ANTONIO CAMACHO


Queridos amigos os presentamos a Antonio Camacho; un gran escritor almeriense, residente en Argentina ;
mi agradecimiento a nuestro colaborador  Adrián Néstor Escudero por el arduo trabajo que ha realizado para esta extensa biografía…

 

ANTONIO CAMACHO GÓMEZ

RESEÑA VITAL Y AUTORAL

(Datos para una aproximación a su perfil biográfico

Por Adrián N. Escudero (Santa Fe, Argentina) 

 “El Flamenco es algo que nos llega al alma y que nos hace llorar´ – Agustín Sabina

Amigos en las letras: visto la gran amistad y admiración -por su persona y obra-, que me une al querido maestro ANTONIO CAMACHO GÓMEZ (periodista, escritor, ensayista, narrador, poeta, conferencista, recitador, autor y actor teatral, y crítico de arte; y sobre todo, excelente amigo), me atrevo a difundir esta aproximación o semblanza preliminar de su perfil biográfico o, más bien, de su perfil curricular artístico. Ello, motivado por el lanzamiento que se efectuara, el pasado año (viernes 12 de diciembre de 2014), en las instalaciones del Centro Español (Santa Fe) –con el auspicio de las entidades culturales de nuestro medio: ver apéndice II – gacetilla adjunta al final de este trabajo-, de su CD: «CON DUENDE ANDALUZ», y en el contexto de un espectáculo de real jerarquía motivado por el cante y baile andaluz (flamenco), con bailaores y músicos de renombrada trayectoria en esa materia en nuestro medio, y de reconocida trayectoria a nivel nacional e internacional

EN OFF – Dice Teresa Suárez, en nombre del Centro Andaluz Santa Fe de la Vera Cruz (Argentina): “Antonio es más que un poeta: es un artista completo, un personaje ecléctico. Prosista, periodista, actor, pero, sobre todo, sensible andaluz…”.

Siguiendo un lineamiento cronológico-temático (y en lo posible), comencemos diciendo que este singular español afincado en nuestra ciudad, nació un 28 de diciembre de 1930 en Roquetas de Mar, provincia de Almería (región de Andalucía). Es decir, cuenta a la fecha con 84 joviales años, y continúa desarrollando su labor con encomiable e inteligente enjundia, y manifiesta responsabilidad.

En un artículo publicado en el diario vernáculo El Litoral, Camacho Gómez relata, con indisimulable orgullo por su terruño andaluz: “Me crié cerca de la Plaza de Toros. Jugué frente a la ´Entrada de Toreros´, cuya pared estaba limitada por la ´Huerta de Frasquita´, sobre cuya tapia sobresalían esbeltas palmeras, en un espacio ocupado hoy por construcciones de departamentos. Todo tenía un aire diferente. Como los paseos domingueros hasta ´el morro´, entrada de nuestro puerto, que parecía una romería, sin prohibición para recorrer los muelles y observar los grandes navíos o, en la feria, disfrutar de tantas atracciones en sus cercanías. Puerto y parque eran un conjunto disfrutable, de particular interés para el estudiantado. // Para mí era la ´Almería dorada´ de que habla Manuel Machado…”.  

“… habiendo dejado Roquetas, su patria chica (a la edad de diecinueve años), decoró su casa argentina como una Almería en pequeño, ¡tanta es su nostalgia! Desde estas tierras recordó a Celia, su maestra, por ser deudor de gusto lírico. Evocó el Siglo de Oro Español retratando a Quevedo y ponderando la osadía de este escritor crítico de la corte.

Por lo demás, y entre sus confesiones, sabemos que cursó estudios de bachillerato en  el Instituto de Enseñanza Media de Almería, en donde conoció y fue condiscípulo de MANUEL GARCÍA FERRÉ (autor de “Anteojito”, otras revistas y filmes), quien le ilustró uno de sus poemas. A los once años escribió su primera poesía, la que dos años más tarde supo llamar la atención de la poeta y profesora de Literatura CELIA VIÑAS OLIVELLA quien influyera en gran modo en su vocación y actividad literaria en su carácter de catedrática de Letras y con la que sostuvo, ya desde América, contacto epistolar e intercambio de libros propios. 

“… Hizo una defensa patrimonial contra la picota modernizante de su tierra, al enterarse que bellas obras arquitectónicas estaban siendo derribadas…”.

  • INICIACIÓN PERIODÍSTICA – En 1950 (hace 64 años), es decir, a los 19 años de edad, por cuestiones familiares, viajó a la Argentina (salió del puerto de Cádiz el 25 de abril de dicho año, celebración de San Marcos, en el trasatlántico “Cabo de Bueva Esperanza”, de origen alemán, de la empresa naviera “Ibarra S.A.”), y llegó a la ciudad de Buenos Aires el 12 de mayo de 1950 (Año del General José de San Martín), alojándose temporalmente en el cuarto piso de una pensión de calle Corrientes, muy cercana a la Avenida 9 de julio y su llamativo obelisco. Lo recibió en la ocasión un joven tío, llamado Luis –quien había residido durante dos años en nuestra ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz, para volver finalmente a España, donde falleció años después –longevo- y  dejando una fortuna amasada prima facie en su fervoroso trabajo de inmigrante-.  Por su mediación, Antonio Camacho viaja a nuestra ciudad, donde se aloja en casa de otro familiar en el famoso barrio sur de calle 3 de Febrero y Bv. Zavalla, donde a unas cuadras nacería la siempre vigente panadería y confitería “La Guardia Vieja”. Entonces, así de novel, principió su colaboración en diarios, principalmente en La Mañana, haciéndolo, además en El Litoral. A la par fue corresponsal del diario Yugo, de Almería (España). Comienza en 1952 (a los 21 años) sus estudios de periodismo en la escuela «Padre Castañeda», dependiente de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), siendo secretario de actas de la Comisión Directiva de su Asociación de Alumnos.

  • CONFERENCISTA – Dos años después se inicia como conferenciante en la sede del Magisterio Católico (Casa del Maestro), desarrollando el tema «Clásicos hispanos»; tarea que reiteró con dispar temática en otras entidades, entre ellas el Centro Español, el Liceo Municipal, la Biblioteca Municipal y el Hotel Castelar. 

“… Como actor, representó a Boteles en el cuento de ALEJANDRO KUPRIN, “LA GRIETA”, y actuó de modo magistral en “LA ESCUELA DE LAS MUJERES”, de MOLIÈRE. En esta última, fue ponderado su rol por el crítico periodístico de teatro del diario El Litoral (Santa Fe)…”.

  • ACTOR – Durante ese mismo año 1952 (21 años) ingresa en el Seminario Dramático Municipal[1], ente oficial en el que llegó a ser PRIMER ACTOR, obteniendo gran éxito de público y crítica en la obra de Molière «La escuela de las mujeres». Así, y en calidad de intérprete intervino en obras tales como «Las de Barranco», de Gregorio de Laferrére; «La grieta», de Pedro E. Pico y Bengoa, montadas en el Teatro Municipal de Santa Fe[2], y «Calígula», de Albert Camus, escenificada en la Alianza Francesa de nuestra ciudad; entre otras, caso de “Siempre comienza el amor”, de Eduardo Raúl Storni y “El bien más valioso”, de Mansilla, presentada en el Teatro 3 de Febrero de Paraná, capital de la provincia de Entre Ríos.

  • AUTOR TEATRAL – Dentro de este campo escribió la pieza en dos actos «LA EDAD TONTA» (fechada el 6 de diciembre de 1954, a la edad de 23 años), y que publicó en1955 la Editorial Colmegna SRL (Santa Fe): labor que lo llevó a ser miembro de la Organización Latinoamericana de Teatro, con asiento en Buenos Aires. 

Tiene asimismo y en el género teatral, una obra inédita: la comedia dramática “EL POLVO DE LAS SANDALIAS”, basada en hechos reales y en trámite editorial.

  • CONSOLIDACIÓN DE SU LABOR PERIODÍSTICA Y HOMENAJES A LA DIFUSIÓN DE LA CULTURA HISPÁNICA, ESPECIALMENTE LA ANDALUZA:

Traslado a Misiones. DIARIO EL TERRITORIO. CRÍTICO DE ARTE Y EDITORIALISTA  – En 1959, Antonio Camacho Gómez se traslada a Posadas (Misiones), en donde funge como crítico de arte y editorialista en el diario El Territorio, órgano en el que se desempeñó hasta 1964. Cuenta que tuvo mucho que ver en dicho ingreso, el agente consular de España, D. José Hierro, bilbaíno de singular generosidad al que lo unió una fraterna amistad. 

Por ese tiempo se incorpora a la SOCIEDAD ARGENTINA DE ESCRITORES (BUENOS AIRES), presentado por su titular Carlos Erro.

Retorno a Santa Fe. DIARIO EL LITORAL (Santa Fe): JEFE DE CULTURA, SECRETARIO DE REDACCIÓN, EDITORIALISTA Y DIFUSOR DE LA HISPANIDAD –  A la edad de 34 años (1964) retorna a nuestra Santa Fe, no sin haber recitado -acompañando al guitarrista clásico español Argüelles-, en el Club Social de Encarnación (PARAGUAY), en transmisión por ZP5, radio Encarnación de alcance internacional. 

1964 es, consecuentemente, el año en que ingresa al diario El Litoral, vespertino local en el que durante 17 años se desempeñó en diversas funciones, siendo Jefe de Cultura, prosecretario y secretario de Redacción, ejerciendo la crítica literaria y, ocasionalmente, la teatral, cinematográfica y de artes plásticas. Asimismo publicó ensayos, poemas y cuentos. En este aspecto, cabe acotar que no sólo había colaborado en los diarios El Territorio y El Litoral, sino en otros, como El Día (La Plata); La Capital (Rosario) (decano de la prensa argentina, y en el que en nota y a pedido del cónsul de España en la ciudad del sur santafesino, Dr. García Abad, hizo defensa de los intereses de su patria natal en controversia con un periodista rosarino), Yugo (citado precedentemente), La Voz de Almería y La Crónica del Sur (los tres de Almería, España).

En 1980 (a la edad de 50 años y por razones de salud) se retiró del diario El Litoral  (Santa Fe), diario en el que unos años después colaboró -y, como hoy- como editorialista y con artículos en su mayor parte vinculados con la difusión de lo hispánico, especialmente de la cultura (tarea a la que lleva dedicada gran parte de su vida, a través de los periódicos expresados como en conferencias, labor televisiva, programas radiales y libros). Labor ésta reconocida oportunamente por la agregaduría cultural de la Embajada de España (Buenos Aires), el Consulado General de España (Rosario) y los presidentes de la Junta de Andalucía y alcaldes de Almería y Roquetas de Mar, en la mencionada región y en diversas otras oportunidades, como por ejemplo:

2014 – CENTRO ESPAÑOL: en el salón mayor de actos del Centro Español de la ciudad de Santa Fe, se llevó a cabo el homenaje del CENTRO ANDALUZ local al periodista, narrador, poeta, conferencista y recitador ANTONIO CAMACHO GÓMEZ, en el día de la Virgen del Rocío. En la oportunidad, estuvieron presentes los presidentes de las instituciones hispanas, gente relacionada con el arte y la literatura, profesionales de disciplinas varias y con la adhesión del Viceconsulado de España. La secretaria y la presidenta de la entidad organizadora (de aquel año 2014), Ana María Martínez y Cecilia Pérez, respectivamente, se refirieron a la trayectoria cultural del agasajado al que se le entregó un artístico presente recordativo. Camacho –luego de citar al novelista y moralista BALTASAR GRACIÁN- reseñó su vinculación con la cultura española, y particularmente andaluza por los distintos medios. Habló de los reconocimientos obtenidos y ensayó un pormenorizado informe sobre la Virgen del Rocío desde los tiempos de Alfonso X el Sabio hasta nuestros días. Luego recitó Cantares de Manuel Machado acompañado en guitarra por Francisco de la Huerta, quien interpretó varios cantares, entre ellos unas sevillanas que bailaron Ana María Martínez y Beatriz Urdiales. Esta última cantó un tema de García Lorca y dirigió al coro de castañuelas del centro.

2015 – ESCUELA TÉCNICA Nº 240 MANUEL BELGRANO SANTA FE: en el día de la fecha, 20 de junio de 2015, ANTONIO CAMACHO GÓMEZ fue homenajeado por la JUNTA DE PROMOCIÓN SANTAFESINA DEL BICENTENARIO DE LA BANDERA ARGENTINA, presidida por el conocido folklorista argentino RENÉ ARÁOZ.  En el acto, que convocó a gran cantidad de alumnos y docentes del referido establecimiento escolar secundario, y a personalidades del periodismo, del arte, la política y la religión de nuestra ciudad y alrededores, se distinguió a Camacho Gómez por su aporte cultural al país.

Al respecto, y de su importante libro de poesía “Tiempo sin alba”, con Prólogo del Dr. Juan Nasio y Premio de la Academia de Medicina de París (Francia), y publicado por la Universidad Nacional del Litoral en el mes de noviembre del 2006, extraemos su formidable poema épico “Algo de Historia Viva” donde nuestro biografiado se luce al describir con sabor lacónico algunos hitos del proyecto del país inaugurado desde aquel “Mayo, (de 1810) fue el tiempo del nombre repetido en las voces del ágora…”. También el poema “Argentina”, donde religa el componente hispano con la naciente argentinidad libertaria, llevada a su máxima expresión por la epopeya sanmartiniana.

  • RADIO Y DIFUSIÓN DE LA HISPANIDAD – En los últimos tiempos, además de sus frecuentes entregas periodísticas y poéticas en el diario El Litoral de Santa Fe (Argentina), y en El Taurino (Almería), Toreros de Córdoba (Córdoba) y Españoles en el Mundo (Madrid), sus versos y difusión del quehacer hispano, fueron propalados por distintas radios nacionales e internacionales, a saber: Radio Mitre (Buenos Aires, Argentina), Radio Colonia (Uruguay) y Radio Popular de Almería (España), de la cadena COPE.

            Se aclara que en Radio LT9 (Santa Fe) tuvo un programa auspiciado por la Secretaría de Cultura de la Provincia, denominado «Sintonía del habla», y dedicado a la enseñanza del idioma castellano. Asunto que, asimismo, abordó durante varios años desde las páginas del diario El Litoral con el título de «Temas lexicológicos»; vinculándose además con la Fundación García Lorca de la capital hispana.

            Durante ocho años fue codirector del programa “Por qué flamenco” en AM 540 Radio Nacional Santa Fe (emisora del Estado), obteniendo numerosos galardones del Instituto Nacional de la Excelencia, así como consta el haber sido diplomado por el gobierno argentino por su “aporte al crecimiento del país”.

            Como invitado figura con un poema propio y otro del Cancionero Salteño en el disco “El Peregrino”, del conocido folclorista santafesino René Aráoz

“… Fue invitado especial en la presentación del libro taurino de la Feria de Almería en 1995 –dedicándole el diario “La Crónica del Sur” la foto del acto, al que concurrieron personalidades de la cultura almeriense-. (…)”.

  • LABOR LITERARIA – La Obra de Camacho Gómez, integrante de jurados de certámenes literarios y salones de poemas ilustrados, integra numerosas antologías de poetas de España y América. Precisamente por su inclusión en la antología de poetas de España y América «Suma de amor», fue invitado en 1991 por la UNIVERSIDAD DE COLUMBIA (Nueva York-USA) al acto de entrega de los diplomas correspondientes y homenajeado en el TEATRO MUNICIPAL DE SANTA FE, con la presencia del cónsul general de España, señor García Abad, quien viajó especialmente desde Rosario y, además, el vicecónsul en ésta (Santa Fe), Ronald de Hoyos

“… Asimismo fue receptor del poema que le dedicó el escritor y filólogo, miembro de la REAL ACADEMIA DE LA CÓRDOBA HISPANA, LUIS RUIZ MORENO: Cito – “A ANTONIO CAMACHO GÓMEZ, singular poeta y rapsoda, cantor de GARCÍA LORCA en Argentina”. Este español, en versos lo convoca: “ANTONIO, deja allá tu Argentina, ven conmigo, y asido de mi brazo verás a FEDERICO por doquiera que andemos…”.

  • POETA: Es de resaltar en su rol de Poeta, la autoría de dos libros de Poesía: en enero de 1953 dio a luz el libro «FLORES Y ABROJOS», editado por Castellví S.A. (Santa Fe). En tanto que la UNL (Santa Fe, Argentina), editó su Libro «TIEMPO SIN ALBA» (2006), presentado en la UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA NACIONAL  con sede en nuestra ciudad (UTN-SF); los cuales figuran en varias antologías (vgr.: Antología XXXº Aniversario SADE-Filial Santa Fe), y en las bibliotecas más conocidas del mundo. De sus poemas recientes e inéditos en libro, rescata “Si…”, dedicado a la bailaora santafesina Evelyn Imhoff, y “Un largo desconsuelo”, inspirado en la muerte de su esposa y compañera de vida, Elena Rosano, y, también, “Romance de la carretera”, inspirado en el que une a Roquetas de Mar con la de Málaga y Almería. 

  • NARRADOR: En este género literario se destaca por su libro de cuentos «LAS SIRENAS DEL ODIO» (Editorial Dunken, Buenos Aires, Argentina, abril 2012), presentado el 11-04-2013 en la ciudad de Santa Fe, en acto auspiciado por SALAC (SOCIEDAD ARGENTINA DE LETRAS, ARTES Y CIENCIAS), bajo la presidencia de la Prof. Alba Yobe y en los salones del Club Social Sirio Libanés. Estuvo a cargo de su análisis literario en dicha ocasión, la Prof. María Hortensia Oliva de la Universidad Católica de Santa Fe (Ver Nota Especial como APÉNDICE I de la presente reseña curricular, donde sus palabras se transcriben totalmente).

Libro cuyo contenido «pulsa con altos decibeles la condición humana de que habla André Malraux… Relatos que pulsan la emoción sin concesiones; personajes y ambientes son descritos con seguro trazo, con inquietud personal y social y un levantado sentido de la justicia, la ética y la trascendencia», al decir de su crítico editorial. Y en donde Antonio Camacho Gómez hace gala, a nuestro entender, “de la alcurnia de su pluma castellana, pródiga en imágenes vivaces, de giros idiomáticos abastecidos por su erudito conocimiento del lenguaje castizo, y donde es posible aprehender con tensión y ternura combinadas, los claroscuros de la existencia humana en el vértigo de sus angustias, frustraciones y heroísmos” (fragmento de “Un análisis de la narrativa ´camachiana´”, por Adrián N. Escudero – Mayo de 2012. Inédito); para construir un “texto polifónico que registra el fluir de la vida y de las conciencias, focalizando al hombre en su circunstancia y en sus fibras más íntimas, a través de un seguro manejo de recursos narrativos y de un lirismo expresado en las más variadas figuras del discurso.  Texto policromo, multiforme, que me vino buscando desde un ayer y que ahora entrego, con alguna estela de mi andar por sus páginas, a muchos otros anónimos lectores que sabrán encontrarle, en sus giros de carrusel, otras sortijas, otros brillos y ecos, tantos colores con los que Antonio, entre sus dos tierras, pintó -escribiendo- un rostro de tiempo y eternidad”, según expresara con rigor académico la Prof. María Hortensia Oliva (fragmento palabras de presentación del citado libro en Abril 2013 – SALAC-Santa Fe).

AUTORES PREFERIDOS: Son muchos los autores preferidos por el erudito y maestro Camacho Gómez; entre ellos, pueden citarse los andaluces Juan Ramón Jiménez, Antonio y Manuel Machado, Federico García Lorca, Gustavo Adolfo Bécquer, Rafael Alberti; Vicente Aleixandre, Salvador Rueda y Francisco Villaespesa; así como autores extranjeros, sin olvidar a los místicos y clásicos hispanos: ejemplos, Santa Teresa de Jesús, fray Luis de León, Góngora, Lope de Vega, Quevedo, Cervantes, Tirso de Molina; además (en otra época), de Campoamor, José de Zorrilla y José de Espronceda, Unamuno, Azorín, Miró, Miguel Hernández y un largo etcétera. Sin olvidar, reitera Camacho cuando se le consulta, a extranjeros de la valía de W. Shakespeare, Yeats, Byron, Poe, Mauriac, P. Claudel, G. Green, Schiller, Goethe, C. Coelho, Maupassan, Verlaine, Borges, Gutiérrez Nájera, Neruda, Curzio Malaparte, Kafka y no pocos poetas, filósofos y escritores de la Antigüedad, el Renacimiento, la Edad Media y los Tiempos Modernos, entre ellos varios premios Nobel de nacionalidades diversas. Lista a la que suma también, a Truman Capote, F. Celine, J. Cela, Melville, etcétera.

OBRAS PREFERIDAS: Entre sus obras preferidas figuran: “El poder y la gloria”, de Graham Green; “El hombre y el mar”, de Ernest Hemingway; “Cien años de soledad”, de Gabriel García Márquez; “El hombre mediocre”, de José Ingenieros; “Hambre”, de Knut Hamsun; “El crepúsculo de los filósofos” e “Historia de Cristo”, de Giovanni Papini; “En el camino”, de Jack Kerouak; “Viñas de ira”, de John Steimbeck; “Historia de Cristo”, de Giuseppe Riccioti; “El enano” y “Barrabás” de Pär Loegerkvist; “Cuatro rostros del amor”, de André Maurois (Émile S. W. Herzog); “¡Absalón, Absalón!”, de William Faulkner;  “Las leyendas”, de Gustavo Adolfo Bécquer, y otras obras clásicas y modernas de distintos autores y países. También, agrega, “Viaje al fin de la noche”, de Louis Ferdinand Céline, “La colmena”, de Camilo José Cela, “A sangre fría”, de Truman Capote, etc.

  • OTRAS ACTIVIDADES – Por lo demás, digamos también que continúa dando conferencias y recitales en centros culturales y teatrosde diversas provincias argentinas; habiendo codirigido hasta el año 2013 el programa «Por qué flamenco-Misteriosa Andalucía», que se emite durante años por AM540-RADIO NACIONAL SANTA FE, ganador de los PREMIOS A LA EXCELENCIA 2006 y PLANETA AZUL 2007, entre otros.

             Durante 1991 fue disertante en el Rotary Club sobre la inmigración hispana, y elegido por el Viceconsulado de España (Santa Fe), para hablar -en nombre de la colectividad hispana local- en el acto de homenaje a JUAN DE GARAY, organizado por el municipio santafesino.

            También representó a la colectividad como único orador, en la ceremonia que la misma Municipalidad coordinó recordando a CRISTÓBAL COLÓN el 12 de octubre de 1992, día en el que, además participó como recitador en el gran acto pública que dicha institución realizó en la Plaza España por el Vº CENTENARIO DEL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA. Este hecho trascendental motivó una gran actividad de Camacho Gómez a través de numerosos artículos publicados en el diario El Litoral (Santa Fe) y presentaciones artísticas en radio y televisión, entre otras

          Su soneto «Raza» fue distinguido en el CONCURSO NACIONAL DE POESÍA organizado por la ASOCIACIÓN MUTUAL DE EMPLEADOS PÚBLICOS – «2DA. CIRCUNSCRIPCIÓN ROSARIO con motivo de dicho aniversario hispanoamericano. Distinción que se suma a otras obtenidas como:

  • Editorialista: PREMIO NACIONAL «SANTA CLARA DE ASÍS»; ocasión en la que fuera elegido para hablar en Buenos Aires en nombre del periodismo galardonado del interior de la República;

  • Poeta: PREMIO CERTAMEN NACIONAL «CENTENARIO CLUB ESPAÑOL» de Rosario, organizado por la Revista «Nosotras»;  SEGUNDO PREMIO SADE-Azul (Buenos Aires): SEGUNDO PREMIO CONCURSO EDITORIAL “CARLOS PEREYRA” (Buenos Aires); CUARTO PREMIO CERTAMEN NOA EDICIONES (Catamarca); mención Vº CERTAMEN ANUAL DE POESÍA (1987) de la MUNICIPALIDAD DE VILLA CONSTITUCIÓN-PROVINCIA DE SANTA FE: mención en el CONCURSO NACIONAL DE PEGASO EDICIONES (ROSARIO), y otras distinciones.

  • GRUPOS DE ARTE ANDALUZ:

             Junto con sus colaboraciones periodísticas y librescas, Antonio Camacho Gómez actuó en el GRUPO DE ARTE ANDALUZ «LA TRAYA», agrupación de arte flamenco  (única en el país por sus características-, o con parte de él, y acompañado -hasta hace poco- en sus RECITADOS de Poetas españoles[14], en especial, Federico García Lorca y los Machados, así como de poemas propios, por su conductor y guitarrista, el santafesino Ángel de Almería). Con la mencionada agrupación, desarrolló una intensa actividad en diversos medios de comunicación e instituciones sociales y culturales (vgr.: JOCKEY CLUBES DE SANTA FE y ROSARIO, CENTRO ESPAÑOL DE SANTA FE, ESPACIO CULTURAL SANTAFESINO MOLINO MARCONETTI, MUSEOS CASTAGNINO y ESTÉVEZ, de la gran ciudad del sur de la provincia; así como presentaciones en las provincias de CÓRDOBA. ENTRE RÍOS y CHACO, etc.).

            Actualmente, actúa como parte del GRUPO DE ARTE FLAMENCO “ANDALUCÍA A COMPÁS”, con la prof. de ballet y flamenco, María Eugenia Irigoyen (directora de la Academia de Danzas “Madame Vagánova” – 1992/2014), e integrado además en baile María Rosa Abraham, Inés Barindelli, Franco Bortondello e Iván Melamedoff; y acompañado por el cantaor y guitarrista flamenco, Francisco de la Huerta. Conjunto de arte que, con el curso de los prestigiosos músicos Marcelo Cornut y René Aráoz, acaba de grabar un CD titulado “Con duende andaluz”. Por otra parte, y entre otros lugares, dicho grupo registra actuaciones en la ciudad de Santa Fe en el Hogar “San Vicente de Paúl” (en dos oportunidades  en el 2014) y Centro Español de dicha capital, en varias ocasiones. Al respecto, y con una integración reducida a tres de sus componentes (Antonio Camacho Gómez, Prof. María Eugenia Irigoyen y Francisco de la Huerta), el reciente 11 de febrero del 2015, “ANDALUCÍA AL COMPÁS” tuvo una destacada actuación en la localidad de Monte Vera (Departamento La Capital, Provincia de Santa Fe), con motivo de la inauguración de obras en la iglesia de Nuestra Señora de la Merced y a instancia de su Párroco, Héctor Agustini, homenajeando al joven sacerdote trágicamente fallecido Sebastián Noriega; ello, como parte de un variado espectáculo cultural, que contó además con la magnífica presencia del coro “Llama de amor” (integrado por voces de distintas parroquias de Santa Fe  y ciudades vecinas, que cantó la Misa Criolla de Ariel Ramírez), y la colorida participación del grupo “Sentimiento y Devoción”, para  interpretar danzas tradicionales bolivianas y el grupo “Towal”, con su música del Altiplano.

            Eventualmente, Antonio Camacho Gómez, es invitado a recitar en solitario, como fuera el caso del acto organizado el 14 de febrero de 2015 por el Museo Etnográfico y Colonial Juan de Garay, dependiente del Ministerio de Innovación y Cultura, y su Patio de Lecturas, abriendo su programación para dicho año con el espectáculo “Cartas de Amor”, en recordatorio al “Día de San Valentín”. Una muestra de cómo políticos, militares, pintores, poetas, estadistas, científicos, escritores, filósofos, músicos y compositores, hombres y mujeres a lo largo de la historia, revelaron en la intimidad de sus cartas y teniendo como eje al amor, facetas de su personalidad que no siempre pudieron advertirse en su vida pública.

  • UN APARTADO SINGULAR: CAMACHO GÓMEZ Y EL TOREO

             Entre las múltiples actividades que ha desplegado en su vida Antonio Camacho Gómez (como sabemos: periodista, poeta, cuentista, crítico de libros, jurado literario, lexicólogo, actor de teatro, comediógrafo y conferenciante), la de la TAUROMAQUIA no le es ajena. Un arte que apasionó a Federico García Lorca, que lo consideraba el más culto de todos; a Ernest Hemingway, a Orson Welles, a Ava Gardner y a muchos otros escritores, artistas –Picasso, entre otros- y pensadores de distinto cuño.

             Al respecto, cabe señalar que en España, Almería, Camacho Gómez practicó el llamado “toreo de salón”, y estuvo a punto de intervenir en una becerrada en la Plaza de Toros, cerca de la cual vivía, y en la que vio a grandes toreros, caso Manolete, que fue su ídolo, y al que dedicó varias trabajos, como un poema que fuera publicado en la Córdoba hispana y en Almería, además de aparecer en varias antologías argentinas (y que se da a conocer en la última parte de esta reseña: “Poeta caído”). La visita que realizó a la tumba del diestro en el Cementerio de la Salud de la citada Córdoba y que le inspiró otro poema, ha sido una de las emociones más grandes que hubiere experimentado.   

            Siendo crítico de arte del diario El Territorio, de Posadas (Misiones), y con motivo de la visita de dos toreros: un portugués que participó en el filme “Taras Bulba” con Tony Curtis en las escenas de riesgo –rodadas en Salta-, y otro de Buenos Aires del que supo estando en España, en su juventud, que había ido para triunfar en la lidia, tuvo la ocasión de acompañarlos en varias corridas. En la cancha del Club Guaraní Antonio Franco se instaló el ruedo y, con imponentes toros, algunos cebúes, que embistieron y crearon varias situaciones de peligro –uno de ello empitonó por la garganta al “Porteño”, salvándose milagrosamente-, se presentó Camacho cuatro tardes. La primera dándole varios capotazos a una de las reses de gran tamaño y en otra usando la muleta con otro ejemplar de bella estampa. A don Antonio no le faltaron sustos, pues uno de los morlacos le destrozó el burladero (empalizada donde se refugian los toreros) y sólo su enorme serenidad y el conocimiento de estos animales, al quedarse inmóvil, impidió que la res le embistiera, hasta que el par “Portugués”, de apellido Quirino, la atrajo con su capote.

             Su labor se repitió en la ciudad de Apóstoles, amenizado el espectáculo por dos bandas de música, una del Ejército, en donde lidió una vaquilla peligrosa y rápida gracias a su garbo y agilidad.

             De todos esos acontecimientos existen pruebas gráficas y fueron comentados por Camacho Gómez en el diario mencionado.  

  • ANECDOTARIO: Por otra parte, Antonio Camacho Gómez cuenta con un rico e increíble anecdotario, del que rescatamos el recuerdo entrañable de los diversos contactos que sostuvo con el gran escritor argentino JORGE LUIS BORGES, a quien entrevistó en cuatro oportunidades y en los ámbitos del Museo Municipal de Santa Fe y Centro Español de Santa Fe (disertación sobre «El Quijote de la Mancha»). En este último, tuvo a bien ayudar al memorable escritor a subir las escaleras que llevaban al escenario. En otra ocasión, según cuenta, “me senté junto a su esposa primera y él al lado, hecho que figura registrado en una fotografía” que consta.

            Asimismo, como jefe de cultura del diario El Litoral (Santa Fe) conoció a grandes colegas en el arte de la Palabra, así como artistas reconocidos a nivel nacional (MARTA LYNCH, RAÚL SOLDI -quien pintara la cúpula del Teatro Colón de Buenos Aires, y le obsequiara copia de una de sus famosas pinturas-, a los grandes actores NATI MISTRAL PEDRO LÓPEZ LAGAR y ENRIQUE GUITART) y diplomáticos (Canciller de Italia, Embajadores de Japón e Inglaterra, etc.).

“… Entrevistó en España a Tomatito, identificándose con su arte…”.

            En ese orden, y en España, tuvo un encuentro en el auditorio moderno de Roquetas de Mar, con un guitarrista de la talla de TOMATITO -JOSÉ FERNÁNDEZ TORRES-, según nuestro Autor, el mejor tras PACO DE LUCÍA, ganador de un Grammy en los Estados Unidos, a quien realizara un reportaje que fuera publicado posteriormente en el diario El Litoral de Santa Fe.  Asimismo, el propio ANTONIO CAMACHO resultó entrevistado como escritor y periodista por un colega de la cadena COPE, la segunda en importancia de su tierra natal.

“… ¿Nos abandonarás ANTONIO? El CENTRO ANDALUZ DE SANTA FE (representado por su presidenta, CECILIA PÉREZ y su secretaria, ANA MARTÍNEZ) te pide que te quedes con nosotros para siempre

  • ENTIDADES CULTURALES – Además de integrar, como se dijo ut-supra la SADE (Central Buenos Aires), y ser luego miembro honorífico de la SADE (Seccional Santa Fe),y más recientemente de la ASDE (ASOCIACIÓN SANTAFESINA DE ESCRITORES), es miembro de la SOCIEDAD ESPAÑOLA DE SOCORROS MUTUOS (SESM),  del CENTRO ANDALUZ SANTA FE DE LA VERA CRUZ e INSTITUTO DE CULTURA HISPÁNICA (ICH), ambos de Santa Fe; así como de la SOCIEDAD ARGENTINA DE LETRAS, ARTES Y CIENCIAS SANTA FE DE LA VERA CRUZ (SALAC – Filial Santa Fe), de la RED FEDERAL DE POESÍA (Buenos Aires) y de NACIONES UNIDAS DE LAS LETRAS (UNILETRAS – Bogotá, Colombia).

  • REPERCUSIONES DE LA OBRA DIFUSIVA DE LA CULTURA HISPANA:

  • El alcalde (intendente) de Almería, Luis Rogelio Rodríguez-Comendador Pérez, dijo: “Querido Antonio: siga difundiendo Almería por donde pase. Estamos orgullosos de usted. Un fuerte abrazo”.

  • El ministro plenipotenciario y consejero cultural de la Embajada de España, Rafael Goded Echeverría, opina: “Su voz se erige en heraldo y adalid de la Hispanidad. Su testimonio es una prueba contundente de ese baluarte contra el que se atenta permanentemente. Por fortuna para el conjunto de los pueblos hispanoparlantes, hay acentos como el suyo –dignísimos- que elevan la palabra hasta su más pura cima. Le felicito de todo corazón como diplomático al servicio de España y como español”.

  • El presidente de la Junta de Andalucía, José Rodríguez de la Borbolla y Camoyán, durante su gestión, expresó: “A usted, Antonio, que con su ejemplo de trabajo ha elevado el prestigio de nuestro pueblo lejos de Andalucía y ha extendido por el mundo una imagen de laboriosidad y fidelidad a esta tierra, mi agradecimiento más sincero. Reciba mi más cordial felicitación y un fuerte abrazo”. Se aclara sobre el particular, que la labor difusiva de Camacho fue reconocida a nivel político en su país, tanto por el Partido Popular como del Socialismo (casos R. de la Borbolla y Camoyán; Manuel Cháves, José Antonio Griñán y la actual titular Susana Díaz Pacheco).

  • El alcalde (intendente) de la ciudad de Roquetas de Mar, Julio Ortiz, señala: “Estimado Sr. Camacho: Como alcalde de este pueblo que es Roquetas de Mar, no puedo dejar de sentirme orgulloso de que haya hijos de aquí que, con su arte, llevan fuera de las fronteras el buen nombre de nuestro país”.

  • El filólogo, profesor y poeta de la Córdoba hispana, Luis Ruiz Moreno, afirma: “Querido Antonio: Aún resuena en mis oídos la alegría de tus versos y ese recitado que me recuerda a González Marín (quizá el más famoso recitador español) corregido y aumentado”. Y agrega parafraseando a Federico García Lorca: “Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace, un almeriense tan claro, tan rico de aventura. Abrazos muy fuertes”.

  • La Dirección General de Comunidades Andaluzas, sostiene: “… sería igualmente un honor contar con su aportación en el portal Andaluces del Mundo”, “a la vez que reconocemos su trabajo y dedicación”.

  • El cónsul general de España en Rosario, Juan Ignacio Álvarez-Gortari, dice: “Lo felicito por su labor, enviándole mis más respetuosos saludos y mi personal aprecio y estima”.

  • El arzobispo de Santa Fe y Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Mons. José María Arancedo, expresa: “… lo felicito por la tarea que desarrolla comunicando los valores cristianos en uno de los ´modernos areópagos´, al decir de Su Santidad Juan Pablo II cuando se refiere a los medios de comunicación. Aprovecho para enviarle mi cordial saludo y mi bendición de pastor”.

En síntesis, y teniendo en cuenta las actividades culturales y obra desarrollada en pos de la promoción y difusión de la cultura flamenca por Maestro ANTONIO CAMACHO GÓMEZ, nuestro biografiado emerge enhiesto en el contexto artístico santafesino, fiel a la consigna que vive desde su juventud: trabajar por el prestigio de España en el Mundo y por la difusión de su cultura, en particular la ANDALUZA-

  • DE SU OBRA LITERARIA – Finalmente, y como una muestra de su efectiva obra literaria, hemos seleccionado –no sin problemas, pues su categoría estética es digna de un premio Cervantes-, algunos poemas junto a un relato. Trabajos que, estimamos, representan de algún modo auténticos mojones de la impronta y trayectoria “camachiana”.

UNA CRÓNICA, UNA NOTA, SIETE POEMAS Y UN RELATO

A modo de testimonio de nuestro periodista, cronista y cuentista, poeta y rapsoda, y del rico y emocionado caudal de versos y metáforas castizas, de los arabescos esenciales que pueblan su particular universo (y que hemos venido anticipando mediante notas al pie de referencia), y que Camacho ha dedicado especialmente a sus padres, esposa e hijos, y “A quien ame a su prójimo / como a sí mismo” (cit. – libro “Tiempo sin alba” – UNL, 2006), hemos seleccionado una CRÓNICA sobre ANDALUCÍA publicada bajo el título “Celebración de Andalucía”, en el diario El Litoral (Santa Fe, Argentina), con fecha 5 de marzo de 2014 (y que sirviera de base a la escrita con fecha 25 de febrero de 2015 para dicho vespertino, y registrada bajo nota al pié Nº 17 de este trabajo); así como SIETE POEMAS para disfrutar y memorizar (de distintas épocas, como se verá, y bajo los ejes de: Tierra-Autor-Torero-Flamenco-Fe Católica-Amor Esposa-Esposa Amor); y, por último, UN RELATO tomado de su maravilloso libro de cuentos “Las sirenas del odio” – Editorial Dunken – CABA, Argentina – Abril de 2012); libro que contiene, a su vez, SIETE HISTORIAS (en cabalística coincidencia con el número de poemas elegidos para la ocasión) y cuya lectura –por su carácter magistral- resulta altamente recomendable.

Como sigue:

  • UNA CRÓNICA FERVOROSA SOBRE SU TIERRA ANDALUZA:

   Dice el poeta sevillano Manuel Machado en Cantares: “Vino, sentimiento, guitarra y poesía / forman los cantares de la patria mía. / Cantares… / Quien dice Cantares dice Andalucía”. Introito adecuado para referirse a la segunda región más importante de España, por espacio y población, con sus ocho capitales y respectivas provincias y un gobierno autónomo, con Parlamento y Justicia propios. Expreso autónomo porque dentro del Estado español la Constitución de 1978 contempla la independencia política de las diferentes comunidades y regiones. Y Andalucía pudo ejercer tal derecho tras largas gestiones de los ayuntamientos y del pueblo culminando con las instituciones de gobierno el 28 de febrero de 1980. Un viejo sueño del considerado padre de la patria andaluza, el abogado Blas Infante, creador del escudo y del himno, cuya estrofa inicial reza: “La bandera blanca y verde / vuelve tras siglos de guerras, / a decir paz y esperanza, / bajo el sol de nuestra tierra”.

   Para entender la historia de Andalucía hay que remontarse a Tartessos o Tarshish, que ha sido la cultura más antigua de Occidente, anterior a la griega y a la romana. Considérese que antes de Cristo, seis mil años nada menos, se encontraron leyes en verso. Además de este perfil milenario cabe agregar, sin desconocer las opiniones del erudito alemán Schulten sobre los primitivos pobladores que, como asevera el filósofo Ortega y Gasset, aquélla es “de todas las regiones españolas, la que posee una cultura más radicalmente suya”.

   Tengamos en cuenta que recibió la influencia de todas las culturas violentas del Mediterráneo sin dejar de absorber rápidamente a sus invasores. Y todos dejaron su huella: fenicios, griegos, romanos, cartagineses, visigodos, árabes –éstos estuvieron ochocientos años desde su llegada con Tarik en el siglo octavo- y los judíos en la diáspora. Hago un paréntesis para informar que, recientemente, el gobierno hispano le ha concedido la nacionalidad a los sefarditas.

   Ciudades como Cádiz (Gades), acueductos como el de Segovia, no andaluz, monumentos tales como la Alhambra, de Granada; la Mezquita, de Córdoba y el puente romano; la Giralda sevillana, las Alcazabas de Almería y de Málaga son algunos testimonios de aquellas viejas civilizaciones.

   ¿Vandalucía? ¿Al-Andalus? Son nombres dados por los vándalos y los árabes a la región sureña que para Federico García Lorca no sólo era el ombligo del mundo occidental, sino que España y hasta todo lo hispánico resultaban una extensión de Andalucía. Dio dos emperadores a Roma: Adriano y Trajano; un filósofo tan profundo y austero como Séneca; una Córdoba que durante el período musulmán fue la más culta y poblada de Europa; cuna de Góngora; donde Ziryab, de origen iraquí, en el siglo IX, promovió una revolución musical y Averroes, el pensador más importante de la Europa no cristiana influyó hasta los tiempos modernos.

   Cómo no recordar a sus grandes poetas. Ahí están los Machados, Bécquer, Alberti, Guillén, Rueda, Villaespesa, Lorca, Jiménez, Aleixandre y tantos otros. Y en cuanto a pintores basten Murillo, Velázquez y Picasso. En música, Manuel de Falla y Paco de Lucía, recientemente fallecido.

   Andalucía: donde surgió el flamenco, declarado por la Unesco “patrimonio cultural inmaterial de la humanidad”, la de Antonio Banderas, Bisbal y el maestro Padilla, que puso música a filmes, segunda Meca del cine durante un largo período en Almería. Hoy es un centro vital de turismo internacional, con ferias y fiestas religiosas de fama mundial, modernos aeropuertos y trenes de alta velocidad, paisajes, monumentos y gastronomía singulares, con las costas en las que residen miles de extranjeros. Un pueblo cordial y abierto que acoge al visitante con la vieja hospitalidad arábigo andaluza.

  • UNA NOTA MUY ESPECIAL EN “DEFENSA DE LA FAMILIA”

   En el programa de una televisora de alcance internacional se propaló que las causas de la caída del Imperio Romano fueron tres: una, el descreimiento en los dioses que habían adoptado de los griegos, a los que les pusieron distintos nombres; otra, el resquebrajamiento familiar, y, la tercera, la corrupción de las costumbres. Fue una fruta madura para los bárbaros a los que los seguidores de Constantino, de feliz reinado, sirvieron en bandeja después de haber sido los maestros indiscutibles del derecho, con jurisconsultos de la talla de Ulpiano y Cayo y disponer de una fuerza militar modelo que dominó gran parte del mundo conocido.

   Valga, precisamente, este introito para subrayar que en la época de esplendor del Imperio fue la familia un soporte capital. Porque, como tantas veces se ha dicho, constituye una célula básica de la sociedad y ésta es el resultado de aquélla. Lo que viene ocurriendo en Occidente –capítulo aparte merecen las autocracias y dinastías imperantes en Asia y África- tiene cierto parentesco con lo acontecido en los vastos dominios romanos. La familia tradicional está siempre jaqueada tanto por la indiferencia religiosa de muchos gobernantes y gobernados, como por legislaciones permisivas y un concepto materialista que fogonean no pocos medios de información masiva. El todo vale en la relación de pareja, con excepciones explicables, en un mundo en el que la ciencia y la tecnología, tal lo afirma el sociólogo Ulrich Beck, producen “beneficios y desgracias” está apareciendo un vacío existencial que potencian las separaciones frecuentes y los amoríos transitorios. Con una lamentable secuela de embarazos indeseados o utilitarios, hijos de padres diferentes y multitud de niños a la deriva. La falta de ejemplos formativos en materia de ética y moral coexisten con una educación deplorable y un sentido de libertad equívoco muestran una realidad socialmente alarmante.

   Ciertamente los tiempos han cambiado y con ellos la cultura, pero no los principios seculares para la evolución armónica del individuo y la comunidad de que forma parte. Y en este punto la familia, el matrimonio civil y religioso, sin desconocer uniones de hecho permanentes fuera de aquél, juega un papel fundamental. Uniones, cabe aclarar, que son estudiadas por los obispos católicos con miras al sínodo que se efectuará en el Vaticano en octubre próximo. El que permitirá al papa Francisco, que presidirá con anterioridad una reunión mundial de la familia tradicional, que no es perfecta, en Filadelfia, tener un panorama definitivo para obrar en consecuencia. Es decir, con misericordia y comprensión, pero impedido de tomar decisiones en pugna con las enseñanzas evangélicas.

   El matrimonio cristiano es un sacramento, no un frío contrato, sino una alianza de vida y de amor y cuyas propiedades esenciales son la unidad y la indisolubilidad, según el Nuevo Código de Derecho Canónico, número 1056. Es, señala el Concilio Vaticano II (Gadium et Spes) “una íntima comunidad de vida y amor conyugal”. Por supuesto que exige sacrificios, vencer dificultades, respeto, comprensión y paciencia. Muchos fracasan porque se han efectuado a la ligera, por vanidad, capricho, despecho, lujuria o egoísmo, sin el debido tiempo y conocimiento del contrayente. Sin descartar pasiones, encandilamientos ni buena fe.

   Que el amor no es para siempre constituye una falacia. Hasta en Hollywood hay casos concluyentes. Pero una mentalidad hedonista, descreída y desvalorizada que en cierta medida considera a la mujer objeto de placer y ofrece falsos paraísos, intenta prevalecer sobre la familia tradicional. Cuya unidad y preservación son imprescindibles para fortalecer un Occidente desorientado y convulso.-

  • SIETE POEMAS de  LIBROS… INOLVIDABLES:

En primer término, un soneto referido a su añorada ALMERÍA aparecido en su libro “Tiempo sin alba” (2006). En segundo lugar, un poema dedicado a su entrañable y venerado poeta, FEDERICO GARCÍA LORCA; el siguiente ofrecido al gran torero de todos los tiempos: «MANOLETE», publicado en Córdoba (España) por la Revista Toreros de Córdoba y editado en el libro precitado;  el cuarto ofrecido al FLAMENCO en los timbres y compases de una guitarra; el quinto, ofrendado a su FE CATÓLICA, honrando a la Santísima Virgen María; el sexto dedicado a su admirado PADRE; y el último a su querida compañera de vida, a los dos años de fallecida (12-11-2014): nos referimos a doña ELENA ROSANO DE CAMACHO GÓMEZ, a quien recuerda en cada una de sus intervenciones artísticas.

  1. ENSOÑACIÓN DE ALMERÍA (Libro “Tiempo sin alba” – Ediciones UNL, 2006, pág. 115

“Cuentan que el tiempo nuevo te ha crecido / azogando tu sueño de palmeras; / que has dejado de ser la que antes eras / y que tienes un aire amanecido. // Que el agua de mil manos se ha prendido / fecundando tus secas parameras / y ha cruzado la sal de tus fronteras / el árbol del cemento estremecido. // Yo seguiré tejiendo mis quimeras / con la rueca de luz de tu bahía: / con aquel viejo niño que corría // embrujado en tus ansias verbeneras, / cuando más que durmiente, mi Almería, eras velera que esperaba el día”

  1. POETA CAÍDO–  A Federico García Lorca (Libro “Tiempo sin alba” – Ediciones UNL, 2006, pág. 91)

“Al alba lo mataron, / al alba. / La paloma y el ciervo / se escondieron, / y el escorpión / bajo la piedra fría. // Las fuentes de Granada / gimieron malheridas / y la noche huidiza / rompió por peteneras. // El camino se abría / como un pozo de sombra / y un ruiseñor ciego / voló despavorido. // Al alba lo mataron / con fusiles oscuros, / medalla irrepetible, / sonrisa inacabada / sin balcón y sin luna, / con los ojos abiertos / sobre la madrugada. // Tiritaron navajas /en las alamedas / y lloró el Albaicín / en corro de gitanos / la sangre derramada. // No llores, Federico, / que tu canto no acaba, / que eres memoria viva / con tu muerte temprana. // Al alba lo mataron, / al alba”.

  1. ROMANCE DE FERIA TRISTE (Revista Toreros de Córdoba y libro “Tiempo sin alba” – Ediciones UNL, 2006, pág. 100)

A «Manolete», in memoriam

“¡Ay, feria! ¡Qué feria alegre / la que a Manolo esperaba / vestida como una novia / la noche de desposada! // Amores llevaba el viento / a la orilla de la playa / y ojos morunos bebían / el vino de las miradas. // Los caballistas de almendro / por las calles cabalgaban / llevando fuego en la grupa / con las sienes desveladas. // Y era un jugar de palomas / y era un rimar de campanas. // Almería era de luces, / toda color esperanza, / los percales relucían / las verbenas madrugaban / el cante jondo y la prima / la noche se disputaban. // ¡Ay, feria! ¡Qué feria alegre / la que a Manolo esperaba! // «Islero» llegó a la feria / con voces entrecortadas /

y corrillos de café / que asustaron la mañana. // Y se detuvo la feria / y hubo un silencio de lágrimas / y un no se qué de increíble / que la garganta secaba. // Porque Manolo Rodríguez,

mimbre y acero de España, / en el ruedo de Linares / laurel y bronce ganaba. // ¡Ay, feria de crespón negro! // ¡Ay, sonrisa abandonada / más allá de los caireles / cuando despuntaba el alba! // ¡Ay, qué feria sin Manolo / en las calles desmayada!”.

  1. GUITARRA FLAMENCA (Libro “Tiempo sin alba” – Ediciones UNL, 2006, págs. 82/83)

“Canta y llora / la guitarra / en la prima / y el bordón, / la guitarra / llora y canta / su pasión. // Sueña con noches / morunas / la guitarra, / con rosedales / y lunas, cairel / y toritos bravos / en un cortijo / andaluz; / sueña con amores / rotos, gitanos / y agrios cuchillos / resplandecientes / de luz. // Gime en cuerdas / y maderas / la guitarra / peteneras, / siguiriyas, / historias de / viejos tiempos / de manolas y toreros / y cantaores por tientos. // La guitarra / morena y ondulada / como una moza sevillana / que los dedos acarician / para pulsar sus memorias / con acentos orientales. // La guitarra / en los umbrales / del cante jondo / en las cuevas / y en las minas, / la taberna / y el tablao, / entre claveles / y vino, la guitarra / amiga. // Canta y llora, / llora y canta / la guitarra”.

  1. LA VIRGEN DE BRONCE (Libro “Tiempo sin alba” – Ediciones UNL, 2006, págs. 17/19)

“Los labios de grana, / la piel de canela / y unos ojos negros / de ardiente mirar, / con un pelo endrino / sedoso y brillante / y el arte garboso / de un gitano andar. // La vi una mañana / florida de mayo / mordiendo en el tallo / sangriento clavel, / los dientes de nieve, / la boca ambrosía / y un cuerpo divino / de fuego y de miel. // El sol la quemaba / rabioso en el cuello / mientras ascendía / entre las chumberas / y loco prendía / sus cálidos rayos / besando la euritmia / de aquellas caderas. // Hasta el airecillo / feliz se enredaba / entre los volantes /del limpio percal, / percal de lunares / que ceñía amoroso / el talle macizo, macizo y juncal. // La carne morena / de sus pies descalzos / se hundía en el polvo / del suelo abrasado / y unas mariposas / de vivos colores / rozaban su rostro, / su rostro almendrado. // Caminaba erguida, / soberbia, cimbreante, / bullendo en sus venas / el son de la zambra, / con aquel empaque / y aquella arrogancia / de algunas huríes / que tuvo la Alhambra. // La penca espinosa / de una verde tuna / robó a mi embeleso / su carne moruna, / su embrujo oriental, / y todo el misterio / que tiene su raza, / que es raza fatal. // Me quedé extasiado / en aquel silencio / que sólo rompía / el vuelo ruidoso / de un gran moscardón, / y ha poco escuchaba / en la lejanía, / el vibrar sonoro / de una bujería / en nota triunfal / de aquella garganta, / de aquella garganta / de fino cristal”.

  1. ELEGÍA A MANUEL CAMACHO (Libro “Tiempo sin alba” – Ediciones UNL, 2006., págs. 71/73)

“Bandera de pasión / perenne rojo y gualda, / contradicción y gracia. / Con algo de Quevedo, / de Séneca y Gracián, y un sabor de marismas, / de barcos y riberas, / de soles y de lunas, / aceitunas y pan. // Todo el ritmo del cante, / del bordón y la prima / marcaba su latido / de pródigo andaluz, / noble como el acero, vital como la tierra, / espejo de la luz. // No selló su sonrisa / la espina cotidiana / ni la palabra artera / derrotó su altivez. / Fue torre, espada, lirio, / ascua viva de fe. // ¡Qué duro con los duros / de la sierra y el llano! / ¡Qué blando con el pobre / que buscaba su mano! / ¡Qué pequeño y qué grande / para escalar la vida / sin títulos ni honores / a punta de coraje! / ¡Qué español más cabal, / qué viejo su linaje! / Pero ya se ha dormido / sonriendo al misterio, / soñando con claveles, / manzanilla y tomillo, / con toros y caireles / con mozas y verbenas. // Ya recorre los campos / de su Níjar natal / de espaldas a las penas / como viento, agua y fuego / sin memoria y sin prisa. / y un aire de fandango, de añeja bujería / acaricia su frente / por cielos de Almería. / ¡Adiós, Manuel, adiós!, / gritan los bronces / de todas las edades, lloran las cuerdas / de todas las guitarras, / claman barrancos, cumbres y praderas, / porque el resto es silencio, / porque eterna es tu ausencia”.

  1. DE UN LARGO DESCONSUELO– Febrero de 2014 (Diario “El Litoral”, Santa Fe, Argentina – 12-11-2014).

A mi esposa Elena Rosano In memoriam.

“Cuando el Himalaya / se derrumbe / y el oro de los tigres / brille en la llanura, / tu voz seguirá resonando / en mis oídos despiertos / como un canto desvelado. // La furia de los mares / no mellarán tu ausencia / ni el diapasón apagará / la nota que te ensalce. // ¿Eres, acaso, la sibila / de mis sueños rotos? // ¿Redimirá tu tránsito, / de pozo en sombras, / mis preces en el altar / de tu silencio? // Reposa, amada, que una luz / inextinguible / resplandece en las tinieblas / y mi espíritu insomne / aguarda tu llamada”.

  • Y UN RELATO de un libro… MAGISTRAL: “Las sirenas del odio” (Ver nota especial in fine)

El ESCLAVO

    El hombre se despertó. Sin reloj. Instintivamente. Como se despertaba desde hacía veinte años. Triste. Y molesto por volver a la rutina y a las cosas. Se sentó en el borde del catre y bostezó desperezándose. “¡En fin, había que seguir en el yugo!”. Se restregó los ojos. Luego, tanteando, buscó las alpargatas. “Tenía que comprar otras. Estas no aguantaban más. El dedo gordo le asomaba por la lona y hasta el cáñamo se había gastado. ¡Pero eran tan caras! Casi el jornal de un día: doce horas de barrenar para ganar diez míseros reales. No, se haría unas esparteñas y listo”.

    Las calzó en la oscuridad. Después palpó bajo la almohada y sacó una caja de fósforos. Siempre los guardaba allí. Era más fácil encontrarlos. Alumbrándose con uno descolgó el candil y encendió el pabilo. Una luz mortecina pugnó con las tinieblas. “¿Se habría despertado el José?”. Fue a ver: el niño dormía plácidamente en la pieza contigua. Lo arropó. Su mano ruda acarició el pelo renegrido. “Lo dejaría un rato más. Después tendría que despertarlo. Si aquella mala bicha…”. Apretó los dientes. “Desde que los abandonó tenía que llevarlo a la mina. Ahora se alegraba. Nunca fue una buena madre para el José. Claro que si hubiera tenido dinero se habría quedado. ¿Y qué? ¡Bah! Más valía así. Para los dos estaba muerta”.

    Un ruido cercano interrumpió sus pensamientos. A través del tabique llegó el relincho de un equino. “Debían de ser las cuatro. El vecino ya le estaba dando el pienso a los mulos”. Volvió a su cuarto. Puso el candil sobre un arca y terminó de vestirse. Luego lo llevó a la cocina y lo colgó en la repisa de la chimenea. Como chisporroteara tomó una alcuza y le agregó aceite. Al brillo intenso de la llama, las arrugas de su rostro se acentuaron. Una cara sufrida y vulgar. Cansada. Mecánicamente fue a un rincón y cogió un puñado de leña. La apiló bajo las trébedes. Encendió el hogar y puso en el fuego un puchero con agua que sacó de un cántaro. Lo tapó. Acercó una mata que se había caído al suelo y miró un momento cómo se consumía con un crepitar seco. “El domingo irían a buscar leña. Ya les quedaba poca. Era duro, pero con unos haces que trajeran de más pagarían al tendero una parte de la cuenta. Siempre debía, desde que se casó. Y eso que trabajaba como un burro. ¡Todo estaba tan caro!

    Cruzó la cocina y descorrió el cerrojo de una puerta. Era de madera tachonada y vieja, con algunas hendijas en la base carcomida. Al abrirla se coló el frío de la madrugada. Estornudó mirando al cielo. Las estrellas parecían apagadas. Algunas asomaban tímidas entre las negras nubes. “Otro mal día para los pobres”. Carraspeó y escupió dos veces antes de llegar al retrete, un pozo abierto en un ángulo del corral. Acuclillado paseó la vista por el espacio penumbroso de tierra rojiza y despareja. Débilmente la luz de la cocina que recortaba la puerta entreabierta lo iluminaba un trecho. Le pareció muy grande. “Si pudiera criar conejos… Con suerte y una buena comida sacaría unas pesetas. Porque el corral tenía bastante anchura y con sólo conseguir un macho y una hembra…”. Terminó y se subió los pantalones. “No era mala idea. Además, si la cosa marchaba podrían comprar un conejo de vez en cuando”. Volvió a la cocina y cerró la puerta. “La hierba abundaba en cualquier sitio y con unos cuantos sacos que acarrearan de tanto en tanto…”. Entró en su dormitorio y sacó del lavabo la palangana desconchada.

    -José-, llamó quedo. Hubo un silencio que rompió el canto lejano de un gallo.

    -José-, repitió más fuerte. Esta vez se oyó crujir un colchón; después un suspiro y un largo bostezo.

    -Anda, hijo. Levántate que ya es hora.

    -Voy, padre-, dijo una voz adolescente y somnolienta.

    El hombre regresó a la cocina. “Aquello no podía seguir así. Sí, el José siempre había sido delicado y si seguía acarreando espuertas de mineral se enfermaría”. Acercó la jofaina a una cantarera y vertió agua de un cántaro. “Además era mucho trajín y no quería que su hijo fuese un esclavo como él lo había sido toda su vida. ¡Que explotaran a otros! Bastante había aguantado ya el zagal”. Terminó de lavarse; alcanzó una gastada toalla que pendía de un clavo y se secó. “Necesitaba hacer dinero como fuera. Con la leña, los conejos y alguna pleita que hiciera quizá… Los serones se compraban bien y siempre salían aguaderas y albardas. Y hasta en el verano podrían ir a la siega a ganar unos duros. Por lo menos la comida les salía gratis”.

    Colgó la toalla. La palangana quedó en el suelo junto a la enjalbegada pared. En el hogar el vapor hacía saltar la tapa del puchero. “Tenía que ser un buen padre. En cuanto pudiera pagaría lo que debía y se irían a la ciudad”. Abrió la alacena descolorida y sucia por el seco excremento de las moscas; sacó un tarro de lata y, destapándolo, volcó café de achicoria en el puchero. Luego lo volvió a guardar. “Allí le buscaría algo mejor. Quizá lograra colocarlo como dependiente en cualquier comercio. Él, ya vería. Peor no podrían estar por mal que les fuera. Claro que algo le dolería dejar la mina, pero no tenía más remedio. ¡La perra vida! Su padre también había tenido que dejar el pueblo para darle de comer a todos ellos. Ocho hijos nada menos”.

    Parecía embrujado por el rojizo resplandor del fuego. Algunas pavesas saltaban a sus perniles.

    “Si no hubiera sido por el dinero que les mandaba de la Argentina, se hubieran muerto de hambre. Dos años trabajó como un burro en el muelle de Mar del Plata para regresar con unos miles de pesos. ¡Y qué poco disfrutó el pobre! No tenía ni cuarenta y cinco años cuando se lo llevó la gripe. Claro que él tampoco se cuidó. Pasó casi toda la epidemia enterrando los muertos a carradas y con una botella de aguardiente en el bolsillo. Hasta que se contagió como tantos otros y no duró ni veinticuatro horas. Sería su destino…”.

    El café hirviendo se derramó sobre las matas semiextinguidas y apagó la lumbre. Entonces el hombre buscó una roilla y cogiendo el puchero de un asa lo retiró de las trébedes. Al ver que salía humo de una mata todavía verde, la pisó.

    Entró el niño. Magro y enteco. Con mirada honda, de predestinado. Todo pálpito. Como aureolado de irrealidad y con toda la tristeza de una infancia sin juguetes.

    -Anda, hijo. Date prisa que se enfría el café-, dijo el hombre terminando de llenar su humeante tazón.

    -Sí, padre.

    Fue y se aseó. Luego, sentándose a la mesa, comenzó a sorber lentamente la amarga infusión en silencio, con la mente en blanco y la mirada fija en el oscuro líquido.

    El hombre apuró su café. Se enjugó los labios con el dorso de la mano y, levantándose, entró en el dormitorio. Buscó a tientas su chaqueta de pana lisa y se la puso mientras volvía a la cocina.

    -Ponte la zamarra, que hace frío-, recomendó al par que envolvía unos arenques en un pedazo de papel de estraza.

    El niño, bebida su colación, vistió la prenda pastoril.

    -¿La bufanda también?-, preguntó.

    -Sí, hijo, también, no vayas a resfriarte-, contestó el padre metiendo el paquete y una fiambrera que sacó del aparador en una talega. Después cogió un farol de petróleo y lo encendió.

    -Apaga el candil-, ordenó tras observar el pergeño del chico.

    El niño sopló fuerte. La llama osciló. Volvió a soplar. Entonces la torcía humeó. Por un instante miró las últimas brasas que se extinguían en el hogar. “¡Qué lindas eran! ¡Y cómo brillaban! Si no fuera porque quemaban las tocaría”. La voz de su padre le pareció lejana. No entendió lo que dijo. Como un autómata se echó la talega a la espalda, atrancó la puerta y salió al corral. Allí lo vio: como todas las mañanas había sacado la petaca y liaba despacio un cigarro junto al farol abandonado en el piso cuadrilongo. Lo observó en silencio, sintiendo el resquemor del cierzo en las orejas. Mientras se friccionaba un pabellón, oyó que alguien pasaba tarareando más allá del tapial.

    El hombre guardó la yesca y dio una pitada al cigarro. A la segunda alzó el farol. Caminó unos pasos y abrió un portón. Dejó salir al niño y cerró con una llave grande y herrumbrosa.

    El callejón estaba desierto. El chico sintió más frío mirando su angosta longitud. Se asustó cuando un gato saltó una tapia y orinó sobre la telaraña de un ventanuco cercano. Después siguió a su padre a una distancia respetuosa.

    Durante un trecho se entretuvo contando las estrellas. “Una, dos, tres. Sólo tres. ¡Qué pocas! Por eso daba miedo”. Carraspeó cuando salían del pueblo y un perro les ladró al entrar en el polvoriento arrecife. Con su cara vuelta miró la mortecina luz del bar que se esfumaba a la distancia. “¿Por qué no una copa de anís? ¿Por qué no le compraba el rosco como todas las mañanas? A lo mejor no había querido esperar a los otros mineros”. Se encogió de hombros, acomodó la talega y apretó el paso.

    El hombre tiró la colilla. “No tenía ni un céntimo y no quería pedir fiado en el puesto. Otro día se lo compraría. Le daba pena porque el zagal ya estaba consentido, pero ¿qué iba a hacer? Quizá algún día, en la ciudad…”. Trastabilló. “Entonces sí que le iba a hartar de turrón y garrapiñadas y garbanzos torraos ¡de todo!, y se acabarían las fatigas”.

    El camino principal había quedado atrás. Enfilaron la senda que bordeaba el camposanto y a poco pasaron frente a la verja de barrotes negros.

    “¿Si saliera un muerto?”. El niño miró el lúgubre interior de cruces y pinos con ansiedad y temor. “Él saldría corriendo por el ejido, pero su padre no porque una vez contó que se le apareció un muerto y hasta que había hablado con él”.

    Ya se distanciaban por la algaida circunvalante cuando el niño, al volver el rostro, creyó ver a “alguien” hacerle señas asomado a la tapia del cementerio. Y resbaló en el tarquín.

    El hombre se detuvo. Entregó el farol al niño y lo hizo pasar delante. Luego tomó la talega del barroso suelo y la cargó a su espalda. “Llevándola él ganarían tiempo. El José siempre tropezaba en los matorrales y no convenía retrasarse. Cuando saliera de la trocha se la daría”. Escrutó el firmamento. Las escasas estrellas ya no se veían. Todo era tinieblas allá en lo alto. “Si no se aligeraban, se mojarían”.

    Para acortar camino bordearon el “Barranco del Duende” y sesgaron el “Collado del Viento”. Después de cruzar una rambla se adentraron en el guijarral donde en el estío pululaban las sabandijas. La luz de un relámpago iluminó fugazmente la blancuzca faja. Después el trueno, sordo, distante, amenaza en ciernes. Unos pasos más con creciente premura y sobre las cabezas el estampido encadenado en el espacio. El fenómeno retumbante, incontrolado y soberbio.

    “Ya la tenían encima. Si el José se mojaba estaba listo”.

    Las primeras gotas cayeron gruesas, espaciadas. “¿Si aguantara un poco? Ya estaban cerca. Luego podían caer chuzos de punta”. Una vez más oteó la bóveda. Suplicante, inerme.

    El niño tosió. Una, dos, tres veces. “¡Maldita sea! La veía venir”.

    Ahora la marcha se hacía fatigosa en el terreno accidentado y quebradizo. El macizo serrano parecía esfumado y el cierzo se había retirado de las cumbres.

    Cuando ascendían una ladera arreció la lluvia. Entonces el hombre, despojándose de su recia chaqueta, la echó sobre el niño cubriéndolo a guisa de capucha. Poco después ambos corrían por la meseta y entraban en el cuartel acogedor. Fuera, el aguacero, o el diluvio.

    Los otros mineros llegaron chorreando.

    -Me he calao hasta los huesos-, dijo uno sacudiéndose el raído sombrero.

    -Si hubiéramos salío antes no nos habría pillado la tormenta-, le recriminó un segundo.

    -Yo sí que me he visto negro pa´cruzar la rambla-, aseguró un tercero. Y añadió: -Venía que daba miedo.

    No tardó el ambiente en poblarse de conversaciones, estornudos y ordenado ajetreo. La mayoría de los presentes mostraba los pies descalzos y llenos de barro, con la bocamanga arremangada a la altura de las pantorrillas. Dos de ellos calzáronse las enjutas alpargatas que habían guardado durante el trayecto bajo la chaqueta. A unos metros, el capataz, bajo y regordete, blasfemaba para sí mientras se limpiaba las ropas completamente empapadas.

    El hombre sacó un gastado pañuelo y enjugó la frente del niño mirando con tristeza a unos cuantos chiquillos que, alegremente, juntaban picos y palas. “¡Qué llenos de vida estaban! Ni el frío ni el agua les quitaban el buen humor”. Inspiró profundamente.

    Desde el umbral del cuartel el hombre oteó el horizonte. En el confín, el cielo plomizo se juntaba con la tierra en un abrazo melancólico. Había escampado y reinaba un alba desolada. Cuando varios mineros salieron él los siguió hasta la chabola. Poco después regresó con sus herramientas al hombro. El niño lo esperaba contemplando absorto la mágica poesía del amanecer.

    -Vamos-, dijo con suavidad. El chico se le unió, pero estaba ausente. Llegaron a la boca del pozo. Algunos mineros bajaban la trancada. Ellos aguardaron la jaula y descendieron con muchos más los trescientos metros que los separaban de la tercera planta. Era la última, y allí funcionaba el malacate. Alumbrándose con sus carburos se adentraron por la oscura galería. Gruesos troncos entrecruzados sostenían las paredes y el techo. Expertos conocedores de aquel laberinto, el grupo de fornidos trabajadores pronto se disgregó hacia sus tareas. Poco después horadaban las entrañas de la tierra como un ejército de topos desperdigados por el dédalo.

    No había transcurrido una hora. El rítmico golpeteo de los picos se perdía por los corredores y el torso descubierto de los mineros brillaba por la transpiración. La actividad era febril. Ni una palabra. Sólo señas y el ajustado trabajo de un aparato de precisión. Concierto de picos y palas. Contrapunto. Y de vez en vez un estruendo. Lejano, el rodar de las vagonetas por los rieles.

    “Eh, tú, ¡date prisa! No te quedes ahí embobao, ¿estamos?”.

    Con esfuerzo el niño volcó el capazo en la vagoneta cargada de mineral. Entonces su acompañante le dejó el farol y empujando el vehículo se alejó hacia el enganche conversando con el capataz. Fatigado los siguió con la mirada. La luz oscilante del carburo se fue haciendo cada vez más débil. Después sólo vio un punto amarillento en las tinieblas. Hasta que desapareció y todo fue negrura. “Ahora que no estaba el capataz podría descansar un rato”. Atravesó la angosta trocha y cruzando las piernas se sentó pesadamente en un oscuro apartadero. “Allí estaba fresco”. Como la luz del distante farol le molestara, cerró los ojos. “¡Qué bien se estaba así”. Siempre le gustó la oscuridad y el silencio de aquel desvío, pero no podía estar mucho. Si lo veían, le regañaban. Y no quería que su padre sufriera. Estaría un poco más y se iría. Apoyó la cabeza contra la pared. Su mente, en blanco.

    El hombre abrió la caja y sacó un cartucho. “Siempre que cogía uno le parecía un bollo de higo. ¡Y eso que los había sacado tantas veces! Desde que comenzó el aprendizaje de artillero en La Carolina”. Abrió el extremo redondo como un duro de plata. “Algún día le contaría al José lo que sufrió en aquellas sierras. Era bueno que supiera cuánto pasó su padre…”. Introdujo el fulminante en la pólvora y aplicó una mecha de unos cincuenta centímetros al primero. “¡Cómo se iba a reír cuando le contara el susto que le daban los barrancos!”. Se dirigió al final de la calle y colocó el explosivo dentro de un boquete abierto poco antes en el “avance” con la barrena y el marro. Después tapó con tierra la abertura y prendió la mecha.

    -¡Barreno ardiendo!-, gritó. Los demás mineros dejaron sus herramientas y, lentamente, se pusieron a cubierto. Él los imitó en seguida ocultándose tras la esquina de una galería ciega.

    -¡Barreno ardiendo!-, volvió a gritar. El eco se perdió por la red silenciosa de arterias soterradas.

    Vorazmente la llama iba consumiendo la mecha. Descansando escuchaban los mineros aquel ruido familiar. Un ruido semejante al que produce el gas de un sifón de soda que se termina.

    -¡Barreno ardiendo!-. Por tercera vez la rutinaria voz de alarma hendió el aire dentro de las galerías. Y llegó, apagada, hasta el oscuro apartadero.

    El niño despertó sobresaltado. “¿Lo estarían buscando?”. Se incorporó rápidamente y asió el capazo. “Debía de ser su padre. Si llegaba a saber que se había dormido…”. Fue por el farol y salió corriendo. “En dos saltos llegaría…”.

    Cuando irrumpió jadeante en el receptáculo, uno lo vio. Pero ya era tarde. El alarido. La explosión: tierra, piedra, hierro que cae.

    Todo con la matemática regularidad de lo fatal. Luego, un montón de materia. Una nube de polvo. La sensación de lo absoluto.

   “¿Aquello? ¿Era aquello su hijo?”. Salió corriendo. Los mineros lo vieron atravesar la explanada y tomar el atajo. “¿Estaría loco?”. Se miraron un instante. Después dos lo siguieron.

    El hombre cayó tres veces en su huida. La última se levantó agitado y lleno de barro. “¿Adónde iba?”. Miró la llanura cubierta de matorrales. Un perro le devoraba  las entrañas. Dio unos pasos y se arrojó al suelo arcilloso. Arrancó unas matas furiosamente. Pero no podía llorar. No, no podía. Se abofeteó. Nada. Sin embargo el perro continuaba mordiendo muy adentro. Arañó la tierra y con el puño cerrado la golpeó muchas veces. “Él tuvo la culpa. Él había matado al José. Si no lo hubiera llevado, si se hubieran ido… La ciudad. ¡Qué lejos estaba la ciudad!”. Se mesó la barba sorpresivamente crecida. “No, no quería volver. No podría soportarlo. Quería estar solo y morirse allí, entre las matas, tendido en el barro como un perro, como el José”. Cerró los ojos. ¡Qué cansado estaba! ¡Se sentía tan viejo! Si pudiera morirse, morirse en un tris…”. Lentamente hundió la frente en el barro. Y no pensó. Así dos, tres minutos. Hasta que levantó la cabeza y la vio. Al principio dudó. Luego sacudió la cabeza varias veces con un abrir y cerrar los ojos. “Sí, era cierto. Estaba allí. ¡Cómo no se había dado cuenta antes! Sin embargo nunca la había visto. ¿Sería…?”. Se incorporó y comenzó a andar como un beodo. La mirada fija y extraña.

    Cuando los dos mineros lo encontraron estaba abrazado a una tosca cruz de piedra que se levantaba al borde de un camino encharcado. Pero ya no era él.

Comentario:

          “(…) Atreverse a explorar los mundos que giran alrededor del sol o mente narrativa de Camacho, sólo es posible si se está preparado para aceptar los claroscuros de la trama de la existencia humana, acechada por su inescrutable finitud; y donde sólo la efusión del amor ofrenda connotado y denotado por las esencias de la bondad, la belleza, la justicia y la verdad, entrelazadas junto a sus negativos correlatos, esto es, el odio, la violencia, la miseria y lo mendaz, atributos que orlan –como las dos caras de una misma moneda- a la humana fragilidad, permiten soportar en clave de esperanza y destino de trascendencia, el profundo mensaje que bulle elocuente y vivaz en la excelsa literatura del maestro de Roquetas de Mar (Almería). Si el lector no cuenta con esta perspectiva, sólo creerá deambular por las oscuras quebradas de la “condición humana” (A. Malraux, op. cit.) y el vértigo de las frustraciones y angustias de esta vida. Visión estrecha que le impedirá otear y descubrir que, más allá del abismo terrenal, se levanta un cielo cuyo firmamento es ícono inefable de la eterna felicidad. Así, los relatos de Camacho ponen a prueba lo que el verdadero escritor y lector deben poseer por naturaleza: sensibilidad emotiva y paciente racionalidad elaborativa e interpretativa. Porque los cuentos del Duende Andaluz, como me gusta llamar a Antonio Camacho, horadan nuestra emotividad de criaturas; ésa que promueve y lleva a conmovernos en solidaridad de especie, de humanos, de “ser” humanos, de personas con dignidad, inteligencia, voluntad y creatividad, y nos impele a comunicarnos mediante el gesto y la palabra pensada y obrada como “… una honesta delatora”(dixit Evangelina Simón de Poggia –  El Litoral, Santa Fe, – Argentina, 29-05-2012) (…).

         Por lo demás, se hace difícil encontrar referencias idiomáticas apropiadas para comentar un cuento que, como “EL ESCLAVO”, es pródigo en imágenes tan vivaces y bien plantadas como las que ilustra este paraje del universo “camachiano”. Sus giros idiomáticos abastecidos por un erudito conocimiento del lenguaje castizo, asombran en esta historia donde, como habrá podido apreciarse, la consabida alcurnia de la pluma castellana del maestro Camacho, potencia el rigor de su impronta narrativa y la lanza hacia tan elevadas cumbres del Verbo, que sólo aquel que entrena su oficio de Escritor y de Lector como el águila y el cóndor su vuelo montañés, podrá avizorar la hondura y holgura que guarda su excelso Maná de la Palabra. Palabra entendida como hospitalaria casa del significado de todo y de todos. Casa donde es posible aprehender con tensión y ternura combinadas, los claroscuros de la referida existencia humana, en el vértigo de sus angustias, frustraciones y heroísmos (…).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

2 comentarios en “ANTONIO CAMACHO”

  1. Mi querida Eunate y equipo de LUNASOL…
    Muchísimas gracias en mi nombre y de parte del admirado ANTONIO CAMACHO GÓMEZ. Sinceramente, cuando enviara dicho, como dices, arduo trabajo biográfico realizado sobre tan poliafacético autor almeriense radicado desde joven en mi ciudad de Santa Fe (Argentina), no imaginé que sería objeto de publicación en este maravilloso magazin virtual. Ello, por cuanto el motivo de su envío había sido y prima facie, que la editorial de esta revista internacional tuviera en cuenta los magníficos antecedentes que respaldaban la fructífera y reconocida tarea de Antonio, tanto en España como en Argentina, y básicamente por su empeñosa dedicación a difundir la cultura andulaza y el flamento, patrimonio de la humanidad; ello, en la tesitura de haber aceptado actuar como jurado en el importante premio de Poesía que España organiza bajo los siempre bienvenidos aportes de la Organización Mundial de Trovadores (OMT). La versátil de nuestro Autor y la calidad innegable de su Obra nos exime de mayores comentarios: ya que de aquí en más, y luego de gozar no sólo de su diversificado accionar y de los poemas y relato magistral que hemos seleccionado en la oportunidad, a fin de posibilitar al lector adentrarse singularmente al mundo camachiano, iremos acercando material tanto periodístico como literario de su autoría que, estoy seguro, gozará del beneplácito de los lectores de LUNA SOL INTERNACIONAL (USA/España).
    Fuerte abrazo de ambos, cuaresmal y literario, queridas Eunate G. y Cristina Ch.

    Adrián N. Escudero (Santa Fe-Argentina) – Staff LUNA SOL Internacional

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  2. Maravilloso trabajo, Adrián, sobre un hombre de gran valía, Antonio Camacho, del que me honro ser paisana, no solamente por nuestras raíces andaluzas, que nos elevan a muy altas dimensiones en los campos del humanismo, de las artes, de las letras… si no por ser hijos de nuestra entrañable Almería.
    Con cuánto placer he leído sus vivencias en esos entornos vividos por mí allá en los años de mi niñez: El Paseo, el parque, la plaza de toros, Celia Viñas y el Instituto en aquella plaza de Santo Domingo donde yo jugaba y en la que había una papelería de mucha solera (papelería Santo Domingo) que regentaba mi tía Carmen. Todavía recuerdo el rico perfume a libros, papel, lápices y gomas de borrar.
    Me alegro mucho que en la distancia haya conocido a un hombre de gran valía.
    Un abrazo para los dos
    María

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