NARRATIVA RELIGIOSA

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LA RAZÓN Y EL JUICIO: DE SU NECESARIA E INESCINDIBLE COMPLEMENTARIEDAD

 

Dedicado especialmente a la Señora de las Bellas Artes, Dra.  Eunate Goikoetxea, Directora Fundadora y Editorial Gráfica de la Revista virtual ARISTOS INTERNACIONAL (Alicante, España), celebrando con gozo la aparición de su primer número en este esperanzado mes de setiembre de 2017…

“Y porque no eres ni frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”, oráculo del Señor – AT

Animado por la temática sugerente que ofrecía el capítulo “Tiempos de locura existencial” del Foro “UNILETRAS/UNISEM-SJ – Bogotá, Colombia”, en un reciente artículo de nuestra autoría publicado en la REVISTA LUNASOL – MARZO 2017 y denominado “¿NO JUZGUES Y NO SERÁS JUZGADO?, reflexionábamos en términos interrogativos sobre los alcances de una sentencia atribuida, evangélicamente, al Maestro y Mesías, Jesús de Nazareth.

Entonces, y por si dicha evangélica sentencia hubiere sido entendida en su forma literal y taxativa, nos preguntábamos si, acaso, no debíamos juzgar…, no debíamos razonar…

Y comenzábamos nuestro análisis afirmando: “Se nos ha dicho: “No juzgues y no serás juzgado…”. Sin embargo, -y por fuera de una superficial interpretación de semejante doctrina- la teología viene (a su debida) aclaración: (Esto es, el) hombre es un ser racional, es decir, que razona, que juzga, que elige instante tras instante de su vida; ora movido por sus sentimientos, ora por sus pensamientos, ora por sus deseos corporales… Decide y juzga a cada instante. Juzgar es precisamente eso: decidir. (…): Es imposible dejar de juzgar, de razonar, somos seres racionales, aunque limitados (&) en nuestra racionalidad -como sostiene asimismo, en una certeza casi de sentido común, el Nobel de Economía, Dr. Herbert Simon-… Y es en esa limitación donde debe apoyarse la reflexión y no en el hecho determinista y sincrético de juzgar o no juzgar; porque aún no juzgando, estamos juzgando, haciendo uso de nuestra inteligencia, voluntad y libre albedrío. El juicio, el juicio racional, el sano juicio racional -limitado-, es lo que nos lleva a tener conciencia de nosotros mismos, a saber de que estamos VIVOS y a diferenciarnos, en la especie animal, de otros animales. Porque somos animales, humus, polvo al fin terrenal, pero pensantes…, y sujetos de una grave responsabilidad: administrar como Dios manda su Creación. Y santificarnos en dicha tarea, de hecho, con ayuda de la Gracia. “Sean perfectos como lo es vuestro Padre que está en los Cielos” (NT), haciendo extraordinarias las cosas ordinarias de la vida. (…).

Motivado al cabo por las magníficas consideraciones intelectivas que algunos colegas, como la Profesora Cecilia Lamprea de Guzmán, Vicepresidente Fundadora del Foro Internacional “Naciones Unidas de las Letras – UNILETRAS”[2], nos hicieran llegar suscribiendo los alcances del ensayo de marras, aunque bien iluminándolos conceptualmente -ver Nota Nº  1 al pié-, nos atrevemos a formular –en conjunción con dichos sabios aportes- un abundamiento sobre la cuestión de marras, asumiendo el riesgo del adagio popular que sostiene: “Segundas partes, nunca fueran buenas”.

Veamos, entonces, este nuestro nuevo intento reflexivo al respecto:

La idea base de un razonamiento requiere, como las dos caras de una moneda en biunívoca e inescindible interacción, la idea y necesariedad de un juicio, de una elección, de una opción.

Sosteníamos sin más[3] y como necesaria hipótesis central: “El hombre es un ser racional”. Esta afirmación nos preparaba para comenzar a fundamentar, sobre un interrogante/sofisma que pudiera aparecer desde la prealudida apreciación taxativa y superficial de la sentencia evangélica, en la forma expresada directamente por la mencionada Prof. Lamprea: “¿No debemos razonar?”.

Pues, no razonamos sin preguntarnos. Y utilizando el sostén dialógico premiliminar de Lamprea, “Razonar es diferente de juzgar“,  decimos:

Es correcto. Ciertamente correcto. Más, ¿por qué? Porque, precisamente, no razonamos sin preguntarnos… (Qué, por qué, cómo, etc.). Al preguntarnos colocamos de inmediato y sobre la mesa discursiva, opciones, alternativas…

Por ejemplo, uno de esas “opciones o interrogantes” -sino la/el más importante que nos hacemos-, deviene de cuando “razonamos” por vez primera y/o “descubrimos” (tomamos conciencia) de que estamos… vivos. Vivos.

Y la pregunta “inescindible” que deviene de dicho ejercicio intelectual, del uso de la razón, nos lleva precisamente a transformar la preguntarnos qué significa “eso”, el estar “vivos”, en un problema o cuestión a resolver. Porque resulta ser que razonamos sobre que estamos vivos pero no sabemos “razonar”, prima facie, acerca de su “porqué”. Entonces surge el planteo, la cuestión, el problema a elucidar… La razón que ha puesto en un momento dado al hombre frente a la “realidad” (la normalidad del Orden Natural de las cosas), le plantea, a su vez, una cuestión a razonar… Y al oponer a dicho “razonamiento” una cuestión o problema o enigma, es allí donde la razón toma posesión de todos sus atributos intelectuales (limitados por cierto, quién lo duda) y comienza a enjuiciar (pensar-hacer juicio) de lo real…

Y es en este punto donde deseamos diferenciar nuestro concepto de JUICIO, con el expresado por la colega Lamprea. Ella sujeta al JUICIO a una sola funcionalidad: la burocrática. Expresa: Juzgar es una actividad, una función que deben desempeñar los que administran justicia, de acuerdo con las leyes. Para eso se preparan y, depende de su individual ética, si juzgan bien o no. También esto, lo sabe sólo Dios”.[4]

Sobre el particular, y más allá de todas las demás –a nuestro entender cristiano- acertadas aseveraciones sobre el tema esbozadas por dicha académica, nos permitiremos, con todo respeto, reubicar el sentido de RAZON y JUICIO en la precisa y directa connotación que ha querido darle Nuestro Señor Jesucristo al sentenciar: “No juzguen y no serán juzgados…”; una reubicación que permitirá luego conciliar lo afirmado por Lamprea en torno a la RAZÓN, con sus conclusiones posteriores sobre ética y afines.

En ese orden, principiar nuestra exposición aclarando que, por ejemplo, El P. Ricardo Colombo (OASF-Argentina), despunta el asunto del juicio o del “enjuiciar” al otro o no, y desde su preparación específica sobre asuntos filoteológicos, utilizando incluso y casi como sinónimo al verbo “razonar”.

Y es que no podemos enjuiciar sin razonar… Y quien razona y decide no emitir juicio, también lo ha emitido: ha emitido el juicio de no avanzar más allá de la primera cara de la moneda…

Así que lo que estamos evaluando en esa segunda e, insisto, inescindible instancia cerebral que nos lleva de la Razón al Juicio (no podemos razonar sin enjuiciar, ni enjuiciar sin razonar; a excepción de…: lo veremos más adelante). Porque, de no poseer capacidad para enjuiciar la realidad, no podríamos entonces tener tampoco capacidad de aceptarla como es o bien de transformarla (Génesis).

Somos libres, y es esa libertad de conciencia la que nos lleva inexorablemente de la Razón al Juicio. Y porque hemos empleado en nuestros pensamientos, sentimientos y obras, la moneda de la Razón/Juicio, estamos sujetos inexorable y mortalmente, al finalísimo Juicio del Hacedor de Todo y de todos.

En efecto, habiendo gozado de una especial prerrogativa, el libre albedrío, estamos sujetos, en consecuencia, a que éste supone en materia de efectos racionales e irracionales luego del pecado original; una figura bíblica que nos sitúa en aquel individual y/o social momento u evento de seres conscientes y gregarios, en el que malversamos la trilogía de dones (inteligencia, libertad y voluntad) conferidas como criaturas humanas, atentando en modo singular o plural, contra nuestra forma y “razón” de ser por medio también de una trilogía, pero de desvalores a la que nos somete el pecado (prevalencia o predominio del mal pensar, del mal sentir y del mal hacer por sobre el bien pensar, el bien sentir y el bien hacer), el error (físico, intelectual o espiritual) y/o la ignorancia o la mentira (sobre la materia, la mente y el espíritu), y que nos colocan en directa pugna con el Creador y con nuestros prójimos.

De allí nuestra oportuna advertencia: “(…) Porque somos animales, humus, polvo al fin terrenal, pero pensantes…, y sujetos de una grave responsabilidad: administrar como Dios manda su Creación. Y santificarnos en dicha tarea, de hecho, con ayuda de la Gracia. “Sean perfectos como lo es vuestro Padre que está en los Cielos” (NT), haciendo extraordinarias las cosas ordinarias de la vida. (…)”.[5]

Y no de otra forma podríamos entender plenamente el sentido que Jesús deseó conferir a su amorosa sentencia: “No juzguen y no serán juzgados”. Y tampoco por qué para hablar del tema lo hayamos hecho desde un interrogante: “¿No juzguen y no serán juzgados?”

Es que “razonar” supone siempre una interrogación de la realidad, y el avance de estas ideas nos irá proveyendo del necesario y suficiente sustento racional a ese aserto intelectual:

Volviendo a Jesús y su enseñanza de vida para la Vida, sabemos que Él nos considera libres de optar por el bien o por el mal… No somos marionetas del Amor de Dios, somos personas, así como Dios es Persona (Una y Trina en Sagrado Misterio).

La razón, es la lógica del pensamiento que encuentra en lo que vive y siente un qué, para qué, por qué. Es la lógica del pensamiento que analiza cada cosa que le preocupa al hombre mientras vive, siente y guarda recuerdos en su memoria”, dice bien nuestra querida colega, Cecilia Lamprea. Y siendo éste uno de sus aciertos reflexivos incuestionables en torno al tema que nos ocupa; mas confirmando de hecho que resulta imposible razonar sin juzgar, aunque sea probable juzgar sin razonar; supuesto sólo comprensible para cuando el HOMBRE… deja de ACTUAR –precisamente- COMO TAL; puesto en situación de Juicio, el hombre siempre hace uso de la Razón en clave de acción u omisión (ora racional u  ora irracionalmente, como cuando, en esta última hipótesis, sus condiciones sicointelectuales devarían en torno a la efectiva interpretación de lo que la Ciencia Sicológica -no ajena en limitaciones a cualquier otra materia elaborada por el hombre-  asume como “normalidad” o capacidad de una persona para demostrar que puede, con un simple test, asimilar el sentido común de las cosas de la vida.

Pero a Jesús –quien en definitiva es quien nos ha convocado a razonar sobre la razón y el juicio, y sus “razones y sinrazones”- no le interesa el tema de la RAZÓN y el JUICIO, así como así. Ya que también, y, de hecho, supone a LA MISMA en correlato con AQUÉL (ya que la devuelve milagrosamente a endemoniados y epilépticos, porque bien sabe de su necesaria inescindibilidad para el ser humano creado a imagen y semejanza de nuestro Abbá Dios).

Es que junto al Padre y al Hijo Alfa y Omega, el Santo Espíritu dotó al hombre de la Razón Inteligente, así como de las otras cualidades que Él signara como indispensables a la Persona de un ser humano forjado a la dicha imagen y semejanza divinas: la Voluntad y la Libertad… 

Entonces, lo que a Jesús le interesa, en este caso, es AYUDARNOS A EMPLEAR LA RAZÓN, mas CON MISERICORDIA (que implica “comprensión” mas no necesariamente “justificación” de un acto comportamental) y JUSTICIA (o de la Verdad práctica: “Todo el que es de la Verdad, escucha mi voz…”-NT, sostiene)

… La RAZÓN, en efecto, que precede al JUICIO racional y/o afectivo –y que nos diferencia en sus múltiples posibilidades, como sabemos, de otros animales-, acorde a DÓNDE, CUÁNDO, CÓMO Y CON QUIÉNES la empleamos, puesta en JUICIO junto con la LIBERTAD Y LA VOLUNTAD, surge incuestionable para poder interpelarnos e interpelar al mundo…

Es que sólo cuando Adán y Eva estuvieron conscientes de estar vivos (desnudos), Dios hizo comprender a sus criaturas lo que significaba el libre albedrío como cauce de la inteligencia y la voluntad: esto es, sus inefables consecuencias. Y porque razonaron, optaron… Razón y Juicio, Jano Humano. En perfecta complementación de auxilio al ser Conscientes de Uno Mismo y del Otro…

De allí que, después del Tiempo de Misericordia, en Justicia y en Verdad, suceda inexorable el Tiempo del Juicio Final… El Tiempo de Destierro que vivimos es Tiempo de Justicia con Misericordia (Mt 9, 14-15)… Mas el Tiempo del Juicio Final será gobernado por la Justicia en Plenitud…

Por eso no somos títeres para Dios: somos personas, y con capacidad para intentar comprender e interpretar la realidad que nos contiene y contextúa, y de emitir juicios sobre ella. Y es por ello que coincidimos plenamente con Lamprea, cuando discierne: “Juzgar, en el sentido de este Evangelio, es sentirse con el poder de acusar a otro, de desmenuzar su ética sin saber de él ni sus condiciones, necesidades ni intenciones”.  Esto es, la apertura del JUICIO no alcanza para el creyente a las personas como tales -como creo haberse aclarado ya en mi artículo anterior, pues constituyen materia y sujeto de Dios mismo.

Pero cuando hablamos aquí de JUICIO –y cuando Jesús remite a la expresión “Juicio”-, nos remitimos –y Nos remite- a ese interpelar cognitivo, no de la intimidad sino de los comportamientos socio-terrenales del hombre de cualquier naturaleza que sean; en tanto dicho juicio, y en correspondencia con una axiología de la existencia –en este caso cristiana-, nos habilite a transformar el “yo” en un “nosotros” fraterno, y volvernos, en esencia, trascendentes, comunitarios y sapientes de que el mal o el bien que alguien ocasiona a otro, lo ocasiona igualmente a los demás, a la Humanidad toda, y que, por ende, todo hombre tiene el derecho y la obligación de estar atento a defenderla de propios y extraños.

Ahora bien: ¿cómo religar al JUICIO con esa axiología cristiana, a fin de alcanzar la función cognitiva de la realidad social sin caer en el sentido de “poder de acusar a otro, de desmenuzar su ética sin saber de él ni sus condiciones, necesidades ni intenciones[6]?

La Iglesia nos conduce por caminos indicados con tal finalidad: la prudencia, la humildad, la mansedumbre, la equidad, el servicio desinteresado y oportuno (“Tengan en cuenta que los envío a un mundo de lobos disfrazados de corderos-NT”), de modo tal que, auxiliados por la Gracia Divina (en tanto rectas intenciones de corazones purificados por la Palabra Evangélica, la Oración, el Ayuno-Penitencia-Caridad, y el sacramento de la Reconciliación), dichos juicios sean espiritualmente formulados y emitidos por el cristiano siempre en la dicha santa Gracia.

Pero, ¿qué puede suceder si el hombre no comulga con dichas sabias preceptivas divinas? Apartados de la precitada axiología religiosa, en hombre queda librado enteramente a las condiciones higiénicas favorables o desfavorables de su mente… Y atenerse con sentido moral racional en concurso con el Orden Natural preconcebido de las cosas (ya que nadie procede de sí mismo), o convivir con éste desde una perspectiva irracional e incluso antimoral donde el fin justifica los medios…

En uno y otro caso, obviamente, las consecuencias serán diferentes…

En la primera, y tomando como referencia sólo el caso del cristiano (para quien no basta ser buena persona, ya que Dios desea en sus hijos la santidad; y eso implica un valor agregado que sólo dicha Gracia puede aportar), la compasión de los pasos de la corrección fraterna [7] inaugurada por el mismo Cristo, hará sus efectos conforme los designios del Señor…

En la segunda, es probable que el orgullo, la autosuficiencia, la vanidad o el narcisismo, o una enfermedad mental, nos haga o vuelva “ciegos que guían a otros ciegos” (NT). Y ese empleo insustituible de la razón, para bien o para mal, supone un juicio. Y ese juicio resulta producto de la capacidad de razonamiento del hombre, ejecutado a cada nanosegundo de su existencia desde que se levanta hasta que se acuesta.

¿Y a qué Buen Juicio remite Jesús, y que Mal Juicio nos remite –si no lo hubiéramos comprendido perfectamente- al interrogante, al planteo o cuestión que se formula, al preguntarnos ayer: “¿No juzguen y no serán juzgados?”?…

Jesús agrega a dicha sentencia en afirmativo, otra que completa la misma y la califica: “No condenen y no serán condenados” Y es allí donde comprendemos otra de sus parábolas memorables: la de la prostituta pronta a ser apedreada por el pueblo judío de entonces, al sostener: “El que esté libre de culpa, arroje la primera piedra”…; ya que CUANDO UN DEDO APUNTA AL INTERLOCUTOR EN SEÑAL ACUSADORA, HAY OTRO QUE REMITE AL CIELO DONDE SE ENCUENTRA EL ÚNICO JUSTO Y MISERICORDIOSO JUEZ, Y TRES QUE REMITEN A QUIEN ACUSA (“Hipócrita, pues con la misma vara que midas serás medido”- NT).

Y es aquí donde encuentra feliz sustento, aquel aserto parcial citado ut-supra por la Prof. Lamprea: “Juzgar, en el sentido de este Evangelio, es sentirse con el poder de acusar a otro, de desmenuzar su ética sin saber de él ni sus condiciones, necesidades ni intenciones”.[8] 

Es decir, magistralmente, el Único Maestro y Doctor (a pesar de que los hombres envanecemos nuestros fatuos egos y vitrinas con títulos y cargos y blasones y diplomas y medallas de todo tipo para “distinguirnos” -en algo- de nuestros semejantes y mortales congéneres), que es Cristo Jesús, es quien nos lleva desde su Razón (absoluta) y Juicio Perfecto (o Verdad verdadera) a nuestra razón (limitada) (&) y juicios “opinables” o verdades relativas, al tema de la impropiedad de la condena a la “persona” de un semejante… SIN EMBARGO, NO TRANZANDO EN MODO ALGUNO CON EL MAL Y EL AUTOR DEL MAL, puesto que la pecadora (PERSONA) recibe su compasión y misericordia, pero también SU GRAVE ADVERTENCIA (COMPORTAMIENTO): “Vete, y no peque más”… 

Quien sabe de la precariedad del Juicio humano como esquivo fruto (maduro o inmaduro) de la razón, y atento a la santidad de su Razón Absoluta y Verdad Verdadera, comprende y perdona a la PERSONA del pecador, pero DESCALIFICA, fustiga y condena al PECADO;  en tanto Él, Supremo Bien, ha venido didáctica y redentoramente a liberarnos del yugo del pecado y del Autor del pecado y la mentira…

Ergo, sabiendo el Redentor que todo juicio humano es producto de la capacidad de razonamiento limitada del hombre (&), y que éste puede en función de su fragilidad pecadora teñir o malversar dicha capacidad de juicio, la lleva a su inmediata consecuencia correctiva sobre LA VERSIÓN MALÉFICA de la vinculación inseparable entre RAZÓN y JUICIO. Él vino a este mundo a “salvar lo que estaba perdido”, aunque “muchos serán llamados pero pocos lo elegidos” (NT)… De donde surge con nitidez la explicación certera acerca de la amargura profética experimentada durante su misión salvífica y evangelizadora: expresa su profecía sobre la Apostasía: “… Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar? Les aseguro que un abrir y cerrar de ojos les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará la fe sobre la tierra?” (NT-Lc, 18, 7-8)

A modo de colofón:

En todo caso, mis reflexiones ut-supra, podrían resumirse ahora muy escuetamente: la sentencia de juzgar o no juzgar de ningún modo hace caso omiso de la razón, pues ningún juicio puede ser omitido sin razonamiento previo.

Y partiendo de si somos o no capaces de razonar, derivamos en la necesariedad del juicio como única prueba de que estamos razonando (para bien o para mal):

Es que Jesús no se pone a reflexionar acerca de la RAZÓN (obviamente, acción previa al juicio) sino a éste, directamente al JUICIO; reacción de la razón o de la sinrazón, de la piedad o de la impiedad (esta última sin queremos focalizar el asunto en una cuestión sólo cristiana: aunque hay cristianos que lo son por sus palabras y gestos, aunque quizás “no hayan razonado” su condición de tal… Y de allí la aseveración agustiniana de que en la Iglesia “No son todos los que ESTÁN ni están todos los que son SON”).

En consecuencia, es dable advertir que la definición expuesta por la Prof. Lamprea, no resiste sino “administrativamente” una comprensión “razonable”. Ya que “abrir juicio” no significa necesariamente “ajusticiar” o “hacer justicia”. No obstante, la misma expresa y no sin contundencia: Juzgar es una actividad, una función que deben desempeñar los que administran justicia, de acuerdo con las leyes. Para eso se preparan y, depende de su individual ética, si juzgan bien o no. También esto, lo sabe sólo Dios”. Pero su afirmación, que ha dejado de lado las connotaciones filoteológicas propiamente dichas del Juicio, ha dejado sólo en cabeza de magistrados dotados de la “limitada” ciencia social jurídica, la posibilidad del ejercicio de una atribución elemental del ser humano como tal. Expresar juicios; expresar juicios como parte necesaria e inescindible de la capacidad de razonar que lo distingue en el Universo, de cualquier otra especie análoga o semejante en algunos otros atributos o componentes.

Opciones de Juicio razonado: SINCERIDAD en la búsqueda de la certeza –uso sano, sin -cera, sin aditamento, de la razón o juicio racional: lo que permite adecuar el juicio a la sustancia de los hechos-; IGNORANCIA -inconsciente o inconsistente uso de la razón en juicio, atendible en compasión y misericordia-, o HIPOCRECÍA (o consciente insinceridad de vida denunciada sin vueltas por el mismo Cristo; y a la que nuestro actual Sumo Pontífice católico, Papa Francisco, no dudó en atribuir bajo el sino de los desalmados, a los hipócritas corruptos fariseos de nuestra época). Opciones.

Cristo cuestiona entonces del juicio, su veneno. Si hay veneno. O “mal querencia”, en palabras graves de un reconocido Poeta hispanoamericano… O “mala leche”, en directo lenguaje hispano-argento… Es decir, cuando el juicio no se emite comprensivamente hacia la realidad sujeta a juicio (recordando obviamente la DIFERENCIA AXIOLÓGICA entre comprender y justificar: hay ideas y acciones que pueden comprenderse, pero no justificarse; son aquellas donde el pecado, el error o la ignorancia, prevalecen sobre las virtudes analizadas tanto en lo moral como en lo ético, en este caso, desde el punto de vista cristiano (ya que la moral de “los arranca cabezas”, o los “postmodernistas” -¿aborígenes sólo…, o, peor aún, seres “educados” del “mundo”?-, es tan “moral y ético” (matrimonio entre homosexuales, vgr.) como cualquier otro ethos, sólo que válido para esa particular y muchas veces aberrante idiosincracia individual y/o social; ethos inmoral o antiético que, aunque quisiéramos comprender no podríamos -como cristianos- ni justificar ni aceptar… Sería el VALE TODO que define palmariamente a este Tiempo de Locura Existencial… Y nos despegaríamos con libertinaje de la libertad, lo que nos llevaría afirmar como de antiguo “que el camino del infierno se encuentra alfombrado de ´buenas´ intenciones”)[9]

Agradezco finalmente el mensaje de la Prof. Cecilia Lamprea (Nota al Pié cit.), que me posibilitara ahondar más profundamente los conceptos de mi anterior ensayo acerca de la razón y el juicio humanos; ya que, ungidos por el Único que Es y Hace Ser, nos sentimos igualmente empeñados en la búsqueda de un horizonte humano-divinizado por los méritos de Cristo Jesús, donde sea posible -como ella- indica, “la verdadera y permanente PAZ (y agrego: Armonía y Fraternidad, en el BIEN COMÚN, con Justicia y Verdad) que (SÓLO, aclaro) Dios sabe dar a las conciencias (HUMILDES, completo y tal como fuera definido el concepto por este autor precedentemente; O EL ESTADO DE “JUSTO” EN SANTIDAD de vida para la Vida, aclaro también), como anticipo (“Vengan a mí, benditos de mi Padre, porque tuve…”, agrego, para vencer las ´Resistencias de las palabras vacías´ – Papa Francisco: 01-02-2016, en las que caen los falsos profetas cuando, sin saber con probada certeza lo que piensan, sienten, dicen o hacen, se autoproclaman a diestra y siniestra como “cruzados sembradores de buenas intenciones”; ésas que, al decir de la sabiduría popular, está empedrado el camino del Infierno; y ya que no han sabido, por hipocresía, orgullo y/o narcisismo personal o de grupo, internalizar la Gracia a la que sólo acceden los auténticos Justos engendrados por el Santo de Nazareth: aquéllos que, SIN DARSE CUENTA DE QUE LO SON, y BUSCANDO –antes que nada ni nadie- EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA, adhieren con sus palabras, gestos y obras en forma vital y práctica al sentido sacralizador de lo terreno) del Reinado de Dios en esta tierra” [10] (“Ahondar más, ahondar más, ahondar más; sólo cuando seas verdaderamente HUMILDE, serás santo”, y podremos, como escritores y poetas, santificarnos y santificar al Mundo… ¿Vale?

Por lo demás: tranquilos… Que cuando venga el Señor: “Él sacará a la luz lo que está oculto en las tinieblas y manifestará las intenciones secretas de los corazones. Entonces, cada uno recibirá de Dios la alabanza que le corresponda” (NT).

Por eso, me inclino hacia su Majestad, y oro:

Señor mío y Dios mío… 

Anhelo de todo corazón que este Tiempo Pascual, nos ayude a resolver esta Era de Locura y Violencia Existencial que transitamos, y que sea esta especial cita contigo, Amor Ofrenda, nuestro noviazgo hipostático: humano-divino… Noviazgo con tu infinito amor de Padre y ternura de Madre; ése que anima siempre pero que sabe corregir a sus hijos para que éstos sigan el sendero de lo bueno, lo bello, lo verdadero, lo justo, lo fraterno: lo que es agradable a Tu Voluntad.

Oh, Dios, Trinidad Santísima y un solo Dios, que aprendamos que “El corazón del hombre traza el rumbo, pero que a sus pasos los dirige el Señor” (Prov. 16,9).

Que nuestro corazón en vilo, o “inquieto” al decir de tu san Agustín, se deje seducir por Ti, por Tu Gracia amorosa y justa; y nuestros cuerpos y todo nuestro ser sean templos, relicarios alborados de tu Espíritu paráclito, ya que así Tú lo has prometido: “Si ustedes cumplen mis mandamientos, mi Padre y Yo iremos y habitaremos en ustedes” (NT).

[1] ADRIAN N. ESCUDERO – Santa Fe, Argentina – Abril/Mayo 2017.-

-Publicado en la Revista Virtual LUNASOL INTERNACIONAL JULIO 2017 – Revista Literaria en Lengua Hispana y Portuguesa – San Antonio Texas (USA)/Alicante (España) – Sección Crónicas en Español – Directora Fundadora: Cristina Olivera Chávez (Presidenta de la ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE TROVADORES – San Antonio Texas/USA – Alicante/España) –  Directora Editorial: Eunate Goikoetxea (Vicepresidente Internacional OMT – Alicante, España).

[2] Email de fecha 03 Marzo 2017 – Profesora Cecilia Lamprea de Guzmán (Bogotá, Colombia):

De: Cecilia Lamprea <cecilia.lamprea@gmail.com>
Enviado: viernes, 03 de marzo de 2017 07:17 a.m.
Para: Adrián Néstor Escudero
Asunto: Re: ¿NO JUZGUEN Y NO SERÁN JUZGADOS? Y dos microrrelatos; y un breve ensayo teofilosófico adjuntos – Re: HOLA, QUERIDA CECILIA y UN RELATO para el Foro Locura Existencial

Gracias, por enviarme este escrito. Al respecto, sólo analizaré tu pregunta: ¿no debemos razonar…?

Cuando Jesús dice “no juzguéis y no seréis juzgados” no está diciendo que “no debemos razonar”…? La razón, es la lógica del pensamiento que encuentra en lo que vive y siente un qué, para qué, por qué. Es la lógica del pensamiento que analiza cada cosa que le preocupa al hombre mientras vive, siente y guarda recuerdos en su memoria. Juzgar, en el sentido de este Evangelio, es sentirse con el poder de acusar a otro, de desmenuzar su ética sin saber de él ni sus condiciones, necesidades ni intenciones. 

Para poder juzgar, necesitaríamos ser perfectos: “El que esté libre de pecado, que lance la primera piedra”. Por otra parte, cuando juzgamos  mal a otro, sentimos arder el sentimiento de venganza para castigarlo. Si Dios ama al pecador y dio a su hijo en rescate, ¿por qué yo tengo que sentir odio y deseo de destruir a quien procede mal…  según la medida de nuestra propia razón?

Dios tiene misericordia del que obra contra sí mismo y contra la naturaleza. Sabe que el pecado nos trae enfermedades, prejuicios y mentiras para ocultar lo que en realidad somos. Dios no tiene necesidad de castigarnos. Las consecuencias de nuestro mal obrar se vuelven contra nosotros mismos: “El que a hierro mata, a hierro muere”

Razonar es diferente de juzgar. La razón, el sentido común del cristiano que adquirimos y enriquecemos por la fe y la oración, nos lleva a seguir y a obrar de acuerdo con el amor infinito de Dios que nos mostró la mejor calidad humana durante la permanencia de Jesús en la tierra.  

Juzgar es una actividad, una función que deben desempeñar los que administran justicia, de acuerdo con las leyes. Para eso se preparan y, depende de su individual ética, si juzgan bien o no. También esto, lo sabe sólo Dios.

La enseñanza evangélica nos lleva a pensar bien de todos, a perdonarnos y perdonar. A tratar de ayudarnos a ayudar a otros para que se levanten y renueven su camino en busca de la verdadera y permanente PAZ, que Dios sabe dar a las conciencias, como anticipo del Reinado de Dios en esta tierra.

Cordial abrazo,

Cecilia.-

[3] Adrián N. Escudero – Artículo “¿No juzguen y no serán juzgados?” – 2 Marzo 2017 – Publicado en capítulo “Tiempos de locura existencial” – Foro UNILETRAS/UNISEM-SJ (Bogotá, Colombia); y REVISTA LUNASOL – MARZO 2017 (USA/España).-

[4] Prof. Cecilia Lamprea de Guzmán, op. cit.-

[5] Artículo “¿No juzguen y no serán juzgados?” (ob. cit.).-

[6] Prof. Cecilia Lamprea de Guzmán, op. cit.-

[7] NOTA DEL AUTOR – Consultar Obras de Misericordia Espirituales – Catecismo Católico.-

[8] Prof. Cecilia Lamprea de Guzmán, op. cit.-

[9] NOTA DEL AUTOR:

Descubrir la verdad verdadera exige ir a fondo en el sentido de nuestros enfoques (razonamientos y juicios). Porque “el mal se maquilla pero la verdad se padece”, sostiene cierto cineasta argentino. Y no cabe falsa modestia en la búsqueda de la verdad verdadera; sino humildad en nuestro bien pensar, bien sentir y bien actuar: más, humildad no entendida como mera resignación o postración. Tan es así, que antes la Iglesia hablaba en el ANGELUS de: “Yo soy la esclava del Señor”, y dicho texto fue sabiamente corregido a la luz de Espíritu Santo por el de: “Yo soy la SERVIDORA del Señor”. María Santísima, testimonio incomparable de Humildad (con mayúscula), tuvo su planteo razonado y racional, y totalmente apropiado a una ética y moral judeo cristiana; esto es, expresó, como criatura humana en busca de la Verdad, y un sano razonamiento previo (e interrogativo, ya que pregunta, acompañado de un sano JUICIO posterior, al Ángel: “¿Cómo puede ser esto si yo no conozco varón?” (NT). Así es, Señor, “Crea en mí, Dios mío, un corazón puro y renueva la FIRMEZA de mi espíritu” (Sal 50,12). 

Es humilde, no quien carece de firmeza de espíritu, sino quien es capaz y como fruto de la Gracia (don Divino por excelencia, pero también fruto de la oración, ayuno y caridad: “Dame lo que pides; y pide lo que quieras” – S. Agustín) de acoger al otro, con pureza de corazón y rectitud de intención (esto es sin maldad, sin “malquerencias”, sin buscar desacreditar sino orientar y dicha Gracia mediante, por el buen camino de nuestro Dios Uno y Trino, esperando, comprendiendo, sopesando razonamientos y juicios; para luego, y en ocasión prudente y/o manifiestamente necesaria, brindar con la dicha firmeza y rectitud de corazón el Buen Consejo -don del Santo Espíritu que mora en el seno del hombre justo- y en carácter de Corrección Fraterna,  según los tres pasos que la misma ha de transitar, informados al respecto por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor en boca de San Pablo)…

 

… y de ser hospitalario con su persona toda (ideas, sentimientos, cuerpo: ¿Parábola de Buen Samaritano?), en la tesitura de que en este mundo estamos siempre en disposición de un imprescindible proceso enseñanza-aprendizaje. Ya que estamos en el mundo, SIN SER DEL MUNDO,  y aprendemos de todo y de todos, especialmente de Cristo Jesús, la Verdad revelada al Mundo. Esa Verdad que nos permite distinguir lo malo de lo bueno (algunos agregan, lo feo de lo bello, pero estas categorías son más que subjetivas, sobre todo conversando entre “artistas” – Emile Zola, cit.). Esto es, de lo atinente al Bien Objetivo, Absoluto y Supremo, o Dios Santísima Trinidad, para imitarlo y emularlo, cristianizándonos, pues Cristo es esa Verdad que existía desde antes del Universo todo y era Dios en su Verbo (Vgr. Evangelio San Juan; “Imitación de Cristo”); y, contrario sensu, de lo atinente al Mal, Caprichoso, Relativo y Falaz, o Satanás (ángel caído).-

 

CRIMINALIZACIÓN Y PERSECUCIÓN DE LOS CRISTIANOS

“Porque no eres ni frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (AT).

Introducción – Amigos todos: con el debido respeto a la ecuménica postura que nos caracteriza, como católico, en torno a la cuestión de la diversidad cultural y religiosa de todos los Pueblos comprometidos con la Paz del Mundo (vgr.: – Biblioteca Vaticano), y teniendo en cuenta la objetiva cuestión de la criminalización y persecución de los cristianos planteada firmemente en estos últimos tiempos por su Santidad, Papa Francisco, especialmente desde noviembre de 2014 y con motivo de una de sus tradicionales audiencias (12-11-2014) es que sentimos la imperiosa obligación de abordar una aterradora realidad que convoca a los efectos trágicos de antiguas, medievales y modernas rencillas socio-económico-religiosas.  

Todavía siguen resonando en nuestras mentes y corazones los aciagos sucesos en la devastada Siria y la irredenta tierra palestina con sus incansables dolores de parto. El fuego arrasador de la guerra de Irak y las torres gemelas en USA, para no ir poco más atrás siguiendo la huella letal de los tubos petroleros cuya espesa sangre oleosa se trastoca en oriente y occidente, en hemorragia de seres humanos comprometidos en luchas que sólo persiguen el beneficio de pocos y la ruina de muchos. Luchas comerciales que esconden proyectos de control poblacional en el mundo, bajo la estética de sistemas que, sin dejar de metamorfosearse, sostienen en su núcleo de poder las esencias fundamentalistas que elevan sus consignas de saqueo y muerte.

Por un lado, el capitalismo industrial mutado en capitalismo financiero y luego en capitalismo cibernético globalizado; pero siempre consecuente con su raíz de concentración y acumulación del capital de trabajo, medido en dinero y status quo. Por otro, el comunismo bolchevique mutado en dictadura del proletariado y populismos donde se maquilla el mensaje de la igualdad de oportunidades para todos detrás de una fachada burocrática que abraza para sí a un execrable capitalismo de amigos; mutación que, a despecho de la coherencia capitalista, resulta rechazada por anarquistas y socialistas utópicos por considerarlas brebajes bizarros de su ideal societario de uno para todos y todos para uno. Y ambos sistemas emparentados mortalmente por fórmulas altamente estatizantes que, desde una llamada “tercera posición” (muy pocas veces ensayada con éxito debido a liderazgos autocráticos y militarizados en masa: caso del nazismo europeo y sus correlatos americanos), perpetraron un claro ataque a la libertad de conciencia responsable, a la capacidad para pensar críticamente la realidad y a la voluntad de transformarla convenientemente para el Bien Común por sobre el interés particular, y devenida en dotes  únicas del ser único e irrepetible que conlleva como especie cada criatura humana nacida mundo. Pues, como no se cansaría de sostener aquel viejo sabio sioux (Gran Jefe Toro Sentado Seatle, 1854, dirigiéndose al Gran Jefe Blanco de Washington): “No existe un lugar                               tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ni hay sitio donde escuchar cómo se abren las hojas de los árboles en primavera o cómo aletean los insectos, pero quizá también esto debe ser porque soy un salvaje que no comprende nada. El ruido sólo parece insultar nuestros oídos. Y después de todo, ¿para qué sirve la vida si el hombre no puede escuchar el grito solitario del chotacabras ni las discusiones nocturnas de las ranas al borde un estanque…? (…) Esto sabemos: la tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra. Esto sabemos. Todo va enlazado, como la sangre que une a una familia. Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra (…) Porque cuando el último árbol sea cortado, el último río envenenado, el último pez pescado, sólo entonces, las personas se darán cuenta que el DINERO no se puede COMER (…) (Sí), “La verdadera Paz entre los Países sólo llegará cuando Paz en las Almas de la gente; pues no basta con hablar de Paz, es necesario pensar, sentir y vivir en Paz”… Pero el hombre parece signado por una dura cerviz, cuando no de un individualismo narcisista o de ignorancia supina acerca de su verdadero destino de “ser” humano y gregario por naturaleza.

En ese orden, el Santo Padre insistía a un año apenas de haber iniciado su papado –con su consecuente e incansable prédica sobre el particular-, en los siguientes términos no ajenos a la súplica propia de un humano desespero, expresando (13-11-2014):

“De nuevo realizo un fuerte llamamiento a quienes tienen responsabilidad política a nivel local e internacional, y a todas las personas de buena voluntad, para que se emprenda una importante movilización de conciencias a favor de los cristianos perseguidos. (…) Sigo con angustia la dramática situación de los cristianos en varias partes del mundo en las que son perseguidos y asesinados por motivo de su credo religioso (…) Tienen el derecho de encontrar en sus propios países seguridad y serenidad para profesar su fe (…). Quiero mostrar mi cercanía espiritual a todas aquellas comunidades duramente golpeadas por una absurda violencia que no parece detenerse”.

Algunas problemáticas concretas

En tanto que, y en fecha más cercana (21-09-2015), durante su visita Cuba, en su homilía en la Plaza de la Revolución, en la capital cubana, donde saludara “a todos los cubanos”, mencionando además explícitamente a “los emigrados”, Francisco proverbiara genialmente a la sustancia del Evangelio de Cristo, al hablar del servicio y alejarlo de la ideología vinculándolo sólo a las personas. Así, y en su parte liminar, al expresar: “Hay una forma de ejercer el servicio que tiene como interés el beneficiar a los ´míos´, en nombre de lo ´nuestro´. (Y) Este servicio siempre deja a los ´tuyos´ por fuera, generando una dinámica de exclusión… Por eso nunca el servicio es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a las personas(Por eso) Quien quiera ser grande (invitando al hombre y sobre todo al cristiano a “dejar de lado sus búsquedas y deseos de omnipotencia ante la mirada concreta de los más frágiles”), que sirva a los demás, no que se sirva de los demás”.

Gravísimo problema mundial que se produce, desde distintas aristas políticas, ideológicas y religiosas mal trazadas, incluso, ante el alarmante silencio o el tibio aporte crítico de algunos medios de comunicación internacionales.

Un caso paradigmático, en instancias severas de definición, es el caso típico de persecución religioso que plantea el caso de la niña cristiana Asía Bibi en una cárcel de Pakistán. Cansada y abatida, “Enjuga sus lágrimas”, dice su marido, cuando ha tenido ocasión de visitarla. En tanto ella, aferrada a la oración, pide al Papa, como él mismo insiste para su propia persona amenazada de muerte por complejas razones, que rece por ella. Dice Bibi: “Rece por mí”. De hecho, oramos para que el buen Dios la sostenga en la fe y la cordura triunfe por sobre la aberrante actitud inmisericorde de los que, incluso, en nombre de ¿ése? mismo “Dios”, segan vidas con la impronta impiadosa del Príncipe de las Tinieblas.

Por lo que, y sólo a título de ejemplo enumerar ahora, sucintamente también, y previo a nuestras reflexiones directas en la materia, algunas otras manifestaciones que colaboran –por su corrosiva esencia- a abonar  dichos crímenes como delito de lesa humanidad; ello, como enfermiza realidad frente a la que pocos se atreven a comprometerse en análisis, juicios de valor ético y acciones condenatorias o disuasivas al menos, en bien de la salud de un hoy más que nunca atribulado ethos mundial de convivencia.

En tal sentido, viene a bien recordar la descripción que hiciera Martin Niemoller sobre la reacción de los alemanes respecto al surgente nazismo, y que se torna muy actual para los cristianos de hoy. Afrimaba Niemoller: “Primero (los nazis) vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista. Luego vinieron por los socialdemócratas y no dije nada porque yo no era socialdemócrata. Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista. Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo era protestante. Luego vinieron por mí pero ya no quedaba nadie que dijera nada”.

Fue así como, y un mes antes de la acuciante demanda (del Papa Francisco, atribulado asimismo por las componendas de lo que él denominara “sacerdocio medieval” en mismo seno Vaticano (13-11-2014) -y quedando a vuestra sensata opinión constatar si todavía, en este Año del Señor de 2017, sus causas y efectos se han diluido o, por el contrario, incrementado en desordenadas formas de malicia y perversidad-, el Magazin virtual católico “Foros de la Virgen” (Colombia, 22-10-2014), de reconocido prestigio internacional, llamaba la atención de sus lectores en virtud de dos inquietantes noticias emanadas de los Estados Unidos de Norteamérica. Una de las cuales remitía al hecho de que la alcaldesa de Houston (Texas) exigía judicialmente a los pastores que entregaran copia de sus sermones cuando los mismos refirieran al tema “ideología de género”; ello, con el indisimulado fin de hacer cumplir una “ley de no discriminación” sexual. Y otra, de similar tenor, informando que una pareja de pastores evangélicos (protestantes) en el Estado de Idaho (enmarcado geográficamente por los de Washington, Montana, Oregón y Wioming), fue demandada con abultadas multas y cárcel inclusive por no querer casar bajo el rito cristiano a una pareja homosexual en su capilla.

Vemos así que junto a casos de persecución y criminalización de cristianos por causales ideológicos, racistas y religiosas, se concatenan con otras inquietantes denuncias realizadas por el citado magazin hispanoamericano, y relativas, vgr., a: “1. Sospechas sobre vacunas de la OMS y Unicef – Los obispos de Kenia boicotean vacunación contra tétanos por ser una campaña de esterilización” (sic); 2. “Escalada de los poderes del ´mundo´ y apatía de los cristianos: La criminalización de la conducta ya está aquí” (ejemplos ut supra); 3. “Caos económico y civil nos rodean: ¿El mundo ha entrado en la hora undécima?”; 4. “Deberíamos reflexionar que hacemos en Halloween: ¿Sabía usted que originalmente Halloween fue una fiesta católica?”; 5. Primero fueron las feministas de la India y ahora se suman las de Suecia: Las feministas comienzan a condenar la maternidad subrogada”; 6. “La guerra contra el silencio: El Enemigo (el demonio) promueve el ruido en el mundo como estrategia para aislarnos de Dios”, etc., etc.

Y ante la tan grave situación global, no cabe meter la cabeza en un pozo como el avestruz y desentendernos de las apocalípticas amenazas y violencia que recibe actualmente el Pueblo de Dios, especialmente en países demolidos por una falsa Guerra Santa o por la lucha de irredentos territorios ancestrales que nunca termina de concluir, tras la sombra y artilugios planificada a diario por los Señores de la Guerra y la Concupiscencia de la carne y el poder. No obstante, crucificado por el “mundo”, dicho Pueblo se empeña en continuar su marcha peregrina, porque sabe bien en Quien (Dios Abbá, Padre, e Hijo y Espíritu Santo) “tiene su confianza” (San Pablo).

Vale reiterar entonces que los ataques al cristianismo: ya individuales, grupales y/o institucionales, donde cualquier medio o método se justifica por obra y des-gracia del Señor de la Mentira, el Fundamentalismo Ateo o Religioso, la Inmisericordia, el Caos, el Autoritarismo, el Materialismo y el Hedonismo; de los Celos, la Soberbia, la Vanidad, la Avaricia y la Envidia; de la Violencia, el Hambre y la Enfermedad; de la Corrupción, las Armas, las Drogas y el Alcohol, para socavar las bases del invento gregario más amado por el Señor de la Verdad, la Justicia y el Amor: la Familia integrada primariamente por la unión sacramental de un varón y una mujer, y conformada por hijos que no sólo resultan del natural proceso de preservación de la especie sino que son los frutos de la virtud donativa mutua que ofrece el Amor a los cónyuges. Familia que, así concebida, es desde hace dos mil años –“Que el hombre no separe lo que Dios ha unido”- célula básica e Iglesia Doméstica de una sociedad sana moralmente y comprometida siempre con el Bien Común. Porque, “Al bien hay que hacerlo Bien”, dirá el Santo de Hipona (San Agustín, Doctor de la Iglesia).

Y bien, aunque les confieso que vengo estremecido de pergeñar estas líneas, y no sólo por lo expuesto y madurado, sino porque “ahorita mismo”, como diría un amigo mexicano, todo un país latino de nuestra irredenta América del Sur, Venezuela, está siendo destrozado por una de aquellas versiones desbocadas a las que hacíamos referencia, al denunciar los sistemas falsamente planteados como “nacionales y populares”, pero devenidos en la práctica en criminales sistemas populistas donde todo vale (mezcla de comunismo trasnochado con capitalismo a la criolla o de amigos), corresponde ahora a ustedes, amigos todos, merituar o no las situaciones llevadas a vuestro atento conocimiento, análisis y aprehensión moral, a fin de amerita (o no) un actuar ético-cristiano, y, en consecuencia, difundir (o no) esta suerte de ensayo o proclama de concientización que anima, urgente y radicalmente, a una vuelta firme a los auténticos valores fraternos y humanizantes, donados de una vez y para siempre por la sangre derramada en Cruz de ese hipostático Dios con Nosotros que, como Luz vino a las tinieblas del ´mundo´, un ´mundo´ que sigue sin percibirla.

Valores, por cierto, lamentablemente expuestos a una obscena desvirtuación o malvada estigmatización, por aquellos que adhieren, consciente o inconscientemente (a causa del pecado, del error o la ignorancia) a la razón de la sinrazón del Poderoso Caballero Don Dinero, arma predilecta junto a la Carne malversada del Príncipe de la Mentira y sus secuaces impiadosos y concupiscentes.

Virtudes:

Humildad con la dignidad de la Prudencia, es la respuesta del Amor Ofrenda (Cap. 13 – Carta de San Pablo a los Corintios), a cualquier situación controversial que aqueje la vida del cristiano. La criminalización y consecuente persecución de los cristianos en un pecado se lesa humanidad. Pero está escrito: no podemos justificar nuestra defensa justa en la Ley del Talión. Es más: “No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos”, dijo el Señor antes de su Asunción a los Cielos.

Por eso, nuestra lucha debe ser prudente y sabia, orante y constante. “Si Dios con nosotros, quien contra nosotros”, arenga San Pablo. O creemos o no creemos, en verdad, en el Dios de lo Imposible; Aquél que nos manda a “Buscar el Reino de Dios y su Justicia (para que) TODO lo demás se (nos de) por añadidura”, porque “No se puede servir a  dos señores. No se puede servir a Dios y al Dinero”; y encendido sin criterio nuestro Verbo, habrá muchos que tratarán de convencernos de que la lucha pasa por recolectar fondos y aplicarlos a la compra de armas para una “legítima” defensa, haciendo el juego a los Señores de la Guerra y el Caos.

Para el combate en favor del Bien, el cristiano cuenta con tres armas poderosas: la Fe en Dios Todopoderoso (Uno y Trino), la Palabra y la Oración. Nunca olvidemos que “Nuestra ayuda está en el Nombre del Señor, que hizo el Cielo y la Tierra”, y “Los cielos y la tierra pasarán, pero mi Palabra no pasará”, y “Pidan y se les dará, busquen y encontrarán”… Y no habrá caso hasta el Fin de los Tiempos: habrá que librar ese buen combate en favor de la Bondad, la Belleza, la Justicia y la Verdad, porque así compete al claro discernimiento y apuesta que penetra y circunda nuestro libre albedrío: o el Bien o el Mal. Dios nos hizo hombres, hijos de su Amor; no, títeres. La decisión suprema de qué lado colocarse en la batalla entre los hombres como seres espiritualmente encarnados (Mons. Newman), es exclusivamente nuestra.

“Pedro, guarda tu espada, porque el que hierro mata, a hierro muere”, dijo el Maestro en su aciago Getsemaní: es decir, sin mártires ni santos dispuestos a dar su vida para la Vida, orando, consolando, sanando, sufriendo, es decir, amando a Dios y al hermano -como Cristo nos amó-; esto es, hasta que duela (dixit Beata Madre Teresa de Calcuta) o hasta la muerte por Amor Ofrenda -dixit Cristo Jesús-, nada en el Mundo cambiará como desea Aquél que desea Hacer Nuevas Todas las Cosas: la Ley del Talión resurgirá, y a un ataque sucederá una venganza; y a una venganza, otra; y así hasta la autodestrucción total de la vida para la Vida…

Que pruebas de guerras y holocaustos sobran; y que no se diga que, el hombre, a más de 2.000 años de la llegada del Amor Encarnado al Mundo, aún no ha entendido su Mensaje. Cierto, se me dirá: con cada hombre que nace, no sólo se renueva la vida para la Vida; también aquel buen combate al que aludíamos y al que estamos sujetos por ser criaturas con inteligencia, voluntad y libre albedrío… Educar para el Bien Común y para la Paz, es la única solución posible, para que nuestra piedra no vuelva como un boumerang a golpear nuestras cabezas y herirnos de muerte.

Epílogo

Amigos todos: que el ´mundo´ con sus trampas y snobismos mediáticos no se confunda ni nos confunda. Podremos morir a la carne, pero vivimos por siempre en y para Cristo (San Pablo), ya en esta vida y luego en la Casa del Padre donde hay muchas moradas (JC-NTto.). El Señor es el alfa y la omega, y hace nueva todas cosas (Apocalipsis – NT). Es Dios de Vida y Vida Eterna. Y Dueño de la vida para la Vida. Nadie sino Él puede quitar esa vida. La conciencia cristiana ha evolucionado mucho, y no resiste al análisis teológico actual vernos enlatados de Cruzados. No podemos quitar, bajo ningún pretexto la vida de un semejante, excepto que, en legítima defensa, la acción desatada haya provocado su muerte. Pero jamás planificar -como antaño, y donde los intereses mundanos se mezclaban con los religiosos- una guerra contra los enemigos de la Fe.  Es por ello que no comprendemos ni justificamos ningún tipo de Fundamentalismo.

Además, somos conscientes que ni nuestra propia vida nos pertenece (por eso estamos en desacuerdos con eutanasias y abortos): somos meros administradores de sus dones y talentos, y daremos cuenta de ellos cuando, a la hora de la Misericordia, sobrevenga la hora de la Justicia. Porque  sólo Dios conoce la intimidad de cada corazón humano… Hora de la Misericordia que debemos saber aprovechar para alcanzar la santidad de vida. Pues en la Hora de la Justicia, el alma impiadosa o indigna, espejada en el Santo, se juzgará a sí misma; y sólo el haber creído o no en Nuestro Señor Jesucristo, y obrado en consecuencia, decidirá su suerte. Así, “el que se bautice en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (y luche por vivir conforme a dicho bautismo), se salvará; pero el que no crea, ya está condenado”; es que “El que no junta conmigo, desparrama”, advertirá el Santo (JC-NTto.). La Hora de la Justicia será el tiempo donde la paja será separada del trigo, y quemada en ese lugar donde sólo hay llantos y rechinar de dientes (vgr: visión enseñada por la Virgen María a los pastorcitos de Fátima).

Y lo siento por ateos y agnósticos: el paso de la muerte a la Vida o la Muerte, está práctica y científicamente comprobada. No seamos ciegos guiando a otros ciegos. Tomemos la Antorcha del Cirio Pascual encendida con gozo tras el anuncio de la Resurrección de Nuestro Dios de Vivos, y mantengamos encendida nuestra fe y esperanza contra toda contrariedad y zozobra a las que nos someta el Señor del Caos y la Discordia: del Ángel Caído que, antes de su perpetua reclusión en el Inframundo, nos tienta y nos persuade a violentarnos en un Campo de Rupturas Replicantes, que enferma sólo a los espíritus perversos y consentidos, y roba no sólo la Paz del Dios que mora en su Templo Espiritual, sino en nuestra propia alma (“Somos templos del Espíritu Santo”, afirmó San Pablo al ver a Jesús Resucitado. “¡Señor, te buscaba fuera, y Tú estabas dentro de mí!”, hizo el Espíritu Divino  exultar a San Agustín.

¡Ánimo cristianos! “¿Si Dios con nosotros, quién contra nosotros?” (San Pablo).

¡Y alabado sea Jesucristo, Nuestro Señor! ¡Bendita sea la Siempre Inmaculada María Santísima, Virgen  y Madre del Cristiano (“Todo tuyo”. dixit San Juan Pablo II)! ¡Bendito San José, su castísimo esposo! ¡Benditos los hombres de buena voluntad que han entendido que, “al bien, hay que hacerlo Bien” (San Agustín). Pues, ¡Misericordia quiero, no sacrificios!” (JC) “¡Paz y Bien!” (San Francisco). “¡Señor, el dardo de tu Palabra  atravesó mi corazón, y te amé!” (San Agustín).

[1] Adrián N. Escudero (Santa Fe de la Vera Cruz, Argentina – Dado el 22-10-2014: Aniversario 1ro. de la Canonización de San Juan Pablo II, con actualización y ajuste de texto  al 01-11-2014 (Día de Todos los Santos); 13-11-2014 (El Reino de Dios – Lc. 17, 20-25) y el 01-08-2017 (San Alfonso María Ligorio, Obispo y Doctor de la Iglesia, fundador de la congregación de los Redentoristas).-.  

Biblioteca Vaticano – Mensajes doctrinarios de Pablo VI, San Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco I.-

En torno a la PERSECUCIÓN DE LOS CRISTIANOS EN EL MUNDO” (CitizenGO 13-11-2014 – Buenos Aires, Argentina – Director: Luis Losada Pescador).-

 Nota del Autor: Los que siguen las cosas que “pueden capturar (con la) mirada, (Y no) siguen a las que pueden capturar (con el) corazón”(Proverbio Sioux), y no saben (“Porque son ciegos que no ven, y sordos que no oyen” –NT) que, “en la medida que juzguen o actúen serán juzgados y tratados” (NT), porque tampoco saben –ya que no les interesa servir, sino servirse- que, para servir hay que amar, y “amar hasta que duela” (Santa Madre Teresa de Calcuta), en la sabiduría ejemplar del apotegma que sostiene: “El fin no justifica los medios” (Napoleón Bonaparte – Libro “El Príncipe·, de Nicolás Maquiavelo).

ADRIÁN N. ESCUDERO (Santa Fe, Argentina)

LAS CINCO HORAS (CRISTALES) O Parábola de la Redención

Al Cristo del madero, con adoración. A los Santos Apóstoles y Mártires, con veneración…

En especial, a los Grupos de Ministros de la Eucaristía y las Exequias de las Parroquias “Nuestra Sra. Del Tránsito” (OG) y “San José”  de los Padres Agustinos Recoletos (OAR – Santa Fe, Argentina)…

Y muy en particular, a la REVISTA LUNASOL – JUNIO 2017 (USA-ESPAÑA)- , honrando el sagrado TIEMPO DE OCTAVA DE PASCUAS DE RESURRECCIÓN (Celebración de Pentecostés)…

  “Jesús llevó a la cruz nuestros pecados,  cargándolos  en  su  cuerpo,  a  fin de que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Gracias a sus llagas, fuimos curados”.  1Pedro 1, 24.

   … Y fueron como cristales los que deslumbraron su mente y se incrustaron en su corazón, expandiéndolo hasta los altares de la dimensión desconocida…Y supo que, al pensar en aquel hombre,  nacería una nueva Profecía para hacer de éste, el mejor de los Mundos posibles…

UNO

   Ahora le veo en su Hora. La Hora de la antigua y nueva Alianza. De la eterna Alianza.

   Ahora le ha llegado La Hora en Horas…

   (¿Y quién soy yo? Soy el “tal hombre” a quien Él  ha dado una lengua de discípulo. Soy el “tal hombre” que prestó su asno para abrir la Puertas de la Eternidad a todo hombre, un día, allende la milenaria Jerusalén de un pueblo hebreo de dura cerviz. Soy el “tal hombre” que prestó su Casa para que Él comiera la Pascua junto a Doce sencillos obispos en juventud, durante la festividad de Pesaj, a mediados del mes de Nisan, hacia el año 3.760 del calendario judío… Soy el “tal hombre” que no tiene nombre, y a quien Él predestinó para contarles a todos ustedes, Normales o Útiles, y Entes o Inútiles, esta parábola sobre las Cinco

Horas en que la Humanidad enteramente muerta, cumplido el Tiempo de las Profecías, y con dolores de parto, renació finalmente  por la fuerza de Su Amor…).

“Ha comido del fruto del árbol del saber y se encuentra más solo que en los principios del caos primigenio” -César I. Actis Brú.

DOS

-El Principio del Fin-

   Es que había (hay, habrá) una vez una ciudad llamada Mundo.

   Y la ciudad llamada Mundo tenía (tiene, tendrá) cuatro ignotas esquinas (la esquina Norte, la esquina Sur, la esquina Este y la esquina Oeste) y, en su Centro, una afilada pirámide de base ancha.

   Una ciudad llamada Mundo donde su aguda y enhiesta pirámide, era el Centro; un Centro Imán donde todo lo que ocurría en las ignotas esquinas confluía y se consumaba hasta el Fin…

   En la esquina Norte moraba el Dominio y, en la esquina Oeste, la Autoridad del Poder.

   En la esquina Sur habitaba el Servicio y, en la esquina Este, donde salía (sale, saldrá) el Sol, su esencia, es decir, el Amor… Mientras que, en la base de la pirámide (que se llamó Babel, y ahora Bagdad) latía el corazón del Mundo, y en su vértice, tambaleando casi, aquello que algunos llamaban Dios…

   Porque sucedió que, en un día de su Historia, el Hombre modeló la pirámide y plantó, en su lugar, como un árbol en Cruz (“Ave cruz, spes única”). Lo hizo, precisamente, para castigar a uno que se creía Dios, siendo solo hombre, y que en su delirio se llamaba Padre de cada uno y de todos. Señor de todo..

    Aquel día, al que los hombres llamaron “Cero”, hubo como un tiempo dentro del Tiempo, y Cinco Horas para cuatro Esquinas y una pirámide en Cruz brotando del seno de la soberbia Humanidad: la Hora del Odio y de la Traición; la Hora de la Amargura y de la Desolación; la Hora del Calvario y de la Conmiseración; la Hora del Dolor y de la Crucifixión; la Hora de la Sed y de las Tinieblas; y la Hora del Abandono, de la Muerte (y del Perdón).

   Cada Hora marcó para siempre al que se creía Dios, y fue trazada en el Gran Reloj del Centro donde se lo coronó y colgó de dos ancianos maderos, como Rey del Mundo; aunque, de hecho, no lo era, conforme señalaba sobre su enjuta Cabeza, transida de espinas, una irónica inscripción …

I – Así, en la esquina Norte, cuando un Milagro Eucarístico escandalizaba y nacía al Mundo para Vida del Mundo, a sacerdotal impulso del Amor como Misterio de Servicio y Donación, (“Les he lavado los pies, hagan lo mismo entre ustedes” , “Tomad, este es mi Cuerpo…” , un falso amigo discipular -de nombre Judas-, por ignorancia quizá, por ambiciones políticas quizá, por deseos de dominio y reconocimiento quizá, vendió a su Maestro por treinta monedas de plata que el Mundo ofreció como precio de sangre, y aquel aceptó, malversando a la vez su condición de hombre, en el íntimo abismo de una irrecuperable dignidad…

   Su traición, clavó la mano derecha del Inocente que se durmió en la Cruz. Y una Llaga brotó (de las malas obras y el desagradecimiento, brotó).

 II – Al mismo instante, en la esquina Oeste, un Hombre que era hombre y que decía ser Dios, durante la Pasión inaudita que madurara en un Huerto de olivos llamado Getsemaní , lloró lágrimas de sangre y agua, y agonizó. Y todos los males del Mundo  vinieron desde todos los tiempos, habitándole, y su atropello, tras extraño letargo, lo estremeció. Fue ahí cuando al clavarle su mano izquierda empezó a dormirse en la Cruz. Y otra Llaga brotó (de los pensamientos oscuros e impuros deseos, brotó).

III – Entretanto, en la esquina Sur, otro hombre que venía del campo como sembrador, fue obligado por los demás a llevar la Cruz de ese Hombre que se decía Dios… Y fue cuando aquel Cireneo le servía, que un tercer clavo atravesó feroz el pie derecho del burlado Redentor, hasta dormirlo en la Cruz. Y otra Llaga brotó (de los equívocos pasos dados por sus amigos, brotó).

IV – Después, en la esquina Este, y como a media mañana de aquel Día supremo para la Historia de los hombres, un recio soldado espetó, sin tapujos, que, si verdaderamente era Hijo de Dios o Dios, se salvará y bajara de la Cruz (“Ha salvado a otros y no puede…” 

    Sucedió antes de que las Tinieblas ocultaran al Sol tras la bucólica ofrenda de vinagre ofrecida por el Mundo como respuesta a su demanda final de comprensión: (“Tengo sed…” ; fue así como, a golpes de martillo, su pie izquierdo -destrozado- también se durmió en la Cruz. Y otra llaga brotó (de los crímenes y placeres mundanos, brotó).

V – Y fue también que, en el mismo espacio-tiempo de las cuatro esquinas, la Hora de la Pirámide del Centro llegó. La Hora Cero, llegó…

   Ocurrió un viernes a las tres de la tarde, a las afueras de la Jerusalén antigua, cuando el “tal hombre” cananeo que cuenta esta historia, oraba en un sitio apodado Gólgota y que, por eso, ahora  puede -con verdad- atestiguar:

   “Que la Hora Cero llegó cuando una intrépida lanza flanqueó el desierto pecho del Nazareno aquel, cual símbolo del romano aguijón con que una turbulenta metralla de pasiones terrenales lo atravesó, e hizo brotar sangre y agua (todo una Iglesia) de su sagrado Corazón, para dormirse luego en el suspiro sereno y dulce con que perdonó al Mundo desde aquel árbol en Cruz….”.

 “Que la Hora Cero llegó cuando ese Jesús, al modo de un Job-Sartre testamentario, clavado y proyectado como estrella de cuatro puntas hacia las cuatro esquinas del Mundo que habría de inmolarlo, suplicó: ‘Eloí, Eloí, lammá sabactani’; en airada impostura y humano desaliento ante Quien, por un micro eón inexistente, le abandonó a poco de dormirlo por tres Días en la vasta pirámide que era como un árbol en Cruz. Y fue por entonces cuando la última Llaga, como un enorme capullo amoratado, brotó: de soledad y martirio, y de agua y sangre, como en Getsemaní, brotó…”.

“Que la Hora Cero llegó cuando el Cordero de Dios clamara dulce: ‘Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen’, e inclinando su cabeza, expiró… Perdonando a todos, expiró. Y bajo la Nueva Alianza del Nuevo Arco Iris de sus brazos extendidos en apertura a todos, se durmió. Con un suave murmullo de misericordia que reconcilió al Mundo, se durmió…

“Era el día tercero. Sobre el polvo, un cúmulo de vendas humilladas testimoniaba el tiempo de la espera para aquellos que engendran las vigilias” – Norma Segades-Maniás. 

-El Fin del Principio-

   Por lo demás, se sabe que la ciudad llamada Mundo, turbada como las vestiduras del Templo que contenía a la Pirámide en Cruz, se desgarró…

     Pero sólo durante la invisible brevedad de un suspiro…

   Porque al cabo, volvió a renacer reconstruida por el omnisciente, omnipresente y omnipotente (“… y en tres días lo reedificaré”) . Restaurada por el Creador, providente, misericordioso, redentor y santificador, dador de cinco Gracias por cada una de sus Llagas pasionarias brotadas y llamadas a florecer… Resucitada por el Hijo Rey del Universo conocido y por conocer que, al ser levantado en Alto, atrajo a todos hacia Él, e hizo justicia por la eternidad… 

 “Todo comienzo fue por Tu palabra. El estatuto de los veranos y las nubes y el ciclo cabalístico de los equinoccios y el numerado asalto de los días… Todo por Tu palabra. Y aquel árbol, edificado feliz y exactamente en el ombligo inculto de Tu huerto” (Gregorio Echeverría).

TRES

   Ahora “el tal hombre”, se va. Con su asno y su Casa y su fábula, se va. Sin embargo, por el rabillo de un ojo le veo y escucho, finalmente, decir:

   (… Que fue una fortuna la que pagó el Creador por cada hombre y por todos: la vida de su propio Hijo… Que quizá ahora levanten la vista hacia lo Alto y enternezcan sus vidas muriendo al palpitar de sus ciegos corazones… Que quizá ahora se abran al Misterio y graben en sus conciencias los acordes de esta antigua y mística fábula cristiana… La fábula sobre cinco Horas aciagas y sus pasionarias Llagas, cuyos estigmas sublimes sanaron, de una vez y para siempre, en un Día supremo para la Historia de los hombres, a una ciudad llamada Mundo… Que si no, será demasiado tarde -tal vez- cuando lo comprendan… Que, quizá cuando sus cuerpos se deshagan en el polvo ceniciento de esa ciudad llamada Mundo,  y sus almas elegidas sean congregadas por los ángeles “desde los cuatro puntos cardinales, de un extremo al otro del horizonte” , entonces asciendan entre nubes hacia otra ciudad llamada Cielo, donde habrá alegría para algunos, y “llantos y rechinar de dientes para otros”…  Será la Hora de las Horas en la que, el Tiempo de la Misericordia, deje lugar al de la Justicia honrada en el Amor).

   Y los cristales del porvenir se disolvieron en la mente y corazón de aquel Profeta, sin que nadie hubiera registrado sobre ellos, ni una sola palabra.-

-Integra el Libro “DOCTOR DE MUNDOS III (MYSTAGOGIA NARRATIVA o el Legado de Juan)”- (Colección Ficción Conjetural y Metafísica). Inédito. La Botica del Autor. Santa Fe (Argentina), 2009/2017.
-Publicado el 02-04-2009 en el Magazín virtual “MUNDO CULTURAL HISPANO (Círculo literario de Alicante)”. España – Director: Denis Roland Jurado.
-Publicado el 14-04-2017 (VIERNES SANTO) en la Biblioteca Académica de Naciones Unidas de las Letras (UNILETRAS, Bogota – Colombia – Presidente Fundador Poeta de la Paz Joseph Berolo Ramos). Link de consulta: http://www.aveviajera.org/nacionesunidasdelasletrasr/id1133.html}


 

 

2 comentarios en “NARRATIVA RELIGIOSA

  1. Apreciada Eunate, Señora de las Bellas Artes.

    Mi enorme agradecimiento a la apertura de esta Sección especial destinada a la narrativa de índole religiosa o espiritual. Un oiko donde atesorar ideas y sentimientos acerca de aquellas cuestiones existenciales, que sólo la presencia de Dios en nuestra vidas puede aclarar; y, de hecho, desde una íntima comprensión orante, poder expresarlas bajo el demiurgo oficio del escritor cuya misión egregia consiste, ni más ni menos, que en sacralizar la vida para la Vida.

    ¡Gracias por publicar los dos ensayos sobre la razón y el juicio en clave cristiana, y el relato LAS CINCO HORAS que fue fruto del “turismo interior” realizado durante una Cuaresma muy especial en mi vida espiritual. Cercana a ella estaría luego el abismo ominoso vuelto depresión con la consecuencia tenebrosa que sobrevino a la pérdida casi total de uno de mis neurotransmisores cerebrales y a consecuencia de una hiperactividad intelectual, consumada primero en un stress crónico hasta devenir en evidentes síntomas sicológicos propios del “síndrome del cerebro quemado”. Una circunstancial enfermedad que me despojó, además de la intelectualidad en los actos, de la fe en el buen Dios -y eso que hacía veinte años que ejercía el Ministerio Extraordinario de la Eucaristía y las Exequias, al margen asimismo de la profesión y docencia en Ciencias Económicas y Administrativas, de mi temprana vocación literaria autodidacta, y de los complejos asuntos de mi familia numerosa-. Enfermedad que, al superarse gracias a la divina misericordia del Sagrado Corazón de Jesús (Dios no permite males sino para mayores bienes) y al apoyo angelical de mi aguerrida esposa, e hijos, familiares y médicos interdisciplinados, me encendió el amor a Dios y a los hermanos con una intensidad y calidad jamás experimentada antes de tan singular evento de ausencia de salud.

    Vaya lo precedente como testimonio y esperanza en Aquél que dijo: “Venid a Mí todos los que estén cansados y agobiados; porque mi yugo es débil y mi carga, liviana (…) Y todo aquel que pierda su vida por Mí y la causa de la Buena Noticia, la ganará para la Vida Eterna”.

    ¡Gracias nuevamente! ¡Ora et labora! ¡Paz y Bien in Domino! ¡Y en contacto!

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