ARTICULOS , NARRATIVA SOBRE EL ABORTO

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Junio   2.020  nº 32

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AL SERVICIO DE LA PAZ Y LA CULTURA HISPANO LUSA

COLABORAN: Leonor Ase (Argentina). Carlos Benitez Villodres (Málaga-España). Antonio de Las Heras (Argentina). Antonio Camacho Gómez (Argentina). Jorge Bernabé Lobo Aragón (Argentina). Ángel Medina ( Málaga-España) . Amanda Patarca (Argentina). María Sánchez Fernández (Úbeda-España). Jaime Suárez (México)

REFLEXIÓN SOBRE EL ABORTO
Leonor Ase de D´Aloisio
Pergamino Buenos Aires Argentina

La vida es Vida – No puede proclamar Muerte
Hace muchos años que estoy colaborando con mi oración y algunas publicaciones sobre el tema del aborto, aborto es muerte y de ningún modo el humano lo puede apoyar y menos difundir como algo bueno y necesario en todo caso sería al revés. Si estoy vivo, es porque al comenzar mi vida en el vientre de mi madre ella, no eligió para mí la muerte, eligió la vida. Qué derecho me asiste a mí hoy a impulsar la muerte para otra persona que se está gestando ya sea en mi vientre o en de cualquier otra mujer.
Tengo mis hijos a mi lado los educo y los amo, entonces no puedo salir con pancartas a la calle a Vivar el aborto. Pero bueno a veces las palabras no podemos gastarlas con personas irracionales, y nos queda como efectiva la oración. Que nuestras oraciones sean un oleaje cálido de vida y fuerza que acerquen a los hombres a confiar plenamente en Dios. Que los malos consejeros enmudezcan su voz para que se agoten las  seducciones de muerte.
La idea de la muerte ronda el pensamiento de muchos, de quienes padecen la angustia de un embarazo no deseado, piensan tales cosas porque no conocen la misericordia Divina. Señor que por nuestras oraciones y nuestros momentos dedicados a la ayuda ya sea material o espiritual, los que temen, los que dudan, se animen a seguir adelante en el camino de la vida. Que al rezar en los avances cada etapa del embarazo, roguemos a Dios para que su presencia en el corazoncito del bebé imprima en su mamá la serenidad y la alegría de una maternal y feliz espera.

EL ABORTO, UNA REALIDAD CANDENTE
Dr. Carlos Benítez Villodres
Málaga (España)

En España, la ley del aborto entró en vigor el 5 de julio de 2010. Desde dicho año es legal la interrupción voluntaria del embarazo en tres supuestos: si existe riesgo para la salud física o psíquica de la madre; la interrupción voluntaria del embarazo por violación es también legal en las primeras 12 semanas de gestación; y las mujeres pueden abortar durante las primeras 22 semanas de gestación, si hay riesgos de malformaciones en el feto.

Es evidente que esta ley no satisface.

 a las asociaciones antiabortistas, ya que manifiestan y denuncian que la susodicha ley, en el supuesto de “grave peligro para la vida o la salud física o psíquica de la embarazada”, supone, en realidad, una vía libre para el abortar.

Aunque en nuestro país, esos tres supuestos, ya reseñados, el aborto es legal. Hay, sin embargo, seis Comunidades Autónomas (Navarra, Extremadura, Murcia, Castilla y León, Castilla-La Mancha y Andalucía) que carecen de centros autorizados, donde practiquen los abortos legales, por lo que las mujeres que viven en ellas y deciden abortar se ven obligadas a desplazarse a otras.

            Tras lo expuesto, es fácil deducir que la ley del aborto no satisface a los progresistas. A pesar de ello, y, aunque en España la mayoría de la población se declara católica, los abortos legales han ido creciendo con el paso de los años.

El aborto continúa siendo un tema polémico en España, donde la Iglesia católica se encarga de hacerse oír bien en la sociedad.

Mientras asociaciones antiabortistas exigen a las autoridades que promuevan más acciones contra otras clínicas ilegales, la Federación Familiar Estatal, que defiende el derecho al aborto libre y gratuito, hace ya muchos años recogió firmas en defensa de las mujeres que deciden abortar, según la ley vigente.

            El papa Francisco comparó el hecho de abortar a un “sicario”. ¿Es lícito eliminar una vida humana para resolver un problema? ¿Es lícito contratar a un sicario para resolver un problema? No es legal. Nunca, nunca elimines una vida humana o contrates a un sicario para resolver un problema. El cuidado del precioso don de la vida en la fragilidad. El Papa aseguró que “el aborto no es nunca la respuesta que las familias buscan. Son necesarias y urgentes acciones pastorales incisivas” dijo, exhortando a crear “redes de amor” a donde las parejas puedan buscar apoyo”.

            Ningún ser humano puede ser jamás incompatible con la vida, ni por su edad, ni por su salud, ni por la calidad de su existencia. “El cuidado del precioso don de la vida en la fragilidad» es el título del evento internacional organizado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida y por la Fundación “El corazón en una gota. Una de las realidades que en el mundo trabajan muchas personas cada día para acoger al nacer a niños en condiciones de extrema fragilidad. Niños que, en algunos casos, la cultura del descarte define como incompatibles con la vida.

            Todo niño que se anuncia en el vientre de una mujer es un regalo, que cambia la historia de una familia: de un padre y de una madre, de abuelos y de hermanos. Y este niño necesita ser bienvenido, amado y cuidado.

            El Santo Padre recuerda la relación especial entre la madre y el niño que lleva en su vientre y el “diálogo cruzado que se instaura entre ellos”: «Una relación real e intensa entre dos seres humanos, que se comunican entre sí, desde los primeros momentos de la concepción, para favorecer la adaptación mutua, a medida que el niño crece y se desarrolla. Una capacidad comunicativa, precisa Francisco, que no es solo de la mujer, sino sobre todo del niño, que en su individualidad envía mensajes para revelar su presencia y sus necesidades a la madre”.

            Hoy en día, las modernas técnicas de diagnóstico prenatal son capaces de descubrir desde las primeras semanas la presencia de malformaciones y patologías, sospechas que llevan a las mujeres y a las parejas a un desaliento profundo. Pero nadie, puede predecir el resultado cierto de esa patología porque la evolución de cada enfermedad es siempre subjetiva y ni siquiera los médicos saben a menudo cómo se manifestará en cada individuo.

            Sin embargo, hay una cosa que la medicina sabe bien: los niños, desde el vientre materno, si presentan condiciones patológicas, son pequeños pacientes, que a menudo pueden ser curados con intervenciones farmacológicas, quirúrgicas y asistenciales extraordinarias, capaces ahora de reducir la terrible brecha entre las posibilidades diagnósticas y terapéuticas, que durante años ha sido una de las causas del aborto voluntario y del abandono de la atención al nacer de muchos niños con enfermedades graves.

            Las terapias fetales, por un lado, y los Hospicios Perinatales, por otro, logran resultados sorprendentes, en términos de atención clínica, y proporcionan un apoyo esencial a las familias que reciben el nacimiento de un niño enfermo. Estas posibilidades y conocimientos deben ponerse a disposición de todos, mientras que es esencial que los médicos comprendan claramente no solo el objetivo de la curación, sino también el valor sagrado de la vida humana, cuya protección sigue siendo el objetivo último de la práctica médica.

            La Conferencia Episcopal Española (CEE) ha planteado que el aborto sea considerado un delito y ha subrayado que la doctrina de la Iglesia en relación al proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo «no va contra nadie ni contra ningún partido».

            “No se entiende que quitar la vida, manifiesta Juan Antonio Martínez Camino, de un ser humano inocente no pueda ser un delito” Para el obispo auxiliar de Madrid y secretario general de la Conferencia Episcopal Española, Martínez Camino, el aborto, al que calificó como “gravísimo pecado”, no puede ser aceptado legalmente, al tiempo que criticó que pretenda ser considerado como un derecho. En cualquier caso, añadió que existen pecados que no son delito.

            Ante la polémica con los políticos católicos que apoyen la ley, a los que el obispo recuerda que no pueden comulgar, indicó que “la doctrina no es contra nadie, ni un partido o una persona. “En todos los casos en que un político defienda una ley que no protege a los no nacidos, la Iglesia siempre dice lo mismo”. Los católicos que apoyen la reforma de la Ley del Aborto no podrán comulgar.

            La Iglesia da voz a los que no tienen voz, pero tienen derecho a vivir. Es gravísimo quitarle la vida a un ser inocente. El aborto tiene gravísimas consecuencias sociales y económicas. Un pueblo que asiste, con asentimiento social, a quitar la vida a sus hijos es un pueblo que no está preparado para la solidaridad fraterna.

            Hasta aquí la realidad pura y dura sobre el tema del aborto en España. Yo que me considero, por convicción, antiabortista, no estoy de acuerdo con el aborto legal ni con el ilegal, es decir, difiero de los conservadores y de los progresistas, incluida la izquierda española sea del tipo que sea. ¿Por qué? Simplemente, porque soy antiabortista, como ya referí en este mismo párrafo.

¿ CUÁNDO EL HUMANO ES UN HUMANO?
Por Dr. Antonio Las Heras
Argentina

Es interesante advertir que, en el cimiento del debate por la despenalización del aborto, lo que aparece es una notoria búsqueda por desvirtuar el hecho de que desde el momento mismo de la concepción una vida humana se ha constituido. Apelando a todo tipo de malabarismos del lenguaje surgieron variadas propuestas, todas las cuales pretenden convencer que en los primeros meses de gestación lo que está presente es algo que no es humano. Es sólo y apenas “un conjunto de células” carentes del más mínimo atisbo de condición humana. Aunque – paradójicamente – ese “conjunto de células”, si se permite su desarrollo, dará lugar a una nuevo integrante de la Humanidad. En todo lo orgánico sucede de ese modo. Cierto es que una semilla no es una planta. Pero sin semilla no habrá planta. Entonces esa semilla es esencia ineludible para que – permitiendo su desarrollo – aparezca el árbol lozano.

Los más recientes hallazgos científicos permitieron despejar cualquier tipo de dudas en el sentido de que a partir de la concepción ya hay existencia humana. Y, en verdad, hasta filosóficamente puede comprenderse esto. En tanto lo que hay es un recorrido. Partiendo de un origen – la unión de un espermatozoide con el óvulo en un embrión – se inicia un proceso que – de no mediar impedimentos – recién habrá de concluir con la muerte en la ancianidad. Durante todo ese lapso lo que ha habido es una vida humana. No es menos vida humana por estar en período intrauterino ni por ser lactante ni por atravesar la juventud o por estar postrado a causa de una enfermedad o internado en una residencia geriátrica. En cada uno de esos momentos con lo que nos encontramos es con un humano. En diferentes etapas de su vida, claro está.

Tanto es así que, desde el comienzo, un análisis de ADN habrá de mostrar que esa vida que se está gestando tiene un mapa genético que no es el de la madre ni la del padre; sino uno nuevo y original. Lo cual arroja por tierra la tan oída frase “con mi cuerpo hago lo que quiero” puesto que no se trata del cuerpo de la madre sino que estamos hablando de una relación de hospedado y hospedero.

Este es el punto concreto entonces. La vida humana comienza su recorrido a partir de la concepción misma. Y ese es el asunto que busca soslayarse en el debate que está teniendo lugar. Parece que es, para quienes se encuentran a favor de despenalizar el aborto, tan terrible tener que aceptar que su propuesta implica la muerte de un congénere, que necesitan argüir algún argumento por más falaz que éste sea.  

¡ MADRES !
( EN TORNO AL ABORTO)
Por Antonio Camacho Gómez 
Argentina

En cierta ocasión le preguntaron a Napoleón I qué era lo que con más urgencia necesitaba Francia y el gran corso contestó:  ¡ Madres !.Comprendía cabalmente la transcendencia de la mujer en su noble función conceptiva, capital función integradora en una sociedad bien avenida. La problemática de la Unión Europea, con una población envejecida y las inquietudes de los gobiernos por la cuestión jubilatoria, me exime de mayores comentarios.

Máxime en este convulsionado mundo, allende del coronavirus, en el que la cosificación individual y colectiva, a lo cual no es ajeno el mal uso del formidable avance tecnológico y su debilidad de principios esenciales, constituye una nota de involución frustrante, agravada por el fárrago informativo muchas veces tendencioso de los medios gráficos, auditivos y visuales de trasmisión de noticias que recogen las circunstancias de una diaria y alienante realidad.

Dentro de ese cuadro de alarmante situación, más allá de las estadísticas sobre el bienestar existente en ciertas naciones ,Noruega por ejemplo, en donde por otra parte el suicidio y el miedo a la eutanasia no son extraños, también los discapacitados no tienen pocas dificultades para integrarse en la comunidad ; mostrando ésta una indiferencia, que como dice el Papa Francisco, está globalizada y aquí me adentro en el motivo de este artículo que es el del aborto, porque numerosos, miles,  acaso de esos excluidos por consejos de médicos irresponsables, salvo excepciones, dejan de nacer .

En otros casos las propias madres procuran impedir el advenimiento a este mundo ancho y ajeno, como decía Ciro Alegría. Me hago eco de un programa de bioética, en el que se dijo que la madre del hoy famoso futbolista Cristiano Ronaldo, lo quiso abortar, con la oposición del médico, tanto por la edad de la mujer, cuanto por no encontrar razón valedora. Ella apeló, incluso a remedios caseros, que fallaron, y el niño nació con la ayuda del facultativo. Lo mismo se podía argüir respecto a los genios en diferentes niveles del saber humano.

Resultan paradigmáticos los procederes de las mal llamadas feministas, cuyos desnudos públicos, atentados a edificios religiosos, especialmente contra la Iglesia Católica ,y griteríos contra los hombres son proverbiales. Ayunas de toda moral, juntamente con homosexuales, proclaman los Derechos del Niño, pero ignoran, al parecer, una verdad científica. Desde que el óvulo es fecundado, existe un ser humano.

Dejando de lado las violaciones, que es un tema discutible ¿por qué tantas jovencitas y mayores se embarazan? . No será por la falta de medios para evitarlo, pero, claro, carentes de principios éticos, promiscuas y banales, se presta a la solicitud sexual masculina, a las primeras de cambio, sin tener en cuenta que todo aborto implica un daño físico y psicológico, que en algunas ocasiones las lleva a quitarse la vida por mano propia. Mientras el orbe gira alocado con permisividades inadmisibles, las manifestaciones tumultuosas en pro del infante por nacer, como ocurre en Estados Unidos, sobre todo en Washington DC, sin obviar las clínicas abortistas y las que se les oponen, propiciando un acto criminal, continúan enfrentándose.

En tanto las manipulaciones genéticas, prosiguen adelante, tras un derrotero de asesinatos sin límite, con el visto bueno de las autoridades nacionales y congresos ¿representativos? en gran proporción oprobiosos.

El autor escribió el libro La espantosa banalidad del mal, que registra el comportamiento nefasto desde Cristo, hasta nuestros días, por personajes repudiables. Libro que ha obtenido el beneplácito de los famosos escritores Jorge Fernández Díaz, del diario La Nación y Radio Mitre de la Argentina. Amén de miembro de la Academia Argentina de letras. Y de Arturo Pérez -Reverte, integrante de la Real Academia Española y periodista  de altos vuelos

 

ABORTO
Dr. Jorge B Lobo Aragòn
-Argentina-

El atentar impunemente contra la vida, como una forma de «Neo-Colonialismo Biológico de raigambre hitleriana y totalitaria” que amenaza la vida del sector más desprotegido de la sociedad, del más desamparado, del más débil es uno de los procedimientos con los que el mundo desarrollado pretende, para afianzar su dominio, limitar la vida en los países pobres. Con esa denominación, se disfraza un plan para generalizar, propagar y difundir métodos para eludir la concepción; como si el embarazo, la maternidad, fuera una terrible enfermedad de la que hubiera que defender a una Sociedad incauta. En nombre de la libertad se  presiona para modificar las conductas, imponiendo subrepticiamente una mentalidad anticonceptiva motivando actitudes individuales, familiares y comunitarias favorables a la aspiración de las conductas propuestas. Un masivo lavado de cerebros, con propósitos explícitos, que tratará de orientar la sexualidad hacia el placer, el jolgorio, la diversión, a cualquier cosa, menos a su fin natural de procrear hijos como Dios manda. Como un cafisio de los bajos fondos, la ley se propone enseñar y estimular el uso de preservativos. Desde el punto de vista estrictamente jurídico, basta observar que para la moral católica todo medio que se aparte del orden natural en cuanto a la relación de los sexos es intrínsecamente malo y, como este programa ofrece servicios médicos gratuitos y también provisión gratuita de anticonceptivos, resultaría que se ésta forzando al contribuyente católico al sostenimiento de un sistema que repugna a su moral en forma absoluta, no por mera discrepancia de criterios prácticos. Sería como si al ciudadano Judío o Mahometano se obligara a sostener una dieta obligatoria con base de cerdo. Las afirmaciones francamente opuestas a la religión van más allá de todo precedente en la Legislación Argentina. Esto parece hecho para otros. Para factorías y poblaciones de esclavos, no para nuestro pueblo.Se  debe instar el rechazo de esta propuesta nociva que afecta a los fundamentos de la Nación a asumir la defensa de la vida, de la familia, de los derechos del hombre, de las libertades tradicionales. Podemos invocar la religión, la moral, las costumbres, el simple sentido común y la decencia. Y también podemos invocar la actitud asumida por la Argentina en dos magnas conferencias organizadas por la O.N.U. en Egipto y en la China. Sería un espectáculo desdoroso que aparezcamos violando en el orden Internacional los mismos principios que postulamos para el orden mundial. Sobre todo cuando ellos se fundan en la observancia de la ley natural.- Dios nuestro Señor se compadezca de la Argentina

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE EL ABORTO.           
Ángel Medina
-Málaga-España-

Hablar del aborto es un tema complejo. Fácilmente se dice “sí” o “no” de manera visceral, por lo que se impone el análisis ajustándonos a lo que nos dice la Ciencia sobre la vida. Algo está claro, y es que los pro-abortistas lo disfrazan bajo el eufemismo de “interrupción voluntaria del embarazo”. Por algo será. Y es que la cultura de la muerte, no gusta. Precisamente por eso; porque el aborto produce una muerte. Eso, nadie que sepa lo que dice, puede negarlo. Toda reflexión sociológica, legal, moral, filosófica o religiosa, para ser válida, habrá de partir desde una rigurosa información científica.

Seis horas después de la fecundación se desencadena una prodigiosa explosión de vida. Al fusionarse las dos células germinales se constituyen en una (el zigoto), y esta se divide (blastómeros) en dos, las dos en cuatro, y así hasta llegar a…60.000 millones de millones, que son las células que constituyen el cuerpo al nacer.

Sin ánimo de ser exhaustivo, fijémonos en el proceso. A la tercera semana ya late un diminuto corazoncito. Al mes comienza a esbozarse un primer sistema nervioso y circulatorio. A las 6 semanas el cerebro aumenta y puede hacérsele un encefalograma. A las 7 semanas se desarrolla el hígado y los brazos y piernas se visualizan. A las 8 se le llama feto y su aspecto es claramente humano, y también se le puede hacer un electrocardiograma, y a la 10 está completamente formado. A los 3 meses se mueve y es sensible al dolor. A los 4 meses se mueve en el vientre de la madre y pesa alrededor de 225 gramos. Del quinto al sexto mes se escucha el latido del corazón con el estetoscopio y cuando oye latir el de la madre, se tranquiliza. Entre el sexto y el octavo mes están terminados todos los órganos y al noveno se produce el nacimiento. Como se ve, no es una “cosa”, sino lo que hoy somos nosotros, sólo que muy pequeñito. Vida incipiente y en formación progresiva.

Lo que los partidarios de suprimirla aducen con sutileza, es ¿desde cuándo esa vida es “humana”? Reflexionemos, pues, los argumentos.

Según    la tesis de la aceptación, es necesario que sea aceptado (lo que viene a decir que, arriesgan las consecuencias del placer, para renegar según las circunstancias de su posible resultado). Existe una ley genética de protección de la especie inscrita en los cromosomas de los marsupiales, haciendo que, cuando abortan espontáneamente protegen al feto en la bolsa ventral durante largos meses. ¿Acaso es más humano un animal que el propio hombre? De aceptarse este planteamiento, se sometería al capricho o arbitrariedad la naturaleza humana. La condición de persona reside en la pura objetividad, no en la subjetividad. Dicho de forma grotesca, ¿Puede el capricho o las circunstancias hacer que por no ser aceptado se convierta el feto humano en el de un animalito? ¿O, tal vez, qué?

No queda aquí la cosa en lo que respecta a la aceptación. Van más allá de ella. Es cuando se aduce que es parte del cuerpo de la madre y que ella puede disponer de él. Lo cual es falso. Su origen está en la unión del óvulo materno y el espermatozoide paterno, y de ella procede el nuevo ser. La madre es libre de realizar el acto sexual que puede dar origen a la nueva vida, pero el ser engendrado es distinto a ella. El concebido no es una parte más de su propio cuerpo, como pueden ser los riñones o una mano.

Los partidarios del aborto aceptan que tiene vida, y que esta vida es humana (¿qué otra cosa podría ser?), pero añaden que ha de ser vida “humanizada”.  Esto es, la otorgan en el momento de nacer.  Si nos referimos al periodo de gestación, desde el aspecto biológico, Lejeune, eminente biólogo, dice al respecto:” Nadie habla ni conoce la chimpanificación progresiva del feto de la mona”. O es un mono, o no lo es. ¿Qué ha de ocurrir al feto para que un instante después del alumbramiento sea ya vida humanizada y no lo sea antes? ¿Puede esa humanización dársela un suero de prostaglandina que la adelanta o retrasa? Si nos atenemos al punto de vista sociológico, la humanización es el proceso mediante el cual, y por el contacto social, el ser humano desarrolla las potencias psíquicas que les pertenecen. Pero, si se argumenta lo dicho, por las mismas circunstancias resultaría válido eliminar a otros seres con profundas deficiencias psíquicas, negándoles su condición humana.

Los planteamientos han quedado respondidos. Conocemos cuándo y cómo se inicia la vida humana y su desarrollo. También, que esta vida es humana desde su comienzo. Mas, ¿por qué se da este hecho de la cultura abortista?

En el panorama sociológico el aborto se presenta como un acto violento enmarcado dentro de una cultura de violencia. El aborto significa eliminar de un plumazo una carga indeseada, y esto ha calado por la permisividad. Incluso, se dice, que la libertad no podrá ejercitarse sino cuando se hayan eliminado los prejuicios. Por eso, existe todo un vocabulario al uso lleno de resonancias emocionales. A este respecto, el historiador Huizinga pone el dedo sobre la llaga, diciendo: “Uno de los errores más curiosos de nuestro tiempo moderno, es creer que un mal se convierte en un bien cuando muchos lo desean en común”. 

Las medidas terapéuticas se refieren a las situaciones en las que el embarazo va a dañar la salud física de la madre. Hoy día, debido al avance de la medicina, se circunscribe a los casos de cáncer de útero y embarazos ectópicos (en estos supuestos, llevado al término médico, al no poderse salvar el feto, la terminología “aborto” sería inadecuada).  

Las razones humanitarias que se alegan en los casos de delitos sexuales son las más fáciles de esgrimir – y sin negar la gravedad del supuesto, –  no debería descartarse el planteamiento de que resulta una extraña lógica la de matar al hijo no deseado por la irresponsabilidad de los padres. Entre los argumentos, algunos más enmarcables, como sería el caso de las razones económicas, esto es, eliminar al hijo por no disponerse de medios para su manutención, el planteamiento, y más en la actual sociedad donde se extiende la pobreza sin que los políticos sean capaces de darle una solución, debería llevar pareja esta otra pregunta, ciertamente sarcástica sarcástica: Si se trata de reducir el número de bocas, ¿por qué no comenzar por aquellos que comen más?

Como puede verse, en todos los casos existe la colisión de los derechos, resolviéndose con la inversión de la jerarquía de los valores. Es el derecho a la vida el que resulta sacrificado. Por eso, debemos hacernos una pregunta: ¿Qué es la vida humana según el Derecho?

Lo primero que ha de decirse es que la vida es el sustrato de todo derecho. No es posible otorgar derecho alguno si se niega aquel que es sostén de todos y cada uno de todos: el derecho a la vida. Y es la Ley la que ha de garantizarla ante los que desean eliminarla. Vivimos en una sociedad contradictoria. Se respeta la vida del culpable y se elimina la de un inocente. Cuando esto se acepta, se conoce el principio, pero no el fin. La Historia así lo muestra. Basta echar la mirada atrás y contemplar el Holocausto, donde se comenzó eliminando aquellos que no eran útiles para la sociedad, y también a los enfermos que suponían una carga para todos. En la actualidad, las leyes que propenden a la eutanasia han de hacernos reflexionar que también está en riesgo la vida de los mayores.

La Ley ha de ser garantizadora del Derecho. No puede ser neutra, es decir, permisiva, que a nadie obliga pero que tranquilamente puede hacerlo cuando quiere, amparándose en determinados supuestos.

La cifra de los abortos en el mundo resulta escalofriante. El lector puede informarse si así lo desea. No vamos a ignorar la responsabilidad que acarrea la maternidad. La sociedad, más allá de la permisividad, ha de tomar buena nota de ello. Antes, se argüía que la madre soltera era rechazada. Hoy no es así, pero la mujer que se encuentra embarazada en una situación inestable, ha de ser apoyada. De una parte, creándose una imagen transparente de la adopción. Es preferible que la mujer pueda delegar esa maternidad no asumida, que la eliminación del hijo que lleva en el vientre. De otra, el estado ha de ofrecer una intervención educativa, facilitando la diferenciación entre sexualidad y pornografía. Es suficiente un vistazo a determinados medios, para entender qué consecuencias se derivan entre la sexualidad responsable y el reclamo del sexo sin responsabilizarse de las consecuencias.

No debe concluirse esta reflexión sin tenerse en cuenta la utilización del tema del aborto por parte de determinados partidos políticos, los cuales no dudan en utilizar la permisividad para la captación del voto, ofreciéndolo como un logro de la progresía.

¿INTRUSO?
Por AMANDA PATARCA
Argentina

Toda expulsión es conminatoria. Es la sanción que se aplica como efecto de una usurpación u ocupación de un lugar sin detentar derecho para ello. De no haber existido tal usurpación (caso de ocupación con derecho) podría, sí, darse lugar al derecho de ejecución de la expulsión cuando éste fuera generado en una situación o estado de necesidad. Estado de necesidad que, tanto en éste como en todos los otros casos en los cuales se lo plantea, debe entenderse como: Imperiosa exigencia de las circunstancias que lleva a una persona a desconocer una obligación jurídica positiva existente, como lo es la de preservar la vida de un feto -embrión en gestación- dentro del útero materno, haciendo caso omiso de dicha obligación. Omisión, o no acatamiento, que se transforma en un derecho justificado en el Estado de Necesidad, sólo cuando se trata del caso de preservar otro derecho de rango mayor: la vida de la madre, por ejemplo.

Este derecho, conjuntamente con el de preservación de la vida del feto, son considerados principios o valores fundamentales, por encontrarse en juego, en ambos casos, la vida humana. Si ese Estado de Necesidad no pudiera justificarse por no encontrarse en peligro la vida de la gestante, dicha expulsión -al no poder ser considerada efecto justificado de alguna otra causa delictiva como la usurpación- debería ser tomada lisa y llanamente como hecho ilícito. Por lo tanto, de existir Estado de Necesidad generado sólo en el ámbito concerniente a lo económico, todo habrá de solucionarse con estrictos planes elaborados por el Estado, como entidad gubernamental representativa de la sociedad global, para ser aplicados con directivas de riguroso cumplimiento dentro del área institucional correspondiente a Asistencia Social. El cuestionado derecho de expulsión que asistiría (eventualmente) a los coautores del embrión transformado en feto muerto -luego de la puesta en marcha de la efectivización de su expulsión del útero materno- llevada a cabo por ellos mismos, o por uno u otro, sin ayuda o con ella -especializada o no- debe surgir de las expresiones contenidas en la norma del sistema jurídico positivo del país de que se trate, que, en ese sentido así lo disponga resuelta y categóricamente, siguiendo los dictados de la resultante mayoritaria referida a su basamento espiritual y filosófico.

Este conflicto, emergente de los diferentes y hasta opuestos criterios, surgidos como resultado de un único hecho infinitamente repetitivo como lo es el acto sexual, que lleva a la procreación en su forma primigenia, ha dado lugar a una serie de cuestionamientos inquietantes. Y fue de entre los mismos que emergió un planteamiento que terminó por movilizar a la mayoría de las conciencias sensibles de la actual sociedad: ¨Debemos considerar usurpador a dicho embrión? ¿Debemos, en consecuencia, tratarlo como usurpador del útero que usó para su desenvolvimiento, siendo que llegó a él por obra de sus coautores, los cuales atrevida e irresponsablemente ocuparon ese útero sin saber lo que realmente estaban haciendo? ¿Sin saber, por ignorancia, que una herramienta en manos de un atrevido puede transformarse en arma tan poderosa como para generar vida para pretender quitarla luego por expulsión premeditada del embrión resultante? ¿Puede un ser humano, moviéndose ignorante o temerariamente, ser eximido de la responsabilidad (obligación de responder a quién pregunta o demanda con derecho a exigir respuesta) generada por el accionar o puesta en marcha de su herramienta mal utilizada? ¿Puede éste distraídamente, alegar que el resultado pretendidamente perjudicial no reviste importancia, por quedar atrapado entre las tantas acciones privadas de los hombres, reservadas a Dios? ¿Puede este mismo ser humano actuar, tal como si se tratara, entonces, de la depilación de las partes pudendas o de acciones realizadas para provocar una exaltación de la livido, por ejemplo? Imposible.

Y como la sociedad debe preservar también su cuota de esperanza, (referida a su futuro), el derecho natural musita al oído que ya es hora de acrecentar el esfuerzo que permita, en el menor tiempo, encontrar la solución al problema planteado. El que generan aquellos que, deseando usar de la maravilla de los sentidos,  pretenden encarnizarse con el resultado de ese uso, siendo que la absurda sanción moral de relativos viejos tiempos que establecía, cruelmente, que era más delito tener el hijo (fruto del goce) que abortar por expulsión premeditada y voluntaria, ha dejado de tener vigencia dentro de la sociedad actual. Sociedad esta liberadora de las trabas existentes hasta aquí, relacionadas con el tabú del sexo, con la forma eterna de ejercitación del mismo y el anhelo de satisfacción sin trascendencia. Antes se abortaba porque el dedo acusador de la sociedad perfeccionista e intolerante quedaba inmóvil indicando a la solitaria madre soltera como pasible del escarnio público; repetida y triste consecuencia de la existencia del fruto imposible de ocultar.

Ahora se pretende abortar justificando la expulsión voluntaria del feto alegando superpoblación y pobreza, como si a los pobres y a los irresponsables ignorantes, hijos a su vez de pobres y de irresponsables ignorantes, en lugar de enseñarles a elevar el espíritu -ofreciéndoles técnicas de aprendizaje idóneas debiéramos ayudarlos a aniquilarse desde el origen, facilitándoles la concreción de lo que ellos, en la medida de su entendimiento, consideran beneficioso. Con lo que se conseguiría más rápidamente su extinción. No debemos olvidar que la justificación esgrimida por los defensores del aborto legalizado, se encuentra justamente, en el peligro que corre una madre pobre y sola, practicándose un aborto sin los medios higiénicos que sólo un hospital, entidad con asistencia profesional puede otorgar. Ese argumento podría refutarse y hasta anularse manifestando simplemente que existen, no una sino un sin fin de enfermedades de variados tipos y procedencias, no solamente sexuales, consideradas como tenebrosos escollos para el desenvolvimiento de la vida, de esa madre.

Hace poco se dio a conocer una noticia por demás conmovedora: Una compañía de seguros, respondiendo por mala praxis médica, debió abonar una suma indemnizatoria a una pareja que logró el nacimiento de una criatura normal, luego de habérsele practicado a la madre un aborto legal mal ejecutado. La sociedad debe protegerse siendo respetuosa de sus propios objetivos. El primero de los cuales debe ser la preservación del ser humano, célula mínima que, con el esfuerzo aunado de todos sus integrantes, le otorga impulso. La sociedad así estructurada nació para oponerse el hombre al desgaste del tiempo y a los peligros de exterminio que el devenir le deparaba. Fue así cuando ya aterrorizado y sin fuerzas para luchar, decidió éste -masificándose- perder en dicha instancia su libertad, para entregar su poder de decisión y consiguiente responsabilidad a lo que más tarde la sociedad en pleno dio en llamar la simple mayoría. Simple mayoría que significaba lo siguiente: Llegar a hacer o no hacer alguna cosa respetando la decisión de la mitad más uno de los miembros que entendieran en el asunto a tratar.

En este punto es necesario aclarar, sirviendo a la verdad conjetural de lo ocurrido, que dicha mayoría, en su génesis, no fue reconocida por el número mayor de adeptos, sino por el mayor grado de predominio de la fuerza de la violencia necesaria para acceder al referido poder de disposición. Ya a esta altura lo más importante no sólo había acontecido, sino que se encontraba ya en marcha en forma ininterrumpida. Cada uno por su lado -aunque respondiendo a una voluntad conminativa mayoritaria, la cual les proporcionaba el caudal de seguridad necesario para seguir accionando- podía apreciarse representando al género humano, en pleno, tomando parte del complicado juego de la parodia. Todos lo hacían, como aún hoy lo siguen haciendo, por cuanto no habiendo podido llegar a comprender jamás los enunciados ni reglas del sistema mayor, (Abarcador de Dios y su obra, la naturaleza toda,  dentro de la cual, apretadamente, los hombres se encontraban), acordaron entusiasmados crear otro sistema similar, al sistema mayor, aunque de proporciones más pequeñas.

El propósito era demostrarse y demostrarle a El que juntos, pero tomados cada uno en su propia individualidad, los hombres podían. Pero ¿Lo podían todo, o no? ¿Qué podían, entonces? ¿Crecer, evolucionar, amarse, ser más felices comprendiéndose o, simplemente, destruirse con los mismos elementos transformados en armas que el propio sistema de defensa establecido utilizaba como herramienta para asegurar la preservación de la especie? ¿Qué pesó más, con el correr del tiempo? ¿El criterio afortunado del amor o el desafortunado de la destrucción y de la muerte (tánatos)? Los generadores de vida humana en las condiciones de inseguridad para el embrión, descriptas más arriba, son aquellos que sin detentar derechos para hacer lo que hacen, justificados a veces por la normativa jurídica del país de que se trate, hacen uso de los resortes que mueven los hilos de la naturaleza, haciendo caso omiso de los resultados terribles que generan con su accionar desaprensivo. La sanción efectiva social es la pena específica que el andamiaje o estructura jurídica genera como respuesta a los atrevidos. La misma, para ser considerada carga, peso o sanción, debe imponer a éstos un valor de amortización que, de alguna manera, les ocasione alguna molestia. Para aquel que no está dispuesto a responder por considerar que no es su obligación hacerlo, forzarlo a tomar medidas preventivas estando atento o vigilante durante la relación amorosa, es una carga. Y tan pesada como la generada en la obligación de mantenerlo en contacto real y efectivo con el hijo nacido como consecuencia directa de esa relación. Todo así, como para que el tiempo, cumpliendo con su trabajo de domesticación, lo obligue a mantenerse encadenado a la imposibilidad de alejamiento.

Si la sociedad, creada para amparar y asegurar al hombre, no toma conciencia de que a éste hay que protegerlo desde donde sea posible  -hoy es posible hacerlo desde su concepción- obligando a responder a los que, con su proceder, logran que el acto generacional se active, no vale la pena intentar siquiera la búsqueda de otra razón para lograr la respuesta positiva y coincidente. La modernidad y la ideología del «Why not» plantearon el inicio del problema ya que, con ellas, el libre albedrío individual, saltando desbocado por encima de todas las vallas impuestas hasta el momento, volvió a esparcir sobre la superficie de la tierra la inseguridad y el desconcierto. Hoy, la sociedad carece aún de una solución al respecto. Prudente, reflexiva, lógica y coherente. La que su constitución moral y jurídica necesita para seguir funcionando, con bases de sustentación sólidas, que es como decir: con normas (leyes y reglamentos) que, justificando la conducta de sus miembros, los conciudadanos, no se contraríen en cuanto al principal objetivo perseguido, como es el mantenimiento de su propia existencia a través del tiempo, sin permitirse el lujo de la puesta en marcha de la excepción alegando beneficio. El aborto, como se acaba de comprobar constituye, en consecuencia, el delito social por excelencia. El de primera magnitud. Fracaso, además, de primer orden, por resquebrajamiento explícito de las columnas que sostienen la social estructura en toda su extensión.-  

HACER EL AMOR, ES HACER VIDA
Por María Sánchez Fernández
Úbeda-España

En estos días de intenso calor en los que el sol nos aprieta hasta estrujarnos con sus dedos calientes, hemos vivido en seno de mi familia un acontecimiento entrañable. Un acontecimiento entrañable y también lleno de calor. Pero en este caso de un calor tenue, vital y reconfortante. Nos ha nacido un niño.

Se han sumado a nuestra alegría tíos y primos que han venido desde más allá de los límites provinciales, y es que con este niño se nos ha renovado a todos nuestra propia savia, –en alguno de nosotros ya dormida desde hacía mucho tiempo–, porque el nacimiento de una nueva vida siempre infunde esperanza, renovación, prolongación y
ensanchamiento que va desde las mismas raíces a las últimas ramas del gran árbol que es la familia.

El brote de una vida es algo sagrado. Es como un rito que se cumple cada día. Es la justificación del ciclo que hace que nuestro mundo se mueva. Vida. Muerte. Muerte. Vida.

En la sociedad actual contamos con un gran movimiento ecologista y nos preocupamos, muy justificadamente, por la defensa de la Naturaleza. Tenemos que luchar con uñas y dientes para no sucumbir poco a poco. Protegemos las especies animales para que no terminen por extinguirse. Protegemos nuestro mundo vegetal para no quedarnos sin oxígeno, pero…, ¿nos preocupamos igualmente por la defensa de la familia? Me parece que no.

Yo quisiera que estas palabras aquí escritas no sonaran a tópico; quizás este tema esté más que superhablado. Insisto, y con toda sencillez voy a exponer mi punto de vista con una observación: ¿Os habéis fijado en la gran lección de moral que nos dan nuestros amigos los animales? Esas criaturas de las que decimos los que somos “racionales” : “Solamente actúan por instinto animal”. ¡Bendito sea ese instinto animal! Desde que entran en celo y se aparean, sólo buscan en pareja –según las especies–, el lugar en dónde establecer su nido o madriguera, y lo construyen con amor, haciendo verdaderas obras de ingeniería, y cuando nacen sus crías, las cuidan y las protegen hasta que pueden valerse por sí mismas. Nosotros, la especie humana, los seres que actuamos con “razón”, ¿qué clase de instinto tenemos? Animal por supuesto que no, pues un animal cumple una función biológica para procrear, y el hombre –y la mujer— “usa” esa función biológica para su propio goce. Decimos que es “hacer el amor”. Copular, desde el punto de vista de los seres con “razón” es hacer el amor; y eso no es así. Hacer el
Amor es la entrega total en cuerpo y alma. Es fundirse de lleno la pareja en la alegría y también en el dolor. Es renuncia y sacrificio. Es darse por entero sin esperar nada a cambio. Es el gozo del cuerpo, pero también es el gozo del alma.

¿Cómo se hace el amor si el fruto de ese amor se mata?
Por favor, no nos confundamos.

¡Cuántos casos de niños abandonados en forma escalofriante!  Ningún ser irracional haría una cosa así, pues defienden a sus crías hasta dar la vida por ellas. Hay casos en algunas especies de simios en que portan sobre su espalda a su cachorro  muerto durante varios días. Así es de inmenso el vínculo de amor que los une a sus hijos.

Ahora, con la nueva Ley del aborto, la mujer, –solamente la mujer, no sé por qué, cuando es cosa de dos—está despenalizada por la interrupción del embarazo. Despenalizada quizás ante la Ley y también ante la Sociedad pero…, ¿y ante su propia conciencia? Ese embrión que ya es una vida, que ya tiene, incluso, forma, y también
tiene un corazoncillo que late rítmicamente en su interior. Ese embrión que se ha cuajado en su seno, porque el seno de las hembras está para eso, para engendrar, para acunar vidas. ¡Ese embrión que se ha cuajado “haciendo el amor”!
Quizás muchas personas, cuando lean este artículo, no estén de acuerdo conmigo. Yo respeto su opinión. Puede que esté desfasada y me cueste trabajo vivir y aceptar las nuevas normas de los nuevos tiempos. Que me perdonen si con mis palabras he podido herir alguna susceptibilidad, pero quisiera que esas mismas personas meditaran por un instante al menos, cuanto acabo de decir.¡Hagamos el Amor, sí, plenamente, pero aceptemos también todas las
consecuencias!

SIN LLEGAR
Jaime Suárez
México

El aborto, un asunto muy difícil de considerar. La variedad de enfoques y diversas opiniones, muchas de ellas encontradas, convierten el tema en algo escabroso e interminable. Se puede considerar desde los puntos de vista religioso, moral, social, médico, económico, etc. Aquí mencionaré sólo un poco de lo mucho que puede decirse.

          Hace muchos años, más de cuarenta, uno de mis alumnos, aficionado a la música y con alma de poeta compuso algunas canciones y las acompañaba con su guitarra, una de ellas era para la madre y, aunque ya no recuerdo sino un poco de la letra y música, no olvido que la tocaba en re menor y era muy bonita. Pero nunca olvidé una de sus composiciones porque, además de ser linda, se refería al tema tan controvertido del aborto. Alberto, ése es su nombre, tenía un tío quien era dueño de una pequeña casa grabadora y así tuvo la oportunidad de conservar su canción en un “acetato”. Conservo el disco y pude recordar toda la letra.

          Las diferentes opiniones no concuerdan: ¿en qué momento el futuro bebé tiene conciencia? ¿Cuándo comienza a sentir dolor o placer? Hay quienes consideran que ya es un ser humano desde el momento de la concepción y otros opinan que esto sucede hasta después de equis número de semanas.  Alberto, a sus dieciséis años puso en la mente del bebé en formación   descubrimientos acerca de su propio desarrollo y los pensamientos de su mamá.

          Escuchar la canción por primera vez da una idea hermosa acerca del destino feliz del nuevo ser.

De pronto sintió que vivía

          Así, de pronto los seres humanos tomamos conciencia de nuestra existencia, aunque quienes ya estamos en este mundo ignoramos en qué momento ocurre esto.

y se preguntó cuánto tardaría

         Lo mismo sucede en cuanto al tiempo, habiendo tomado conciencia, tal vez se le hace que está tardando demasiado; la mujer lleva la cuenta de los días, tal vez ilusionada o preocupada porque, dadas sus circunstancias, está pensando en la “conveniencia” de que la naturaleza siga su curso o no.
en llegar y sentirse abrazado
y besado también por esa mujer
que ahora lo llevaba adentro
y que pasado el tiempo lo habría de tener.

         La ternura y el amor son inevitables. ¿Qué sentirá la mamá cuando pueda estrechar a ese pequeño producto de sus entrañas?
Pensó en un cuarto adornado
con juguetes nuevos que le habían comprado
y también se miró corriendo
y detrás de él un hombre sonriendo
y quiso abrazar ahora
a esa linda señora que le daría el ser.

         Seguramente así lo imagina la madre, los juguetes adecuados a su edad, primero sonajas, luego peluches, triciclo, bicicleta, soldados de madera o plástico, pelotas… su papá, compañero de juegos.
Sintió que ya el tiempo pasaba
y que poco a poco su cuerpo se formaba
sintió que le salía el pelo
y que en sus manitas
se formaban los dedos
sus piernas ya tenían forma
 y su pelo ahora se tiñó de negro.

         Así, el cuerpo adquiere lentamente las características físicas y mentales que habrán de servirle para enfrentarse a la vida; gozar y sufrir, defenderse, convivir, disfrutar de la creación.
Formó en su mente la cara
que tanto soñara conocer un día
y pensó: es una mamita
tan blanca y bonita la que tendré yo
deseando que el tiempo pasara
y llegar más pronto para conocerla.

                   Sí, la mujer es bonita, blanca, tal vez morena, pero hermosa, probablemente ella desea que pase todo y el niño nazca para que se conozcan mutuamente.
Sintió que el tiempo pasaba
y que poco a poco su cuerpo se formaba
sintió que le salía el pelo
y que en sus manitas se formaban los dedos
sus piernas ya tenían forma
y su pelo ahora se tiñó de negro.

De pronto sintió algo extraño
sin saber por qué alguien le hacía daño
presintió que ya no llegaría
y que a su mamita jamás conocería
y solo se sintió tan triste
porque la señora ya no lo quería
y solo se sintió tan triste
porque la señora ya no lo quería.
Alberto Trujillo

          Y la mujer decide que el niño no debe nacer. Cierra los ojos ante una realidad que desconoce. No sabe si el niño sufrirá o será feliz, ni en qué medida habrá de ocurrir lo anterior. Ignora también lo que habría sido de su hijo si lo hubiera dejado nacer: ¿un científico?, ¿empresario?, ¿maestro?, ¿jardinero?, ¿gobernante?, ¿paladín?

          Pero toma la decisión.

          Creo que nadie tiene la última palabra acerca del aborto, sin embargo, considero que, pese a las circunstancias (violación, enfermedad congénita, pobreza extrema, u otra razón), el aborto es un asesinato.

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