ARTÍCULOS Y RELATOS INJUSTICIA SOCIAL

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Octubre  2.020  nº 36

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AL SERVICIO DE LA PAZ Y LA CULTURA HISPANO LUSA

“La injusticia, en cualquier parte, es una amenaza a la justicia en todas partes.”Martin Luther King.

COLABORAN.María de los Ángeles Albornoz (Argentina).-Leonor Ase de D´Aloisio   (Argentina )  Hugo L. Bonomo (Argentina).-  María Elena Camba (Argentina).- Adrián N. Escudero (Argentina) Liana Friedrich  (Argentina).-Elsa Lorences de Llaneza (Argentina). Gustavo Páez Escobar (Colombia) .- María Sánchez Fernández (España).-

 

 

LA INJUSTICIA SOCIAL
María de los Ángeles Albornoz
Monteros-Tucumán-Argentina

Para comprender lo que llamamos: La  Injusticia Social, debemos conocer  el significado  de JUSTICIA. Según la Enciclopedia Ilustrada de la Lengua Castellana, la define como: “Virtud que inclina a dar a cada uno aquello que le pertenece.// Lo que debe hacerse con arreglo a derecho o razón.// Pena o castigo público.”. Lamentablemente, nuestra sociedad está privada de esta virtud. La historia nos muestra a través de los siglos, que la injusticia,  tiene raíces profundas  y que nadie ha encontrado la manera o forma de evitar su reinado. En todos los países  se pone de manifiesto la injusticia social, cuyo fruto es el crecimiento del estado de pobreza, de una gran masa social, alcanzando índices vergonzosos, la riqueza es privilegio de unos pocos…

En Argentina los índices de pobreza son muy preocupantes, millones de argentinos viven en extrema pobreza, en la actualidad se suman la clase media y la media alta, como se la define, la primera ha desaparecido y la segunda va camino a desaparecer. La Injusticia Social es el resultado de la improvisación de políticas  de estado, que no lograron poner en marcha planes para favorecer la creación  de fuentes de trabajo genuinas. En esta situación, como muchos argentinos  opino  que  se requiere la elaboración de  proyectos planificados a conciencia,  por quienes tienen a su cargo áreas tan sensibles como trabajo,  asistencia social, vivienda  y desarrollo productivo, adoptando medidas  a mediano y a largo plazo, respetando al capital privado, única fuente de riqueza al servicio de la sociedad, dejando de lado el clientelismo político. Dar una vuelta de rosca, e  ir de a poco dignificando el trabajo, no poniendo como  excusas a la Pandemia, ni cargando de culpas a los que piensen distinto. También exhortar a los medios de comunicación, dejar  de hablar de  economía,  del dólar que si sube o baja, de la inflación,  a la vez torturando  a la audiencia con los vaivenes de la Pandemia, si sube o baja la curva de contagiados y de la cantidad de fallecidos, no son números, sino personas, basta con las  comparaciones estadísticas mundiales,  etc. etc. Hoy más que nunca el Ejecutivo Nacional, debe instar al Congreso a legislar,   con leyes que ayuden a solucionar los problemas que mantienen a la sociedad en vilo, escuchar las voces de aquellos que los votaron,  que confiaron en su mensaje de campaña. Es primordial dejar atrás el pasado,  restablecer la confianza en el mundo,  trabajar  unidos para sacar al país adelante, sin banderías políticas.   Argentina tiene profesionales y científicos probos, calificados que se merecen tener  una oportunidad en el país, para desarrollar sus potencialidades, y evitar el éxodo de cerebros.  Es hora de trabajar por una Argentina   en serio, con reglas claras para todos;  plena vigencia de  la Constitución Nacional, rescatar   la  Libertad , el trabajo,  el respeto mutuo, para obtener como resultado la verdadera  Justicia Social,  hacer realidad un dicho popular:”Dar a César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”

La injusticia social, ha alcanzado niveles de deshumanización vergonzosos, quienes ostentan  poder, se desplazan en sus provincias o viajan por el país sin problema alguno, el  Señor Pueblo,  debe respetar los protocolos establecidos por  algunos  gobernadores, que se manejan como señores feudales, permitiendo o   prohibiendo  l  entrada o tránsito  por la región.  Es  doloroso ver reflejada en la pantalla, situaciones que nos conmueven hasta las lágrimas y  que hacen crecer la indignación, voy a referirme a lo ocurrido  la semana pasada a “un ciudadano  formoseño, al quedar sin trabajo en la ciudad de Córdoba, viajó de regreso a su provincia natal. En un puesto fronterizo, personal de seguridad, le niega el permiso de entrada. El hombre  desesperado por  la situación intentó  ingresar a Formosa, tirándose  al río para  cruzarlo  a nado, desgraciadamente  murió en el intento.

Otra manifestación  de la Injusticia Social, se refleja en  el engaño  que sufre mucha gente necesitada de vivienda, personajes inescrupulosos, aprovechando el aislamiento social producido por  la Pandemia. Ocurrió en la  provincia de Buenos Aires, más de un centenar de familias se instaló  en un terreno privado, viviendo en  condiciones de pobreza extrema, con sus pequeños, desprovistos de lo esencial para la vida: agua y luz. Como es de suponer los propietarios denunciaron la usurpación o toma de sus tierras ante la justicia, la ley falló a favor de los denunciantes. Resultado final, desalojo masivo y muchas historias de vida para contar.

Hay episodios indescriptibles, que acontecieron en estos últimos años en las provincias del sur del país, en nuestra maravillosa Patagonia Argentina,  la usurpación de tierras,  la quema de viviendas, desforestación de parques nacionales,  y toma de rehenes, hostigados con violencia, por pequeños grupos armados de rebeldes  mapuches…

En el ojo de la tormenta, se encuentra una familia privada de la libertad, tomada como rehén dentro de su propiedad,  por un grupo  de esos agitadores. Desde lejos observo con impotencia, el sufrimiento de nuestros hermanos, que no consiguen ser escuchados, claman por justicia, se encuentran desprotegidos, por demora o inacción del gobierno local y de quienes deben velar por sus intereses y  brindarles seguridad.

 La injusticia social tiene muchas décadas de permanencia en Argentina.

 Este es un simple y doloroso paneo, hay otra “historia secreta” que golpea con fuerza sobre los más necesitados,  lo que acontece con la distribución de  planes sociales, de distinta denominación, beneficiando a personas en buena situación económica y a un listado de instituciones civiles…

Lo único que nos queda es rezar  solicitando  ayuda divina…

LA INJUSTICIA
Por-  Leonor Ase de D´Aloisio  
–  Argentina

Dice el diccionario que Injusticia es la falta de justicia.  Es la palabra que se usa también para denunciar la falta de justicia, todos estos vocablos que hablan y explican sobre  la injusticia  no dan solución, para tomar medidas justas para la cura o la prevención.

Supuestamente las leyes están para hacer justicia pero, oh casualidad que siempre aparece un inciso con su correcta numeración donde se interpreta el contenido de modo que hay espacio para las modificaciones legales de acuerdo lo dice el inciso…

Bueno esto es parte de la injusticia de guantes blancos como se dice vulgarmente.

No es que haya más de una injusticia las injusticias son siempre injusticias ni más ni menos, en este tiempo de Pandemia por ejemplo,  tenemos miles de actitudes injustas. En los países democráticos como el mío,  existen ministerios de ayuda social, o desarrollo social o como quieran llamarlos, dichos espacios de gobierno generan planes de ayuda a los desocupados, dan protección a las embarazadas, para a los niños de todas las edades, existen planes asistenciales, otro plan, el materno infantil que asisten al niño y a la madre, eso es justo o justica;  porque generalmente toda esa gente pertenece al primer  grupo afectado por la gris  actual;   son los desocupados, sin trabajo, y sin techo casi la mayoría.  Para el sentido común los planes son medidas acertadas que vienen a acompañar a las ayudas solidarias de las ONG que se mueven mucho por llegar a todos.

Ahora hablaré de la injusticia, que es la mancha en estos gestos solidarios y es el desacuerdo de los que más tienen, los  incapaces de compartir sus  bienes, lejos de pensar en eso, salen  a  las calles a provocar disturbios  sin los menores cuidados en respetar el protocolo, esta burla a las autoridades va en contra de ellos mismos que no protegen su salud despreciando su propia vida.

Dejo para el final la injusticia domestica la que vemos a veces. Cuando una mujer madre de cuatro o cinco hijos sale a trabajar generalmente en casa de familia, que en su mayoría no las tienen registradas,  les pagan monedas, no tienen obra social por el mismo motivo de no estar registradas,  todo va en negro o sea yo te pago y cuando no te necesito te despido. Qué triste…  Más tarde vemos como han tomado otro personal que le hará el mismo cuento unos meses y la dejan cesante, esa a mi modo de ver es la injusticia más dolorosa, porque es aprovecharse de la necesidad del otro y del desconocimiento de sus derechos.

También a veces en la propia familia se practica la injusticia, cuando no  es equilibrado el trato entre los hermanos, o con los hijos, a veces el matrimonio tiene problemas que injustamente se los cargan entre sí buscando un culpable… el tema de la injusticia familiar es amplio y escabroso para desmenuzar, solo podemos decir que es muy triste y  grave,  porque rara vez se les puede ayudar.  En fin al igual que deducimos cuando hablamos de la paz que el amor y la justicia son los pilares de la paz.  Hoy podemos decir que no puede existe la paz donde reina la injusticia.

LA INJUSTICIA SOCIAL
Carlos Benítez Villodres
Málaga (España)

La injusticia social es el desequilibrio en el reparto de los bienes y derechos sociales en una sociedad. La injusticia social se produce en todos los ámbitos de la sociedad. Algunas de las causantes de la injusticia social a nivel de Estado son la corrupción que lleva la disminución de fondos para la salud pública, educación pública, creación de trabajos y subsidios sociales.

            La injusticia social también se refleja en leyes discriminatorias que benefician a algunos y perjudican a otros como, por ejemplo, el apartheid en África del sur, donde hubo leyes que permitieron la segregación racial. La injusticia social sucede cuando no existe una justicia moral, siendo la moral un modelo en el que concuerdan todos en una sociedad como el bien. En este sentido, sin moral no existe justicia, por lo tanto, la injusticia social es la falta de moral social.

            A nivel individual o personal, la injusticia social se produce debido a la discriminación, intolerancia y falta de respeto contra otra persona por su nacionalidad, raza, género, clase social o jerarquía. Es por ello, que la justicia social va de la mano con la desigualdad social que agrava las condiciones de los más necesitados. La justicia social se refiere de manera general a la inequidad política y la desigualdad social a la económica.

            En este sentido, al estar la política y la economía conectados, la injusticia y la desigualdad social también lo están. Algunos ejemplos de injusticia social son la muerte y ruptura de familias por causas de guerras, la vulnerabilidad de aquellos que no tienen acceso a educación ni salud de calidad y la destrucción de bosques nativos debido a fines de lucro, entre muchos más.

            En el mundo hay millones de personas y no todas tienen acceso a las mismas condiciones de vida. Existen desigualdades culturales entre los grupos poblacionales, así como diferencias a nivel económico y social.

            El papa Francisco habló del trabajo y de las numerosas situaciones en el mundo en que tanta gente trabaja en “condiciones de esclavitud”, además de la trata de seres humanos. “La dignidad no es la que da el poder, el dinero, la cultura, no. La dignidad nos la da el trabajo y un trabajo digno”, porque hay tantos “sistemas sociales, políticos y económicos que han hecho que ese trabajo signifique aprovecharse de la persona”.

            Jorge Mario Bergoglio sostuvo que cuando la sociedad está organizada de forma “que no todos tienen la posibilidad de trabajar, esa sociedad no es justa”. El Papa  Francisco pidió, a todos los políticos, empresarios, fuerzas sociales, que, en la medida de sus responsabilidades, se esfuercen por crear puestos de trabajo y creen esperanzas en los trabajadores.

            El Papa Francisco hizo referencia a la dificultad, que, en varios países del mundo, encuentra el mundo del trabajo y de la empresa. “Pienso, manifestó el Papa, en cuántos están parados, muchas veces a causa de una concepción economicista de la sociedad que busca el beneficio egoísta más allá de los parámetros de la justicia social. Por consiguiente, os invito a la solidaridad y, por tanto, a no perder la esperanza”.

            Para el Papa, el trabajo es parte del proyecto de amor de Dios Cualquier persona de bien está llamada a cultivar y cuidar de todos los bienes de la creación y de esta manera participamos en la obra de la creación. El trabajo, dijo Jorge Mario Bergoglio, es fundamental para la dignidad de las personas, nos unge de dignidad, nos hace semejantes a Dios que ha trabajado, trabaja y actúa siempre.

            La puesta en marcha de proyectos de cooperación y desarrollo es una buena vía para la reducción de la desigualdad. Los países más desarrollados deben implicarse de lleno en el diseño de iniciativas de este tipo, ya sea destinando más recursos o abriendo nuevos canales para las donaciones y contribuciones. Estas ayudas deben ir destinadas a los países con mayores necesidades sociales.

            Las guerras son causa directa de las migraciones forzosas en el mundo. Los países desarrollados pueden mitigar los efectos de estas situaciones atendiendo y brindando acogida a las personas refugiadas o desplazadas internas.

            La desigualdad no es solo económica. También tiene que ver con el acceso a servicios básicos en las sociedades. La apropiación de recursos naturales por parte de potencias en otros países, así como la privatización de muchos de ellos, impide que millones de personas puedan llevar una vida digna. Los gobiernos deben promover el acceso a los recursos básicos y garantizar su calidad.

            Los países más desiguales del mundo suelen ser los que presentan mayores brechas de salarios entre los trabajadores y los altos cargos o empresarios. Esta brecha es una de las fuentes directas de pobreza y marginación social. También se debe trabajar en la reducción de la distancia salarial entre mujeres y hombres.

            La población mundial actual es de 7.770.535.761 y continúa creciendo. En los últimos tres años, el número de personas que padecen hambre se ha incrementado con más de 920 millones de personas, dos de cada nueve en el mundo, que siguen padeciendo hambre en la actualidad. “¡Qué control podemos pedirles, dice el autor de este artículo, qué leyes u órdenes queremos que obedezcan aquellos hombres y mujeres que ven a sus hijos dormir con el estómago vacío y sobre un lecho de cardos y grava!”.

            El hambre está aumentando en casi todas las naciones africanas, lo que hace a África la región con la prevalencia de la subalimentación más elevada. En países donde ha habido crecimiento económico, ese crecimiento no le llega a los más pobres.

            La desaceleración de la economía tiene efectos bastante nocivos, porque se ve reflejada en problemas de desempleo, de salarios, basura, de pensiones irrisorias, de contrataciones precarias, de desigualdades, etc. Y eso llega a aminorar el poder adquisitivo de los hogares. “Yo tengo clavada en mi conciencia, refiere Blas Infante, desde mi infancia, la visión sombría del jornalero. Yo le he visto pasear su hambre por las calles del pueblo, confundiendo su agonía con la agonía triste de las tardes invernales”.

            La injusticia social es la desigualdad que existe en una comunidad, ya sea política o económicamente. La injusticia social es hija de la corrupción. Y la injusticia, como las serpientes, solo muerde a los descalzos.

            En el 5º capítulo (1-6) de la Epístola de Santiago leemos. “¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán.  Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla.  Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros. He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza. Habéis condenado y dado muerte al justo, y él no os hace resistencia”.

INJUSTICIA SOCIAL
Por Hugo L. Bonomo
-Argentina-

Intentaré responder a una convocatoria para escribir algo sobre el tema: Injusticia Social. Lamentablemente soy un escribidor de pequeños, y simples, hechos y sucesos cotidianos, que me motivan para ver lo trascendente, en lo intrascendente. En grandes enunciados, como el propuesto, es muy difícil, y muy fácil, desarrollar un pensamiento que pueda ser útil.

En principio, determinemos el significado y la definición real y exacta de ambos términos, para intentar, en forma auténtica, llegar a un resultado veraz  que destruya las interpretaciones sustentadas, por intereses particulares, para justificar acciones que atenten contra el beneficio común. 

JUSTICIA: Principio moral que inclina a obrar y juzgar respetando la verdad y dando a cada uno lo que le corresponde.
SINÓNIMOS: ecuanimidad, equidad, honradez, imparcialidad, neutralidad, probidad, rectitud, razón, honestidad, conciencia,
INJUSTICIA: Acción contraria a la justicia. Falta de justicia:
SINÓNIMOS: favoritismo, inmoralidad, atropello, abuso, componenda, desafuero, iniquidad, privilegio, sinrazón, tropelía, parcialidad.
ANTÓNIMOS: legalidad, legitimidad.
SOCIAL: De la sociedad humana o que tiene relación con ella. Que repercute beneficiosamente en toda la sociedad o en algún grupo social.
SINÓNIMOS: Comunitario, colectivo, general, benéfico.
ANTÓNIMO.: individual.
Entiendo que la inquietud motivadora que se persigue, al proponer el tema, tiene que ver con los perjuicios que atañen a la sociedad, y al bien común, ya que la despreciada injusticia está referida a lo social, es decir; al hombre interrelacionado  con sus semejantes, y compartiendo las circunstancias e intereses, en el ámbito terrestre que le toca vivir; es decir, en su ambiente.

Y para tratar de comprender lo trascendente, inconmensurable e intangible de la premisa planteada, primero, y como método de entendimiento; vamos a definir que se entiende por ambiente: es decir, todo lo que rodea al ser humano.   

“Ambiente es el conjunto de componentes físicos, químicos, biológicos y sociales capaces de causar efectos directos o indirectos, en un plazo corto o largo, sobre los seres vivos y las actividades humanas”.

Seguramente las realidades no son las mismas, en distintas partes del mundo; mi visión es desde la Argentina, pero no creo que haya países tan evolucionados, en los que prime el bien común, sobre los intereses particulares; factor fundamental para que el título de lo tratado, deje de tener vigencia universal,  imposible de revertir mientras el mundo, y su gente, no pueda ser creado, nuevamente.

La injusticia es un atributo del poder, de todos los poderes: del político, del económico y, fundamentalmente, persigue un interés material, motivo principal por el que la justicia social es un rótulo imposible de concretar. “Es imposible ganar sin que otro pierda”. Publio Sirio. Y como para ilustrar y demostrar la realidad tan simple de esta frase, vayan algunos ejemplos cotidianos.

En una situación económicamente grave, para las clases más humildes, el gobierno decide ayudar a quienes están sin trabajo, con una cantidad de dinero mensual, sin ningún tipo de obligaciones. En una sociedad, en la que está ausente la cultura del trabajo, lo más probable es que la persona disfrute del dinero, privilegiando el descanso, y viviendo de la cifra que percibe mensualmente. Aparte de crear una dependencia con el poder político, que deberá mantener para no perder su ingreso, generando una permanencia en el poder que atenta contra la democracia, en lo que refiere a la situación personal, el beneficiado lo percibe como un acto de justicia. En lo social y real; es una injusticia que atenta contra los intereses de la patria, la cultura del trabajo y el bien común, es decir en la sociedad. Lo que parece justicia, no lo es. Es una injusticia social.

Productores agrícolas, empeñados en producir mayor cantidad de alimentos y ganancias, son autorizados, por el poder, a utilizar semillas transgénicas y fumigar sus sembrados, con productos químicos que aumentan el rendimiento de sus inversiones. Paralelamente las compañías que producen las semillas transgénicas y los productos químicos, crecen y aumentan su importancia. 

Autorizar a agricultores y empresarios la utilización de estos productos, representa, para los interesados, un acto de justicia. Las consecuencias para la sociedad, la naturaleza, la ecología y el bien común, representan una injusticia social.

El tema es que quien administra justicia, excepto en los casos de delitos individuales, ejecutados por gente humilde y por cuenta propia, es la política, o el poder, quien no pone en práctica la justicia, individual o grupal, para los poderosos porque, de hacerlo, avalaría los perjuicios a la sociedad; es decir que engrosaría los casos de injusticia social, que es la única sentencia real vigente.   

Puede haber otras situaciones en las que, utilizando los principios de la justicia, se autorice a modificar las condiciones naturales del suelo, o del agua, para realizar obras, que van a producir beneficios. Y aquí, tenemos que recordar la definición de social: “De la sociedad humana o que tiene relación con ella”, y tener presente que, el ámbito en que vive toda la sociedad, es el ambiente que la contiene, y recordemos que el “ambiente es el conjunto de componentes físicos, químicos, biológicos y sociales capaces de causar efectos directos o indirectos, en un plazo corto o largo, sobre los seres vivos y las actividades humanas” y, de todos los elementos que le van a permitir continuar viviendo en este planeta, los biológicos son los únicos que pueden troncharla. Injusticia social, futura.

Lamentablememte, los terráqueos de hoy, no vivían, hace más de mil años, cuando Juvenal, escribió: “Nunca la naturaleza dice una cosa y la sabiduría otra.” y los hombres modernos, autorizan deforestar, para que avance el negocio, cerrar cursos de agua, para construir represas, y tantas acciones en pos de un bienestar social, que irán degradando los ecosistemas, alterando la biodiversidad, y produciendo un deterioro del ambiente, que, producirá la alteración de las condiciones necesarias para la continuidad de la vida del hombre. Injusticia social ecológica y ambiental.

Pero, nosotros estamos medianamente bien, y convivimos con la injusticia social; como si fuese un mal necesario en el mundo moderno y que, además, es lo único que conocemos y la herramienta más utilizada por los poderosos. 

Estamos ocupados , y preocupados por nuestra salud y bienestar personal, pero, si podemos escaparnos de nuestro mundo personal, y, siendo un poco más solidarios, de nuestro cercano entorno, podemos llegar a sensibilizarnos por alguna noticia de una muerte injusta, o un accidente grave, pero es sumamente difícil que alguien tome conciencia, y tenga presente, que muere un niño cada quince minutos, en el mundo,  por problemas relacionados con el agua; situación que adelanta el futuro de la humanidad. El mundo actual, encerrado en sus ansias de poder y dinero, sigue privilegiando a los poderosos y autorizando obras y acciones que atentan contra la ecología, la biodiversidad, la naturaleza y el bien común,  incrementando la pobreza de la mayor parte del género humano y generando condiciones de vida que acortarán la permanencia del hombre sobre el planeta, mediante la única herramienta que disponen, y se encuentra en uso; la injusticia social.  

PUNTO FINAL
Por María Elena Camba
-Argentina-

Pasó a buscar a Lucía por su casa.. Amaba ese barrio con sus calles arboladas, sus barcitos y ese toque de bohemia inconfundible. Caminó tranquila, disfrutando el paseo. A veces extrañaba su antiguo departamento y la vista al Parque Lezama, sus caminatas por la barranca y los espectáculos callejeros, la feria artesanal, todos recuerdos de su otra vida.
¡Cuánto le había costado recuperarse! Pero al fin lo había logrado. Ya no sentía esa sensación de pánico. Le había llevado más de un año lograrlo.
Su amiga la estaba esperando en la puerta. Fueron a un bar cerca de Plaza Armenia. Estaba repleto pero consiguieron una mesa afuera.
Siempre que se juntaban evitaban hablar del tema pero hoy se cumplía un nuevo aniversario del juicio y precisaba desahogarse. Parecía mentira que hubiera pasado tanto tiempo.
Lucía, como siempre, bancó a su amiga y la escuchó. Anita recordaba cada detalle como si hubiera pasado ayer: las escenas de celos, el control constante, cómo su marido revisaba todas sus carteras y su celular buscando algo que la comprometiera.
–          ¡Me costó tanto reaccionar! Llegué a pensar que yo era la culpable. No me maquillé más, usaba ropa suelta. Hasta dejé mi trabajo de instrumentadora en el Sanatorio Agote. ¡Con lo que me había costado llegar a jefa de piso!
–          Dejaste todo por él, hasta te celaba de nosotras, tus amigas. Pensar que cuando lo conociste era un hombre tierno y complaciente.
Lucía tenía razón, al principio era tan distinto. Nadie podía creer en lo que se transformó. ¡Tardó tanto en reaccionar!. Había tolerado todo, la falta de libertad, los golpes cada vez más frecuentes, esa necesidad de poseerla a cualquier hora aunque ella no estuviera dispuesta.  Pero el día que le puso la mano encima a Pablito ya no lo toleró. Ernesto dijo cosas obscenas y le pegó delante de sus hijos. Fue el fin, se fue con lo puesto a la casa de sus padres.

La voz de su amiga interrumpió sus pensamientos.

–          Menos mal que te decidiste a hacer la denuncia y encontraste un buen abogado.
–          Ya pasaron tres años desde que lo dejaron libre, es increíble. Debe andar por ahí repitiendo la misma historia con otra. Por suerte no supe más nada de él.

–          Mejor nos olvidamos del tema. Haceme caso, borratelo de la cabeza, te hace mal volver sobre lo mismo.
Pagaron la cuenta y partieron. Era hora de hacer un poco de shopping antes de que cerraran los negocios. Cruzaron Honduras para ver un outlet. Después, si quedaban ganas, irían al cine.
Estaban por entrar a un local cuando Anita sintió cómo la agarraban del brazo y la tiraban para atrás. Pensó que querían robarle la cartera y gritó.
Se escuchó el disparo. Ella cayó al suelo. Lucía se arrojó al piso para ayudar a su amiga. Llegó a reconocer a Ernesto, que se alejaba corriendo hasta perderse entre la gente.

LA INJUSTICIA SOCIAL
Por:  María del Pilar Conde Rivera
-México-

Con el paso de los años la justicia se acrecienta  no hay respeto ni esperanza que detenga esa intención  .Aun en los lugares recónditos existe esta ambigüedad ; de género  de idiosincrasia o bien de estatus social .Desde niños nos inculcan que hay que amar la libertad … sin embargo en muchos momentos solo son conceptos que están  escritos en códices documentos decretos y dogmas que ni remotamente se acercan a la verdad , Esto duele  se tatua en el corazón y aprendemos que en la existencia hay que ser fuertes congruentes , con pensamiento y acción .La injusticia forma parte de un legado milenario  , que transforma a las civilizaciones paso a paso , volviéndolas irascibles e intolerantes.

Aprendamos de otros países lo que les ha funcionado , manteniendo la mente abierta a cualquier cambio que nos indique , como lograr ser mejores  no anidando los rencores de la vida cotidiana ; caminemos de frente al sol que con su luz nos transforma .Todo se logra en la existencia …el ser humano es capaz de crear , mejorar inventar y abrazar con amor sublime cada esperanza que logre lo que deseamos..

Existen normas y tradiciones que no entendemos porque forman parte de la cultura de un pueblo son drásticas y difíciles  de cumplir .Las sociedades transforman las ideas y los grupos sociales para que existan leyes acertadas y solidarias , la injusticia social sucede cuando no existe justicia moral.

Expondremos ahora 6 puntos importantes :

INVERTIR EN COOPERACIÓN Y DESARROLLO , si respetamos las normas y nos apegamos a las necesidades vitales de una sociedad en desarrollo ; mejoraremos el hábitat  y la idiosincrasia de los pueblos a través de la historia.

GARANTIZAR LA PROTECCIÓN DE LOS CIVILES   que exista la seguridad de que los individuos desarrollen sus actividades de todo tipo , sin temor para obtener resultados .

CREACIÓN DE SISTEMAS FISCALES JUSTOS  conocedores de la ley y con espíritu altruista , generoso y práctico .

MEJORAR EL ACCESO A RECURSOS PÚBLICOS BÁSICOS  atendiendo a las necesidades primordiales de importancia social .Para que el crecimiento de las ciudades , sea gradual y bien establecido , acorde con la evolución  de la historia y del ente social.

CUIDADO DEL MEDIO AMBIENTE  si vivimos desarrollando proyectos y aplicamos reglas que necesitamos para oxigenar espacios , cuidar la naturaleza y preservar recursos ; estará equilibrado nuestro planeta a través  del tiempo. ..cuidar las caídas de agua el mar con su gran riqueza y aprovechar la luz solar , es nuestra responsabilidad así como dar mantenimiento a todo aquello que ofrenda un mejor estilo de vida.

REDUCIR BRECHAS SALARIALES  si mejoramos el poder adquisitivo y consumista de los trabajadores , tendrán un mejor modo de vivir con confort e igualdad social moderada

CUATRO CHAPAS
Prof. Adrián N Escudero
Santa fe Argentina

                                                                                                               Diego Oxley, Maestro santafesino del cuento costumbrista, in memoriam
Y a Cartoneros (gente que sobrevive de la basura de la Sociedad Actual) y Piqueteros (gente desocupada que corta rutas para dar a conocer su hambre de dignidad) de la Nueva Argentina Globalizada.

Lluvia…

Una fuerte ráfaga de viento trepidó sobre los árboles y ayudó a la lluvia a cabalgar, enhiesta, por una ciudad escondida en el miedo tras una fortaleza de muros y techumbres (desde impávidos ventanales, rostros difusos resbalaron y cayeron como sombras de seres sin sombras).

Las gotas, dispersas al principio, se aliaron en pocos segundos, y, apretujándose unas con otras, montaron briosas sobre el corcel del viento gris que, al final del otoño, trae entre sus dientes pastosos, sueños, melancolías y recuerdos tan oscuros como aquellas diminutas bombitas acuosas de aciagos presagios.

Y sacudieron el aire.

Lo agitaron y envolvieron, como juramentadas, en un cimbreante hechizo potteriano que conquistó cada molécula de su oxígeno, hasta devorarlo todo y explotarlo, en un instante, como una vandálica sinfonía de liendres húmedas que obnubiló el ambiente y lo cubrió de brumas a la hora del crepúsculo.

“Usted es importante, amigo”, dijo el Referente del distrito. “Y, para que lo sepa, en mérito a su constancia, le vamos a regalar unas chapitas nuevas para reforzarle el techo al refugio. Ya los cumpas de la Básica nos han advertido que la viene pasando brava con cada tormenta que se le viene de arriba… Y eso es feo, che”.

“¡Maldita lluvia!”, pensó Ramón Castillo. Y tosió como para ahogar a ese trueno brutal que estremeció la tierra, viniendo desde la aurora y electrizando el cielo hasta el tenebroso escondite del sol..

“¡Maldita sea”, y se hundió en la cama desnuda y quejosa, como él, mezclándole su amargo aliento (de vino malo)  e inmundo (es decir, peor que sucio de la miseria de las sobras que, desde el noreste nacional, lo perseguía de pequeño ultrajándole más su condenada indignidad…).

  “Así que…”, recordó El Referente, “… no se olvide de cumplir como corresponde, ni se me ponga ´alegre´  antes de tiempo. Si se duerme, después de las seis de la tarde se termina la cosa; y, las chapas, bueno… Además, espero que los cien de la villa no fallen. ¿Comprendido, amigo? Nos vemos, ¿eh? Ah, ¡y que viva el Doctor, carajo!”, le instó luego a gritar en tono encendido y adulador. “Sí…, que viva, carajo y caracho”, fue su respuesta desganada y levitada -por el aire aguado- hasta el agujero sin fondo donde las temidas gotas se reclutaban y amalgamaban, cual sólida argamasa, para transformarse luego en látigos violentos que, como guirnaldas de viento y agua, azotaban la enclenque estructura de su rancho en Barrio Acería…

… Que no tuvieron piedad como tampoco la habían tenido antes. Era la seguridad de poder hacerlo. De hecho, lo habían comprobado otras veces… Habían comprobado que, su ahuecado abismo, pequeño pero efectivo (diminuto como un sol ausente) podía conseguir todo aquello a lo que una gotera, precaria y astuta, puede aspirar: la protesta, el desaliento y el irascible gesto del habitante humano que ve asomar su babosa arquitectura, tomar cuerpo y deslizarse, lentamente, en sutil compostura, hasta estallar a los pies cual impertinente intruso (cuajada de burlona sonrisa aristocrática)… Y, detrás de ella, todas las demás; como un cortejo monocorde e infame, vuelto música de palanganas y cacerolas ante la troyana impotencia de su majestad, su excelencia, don Ramón Castillo de Prados y Puertas, actual Ramón de Cuevas y Caños..

“¡Maldita lluvia, malditas chapas, maldito rancho!”, fue su queja airada y repetida con la lógica furia de un ego arrebatado, mientras peleaba por clausurar oídos y aliviar la mente afiebrada, torpemente, por el alcohol barato y el humo de mil cigarros retorcidos..

Se sentía mal. Verdaderamente mal.

“Pobre, pero honrado”, había sido siempre su lema desde que escapara del Chaco hacia el Litoral Argentino, en busca de mejores horizontes. Porque también siempre lo había intentado: discutir con sus hermanos del quebracho por lo que creía justo, más allá de la desdicha o, si se quiere, provinciana austeridad templada por el estómago vacío, los huesos solitarios y transidos, y los músculos trizados por el bolsaje del puerto de Reconquista y la zafra verense algodonera… Cosas heredadas de su padre y un Viejo Coronel  luego “engeneralizado” por el pertinaz apostolado de sus compañeros de lucha… Hace mucho, mucho de esto, ¿no? En la sepia década de los ’40… Pero nunca había pedido nada a cambio de la prédica y el esfuerzo solidario. Sólo trabajo, alguna oportunidad de escaparle a la vinchuca, cerrado por el orgullo manso e irreverente de los que quieren crecer con responsabilidad y libertad de conciencia.

Hasta que reventó. Y la oleada mugrosa lo trajo para la Ciudad del (Puente) Colgante, porque le decían “La Cordial”…

Es que lo que vivía ahora era distinto. ¡La pucha! Muertos los veinte, estos treinta y pico que parecían setenta años, lo venían traicionando y de veras, ¡claro que sí y la pucha! Resignar su ley y pasar factura. Así era la cosa por estos tiempos y estos lares (aunque miró para atrás e intuyó que siempre había sido así). Cosa de tonto replanteársela. O de bruto sentimental… Porque todo el mundo lo hace… ¿O no?

Entonces, el suceso con el que acababa de comprometerse, le volvió a agitar la conciencia… Sí, como el techo de su espanto villero, había sido finalmente agrietada por la malicia del poder que no repara en medios para hacerse dominio y demonio. Aunque intentara disimularlo pensando que, allá, en la distancia de su historia personal, otras gotas de recuerdos duros ya la habían resentido y perforado anudándole el alma; y que, desde la hondura sencilla de su propia lástima, comenzaran a asomar, pícaramente (y al modo de esa lluvia traviesa que tanto le atormentara) por el dintel sin luz de unos ojos perdidos y vidriosos…

 “Ta bien, Doctor Funes. Yo me encargo. Ramón no falla. Ramón consigue los cien para que voten; de cualquier forma: sobrios, chupados, maltrechos  o del cogote. Pero que vengan las chapas, Doctor. Que vengan las chapas…”.


COLOFÓN DEL LIBRO EL ENVIADO
Por Liana Friedrich
-Argentina-

«Como las Escrituras lo anunciaran, el último demonio fue desterrado a la Tierra al iniciarse el segundo milenio y ya habita entre nosotros; pero para poder salir del inframundo, seguramente debió contar con alguna asistencia terrenal. Quizás también resultó favorable el hecho de que la balanza de la justicia se inclinara con el peso del maligno, en el corazón de la humanidad (donde también mueren los buenos… los libres de pecado) para entonces reinar ahora, desde el lúgubre trono del señorío del mal. Hoy tiembla el planeta, pletórico de pandemias y plagas, contaminación y corrupción, por el impacto de la inconsciencia humana. Esta negatividad lo vuelve invencible, hasta el punto de generar en ciertas sectas, la creencia de que Él instauró una nueva dinastía: la del heredero del diablo. Pero no claudiquemos: Hoy debemos estar atentos a estas señales, porque Jesús nos dijo que el día del Señor llegaría como un ladrón en la noche (2 Pedro 3:10), inesperadamente y sin previo aviso. “Por eso, también vosotros estad preparados, porque a la hora que no pensáis vendrá el Hijo del Hombre”… (Mateo 24:44) “Porque como el relámpago al fulgurar, resplandecerá desde un extremo del cielo hasta el otro: así será el Hijo del Hombre en su día.”… (Lucas 17:24-25). «

LA OPCIÓN POR LOS POBRES
Por Elías Gálati
-Argentina-

Pobre es la persona que no tiene lo necesario para vivir o que lo tiene en escasez.

Las causas de la pobreza son la exclusión, la marginación, la falta de empleo productivo, el analfabetismo y los deficientes niveles de desarrollo humano entre otros, y los factores de la pobreza son aquellos que mantienen esa condición entre los hombres.

¿Por qué la opción por los pobres?

Porque es la forma de enfrentar la pobreza, con estrategias de movilización social, proyectos de desarrollo de comunidades vulnerables y justicia de género y de clase.

La otra opción es la opción por la pobreza, por la cual se sostiene el factor de pobreza con asistencialismo, subsidios, entrega de bienes, que pretenden paliar la situación pero no solucionan la pobreza de quien es pobre, ni modifican las estructuras sociales para que la distribución sea equitativa y la pobreza desaparezca.

La pobreza es una condición que ha sido internalizada en las sociedades.

Siempre hubo pobres y se considera que es así y no se puede cambiar.

Tiene que ver con las capacidades del hombre, con las prioridades de cada uno y del grupo social, pero mucho más con el alma y el corazón.

Porque la actitud es la determinante del comportamiento y está señalada por los valores, por las prioridades y por las proyecciones. Si uno tiene una conciencia universal y la creencia del otro como factor fundamental en la vida, verá de otra manera la necesidad de su hermano. Si en cambio la actitud es puramente personal y el deseo de vida es sólo una superación material constante, su visión será de indiferencia y hasta de cuestionamiento por no poder superar la condición de pobre.

Sin embargo la conducta del ser es consecuencia de su aprestamiento, de sus posibilidades, de lo que conoce y lo que está preparado.

El mantener el estado de pobreza durante siglos a tantas comunidades y personas, provoca un desequilibrio que hace a ambos.

A los que estén en ese estado los inhabilita para salir y buscar soluciones factibles, y a los que están del otro lado los hace insensibles y ajenos a una situación que también les compite.

En el curso de la historia muchas fueron las causas de la pobreza: la guerra, el colonialismo, la esclavitud, las invasiones, los modelos económicos, la forma de trabajo, la corrupción y la destrucción de la naturaleza.

Ya hemos sostenido que las sociedades actuales se fundan en el poder, la fama y el dinero.

Los que los poseen aumentan su poder y su riqueza usando mano de obra y recursos baratos en países pobres o en vías de empobrecerse.

La corrupción hace que la asignación de recursos hacia servicios sociales que benefician a la población quede en manos de actores públicos o privados que la usan para su beneficio.

El reparto de la riqueza no es equitativo y genera más pobreza.

Con las consecuencias colaterales de la sequía, la erosión, la disminución de alimentos, las enfermedades y el bajo nivel económico de la población.

En realidad la opción sigue siendo la pobreza, dar lo indispensable para sobrevivir como asistencia y mantener la situación empobrecida de los individuos en beneficio de pocos.

La verdadera opción debe ser por los pobres, como personas, con la dignidad que todo ser humano tiene, y con el compromiso de restaurarle esta condición, que es una condición ab initio, que la tenemos todos de origen por nuestra condición de hombres.

¿Qué hemos optado nosotros para nuestra vida personal?

¿Qué ha optado la sociedad en la que vivimos?

¿Qué hemos hecho para que la opción sea el pobre y su restauración?

Miremos dentro de nuestro corazón, y la respuesta saldrá de aquello que hemos hecho y que hemos sido en relación a los otros, a nuestros semejantes, a la humanidad y a la tierra, que es la casa de todos.

No hay salvación posible, si no es en conjunto.

No habrá crecimiento ni mejoría sustentable, si no es para todos por igual, sin diferencias y equitativamente.

Que las diferencias sean las que busca cada cual en su modo de hacer su vida, en su manera de recorrer la existencia; no la impuesta por privilegios otorgados a castas o entenados, y que al final del camino podamos decir que hemos contribuido a hacer un mundo mejor, y una humanidad mas feliz.

¿ QUÉ ES LA INJUSTICIA SOCIAL?
Por Elsa Lorences de Llaneza
-Argentina-

VIVENCIA

 La “INJUSTICIA SOCIAL” es el desequilibrio en el reparto de los bienes y derechos sociales en una sociedad”
  Durante más de treinta años, participé, sin saberlo, de la Injusticia Social, tratando de cambiarla más, precisamente, en los niños que son mi debilidad.
  Con ese propósito, entré a colaborar con el Padre Rafael Morán Díaz, Párroco de la Iglesia de Lourdes de CABA. Dicho Padre, tenía una casa alquilada para atender a los chicos de la calle. Chicos sin futuro entre 13 a 18 años, drogadictos, que hacía meses e inclusive años que no veían a su familia.
Perdidos en sus ensueños, dormían en la calle e iban a la Parroquia a pedir limosna a la salida de las misas. Por miedo, porque algunos eran agresivos, muchos feligreses cambiaron de Iglesia. El Padre, que los amaba en su orfandad, sufría por ellos y cansado de pedir a las autoridades de aquella época, un lugar donde alojarlos, se le ocurrió junto con algunos vecinos, alquilar esa casa vieja que casi se caía a pedazos. Los mismos vecinos y gente de la parroquia, la arreglaron malamente, pero servía.

  Aquí entro yo. Era mi primera colaboración. Poco a poco me fui acomodando. Mi tarea era organizar eventos para recaudar dinero para sostener la casa. Éramos 5 madres: Una se ocupaba de hacer el desayuno, otra el almuerzo, la tercera la limpieza, yo y la otra darles de comer la última comida del día, porque a las 17 hs la casa se cerraba hasta el día siguiente y los chicos iban a la calle. Los chicos se bañaban, se cambiaban de ropa y algunos estudiaban con dos  asistentes sociales. Los que querían. No se obligaba a nadie. Lo único que no podían hacer era drogarse mientras estaban en la casa.
  Trabajé con ellos unos 5 ó 6 años, hasta que al padre le pidieron la casa. Oí cosas horribles. Las vidas de estos chicos no valia ni una moneda de 10 centavos. Estaban solos, habían sido maltratados y en muchos casos abusados por sus padres o familiares. Vivían amontonados en una pieza de dos por dos con 5 ó más hermanos. No comían, no estudiaban, vivían en la mugre sin ninguna perspectiva de mejorar y fueron presos de la droga. Nadie se ocupaba de ellos. Muchas de las madres se dedicaban a la prostitución para poder dar de comer a los niños. Nadie los contenía, ningún gobierno se ocupó de ellos en los años que compartimos juntos a pesar de los pedidos del Padre. Mi pregunta siempre fue: ¿Por qué esta desigualdad? ¿Por qué nadie hacía nada por ellos?
  Una sola vez los oí reír y cantar, fue cuando se pintó la casa y se colocó un altar en el patio dedicado a la Virgen de Lourdes y con una misa se unió a los vecinos y a los chicos.
  Y otra vez, cuando a Antonio se le cayó un papel doblado en cuatro y cuando lo levanté y lo leí, me encontré con un poema para su mamá. Antonio era un chico que apenas sabía leer y escribir, pero con muchas faltas de ortografía, le había escrito un poema a su madre que hacía cuatro años no veía.  Cuando el Padre Rafael lo supo, un movimiento positivo se produjo en la casa. Buscamos a su mamá y todos lloramos cuando la madre y el hijo destruido por la droga se encontraron después de tanto tiempo. Con el Padre Rafael arreglamos todo y lo internamos en una casa de Recuperación y todos los domingos nos turnábamos para ir a verlo y a animarlo a seguir. Este fue el recuerdo positivo. Después de tanto dolor y tanto desaliento.
    Pasaron tres años. Yo ya había pasado a madrina de un hogar de niños con enfermedades neurológicas graves, donde me seguí topando con la INJUSTICIA SOCIAL. Pero esto será para otra ocasión.

   Al Padre Rafael lo había cambiado de Parroquia y quise ir a visitarlo. Mientras esperaba que me recibiera, entró un joven desaliñado a la sala, se sentó y se puso a mirarme insistentemente, tanto que me empecé a sentir incómoda. De golpe el joven se puso de pie, se acercó a mí y mientras el olor a sucio me taladraba me preguntó: -¿Señora usted es Elsa la de la casa de Añasco? Ahí recién lo reconocí. –Fernando, exclamé y lo abracé. ¿Cómo estás? – Recién salido de la cárcel Señora. ¿Qué te pasó?  – Robé para comer y la yuta me pescó. – ¿Y los chicos? – Algunos presos, otros los perdí de vista. – ¿Y Luisito? Pregunté. (Luisito era el más chico. Tenía 13 añitos cuando lo conocí. Ya no tenía el tabique nasal destruido de tanto drogarse) – Luisito murió Señora.  – Hijo, ¿Qué les pasó? ¡Nosotras hicimos tanto por ustedes! – Sí señora, ustedes hacían mucho de día, pero a la noche, para no tener frío ni hambre teníamos que robar para drogarnos.
Me puse a llorar acongojada. Sentí que llegaba alguien y se paraba detrás de mí. Era el Padre Rafael. Nos pusimos a llorar. Elsa, me dijo, te juro que hice todo lo posible para conseguirles becas para hogares, para estudios, para hacerlos hombres de bien pero no lo conseguí. Solamente salvamos a Antonio y los tres, abrazados lloramos largo rato.
¡Si sabré yo de INJUSTICIA SOCIAL!

LA MENDICIDAD
Por: Gustavo Páez Escobar
-Colombia-

Uno de los signos de la prosperidad es la mendicidad. Por los ríos revueltos de las grandes ciudades, bajo el vértigo del progreso y el clamor de la vida ostentosa corre la miseria con sus pies aporreados por la vida y el alma anhelante. Al lado del saco colmado de oro habrá el mendigo con la mirada quebrada por el infortunio. Frente a la mesa del opulento, el hambre de quien nada tiene se hará más voraz y será menos satisfecha, pues los cubiertos no alcanzan sino para unos pocos.

Ante el vehículo deslumbrante, movido por manos enguantadas y oloroso a esencias francesas, pasará descalzo y aterido el transeúnte anónimo que no conoce otros tapices que la tierra recalen­tada por el sofoco, ni otros olores que la densidad de su angustia.

El mundo se embrutece entre festines, derroches, placeres sin límite, copas sin fondo. La humanidad danza al impulso del arrebato, consume tabernas de un solo sorbo, quema billetes en una noche de frenesí, acciona ruletas alocadas, se satura de sexo y nunca se sacia. En un rincón, en el trasfondo de estos exaltados exhibicionismos, el niño con hambres atrasadas morirá antes de que la copa termine de apurarse o las sobras de las mesas colmadas se lancen a los perros.

Aquí, en Bogotá, en un programa de televisión, un periodista enfocaba sus cámaras por la carrera séptima y a su paso iba surgiendo un dantesco espectáculo de miseria. Por donde quiera que escarbara, saltaban calamidades. Una señora, con 71 calendarios a cuestas, mostraba unas frutas que nadie compraba y que eran su única posibilidad de sustento.

Más adelante, una muchacha, con una juventud increíble, exhibía sus fatigas en medio de pujantes edificios, solo sostenida por la presencia de cinco hijos destrozados por la des­nutrición. En otro ángulo, un vejete, taciturno entre las som­bras de su ceguera, sostenía su incapacidad contra la indiferen­cia del mundo veloz, dicha­rachero, entusiasta, que reclamaba su derecho a la vía sin importarle la desproporción de la existencia atro­fiada. Lo que sucede en Bogotá sucede en cualquier latitud del mundo, ya que la injusticia social es el mayor lastre de la humanidad.

La prosperidad solo alcanza para unos pocos. Al lado de los ricos se levanta la niñez con insuficiencia de proteínas y languidece la ancianidad. El pie descalzo, en todos los ámbitos de la tierra, se vería menos desprotegido si no se acentuara tanto la desigualdad ante el que derrocha la riqueza entre fruslerías y viajes internacionales. El hambre sería menos hambre si no se viera estimulada por el hartazgo, por el desborde de apetitos  que solo miden la propia satisfacción y se olvidan de los estómagos vacíos.

El mundo aspira, con todo, a ser feliz. Predica fórmulas doctorales, lanza tratados sofisticados para que las naciones no se destruyan unas contra otras, para que los ánimos se desarmen en esta hora de la animadversión universal. Pero no distingue el estómago vacío del organismo rebosante.

LA INJUSTICIA SOCIAL
Por María Sánchez Fernández
Úbeda-España )

Si la Política es el Pueblo; es la Sociedad formada por todos, sin amos y sin esclavos, ¿por qué nos empeñamos en degradarla con el vil comportamiento del más fuerte?

Siempre ha habido clases sociales. El poderoso ha sometido a su manera paternalista al más humilde, al más pobre. Solemos protestar y quejarnos ante las injusticias cometidas contra la dignidad del más débil que siempre es el más humilde, el que trabaja por un ridículo salario (si es que por fortuna lo tiene) pero siempre acabamos agachando la cabeza con sonrisa benevolente ante el poderoso, por muy corrupto que sea, porque nuestra ceguera servil nos impide ver esa corrupción. Después vienen las revueltas, pero siempre, siempre, sufre y pierde el que menos fuerza tiene. Esta es la sociedad en que siempre ha vivido la especie humana. ¿Pero dónde está la dignidad del ser humano?

¿Y qué es la dignidad? Diremos que la dignidad es el alto valor que se conceden a sí mismas todas las criaturas que pueblan el mundo. La dignidad es el valor más alto del ser humano. Si algún día la pierde caerá en el negro pozo del servilismo. Todos estamos hechos de la misma materia. Dice un proverbio chino que la sociedad humana es como un gran tablero de ajedrez. Al final, cuando termina la partida, tanto el rey como el peón terminan en la misma caja.

A veces el pueblo llano se manifiesta reclamando sus derechos, porque legalmente los tiene, pero pocas veces es escuchado. Solamente piden salarios dignos con los que poder llegar a fin de mes. Los mayores, que han cotizado durante su larga vida laboral, piden una pensión que los haga personas dignas, sólo eso, que no es mucho pedir, ya que tienen todo el derecho. Las altas esferas prometen pero todo se queda en promesas o en unas míseras migajas. El pueblo no pretende perder la cordura en sus valientes manifestaciones, lo que pretende el pueblo es no perder su sagrada dignidad.

¡¡Qué felices debían de vivir los hombres de las cavernas o de las selvas vírgenes que cazaban y pescaban para comer!! Cogían los frutos que la naturaleza les ofrecía. Se cubrían con las pieles de las piezas que cazaban. No había problemas. Eran sociedades civilizadas a su manera que todo lo que tenían lo repartían entre ellos porque eran dones recibidos de la altura, quizás de los antepasados que velaban por ellos. Después se comerciaba en especie, cuando hubo hermanamiento con otras tribus, pero más tarde se inventó el dinero ¡ay!, el dinero que trae la ambición por el poder y la gloria. La causa de tantos problemas en el mundo. El olvido de las necesidades ajenas.

El dinero es poder que corrompe. Quien más tiene más quiere. Es una ambición sin límites que domina al poderoso. Abusa de su poder sin mirar la miseria que puede afectar a miembros de su comunidad.

Yo le diría a voz en grito
No abuses de tu poder en enaltecerte y enriquecerte.
Despliega ese poder en favorecer a tu prójimo.

2 comentarios en “ARTÍCULOS Y RELATOS INJUSTICIA SOCIAL”

  1. «La injusticia social» Carlos: …y el apóstol Santiago tenía razón, lamentablemente esos que abusan, desconocen el texto o, aunque lo han leído, cierran los ojos y prefieren creer que no tiene razón. Como dice otro texto: «Ya tienen su pago». Saludos.

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  2. «La mendicidad». Gustavo, el texto es una lamentable radiografía de la realidad. Quiera Dios que muchos hagamos algo para disminuir tanta injusticia. Como dijo Díaz Mirón, poeta mexicano: Nadie tendrá derecho a lo superfluo, mientras alguien carezca de lo estricto. Saludos.

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