CRÓNICAS-ARTÍCULOS. VIOLENCIA CONTRA LA MUJER

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Noviembre   2.019  nº 25
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AL SERVICIO DE LA PAZ Y LA CULTURA HISPANO LUSA

COLABORAN: Carlos Benítez Villodres (Málaga-España). ..Jorge Bernabé Lobo Aragón (Argentina)…Eunate Goikoetxea (Alicante-España)…Jaime Suárez (México)…

BASTA YA DE VIOLENCIA CONTRA LA MUJER!

Carlos Benítez Villodres
Embajador Circulo Universal de la Paz France-Suisse

Málaga (España)

La “mal llamada” violencia de género sigue cobrándose vidas y continúa promoviendo el debate en los medios de comunicación sobre el tratamiento informativo que hay que dar a esta lacra social.

            Los últimos datos completos nos dicen que, durante los diez primeros meses del año 2019, 51 mujeres murieron a manos de sus parejas o exparejas.

            He utilizado al comienzo de este comentario la expresión “mal llamada”.
Efectivamente, aunque en el uso de nuestro idioma se ha instalado la expresión “violencia de género”, que incluso da nombre a una ley, la Ley Orgánica 1/2004, no es recomendable su utilización, si se tiene presente que, como dice la Real Academia Española (RAE), dicha expresión es una traducción del inglés “gender-based violence” o “gender violence”, difundida entre los medios de comunicación que tenían enviados especiales en el Congreso sobre la Mujer celebrado en Pekín en 1995, y con la que se identificó “la violencia, tanto física como psicológica, que se ejerce contra las mujeres por razón de su sexo”.

            Además, la RAE recordaba en su alegación el significado gramatical de género: género masculino, género femenino. Y la academia indicaba que para designar la condición biológica por la cual los seres son masculinos o femeninos debe emplearse el término “sexo”. En definitiva, que las palabras tienen “género”, pero no “sexo”, mientras que las personas tienen “sexo”, pero no “género”.

            En su crítica a la expresión “violencia de género”, la RAE añade que, según todos los bancos de datos consultados, la expresión más utilizada en los países de habla hispana era “violencia doméstica”, seguida de “violencia intrafamiliar” (sobre todo, en Iberoamérica), “violencia contra las mujeres” y “violencia familiar”.

            Por todo ello, la academia recomendaba que la Ley Orgánica se denominara “Ley contra la violencia doméstica o por razón de sexo”. Pese a sus argumentadas recomendaciones, la ley salió adelante con la expresión “violencia de género”, y la expresión se introdujo en todos los ámbitos, especialmente en los medios de comunicación.

            La violencia contra las mujeres es probablemente la violación de los Derechos Humanos más habitual y que afecta a un mayor número de personas.

Millones de mujeres y niñas en el mundo son víctimas de violencia por razón de su sexo. En la familia y en la comunidad, en tiempos de guerra y de paz, la violencia contra las mujeres es, además de la más extendida, la violación de Derechos Humanos más oculta e impune.

La violencia contra las mujeres está presente en todas las sociedades del mundo, sea cual sea su sistema político o económico. No sabe de culturas, clases sociales ni etnias. Este escándalo cotidiano se manifiesta de diferentes maneras y tiene lugar en múltiples espacios, pero tiene una raíz única: la discriminación universal que sufren las mujeres por el mero hecho de serlo.

En todo el mundo, las mujeres se han organizado para poner al descubierto y combatir la violencia de género. Estos grupos de mujeres organizadas han logrado modificaciones en leyes, políticas y costumbres. Sin embargo, a pesar de estos importantes avances, en algunas zonas del mundo aún existen leyes y políticas abiertamente discriminatorias, y en la práctica totalidad del planeta la discriminación “de hecho” sigue siendo una realidad.

La legislación internacional responsabiliza a los Estados de las violaciones de derechos humanos cometidas tanto por agentes estatales como por particulares. Esta responsabilidad incluye prevenir, investigar y sancionar la violencia, así como reparar a las víctimas.

A pesar de estar tan extendida, la violencia de género no es “natural” ni “inevitable”: es una expresión de normas y valores históricos y culturales concretos. La violencia contra las mujeres tiene su origen en la discriminación, que niega la igualdad de trato y oportunidades entre hombres y mujeres, en muchos aspectos de la vida, y que, a la vez, sirve para reforzarla, impidiendo que las mujeres ejerzan sus derechos y libertades.

El control de la socialización de las mujeres, de su sexualidad y de su vida reproductiva son mecanismos a través de los cuales los hombres perpetúan esta situación del dominio y la discriminación.

El factor “género” se añade a menudo a otros factores, como la etnia, la clase social, la nacionalidad, la orientación sexual o la edad, y determina que ciertos colectivos de mujeres sean más vulnerables a la violencia y tengan peor protegidos sus derechos humanos.

La violencia contra las mujeres es la violación de los derechos humanos más extendida de nuestro tiempo. Las estadísticas muestran que se trata de una tragedia de dimensiones mundiales, que evidencia que en ningún rincón del planeta los derechos humanos de las mujeres son garantizados.

Se calcula que una de cada tres mujeres en el mundo es golpeada, obligada a mantener relaciones sexuales o sometida a algún otro tipo de abusos a lo largo de su vida. Según informes de la Organización Mundial de la Salud, el 70 % de las mujeres que son víctimas de asesinato mueren a manos de su marido o exmarido, de su compañero sentimental o excompañero.

Estos datos son solo la “punta del iceberg”, pues solo se conoce y se registra una pequeña parte de los abusos producidos, ya que las víctimas no informan de ello muy a menudo por vergüenza o porque temen que la reacción sea de escepticismo, de incredulidad o de más violencia. La invisibilidad de la violencia contra las mujeres permite que los gobiernos, las comunidades y los particulares hagan caso omiso de sus responsabilidades.

Debemos tener siempre presente que también son acusados falsamente de torturas, de violaciones forzadas, de maltratos físicos y psíquicos o asesinados hombres por parte de sus esposas o ex esposas, amantes o examantes, compañeras sentimentales o ex compañeras…, aunque estos casos, en la mayoría de ellos, no son noticiables. Por ello, al pueblo no se le informa sobre estos crímenes. 

“LA NUEVA CULTURA ”
“La violencia se aprende, la no violencia también”
Dr. Jorge Bernabé lobo Aragón 
Tucumán-Argentina

 Es imperioso e imprescindible que los poderes del estado propicien el inexcusable análisis de la endémica violencia que se pone de manifiesto cada minuto como pan nuestro de cada día. En cada semáforo y esquina se siente una realidad de inseguridad. Tal vez tienen entre sus principales origen la situación socio económica de muchos desocupados cuyas fuerzas morales están debilitadas o directamente no existen. 

La violencia actual por otra parte supera el promedio de irracionalidad que caracterizaron estos hechos en épocas pasadas. Anteriormente se perpetraba en casos psicopáticos puntuales o por reacción violenta del afectado. El robo como ejemplo, consistía simplemente en apoderarse de lo ajeno  sin más trámite. Hoy, estas acciones están vinculadas estrechamente a la agresión violenta sin motivo aparente  y la mayoría de las veces totalmente injustificadas, luego de consumado el hecho. Se mata por matar; se ataca por dañar.  Feliz el que es asaltado sin agresión. Por otra parte los delincuentes son cada vez más jóvenes. En la mayoría de los casos las drogas y el alcohol sirven de incentivo para cometer el delito. A nivel popular se ha tomado conciencia de no ofrecer resistencia al ladrón; no protestar; entregar todas las pertenencias; no mirarlo fijamente; tomando las prevenciones y cuidados de lo que forma parte de la “nueva cultura”, en cuanto al trato que hay que dispensar al delincuente. Sin embargo a pesar de ello los hechos que se   suceden  son cada vez más  cruentos, feroces y sanguinarios. En los últimos años, los medios de comunicación han colmado páginas, parlantes y monitores, de sangre, lágrimas y horror: El estrés en que vivimos y los traumas que sufren las víctimas son indescriptibles. Es claro, la inseguridad atenta contra la integración social. La indefensión y frustración en cientos de miles de víctimas, tiene proporciones gigantescas. Las razones del desastre se resumen en la falta de sistematización de la función penal estatal. No podemos seguir viendo a la policía (fuerza pública), al Ministerio Público, la administración de justicia y las cárceles, como partes aisladas y desarticuladas de tan importante actividad del Estado. El creciente aumento de la impunidad a favor de los delincuentes y la inexistencia de una política criminal consistente, ha sido en los últimos años la respuesta estatal a la victimización de cientos de miles de argentinos.

Los dirigentes se han interesado sólo en una de las partes del delito: el delincuente, pero se les sigue olvidando la víctima. Por otro lado, si bien es cierto que la administración de justicia no puede ser lenta, ni irresponsable, hay algo que llama mucho la atención y  es que  la justicia  tampoco puede ser anónima. Debemos rescatar los derechos de la víctima en el derecho penal. No es posible, que ante hechos sumamente graves, los condenados no cubran al menos los daños y perjuicios económicos causados y que disfruten de una serie de beneficios totalmente inmerecidos. Se debe actuar con enorme celeridad en estos tiempos aciagos.

Debemos humanizar la función penal del Estado, si queremos disminuir el riesgo de victimización y el cansancio moral generado por la inseguridad pública y la violencia. Un mundo sin violencia es posible. Queremos un mundo más humano. La violencia se aprende, la no violencia también, “Paz es fuerza”.

LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER
Embajadora Circulo Universal de la Paz. France-Suisse

E.Goikoetxea

La violencia contra mujeres y niñas es una de las violaciones de los derechos humanos más extendidas, persistentes y devastadoras del mundo actual sobre las que apenas se informa debido a la impunidad de la cual disfrutan los perpetradores, el silencio, la estigmatización y la vergüenza que sufren las víctimas.

Las mujeres son blanco de la violencia en muy diversos contextos, incluida la familia, la comunidad, la custodia del Estado y el conflicto armado y sus resultados. La violencia es una constante en la vida de las mujeres, desde antes de nacer hasta la vejez y afecta a todos los sectores tanto público como privado.

La forma más común de violencia experimentada por la mujer en todo el mundo es la violencia ejercida por su pareja en la intimidad, que a veces culmina en su muerte. Muy generalizadas también están las prácticas tradicionales perjudiciales, como el matrimonio precoz y forzado y la mutilación genital femenina. Actualmente se presta cada vez más atención al femicidio (asesinato de mujeres por motivos de sexo), la violencia sexual, el acoso sexual y la trata de mujeres. La violencia ejercida por el Estado, por medio de sus agentes, por omisión o mediante la política pública, abarca la violencia física, sexual y psicológica, y puede constituir tortura. Se ha hecho cada vez más evidente el gran número de casos de violencia contra la mujer en los conflictos armados, en particular la violencia sexual, incluida la violación.

.Los efectos psicológicos adversos de la violencia contra las mujeres y niñas, al igual que las consecuencias negativas para su salud sexual y reproductiva, afectan a las mujeres en toda etapa de sus vidas. Por ejemplo, las desventajas tempranas en materia de educación no solo constituyen el obstáculo principal para alcanzar la escolarización universal y hace cumplir el derecho a la educación de las niñas, luego también le restringe el acceso a la educación superior a la mujer y limita sus oportunidades de empleo.

Aunque todas las mujeres, en todas partes del mundo, pueden sufrir violencia de género, algunas mujeres y niñas son particularmente vulnerables, ejemplo de ellas son ,las mujeres que se identifican como lesbianas, bisexuales, transgénero o intersex, las migrantes y refugiadas, las de pueblos indígenas o minorías étnicas, o mujeres y niñas que viven con el VIH y discapacidades, y aquellas en crisis humanitarias.

La violencia contra la mujer sigue siendo un obstáculo para alcanzar igualdad, desarrollo, paz, al igual que el respeto de los derechos humanos de mujeres y niñas. Lo que es más, la promesa de los Objetivos de Desarrollo Sostenible  de no dejar que nadie se quede atrás, no podrá cumplirse sin primero poner fin a la violencia contra mujeres y niñas.

Las familias más plenas son en las que todas y todos sus integrantes ejercen por igual sus derechos, gozan de autonomía, y donde el reparto de labores, beneficios y oportunidades es equilibrado.

Trabajemos mujeres y hombres juntos para erradicar la violencia contra las mujeres …No olvidemos que todos somos iguales y tenemos los mismos derechos.

 «Hasta que las mujeres y las niñas, que constituyen la mitad de la humanidad, vivan sin miedo, sin violencia y sin inseguridad diaria, no podremos afirmar realmente que vivimos en un mundo justo y equitativo.» — António Guterres, Secretario General de la ONU

MUJERES
Jaime Suárez
México

Que el hombre cuyas dotes sexuales son principalmente el valor y la fuerza, debe dar, y dará a la mujer… tratándola siempre como a la parte más delicada, sensible y fina de sí mismo… Que la mujer, cuyas principales dotes son la abnegación, la belleza, la compasión, la perspicacia y la ternura… Que el uno y el otro se deben y tendrán respeto, deferencia, fidelidad, confianza y ternura, y ambos procurarán que lo que el uno se esperaba del otro al unirse con él, no vaya a desmentirse con la unión. Que ambos deben prudenciar y atenuar sus faltas… ni mucho menos se maltratarán de obra, porque es villano y cobarde abusar de la fuerza. Que ambos deben prepararse con el estudio y amistosa y mutua corrección de sus defectos, a la suprema magistratura de padres de familia, para que cuando lleguen a serlo, sus hijos encuentren en ellos buen ejemplo y una conducta digna de servirles de modelo. Que la doctrina que inspiren a estos tiernos y amados lazos de su afecto, hará su suerte próspera o adversa; y la felicidad o desventura de los hijos será la recompensa o el castigo, la ventura o la desdicha de los padres. Que la sociedad bendice, considera y alaba a los buenos padres, por el gran bien que le hacen dándoles buenos y cumplidos ciudadanos; y la misma, censura y desprecia debidamente a los que, por abandono, por mal entendido cariño, o por su mal ejemplo, corrompen el depósito sagrado que la naturaleza les confió, concediéndoles tales hijos.

Éstos son fragmentos de la Epístola de Melchor Ocampo, la cual me fue leída cuando contraje matrimonio hace ya más de cuarenta años.

         Julita es el nombre de quien fuera mi bisabuelita paterna. Su rostro lleno de arrugas era la viva imagen de una india legítima. Quienes la conocieron y recuerdan dicen que era de un carácter seco; según mi papá, un día ella le confesó que era así porque vivía enojada con el hombre que se quedó con el terreno que ella había comprado a plazos y, como no pudo pagar el último abono, el vendedor abusivo la despojó de su parcela. Sin embargo yo guardo de ella un bello recuerdo. Siempre me ha gustado cantar, aunque mi voz no es muy agradable. Yo repetía con frecuencia la canción “Pénjamo”, que comienza diciendo: “Ya vamos llegando a Pénjamo, ya brillan allá sus cúpulas, de Corralejo parece un espejo mi lindo Pénjamo”. Ella me escuchaba y me decía que siguiera. Llegó a prometerme que cuando pudiera levantarse y caminar me llevaría a conocer ese lindo pueblito. No pudo cumplir, ya que murió sin recobrar la locomoción.

         Cuando yo tenía nueve años sufrí un accidente casi mortal, estuve al borde de la muerte por algunos días. Dios, en su misericordia me permitió seguir viviendo. Como estaba débil no podía asistir a la escuela; mi abuelita Petrita, mamá de mi papá estaba viviendo ya la última etapa de su existencia, y mi mamá iba a cuidarla con frecuencia. Doña Petrita preguntó por qué yo no iba a la escuela, se le contestó que estaba un poco enfermo. Entonces me llamó y me dijo: -si sacas diploma de primer lugar te regalaré un kilo de piñones. Se me hizo agua la boca y, claro que obtuve el reconocimiento, pero mi abuelita falleció antes del fin de cursos. Sólo me quedaron gratos recuerdos acerca del buen humor y abundancia de amor y generosidad de esa bella mujer.

         Estudiando en la primaria, un día, cuando terminaron las clases, salieron todos y yo me quedé metiendo mis útiles a la mochila, en eso vi tirado en el piso un lápiz que no era mío, claro que lo levanté y guardé también. Al llegar a casa mi mamá revisó mis cosas, como siempre, y al ver el lápiz me preguntó de quién era; le contesté que lo había encontrado bajo mi mesabanco. Se me quedó viendo para ver si era mentira y comprobar si lo había robado, como se dio cuenta de que en realidad lo había encontrado me dijo: -mañana, en cuanto llegues, preguntas a quién pertenece y lo devuelves. Vaya lección de honradez que me dio. Claro que no fue lo único que aprendí de ella, fue toda una cátedra de vida que me dio por medio de reprensiones, consejos y buenos ejemplos.

         Mi esposa es una gran mujer. Desde pequeña se distinguió por su amor al estudio y afán de superación. Es amada por toda la familia; sus hijos, nietos, hermanos, papás, sobrinos y, por supuesto yo, sabemos con certeza que podemos confiar en ella y su bondad y entrega; siempre está dispuesta para ayudar a quien lo necesita, inspirada en el amor que Dios nos da sin condición.

         Aline, mi hija, fue (y es) una estudiante destacada. Trabaja, estudia, atiende con esmero a su familia, lleva y trae a su hijo a la escuela, le brinda protección, diversiones, y cuanto le hace falta. Es cariñosa con su hermano y sobrinos, nos llena de halagos y manifestaciones de cariño. Sus amistades la buscan porque saben que pasan con ella lindos momentos de convivencia.

         Así como ellas, conozco a muchas mujeres dignas de admiración y aprecio. Familiares y amigas, amas de casa. Conocidas por sus logros, actrices, cantantes, creadoras de arte, científicas, etc. De modo que mi confusión es enorme y latente.

         ¿Cómo es posible que haya malos hombres que lastimen a mujeres por el simple hecho de eso, de serlo? ¿Acaso no recuerdan que tuvieron madre y abuelitas?  Tal vez tienen hijas o hermanas, sobrinas o tías. La mujer es una creación de Dios, que en su sabiduría nos ofreció una compañía ideal. No, las mujeres no son mejores que los hombres; los hombres no son mejores que las mujeres. Somos un hermoso complemento; ellas pueden realizar muchas actividades que para los hombres son imposibles o difíciles, ellos “tienen capacidades diferentes”.

         Antes de lastimar a una mujer, el hombre debería pensar en la delicadeza de ellas, y no es que sean más débiles, a veces son más fuertes que nosotros; pero algunos hombres son cobardes y taimados, aprovechan cualquier oportunidad para lastimar a alguien que está indefenso.  Supongo que los móviles son la cobardía o el disgusto con la sociedad y consigo mismos. 

         Es poco (y sin embargo mucho) lo que podemos hacer al respecto. Enseñemos a nuestros hijos, desde el hogar, que la mujer merece todo nuestro aprecio y respeto, hagámoslo con el ejemplo; tratemos a nuestra esposa, mamá, hija, etc. con amabilidad, delicadeza, admiración, amor y cuanto esté en nuestra mano para que ellos sepan hacerlo desde su tierna infancia. 

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