ANHELO NARRATIVA

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ANHELO
Carlos Benítez Villodres
Málaga (España)

Cuando tenemos la sensación de un deseo vehemente o de una esperanza apasionada, entonces es cuando las personas tienen anhelo por concluir una tarea que ya empezó, o por alcanzar una meta propuesta, o por tener algo material o espiritual. “Anhelo finalizar mis estudios”, o “Anhelo vivir en el campo”, o “Anhelo comprarme una casa”, o “Mi anhelo es servir a Dios y a mis hermanos que cada día naufragan en sus respectivas vidas”. Como se deduce de lo expuesto, si se consigue lo anhelado, disfrutamos de haberlo conseguido. Una de las más significativas delectaciones para un ser humano es que se haga realidad lo que antes anheló, pues “el placer supremo, manifiesta Tales de Mileto, es obtener lo que se anhela”.

El vocablo “anhelo” procede etimológicamente del latín “anhelus” derivado de “halo, halare” («respirar con dificultad»). Evidentemente, esta palabra tiene sus sinónimos, pero los dos más fundamentales son: “ansia” y “afán”. En ciertos casos, lo que anhela una persona puede ser calificado de utópico, es decir, el proyecto trazado mentalmente por dicha persona es muy difícil de realizar, y en determinadas ocasiones no sólo entraña gran dificultad, sino que es imposible llevarlo a término.

En las entrañas del anhelo, existen factores físicos y psicológicos, ya que, cuando una persona anhela algo, intervienen sus esfuerzos o energías y su mente, desde el sector de la emotividad.

Asimismo, los psicólogos clasifican los anhelos en tangibles e intangibles, es decir, un individuo puede anhelar productos materiales: casa, coche, publicar un libro de su autoría… e inmateriales: viajes, estudios, formar una familia…

Por otro lado, los anhelos surgen de la afectividad. Para unos padres, el más fundamental anhelo suele ser que sus hijos crezcan sanos y felices. Del mismo modo, para una pareja de enamorados su anhelo más significativo es caminar juntos por la vida. Los anhelos son potentes y trascendentales, según la importancia que le otorgan los anhelantes. Además, una de las peculiaridades del anhelo es su condición de no real, pues, cuando lo anhelado se logra, el anhelo desaparece.

Cualquier persona puede tener anhelos en las distintas etapas de su vida. No tienen los mismos anhelos un joven que un anciano. “La vida, refiere José Ortega y Gasset, es una serie de colisiones con el futuro; no es una suma de lo que hemos sido, sino de lo que anhelamos ser”. Un individuo puede tener varios anhelos al mismo tiempo y buscar realizarlos todos. También ciertos estados mentales impiden que la persona tenga anhelo hacia algo en su vida, ya que no puede incubar en su mente sensaciones de confianza, de deleite, de complacencia.

En una persona nace y crece la frustración, cuando ésta no consigue que su anhelo se realice. Este revés será más o menos relevante, según el nivel de lo anhelado por dicha persona. Es evidente que a más alto grado mayor será el desengaño.

 La pena y la ansiedad son emociones negativas que padece el individuo cuando su anhelo no se materializa. Por el contrario, si el anhelo se concreta, la persona se encontrará síquicamente satisfecha y gozosa al haber conseguido lo que tanto anheló.

Un sinnúmero de escritores utiliza el término “anhelo” para titular alguna de sus obras. El novelista, poeta y cantante canadiense Leonard Cohen (1934-2016) publicó en el año 2006 un poemario titulado “Libro del anhelo”. En el mismo, recogió una serie de poemas que escribió durante más de veinte años. En él, aborda desde sus miedos y anhelos hasta sus dudas o sus ideas acerca de cuestiones tales como la juventud, la vejez, la muerte, el amor, la pasión, en definitiva, lo que acontece en la mente de cualquier persona, así como aquello que sucede en nuestro entorno más y menos cercano. Cohen ilustró este libro. “La vida, asevera Miguel de Unamuno, no es sueño. El más vigoroso tacto espiritual es la necesidad de persistencia en una forma u otra. El anhelo de extenderse en tiempo y en espacio”.

El escritor granadino, Adrián Blake, seudónimo, le puso a una de sus numerosas novelas el título “Anhelo”. En ella, leemos: “Habéis conocido mis deseos. Sabéis lo persuasivo que puedo llegar a ser. Es hora de que os cuente mi verdadera historia. ¿Te atreves a fiarte de mí? Mi anhelo es tener a Gabrielle para siempre. Para ello, debo derrotar a mis demonios”. Ciertamente, Adrián no siente el anhelo de escribir sobre la superficie del orbe, sino que anhela volar cada vez más alto sobre el universo de la narrativa. “¿Por qué contentarnos, nos cuestiona Helen Adams Keller, con vivir a rastras cuando sentimos el anhelo de volar?”, y Adrián bien que siente este anhelo hasta en los recovecos más profundos de su mente.

En “Anhelos armónicos”, el narrador israelí Eshkol Nevo les asegura a los posibles lectores “que esta historia es muy especial para mí, porque revela cómo se da la amistad entre hombres que, a diferencia de las mujeres, no hablan, sólo comparten sus emociones”, entre ellas los anhelos.

Irving Stone, escritor estadounidense, también tituló una de las muchas biografías que escribió “Anhelo de vivir. La vida de Vicent Van Gogh”. Quien haya contemplado alguna vez el cuadro de Van Gogh titulado «Noche estrellada», se sorprenderá menos al leer esta biografía. Sólo un hombre capaz de cercenarse la oreja izquierda, para regalarla a una prostituta, podría haber pintado esas estrellas cuya pasión -la pasión de Van Gogh, en el doble sentido de la palabra- se desborda en la noche. Pero, también, sólo un hombre que albergara la oscura habilidad de describir con los pinceles el universo, con tales paroxismos, podría haber vivido como él vivió. Su obra y su vida corren paralelas. Irving Stone, con la perseverancia del pintor que se afana por dar vida al color, sabe entregarnos una biografía apasionante del artista abocinado, cuyas páginas parecen palpitar como una extraña herida.

Según lo expuesto en parágrafos anteriores, fueron muchos los escritores que utilizaron el término “anhelo” para titular alguna de sus obras. Y es que este deseo fogoso y apasionado siempre está vivo desde el principio de los tiempos hasta su final.

También los cantantes. El grupo gaditano “Esperanza de Vida” en una de las estrofas de su canción “Anhelo tu presencia” dice: “Anhelo tu presencia, necesito de tu fuego. / No hay nada más hermoso que poderte adorar. / Derrama de tu gloria eres todo lo que quiero. / Llena con tu poder este lugar. / Anhelo tu presencia”.

Todos los seres humanos anhelamos alcanzar incontables metas en la vida, ya sea de tipo material o espiritual. Que lo logremos o no depende de lo anhelado. En muchos casos, depende de nosotros, pero en otros, no. Hay quien dice que los anhelos dependen de la persona que anhela, pero, como ya dije, eso es falso a medias, es decir, hay anhelos que sí podemos hacerlos realidad: finalizar los estudios, por ejemplo, pero hay otros que sólo se quedan en lo que son: anhelos. Es el caso de quien anhela comprase un avión. Son muchos los factores que intervienen en esta compra: dinero, estado físico y mental, documentación…

DESPUÉS DE LOS OJOS
Por Adrián N Escudero (Argentina)
(Anhelos)
A los que escriben

Especialmente al colega Cristóbal Reinoso (Diario “Clarín” – C.A.B.A., Argentina), por su nostalgioso artículo “El papel testigo de la memoria”, e  in memoriam de Alberto Spinetta y su poema canción “Muchacha ojos de papel…
Y muy en particular, para  mis queridos amigos y hermanos en la fe y humanidad, Maestro Antonio Camacho Gómez y Princesa de las Letras Santafesinas, Prof. María Hortensia Oliva (Taller San Lucas – UCSF); y al la dulce vasco alicantina Señora de las Bellas Artes, Virginia Eunate Goikoetxea (Directora Editorial de ARISTOS INTERNACIONAL – Alicante, España) y su magnífica editorial de Marzo 2018 acerca del rol de la mujer en la actualidad; asimismo, a la consagrada escritora rafaelina Prof. Lic.  Liana Friedrich Coordinadora Distrito 02-Asociación Internacional Clubes de Leones, Argentina) y prologuista de mi libro” El Emperador ha muerto (Y otros cuentos)”: con eterno agradecimiento y reverencial afecto admirativo…

Porque, según Virgilio, “cada uno va detrás del deseo que lo arrastra”.
Uno – Mientras las cabañas esperaban el amanecer, alguien, que había dejado una lámpara encendida, despertaba bruscamente
Don Esteban Fuentes movió la cabeza con parsimonia, deslizó una mirada de satisfacción hacia los prístinos albores que se filtraban por la ventana, y reclinó sus espaldas contra el apoyo de su atávico sillón. Mas el gozo que experimentaba no partía, indudablemente, de la cómoda postura que lo llevara a estirar las piernas por debajo del vetusto pero noble escritorio de roble con ocho cajones, todavía cubierto por esa sábana tenue y grisácea –cual barba de olvido- y a volcar en él sus puños –enormes, endurecidos y encallecidos por el esfuerzo-  más allá en el sur, en el campo de las simientes…
No, porque todo el sudor y la firmeza de su rostro duro y contagiado de sol, se había concentrado también, al igual que aquel súbito, gigantesco y maravilloso bienestar, en sus ojos…

Dos – Y los ojos de don Esteban eran verdes y profundos. Y sonreían como unos cincuenta años atrás…
   Los ojos de don Esteban tenían el brillo de los dioses profanos que encienden su cuerpo ante la majestad del placer.
   Y no se movían.
   Simplemente, miraban… Sin soñar. Porque aquello que veía frente a sí no era un sueño. Podía tocarse, olerse…
   Pero don Esteban detenía la tercera idea. Era esa sensación que debía recorrer cada gramo de su, ahora, basto cuerpo. Cada poro de su ser debía respirarla. Esconderla en miles de burbujas espirituales, canalizarla hasta el cerebro, y luego retocarla, madurarla… Y entonces sí, frente al mágico instrumento…
   Aunque no fuera tiempo de gritarla. Debía quedarse un poco más adentro. Curando las mil muertes que acomodara en el estómago, en el hígado o en los riñones cuando ya el corazón estuvo repleto de frustraciones.
   Era fantástico mirar aquella cosa e imaginar todo lo que podría hacer con ella. Estaba ahí. Nadie podría arrancársela. Así que tendría todo el tiempo que quisiera robarse en una espera distinta a la que había experimentado durante esos años…
   Era hermoso también verse abandonado en mil mundos y en mil vidas propias y ajenas, inventando gentes y ciudades. Más ni siquiera quería ponerse a meditar sobre esto. Quería, sí, degustar antes aquella almibarada nebulosa de colores, entornos, contornos y aromas, que empezaba de a poco a hormiguear en su sangre y a crepitar en sus huesos.
   Ya no se sentía viejo. Y eso era importante.
   Empezaba a nacer.

Tres – Creo que ni el hecho de soplarse la nariz para espantar el resfrío de aquel aire níveo, pudo desubicarlo un instante siquiera.
Don Esteban seguía con la vista fija en aquella cosa blanca e inerte, mezclado con los fantasmas y rumores que escondía…
Pronto el sol avivaría aún más su conciencia ardiente. Mientras tanto, encerrada en la pequeña habitación marrón, casi desprovista de muebles y adornos, y acogida por la soñadora luz de la lámpara vieja del viejo pero noble escritorio, viviría la eternidad.
Por su parte, los pequeños árboles seguirían recreando retoños de coníferas. Despacio, sin prisa… Con esa seguridad que daban las voluntariosas manos de los hombres del campo de las simientes.
Y los ojos del mundo acabaron por volcarse hacia el secreto lugar. El lugar de La Fábrica, del minúsculo Reino de la Celulosa, lejos de las ciudades protegidas como almejas u ostras por aquellas campanas de vidrio antismog.
Eran ojos cansados de mirar desiertos y bocas ceñidas de polvo, cemento y carburantes. Ojos cansados de no ser usados. Olvidados del color de las hojas del verano. Del color de las hojas del otoño. Del mórbido invierno. De la ansiada primavera.
Porque los gigantes de aluminio no fomentan perfumes, ni tonalidades, ni pétalos como las flores. Apenas apantallan, con sus ventiletes electrónicos y sus equipos refrigerantes o calóricos, según el caso, el negado oxígeno eructado por las especies sobrevivientes al…

… Pero había que olvidar todo eso. Olvidar lo pasado. Lo horrible del ayer debía enterrarse  -como a un millón de ojos sin suerte-  en lo grandioso del presente y en la esperanza del porvenir.
La vida era más que un simple acto de respiración.
Y todos los comienzos son difíciles, recordó don Esteban. Éste también lo era. Pero dejaría de serlo. Aquella recortada, pulida, tersa y alba hoja de papel lo anunciaba…
Y don Esteban seguiría con su mirada absorta hasta que el amanecer la enrojeciera de sueño y felicidad… Cerca de sus nuevos árboles. De sus fibras largas y gomosas. De esa pulpa madre misericordiosa y providente que moriría con libertad, con alegría, para que los hombres volvieran, como antaño y después de los ojos, a escribir…

  EPÍLOGOS DE UN ANHELO
Por Adriana Morán
Miembro de Letras del Andén (Villa Mercedes /San Luis ( Argentina)

Lluviecita anhelada

Hace exactamente tres años atrás… sincronicidad del Universo…! Anhelada lluviecita veraniega! Llévate contigo el desaliento, la desolación, el espanto del despojo, la injusticia, la hipocresía del que acumula a expensas del que menos tiene. Que resplandezca la belleza de los actos solidarios, comprometidos con el otro, con la otra y riegue la esperanza de los que esperan que todo sea sólo un mal sueño…

Anhelantes conciertos de paz

Fuentes diáfanas de la mañana, que colorida nos reconoce en su magnanimidad… nos regalan un concierto de trinos, silbiditos, chistidos, graznidos, gríllidos, sonidos cantarinos! Y la Luz despuntando, tiñendo de ámbar la quietud. Observo mi Universo, pequeño, recogido en sí, titubeante en la alborada de la vida, intentando encontrar significados en esta realidad. Me llamo a mí misma y me encuentro en los conciertos que la mañana me regala con esa Bondad propia de ella, me regocijo y elevo anhelante: que haya Paz en los corazones de hombres y mujeres de buena voluntad!

El sueño anhelado por Ernesto

Me desperté pidiendo un milagro. Pequeño milagrito de la vida misma, Universo en pugna, planetas y satélites alineándose en armonía, que la octava suba, suba y ya no descienda por un tiempo! Me crucé con un ángel en el camino, lo miré fijamente a los ojos, leyendo mi aura, depositó en mí su energía y me alejé sonriéndole con picardía. Todo ha ido hilvanándose o al contrario, deshilvanándose en sincronía: la última carta de Ernesto a sus padres, la canción de Silvio Rodríguez a su memoria, el recuerdo glorioso de miles y miles de personas que también soñamos y anhelamos un mundo mejor (o mejorado), los estudiantes en consulta, el encuentro con amigos en el face, el desentrañamiento del conflicto, la odisea de la vida! Todo lo que baja, sube… sólo hay que aguardar el momento propicio y creer en los Ángeles!!!

Profundo anhelo

La mañana suena nítida! Se huele el viento, y se escuchan los trinares de nuestros residentes, el motor de un auto a lo lejos, una moto que pasa, el sol dorando y la pulpa del durazno que sabe a cascaditas dulces esparciéndose por la piel. Es calma, y profundo, profundo, la necesidad. Si pienso en positivo todo sabe más aún a mañana ventosa, cálida y sonora. Rebasada de sonidos compasivos que propagan la alegría interna de vivir a todos los que la estén necesitando….

 

1 comentario en “ANHELO NARRATIVA”

  1. Gracias nuevamente querida Eunate por publicar a los amigos poetas y narradores que formamos parte del Círculo Literario Letras del Andén. Me puso muy feliz ver el retrato de Adriana Morán y su fresco y hermoso texto describiendo su pequeño universo y pidiendo armonía que hoy tanta falta hace en el mundo convulsionado en que vivimos. Felicitaciones para Adriana , para todos los escritores que nos dejan sus páginas como un regalo de amor y para ti Eunate mi admiración y cariño.

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