EDITORIAL

 

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Por estos lares estamos en pleno verano . En ocasiones  la presión acumulada tras un curso o un año de trabajo, las pequeñas o grandes decepciones sufridas, el cansancio físico y psíquico… nos hacen soñar con un verano repleto de satisfacciones y deleites.

Pero podemos planteamos el verano de otra forma. Un verano para ser felices, pero de verdad. ¿Y cómo?  no dejarse llevar por la pereza y no perder el tiempo en banalidades. Aprovecharlo bien para conocer, leer, ver menos la TV, aprender, convivir con los amigos, hacer el bien a gente que lo necesita, descansar (el descanso es cambiar de actividad), hacer ejercicio. El camino de la felicidad se anda olvidándose de uno mismo y buscando el bien de los demás. 

Hay un ámbito que debemos cuidar de modo especial: la familia. Que es nuestro  Espacio sagrado de personalización.

Procuremos dedicar algo de tiempo, en cantidad y de calidad, para los nuestros. Hay tanto de lo que hablar, y tanto que escuchar…

También hace falta que el alto en el camino nos sirva para reflexionar si vamos bien. 

Si por casualidad  hacemos propósitos concretos de trabajar por mejorar en algo el mundo, empecemos  por nosotros mismos.

El corazón humano está hecho para ser feliz y cuan­do se estrella, sobreviene el vacío. Por eso alguien con muy buen olfato para estas cosas, definía el verano como “un invierno para las almas”. Y razón tenía.

Así pues,queridos amigos  feliz verano, vivido en fami­lia, y con las personas que queremos…para soñar un mundo mejor y para empezar a realizar nuestros sueños.