ARTÍCULOS ,CRÓNICAS RELATOS CORONAVIRUS

 

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Abril 2.020  nº 30 (edición especial Coronavirus)

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AL SERVICIO DE LA PAZ Y LA CULTURA HISPANO LUSA

COLABORAN: Carlos Benítez Villodres (Málaga-España)…Lola Benitez Molina (Málaga-España)…Hugo L. Bonomo (Argentina)…Antonio Camacho Gómez (España- Argentina)…Lidia Dellacasa de Bosco (Argentina)…Adrían N. Escudero (Santa Fe. Argentina)…Eunate Goikoetxea (Alicante-España)…Jaime Hoyos Forero (Colombia)…Diana Silvia Ismael (Argentina)…Jorge B. Lobo Aragón (Tucumán-Argentina)…Elsa Lorences de Llaneza (Argentina)…Titi Otazu (Argentina)…Gustazo Páez Escobar (Colombia)…Margarita Rivarola (Argentina)…Alejandra Sotelo Federland (Argentina)…Jaime Suárez (México )…César Tamborini (León-España)

CORONAVIRUS, COVID-19
Carlos Benítez Villodres
Málaga (España)

¿Cuál es el origen del coronavirus? El número de afectados por coronavirus no deja de crecer en todo el mundo. Sin embargo, a día de hoy los científicos continúan investigando el origen de esta enfermedad o de dónde proviene.

El miedo y la incertidumbre, sumados a la ingente cantidad de información que circula estos días acerca del virus, han ido generando un caldo de cultivo propicio para la creación de suposiciones, conjeturas y teorías conspirativas. Como ya ocurrió con la epidemia del zika, hay quien piensa que puede tratarse de un arma biológica diseñada para acabar con cierto porcentaje de la población.

El objetivo, según esta teoría, sería reducir la población de ancianos o equilibrar el porcentaje entre hombres y mujeres. Hay una tercera línea que apunta a una propagación accidental del virus. Cada vez está más claro que el coronavirus es un arma biológica, creada a propósito o accidentalmente.

La creación del coronavirus pudo no ser fortuita, sino programada. ¿En qué país del orbe se creó dicho virus? Se desconoce. Evidentemente, ninguna nación lo admitirá, pero determinados países del mundo aman, por encima de todo, al dólar, raíces y frutos de todos los males que padece la humanidad Los virus del sida (Virus de Inmunodeficiencia Humana), de la gripe porcina, de la hepatitis B, de la enfermedad de las vacas locas, de del ébola-Zaire, el del ébola-Sudán y el del ébola Ivory Coast fueron creados en laboratorios. ¿Dónde crearon el coronavirus?, nos preguntamos los ciudadanos de buena voluntad del mundo.

Las causas de la aparición del coronavirus son políticas y económicas. Ambas forman un conjunto, es decir, van totalmente unidas, mezcladas.

Ante este panorama, el coronavirus fue creado en un laboratorio de un país del mundo, a fin de incrementar el crecimiento económico de dicha nación.

Pronto podrán los médicos recetar las vacunas y los tratamientos para combatir y erradicar al coronavirus, pasando este a la historia hasta que creen otro virus por los sicópatas de siempre, como causa política-económica, que, nuevamente, peligre la vida de los seres humanos. Es evidente que el orbe está en pésimas manos. Los presidentes de gobierno y sus partidarios de ciertos países del orbe son los peores virus del género humano.

Los enfermos, los portadores, los fallecidos y sus respectivos familiares están en el corazón de mi corazón. ¡Ánimo España! ¡Ánimo países del orbe, donde un sinnúmero de vuestros habitantes se hayan en las garras cruentas del coronavirus! ¡Ánimo familias! Estoy totalmente con vosotras. ¡Ánimo!

SENTIDO COMÚN, ESE BIEN TAN NECESARIO
Lola Benítez Molina
Málaga (España)

La incertidumbre es una de las peores compañías con la que tiene que vivir el ser humano. Si, además, esa incertidumbre atañe a su salud y, por consiguiente, a su bienestar, el caos, el miedo exacerbado o pánico pueden irrumpir de manera repentina, pero seamos coherentes. El sentido común, la solidaridad, la generosidad, la empatía deben ser el antídoto para tratar cualquier mal que aceche a la humanidad. En este caso, se trata del COVID-19, un oportunista sin escrúpulos, que no distingue entre clases sociales; tan solo en la genética o inmunidad de cada uno. Se ceba con los débiles y con las personas mayores que, aparte de sus achaques propios del paso del tiempo, y a los que debemos tanto, tienen que lidiar con dicho intruso. Los demás no podemos hacer caso omiso. Los jóvenes, no todos, nunca se debe generalizar, por el hecho de serlo, se creen estar por encima del mal y del bien, y no son conscientes de que todos necesitamos de todos. Los adultos somos los primeros que tenemos que dar ejemplo, y por supuesto, todos los que representan y velan por el bien de los ciudadanos.

            El sentido común debe imponerse, cuando la psicosis, que para nada sirve ni es eficaz, se hace generalizada. Igual que debemos tomar medidas como los chinos primero y los italianos después, los jóvenes deben saber escuchar a los mayores, a los que la experiencia les reporta sabiduría. Estar preparados intelectual y psicológicamente es muy importante y fundamental, con una sólida base de respeto y educación. El esfuerzo y los valores tienen su recompensa. Hay casos, como los que estamos viviendo, en la actualidad, que requieren una planificación y la colaboración de todos. Uno no puede pensar en vivir el presente y que otros les solucionen los problemas. En nuestras manos está enseñarles a amar, por su bien y por el de todos, dándoles alas, cuando se pueda, para que puedan cumplir sus sueños, unos sueños que incluyan conocimiento, generosidad y buena convivencia. Como suele decirse: “la unión hace la fuerza”. Enseñar lo contrario es contribuir al deterioro de la civilización. Nadie debería permitir el sufrimiento ajeno, sobre todo, aquel que es evitable. Generosidad implica que las personas y su dignidad están por encima de cualquier ideología o egocentrismo.

            Se trata de un tema nada prosaico. Una construcción, con sólidos pilares, se mantiene y, si tuviera emociones, éstas serían de bienestar y satisfacción. Quizá así, se contribuiría a disminuir el número de suicidios y de violencia de género. Todo es una cadena de eslabones entrelazados. En nuestras manos está que esos eslabones sean fuertes y unidos o, bien, que se rompan y genere un vacío que no es fácil llenar. Tal vez, hable egoístamente, por el bien de mi hijo y de mis seres queridos, pero no hay más que estar unidos frente a la adversidad, pero también cuando lleguen los buenos momentos y, cuando esto pase, que pasará, que nos haya servido para aprender.

            Me gusta pensar que todo ocurre por un porqué, como decía Mouriño, y tiene un sentido, aunque en el momento presente no acertemos a dilucidar el motivo.

            Refiere Antoine de Saint-Exupéry, autor de la famosa obra “El principito”, que “el fracaso fortifica a los fuertes”. Saldremos todos fortificados de esta.

            Respetarse a uno mismo y a los demás. Las divisiones no son buenas para nadie. Todos somos vulnerables. Nadie está exento del peligro, pero unidos venceremos al COVID-19, incluso al miedo, que es una de las grandes lacras que asola a la humanidad.

TU VIDA 20
Hugo L. Bonomo
Santa Fe -Argentina

Buen día para todos, pero con conciencias tranquilas. Esta navegación, y, seguramente, varias más, la haremos capitaneando nuestra nave, más solitario que nunca, y no embarcaremos tripulantes, hasta que avizoremos un puerto, en el que sea posible que desembarquemos todos juntos, como hermanos amados.

Siempre decimos que nuestro rumbo es el bien común, y seguiremos navegando contra viento, marejada y en solitario, sorteando los escollos que priorizan los intereses particulares. Pero, esta vez, estamos todos embarcados en la misma nave, con una paradoja que no da lugar a la abundante hipocresía de la gente, que solo extraña los abrazos corporales. Esta vez no podemos pensar que estar abrazados es estar juntos, porque internalizar el compromiso y la acción personal, a niveles mucho más elevados, solidarios y realmente profundos, que signifiquen amar al prójimo, como si fuese el  único alimento para que continúe la vida; es lo único que puede salvarnos de la muerte, y debería unirnos y solidarizarnos para que, por una vez, lo de cada uno, sea lo de todos; y arribemos juntos al puerto del bien común. 

Esta situación tremenda, que puede tener consecuencias fatales, requiere acciones inmediatas, de cada uno de nosotros. Ojalá que el miedo que provoca, sirva para crear solidaridad y concientización, en los imbéciles e irresponsables, enemigos del bien común, y ayude a comprender que hay muertes que no producen terror, pero pueden ser mucho más masivas, y producen mucho más muertes diarias que una peste circunstancial y visible, que permite tomar conciencia. La contaminación, o la falta de agua, puede ser más terrible que el Corona Virus, porque si desaparece el agua; desaparece la vida en el planeta. Seamos realistas, inteligentes, responsables, conscientes y evitemos muertes inmediatas y futuras; solo hace falta responsabilidad personal, honestidad y solidaridad con nuestros semejantes, con la naturaleza y que desaparezcan los estúpidos, los seudo vivos y los corruptos, de nuestro país, y de todo el mundo. Por ahora, y hasta que puedas embarcarte, en la nave de todos; tu casa es tu coraza,

PANDEMIAS: ¿QUIÉNES SON LOS RESPONSABLES?
Por ANTONIO CAMACHO GÓMEZ
Argentina

    De pandemias y endemias, las primeras son una extensión de las segundas a varios países, la historia da cuenta, desafortunadamente, en múltiples ocasiones. Siglos antes de Cristo, el Imperio Romano fue una remota víctima. Y si nos adentramos en la Edad Media, la “peste negra” acabó con la vida de millones de personas. Sin olvidar la mal llamada “gripe española”, tras la Primera Guerra Mundial, pues quienes contagiaron fueron los soldados norteamericanos que desde Kansas viajaron a Europa. España no intervino en ese conflicto bélico. Podemos citar, también, el ébola que se cobró más de un millón de vidas en África y, de paso, la denominada “peste roja” que trunchó la existencia de artistas variados. O sea, que en unos casos y en otros murieron más seres humanos que en todas las guerras planetarias. Y ahora el orbe se espanta, sin que lo económico deje de estar presente, con el Covid-19, cuyo código genético ¡vaya paradoja! se conoce, mientras se busca, desesperadamente, una vacuna. ¿Es por el número de fallecimientos? No lo creo. Perece más gente en tiempos “normales” por tuberculosis, hambre, disentería, neumonías y cánceres cualesquiera. Asusta su propagación, asusta el contagio y asusta, para los que tenemos responsabilidad y raciocinio, la estupidez de gobernantes que no tomaron oportunamente las medidas correspondientes. Sin obviar que las autoridades chinas ocultaron a la Organización Mundial de la Salud, nada menos que durante tres meses, el coronavirus surgido en Wuhan. Fusilaron a los médicos que lo denunciaron. Pero, claro, hasta que no tuvieron en las narices el fenómeno no dispusieron la emergencia indispensable. Desde Trump a Bolsonaro fueron unos irresponsables de primera. El segundo lo sigue siendo.

    A esta altura del comentario no conviene caer en lo archisabido: la problemática en Italia, España, Francia, Reino Unido y, sobre todo, los Estados Unidos como centro actual de la pandemia; en las poblaciones que lo tomaron a la ligera, y en el valor de todo el personal sanitario. Pero sí formular algunas interrogantes. ¿Ayudan de alguna forma los países ricos a los subdesarrollados o estudian auxiliarse entre ellos, cual sucede en la Unión Europea? ¿Están libres del virus Corea del Norte, Cuba o Nicaragua? ¿Cómo responden las autoridades al hacinamiento en las chabolas hispanas y en las miserables casillas de chapas viejas y cartones argentinas, donde conviven padres, abuelos, madres, niños y perros? Sólo por citar un ejemplo iberoamericano. ¿El espanto nos une? Ni descuido ni histeria.

Un poema del que suscribe reza: “¡Ay, hombre!, vas hacia Josafat y en tu vena late la musaraña”. Complejo, como la vacuna contra el coronavirus. Pero se conseguirá. ¿Cuándo? “He aquí la cuestión”, diría el Hamlet de Shakespeare.-

REGRESAR DEL EXILIO
Lidia Dellacasa de Bosco
(Argentina)

   Hubo un tiempo en que los seres humanos, descreídos de los talentos y las gracias recibidas del Cielo, relegaron a Dios y lo dejaron en el desván de sus vidas. Después, lentamente, pero sin pausa, lo fueron olvidando. Y lo confinaron a las sombras de un exilio hecho de indiferencia y desdén…

    Con arrogancia inusitada, desafiaron la obra de la Creación. Así, inventaron una especie de Olimpo postmoderno y lo poblaron de dioses y semidioses, héroes banales que exhibían con orgullo despectivo su fama prefabricada, su ambición de poder y su soberbia convertida en desprecio del otro. Así, los “otros” dejaron de ser el prójimo porque los nuevos dueños del universo no los sentían “próximos”. Paulatinamente extraviaron la caridad, la mano tendida al necesitado, la palabra justa, la comprensión, el perdón y la misericordia, la fe… Y se desataron las guerras, los atentados, los crímenes en los que los nuevos dueños del planeta exhibían su triunfalismo, sin inmutarse ante la sangre derramada. Ya no recordaban la historia. Por eso, sin saberlo quizás, fueron otra vez Caín y Abel…

   Después, sintiéndose omnipotente, el hombre se ensañó con la naturaleza pródiga de bienes que sufrió la desidia y los ataques de los que se creían emperadores de la vida en todas sus formas. Y sobrevinieron los incendios devastadores, las sequías e inundaciones, la contaminación de las aguas…, mientras la tierra clamaba inútilmente su dolor y su desamparo. Sordo al grito ancestral, el ser humano dirigió sus flechas hacia la fauna y así murieron millares de animales y muchas especies se fueron extinguiendo…

   Perdida la capacidad de reflexionar, los sentimientos nobles y los auténticos valores, aletargada su sensibilidad, la raza humana no advertía que había desatado una extraña pandemia moral y espiritual que la hundía en un abismo insondable…

   Hasta que un día, repentinamente, sobrevino lo impensado. Uno tras otro, los países del mundo fueron sorprendidos por el silencioso pero artero ataque de un virus desconocido e implacable que se posesionaba de las vidas humanas y las condenaba al pánico, el sufrimiento y la muerte. Era una invasión tan invisible como aterradora. Tinieblas y miedo sin control…

   Y entonces se produjo otro exilio: el confinamiento obligado del hombre para intentar salvarse de una extraña e inesperada pandemia que asolaba países y continentes. Un silencio estridente ganó las calles y las plazas; las playas, los paisajes antes poblados de gente que creía haber comprado su porción de felicidad inmortal.  La potencia letal del ataque se expandió en las grandes urbes y en los pequeños pueblos desolados. Y las estadísticas del horror se adueñaron de los medios de comunicación. La muerte -la misma que el hombre había convocado y perpetrado sin prejuicios ni respeto ni piedad- ahora dominaba poderosa cada rincón del planeta.

   Después del pavor y el desconcierto inicial, comenzó otro tiempo. Un despertar cada mañana con el canto recuperado de los pájaros, mirando desde la ventana el vuelo inocente de las palomas y el brillo del viento en las hojas de los árboles. Sólo salir a los patios para extasiarse con el azul del cielo, descubrir una nube viajera y emocionarse con el sol que esmaltaba las ramas más altas en cada atardecer.

   Y en este mundo nuevo, azorado por su propia impotencia ante el virus maligno, fueron regresando silenciosamente los animales que el hombre había confinado al olvido y sentenciado a muerte. Ríos y lagos recuperaron su claridad porque ya nadie arrojaba desechos en sus aguas antes despreciadas.

   Y en el aislamiento hubo tiempo para reflexionar, recordar horas felices, pensar en los seres queridos y extrañar su abrazo, hablar con el amigo, brindar ayuda al necesitado de afecto, ofrecer a distancia la mano que se había vuelto nuevamente solidaria… La lejanía impuesta se volvió comunidad de almas que sentían al unísono. Y lentamente, de manera casi imperceptible, los seres humanos elevaron la mirada hacia el Supremo Hacedor, lo rescataron del olvido y el exilio, recuperaron la capacidad de orar, pedir perdón, valorar la vida y el amor… En ese volver al Origen, cada uno recuperó el Rostro de Dios y acudió a Su Misericordia infinita para rogar por la sanación en un mundo nuevo que reinventara los antiguos valores.

   Quizás, después de este vendaval de tinieblas, de este caminar por el desierto de la angustia, hayamos reencontrado la Luz en la Resurrección del Salvador. Y seamos capaces de agradecer que Él nos conceda regresar del exilio tan temido

EL HOMBRE FRENTE A LAS LEYES CREACIONALES
Esc.Adrián N.Escudero
«¡Cosas veredes, amigo Sancho que non crederes!»
(Frase –distorsionada- advenida del Cantar del Cid).

    El hombre, sin solución de continuidad ha venido trastocando los tres Órdenes Creacionales: el Natural (O.N.), el Social (O.S.) y el Espiritual (O.E.). Esto es, atentando contra las leyes del equilibrio de Natura; atentando contra la vida, la familia y el desarrollo armónico de los pueblos; y atentando contra la Luz y su Amor beatífico (que crea, salva y sana) oponiéndole, era tras era, y con dura cerviz, el poder de las Tinieblas del pecado, del error y la ignorancia.

    En tal sentido, acudimos a los rayos maravillosos de dicha Luz, emanados el 27 de Marzo 2020 de la Bendición Papal “Urbi et Orbi” y con Jesús Divina Eucaristía, el Dios con Nosotros, y de las palabras agraciadas del santo Pastor en la Fe Católica, Apostólica, Romana, Papa Francisco. Palabras desgranadas con divina sabiduría y desde la conmovedora “Llamada de Atención” del Mesías a sus temerosos discípulos, zozobrados en una barca azotada por la tormenta (Mc 4, 35-40), o figura de nuestro mundo atribulado y de hombres asustados ante un poder tenebroso al que llaman COVID19: «¿Por qué están asustados? ¿Todavía no tienen fe?».  

   Hay gente que escribe artículos -como cercanos colegas, incluso- al modo de crónicas “periodísticas” de lo que sucede, y sobre hechos y situaciones que hemos leído y seguimos leyendo en diarios y periódicos, e incluso, viviendo a diario en esta pandemia; pero que no arriesgan a fundamentar hipotéticas causales del fenómeno. A lo sumo, solo se atreven al final de hablar de “descuidos de los políticos» ante semejante aparición y en pleno siglo XXI. Siglo donde el hombre viene pavoneándose de sus logros científicos y tecnológicos, y que de pronto se ve envuelto (al menos la gran mayoría) en una sicosis alarmante, provocada según estos informantes o comunicadores de la “realidad”, por un engendro cuya culpa procede solo e ipso facto del Orden Natural, y hasta en modo determinista si se quiere. Pero creo que las cosas que suceden en este planeta, tuvieron y tienen que ver siempre, no sólo con las adecuaciones cósmicas de la Naturaleza, sino con el mal encaminar de algunos hombres, y en funciones de conscientes administradores del caos que llevan adelante… Hipótesis que condensa a otras que le son congruentes, y que nutren el fondo de la cuestión y su ominoso carácter.

    Entiendo, modestamente, que ante la complejidad infinita de Lo Real (o de lo que la Ciencia testifica como tal), las advertencias proféticas religiosas, kármicas y astrológicas, no deben soslayarse ni ocultarse, aunque les pesen a quien como el Presidente de la Argentina afirmara hoy: “No tomar nota de lo que significa este virus y pensar que la voluntad divina nos va a salvar, vamos por mal camino” (Fte. TN-04/04/2020) (*). Es viejo y sabio el dicho que sostiene: “Ayúdate, que Dios te ayudará”. Pero no es porque se niegue al Altísimo, como al parecer lo hacen aquellas ligeras y lamentables apreciaciones anticlericales de una corriente ideológica que tiende a llamarse: “Albertismo”, sino porque lo que se afirma “realmente” en el adagio popular, es que la libertad del hombre de desear, querer e intentar o no obrar el bien y como Dios manda (Bien), depende de él mismo (**).

    ¿Casualidad o causalidad de que todo esto suceda, dramáticamente, no en cualquier época del año sino en Tiempos de Metanoia o de Cuaresma Cristiana? ¿Casualidad o causalidad de que todo esto acontezca cuando grupos financieros poderosos desconocen la gravedad del Cambio Climático, y continúan manejando sus negocios bursátiles bajo el teorema de K. Weierstrass combinado gráficamente con la teoría fractal de B. Maldelbrot, y agitando  crisis económicas, guerras, endemias y pandemias –junto al doble rostro de su Dios Jano de derecha y de izquierda, de anverso y de reverso- para regular los índices demográficos de la población mundial y en favor de sus abarrotados bolsillos? ¿O cuando impiadosos varones y mujeres pululan en el planeta, sin saber  (¿o sí?) que de esta forma colaboran con dicho juego aciago de codicia sin límite,  en tanto agitan leyes de muerte para los recién concebidos en el seno materno y pujando por trocar error en crimen (Santa Madre Teresa de Calcuta) (O.S.)? ¿O seres descentrados y desalmados siembran por doquier un insano ateísmo abogando -cual ídolos de barro- la salvación del hombre por sí mismo, a través de suspicaces, terroristas o blasfemos ideologismos corruptibles? (O.E.) ¿Casualidad o causalidad, en directa e indisimulable consecuencia, el advenimiento y reinado de este virus mortal denominado -por su forma- coronavirus (al que traducimos como «El que porta la Corona del Mal»), y que tiene en jaque a neófitos, científicos e incrédulos del mundo? 

    Decía el Señor que es el único Camino, Verdad y vida para la Vida: «El que pueda entender que entienda (… Porque) Separados de Mí, nada pueden». (Jn 15, 4-5). Es que con Él somos sarmientos y racimos de una Vida que da vida para la Vida. Y es Amor, Justicia y Paz fraterna para todos los hombres de buena voluntad, “Nos salvamos (o condenamos) en racimos”, dirá San Agustín.

    Así que, «De repente», como diría el excelso escritor colombiano Joseph Berolo Ramos, y aunque no parezca gracioso, la única ventana que podemos abrir ahora es la de la… ¡sí, globalizada, globalizante y empoderada Gran Hermana INTERNET! ¡Bingo! De hecho, pues, en sus astutas redes de araña pollito hemos caído…

    Y como no sabría acuñar una frase memorable que se sostenga en el tiempo, acudo al genio de José Ortega y Gasset, y expreso como él: «Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo». Es que si el hombre no quiere, ni Dios podrá ayudarle (**).

    A los efectos, agua y jabón, alcohol en gel, codo a codo, cuarentena y vacuna (sic, ¡ah el contradictorio mundillo y negocio de los fármacos, y las sospechosas y cercanas  advertencias de un accionista del ramo como Bill Gates…!), dicen… ¿Y a las causas? ¿Y a las otras causas, a las profundas causas que brotan del corazón humano? Alguien expresó, quizás apelando a la sensatez de lo Alto, que “las aguas más puras yacen en el fondo de un océano”… Sin embargo, en Usedom, en el fondo del Mar Báltico, yacen por ejemplo 100.000 toneladas de municiones químicas que, tarde o temprano…

    «¿Por qué están asustados? ¿Todavía no tienen fe?» (ob. cit.). Pues si la tienen…, si la tienes, entonces «Que resplandezca en tu rostro la serenidad, en tu mente la alegría y en tu boca la acción de gracias» (San Pedro Damián, Obispo y Doctor de la Iglesia). Que no hay Pascua ni Gloria sin Cuaresma ni Cruz.  Y si como afirmara el divino Maestro camino del Calvario: “No hay Amor más grande que dar la vida por los amigos”, ahí tienen a sufrientes, médicos, sanitaristas, rescatistas, sacerdotes, religiosos y hombres laicos de distintos credos y de buena voluntad, dando muestras y pruebas hoy, como ofrendas propiciatorias a la sanación de un mundo enfermo y en terapia intensiva, que a pesar de ciertos ideólogos (*), Dios (Abba, Amor Ofrenda), existe.-

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LLEVAMOS VEINTE DÍAS DE CONFINAMIENTO..
Eunate Goikoetxea
Alicante-España

Después de 20 días de confinamiento cada uno ha tenido que improvisar su propia arca de Noé, en ella hemos metido todo lo que somos, algunos navegan mares agitados, otros ríos un poco más tranquilos.Mi madre, cuando había problemas decía… » Siempre que llueve escampa » y tenía razón ..Por eso cuando pase este diluvio, que pasará ,saldremos a la superficie desde nuestras casas como salió Noé de su arca cuando por fin dejó de llover.lo que todos tendremos que hacer es reflexionar sobre el mundo que hemos construido y sobre cómo este habrá de cambiar a partir de ahora..
Sabemos perfectamente que es cierta esa presunción que teníamos todos de que no íbamos por buen camino, esa incapacidad mental para pararnos y para repararnos, esa comercialización de las sensaciones para darnos placer, ese individualismo narcisista ,ese desprecio continuado de los pequeños detalles, ese distanciamiento afectivo con los que más nos importan, ese desprecio a lo viejo porque ya no resulta útil, ese rechazo visceral para aburrirse creativamente sin ser productivos, esa riqueza tan pobre que se limita al cuanto tienes, esas ideologías trasnochadas que tanto nos enfrentan a unos con otros y esa soberbia de la vida ignorando la vulnerabilidad para la enfermedad y la muerte.
Vivimos en una especie de carrera constante que no nos permite detenernos y preguntarnos para qué corremos o en qué dirección. Ahora tenemos la oportunidad de hacer esa parada técnica, de reflexionar, de mirar hacia dentro para conectar con nosotros mismos, de conocer mejor a esa persona que nos devuelve el reflejo de los espejos.Gracias a todo esto podemos hacer una evaluación de nuestras vidas, porque al final entendemos lo que significa estar todos conectados, todos unidos y darnos la oportunidad de construir un mundo nuevo desde el principio. Porque en el fondo todos sabíamos que el mundo tenia que cambiar Llegaremos a tierra firme, siempre se llega. De nosotros depende qué mercancías se queden a bordo y cuáles desembarquen.
Ya queda menos….
Un abrazo

“Initium sapientiae timor Domini” (Prov. 1,7)

(“El temor de Dios es el principio de la sabiduría”)
Jaime Hoyos Forero

Con motivo de los muchos males que está causando el coronavirus, se dice que el mundo y el hombre van a cambiar para bien.
Yo creo en el cambio del mundo, no del hombre.El hombre sabe cambiar el mundo, pero no sabe
cambiar al hombre.

¿CÓMO PUDIERON?
Diana Silvia Ismael .
Letras del Andén
Argentina

Borrar personas del planeta, esparciendo virus? químicos?, sembrando terror y miedo que paraliza y saca lo peor del ser humano.
Inhumanos hitlers modernos, que para acrecentar su poderío; vienen planeando, urgiendo y concretando durante años, sus maquiavélicos planes.-
Los poderosos que empoderan a lideres-títeres en el mundo, prestos a recibir órdenes y que en connivencia; vaciaron de recursos el planeta, contaminaron todo lo que estaba a sus alcances y que a través de los años, con sus medicamentos minaron el cuerpo de millones de personas, con sus “falsos virus”.
Lo más lamentable e irreparable es que nos arrancaron de nuestras vidas a los seres más entrañables, hijos, padres y abuelos. Lucecitas maravillosas que llenaron de amor, ternura, cuidados, sonrisas bellas, historias, nuestras vidas.
Ellos sufrieron el dolor desgarrador en sus cuerpos y al partir, no pudieron ser despedidos por sus seres queridos y que marcharon hacía su nuevo destino…solos…sin una plegaria…sin un beso en la frente… solamente con lágrimas y llantos a la distancia.
Son los días más lóbregos para el mundo entero. El llanto no alcanza para cubrir tanto dolor.
IMPERDONABLE
Expusieron y dañaron emocionalmente, para siempre a enfermeras y a médicos al tener que decidir quién debía vivir y quién morir. Nuestros héroes en el mundo entero,
que a diario nos ofrendan sus vidas.-
IMPERDONABLE
Cómo pudieron? Intentar dañarnos emocionalmente para siempre; para poder controlarnos. Acaso ¿quieren convertirnos en esclavos ideales?
PERO :
Hay millones de personas en el mundo que saben de sus intereses, de sus intentos siniestros.
Hay millones de personas que evolucionaron espiritualmente, a las que sus garras no podrán alcanzar.
Porque no hemos de abandonar nuestra humanidad!
Ya fueron descubiertos; huyan como lo que son. Puerta.!_

AFERRARSE A LA CRUZ
Dr. Jorge B, Lobo Aragón
Tucumán -Argentina

Se viene un tiempo frío y difícil. No es que va a helar. Todavía el invierno está lejos. Pero el Corona asusta como nos angustia contemplar y rememorar la corona de espina con la que el Señor fue Crucificado. Es que la tradición dice que las heladas llegan el día de la Cruz,  el 3 de Mayo en adelante; nunca antes. Y hoy,  25 de Marzo no es el día de la Cruz. Mejor dicho, de la «Invención de la Santa Cruz», como suele figurar en los almanaques. En estos días de cuarentena y aislamiento he meditado y reflexionado sobre la cruz encontrada. Es que eso de «invención» me suena mal. Si suena mal, la cruz ya existía como forma de castigo, de condena al que mal vivia.Por eso duele más al ver que esa condena en el madero pudiera aplicarse a quien no tenía culpa.  Relacionamos la palabra invento con creación, con producto surgido de la inteligencia, con lucubración más o menos compleja producida por la mente e, incluso, lo inventado puede darnos idea de algo engañoso o falso, nada que ver con la santidad de la Cruz de Cristo.Una palabra puede cambiar su sentido según se la va aplicando y en este caso no fue un invento. Pero resulta que la palabra invento viene del latín «inventio», que es, sencillamente, hallazgo. A los hallazgos de los sabios les hemos dicho inventos y de ahí que la palabra se cargara de connotaciones ajenas a su origen; la invención de la Santa Cruz es simplemente su hallazgo, el hecho de encontrarla.Entonces estamos ante un acontecimiento que conmueve, Santa Elena se empeñó en hacerlo cristiano a su hijo Constantino, emperador de Roma. Se convirtió, sí, pero necesitó del milagro de ver en el cielo una grandiosa Cruz con el letrero «In hoc signo vinces».Cuantas veces necesitamos una señal, un acontecimiento que nos de fe que algo está confirmado. Y sucedió…y tenía que ser Elena la que con esfuerzo se fuera encaminando hacia el «HALLAZGO”. Había puesto a su hijo en manos del PADRE y Él marcaba en su destino una gloria inesperada, debía profundizar los misterios de la tierra esa que un cuerpo castigado sin piedad fuera regando su sangre para salvarnos. Sabiendo el final sin odio con una entrega solo propia del hijo de Dios. Elena también se afanó buscando en la Tierra Santa vestigios del paso del Salvador. Con trabajo, pues allí no se había conservado su memoria. El Calvario era un campo lleno de escombros. Oyó a unos viejos -o quizás no los oyó, pudo ser revelación divina- que la Cruz estaba en uno de los huecos del Santo Sepulcro. Hizo cavar y el 3 de mayo del año 326 encontró tres; las de los dos ladrones también. Las tres cruces no tenían señales que indicaran cuál era la del suplicio de Cristo.Allí estaban, eran tres. Acaso para dar más veracidad de la presencia de la Santa Cruz pudo la tierra tapar las marcas de los clavos de la crucifixión y solo mostrarse con un milagro?

Los otros dos crucificados solo estaban atados. San Macario, patriarca de Jerusalén, tocó con las tres cruces a una enferma grave: dos no produjeron efecto, y una la curó en el instante de tocarla. Seña evidente de ser la de Jesús. Santa Elena la hizo cortar en tres partes, para guardar como reliquias en las iglesias de Constantinopla, de Roma y de Jerusalén, y desde entonces se conmemora el hallazgo.Que notable respuesta le dio el cielo a Elena,a su Fe, a su búsqueda, a esa necesidad de tener la presencia de Jesús no solo como creyente de  LA PALABRA, de los hechos que marcaron un camino distinto iluminado, de amor, sino testigo del «hallazgo», tangible, venerado que compartió sin egoísmo. Como se ve, la Cruz fue encontrada en  esa fecha de Mayo que en Jerusalén corresponde a la primavera.Una primavera que significa renacimiento, nuevas raíces, renovadas esperanzas para iniciar el fortalecimiento del crecimiento en la única verdad, la del Padre. Nosotros finalizamos el verano y transitamos hacia el invierno, pero en el norte argentino, todavía sentimos los calores de la época. Es por eso que siento y entiendo, al igual que el Santo Padre, el Papa Francisco, en su visita a  la iglesia de San Marcello al Corso, donde se halla el Crucifijo milagroso, ante el avance del flagelo que se extiende sin límites ni fronteras, que es la  Cruz de Cristo, la fuente profunda de nuestra esperanza. Imploremos al Supremo al igual que hizo Santa Elena, para que en medio de la oscuridad comience a brotar algo nuevo y cese la pandemia.  Para que ante la oración a la Santa reliquia vuelva aparecer la vida, tozuda e invencible. Es tiempo  de aislarse y no  salir, es tiempo de unión y solidaridad y en poco tiempo  va a blanquear la escarcha de la salvación sobre los pastos de todo el orbe. Si es tiempo aún en la soledad del retiro abrir las ventanas dejar entrar el futuro, proponerse buscar en todo la luz, valorar lo que se nos da sin pedir, compartir la alegría, salvar con un gesto una vida y demostrar que el otro nos importa pues ese otro bien puede ser Jesús el crucificado. 

UN DOLOR UN PROPÓSITO
Elsa Lorences de Llaneza
Argentina

……Y un día salí a la calle y me encontré dentro de una película de terror. ¿Qué era esto? Me pregunté. Siempre odié esas películas. Jamás pude mirar ninguna y ahora no entendía como yo podía ser protagonista de esta.

   Me paré frente a un kiosco de diarios. Todos los titulares hablaban de lo mismo: Habían declarado una pandemia mundial por un virus muy contagioso que, iniciado en China, ya se había desparramado por casi toda Europa atacando especialmente a Italia, España y Francia y que a una velocidad inaudita ya estaba en Argentina y varios países de América.

   Era un virus para el cual no había vacunas, ni remedios para combatirlo, solo el aislamiento de todos los lugares y Argentina no quedaba exenta de ello, además de lavarnos muy bien las manos, no tocarse la cara y rezar.

   A pesar de la prohibición salí como zombi a caminar por los alrededores y el panorama era devastador. Solamente los supermercados y las farmacias permanecían abiertas, lo demás, restaurantes, bares, cines, teatros etc.etc. cerrados. Por las calles no había gente ni autos. Todos en cuarentena, tal vez con el deseo de que al pasar y ver todo cerrado el virus siguiera de largo.

   La policía en las rutas controlaban a los irrespetuosos, confundidos o asustados que salían sin hacer caso a las órdenes perentorias del Presidente, sin pensar que podían ser contagiados o ellos mismos contagiar a otros y entonces eran aprehendidos y encarcelados por miles.

   Los hospitales, sin insumos y sin camas suficientes se preparaban apresuradamente para recibir a miles de casos, armando hospitales de campaña en Clubs, terrenos prestados por instituciones, hoteles y en todos los lugares que se podía.

    De pronto siento una voz que me dice: ¿Señora a dónde va?  Miro y era un policía que me paraba: Llorando le dije: Quiero ir a la casa de mis hijos y nietas para abrazarlos y nunca más separarme de ellos. – Señora: no se puede andar por la calle, vamos a escoltarla a su domicilio, ¿Está sola?  – No, está mi esposo.  –Bueno tranquilícese, a su familia no le va a pasar nada, usted tiene que estar en su casa. – Pero, agente ¿mis nietas van a estar bien?  – Sí señora los niños son portadores, contagian pero no enferman. Mejor estar lejos de ellas.

    Mientras íbamos hacia mi casa, pasaban ambulancias, una tras de otra y médicos con escafandras blancas que parecían fantasmas. Con terror, con miedo le pedí al agente que pasara por una Iglesia. El bondadoso hombre se encogió de hombros y me paró delante de una. Bajé corriendo y corriendo llegué a la puerta y con angustia dije ¡Está Cerrada! ¿Dónde vamos a festejar la Pascua?  Con paciencia el policía me dijo: – Lo lamento Señora, este año no habrá Pascua en ningún lugar de la tierra.

¡Oh no, Señor! ¡También nos separaron de Tí!  ¡Cuánto nos castigas Dios y tienes razón. El hombre se ha vuelto malo, vive solo para él ¡A dejado de quererte Señor! Solo vive para matar y hacer dinero. ¡Oh Dios perdónanos! y caí de rodillas llorando desconsoladamente.

    En ese momento una mano tomó mi hombro y sacudiéndome me decía:  Abuela, abuela , que te pasa  ¿Por qué lloras?

    Desperté sobresaltada. Me senté en la cama y abracé a mi nieta con todas las fuerzas de mi alma. Todo no era más que un sueño. Una horrorosa y espantosa pesadilla y el abrazo de mi nieta me volvió a la realidad.

   .Así debería terminar mi sueño para que tuviera un final feliz, pero no, lamentablemente no, porque se ha convertido en una cruda realidad..

Quizá la sociedad necesitaba una sacudida asi, para darnos cuenta de que a nivel individual no somos nada, y solo unidos podemos superarlo  ¿Cómo afectará a la sociedad todo esto? ¿Realmente cambiaremos para el bien de la humanidad o seguiremos siendo los mismos? Oremos para que todo esto nos haga ser mejores personas .

EL REY DE LOS VIRUS
Ángel Media
Málaga-España                                                                

Por analogía. Esta pandemia con pretensión de realeza, “coronando” la testa del hombre, viene a mostrar su debilidad. La naturaleza es siempre más fuerte y nos hace entender de los límites y la fragilidad del saber humano.

Anverso.

Es cierto que- también en otros países- no se tomaron en España las medidas necesarias y se permitieron llegadas de fuera, desplazamientos de masas, manifestaciones internas y concentraciones, etc., que, si se hubieran prevenido, en buena medida hubiesen evitado parte de la propagación del virus. Sobreabunda la información, facilitando la psicosis de una parte de la población. Es necesario ordenarla sin que sea en exceso agobiante. De lo contrario creará un caos añadido. Todo va a pasar. Por eso, precaución, sí, y mantener el ánimo, también. Es momento de mantenernos todos unidos para vencer.

Dice el viejo axioma: “Las cosas son como son”. Y es cierto. Una vez andado el camino, no puede descorrerse. Ha de aceptarse y extraerse las consecuencias. De eso no, es ahora el momento.

Reverso.

La solidaridad humana que está mostrando la sociedad, y sobre todo la lucha silenciosa pero titánica de colectivos, tanto sanitarios como aquellos otros que con su esfuerzo están contribuyendo a ayudar en la crisis. Llegado el momento, aflora lo humano que todos llevamos dentro, más allá de siglas e ideas, aportando un granito para el bien común.

Esta crisis viene a demostrar varias cosas. Una, la limitación humana. El mismo hombre que ha conseguido desintegrar el átomo – que no siempre ha sabido utilizar adecuadamente-, apoyado en la ciencia por él recorrida, experimenta la suficiencia. Cree poderlo todo y sin embargo la vida le hace aprender de su contingencia. Esto es, que es limitado. Necesitado. Y la situación actual es una prueba de ello. Tal vez, siguiendo a Ionesco, aquel bufón inteligente del teatro, dramaturgo y autor de lo absurdo, podríamos, recordando sus palabras, decir que caminamos por la vida en una colosal rueda, con las manos colocadas en el hombro del que nos antecede y la mirada aplastada contra el suelo, sin atrevernos a levantarla hacia arriba, en busca de una respuesta que no sabemos hallar por nosotros mismos aquí abajo

No debe haber desánimos. Esta crisis pasará. Juntos la venceremos. Más, dejemos flotar una pregunta… Y después, ¿qué?  La sociedad habrá de recuperarse económicamente de esta sangría de inactividad. Pero, ¿habrán de seguir los más desfavorecidos sometidos a tanta desigualdad como hay, o sociedad y poderes públicos habrán entendido de la fragilidad de la vida y que para la construcción de una sociedad mejor hay que pensar también en ellos?

Retomando a Ionesco. Levantar la mirada. Para cambiar el mundo ha de cambiar el hombre. El absolutismo del ego. El hombre es un proyecto y para serlo solo le queda un recurso. Salir de su propio encierro. No es ahora el momento de grandes explicaciones, pero cada cual puede entenderlo por sí mismo si quiere. Basta acceder al salmo 27-8/9 y cotejarlo con el pasaje de Jn 4,10. Lo de lo alto coincide con lo de abajo. El horizonte donde viene a juntarse el cielo con el mar. Y en medio, el hombre.

HUMILDE QUIETUD
Titi Otazu
Letras del Andén
Villa Mercedes (Argentina)

De pronto mi mundo se convirtió en una pieza de cuatro por cuatro. Solo dieciséis metros cuadrados y el mundo fue mío.
Una habitación pintada de azul. Una mesa llena de libros, una pequeña ventana que da al este, un sillón en un rincón donde duerme mi gata Lulú. En la puerta una llave colgando. Solo eso me bastó para ver cómo se limpiaba el cielo y volvían a cruzarlo pájaros, que en bandadas se detenían de pronto y como con alegría revoloteaban y seguían su marcha. Escuché el silencio de una ciudad loca de ruidos.
Nada de gritos. Un sano silencio me rodeó y pude ver los ríos del mundo recomponer su pureza, poblarse de peces, mientras las primeras flores del otoño argentino dejaban escapar su perfume sutil. Las fábricas habían cerrado sus puertas. La gente estaba en su casa. Algo insólito estaba ocurriendo.
Un látigo divino había castigado a la humanidad y obligado a los hombres, aun los más poderosos debieron vestir la humilde concesión a la arrogancia. Bíblico, dijo alguien. Fin del mundo dijeron otros. Y todas las oraciones, de todas las creencias retumbaron en mi cuarto, donde solitaria rezaba el rosario. Reyes, jerarcas,, portentosos personajes del mundo tuvieron que esconderse de una peste silenciosa y malvada, que puso de rodillas a los pueblos. Y en cuatro paredes como las mías, se encontraron las familias. Se llamaron los amigos. Se prometieron un encuentro. Se dijeron, te quiero.
Esto me hizo pensar en la inmensidad del planeta, en la fuerza de la naturaleza que tuvo una sanación con la quietud de los humanos, que recibieron el mandato de quedarse quietos, haciendo de sus casas un convento de clausura.
Ante la grandiosidad del universo, depongo mi orgullo y mi soberbia y me uno al silencio de los pueblos, en mi cuarto de cuatro por cuatro, de paredes azules.

EL REINADO DEL SILENCIO
Por: Gustavo Páez Escobar
Colombia

En el principio del coronavirus –cuyo primer caso fue detectado el mes de diciembre en Wuhan (China)–, nadie pensaba que el mal se extendería por todos los continentes,  excepto la Antártica (en total, 185 países). Hoy las personas contagiadas pasan de 400.000, y las muertas, de 17.000.   

La progresión crece a ritmo vertiginoso y se acentuará en los próximos meses, de acuerdo con el cálculo de los científicos. Veamos estas cifras: la pandemia tardó 67 días en llegar a los 100.000 contagiados, 11 más para alcanzar los 200.000 y solo 4 días después llegaba a 300.000.

Algunas pandemias han dejado millones de muertes en el mundo, entre ellas la peste negra, en el siglo XIV; la viruela, en el siglo XVI; la gripe española, a principios del siglo XX; el sida, a finales del siglo XX. En cuanto al coronavirus, lo peor está por llegar. Pero no hay que dejarse manejar por el pánico. Mantener la calma es la mejor fórmula para enfrentar uno de los mayores desafíos que recibe la humanidad. Y luego, practicar con rigor los sistemas preventivos diseñados para todo el planeta, y que en Colombia se están ejecutando con medidas severas como la cuarentena nacional.

En Colombia, hasta el momento de escribir esta nota, se contabilizan 378 contagiados y 3 muertos. Esto contrasta con otras latitudes en las que los resultados son alarmantes. Los países más infectados son China (con 82.000 casos), Italia (con 69.000), Estados Unidos (con 52.000), España (con 46.000). Del número total de infectados, 100.000 han sido sanados.

Para tener mejor perspectiva del fenómeno, debe observarse la densidad de población: China tiene 1.400 millones de habitantes; Estados Unidos, 320 millones, y Colombia, 50 millones. Otro dato destacable está en China, al mostrar, a raíz de la rígida disciplina  que allí se cumple, una línea en descenso frente a la aparición de nuevos infectados.

El coronavirus es un llamado a la conciencia universal para que reflexione sobre el mal comportamiento de la humanidad respecto a las reglas de la convivencia, pervertidas en buena parte del planeta, y que se reflejan en la tiranía de los gobiernos, la corrupción pública, la guerra entre naciones, la guerra entre hermanos, los abusos de los poderosos, la crueldad contra los desvalidos, el atropello contra la naturaleza. El mundo está descarriado.

En estos días de aislamiento, apreciaremos lo que tenemos y no podemos disfrutar. Sabremos valorar el sentido de la vida, de la libertad, de la salud, de la solidaridad, de las cosas sencillas. Aprenderemos que todos somos perecederos.

El silencio de las horas y la densidad de las noches dirá que nuestra conducta social y familiar tal vez va por mal camino y que debemos salvar los valores fundamentales. A políticos y gobernantes los llamará al orden para que sepan buscar las soluciones que necesita el pueblo, en lugar de asaltar los bienes del Estado para su propio beneficio.

El coronavirus es un golpe en la conciencia. Después, todo será distinto. Colombia será otra. El mundo cambiará. Muchas cosas se irán al suelo y habrá que reconstruirlas. “Si la humanidad no aprende de esto, no tiene futuro”, dice el siquiatra Rodrigo Córdoba. Oigamos las palabras del profeta Isaías: “Anda, pueblo mío, entra en tu casa y cierra las puertas detrás de ti. Escóndete un poco hasta que pase la ira del Señor”.

SONIDOS DEL SILENCIO
Margarita Rivarola
Argentina

La tierra nos está hablando, a su forma.
Hoy lo hace con nosotros sobre ella, no hubo una lluvia ácida y que todo casi desaparezca para volver a empezar,
para volver a cero, seguimos; borrón y cuenta nueva todos, cada uno desde su lugar desde lo que puede aportar poniendo el 100%. Nos cuesta el silencio, nos cuesta estar adentro. Es momento de escuchar, estar en casa, en nosotros mismos, en nuestro interior y nos cuesta, estamos buscando miles de cosas para hacer todo el tiempo y a cada rato y lo que hoy tenemos a mano es el silencio, la oportunidad de escucharnos de ir ahí donde está nuestro niño interior, la fuente, el que sabe.
Tanto repetimos «No tengo tiempo» que hoy nos llegó todo ese tiempo que pedimos, «ojo con lo que deseas» ya lo escuchamos varios veces, hasta vimos esa película donde el diablo le cumple tal cual los deseo pedidos al actor y siempre no era así lo que él quería.
Pedimos tiempo y lo tenemos de esta forma, es nuestro deseo cumplido aprovechemos, dejemos de matar el tiempo, multipliquemoslo. Seamos el cambio que queremos ver. El día que las restricciones se levanten ¿Vamos a vestirnos y salir a trabajar iguales? ¿Con los mismos zapatos, las mismas ideas? ¿Los mismos que llegamos a que los canales de Venecia sean lo que eran? ¿Solo estamos esperando que se levanté la cuarentena?
Nosotros podemos, tenemos las herramientas, somos la tierra. Juntos podemos, lo estamos demostrando. ¿Qué es lo que realmente quiero?
Hoy tenemos tiempo, vayamos realmente adentro, adentro, escuchemos, salgamos a encontrarnos siendo personas sabías.

EL COSTO DE LAS MENTIRAS.
Alejandra Sotelo Faderland

¿Cuál es el costo de una mentira? Valery Legásov.

¡Doctora Fen?Tiene  que ver esto- fue la breve información que recibió con un tono de preocupación y urgencia. ¿Qué podía ser tan importante para que la llamaran y se lo pidieran así, crípticamente? Aunque en un país donde la censura borraba al instante palabras como “democracia” en Wechat y Weibo –los equivalentes del wattsapp y el twitter en el país- ¿qué podía ser algo que un técnico quisiera decirle en persona? La directora del servicio de urgencias del hospital aprovechó para distenderse, pensando en la comida con que la esperaba su esposo y su hijo.  Sin embargo los sabores y risas pasaron a segundo plano cuando vio los resultados y  una muestra; el técnico estaba más pálido que frente a los esbirros del Partido. Bella bajo la dura luz fluorescente, vio como  la estudio cuidadosamente y concordó con el técnico. Para sorpresa de él,  la doctora tomó su  celular, fotografió  esta y la envió a un viejo compañero de estudios, junto con el diagnóstico: SARS – Coronavirus.

Hacía frío, gran parte del mundo Occidental se preparaba a despedir al viejo año que terminaba, había luces de colores, muñecos de nieve, melodías de alegría, campanillas doradas sonando, y doce uvas preparándose en copas para brindar: allí era un día más y la nieve  parecía un pavimento blanco en la costa del rio Hankou. El  profesor Xu Zhangru estaba  con algunos amigos mirando la costa desde el piso de uno de ellos  en una cena cuando recibió el mensaje. No puede ser, dijo en un susurro, regresó. No puede ser, repitió como una letanía y el frio en los huesos como si toda la nieve hubiera ocupado el lugar de su esqueleto.

Dejó  su puesto y salió de recorrida por el hospital, en realidad pasando revista mentalmente a  los sectores que serían clave. La provisión de material de seguridad y protección era alarmantemente escasa, por el camino iba rellenando formularios pidiendo más. Alguien preguntó si pasaba algo. Lo de siempre, el festejo del año occidental dejaría a muchos beodos tomando frío que vendrían con gripe o neumonía, y de paso tener stock. Algo debía decir. Entonces no es urgente. Es urgente, explicó con firmeza,  año nuevo de Occidente es hoy, remarcó. Los de abastecimientos dejaron el pedido de forma normal, demasiados nervios por algunos borrachines que festejaban cualquier fecha, mientras informaba al profesor del estado en que se encontraba el Hospital Central.

La sanción dura, llegó poco después por esparcir falsos rumores y dañar la estabilidad de la sociedad, ya que había compartido otras fotos.

-No puede compartir supuestos diagnósticos, ni informar a otros médicos. ¿Conoce el pánico que puede causar? No importa sus intenciones, no puede dar ninguna información a otros médicos,  de ninguna manera- fue la orden abrupta de los jefes del Comité de Salud de la ciudad en un tono que sonaba a orden militar más que médica, y que no entendían razones del peligro. Solo importaba que no se conociera ni se brindara información, el tono de amenaza en que podía pasarle algo desde perder no solo su trabajo sino su matrícula de médica y algo más era latente; aceptó como Galileo, vaya a saber porque pensó en él, cuando firmó y se quedaron sin entender su “epursi muove”.  Salió del despacho y  en su camino viendo sin ver, se cruzó con el joven, simpático, responsable no tenía nada que ver con urgencias ni epidemiología pero era conocido por su amabilidad; dejo caer el teléfono y al recogerlo abrió la imagen con la foto y se la mostro unos segundos. Tenga cuidado, Dr. Xinpiang le pidió como si se refiriera al caminar pero él  entendió.

Se quedó a la espera, si bien su especialidad –oftalmología- hacía difícil que viera un caso, sabía los efectos desbastadores que había tenido el SARS, pero esta vez las cosas se aceleraron, muy pronto siete pacientes suyos terminaron sin anteojos y en terapia intensiva. Li Xinpiang compartió   no dudó y hablo con sus colegas, en total junto con la Jefa de Emergencias,   siete médicos, evaluaron escenarios, insumos y la peligrosidad del agente patógeno, pero sobre todo no alertar a la población. Dejó por escrito sus dudas, su disconformidad con la falta crítica de insumos, la desprotección total con que se enfrentaban a cada caso. Los muertos ni siquiera se  comprobaba la causa de su muerte, el aparato del gobierno se encargaba ya de esto, se quejó por el cambio de causa de muerte de una enfermera, una chica con la que solía tomar algo en la cafetería, supuestamente muerta por una septicemia en vez de infección pulmonar grave y un paciente o dos. O varios, quien podía saber ya.

La cita en la sede policial no era por una multa, se enfrentaba a los cargos de  perturbar el orden público con información falsa y tergiversada, donde después de una sesión de apremios desde palabra, a golpes, firmó su compromiso  a no compartir más información con una escueta palabra: comprendido, sin importarle su imagen denigrada a “los ocho chismosos”.  A veces la vida nos hace hablar de formas extrañas, dijo a ellos, mientras los enfermos seguían llegando. Llegaban de a cientos, los medios faltaban, la doctora insistía en su planilla ante la cantidad de gente que llegaba y hasta se lo tomaban a broma. Ahí estaban los borrachines de año nuevo y la gripe que se pescaron contagiando a otros, aunque ya excedía a eso. Se dijo que el mercado de pescado era el centro de propagación de la gripe y se lo cerró,  pero  los chismosos no podían decir públicamente la forma de transmisión del virus. Las autoridades el hospital, del Comité y del Partido, esta máquina de triturar voluntades los seguían de cerca.

La señora era una de esas mujeres más que plácidas, que parecían tener su propio peso como si estuvieran clavadas a la tierra, poco objetiva, más preocupada por su glaucoma que por lo que sucediera en el mundo o a su alrededor así fueran dos pasos más allá;  no tenía fiebre como pudo sentir al colocarle las gotas,  ni otro síntoma ni una leve carraspera; más le costaba mover su masa desde la silla hasta la puerta del consultorio para poder decir que el día había acabado, que había comprado otra alborada en medio del huracán.  Antes de irse  dejó prendidos a su ropa de trabajo básica, a su piel, a inhalar, a ser parte suya, al virus que no podía nombrar;  dos semanas después  que no podía decirlo en palabras, caracteres ni forma alguna lo gritaría su cuerpo.  La reprendida doctora Fen lo recibió en Urgencias,  vio su internación  y como el joven oftalmólogo   se hizo tomar una foto en la cama del hospital, con las sabanas rayadas  cual uniforme de presidiario con  la mascarilla de oxígeno y los ojos abiertos de par en par de quien sabe que pronto tendrá todas las respuestas. Quizás tuvo todas esas respuestas que buscaba  6 de febrero cuando la muerte del chismoso causo una ola de indignación en la ciudad que veía algo muy distinto a lo habitual y se hartaban de las directivas del gobierno de callar y callar.

 Su muerte fue el disparador, uno más para el profesor Xangrú –quien recibiera la foto del diagnóstico- empezara a hablar de este, a escribir artículos y por supuesto recibir sanciones.  Más que estas, ser seguido día y noche; pero nada detuvo sus manos sobre el teclado y escribió una nota incendiaria sobre el pésimo manejo de la crisis, la podredumbre del gobierno central donde todo se escondía bajo la alfombra y hasta predijo su próximo castigo. Su ensayo seria la última cosa que escribiera, profetizó.

¿Cuál es el precio de una mentira?  ¿Cuál es el precio a pagar por ser cómplice? Y lo más importante ¿podía ella serlo? La directora a quien nadie escuchaba decidió ser escuchada y concedió una entrevista a una revista digital; el equivalente de People en China, que duró apenas un día en línea. Para burlar la férrea censura, la gente recurrió de nuevo al estrafalario  Klingon de los fans de la serie astronáutica, a los caracteres álficos de otra lucha épica, al braille y hasta el código morse para difundir el mensaje de  la mujer más que la médica y su confesión, el terrible peso de saber algo que cambiaría para siempre la vida, la cortaría, el destino de miles de personas, de sus familias sin saber dónde se detendría el contagio. Se culpaba de no haber podido hablar más con las autoridades, que la entendieran, la dura pared que se había dado que no entendía razones solo dar una imagen aséptica del caos, felicitaciones por el manejo de la situación, como de la nada surgía un hospital nuevo, pero eran incapaces de entender un mecanismo de transmisión y haber evitado tantas tragedias. Nada, afirmaba, ni en nombre de su hijo –había advertido a su esposo que quizás pronto seria viudo- podía hacerla callar. Leyó la nota, la vio desaparecer, vio las réplicas en extraños caracteres,  esperó.

La Dra. Ai Fen y el profesor Xu Zhangrun, desaparecieron. Quizás los emboscaron en alguna calle, en el pasillo de un hospital, o en las nuevas cajas verticales en las que se empezaba a encerrar a algunos pacientes: como Li Xinpiang, hablaron con su silencio. Del profesor Zhangrun, borraron hasta sus cuentas en las redes sociales como si nunca hubiera existido y llamarlo a su móvil es llamar a un número que nadie puede ubicar. Esto  llevó  todas las miradas hacia el poder central. Quizás por eso las cuentas de Ai Fen quedaron abiertas, con una  última publicación que es un doble mensaje, una foto de ella con su guardapolvo blanco en un pasillo del hospital  y una amenaza, el lugar de su destino final o su epitafio virtual: “un rio, un puente, una carretera, una campana»

CORONAVIRUS
Por Jaime Suárez
(México)

               Esta sola palabra despierta muchos pensamientos y sentimientos. Las múltiples fuentes de información generan incertidumbre; cifras pesimistas anuncian, sin verdaderos fundamentos, el fin de la humanidad o casi. Hay quienes minimizan la gravedad y efectos de la pandemia recomendando que sigamos nuestra vida cotidiana, sin preocuparnos más. Lo mismo hacen autoridades políticas y médicas, clausuran la vida pública o “rasuran” las cifras de contagiados y muertos.

               Hay tanto que decir respecto al tema, que no alcanzarán libros, periódicos, películas ni revistas para agotar el tema.

               Por lo tanto, voy a referirme al asunto desde el punto de vista de las consecuencias actuales y a las esperadas, más allá de la medicina, la política y la economía.

               Ayer escuchaba a una comunicadora opinar que esta pandemia va a sacar lo mejor y lo peor de nosotros mismos. Estoy de acuerdo con ella.

               En México se ha desatado una ola de asaltos a tiendas de servicio; cualquiera pensaría que la desesperación de la gente los obligó a robar para subsistir, pero no, no robaron alimentos, sino pantallas, tabletas, celulares… Aprovechan la parálisis de las autoridades las cuales, sin saber qué hacer, se dedican a hacer declaraciones, algunas objetivas y otras francamente absurdas. Hubo algunos detenidos, varios fueron ya liberados por que son menores de edad, o sea que, si eres adolescente, tienes derecho a delinquir, pues la autoridad no va a castigarte. Algunos de estos ladrones lo son de oficio, pero otros aprovechan el caos para dejar que se manifiesten sus inclinaciones cleptómanas.

               Hay despidos en fábricas y empresas, los dueños del capital no quieren perder ni un peso y con toda tranquilidad se deshacen de empleados que, dadas las circunstancias, no son productivos.

               Algunos inconscientes compran alimentos en exceso, acaparan comida que no podrán utilizar y se les echará a perder; y quienes viven al día no pueden adquirir reservas para el futuro próximo.

               Por las calles se ven personas que llevan de la mano a sus hijos, están paseando y ponen en riesgo la salud de sus pequeños y la suya propia. Conozco personas que salen de sus casas para atender asuntos que no son vitales.

               Muchos, muchísimos, siguen trabajando ante la imperiosa necesidad de llevar el sustento a sus casas, pero hay poca demanda para la venta de alimentos, flores, bolsas, etc. en las calles. ¿Y los indigentes? Ya de por sí viven en el abandono y ahora, menos que nunca habrá quienes se conduelan de su necesidad.

               Hay comerciantes que aprovechan la situación para aumentar los precios de sus productos. Antes de la contingencia busqué tapabocas, no encontré en ningún sitio, pero alguien de mi familia que requiere de ellos para realizar sus actividades médicas me comentó que los que antes costaban 50 centavos (al mayoreo), ya estaban a nueve pesos cada uno.

               Pero por supuesto que hay mucho de bueno.

               En primer lugar, es notorio que los seres humanos sentimos de manera más intensa la necesidad de buscar consuelo y ayuda en Dios. Proliferan mensajes, plegarias, peticiones de perdón, búsqueda de actividades religiosas, aunque sea por medio de las redes.

               No dudo de que en muchas familias la preocupación ha ayudado para reflexionar y restaurar las relaciones sanas: perdonar y pedir perdón, ser menos severos en nuestros juicios acerca de los errores ajenos; darnos cuenta de que nosotros tenemos también grandes fallas y que con frecuencia ofendemos a nuestros semejantes.

               Se incrementa la solidaridad. Por ejemplo, leí un anuncio dirigido a personas de la tercera edad: “¿Necesita ayuda? ¿Qué alguien vaya a la farmacia por sus medicamentos o al mercado por alimentos? Ponga un trapo rojo en su ventana y acudiré su llamado para darle apoyo”.

               Existen empresarios que seguirán pagando a sus empleados, aunque no haya manera de que trabajen a causa de las restricciones.

               Abundan los mensajes en los cuales se hace notar que la naturaleza está descansando, las aguas se purifican, los animales ocupan espacios que les fueron usurpados, el aire es más puro. Y resurge la pregunta: ¿vale la pena el avance científico y tecnológico que nos proporciona tantas comodidades, a cambio de la destrucción acelerada del planeta?

               Creo que no ha pasado lo peor y los malintencionados seguirán manifestando sus inclinaciones perversas, pero, como sucede cuando hay tragedias, miles de personas que aman a su prójimo darán ayuda económica, espiritual, emocional, etc.

               Sólo espero que, cuando pase la pandemia, el género humano recuerde que no nada más en tiempos difíciles debemos preocuparnos por los demás; siempre hay necesitados, pobres, enfermos, solitarios. Es preciso conservar el espíritu de solidaridad que está surgiendo en estos tiempos tan difíciles, y los que están actuando mal… ya recibirán su pago. 

CORONAVIRUS ¡Quédate en casa!
César J. Tamborini Duca
León _España

La cuestión es la solidaridad. Estamos viviendo momentos excepcionales de mucha gravedad y es fundamental tener en cuenta esta situación para no caer en la tentación de buscar chivos expiatorios a través del enfrentamiento y la división con el aprovechamiento político que ello implica.
Debemos pensar que los gobernantes en sus respectivos países actúan conforme (o por lo menos con la intención) a la necesidad de poner freno a esta pandemia y debemos poner el hombro con nuestras actitudes solidarias, que en este momento puntual de la crisis consiste en cumplir a rajatabla con las medidas adoptadas (nos gusten o no), porque las mismas no están respaldadas por intenciones políticas, sino por el consejo de los expertos en epidemiología, virología, etc. Y por organismos competentes como la OMS (Organización Mundial de la Salud).
No vale entonces el aprovechamiento político de la situación para acarrear agua para su molino a través del enfrentamiento, cosa que pretendió hace pocos días atrás el líder de uno de los partidos de la oposición al gobierno español, siendo sus palabras puestas en tela de juicio por el discurso positivo de uno de sus subordinados; en este aspecto, hay que señalar que la actitud de los políticos españoles –salvo alguna excepción que siempre las hay- es ejemplar en su apoyo a las medidas del gobierno.
Hubo otro intento protagonizado por un famoso escritor achacando la culpa a China por el hecho de ser un país comunista (creo que él solo, con su actitud xenófoba, se desacredita), opinión escrita en un prestigioso periódico español. Personalmente creo que el trabajo realizado por China fue ejemplar, además de felicitar su solidaridad.
Mucho cuidado con las redes sociales, los bulos y las intenciones ocultas para fomentar divisiones: la semana pasada apareció en Facebook la frase del dirigente de un partido opositor al que gobierna Argentina, dando su apoyo a las medidas tomadas para frenar la propagación del virus –lo cual es plausible y no debe ponerse en tela de juicio-; sin embargo la intención de los internautas que presentaron esa frase era, indudablemente, que se “cliqueara” me gusta o no me gusta (se desprende que con el intento de demostrar que las medidas no eran correctas). Desechemos todo lo perjudicial porque la situación es muy grave. ¿Y la solidaridad en el futuro? indudablemente se perderán muchísimos empleos, y una manera de paliar este descalabro social sería aceptar lo que propician muchos economistas: jornadas de trabajo de 4 días a la semana y reducción horaria para poder compartir puestos de trabajo, aunque el sueldo sea menor. Por supuesto serán necesarias otras medidas complementarias, como reducción en el coste de los
servicios públicos (electricidad, telefonía, gas…), reparto equitativo de la presión impositiva, y un largo etc. que para eso están los expertos y no seré yo quien dicte cátedra a pesar de mi atrevimiento anterior, solo dictado por el sentido común.
Si todos viajaremos en el mismo carro ¿por qué unos quieren ir en el pescante, dejando que otros hagan el esfuerzo para tirar del mismo?

6 comentarios en “ARTÍCULOS ,CRÓNICAS RELATOS CORONAVIRUS”

  1. Felicitaciones a todos y cada uno de los escritores por volcar en valiosos textos sus impresiones y reflexiones acerca de este horroroso virus que logrará un cambio profundo, en todos los aspectos, en las relaciones entre los hombres y las naciones.

    Un abrazo fraterno

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  2. Regresar del exilio. Lidia, si este texto se hubiera publicado hace un año, cualquiera pensaría que era un cuento de ciencia ficción. También puede ser leído en el futuro como un fragmento de nuestra historia. Lo mejor de todo es la reflexión última: Pidamos protección a Dios en el nombre de Jesucristo, Nuestro Salvador.

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  3. Magníficos enfoques y análisis de todos los escritores. ¿Cómo pudieron intentar ocultar algo solo por mostrar una buena imagen y no perturbar las ganancias económicas? Como todos los sucesos que han sacudido parado al mundo, desde la prehistoria a hoy, parece que sigue presente la voz de un médico musulmán en Al-Andalus que recomienda: hervir el agua, limpiar todo a diario, lavarse las manos, orar….
    Y todos, queremos creer que de esta, por haber sido tan rápida y contundente para el orbe entero, queremos creer que saldremos distintos de lo que entramos en este túnel, que no habrá más quienes lucren con el hambre y el dolor, que quienes menos tienen sean considerados como los que realmente aportan el musculo para que el mundo se mueva, que cambiaremos.
    Aunque cuando veo como terminaron los otros golpes que se dio la humanidad; dudo. ¿Habremos aprendido esta vez? y la mirada en libro cae en el párrado en donde las letras de molde informan que el fin de la Peste Negra se festejó con orgias, en plena Edad Media….

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  4. Não estamos aqui por acaso… a mesma força que leva 18 bons escritores a escrever sobre esse tema que nos
    tomou de surpresa, é também a força que nos encoraja a seguir nessa luta de prevenção , contenção e agradecer,
    por estarmos aqui, unidos e distantes…sentido amor , todos por um e um por todos desejando que possamos
    encontrar o caminho para retornar a um mundo renovado para um recomeço! Obrigada à todos!

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