos traviesos –asesinos en potencia– que disfrutan de regocijadas sensaciones al bajarlos de los árboles a punta de pedradas o escopetazos. Esos muchachos, armados de caucheras y municiones, serán los antisociales del ma­ñana, y de allí a engrosar las guerrillas, que matan hombres de verdad, hay poca distancia.
A los animales de carga se les tortura clavándoles es­puelas y propinándoles latigazos y otros maltratos como estímulos para la locomoción. A los bueyes se les insertan argollas en la nariz para jalarlos. A los perros calleje­ros se les traslada al coso y allí mueren de inanición. En el matadero –como leo en una hoja del Club de Amigos de los Animales, de Medellín– se aplican procedimientos bru­tales como el de lanzar cerdos sin morir a tanques con agua hirviendo.
Los animales lloran. Y el hombre ríe. Estas oscuras tendencias del género humano han erigido el gran monu­mento a la crueldad. Las lágrimas de los animales no se ven. El hombre no quiere verlas. Pero son reales. Eduardo Arias Suárez vio llorar, en cuento estelar, a una vaca: La vaca sarda. Allí asegura: “Todos la vimos, y por eso lo escribo. Todos nosotros vimos que cuando la vaca lamía aquella piel, iba vertiendo gruesas lágrimas de sus ojazos espirituales”.

A 498 AÑOS DE LA CAÍDA DE LA GRAN TENOCHTITLAN
Por Jaime Solís Robledo (México)
Ciudad de México, 13 de agosto de 2019.
Sin poses seudonacionalistas, en el sentido de que España debe pedir al gobierno mexicano una disculpa por la conquista de un México, que NO existía como nación –lo cual podría iniciar la era DE LAS DISCULPAS entre todos los países actuales, ya que las invasiones de uno a otro han sido una CONSTANTE en el desarrollo de la Humanidad- comento ahora brevemente un episodio trascendental para la vida de mi  pais: la admirable y osada aventura de Hernán Cortés para ensanchar los dominios de la naciente España del siglo XVI. Y si menciono que México aun no existía como nación, es porque a la llegada de Cortés a nuestras costas en 1519, mi pais  estaba poblado por varios grupos raciales, muchos de ellos sometidos por los aztecas por ser ésta la tribu mas fuerte y mas hábil en el arte de la guerra; es decir, ni por asomo existía ese sentimiento de conformar una nación. Tan fue asi, que varias tribus vieron en El Conquistador español una oportunidad de oro para liberarse del yugo mexica. Los primeros en sumarse a Cortés fueron los totonacas y los mas numerosos y feroces fueron los tlaxcaltecas. Pero no, en mi criterio NO fueron traidores, como muchos mexicanos los califican a la ligera, sin conocer la Historia; el meollo es que vieron una oportunidad para sacudirse la explotación de la que eran víctimas. Cortés supo aprovechar con astucia esa coyuntura y el resultado fue la sangrienta caída de Tenochtitlan con el apoyo de las tribus inconformes y la enorme ventaja en armamento. No es mi propósito reseñar con detalles los avatares del cerco y la caida de la Gran Tenochtitlan, sino únicamente referirme a las últimas acciones bélicas y al momento en que el último emperador azteca –Cuauhtémoc- fue tomado prisionero.
Para mi cometido, he tomado como fuente a Bernal Diaz del Castillo, testigo presencial de los hechos. Si, ya sé que escribió su crónica a muy avanzada edad y que confunde u olvida las fechas; también sé que mucha gente dice que Bernal nada escribió y que el verdadero autor de su relato fue Hernán Cortés (aunque los estilos son muy diferentes, pues Cortés tenía estudios y Bernal no). Su ventaja de haber sido partícipe y/o testigo de los acontecimientos, terminó por convencerme. He aquí fragmentos de su relato de los momentos  culminantes de la brutal y definitiva embestida de la coalición española-tlaxcalteca después de casi 3 meses de asedio, y cortado el abastecimiento de agua y alimentos. Lo inicio con su comentario acerca del rechazo de Cuauhtémoc a una propuesta de paz por parte del Extremeño:
…”Y viendo que no quería paces ninguna Guatemuz y sus capitanes, mandó a Gonzalo de Sandoval que entrase con bergantines al sitio de la ciudad adonde estaba retraído Guatemuz con toda la flor de sus capitanes… …“y Cortés se subió en el cu mayor de Tatelulco para ver cómo Sandoval entraba con los bergantines en aquel paraje donde estaban las casas de Guatemuz; y de que se vio cercado el Guatemuz tuvo temor que lo prendiesen o matasen , y tenía aparejadas 50 grandes piraguas con buenos remeros para que en viéndose en aprieto, salvarse e irse a meter en unos carrizales y desde allí a tierra, y esconderse en otros pueblos… “e ya tenían metido su hacienda, y oro, y joyas y toda su familia e mujeres, y se mete en ellas y tira por la laguna, adelante acompañado por muchos capitanes, y como en aquel instante iban muchas canoas, llena la laguna dellas, y Sandoval luego tuvo noticia de que Guatemuz iba huyendo, mandó a todos los bergantines dejasen de derrocar casas y barbacoas y siguiesen al alcance de las canoas e mirasen que tuviesen tino a qué parte iba Guatemuz, e que no lo ofendiesen ni le hiciesen enojo alguno… “Y como un Garci Holguín, que era capitán de un bergantín, amigo de Sandoval, que era muy suelto e gran velero su bergantín, le mandó Sandoval que siguiese a la parte que le decían que iba el Guatemuz huyendo, y le mandó que si lo alcanzace no le hiciera enojo ninguno, mas que prendello… “E quiso Dios, nuestro Señor, que García Holguín alcanzó a las canoas y piraguas en que iba el Guatemuz… “e hizo como que le quería tirar con las escopetas y ballestas, y el Guatemuz desde que lo vió hobo miedo y dijo <No me tire, que yo soy el rey desta ciudad e me llaman Guatemuz; lo que te ruego es que no llegues a cosas mias de cuantas trayo, ni a mi mujer ni parientes, sino llévame luego a Malinche>…
Se da enseguida una disputa entre García Holguín, que estaba bajo las órdenes de Sandoval pero quería adornarse ante Cortéz de que él tomó prisionero a Cuauhtémoc y no quería entregarlo a Sandoval. Cortéz envió a dos emisarios y los puso en paz.- Continúa Bernal:  “Y luego vino el Sandoval y el Holguín con el Guatemuz, y le llevaron entrambos dos capitanes a Cortés, y desde que se vió delante dél le hizo mucho acato, y Cortés con alegría le abrazó y le hizo mucho amor a él y sus capitanes; y entonces el Guatemuz dijo a Cortés <Señor Malinche, ya he hecho lo que estoy obligado en defensa de mi ciudad y no puedo más, y pues vengo por fuerza y preso ante tu persona y poder, toma ese puñal que tienes en la cinta y mátame luego con él>; y esto cuando se lo decía lloraba muchas lágrimas y sollozos, y también lloraban otros grandes señores que consigo traía. Y Cortés le respondió con doña Marina e Aguilar, nuestras lenguas, muy amorosamente, y le dijo que por haber sido tan valiente y ver por su ciudad, le tenía en mucho más su persona, y que no era dino de culpa ninguna, e que antes se le ha de tener a bien que a mal, y que lo quél quisiera era que, cuando iban de vencida, antes de que más destruyéramos aquella ciudad, no hobiera tantas muertes de sus mejicanos, que viniera de paz y su voluntad, e que ya es pasado lo uno y lo otro, que no hay remedio ni enmienda en ello, y que descanse su corazón y de todos sus capitanes, e que él mandará a Méjico y sus provincias como de antes”
Y cierra Bernal Diaz del Castillo este episodio: “Se prendió a Guatemuz y sus capitanes en trece de agosto, a hora de vísperas, en dia de Señor San Hipólito, año de mil quinientos y veinte y un años. Gracias a Nuestro Señor Jesucristo y a Nuestra Señora, la Virgen Santa María, su bendita madre, amén”.
Vencidos y vencedores fueron la pasta con la que se moldeó una nueva raza, se fundieron las costumbres, religiones, y las lenguas en un solo idioma, dándole paso a dos pueblos que ahora se extienden los brazos en franca fraternidad, para irradiarla y ponerla de ejemplo hacia la Humanidad.

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