CARTAS ESPAÑOL Y PORTUGUÉS

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Octubre  2.019  nº 24
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AL SERVICIO DE LA PAZ Y LA CULTURA HISPANO LUSA

MINHA ESTIMADA SOLIDÃO
Regina Carvalho

 

Escrevo-te estas mal traçadas linhas para te dizer que estou com saudades de você.
Ah, Solidão… Minha querida solidão, és infalível, és impertinente, és tão inevitável… És insuportável!
Mas sinto falta de você. Esta sensação de perda, de frustração e a minha total incapacidade de reação dá-me medo,…
Medo da realidade e da percepção de que não há nada a se fazer além do inconfundível: chorar…
Mas chorar nunca me afagou a alma.
E, ainda que eu já esteja habituada à solidão, creio que esta minha forma submissa, quase servil, de ser está errada. Talvez eu não deva me acostumar ao que sinto me fazer mal..
Penso em mil e uma formas de fazer essa inércia parar, dar um fim nessa apatia em que vivo…
Porém eu adentrei por um caminho que me levou ao marasmo de mim mesma e, dias e noites eu sofro, prisioneira deste vazio, desta solidão.
Às vezes me pergunto por que eu abri mão de você, minha Solidão, da minha dependência de você, já que eu não tinha que lidar com mais nada que não fosse você. Eras a minha companheira!
Agora, tenho que aprender a lidar com a Paciência, com o Sofrimento, com os dias que vão se arrastando e a sensação que nada que eu faça de bom aos outros seja suficiente.
Devo desculpas a você, amada Solidão, que me acolheu sem pedir nada em troca além da minha presença.
Deixei-a para viver uma vida que eu não sabia no que ia dar, fui atrás de quimeras, de sonhos e, sinceramente, sinto falta de você do meu lado.
Estou só… Desculpe-me, Solidão, por ter trocado você pela Ilusão. Espero que possamos ficar juntas de novo, um dia, mas por enquanto eu ainda estou apaixonada pela Ilusão e não consigo sair disso, espero que você possa me compreender e perdoar. Termino esta com um abraço bem apertado.
Até breve, quem sabe?!
PELA PAZ
Por: Eugénio de Sá
Sintra, Portugal
24 de Setembro de 2019

Carta aberta a os poetas e outros homens e mulheres de letras

Meus ilustres Pares, alguns de vós também meus Amigos;
Não há paz sem justiça, não há justiça sem solidariedade. Considero, por isso, que cabe aos autênticos poetas e a outros homens e mulheres de letras que, porventura, hajam logrado merecer junto dos seus leitores o crédito que os torna lideres de opinião, a missão da defesa destes ideais maiores da sociedade civilizada.
Enquanto assumidos paladinos dos mais débeis e desprotegidos, devemos ter no horizonte como meta primeira a persecução de acções que nos fazem servidores destas nobres e encadeadas causas e, assim, definitivamente estaremos a colocar-nos ao serviço da paz.
Estamos prestes a dobrar o quarto lustro do milénio terceiro da era Cristã. Nestes quase dezanove anos transcorridos tivemos já a lamentar inúmeras tragédias registadas um pouco por todo o mundo, com o seu cortejo de horrores, sempre mais nefastos para os mais humildes, os que menos têm para poderem ‘alevantar-se do chão’.
É pensando nesses e em tantos outros que ainda sofrem as muitas iniquidades que contra eles são perpetradas, voluntariamente, ou por criminosas incúrias e omissões, que temos de usar a nossa pena e torná-la eficaz na condenação dos culpados. E isto, meus caros Pares, é lutar pela paz com as armas que temos: a pena que tomámos com o dever de a honrar!
Não é nos salões, mais ou menos fechados à comunicação e frequentados por figuras de duvidosas convicções a respeito dos enunciados valores, que a justiça pode ser defendida. Seria pelo menos suspeita qualquer denúncia que de lá viesse pelos que mais a obstaculizam, porque isso seria um acto de gritante hipocrisia, face à manifesta conflitualidade de interesses.  Ao contrário; é tornando pública essa denúncia pela pena de quem nada tem a ver com as tais ‘conveniên-cias’ que melhor defenderemos quem de tal mais carece. E, se o fizermos com algum talento poético-literário, maiores e mais exponenciais e eficazes serão os resultados da comunicação.
Tenho consciência que, de uma forma ou de outra, todos vós quiçá tenham já vindo a contribuir para esta paz de que vos falo, através do apelo à razão para a consolidação dos valores da justiça e da solidariedade entre os seres humanos que ainda têm boa vontade e espírito nobre, altruísta e digno.
Todavia, nos tempos que correm é urgente que assumamos uma atitude ainda mais veemente e a proclamemos por todos os meios ao nosso alcance.
Temos de acreditar que a influência das nossas posições sistematicamente trazidas a público produzirá os seus efeitos.

ENTRE TUS PÁGINAS Y LAS MÍAS
María Elena Camba
Argentina
¡Pasó tanto tiempo! ¿Cómo resumir mi historia? Casada por 25 años, dos hijos y un nieto. Y la misma necesidad de verte, el mismo temblor en mis manos al intentar escribirte, palpitaciones en el pecho al evocar nuestra vida y ese amor a la distancia.  De novela  nuestro noviazgo y también este reencuentro. Todo volvió a la memoria  cuando fallecieron mis padres. La vida se quebró en mil pedazos y me encontré recordando mi infancia, la adolescencia, los viajes a Córdoba para verte. Y mamá acompañando esas escapadas, haciéndonos “el aguante” como dicen por aquí. Una chica sola a esa edad no podía viajar a visitar a su novio, estaba mal visto. Teníamos sólo 16 y 20 años.
 Nos conocimos en Villa Allende, íbamos todos los años a veranear. Vos de Córdoba y yo de Buenos Aires. El mismo grupo de amigos en vacaciones. Y entre cabalgatas, guitarreadas y asados, surgió esa atracción tan fuerte.  Fuiste mi hombre, el que se llevó el recuerdo de las primeras noches de amor. Tantas cartas fueron y vinieron de Córdoba a Buenos Aires.  Ochocientos kilómetros unidos por palabras compartidas. Todas las semanas nos escribíamos. No había celulares y las llamadas de larga distancia salían muy caras. Era más fácil plasmar los sentimientos sobre el papel que en una comunicación telefónica .Así fuimos forjando entre palabras una relación apasionada.  
No pude tirar tus cartas cuando me casé. Las llevé conmigo resguardadas en lo más profundo de mi armario.  En los momentos de soledad, cuando estaba triste, me refugiaba en esos mensajes de amor, recordaba el logotipo que habías dibujado con las iniciales de mi nombre, sentía nuevamente el aroma a jazmines y madreselvas del jardín de Villa Allende y nos veía abrazados contando estrellas fugaces bajo la luna.
Cuando te recibiste pensé que vendrías a Buenos Aires a vivir, que me propondrías casamiento. Pero decidiste viajar a Europa por un año. Se quebró algo dentro mío. Mezcla de orgullo herido por el abandono y de decepción. Pero eras libre, quizás lo que amé siempre en vos fue esa libertad, el no sentirte atado a nada. A tu regreso hubo un verano más en Villa Allende. Viniste a visitarme, intentaste besarme como si nada hubiera pasado  pero yo guardaba el rencor del año de soledad y no pude aceptarte.
 No hubo más veranos con aroma a jazmines ni besos como los tuyos. . No hubo más cartas de amor como las nuestras Sí otros novios hasta que conocí a mi marido. Y seguí el mandato de toda mujer. Me casé. Y al año me enteré que vos también te casabas. ¡Cuánta impotencia, cuánto dolor y arrepentimiento por no haber luchado más por nuestro amor!
Nunca logré olvidarte. Pero no  puedo ponerte esto en el mail que te estoy escribiendo, lo borro, estoy tan nerviosa que ya ni me acuerdo dónde está la tecla para suprimir. Aquí la encontré, eliminado. ¡Si fuera tan fácil borrar los recuerdos como lo hacemos con el teclado de la computadora!.
¡Cuánto camino recorrimos para llegar a este momento! Yo con 50 años y vos con 55. Vos viudo y yo divorciada. Y un mensaje de pésame por la muerte de mamá. Otra vez las palabras nos unen a la distancia. Pasaron tres meses hasta que pude pensar en tu cariñosa esquela. Busqué en google tus datos. Fue fácil encontrarte. Te escribí un mail y me contestaste enseguida. Intercambiamos fotos. Tu cara surgió con la mirada inconfundible que tanto amé y tus  ojos azules tiñeron de ilusión tanto dolor. Ausencia  y abandono. Mi divorcio y la muerte de mis padres. Tu viudez repentina.
Me pediste el número de teléfono y ese mismo día te lo envié por mail. Cuando sonó el fijo de casa corrí a atender desde mi cuarto y cerré la puerta como cuando adolescente. ¡Esa voz!  A borbotones surgieron sentimientos encontrados en el medio de las palabras. Y continuaron los mails hasta  ayer. Decidiste venir a Buenos Aires a verme. Me pediste la dirección. Y ahora estoy en mi correo reescribiendo nuestra historia. Diciéndote que tengo ganas de verte con la mayor formalidad y corrección que amerita a una mujer de 50 años. Quizás podamos construir algo juntos. Sin cartas ni mails mediante. Si la vida nos brinda una segunda oportunidad de querernos. Mañana, cuando llegues.
CARTA A MARGARITA
Rafael Mérida Cruz-Lascano
Guatemala, C.A.
Poesía Epistolar
Perdón Margarita, hace tiempo que no te escribo
y no sé siquiera si ésta pueda ser respuesta,
recordé de repente mientras hacía la siesta
-van ya muchos años- que no platico contigo.
Ya muchos años de mi voluntario destierro
buscando que mi soledad me lleve a mí mismo,
y caminando solo, al salir del paroxismo
haladas mariposas me den paz en mi encierro.
Qué te diré ahora?
Que aún me ciega el brillo de tu carta,
En que me confías futuras dicciones,
Que añoras paz, sueño de millones
Y deseas que todo el mundo la comparta.
Te agradezco también sinceramente
tu regalo de excelentes instrucciones,
de sorber de otros poetas la luz de sus canciones
y esa raíz sea reflejada en mi propia frente.
Yo sé que mi prosa nunca ha sido florida
y que inmerecidamente yo me digo poeta,
mi vida loca ha sido siempre de ruleta
pero allí verás tú la historia de mi vida.
Hoy al encontrar tu poesía visual ¡OH suerte!
que había quedado dentro de un montón de historia
en un volcán de tiempo que saqué de mi memoria,
de años pasados –un parpadeo-… cuando la muerte.
Veo cómo tu honesta curiosidad se desata:
¿que pasó? Me preguntas no con indiferencia.
te responderé con justicia y conciencia
pero solamente, como lo hace un poeta.
Enlazando verbos y una a una cada sílaba
abriendo los ojos a la vida obsidiana,
enhebrando cada emoción temprana
y plasmar la agonía que de la pluma brotaba.
«POETAS PERUANOS»
José Santos Chocano, nació En la Aldea
con Oro de Indias y Sangre Americana
con café y tabaco y la caña peruana;
su Nostalgia canta al sol en donde sea.
Felipe Sassone, se recuerda y canta
su pena, en La Aventura que no fue,
la vida-dice- combatiendo pasé
y el morir batallando, ya no le espanta.
Cesar Vallejo, no sucumbe. Lo niego;
iluminó Paris un jueves de Otoño
cono Los heraldos negros, dijo Diego.
José María Eguren, Mágico Sueño
va con La niña de la lámpara azul,
Simbólicas, sombras, garúa de armiño.
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