EDITORIAL

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CAMBIO DE HORARIO

Independientemente de cual sea el resultado,  una de las cosas más golosas para debatir es el huso horario. A priori el asunto es una simple convención para compaginar nuestra manera de vivir con los ritmos inexorables de la naturaleza, una pretensión de domesticar el tiempo para que se acomode a nuestra métrica. Pero en realidad el cambio de hora es un asunto social, económico y político y hasta un sello identitario.Chávez retraso treinta minutos la hora, hizo lo mismo en Venezuela para rebelarse contra el «imperialismo horario».

La tentación de controlar el huso horario demuestra que este empeño anunciado por la UE para suprimir las congas del reloj -delante, detrás, un dos tres- no va a ser tan fácil de ejecutar. En muchos lugares la soberanía horaria es una cuestión de estado y los bailes con el reloj, una expresión de poderío.Todo el sistema horario actual, desarrollado a partir del meridiano de Greenwich, es una expresión de la dominación política de Occidente sobre el mundo, una convención que se impuso a finales del siglo XIX cuando el ferrocarril empezó a extenderse y a exigir un acuerdo sobre las manecillas. Hasta entonces, la hora, y no solo el tiempo, era una cuestión relativa.  Así que veremos.

Todo ello revierte indiscutiblemente en una mayor actividad económica, y esto es particularmente importante en un país como el nuestro, en el que el turismo tiene una incidencia capital. Recordemos que el Parlament balear ya había propuesto hace un par de años permanecer en el horario de verano todo el año.

Finalmente, la oportunidad para que todos (turistas y residentes) disfrutemos mejor del ocio es un punto clave para conservar e incrementar las facetas positivas de nuestra calidad de vida. El uso eficiente y satisfactorio de nuestro tiempo es una obsesión constante de las personas contemporáneas, sin duda porque como expresó tan acertadamente José Luis Sampedro ‘el tiempo no es oro, el tiempo es vida’.

CAMBIO HORARIO
Independentemente de qual seja o res
ultado, uma das coisas mais apetitosas para debater é o fuso horário. À priori o assunto é uma simples convenção para compaginar a nossa maneira de viver com os ritmos inexoráveis da natureza, com a pretensão de domesticar o tempo para se acomode à nossa métrica. Mas, na realidade, a mudança da hora é um assunto social, económico e político, e até um timbre identitário. Chávez, que atrasou trinta minutos a hora, fez o mesmo na Venezuela para se revoltar contra o «imperialismo horário». 

A tentação de controlar o fuso horário demonstra que este empenho anunciado pela EU para suprimir as reviravoltas do relógio – para a  frente, para trás,  um dois três – não vai ser tão fácil de executar. Em muitos lugares a soberania horária é uma questão de estado e os bailes com o relógio uma expressão de poder. Todo o sistema horário actual, desenvolvido a partir do meridiano de Greenwitch, é uma questão de domínio político do Ocidente sobre o mundo, uma convenção imposta nos fins do século XIX quando o caminho de ferro começou a estender-se e a exigir um acordo sobre as respectivas manobras. Até então a hora, e não só o tempo, era uma questão relativa. Assim veremos.

Tudo isso leva indiscutivelmente a uma maior actividade económica, e isto é particularmente importante, num país como o nosso, no qual o turismo tem uma incidência capital. Recordemos que o Parlamento Balear já havia proposto há um par de anos permanecer no horário de verão todo o ano.

Finalmente, a oportunidade para todos (turistas e residentes) de desfrutarmos melhor o ócio é um ponto-chave para conservar e incrementar as facetas positivas da nossa qualidade de vida. O uso eficiente e satisfatório do nosso tempo é uma obsessão constante das pessoas contemporâneas, sem dúvida porque como expressou tão acertadamente José Luís Sampedro; “ o tempo não é ouro, o tempo é vida! “

 

Eunate Goikoetxea

Desde Alicante, Espanha