EDITORIAL MAYO

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Mayo  2.020  nº 31

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AL SERVICIO DE LA PAZ Y LA CULTURA HISPANO LUSA

«Un hijo es un ser que llega al mundo para darnos un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos.»

LOS HIJOS

 Debemos de educar a nuestros hijos para navegar por los mares de la vida y llegado el momento dejarlos zarpar.

Cuando paseamos por el puerto y vemos los barcos, sabemos que están en lugar seguro los barcos están preparándose y abasteciéndose para lanzarse al mar, ese es destino para el que fue creado, navegar los mares, saliendo al encuentro de sus propias aventuras. Dependiendo de lo que la naturaleza le tenga reservado, podrá desviar la ruta, trazar otros caminos o buscar otros puertos.

Saben que siempre habrá gente en el puerto esperándolos. Así son los hijos. Ellos tienen en sus padres un puerto seguro.

Pero, por más seguridad y sentimientos de protección que podamos dar los padres, todos nacimos para navegar los mares de la vida, correr nuestros propios riesgos y vivir nuestros propios retos. En nuestro camino llevaremos los conocimientos y fortalezas adquiridas en nuestro puerto.

Muchas veces, como padres, queremos mantener a nuestros hijos en lugar seguro, en nuestro puerto. pero ellos están hechos para navegar, para zarpar cuando llegue el momento, y la estancia en el puerto ha de prepararlos a la navegación.

Algunos padres no desean dejar salir del puerto a sus hijos, desean que se queden en el lugar seguro para siempre, y olvidan prepararlos para navegar y encontrar su propio lugar, donde podrán sentirse seguros, felices y adquirir la fortaleza necesaria para en un futuro ser puerto para otras personas.

Los hijos nacieron para convertirse un día en ciudadanos de este mundo. Los padres podemos desear la sonrisa de los hijos, mas no podemos sonreír por ellos. Podemos contribuir por la felicidad de los hijos, mas no podemos ser felices por ellos. Los hijos deben continuar así como los barcos parten del puerto para sus propias conquistas.

Sin embargo, para eso necesitan saberse preparados y amados, fortalecer sus valores morales, su auto confianza, y reforzar sus virtudes y fortalezas. Prepararlos para sus travesías.

¡Qué difícil es soltar las amarras!

Pero como padres podremos tener el orgullo de verlos partir a navegar sus propios rumbos con la seguridad de que es un barco fuerte, independiente y capaz, que están bien abastecidos de todo lo que les hemos inculcado para poder enfrentarse al mundo y capear las tormentas que se les presenten. Pues les hemos educado para navegar, para la independencia.

No olvidemos que “ Ningún mar en calma hizo experto a un marinero”

Seguramente con el tiempo el barco y sus tripulantes volverán más experimentados por el aprendizaje adquirido y enriquecidos por las diferentes culturas que conoció. Saben que siempre habrá gente en el puerto esperándolos. Así son los hijos. Ellos tienen en sus padres un puerto seguro.

OS FILHOS

Devemos educar os nossos filhos para navegar pelos mares da vida, e, chegado o momento, deixá-los zarpar.

Quando passeamos pelo porto e vemos os barcos, sabemos que estão em lugar seguro. Os barcos estão sendo preparados e abastecidos para lançar-se ao mar, esse destino para que foram criados; navegar os mares, saindo ao encontro das suas próprias aventuras. Dependendo do que a natureza lhes tenha reservado, poderão desviar-se da rota, cruzar outros caminhos ou procurar outros portos. Sabem que sempre haverá gente num porto a esperá-los.

Assim são os filhos, eles têm nos seus pais um porto seguro.

Mas, por mais segurança e sentimentos de protecção que os pais  possam dar, todos nascemos para navegar los mares da vida, correr os nossos próprios riscos y viver os nossos próprios desafios. No nosso caminho levaremos os conhecimentos e as forças adquiridas no nosso porto.

Muitas vezes, como pais, queremos manter os nossos filhos num lugar seguro, no nosso porto, mas eles foram feitos para navegar, para zarpar quando chegar o momento, e a estada no porto há-de prepará-los para a navegação.

Alguns pais são reticentes a deixar os seus filhos sair do porto, alimentam a esperança que eles fiquem em lugar seguro para sempre, e esquecem-se de os preparar para navegar e encontrar o seu próprio lugar, onde poderão sentir-se seguros, felizes, e adquirir a robustez necessária para num futuro serem porto para outras pessoas. 

Os filhos nasceram para converter-se um dia em cidadãos deste mundo. Nós, os pais, podemos desejar ver o sorriso dos filhos, mas não podemos sorrir por eles. Podemos contribuir para a felicidade dos filhos, mas não podemos ser felizes por eles. Os filhos devem continuar assim como os barcos; partem do porto para as suas próprias conquistas.

Não obstante, para isso necessitam saber-se preparados e amados, fortalecer os seus valores morais, a sua auto-confiança, e reforçar as suas virtudes e força. Prepará-los para as suas travessias.

Que difícil é soltar as amarras!

Mas como pais poderemos ter o orgulho de vê-los partir a navegar os seus próprios rumos com a segurança de que são um barco forte, independente e capaz, que estão bem abastecidos de tudo o que lhe havemos incutido para poderem enfrentar o mundo e ultrapassar as tormentas que se lhes apresentem. Pois que os educámos para navegar, para a sua independência.

Não esqueçamos que “ Nenhum mar em calmaria fez um marinheiro experiente”. Certamente com o tempo o barco e os seus tripulantes tornar-se-á mais experiente pela aprendizagem adquirida e enriquecido pelas diferentes culturas que conheceu. Sabe que sempre haverá gente no porto à sua espera. Assim são os filhos. Eles têm nos seus pais um porto seguro.

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